El observado y elegido por Harry no era otro que el más devoto y leal de los elfos domésticos. Dobby sorprendido abrió bien sus enormes ojos, que le parecían cubrir la mitad de la cara.
-¡Quiere que lea yo!- exclamó entusiasmado el pequeño.
-Sí- dijo Harry.
-Es un honor leer el último capítulo- dijo Dobby.
Chasqueó sus dedos convocando el libro a sus manos y cuando llegó a él dijo: Capítulo 26. La recompensa de Dobby. (Era muy merecida pensó Harry P.)
Hubo un momento de silencio cuando Harry, Ron, Ginny y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre. (Como si hubieran ido a la guerra pensó Amelia.)
Luego alguien gritó:
—¡Ginny!
Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija.
-Debiste decir Ron también hermanita- dijo Fabian un poco decepcionado.
-Cierto, seguramente ya te habían informado que Ron también faltaba- comentó Gideon.
-Es que estaba realmente preocupada por Ginny- replicó Molly W defendiéndose.
-Eso no quiere decir que te olvides del resto de tus hijos- regañó Gideon con cara de enojo y decepción por el claro favoritismo de su hermana por su hija.
Dobby continuó.
Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificul tad y se llevaba una mano al pecho. (Un día por culpa de ellos me dará un infarto pensó Minerva.) Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atra pados en el abrazo de la señora Weasley. (Y casi morimos aplastados pensó Ron.)
—¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hi cisteis?
—Creo que a todos nos encantaría enterarnos —dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall. (-Lee el capítulo anterior- murmuró Filius a Minerva. Ésta lo miró mal.)
La señora Weasley soltó a Harry, que dudó un instante, luego se acercó a la mesa y depositó encima el Sombrero Seleccionador, la espada con rubíes incrustados y lo que quedaba del diario de Ryddle.
-Menudos objetos entregas, hijo- comentó en broma James.
-Debiste agregar caramelos de limón- comentó Canuto.
Muchos se rieron por los comentarios de estos dos.
Luego de un par de minutos, Dobby siguió con la lectura.
Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio; que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías; que él y Ron siguie ron a las arañas por el bosque; que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adi vinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos...
-Un buen resumen, sólo que sin las descripciones más horrorosas- comentó Amelia.
-Si lo hubiera mencionado, Ginny tendría más pesadillas- dijo Harry.
Muchos adultos asintieron, y Dobby siguió leyendo.
—Muy bien —señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa—, así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas, añadiría yo. Pero ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, Potter? (Típico de Minerva, hablar de las normas pensó Albus D divertido.)
Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Selec cionador, que le proporcionó la espada.
-Te faltó agregar el hecho de que tuviste que usar tu absoluto y gran valor- dijo Hermione a Harry sonriéndole.
Harry se puso como un tomate muy maduro y Dobby continuó al ver lo avergonzado que esta el muchacho.
Pero luego titubeó. Había evitado hablar sobre la relación entre el diario de Ryddle y Ginny. Ella apoyaba la cabeza en el hombro de su madre, y seguía derramando silenciosas lágrimas por las mejillas. ¿Y si la expulsaban?, pensó Harry aterrorizado. (Se lo merecía, si hubiera sido un hijo de muggle no hubieran tenido tanta consideración pensó Lily con enojo.) El diario de Ryddle no serviría ya como prueba, pues había quedado inservible... ¿cómo podrían demostrar que era el causante de todo?
-En eso tienes razón- dijo Alastor.
-Pero debes dejar que los culpables sean castigados. La señorita Weasley aunque en una pequeña medida era culpable de casi matar a las personas que fueron atacadas- comentó Remus.
-Y para que te quede claro. Si el que hubiera cometido los ataques fuera un hijo de muggle, lo habrían expulsado o como mínimo suspendido- agregó Sirius. (1)
Dobby continuó mientras asentía.
Instintivamente, Harry miró a Dumbledore, y éste es bozó una leve sonrisa. La hoguera de la chimenea hacía brillar sus lentes de media luna. (Que linda imagen pensó Albus D.)
—Lo que más me intriga —dijo Dumbledore amable mente—, es cómo se las arregló lord Voldemort para embru jar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.
-¿Y por qué no lo encerraste para que no saliera de ahí de ninguna forma?- preguntó Harry
-No se me ocurrió- dijo Albus D contestando.
-¿Cómo supiste? ¿Quién es tu fuente?- preguntó Alastor.
-Me lo contaron. No lo puedo decir- contestó Albus pensando que era Caro. (2)
Dobby siguió.
Harry se sintió maravillosamente aliviado.
—¿Qué... qué? —preguntó el señor Weasley con voz atónita—. ¿Sabe qui-quién? ¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha... Ginny no ha sido... ¿verdad?
-Sí, señor Weasley. Ella fue- dijo Albus P.
-Algo de consciencia tenía para contarle a un objeto datos de una persona- explicó Rose.
-Y luego cometieron un error- sentenció Scorp enojado.
Dobby continuó para que no mataran a nadie.
—Fue el diario —dijo inmediatamente Harry, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore—. Ryddle lo escribió cuando tenía dieciséis años. (-No le debes defender tanto. Más tarde hablaré contigo, nieto- murmuró Charlus. Harry asintió.)
Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y exami nó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.
—Soberbio —dijo con suavidad—. Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha teni do nunca Hogwarts. —Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos—. Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Ryddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. (Tom es muy viejo pensó Lily.) Desapareció tras abandonar el colegio... Recorrió el mundo..., profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual. (Hizo transformaciones invasivas al hacer sus horrocruxes pensó Albus P.)
—Pero Ginny —dijo la señora Weasley—. ¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con él?
—¡Su... su diario! —dijo Ginny entre sollozos—. He estado escribiendo en él, y me ha estado contestando durante todo el curso... (He sido una idiota pensó Ginny Z.)
—¡Ginny! —exclamó su padre, atónito—. ¿No te he en señado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar pero de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia negra!
-Porque estaba acostumbrada que nadie me haría daño- comentó Ginny Z.
-Lo dice en parte porque es una niña mimada- comentó Ron W.
-Algo así, hermanito- replicó Ginny Z mirando un poco mal a su hermano.
-Además creció con la falsa idea de seguridad- aportó Rose.
Muchos miraron a la joven, era muy sabia y buena para explicar cosas con simples palabras. Dobby carraspeó y siguió leyendo.
—No..., no lo sabía —sollozó Ginny—. Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado... (Me huele a Malfoy pensó Alastor.)
—La señorita Weasley debería ir directamente a la en fermería —terció Dumbledore con voz firme—. Para ella ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo.
-No habrá castigo, en serio- replicó furiosa Caro.
-Han pasado gran parte de un año acusando a mi ahijado de asesino, insultándolo por culpa de una estúpida fanática- siguió Sirius realmente furioso pero hablando suavemente lo que indicaba que quería realmente matar a alguien. (3)
-Y ella no recibió ningún castigo- terminó Lily.
El director bajó la cabeza y Dobby decidió seguir para calmar un poco las cosas.
Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios. —Fue a abrir la puerta—. Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima —añadió, guiñán dole un ojo bondadosamente—.
-Espero que como mínimo le hayan realizado un análisis psicológico- dijo Dorea fulminando a Albus Dumbledore.
-Es que el director dijo que no era necesario- comentó Molly W para defenderse.
-Supongo entonces que el director es medimago o sanador- replicó Reg.
-Es por eso que Inglaterra está lleno de ovejas o siguen los consejos de Dumbledore o las órdenes de Voldemort- comentó Caro. (4)
-Ginny fue poseída, eso siempre deja huellas. En este caso en su alma- dijo Albus P sin poder creer la estupidez de Molly y Arthur.
-Deben siempre en estos casos ir a un profesional- agregó Reg.
-Para explicarles, Ginny casi muere en su quinto año porque su magia estaba inestable- comentó Blaise Z. (5)
Dobby continuó mientras los Weasley se pusieron pálidos.
La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágo ra a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro.
—¡Así que Hermione está bien! —dijo Ron con alegría.
—No les han causado un daño irreversible —dijo Dum bledore.
La señora Weasley salió con Ginny, y el padre iba de trás, todavía muy impresionado.
—¿Sabes, Minerva? —dijo pensativamente el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall—, creo que esto se merece un buen banquete. ¿Te puedo pedir que vayas a avi sar a los de la cocina?
—Bien —dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose también hacia la puerta—, te dejaré para que ajustes cuentas con Potter y Weasley. (Minerva, eres una imbécil pensó Charlus.)
—Eso es —dijo Dumbledore.
Salió, y Harry y Ron miraron a Dumbledore dubitativos. ¿Qué había querido decir exactamente la profesora McGonagall con aquello de «ajustar cuentas»? ¿Acaso los iban a castigar?
-No creo- empezó Charlus.
-Si bien rompieron muchas normas, como Minerva tan audazmente comentó- siguió Hugo E.
-Lo hicieron para ayudar- continuó Elizabeth.
-Que es lo que debieron hacer los adultos. En lugar de transformar el colegio en una especie de cárcel- terminó Dorea.
Dobby continuó mientras muchos padres asintieron.
—Creo recordar que os dije que tendría que expulsaros si volvíais a quebrantar alguna norma del colegio —dijo Dumbledore.
Ron abrió la boca horrorizado. (Normal pensaron Rose, Scorp y Albus P.)
—Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras alguna vez —prosiguió Dumbledore, son riendo—. Recibiréis ambos el Premio por Servicios Especia les al Colegio y... veamos..., sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno.
-Nos parece justo- dijo Salazar.
-Incluso le agregaríamos tres créditos extras en una materia salvada de las optativas con un diez porciento más de la calificación. La materia optativa tiene que ser una de las que no tomaron y tiene que dar el examen TIMO este año y el EXTASIS el año siguiente- decretó Rowena.
-Señor Potter, ¿cuál elige?- preguntó Helga haciendo entender a todos que apoyaba la decisión de Rowena.
-Estudios muggles- contestó el muchacho rápidamente.
-Señor Weasley, ¿Cuál elige, usted?- cuestionó Godric.
-No sé, debo pensarlo- contestó con seriedad Ron. (6)
Luego de un minuto de silencio, Dobby siguió.
Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valen tín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca.
—Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura —añadió Dumble dore—. ¿Por qué esa modestia, Gilderoy? (Me había olvidado de él pensó Sirius.)
Harry dio un respingo. Se había olvidado por completo de Lockhart. Se volvió y vio que estaba en un rincón del des pacho, con una vaga sonrisa en el rostro. Cuando Dumble dore se dirigió a él, Lockhart miró con indiferencia para ver quién le hablaba.
—Profesor Dumbledore —dijo Ron enseguida—, hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart…
-Un atentado querrás decir- comentó Arthur W furioso.
-Es una forma de hablar, papá- explicó Ron.
Arthur W se calmó ligeramente y Dobby, continuó con la lectura.
—¿Soy profesor? —preguntó sorprendido—. ¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no? (Tienes mucha razón pensó Harry P.)
—... intentó hacer un embrujo desmemorizante y el tiro le salió por la culata —explicó Ron a Dumbledore tranquila mente.
—Hay que ver —dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado—, ¡herido con su propia espada, Gilderoy! (Ironía pura pensó triunfante Reg.)
—¿Espada? —dijo Lockhart con voz tenue—. No, no ten go espada. Pero este chico sí tiene una. —señaló a Harry—. Él se la podrá prestar.
Eso causó un estallido de risas. La verdad ahora Lockhart les caía mucho mejor
Cuando se hizo suficiente silencio, Dobby siguió.
—¿Te importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería? —dijo Dumbledore a Ron—. Quisiera tener unas palabras con Harry. (Muy buen amigo, déjame sólo con la guillotina pensó Harry con ironía.)
Lockhart salió. Ron miró con curiosidad a Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta.
Dumbledore fue hacia una de las sillas que había junto al fuego.
—Siéntate, Harry —dijo, y Harry tomó asiento, incom prensiblemente azorado—. Antes que nada, Harry, quiero darte las gracias —dijo Dumbledore, parpadeando de nue vo—. Debes de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la cámara. Sólo eso puede hacer que acuda Fawkes.
-Si bien eso es cierto- empezó Albus P.
-No fue sólo la lealtad que Harry tiene por el director lo que provocó que Fawkes fuera a ayudarlo- siguió Scorp.
-Otra de las razones es que Harry estaba siendo muy leal al colegio- terminó Rose.
Muchos adultos asintieron, algunos alumnos se cuestionaron cuáles eran las otras razones, los fundadores se miraron con complicidad y Dobby continuó.
Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas. Harry sonrió con embarazo cuando Dumbledo re lo miró directamente a los ojos. (Estúpido legeremante pensaron Reg y Caro.)
—Así que has conocido a Tom Ryddle —dijo Dumble dore pensativo—. Imagino que tendría mucho interés en verte.
De pronto, Harry mencionó algo que le reconcomía:
—Profesor Dumbledore... Ryddle dijo que yo soy como él. Una extraña afinidad, dijo... (Pobre de mi sobrino, quedó asustado pensó Petunia.)
—¿De verdad? —preguntó Dumbledore, mirando a un Harry pensativo, por debajo de sus espesas cejas platea das—. ¿Y a ti qué te parece, Harry?
—¡Me parece que no soy como él! —contestó Harry, más alto de lo que pretendía—. Quiero decir que yo..., yo soy de Gryffindor, yo soy...
-Además de que eres considerado, papá- empezó Albus P.
-Buena persona- sugirió Rose con dulzura.
-Humilde- propuso Lily con una sonrisa.
-Excelente cocinero- comentaron Hermione y Petunia E.
-Rico- aportó Albus P.
-Extraordinariamente generoso- agregó terminando Luna W.
Con cada alagó, Harry enrojecía más, así que con el comentario de Luna W parecía imitar a un morrón ultrarrojo. Dobby asintió con entusiasmo y continuó leyendo.
Pero calló. Resurgía una duda que le acechaba.
—Profesor —añadió después de un instante—, el Som brero Seleccionador me dijo que yo... haría un buen papel en Slytherin. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel... (-Eso es porque son idiotas- murmuró Reg.)
—Tú sabes hablar pársel, Harry —dijo tranquilamen te Dumbledore—, porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no es toy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, se guro... (No exactamente pensó Harry P.) (7)
—¿Voldemort puso algo de él en mí? —preguntó Harry, atónito.
—Eso parece.
—Así que yo debería estar en Slytherin —dijo Harry, mirando con desesperación a Dumbledore—. El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y...
—Te puso en Gryffindor —dijo Dumbledore reposada mente—. Escúchame, Harry. Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel..., inventiva..., determinación..., un cierto desdén por las normas (Si yo tengo desdén por las normas, que le dejan a Godric que es peor pensó Salazar un poco ofendido.) —añadió, mientras le volvía a temblar el bigote—. Pero aun así, el sombrero te colocó en Gryf findor. Y tú sabes por qué. Piensa.
—Me colocó en Gryffindor —dijo Harry con voz de de rrota— solamente porque yo le pedí no ir a Slytherin...
-No Harry- empezó Godric.
-Tú pediste no ir a mi casa- siguió Salazar con un puchero
-Pero el sombrero podría haberte mandado a otra casa que no fuera Slytherin ni Gryffindor- sentenció Rowena.
Helga asintió y Dobby continuó mientras Harry pensaba tienen razón.
—Exacto —dijo Dumbledore, volviendo a sonreír—. Eso es lo que te diferencia de Tom Ryddle. Son nuestras eleccio nes, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. —Harry estaba en su silla, atónito e in móvil—. Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento. (Quieres que veas la espada para que te des cuenta que me perteneció pensó Godric.)
Dumbledore se acercó al escritorio de la profesora McGo nagall, cogió la espada ensangrentada y se la pasó a Harry. Sin mucho ánimo, Harry le dio la vuelta y vio brillar los rubíes a la luz del fuego. Y luego vio el nombre grabado debajo de la empuñadura: Godric Gryffindor: (Mi linda espada pensó Godric.)
—Sólo un verdadero miembro de Gryffindor podría ha ber sacado esto del sombrero, Harry —dijo simplemente Dumbledore. (No es tan así pensó Salazar.) (8)
Durante un minuto, ninguno de los dos dijo nada. Lue go Dumbledore abrió uno de los cajones del escritorio de la profesora McGonagall y sacó de él una pluma y un tintero.
—Lo que necesitas, Harry, es comer algo y dormir. Te sugiero que bajes al banquete, mientras escribo a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda. Y tengo que redac tar un anuncio para El Profeta, además —añadió pensati vo—. Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad? (Es que tienes que buscar donde escribió las runas pensó Bill que se dio cuenta de que maldición podría tratarse.) (9)
Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pego contra la pared y rebotó. (Casi me mata pensó furioso Harry P.)
Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso; y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas. (Mi estado era horrible. Ese día me había autocastigado ocho veces pensó Dobby estremeciéndose mientras recordaba ese día en particular.)
—Buenas noches, Lucius —dijo Dumbledore amable mente.
El señor Malfoy casi derriba a Harry al entrar en el despacho. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror. (Estaba muy asustado pensó Dobby.)
—¡Vaya! —dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos—. Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.
—Bueno, Lucius, verá —dijo Dumbledore, sonriendo serenamente—, he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. (Entraba una dejaba el sobre y se iba. Entraba otra dejaba el sobre y se iba. No paraban más pensó Albus D.)
Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.
-Típico de ti, Malfoy- empezó Sirius.
-No me hables así- dijo Lucius M apuntándolo con su varita.
-¡Tú no te diriges así a mi padrino!- exclamó Harry y agregó- por si no te distes cuenta, estás a punto de confesar todo en el libro.
Lucius M tragó saliva y Dobby continuó.
El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.
—¿Así que... ha puesto fin a los ataques? —dijo con aire despectivo—. ¿Ha encontrado al culpable?
—Lo hemos encontrado —contestó Dumbledore, con una sonrisa.
-Albus, tú no encontraste nada- empezó Remus.
-Mejor menciona que fue Harry así queda más pálido que un fantasma- siguió Sirius con cara siniestra.
Dobby miró a los dos hombres dándose cuenta que habían averiguado lo que había hecho su anterior amo. Cuando se acabaron los murmullos que comenzaron con las palabras de los dos hombres, Dobby siguió.
—¿Y bien? —preguntó bruscamente Malfoy—. ¿Quién es?
—El mismo que la última vez, Lucius —dijo Dumbledo re—. Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario.
Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente. Harry, por el contrario, no apar taba los ojos de Dobby. (¿Por qué lo mira tanto? pensó preguntándose Kingsley.)
El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación se daba puñetazos en la cabeza. (Fue el maldito pensó Bill refiriéndose a Lucius.)
—Ya veo... —dijo despacio Malfoy a Dumbledore.
—Un plan inteligente —dijo Dumbledore con voz desa pasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos—. Porque si Harry, aquí presente —el señor Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo—, y su amigo Ron no hubieran descubierto este cuaderno..., Ginny Weas ley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente... (Un plan bastante astuto debo admitir pensó Alastor.)
El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.
—E imagine —prosiguió Dumbledore— lo que podría haber ocurrido entonces... Los Weasley son una de las fami lias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortuna damente apareció el diario, con los recuerdos de Ryddle bo rrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hu biera sido así.
Los Weasley se encogieron porque sintieron un escalofrío y Charles dijo explicando a muchos que por su semblante parecían no entender lo preocupante de la situación:
-Nos habrían repudiado públicamente. Bill hubiera sido aislado y lo hubieran bajado de categoría en el banco. Por suerte, en parte, a mí no me hubiera pasado nada porque la reserva es privada y no depende de Inglaterra. (10)
-En conclusión, nos tendríamos que ir del país y yo sería despedido- terminó Arthur W.
Los que no sabían de eso, quedaron horrorizados y Dobby siguió.
El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar.
—Ha sido una suerte —dijo fríamente.
Pero Dobby seguía, a su espalda, señalando primero al diario, después a Lucius Malfoy, y luego pegándose en la cabeza.
Y Harry comprendió de pronto. Hizo un gesto a Dobby con la cabeza, y éste se retiró a un rincón, retorciéndose las orejas para castigarse. (Muy bien, ahora seguro que lo encara pensó Caro enternecida por su sobrino.)
—¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy? —le preguntó Harry.
Lucius Malfoy se volvió hacia él. (Lo que acabo de pensar pensó Caro.)
—¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? —preguntó.
—Porque usted se lo dio —respondió Harry—. En Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?
-Buena esa, Harry- animó Ron.
-Ponlo en su lugar- terminó Hermione.
Dobby siguió leyendo.
Vio que el señor Malfoy abría y cerraba las manos.
—Demuéstralo —dijo, furioso.
—Nadie puede demostrarlo —dijo Dumbledore, y son rió a Harry—, puesto que ha desaparecido del libro todo ras tro de Ryddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si al gún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se ase gurará de que le sea devuelto a usted... (No lo dudes, se lo enviaré con un buen vociferador de Molly pensó Arthur W.)
Lucius Malfoy se quedó un momento quieto, y Harry vio claramente que su mano derecha se agitaba como si quisie ra empuñar la varita. Pero en vez de hacerlo, se volvió a su elfo doméstico. (Pobre Dobby, seguro que lo golpea pensó Caro.)
—¡Nos vamos, Dobby!
Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió fuera. Oyeron a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo. (Es una bestia pensó Lily furiosa.) Harry reflexionó un momento, y en tonces tuvo una idea. (Que grandiosidad se le habrá ocurrido pensó Amelia.)
—Profesor Dumbledore —dijo deprisa—, ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?
—Claro, Harry —dijo Dumbledore con calma—. Pero date prisa. Recuerda el banquete. (Como todo un glotón. Albus debe dejar de pensar tanto en la comida pensó Minerva mientras negaba con la cabeza.)
Harry cogió el diario y salió del despacho corriendo. Aún se oían alejándose los gritos de dolor de Dobby, que ya había doblado la esquina del corredor. Rápidamente, preguntándo se si sería posible que su plan tuviera éxito, Harry se quitó un zapato, se sacó el calcetín sucio y embarrado, y metió el diario dentro. Luego se puso a correr por el oscuro corredor.
Los alcanzó al pie de las escaleras. (Claramente la inventiva de un Ravenclaw también la tiene pensó Rowena sonriendo.)
—Señor Malfoy —dijo jadeando y patinando al detener se—, tengo algo para usted.
Y le puso a Lucius Malfoy en la mano el calcetín malo liente.
—¿Qué diablos...?
El señor Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego pasó la vista, furioso, del diario a Harry. (Cayó redondo en el plan pensó Sirius mirado al elfo sonriendo.)
—Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días —dijo bajando la voz—. También ellos eran unos idiotas entrometidos. —Y se volvió para irse—. Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas!
Pero Dobby no se movió. Sostenía el calcetín sucio y embarrado de Harry, contemplándolo como si fuera un tesoro de valor incalculable.
-Lo es, significa que es libre- empezó Charlus.
-Y para un elfo que es maltratado, significa todo- siguió James.
-Pero para otro elfo, puede ser el fin de su magia- sentenció Dorea. (11)
Hermione miró a la mujer con cara aterrorizada y Dobby continuó.
—Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín —dijo el elfo asombrado—. Mi amo se lo ha dado a Dobby.
—¿Qué? —escupió el señor Malfoy—. ¿Qué has dicho?
—Dobby tiene un calcetín —dijo Dobby aún sin poder creérselo—. Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió, y ahora Dobby... Dobby es libre.
Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo. Lue go embistió a Harry.
—¡Por tu culpa he perdido a mi criado, mocoso!
Pero Dobby gritó:
—¡Usted no hará daño a Harry Potter! (Dobby es un protector con Harry pensó Ron W recordando la muerte del pequeño y leal elfo.)
Se oyó un fuerte golpe, y el señor Malfoy cayó de espal das. Bajó las escaleras de tres en tres y aterrizó hecho una masa de arrugas. Se levantó, lívido, y sacó la varita, pero Dobby le levantó un dedo amenazador. (Dobby tiene un carácter de porquería pensó Sirius mientras James pensaba el carácter del elfo le hace competencia al de mi Lily.)
—Usted se va a ir ahora —dijo con fiereza, señalando al señor Malfoy—. Usted no tocará a Harry Potter. Váyase ahora mismo.
Lucius Malfoy no tuvo elección. Dirigiéndoles una últi ma mirada de odio, se cubrió por completo con la capa y sa lió apresuradamente. (El elfo me dio miedo y no quería que me lanzara otro hechizo pensó con miedo Lucius M mientras muchos lo miraban por lo bajo y reían en silencio.)
—¡Harry Potter ha liberado a Dobby! —chilló el elfo, mirando a Harry. La luz de la luna se reflejaba, a través de una ventana cercana, en sus ojos esféricos—. ¡Harry Potter ha liberado a Dobby!
—Es lo menos que podía hacer, Dobby —dijo Harry, son riendo—. Pero prométame que no volverá a intentar salvar me la vida. (No me hizo mucho caso, la verdad pensó Harry P.)
Una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cru zó la fea cara cetrina del elfo.
—Sólo tengo una pregunta, Dobby —dijo Harry, mien tras Dobby se ponía el calcetín de Harry con manos temblo rosas—. Usted me dijo que esto no tenía nada que ver con El-que-no-debe-ser-nombrado, ¿recuerda? Bueno...
—Era una pista, señor —dijo Dobby, con los ojos muy abiertos, como si resultara obvio—. Dobby le daba una pis ta. Antes de que cambiara de nombre, el Señor Tenebroso podía ser nombrado tranquilamente, ¿se da cuenta?
-La verdad, pequeño, tiene razón- dijo Molly W.
-No lo había pensado- siguió Minerva.
-Tal vez deberíamos llamarlo Marvolo porque Tom se llama el del caldero chorreante- sentenció Pomona.
Muchos que le temían al nombre inventado asintieron y Dobby continuó.
—Bien —dijo Harry con voz débil—. Será mejor que me vaya. Hay un banquete, y mi amiga Hermione ya estará re cobrada...
Dobby le echó los brazos a Harry en la cintura y lo abra zó con fuerza.
—¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! —sollozó—. ¡Adiós, Harry Potter!
Y dando un sonoro chasquido, Dobby desapareció. (Me gustaría hacer eso pensó Hugo G con un suspiró.)
Harry había estado presente en varios banquetes de Hog warts, pero en ninguno como aquél. Todos iban en pijama, y la celebración duró toda la noche. (Bien merecido lo tenía después de tan tétrico año pensó Albus D.) Harry no sabía si lo mejor había sido cuando Hermione corrió hacia él gritando: «¡Lo has conseguido! ¡Lo has conseguido!» (-Ron también ayudó- murmuró el colorado a su amiga. Hermione le sonrió y se encogió de hombros mientras pensaba ya hablaré con Ron.) !»; o cuando Justin se le vantó de la mesa de Hufflepuff y se le acercó veloz para es trecharle la mano y disculparse infinitamente por haber sospechado de él; o cuando Hagrid llegó, a las tres y media, y dio a Harry y a Ron unas palmadas tan fuertes en los hom bros que los tiró contra el postre; (Menos mal que no recibí también pensó Hermione.) o cuando dieron a Gryffin dor los cuatrocientos puntos ganados por él y Ron, con lo que se aseguraron la copa de las casas por segundo año con secutivo; o cuando la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, ha bía decidido prescindir de los exámenes («¡Oh, no!», exclamó Hermione); o cuando Dumbledore anunció que, por desgra cia, el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recu perar la memoria. Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noti cias.
Muchos adultos miraron a los docentes con simpatía. Dobby le sonrió a todos y continuó.
—¡Qué pena! —dijo Ron, cogiendo una rosquilla rellena de mermelada—. Estaba empezando a caerme bien.
El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radian te y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa Con tra las Artes Oscuras se habían suspendido («pero hemos hecho muchas prácticas», dijo Ron a una contrariada Her mione) y Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo es colar. Draco ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado. Y Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz. (No creo, nadie puede ser tan feliz dadas las circunstancias pensó Caro.)
Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el ex preso de Hogwarts. Harry, Ron, Hermione, Fred, George y Gin ny tuvieron todo un compartimento para ellos. (Eso me puso mucho más contenta pensó Ginny.)
Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido ha cer magia antes de que comenzaran las vacaciones. (Como cualquiera pensó Reg recordando que Caro y él siempre practicaban en el tren en la vuelta cuando terminaba el año lectivo) Jugaron al snap explosivo, encendieron las últimas bengalas del doc tor Filibuster de George y Fred, y jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry estaba adquiriendo en esto gran habilidad. (Realmente bueno pensó Fred mientras recordaba lo rápido que era Harry con ese hechizo en particular.)
Estaban llegando a Kings Cross cuando Harry recordó algo.
-¿Qué te acordaste ahora, nieto?- preguntó Dorea curiosa.
-En seguida lo sabrás abuela- contestó Harry.
Dobby continuó frente a la mirada de Dorea.
—Ginny.., ¿qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie?
-Ah, era eso- afirmó Dorea.
Harry asintió y Dobby continuó.
—¡Ah, eso! —dijo Ginny con una risita—. Bueno, es que Percy tiene novia.
-Lo que dije desde el principio- comentó Sirius triunfante mirando de reojo a su hermanito.
Reg se sonrojó y Dobby siguió.
A Fred se le cayeron los libros que llevaba en el brazo.
—¿Qué?
—Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater —dijo Ginny—. Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano pasado. Se han estado viendo en secreto por todo el colegio. Un día los descubrí besándose en un aula vacía.
-¿Sólo se besaban?- preguntó Molly W mirando severa a Percy.
-Ese día, si- contestó fríamente Penelope viendo como Percy bajaba la cabeza.
Dobby continuó mientras Arthur W pensaba creo que también debo hablar a solas con Percy. (12)
Le afectó mucho cuando ella fue..., ya sabéis..., atacada. No os reiréis de él, ¿verdad? —añadió.
—Ni se me pasaría por la cabeza —dijo Fred, que ponía una cara como si faltase muy poco para su cumpleaños. (Y sí que lo molesté pensó Fred.)
—Por supuesto que no —corroboró George con una ri sita.
El expreso de Hogwarts aminoró la marcha y al final se detuvo. (Y para muchos empiezan las vacaciones pensó Harry desanimado.)
Harry sacó la pluma y un trozo de pergamino y se volvió a Ron y Hermione.
—Esto es lo que se llama un número de teléfono —dijo Harry, escribiéndolo dos veces y partiendo el pergamino en dos para darles un número a cada uno—. Tu padre ya sabe cómo se usa el teléfono, porque el verano pasado se lo ex pliqué. Llamadme a casa de los Dursley, ¿vale? No podría aguantar otros dos meses sin hablar con nadie más que con Dudley... (La verdad, ahora entiendo a mi primo, debo ser horrible como persona pensó Dudley.)
—Pero tus tíos estarán muy orgullosos de ti, ¿no? —dijo Hermione cuando salían del tren y se metían entre la multi tud que iba en tropel hacia la barrera encantada—. ¿Y cuan do se enteren de lo que has hecho este curso? (-Realmente fui muy ingenua- murmuró Hermione sintiéndose horrible. Harry le agarró de la mano para que se sintiera mejor.)
—¿Orgullosos? —dijo Harry—. ¿Estás loca? ¿Con todas las oportunidades que tuve de morir, y no lo logré? Estarán furiosos...
-Ahora sé que eso no es cierto- dijo Harry mirando a las dos versiones de su tía Petunia.
-No pasa nada, Harry- replicó suavemente Petunia.
-Lo entiendo perfectamente, sobrino- siguió Petunia E.
Dobby miró a los tres y como nadie dijo nada, siguió.
Y juntos atravesaron la verja hacia el mundo muggle.
-Fin del capítulo- informó Dobby.
-Ahora, eso también significa el fin del libro. Ministro, usted se queda a redactar la disculpa a Hagrid para que pueda volver a estudiar- agregó Harry P.
Cornelius asustado asintió, buscó en sus bolsillos el formulario correspondiente, tinta y pluma. Respiró ondo, y comenzó a escribir.
-Quiero que todos vayan a descansar por media hora. Cuando lleguen nuevamente empezamos con el siguiente libro- informó Hermione P.
Muchos salieron para ir al baño o a caminar. Algunos fueron a volar un poco para sacarse las tensiones o animarse o renovarse y otros se quedaron sentados pensando en nada y en todo a la vez.
Cuando pasó el tiempo estipulado por Hermione P, Ron W dijo:
-Amigo haz el hechizo.
Notas de autor
1) Lo inventé. Es lo que pienso dada la forma en que aceptan que insulten a los hijos de muggles
2) Lo inventé. Dado que Dumbledore nunca dijo como sabía donde estaba Voldy pensé que sería bueno que Caro se lo dijera para ayudar a Harry.
3) Como madrina de Harry me hubiera enojado mucho que la persona que abrió la cámara no fuera castigada sabiendo que acusaban a mi ahijado de eso (si lo fuera cosa que no es así, jejeje)
4) Para mi, los magos de Inglaterra no reflexionan demasiado y eso los hace seguir ciegamente a los que piensan un poco
5) Al empezar con hechizos más complicado del año de TIMO, su magia se alteró. Lo inventé. Nunca me pareció lógico que Ginny no sufriera ningún efecto de lo que le sucedió luego de la posesión.
6) Ron va a pensar en la materia porque no quiere ser tan dependiente de sus amigos
7) A mi entender Harry no podía ser un horrocrux completo. Según la escritora para hacer uno de esos objetos hay que hacer un ritual posterior al sacrificio y Voldy no tuvo tiempo de hacer eso luego de intentar matar a Harry.
8) Lo inventé. No tiene que ser sólo un buen miembro de la casa de Gryffindor. Más adelante lo voy a explicar, tiene mayor significado del que parece.
9) Lo inventé. La maldición que puso Voldy parece existir pero nunca se revela de verdad. De hecho en el sexto Dumby menciona que pudo hacerla cuando vino a pedirle trabajo como profesor.
10) Lo inventé. Me refiero a que creo que muchos los hecharían del país por pobres y dignos (corruptos, puristas, etc)
11) Lo deduje por las diferentes consecuencias de la liberación de Dobby y Winky.
12) A mi entender las personalidad de Peercy es así porque la madre apoya más a ese tipo de personas que a revoltosos como Fred y Georg. Por eso Percy reacciona con vergüenza cuando la madre lo critica.
Encuesta:
1)¿Quién prefiere que lea el primer capítulo
a)Petunia (la del pasado)
b)Cody
2)¿Quién prefiere que lea el segundo capítulo
a)Carolina
b)Regulus
Nos leemos
Cuidense.
