Capítulo 19

Nosotros no podemos terminar

Es demasiado pronto una separación entre nosotros

Tú no puedes solamente dejarme de ésta manera

Hay tantas palabras que no he dicho todavía

Por favor, no me dejes de ésta manera

·Hello· ·Huh Gak·

El papeleo de ese día fué más tranquilo, con todo lo que había después de esos días por fin el trabajo de regularizó

Con el tiempo que ganó decidió llamar a casa para saber cómo se encontraba el resto, esperó mientras se mecia en la silla giratoria

—¿Hola?—

—¡Hola Kasumi!— saludó de forma enérgica a su hermana mayor —Soy Akane

—Hola Akane, me alegra que llames— respondió con un tono de voz dulce —Nos preguntábamos cuándo irías a llamar. No quisimos hacerlo nosotros porque pensamos que estarías ocupada

—Si un poco— admitió sonriente —¿Cómo han estado? Los niños, papá, ustedes

—Hemos estado muy bien, la salud de papá ha mejorado una vez más. De hecho se encuentra mejor que nunca— respondió la otra —¿Cómo va el trabajo? Espero que no te moleste que estemos pasando una temporada aquí

Akane se acomodó en la silla de modo que pudiera recargar su peso en el escritorio —No se preocupen, está bien, hace mucho que la casa no veía a tantas personas, llegué a pensar que se sentía triste— bromeó soltando una pequeña risa —El trabajo va increíble. Esta competencia nos está apoyando muchísimo, nuestra página de Internet nunca había tenido tantas visitas en tan poco tiempo

—Me alegra oírlo Akane— Ambas continuaron platicando un poco más de tiempo, saludó a sus sobrinos y a Soun quien le deseó lo mejor en lo que restaba del evento. Cuando se despidieron oyó el coro de voces a través de la bocina, no pudo evitar sentirse feliz por ello

Colgó nuevamente jugando con la silla giratoria al mismo tiempo que observaba el techo hasta que la llegada de un nuevo mensaje la hizo regresar la vista al móvil

He llegado de la competencia ¿Deberíamos cenar juntos?

Kotaro

Sonrió aún más al leer ese texto. Rápida tecleó para responder la invitación "Nos vemos en la cocina del hotel" Envió de vuelta; enseguida guardó el archivo del día saliendo al encuentro con el muchacho

Cosquillitas le invadieron el estómago haciéndola acomodarse el pelo y la blusa coral que traía puesta, anduvo con ligera prisa hasta arribar al punto de encuentro; una vez dentro saludó a los cocineros y ayudantes. Para todos era muy normal verla ahí

Ukyo se hallaba en la última estación de trabajo con un platillo que no podía abandonar, por lo cual agitó el cucharón en la lejanía para demostrar que también recibió el saludo

La peliazul se sentó en una de las mesas desocupadas, a los pocos segundos Kotaro entró por la puerta de servicio, el corazón le brincó al verlo. Tras de él sobresalían pétalos rosas dándole a conocer qué traía consigo

—Hola— saludó acercándose. Alzó la mano para anunciarse entre los demás trabajadores. Al darse cuenta de la situación, algunos dejaron escapar risillas y exclamaciones de emoción

Ambos se sonrojaron debido al silbido colectivo de algunos. Se miraron con pena pero no demostraron disgusto, al contrario —Toma, traje esto para tí— le entregó el ramo de peonías —Espero que te gusten

—Gracias son hermosas— aceptó aspirando su fragancias que a pesar de estar rodeado por miles de aromas se distinguía bien —¿Tienes hambre?— preguntó poniendo el ramo a lado suyo

—Si, algo— Justo cuando iba a tomar asiento alguien lo llamó por la espalda

—¡Doctor Yukimura!— llamó el botones que recién llegaba —Me alegra que esté usted aquí. Un huésped se ha lastimado y solicita su un médico— anunció con la respiración agitada —Lamento interrumpirlo pero ¿Creé que pueda acompañarme?

El castaño suspiró resignado, vió con culpa a la joven tratando de disculparse con esa mirada —Tengo que ir— declaró un poco decepcionado

—No te preocupes, ve. Te esperaré para cenar— dijo comprensiva

—No tardo

—Trata bien a mi huésped, no quiero malos comentarios— bromeó antes de que él se fuera. Se levantó para buscar un florero aún con las miradas curiosas de los cocineros

Encontrando el florero pidió a una ayudante para vertirle agua, sin embargo no calculó la cantidad justa, así, cuando sumergió el ramo el líquido se regó en la mesa —¡Ah!— se asustó al ver mojado el espacio —Perdóneme chicos— pidió avergonzada buscando un paño para secar —Lo siento de verdad— excusó pasando el trapo por los pequeños cúmulos de agua

—Alguien está enamorada— escuchó decir a una joven poniéndola más nerviosa. Se río negando con la cabeza; saliendo por la puerta de servicio para poder regar un poco de agua en la jardinera

Tenía problemas para sostener ambas cosas

—Déjame sostener ésto— Fué hasta ese momento en el que Ranma le quitó el ramo que se dió cuenta de su presencia —Ahora puedes estar segura de no tirar el jarrón— exclamó viéndola de forma divertida

Akane se sorprendió de verlo, sin embargo le duró muy poca la sorpresa. Le devolvió la sonrisa aceptando el gesto —Gracias— dijo antes de inclinar el recipiente —Pusieron mucha agua en el jarrón y por eso le estoy quitando un poco— comentó para evitar sentir incomodidad, cualquier cosa era mejor que el silencio —Gracias, puedes ponerlas dentro del jarrón

Él le hizo caso colocando una vez más la flores. Notó su expresión cambiar, lo vió extrañarse y olfatear en su dirección, aquello la desconcertó más no hizo ningún comentario —Oh, por cierto. Supe que ganaste en tu pelea, felicidades— celebró sinceramente. No obstante él parecía perdido en sus pensamientos —¿Ranma?— lo llamó para volver a tener su atención

—¿Eh? Perdón ¿Qué decías?— respondió sin dejar de mirar las flores delante suyo

—Nada, solamente felicidades, por tu victoria en la competencia— volvió a decir sonriendo más ampliamente —Que descanses— deseó como último antes de reingresar al edificio por la puerta de servicio

El azabache se quedó unos momentos sin saber qué hacer. Sin embargo su mente era un caos total, los pensamientos se atropellaban unos con otros, le gritaban claramente que las flores las recibió del doctor, sintió la derrota al verla contemplar ese ramo con demasiado cariño

Dentro de la cocina, Ukyo ya había terminando su enplatado, dejó que la camarera de lo llevara luego acercándose a su amiga —Son bonitas— elogió las peonías de forma cómplice —El doctor Yukimura ha tenido un lindo gesto ahí

—Lo sé— aceptó la peliazul mordiendo su labio —Para serte sincera, hemos empezado a salir— confesó en un susurro intentando no ser oída por los demás. Inmediatamente la castaña se emocionó ahogando un grito entre sus labios

—¡Oh por Dios!— Fué lo único que pudo decir para no delatarla —Felicidades Akane— le dió un abrazo fuerte ignorando las miradas de desconcierto —Me alegro tanto por tí— expresó honesta. De verdad que se alegraba por ella

Aunque a pesar de todo no pudo evitar cierta pena por su amigo azabache. Se encogió de hombros, como aseguró antes, no trataría de cambiar las decisiones de Akane. Ella sabría que camino escoger para ser feliz —Uy, te dejo. Creo que hago mal tercio— comentó entusiasta regresando a su puesto

Su amiga sonrió tímida observandola alejarse

—Ya volví— se anunció Kotaro tomando asiento a lado suyo —¿Tardé demasiado?

—Lo justo para llegar a tiempo— bromeó cuando uno de los ayudantes colocó sus platos delante suyo —Ordené por tí, espero que te guste

—Cualquier cosa que elijas tú, estará bien para mí— dijo fijando su vista en los ojos color almendra. Ambos se sumergieron en una atmósfera acaramelada, como si una burbuja particular los rodeara

Lentamente los trabajadores fueron dejándolos solos. No quedaba ninguno en la cocina y ellos no se dieron cuenta debido a su animada plática, en vista de que nadie quedaba decidieron asear la vajilla que usaron —Hoy el cielo está realmente despejado ¿Quieres ir a verlo?— ofreció el muchacho después de lavar los platos

—Está bien— accedió secando sus manos. Los dos salieron por la puerta de servicio entrando a los jardines, Kotaro abrazó el hombro femenino al sentirla temblar

—¿Tienes frío?

—Me he olvidado el abrigo, pero puedo soportarlo— respondió obstinada

—No puedo dejar que te resfríes— dicho eso, se quitó la chaqueta colocándola sobre ella —¿Mejor?

—Mucho mejor

Pasearon tranquilamente, disfrutando el silencio, la luz de luna iluminando el cielo. Sentados en un borde de cemento en el aparcamiento, contemplaron la vista hablando de cosas sin sentido

La brisa acarició el cabello de Akane cubriendo parcialmente su rostro. Él le acomodó las rebeldes hebras detrás de la oreja observando sus grandes ojos; lentamente se fueron acercando, expectando lo siguiente

Un beso suave, tierno, llevadero

A unos metros, cierto azabache observaba la escena, sintió los celos emerger de forma violenta. Sus ojos no se despegaban de la union entre sus labios

La cólera escaló precipitadamente haciéndolo empuñar las manos con una fuerza brutal. Con toda la convicción quiso ir a separarlos, no obstante alguien lo tomó por el brazo evitando su avance

Continuará...