Me tarde mucho en subir el final, pero no por las razones que uno pensaría, en parte me había olvidado del final porque cuando llegó el momento de subirlo, aún no lo tenía escrito debido a que estaba muy bloqueada y debido a eso se me olvido, después me acordé pero debido al bloqueo y a las ideas que no surgían no podía actualizar y continuaba en el olvido. Actualmente comence a subir otra historia de Disney, y debido a eso me acordé de que no había subido el final así que cuando me quede bloqueada en esa historia (no la voy a dejar tirada por el bloqueo, en su momento y en su respectiva historia explicaré que ha pasado con ese capítulo) decidí dejarla de lado y escribir este final.

Debo decir que tenía parte del capítuloe scrito, pero me estaba costando mucho el como continuarlo. Hasta cierto punto tengo escrito lo que debía publicar el año pasado, pero ya después de eso, todo lo escribí en dos días. Me tome uno para leer algunos capítuslo claves de la historia y sobre todo el capítulo 25 para tener una idea de qué debo decir y aquí está el capítulo finalmente y debo decir, que aunque no era el final original, me ha dejado más que satisfecha y contenta conmigo misma. Hablare del final, abajo en la nota de autor para no soltar spoiler ahora, así que... adelante, a leer el final de esta historia.

Resumen: Nadie amaba tanto la música como lo hacía Ariel, excepto quizá su madre. Era una conexión única que existía entre ambas, pero cuando una gran tragedia golpea a la familia real la música dejo de ser alegría para la familia convirtiéndose únicamente en dolor. Años después, cuando Ariel siente que la música que tanto ama se le escapa de las manos y no hay nada más allá del agujero negro, será su familia la que deberá encontrar la manera de escapar del dolor para devolverle la sonrisa a la joven.

~ Disclaimer: The Little Mermaid es una obra escrita por Hans Christian Andersen y una adaptación al cine y a la televisión basada en el libro.


~ Melodía del corazón ~

26
Aquella melodía que nos trajo de regreso al pasado

Nunca había sido fan de usar vestidos, jamás. Ni de vestirse elegante, ni maquillarse ni nada realmente femenino. Los vestidos eran un estorbo a la hora de salir huyendo de una escena del crimen que la sentenciaría a dos semanas en la prisión de su habitación castigada; el maquillaje hacía cosquillas en su rostro y si tenía que mantenerse seria (cosa que rara vez sucedía) y usarlo al mismo tiempo, esa era una batalla perdida, reiría al final; verse femenina no era realmente su estilo, ella prefería algo natural y sin complicaciones. Ser quien era.

Sin embargo, Ariel tenía que admitir que aquel vestido que estaba usando era su favorito entre todos los que tiene. Odiaba las lentejuelas, odiaba los vestidos largos, odiaba lo elegante y sobre todo, dios la bendiga, odiaba con toda el alma los tacones que hacían que sus pies lloraran. Aquel vestido era diferente. Por razones que ella desconocía, siempre había gustado de usar aquel precioso vestido de color azul sencillo con el lazo en su cabello.

Aquella pieza tenía mangas largas y un poco holgada, salvo por los puños que eran ajustados. Color celeste suave, que le recordaba al cielo que se cernía sobre su cabeza cuando se encontraba despejado. Tenía un corsé negro en la cintura y cubriendo su pecho, no mucho más arriba estaba el escote circular. La falda era larga, tanto como para apenas cubrir sus pies y color azul, un poco más oscuro, pero no tanto, seguía siendo un color precioso. Sus tacones eran lo más sencillo que había, color negro por completo para hacerle juego al corsé y finalmente, una de las prendas que más amaba usar con ese vestido, el precioso lazo color celeste que traía atado en el cabello, justo en la parte superior de su cabeza, aunque eso no impedía que su cabello cayera como cascada detrás de ella.

Sí. Por alguna razón que Ariel desconocía, ese vestido era su favorito. Por desgracia para ella, el vestido no era elegante, tampoco era un vestido de fiestas y mucho menos era un vestido que debía usar en situaciones verdaderamente importantes como asistir a un evento de la realeza. En otras palabras: prohibido para uso presencial. Tal vez era justamente por eso que le gustaba tanto, debido a su sencillez y falta de estilo llamativo.

Por suerte para ella, eventos como cumpleaños o cosas pequeñas eran los que podía usarlo sin sentir que las personas la están juzgando. No es que realmente tenga prohibido usarlo cuando hay un evento grande, pero lo hacía para evitar justamente eso: ser juzgada.

Así que, volviendo a su situación actual, caminar por el jardín del castillo vistiendo aquel sencillo vestido (y sí, con repetirlo muchas veces no es suficiente) se sentía tan libre y cómodo como sería estar descalza y con pantalones en la casa.

La festividad era grande, pero no formal. Mucha gente del reino podía ir y pasar un rato, mucha otra había sido invitada formalmente para aquel acontecimiento especial.

No todos los días el rey cumplía años, ¿verdad?

Todo el jardín estaba decorado con banderines con el símbolo de la realeza y no del reino, los colores que a su padre más le gustaban eran sin duda los que más destacaban ese día. Muchas mesas redondas, cubiertas con un fino y elegante mantel blanco estaban esparcidas por todo el jardín. El ambiente había sido perfumado por las bellas flores de los jardines que bien tratadas eran a diario. Ariel observó el camino de piedra blanca que era rodeado por el césped bien cuidado. Parecía que la piedra había sido pulida ya que no había ni un solo rastro de polvo o tierra sobre ella.

– Esto es exagerado – Ella murmuró antes de dar un salto de piedra en piedra. El cielo estaba despejado, apenas unas pocas nubes, y el sol reinaba en lo alto del azulado techo de la naturaleza. Comparado con el día anterior que había llovido a cantaros, parecía que el arcoíris era mucho más brillante en ese bello día.

– Quédate quieta, arruinarás el vestido – Ariel se encogió de hombros al escuchar la voz de Attina con dureza. Manteniendo el equilibrio en un solo pie, la muchacha giro la cabeza hacia atrás para ver a su hermana mayor cruzada de brazos con una ceja alzada.

– Attina – Ariel hizo un mohín – ¿No tienes empleados que dirigir?

La muchacha chasqueó la lengua – No voy a ser tu niñera así que por favor, por primera vez en tu vida no causes problemas hoy. No quiero ver tu ropa arruinada, tu cabello cubierto de lodo, no quiero verte con algas en la cabeza y por favor, por favor, no hagas bromas

– Clásico – Se rió Ariel con una sonrisa petulante.

– Ariel.

– Está bien, está bien – Murmuró la pelirroja borrando su sonrisa – No causaré problemas, aunque eso sería muy aburrido

– Por favor, Ariel. Haces lo mismo todos los años en cada cumpleaños, ni siquiera en el tuyo puedes quedarte quieta.

– Oye, eso fue un accidente. Yo no sabía que la madera del puente estaba podrida – Murmuró la muchacha estremeciéndose. Recordaba qué había sucedido cuando había ido al muelle con sus amigos: madera podrida más olas grandes es igual a chapuzón en el agua.

– Por favor, al menos una vez no causes problemas. Este es un cumpleaños especial, no lo olvides.

– No puedo olvidarlo si no me lo permites.

– En serio – Murmuró la muchacha acercándose a ella. Pasó la mano por los cabellos rojos, peinando los mechones que se habían revelado contra ella cuando se había puesto a saltar – te lo estoy rogando de ser necesario

– Vale, lo prometo – La muchacha alzó una mano mientras colocaba la otra en su corazón. Attina alzó una ceja y abrió la boca para decir algo, pero jamás llegó a decir nada pues uno de los empleados del castillo le había llamado para pedirle su consejo con algo de las decoraciones. Como si fuera la única oportunidad que tendría, Ariel escapo ante la mirada breve y molesta que Attina le lanzó cuando se dio cuenta de que la muchacha estaba escapando – Attina siempre es tan seria – Masculló la muchacha al irse.

Camino por el jardín maravillándose con la vista que tenía en frente. Tantas decoraciones, tantas cosas por ver y explorar –y eso que solo era su jardín trasero–.

– Eh, tú – Se detuvo nuevamente cuando una de sus hermanas mayores se acercó a ella. Por la expresión en su rostro, la forma en como caminaba, su tono de voz y por la inevitable situación, Ariel supo que la misión de Alana era darle la misma advertencia que le había hecho Attina. La muchacha pelinegra, haciendo gala de su vestido preparado especialmente para la ocasión, se le acercó con seriedad en su rostro, lista para lanzarle una advertencia, pero sintiéndose más rápida y más inteligente Ariel alzó la mano mientras retrocedía rápidamente.

– No te preocupes, no causaré problemas, ya firme con Attina, etc, etc – Dijo vagamente mientras se marchaba a toda prisa. Alana alzó la voz molesta esperando a que ella cumpliera con su promesa – Dos hermanas menos. Solo quedan cuatro. Veamos, Arista debe estar en la cocina intentando saquear algunos postres, Aquata aún no vuelve de su práctica, Adella estaba en la ducha cuando yo salí y Andrina… ¿dónde está Andrina?

– ¿Haces un repaso de nuestras actividades para poder evitarnos?

– No, solo a mis hermanas – La muchacha respondió a la voz que le susurro en el oído. Parpadeó un par de veces antes de voltearse solo para encontrarse con la expresión maliciosa de Andrina – ¡Andrina!

– Tú no tienes vergüenza – Rió la chica cruzándose de brazos – Por cierto, Adella no está en la ducha, está cambiándose de ropa

Ariel sonrió levemente – Está bien, aún está en la habitación, eso significa que todavía puedo evitar toparme con ella. El problema aquí… eres tú

– ¿Crees que voy a darte una advertencia como Alana? – Alzó la ceja – Me topé con ella y me dijo que te estaba buscando, te hablando con ella, pero supongo que no te quedaste a escuchar el por qué quiere hablar contigo

– ¿Por qué siempre que alguien piensa en la palabra «problemas» piensa en mí? Soy 78% inocente de la mayoría de mis problemas, el otro 22% es culpa mía.

Andrina sacudió la cabeza – No sé de donde sacas esos valores, pero yo sé que eres culpable de todo lo que haces. En fin, hace un momento llamaron al teléfono, uno de los empleados respondió y dijo que era alguien que preguntaba por ti. No dejó nombre, tampoco dejó la razón por la que llamaba a casa.

– Oh, es por eso que Attina y Alana me advirtieron de no meterme en problemas – Ariel chasqueó los dedos al descubrir la verdad – Ahora entiendo todo. Lamento romper tu caso detectivesco, pero yo no he hecho nada malo en las últimas doce horas… diez horas, anoche estuve jugando bajo la lluvia hasta que me regañaron como de costumbre

Andrina la miró con calma y lo que a Ariel le pareció el fantasma de una sonrisa. La pelirroja hizo una mueca mirando a su hermana.

– Realmente estaba jugando bajo la lluvia – Repitió ella – No estoy mintiendo

Andrina no respondió, lo que le hizo saber a Ariel que la muchacha probablemente no le creía ni un poco.

– Me pregunto quién habrá llamado – Ariel murmuró pensativa.

– No lo sé, pero eso hizo que todas se preocuparan por los posibles problemas que puedas causar – Andrina respondió con calma.

– Creía que me había ganado el derecho de que confiaran un poco más en mí – La muchacha se cruzó de brazos alzando una ceja. Andrina se encogió de hombros – Cierto, también tenía que decirte algo sobre el regalo de papá – Torció los labios pensando. Ariel miró a su alrededor fijándose en el personal del castillo que estaba terminando de ajustar los detalles para la fiesta y luego miró a su hermana nuevamente – Necesitamos un proyector

– Bien, conseguiré uno. ¿Necesitas algo más?

– Sí, en la tienda de videojuegos…

– Está bien, no necesitas nada importante – Declaró la rubia mientras se alejaba. Ariel alzó las cejas con sorpresa mirando a su hermana cruzándose de brazos.

– ¡Vamos, solo iba a pedirte que me compraras unas bebidas de la tienda de video juegos, tiene las mejores de todo el pueblo!

– No es importante…

Ariel rodó los ojos. ¿Para qué preguntó en primer lugar?

Una llamada telefónica, ¿eh? Hizo una lista mental de todas las personas con las cuales debía tener contacto en ese día y pensó que ninguna de esas personas tendría alguna razón para llamarla a no ser, claro, que fuese una emergencia; pero si fuera Founder, ¿por qué no le llamaría a su celular? Eric también. No tenía sentido.

Torció los labios pensando brevemente en la situación y luego se encogió de hombros despreocupada.

– En fin, seguramente no fue nada importante.

Dio unas cuantas vueltas más por el jardín viendo todo los decorados, Attina estaba organizando todo y no parecía nada menos que la futura reina. Miro su reloj y sonrió sabiendo que solo quedaban un par de horas antes de que comenzará la celebración. Tendrían todo lo que necesitaban en cosa de unos minutos y su padre no tenía por qué enterarse hasta entonces. Sí, las cosas estaban saliendo a su favor.

En un parpadeó la música inundo todo el jardín real y los invitados comenzaron a llegar poco a poco provocando que la alegría y el festejo tuvieran dominio total sobre el jardín real.

– Uh-uh, veo la expresión en tu rostro y casi puedo adivinar qué estás pensando – Ariel levantó la mirada del trozo de pastel que estaba comiendo y volteó la mirada hacia el muchacho que acababa de aparecer justo detrás de ella entregándole una sonrisa – y espero que consideres eso antes de meterte en problemas porque dudo que tus hermanas te dejen tranquila si causas problemas, o a mí ya para el caso

– ¡Eric! – La chica dejó caer su tenedor de golpe antes de ponerse en pie para abrazar al muchacho – Viniste

– No me lo iba a perder por nada – El muchacho alzó una bolsa rectangular que cargaba en su mano – ¿Dónde dejo el regalo de tu padre?

– Supongo que puedes dárselo tú mismo – Ella se encogió de hombros con una sonrisa en los labios – y solo para aclarar, no estaba pensando en una travesura, prometí que sería buena chica así que lo seré al menos por esta noche. Cuando el reloj de las doce, la chica buena desaparece.

– Entiendo, aunque es una pena que no vea tu lado travieso hoy, quiero decir – Echó un vistazo a su alrededor – este parece el tipo de ambiente que suele ponerte tensa. Si no te conociera, diría que solos niños pequeños tienen un montón de energía acumulada y que necesitan liberarla

– Procuraré no sentirme insultada por esa comparación – Ella sonrió mientras extendía la mano al muchacho – pero ciertamente he estado aburrida durante un buen rato. Cada vez que volteo siento que una de mis hermanas aparta la mirada de mí – La chica se estremeció – Se siente peor que un castigo

– Eso te ganas por causar problemas todos los años – Flounder, que había estado sentado en la misma mesa, bebió de su vaso de bebida sin mirar a la muchacha.

Ariel rodó los ojos mirando a su amigo – No tengo yo la culpa de todo. Tú también ayudaste con la broma del monstruo del mar.

– ¿Qué querías que hiciera? ¡Me chantajeaste! – El muchacho reprimió una sonrisa ante la mirada ofendida que había aparecido en el rostro de su mejor amiga. Ariel soltó un "hmp" y desvió la mirada con un suave murmullo que parecía indicar que no se encontraba contenta con su respuesta.

– Al menos no es una de esas fiestas de gala a la antigua – Flounder alzó su vaso con soda mientras sonreía con calma.

– Podría haber sido una de esas – Murmuró la pelirroja sin mirar a nadie en particular – pero como Attina estaba a cargo de la fiesta de papá, se decidió con seis votos contra uno que no sería una fiesta de ese estilo. Ella estaba tan molesta cuando nos vio ponernos en contra ella

– Un momento de unión familiar, eh.

– Uno muy raro, muy cierto – Ella asintió a su novio con aires despreocupados – Amo a Attina, de todas mis hermanas es la única que es más indulgente conmigo, nunca has escuchado a Andrina pelear conmigo y probablemente no quieres verlo, de todos modos, a lo que iba, la amo… pero a veces no puedo evitar cuestionarme si tenemos la misma sangre. Y hablando de la reina de roma…

El tintinear de una copa hizo que todos voltearan la mirada hacia donde la joven heredera se encontraba de pie. La luna detrás de ella, apenas visible y oculta por los rayos anaranjados del ocaso hicieron que su cabello cobrizo brillara con elegancia. Todas las cabezas de los invitados desde simples pueblerinos que estaban de paso en el reino, los habitantes y lacayos del rey hasta gente de noble sangre.

El jardín del castillo era enorme, tanto como para albergar a tanta gente sin reventar por la falta de espacio. Las mesas estaban esparcidas con elegancia y en un patrón apenas visible, redondas para que varias personas pudieran sentarse. Normalmente la gente solía sentarse con caras conocidas o en el caso de la familia real, sentarse juntos, pero por alguna razón el ambiente les decía que había algo diferente en esa fiesta de cumpleaños.

No más etiqueta, no más rigidez. Incluso Eric podía notar que la línea entre plebeyos y reales se había desaparecido en cuanto los invitados comenzaron a sentirse cómodos unos con otros.

La gente miró a su futura reina, esperando a que la chica pudiera hablar con total libertad, mientras que el actual rey se encontraba en una mesa con sus mejores amigos mirando a su hija.

– Me complace agradecerle a todos los invitados por asistir al cumpleaños de mi querido padre. Como saben, nuestra familia ha pasado por muchas cosas desde sus inicios, pero el simple hecho de poder estar hoy aquí después de todo lo que ha sucedido es algo que podemos valorar. Padre, sabemos que hoy es más que solo un día en que podemos celebrar, es un día en que podemos llorar también, pero mi hermanas y yo estamos cansadas de llorar en un día que deberíamos celebrar así que hemos preparado algo especial para ti – Attina sonrió ampliamente – Hemos trabajado entre todas para hacer esto por ti y esperamos que realmente te guste

Pasaron unos segundos cuando el sol finalmente comenzó a descender cada vez más y mientras el ocaso daba su final, el vídeo que las hijas del rey había preparado para su cumpleaños comenzó a proyectarse en un gran telón blanco mostrando imágenes nunca antes vista por muchas de las personas del pueblo. Una suave y delicada melodía comenzó a sonar conforme las imágenes de las siete sirenas del rey y su reina se proyectaban de una en una. Momentos inolvidables como la primera competencia de Aquata y momento que casi quedaban a la deriva del mar como cuando Attina y Alana habían tenido una maratón de una caricatura con la cual se sentían muy apegadas.

Tritón cerró los ojos suavemente escuchando la melodía. No la conocía para nada, pero claramente podía saber quién era la autora de aquella música tan preciosa que le trajo grandes recuerdos del pasado. Las imágenes pasaban de una en una y aunque algunas de ellas avergonzaban a sus hijas, otras las hacía sentirse más añoradas hacia el pasado.

No podía negar que para ese año, esperaba un regalo normal como todos los años: fotos, pinturas, tazones, entre muchas otras cosas que había recibido año tras año, pero esto… no es que estuviera a otro nivel, no, sino que simplemente era un regalo que venía del corazón de sus hijas.

Habían pasado por tantas cosas, desde risas hasta lágrimas y el solo recuerdo del amor de su vida le traía más lágrimas aún, pero e stas no eran lágrimas de dolor, eran de felicidad.

No necesitaba que alguien le dijera que lo que estaba roto en su familia comenzaba a repararse, porque el hecho de que todas su sirenas hubieran trabajado juntas para crear algo para él (sin matarse en el proceso) le decía a Tritón que su familia iba a estar bien. El lazo que alguna vez fue cortado, puede repararse e iba a repararse. Eso es lo que su difunta esposa habría querido y eso es lo que sus hijas estaban tratando de decirle.


Debía ser muy tarde por la noche cuando Ariel estaba sentada en el piano como de costumbre. En serio estaba considerando la idea de trasladar su cama a la habitación familiar, eso haría las cosas más fáciles para ella. La fiesta de su padre había salido mejor de lo que ella estaba, y no es que fuera mucho que decir ya que Ariel estaba esperando que en algún momento las cosas se tornaran misteriosamente caóticas.

No es que ella haya hecho algo para que sucediera, pero… tenía que admitir que eso solía suceder a su alrededor.

Por suerte, no fue así y ahora podía tocar tranquilamente el piano y despreocuparse de todo. Sus hermanas estaban… quién sabe dónde, su novio se había marchado, Flounder había quedado de enviarle un mensaje para hablar sobre esa película que tantas ganas tenía de ver y su padre… otro paradero que desconocía.

Apropósito, el bono extra fue que Sebastian pudo respirar en este día.

– Por un momento pensé que tenías pánico escénico – La voz de Attina llegó a los oídos de Ariel. La muchacha abrió los ojos mirando a su hermana por el rabillo del ojo antes de volver a centrar su mirada en las teclas del piano.

– ¿Pánico, yo? Por favor, estás hablando con la chica que termino colgando de cabeza en el teatro en pleno debut de la obra escolar – Ariel dijo con un tono despreocupado – y siguió sonriendo despreocupada

– ¿Cómo lo haces?

– Simple, el truco, Attina, está en no dejar que las minimalidades te afecten.

– Esa no es una palabra.

Ariel parpadeó sin dejar de tocar y luego se encogió de hombros – De todos modos, ¿qué haces aquí?

– Escuchando Once Upon a December, gran canción por cierto.

– Oh, me alegra que te guste, estaba planeando hacerle algunas modificaciones, quiero que sea más intensa en el coro.

– Ariel, ¿por qué no tocaste esa canción en la competencia? – Attina habló sin rodeos. La muchacha castaña se encontraba en las escaleras sentada mirando a su hermana menor con curiosidad, por un momento, fuera del maquillaje y de los vestidos, usando un conjunto bastante informal y cómodo, Ariel tuvo problemas para encajar a esa chica con la imagen de su perfecta hermana mayor.

Pero su forma de hablar, incluso cuando sonaba despreocupada y tranquila, era muy formal y elegante, algo característico de ella.

Ariel hizo sonar los labios de la misma forma en que un caballo relincha. La chica movió las cejas y la cabeza intentando buscar una respuesta, pero lo único que se le venía a la mente eran diversas respuestas para esquivar la pregunta.

– ¿Dónde están las demás?

– Uhm, no lo sé – Attina murmuró – Estarán por ahí

– Oh, genial.

– Todo quedo muy bien hoy, debo decir que no lo esperaba.

– Papá estaba contento.

– Sí, eso es bueno.

– Y tú hiciste un discurso… interesante.

– Está bien, Alana ya me dijo que pudo haber sido menos estoico.

Ariel se rió fuertemente sin dejar de mover los dedos sobre las teclas.

Attina sonrió a su hermana menor un momento y luego miró el techo del salón familiar.

– Mamá lo habría amado.

La menor no respondió, simplemente sonrió torcido.

Se escucharon provenir a gran velocidad desde el pasillo, Ariel tensó los hombros imaginándose el rostro de la persona que interrumpiría su tiempo de práctica y la sonrisa se le borró. Attina, miró hacia las puertas dobles donde vio a Andrina entrar a gran velocidad, debía estar en una carrera porque se podían oír otros pasos haciendo eco por el castillo.

– ¿Por qué siempre insistes en interrumpirme? – Ariel frunció el ceño algo irritada.

La muchacha de cabello rubio alzó una ceja mientras se dirigía hacia el piano con la total atención en un pequeño objeto cuadrado que se encontraba sobre el instrumento musical. Envuelto en un papel de regalo precioso que recordaba al color turquesa (claramente lo era, pero Andrina no era experta en arte) y con un adorable lazo azul encima, se encontraba un regalo que ella no había visto hasta ese momento.

Ariel lo recogió rápdiamente alejándolo de las manos de su hermana, quien la miró molesta.

– No te atrevas.

– ¿Por qué tienes un regalo?

– Eso no te interesa.

– Oh vamos, tengo curiosidad.

– Chicas – Attina miró a las dos chicas con una mueca.

Andrina y Ariel.

Que combinación más tenebrosa.

Siendo las dos chicas las menores de las siete, muchas veces tendían a pelear entre ellas por tonterías o a rivalizarse entre sí por cualquier cosa. Desde fuera del círculo familiar, mucha gente solía ver a esas dos pelear y decir que se llevaban muy bien, pero Attina muchas veces se preguntaba cómo era posible que la gente pudiera ver eso cuando claramente se estaban matando con la mirada cada vez que se encontraban frente a la otra.

Andrina siempre buscaba molestar a Ariel y Ariel siempre buscaba molestar a Andrina. ¡Eran tal para cual! ¡No hay más que decir!

Solo parpadea un segundo y ellas ya estaban peleando, hablando al mismo tiempo y de ser necesario empujándose la una a la otra.

¿Podía la futura heredera mantenerlas a raya? Sí, pero no era fácil, aunque si lo pensaba bien, la sonrisa en ambas chicas cada vez que peleaban había cambiado desde hace unos días.

Tiempo atrás, Ariel habría sonreído con malicia mientras intentaba molestar a su hermana y Andrina desearía secretamente que Ariel no existiera, pero ese vinculo de hermanas que estaba roto, se había reparado mágicamente de la noche a la mañana. Seguían peleando, pero claramente se preocupaban la una por la otra. No es que Attina supiera qué ha sucedido, pero podía intuir que fue aquel accidente el que hizo esta grandiosa hazaña.

Tal vez era malo decir que el accidente de Ariel fue para mejor, pero cuando la realidad era la pura verdad, no se podía negar. El accidente de Ariel trajo muchas cosas buenas para la familia real: apreciación hacia el piano que alguna vez amaron y odiaron, reparación en el vinculo familiar, las sonrisas que alguna vez se perdieron y los sentimientos ocultos que han transcendido a lo largo de los años.

El resto de sus hermanas e incluso su padre llegaron a la habitación y aunque su padre claramente parecía que iba a recibir una gran migraña por la pelea de las dos menores, él se veía muy contento.

Attina sonrió agradecida.

Ariel vio a sus hermanas y luego dejó el regalo nuevamente sobre el piano. Su sonrisa se volvió más amplia y luego dirigió su total atención hacia Arista.

– Quiero que escuches algo por mí – La menor no le dio tiempo a su hermana mayor de responder a lo que dijo, ya que nuevamente volvió a sonar el piano en la habitación y Attina pudo escuchar con total claridad como la melodía que tocaba hace un momento sonaba de manera diferente.

Ariel había mencionado que quería hacerle algunos arreglos a la melodía e intensificar el coro, pero Attina no esperaba que pudiera hacerlo de manera tan rápida y efectiva. La melodía sin duda se escuchaba genial.

Sus hermanas se dejaron caer tanto en la mesa como en el sofá, escuchando atentamente la melodía mientras a su vez se distraían con otras cosas: revistas, juegos, televisión. Ella, por su parte, no se movió de las escaleras y se quedó mirando a su hermana menor tocar con entusiasmo la melodía que estaba destinada a una competencia pero jamás llegó a sonar sobre el escenario.

– Cuando estaba en el escenario, realmente tenía ganas de tocar esta melodía, me sentía muy contenta por el hecho de que Arista la había elegido y sin duda era la canción perfecta ya que tenía tantas emociones desde el momento en que ella lo sugirió, pero había algo que me estaba molestando. Había una canción que estaba sonando en mi cabeza. Pensé por un momento que me había equivocado de canción y que era aquella la que debía tocar, pero entonces me di cuenta de que no me había equivocado de canción sino de intención. ¿Saben? Me gusta mucho competir, pero hubo un momento entre la competencia y los ensayos en que olvide la razón por la cual entré en esta competencia en primer lugar. Quería tocar como lo hacía antes del accidente y es por eso que entré en la competencia, pero cuando la rivalidad y los deseos de sostener un trofeo se convirtieron en mi centro, mis intenciones se tornaron oscuras.

– Entonces está bien – Alana dijo con calma.

– Sí, supongo. Lo siento mucho por Sebastian que estuvo ayudándome durante mucho tiempo y por haber dejado en mis manos dicha responsabilidad, pero realmente no me arrepiento de haber abandonado la competencia.

– Siento pena por él – Murmuró Andrina.

Triton suspiró pensativo – Estoy seguro que tratándose de Ariel, él se habrá preparado para esperar lo peor.

– Ahora sí me haces sonar como un diablillo – Ariel rió suavemente. Sus ojos cerrados, sus manos moviéndose lentamente por el teclado y su melodía envolviendo a toda la habitación y a su público presente – De todos modos, aún hay un regalo más que me gustaría darle a papá y a toda la familia en general – La música dejó de sonar y Ariel sonrió mientras recogía la pequeña cajita envuelta en papel de regalo con un listón azul.

– ¿Ahora si nos dirás que tienes ahí? – Aquata alzó una ceja con interés. Ariel sonrió mientras extendía la cajita a su padre.

– El video fue un regalo de todas nosotras para ti, porque realmente queremos dejar atrás el pasado y poder caminar hacia adelante sin olvidar lo que alguna vez fuimos, sin embargo, este regalo es de parte de alguien muy especial para todos nosotros y estoy segura de que esa persona no habría querido que se perdiera entre los recuerdos olvidados.

Attina alzó una ceja mirando a su padre, quien con desconfianza observó el pequeño paquete que la muchacha le dio. Ariel debió intuir que su padre tenía miedo de encontrarse con alguna broma o algo verdaderamente malo dentro de la pequeña caja, porque ella se rió y sonrió ampliamente incitando a su padre para abrir el regalo.

A este punto, todas las hijas del rey estaban intrigadas por la pequeña cajita que su hermana le había entregado a su padre, y sobre quién podría ser esta misteriosa persona que no era capaz de entregarle el regalo a su padre en persona, pero tan pronto como su padre lo abrió, Attina perdió su voz.

Dentro de la pequeña cajita, había algo que en su familia se había perdido para siempre, o eso se pensaba. Su padre la abrió y entre el desconcierto y el asombro, tardo en sacarlo del paquete, pero al hacerlo, Attina y el resto lo vio.

Era tan pequeña como Attina la recordaba, brillaba como la última vez que la vio y no había rastro de polvo acumulado por los años. Una hermosa y pequeña cajita de música que tenía diseños de oro macizo se encontraba en las manos de su padre, quien la miraba estupefacto.

– ¿Cómo…? – Adella intentó preguntar, pero sus palabras murieron en su boca.

– Me cole en el ala real para poder encontrarla, no fue fácil, pero tuve ayuda – Ariel dijo con calma – De todos modos, no sonaba muy bien cuando la encontré y estaba en un estado muy desastroso, pero por suerte se pudo reparar. Feliz cumpleaños, papá. Este es el regalo de mamá para ti

Triton no miró a Ariel ya que su visión estaba enfocada en la cajita de música que estaba ahora en sus manos, las cuales temblaban mientras se dirigan hacia la tapa para poder abrirla y encontrarse con una preciosa melodía que trajo a sus memorias miles de emociones olvidadas.

La boca de Attina se seco y todo pensamiento murió al igual que la pregunta anterior de Adella. La melodía de su madre estaba sonando en el salón familiar y se escuchaba perfectamente, como si nunca se hubiera apagado. Esa melodía que estuvo en sus sueños y en sus recuerdos sonaba nuevamente en Atlantica después de tantos años.

¡Y Ariel estaba tocándola también!

El acompañamiento del piano no tardo en escucharse, llamando la atención de todos. Su hermana en una ocasión le había dicho que quería recordar la melodía por su cuenta, porque de lo contrario no tendría sentido si alguien más le diera la partitura o le tarareaba la melodía, por lo que escuchar la caja de música y el piano con la misma melodía le tomo por sorpresa. Pero Attina no era tonta, nadie en esa habitación lo era, Ariel no logró recordar la canción por su cuenta, pero sin duda había logrado traspasarla al piano solo escuchando la caja musical.

– Hubo un tiempo en que soñé con esta melodía – La muchacha habló con un tono suave – Estaba en mis pesadillas después del accidente, sentía que me estaba ahogando y esa melodía estaba ahí, sonando bajo el mar sin sonar realmente. Hasta hace unos días atrás, no sabía que la melodía de mis sueños era la melodía de mamá y tampoco era consciente del todo que la misma melodía que me recordó la razón por la que toco el piano fue la que me hizo no tocar en la competencia.

Attina cerró los ojos escuchando el conjunto y llenándose de recuerdos. Había tanto dolor en la muerte de su madre, solo recordar que había personas tan llenas de maldad que eran capaces de arrebatar una vida, destruir a una familia y matar una sonrisa hizo que la chica se sintiera aún más triste, pero la melodía que no había escuchado en años no tocaba para hacerla sentirse así, sino que tocaba para recordarle que dentro de todo lo malo que pueda existir, siempre hay algo bueno que no se puede olvidar.

– Nuestra familia realmente ha pasado por muchas cosas, pero en todo este tiempo me he dado cuenta de que me gusta estar con ustedes, y con Andrina (aunque pienso que si le ponemos una máscara para no ver su cara, también me vale).

– ¡Hey!

– Es por esto, que he decidido declinar la oferta del Director Betta. No necesito ser la mejor ni ir a una escuela de música para aprender todo sobre ella, lo único que necesito para estar contenta conmigo misma es poder tocar para alguien y para mí – La muchacha habló suavemente mientras tocaba la melodía de su madre incluso cuando la cajita musical se había detenido.

Attina alzó las cejas con sorpresa, intercambiando una mirada con su padre y sus hermanas. El día anterior Ariel había declinado a tocar en el escenario para pasar en la competencia y se había negado a hablar de ello. Sus hermanas la habían notado muy despreocupada del asunto, pese a que ellas mismas no tenían ni idea de qué estaba sucediendo y cuando alguna le preguntaba, Ariel no respondía.

Había llovido esa noche, no fue una lluvia de cantaros sino un par de gotas que cayeron del cielo. Ella se encontraba mirando por la ventana con una mueca preguntándose si el cielo estaba de luto por su hermana o si estaba riendo para la chica de cabello rojo como el fuego que se encontraba jugando bajo la lluvia.

Si no fuera porque apenas eran un par de gotas de agua, Attina estaba segura de que la menor se hubiera enfermado, pero no era el caso.

Ese mismo día, durante las preparaciones para el cumpleaños de su padre, alguien había llamado al castillo preguntando por Ariel, pero como la chica no pudo responder, no hubo ningún conocimiento del por qué la habían llamado.

Claro, sus hermanas estaba alerta al posible problema que su hermana había generado, pero ese mismo día, durante el cumpleaños de su padre y poco después del video, un hombre se había acercado al rey y entregándole tanto un gran regalo de cumpleaños (bastante generoso según el parecer de Attina), se había presentado así mismo como Carl Betta, el director de la Escuela de Música de Atlantica. Attina lo conocía, de hecho muchas personas en el reino lo conocían, pero su hermana, que tenía un gran conocimiento sobre cualquier cosa relacionada a la música, no tenía ni idea de quién era el hombre. Esto genero bastante sorpresa para ella y el resto de sus hermanas.

El hombre, encantado con las presentaciones de la joven que tras un accidente volvió al escenario y ahora había compuesto tan magnifica melodía para su padre, le dijo al rey que había llamado esa misma tarde para hablar con él y con Ariel sobre una beca completa para que la chica pudiera estudiar en la escuela de donde muchos músicos conocidos, incluida su madre, habían salido.

Attina imagino que Ariel estaría más entusiasmada con la idea, pero ella ni siquiera había dado un salto de emoción cuando el hombre lo dijo. El director le pidió a Ariel pensarlo y conversarlo a fondo con su padre por lo que en cuanto tuvieran una respuesta se la dieran lo más pronto posible. Esta no era la respuesta que Attina esperaba.

– La música que he escrito durante muchos años, el piano que amado y la razón por la que he tocado son muy diferentes de los conceptos que enseñarán en esa escuela. No sé si mamá lo hubiera querido, tampoco sé si mamá estaría contenta con la respuesta que estoy tomando, pero sé una cosa… Mi música siempre ha sido importante y no quiero que nadie la desvié de su camino.

Attina sonrió levemente.

– Eso significa que te tendré tocando en mis prácticas – Aquata habló con un suspiro y aunque fingió estar afligida, la mayor pudo ver una gran sonrisa en su rostro.

Ariel sonrió ampliamente. Finalmente, sus dedos dejaron de tocar la melodía solo para vovler a mirar a los demás.

– Estarán atrapados conmigo durante mucho tiempo…

– Ya me había hecho a la idea – Arista dijo abranzando a la menor con fuerza.

Su padre, que había mantenido silencio durante mucho tiempo, miro nuevamente la caja de música y sonrió caminando hacia una estantería bajo la mirada sorprendida de todas. Dejó la cajita musical a la vista de todos, abierta para que las dos figuras que se encontraban dentro esculpidas con oro, pudieran ser vistaspor sus siete sirenas en todo momento.

En los recuerdos de Ariel, la imagen de su madre tocando el piano con alegría mientras el resto de las chicas y su padre escuchaban atentamente y completamente envueltos en la melodía brillo muy fuerte.

El piano había sido amado durante mucho tiempo y odiado por el doble. Tiempo atrás, cuando su madre se encontraba tocando el piano cuando sus hijas se encontraban fuera, unos ladrones se habían colado en el castillo con la intención de robar el tesoro real y al encontrarse con la habitación familiar, exclusiva solamente para las siete princesas y el resto de la familia real, pensaron que encontrarían un millón de tesoros dentro.

El rey apenas había llegado al castillo cuando la melodía dejó de sonar abruptamente. Había jaleo y los guardias reales se movían a todos lados. La única razón por la cual Ariel realmente nunca descubrió porque no podía recordar la muerte de su madre era por el propio piano que había estado sonando.

Si recordaba la muerte de su madre a través de la melodía del piano como siempre recordaba cualquier cosa de ella, debido al piano, entonces ella terminaría odiándolo como el resto de sus hermanas, por eso, para proteger sus recuerdos y su corazón, los recuerdos se habían olvidado y su amor por el piano y la música continuo durante años hasta llegado un punto en que el vínculo de la familia comenzó a repararse y la música volvió a sonar con alegría y no con dolor.

~ FIN ~


N/A: Yaay! Este es el final de esta historia. Gracias a quienes se han tomado el tiempo de leerla y lamento tanto haber tardado tanto en traer el final, pero tuve mis complicaciones, las explique al comienzo así qué no lo repetiré, pero hablemos del final.

Mencione al comienzo que el final original era completamente diferente y es que en un principio, el final estaba destinado a mostrar a Ariel y a Eric intentando proteger la caja de musica de su madre de los mismo ladrones que en tiempo pasado habían matado a la reina al intentar robar en la familia real, (de ahí al hecho de que hubieran tantos guardias en el transcurso de la historia, pero como decidí modificarlo todo, decidí que el tema de los guardias simplemente se debía al hecho de que nos acercabamos al cumpleaños del rey y debido a que era también el aniversario de su matrimonio y la muerte de su esposa no era un tema que se escuchara en todo el reino... la idea de que fuera en esa fecha donde hubiera más protección para sus hijas tampoco me parecía mala, simplemente no lo puse por escrito ya que quería que algunos pudieran inferirlo), pero cuando llegué al episodio 24 y 25, me replantee el final varias veces y decidí que por mucho que me hubiera gustado, no quería hacerlo así y esto fue lo que originó el bloqueo inicial del final.

Una cosa que quiero sacar a colación, es que a pesar de que en el final original, Eric tenía un protagonismo más grande de lo que tuvo en este que escribi, mi intención nunca fue hacer una historia de amor o darle tanto protagonismo. Lo quería simple ya que la historia en sí estaba enfocada principalmente en Ariel y su familia, en sus hermanas (y no había una etiqueta general que pusiera Ariel's Sister, aparte de las seis etiquetas con los nombres de sus hermanas) así que por eso decidí poner las etiquetas que hay actualmente. Lo digo por si alguien se lo ha preguntado, ya que Eric no tiene tanto protagonismo como al comienzo de la historia cuando ambos se conocen, parece que fuera a tenerlo.

En fin, este final me ha dejado contenta y si soy sincera, todavía me gustaría ver más de Ariel y sus hermanas. Cuando comence la historia creo haber dicho que tenía muchas ganas de ver esta relación, pero en las peliculas de Disney y en la serie no es muy relevante, pese a que en la tercera película si tienen más protagonismo, así que por eso inicialmente comence esta historia.

No le haría un feo a una continuación, pero dado que no tengo una historia central, de momento no creo subir una segunda parte ya que si lo hago me gustaría tener una historia que contar. Es cierto que hay temas que quise tocar en esta historia, pero no lo hice al final como por ejemplo Urusula, que quería meterla en la historia, pero por desgracia eso no es suficiente peso como para hacer una segunda parte actualmente.

De todos modos, voy a hacer un poco de spam, si quieren leer más de Disney, actualmente estoy subiendo una historia de Frozen llamada Confia en tu viaje y quizá cuando termine de subir esta historia, me replantee la posibilidad de una segunda parte para Melodía del corazón.

Nuevamente, gracias a todos los que se tomaron el tiempo de leer la historia y a quienes esperaron el final pacientemente. The Little Mermaid es mi película favorita, no por su trama sino por los recuerdos que tengo de esta película y por ello desee escribir una historia.

~ Comentarios:

- TsukihimePrincess: La respuesta llega tarde, pero ha llegado. Lo siento por eso. De todos modos, con respecto a lo que dijiste, hubo un momento en que pensé en hacer que Ariel decidiera tocar la melodía de las olas (la canción de su madre) y que fuera descalificada, pero decidí no hacerlo y torcer la historia para que al momento de tocarla fuera en un ambiente más intimo con su familia y hablando de sus propios sentimientos. Aunque en un inicio iba a ser durante la fiesta de cumpleaños y no posterior a ella, pero me gusto más la idea de que fuer aposterior y como dije, fuera algo más intimo y familiar.

Y eso sería todo, gracias por acompañar la historia.

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Se despide Lira12.

Gracias por leer Melodía del corazón.