Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.

Capítulo quince

"Para que haya una traición, debería haber confianza primero." ~Suzanne Collins

EDWARD

—Mira a mami moverse —le susurré a Ethan, meciéndolo sobre mi rodilla mientras Bella nadaba en la piscina. A penas podía seguirla, ella era como una maldita sirena.

—Gaba —balbuceó Ethan, intentando llegar a ella.

—Nada de nadar para ti hasta que aprendas a caminar por lo menos. —Sonreí, no que me prestara mucha atención. Él estaba fascinado con ella como yo.

Ella decía que nadar la calmaba. Solo deseaba saber en qué intentaba concentrarse. En unas pocas horas estaríamos en la Casa Blanca para la ceremonia de esta tarde, donde Orlando seguramente estaría presente. Había una pequeña parte de mí que pensaba que era mejor simplemente matarlo y terminar con todo. ¿A quién le importaba si él se quedaba con la gloria o un jodido desfile en su honor mientras que al final estuviera muerto? De alguna forma, sabía que eso no pasaría. Orlando había pasado décadas planeando y conspirando, no me sorprendería si hubiera un plan de contingencia si llegaba a morir. No solo necesitábamos matarlo, sino que asegurarnos que nuestras vidas, nuestro negocio, siguiera a salvo.

—¿Un céntimo para saber qué piensas?

Parpadeé varias veces para encontrar a Bella afuera del agua, secándose el rostro con una toalla blanca. Mi vista siguió las gotas residuales mientras rodaban por su pecho antes de encontrarme con sus ojos marrones.

—¿Solo un céntimo? Puedes más que eso, cariño. —Le guiñé el ojo. Ella puso los ojos en blanco en mi dirección, pero podía ver la sonrisa engreída lentamente aparecer en su rostro.

—El cloro está comenzando a afectarte —dijo, inclinándose ligeramente para escurrir el agua de su cabello mientras arrullaba hacia Ethan. Mis ojos siguieron las curvas de su cuerpo y tragué.

—Créeme, no es el cloro.

Ella se envuelve en la toalla, hice un puchero.

—¿Puedes llevarlo adentro? Si no te está afectando a ti, puede que lo esté irritando a él. No quiero que se drogue o algo.

—¿Drogarse con cloro? —Me reí, poniéndome de pie y llevando a Ethan a mi pecho—. En serio, amor, ¿conoces a alguien que se haya drogado con cloro?

Ella golpeó mi brazo.

—Oye, bebé a bordo. —Y para probar mi punto, Ethan comenzó a molestarse.

—No tengo idea con qué puede drogarse o no un bebé. Normalmente no están en mi presencia, así que no quiero arriesgarme. Ve.

Miré a Ethan, meciéndolo.

—Mami es mandona, acostúmbrate a ello.

Ella puso los ojos en blanco, dirigiéndose hacia la ducha externa. Estuve algo sorprendido de ver a Emmett inclinado contra el sofá con un vaso de whisky y una carpeta en su mano.

—Algo temprano, ¿no crees? —le pregunté.

—Lo dice el hombre que solía decir "una botella al día, mantiene al doctor de mi cercanía" —respondió, tomando otro sorbo de su trago. Caminando hacia el corralito de Ethan, lo recosté antes de darle su nuevo juguete favorito de dentición.

—¿Qué pasa, Emmett?

—Rose salió de compras con mamá, así que creo que ahora es el momento perfecto para darte la información que he conseguido. —Agitó la carpeta.

Caminé hacia él y la tomé junto con el whisky, bebiéndolo todo antes de devolverle el vaso vacío.

—¿Supongo que esto es sobre Rosalie? —preguntó Bella, entrando ahora vistiendo unos shorts y una camiseta básica. Era raro verla vestida tan casual. Ella, como yo, raramente vestía algo básico.

Asentí, ojeando la carpeta. Esperaba que se acercara a mi lado, para leer el archivo conmigo, sin embargo caminó hacia Emmett.

—Ella va a morir —anunció seriamente, solo su tono parecía congelar todo el cuarto.

—Lo sé —respondió él.

—Será mejor que no te nos desmorones, Emmett Cullen, o te juro que yo te mataré. No quiero hacerlo, puedo ver un fin a esto. Todo lo que tienes que hacer es mantenerte fuerte.

Una vez más, él me sorprendió al acercarse a ella.

—No soy un niño, jefa. Jamás volveré a estar en esta situación. Ella volverá en media hora, es toda tuya —murmuró antes de irse.

Lo observé hacer su salida, pero lo llamé antes que saliera de la habitación.

—Emmett.

Hizo una pausa antes de girarse hacia mí.

—Toma el Aston Martin.

Cuando se fue, Bella me dedicó una mirada.

—No me mires así. Tienes que darle un hueso al perro de vez en cuando o perderá la cordura.

—Está bien, es tu hermano. ¿Qué dice el archivo?

—Aparentemente ¿somos dueños de un restaurante en el centro como encubrimiento de distribución de cocaína? —Quería reírme de solo pensarlo y podía ver que ella también.

—¿Un restaurante como tapadera? Claro, quizás si estuviéramos en una película de Robert De Niro. Orlando se dará cuenta de eso. Regla cuarenta y siete; no cagues donde cagas, figurativa y literalmente.

—Gracias por la imagen. —Me estremecí—. Sin embargo, pareciera que mi hermano ha puesto las escrituras a nuestro nombre…

—¿Hizo qué?

—No es real. —Maldita mujer, jamás me dejaba terminar—. Son falsas, pero es prueba suficiente para Orlando. Creo que deberíamos discutir esto. Lo veremos en unas horas y estoy seguro que ya tiene a su gente vigilando. ¿Por qué no joderlo un poco?

Ella lo pensó un poco antes de asentir.

—Mientras tanto, creo que debería tener una pequeña charla con Rosalie.

—Bella…

—No voy a matarla todavía, estoy calmada. Simplemente quiero usarla.

—¿Usarla cómo?

—¿Vamos a tener una charla de mujer a mujer?

—¿En serio? ¿Desde cuándo comenzaron a trenzar el cabello de la otra mientras que comparten chismes? —bromeé y ella entrecerró sus ojos.

—¿Me quieres calmada o no?

Sonreí, pero no dije nada más mientras se dirigía a la cocina y, extrañamente, comenzó a lavar los platos.

—Bella, ¿qué haces?

—Lavo los platos.

Jamás en el tiempo que habíamos estado juntos la había visto lavar los putos platos.

—Bella…

—Necesito mantener mis jodidas manos ocupadas, Edward. Ahora, por favor, ¿puedes dejar de mirarme como si cagara unicornios y duendes? Maldita sea.

Ella era sexy cuando se enfadaba.

Esta noche los dos necesitábamos aliviar el estrés.

BELLA

No estaba bien sentirse así de emocionada. Era enfermo. Pero no podía evitar ser quién era. Había un momento justo antes de lastimar alguien físicamente donde la adrenalina corría por tus venas, tu mano temblaba y tu mente parecía centrarse en una sola cosa: dolor. Mi padre solía decirme que había tres tipos de dolor y una vez que los manejabas todos, nada dolía. Pero jamás le creí; el dolor físico parecía hartarme. Simplemente pregúntenle a cualquiera que había lastimado.

Ella entró como si estuviera en las nubes, sosteniendo tres bolsas de Michael Kors, una de Marc Jacobs, y otra de Christian Louboutin con Esme siguiéndola por detrás. Sus labios rojos estaban ampliados mientras se reía.

—Bella, tengo el vestido más maravilloso para que vistas esta tarde. —Sonrió Esme, dirigiéndose directamente hacia Ethan—. Y también tengo algo para ti, señor.

—Déjame adivinar, una pajarita —le dijo Edward, pero yo apenas le prestaba atención mientras Rosalie se movía hacia la cocina para buscar una botella de agua con gas. Ella llamó a Emmett, pero no obtenía respuesta.

—¿Dónde está Emmett?

Ni bien lo preguntó, estallé y solté toda la furia que contenía. Tomé un puñado de su cabello y la tironeé hacia el fregadero antes de meter su cabeza dentro del agua sucia de los platos.

—¡Bella! Oh, por Dios, Bella, ¿qué diablos estás haciendo?

—Ve, mamá, y llévate a Ethan —le respondió Edward y no supe si ella escuchó o no. Aferré las manos de Rose detrás de ella, sobre su espalda.

Levantando su cabeza, ella jadeó por aire mientras tiraba fuertemente de su cabello.

—Pequeña niña estúpida, ¿realmente crees que podías ser más inteligente que nosotros? ¿Qué yo? —Antes que pudiera responder, sumergí su cabeza en el agua con jabón. Ella gritó, intentando zafarse con poca fuerza.

—Todo mi interior me dice que te mate, que tome una navaja y que te despelleje viva, Rosalie —le dije cuando la levanté de nuevo—. Quiero decir que me traicionaste, pero honestamente, jamás confié en ti lo suficiente como para que siquiera sostengas mis zapatos.

—Por favor…

—Ruegas a la persona equivocada, perra —le dije antes de volver a meter su cabeza en el fregadero. Ella gritaba, y cuando lo hacía, la levantaba lo suficiente para que tosiera el agua.

—Realmente intento disfrutar esto, pero no puedo.

—¡NO! ¡POR FAVOR! —gritó mientras sumergía su cabeza en el agua. Podía ver que comenzaba a perder la conciencia, su lucha había desvanecido y las burbujas se habían reducido.

Sacándola, la lancé al suelo antes de tomar una navaja del estante y llevarla a su cuello.

—Hola, Rosalie —susurré, arrodillándome frente a ella mientras esta temblaba. Sus ojos rodaron hacia atrás y la abofeteé fuertemente—. Deberías comenzar a hablar antes que me enoje.

—Yo… No sé de lo que estás hablando.

Suspiré.

—Mira quién es una buena bebé soldado, y cuando digo bebé, quiero decir una pequeña Rosalie débil, impotente, e ingenua. Mírame, mírame en serio, porque jamás me has visto como me ves ahora. Siempre me he comportado y ahora me has hecho enojar. He hecho esto por mucho tiempo. Te quebraré, te destrozaré y te disfrutaré. Así que no pierdas mi tiempo con mentiras, pequeña soldado, porque soy una guerrera y mastico personas como tú y las escupo.

Sus labios temblaban mientras que sus ojos se ensanchaban.

—Intentémoslo de nuevo —dije, presionando el cuchillo contra su cuello—. Comienza a hablar, Rosalie.

Las lágrimas caían por su rostro al estallar en sollozos.

—No tengo tiempo para esta mierda —murmuré enfadada, bofeteándola una vez más.

—Hice un trato.

—Eso ya lo sé, ¿cuál eran los detalles de este trato? ¿Le dabas información y después qué? ¿Cuándo comenzó esto?

Ella cerró los ojos y tomó aire profundo.

—Me contactó después que mi padre ganó las elecciones. Me prometió que Emmet y yo nos haríamos cargo. Él te quiere afuera, pero sigue necesitando el tráfico de drogas y que…

—¿Y qué? —siseé.

—Nada.

—Mentira. —La tomé del cabello y jalé, permitiendo que el cuchillo encontrara sus venas.

—Por favor…

—Allí está esa palabra de nuevo, no significa nada para mí. Ahora, habla.

—Ethan. Yo me quedaría con Ethan.

Me quedé inmóvil por un momento antes de apartarme de ella. Poniéndome de pie, metí el cuchillo en fregadero.

—Levántate.

No lo hizo.

—Tienes cinco segundos desde ahora. Cinco, cuatro, tres, dos… —Antes de llegar a uno, ella comenzó a ponerse de pie y, ni bien lo hizo, le di un puñetazo en la mandíbula. Ella dio unos pasos hacia atrás, pero no me detuve, no podía. La golpeé repetidamente, su cuerpo cayó al suelo. Hubiera seguido, pero sentí los brazos de Edward rodearme y alejarme.

—Llévensela por ahora. Asegúrense que no haga nada estúpido —le dijo a Seth y Kain, los cuales no había notado.

Ella estaba inconsciente, con el rostro lleno de sangre.

Respiré profundo.

—¿Qué pasó con estar calmada? —cuestionó Edward detrás mío.

Girándome hacia él, lo fulminé con la mirada.

—Estaba calmada, me contuve hasta que ella admitió querer robar a nuestro hijo.

—Yo me encargaré de ella —anunció como si me estuviera desafiando a que le discutiera esto.

—Haz que Seth arregle su maldito rostro y que le dé un puto calmante. Lo necesitará para sobrevivir al resto del día. No queremos que Orlando extrañe a su títere. —Ahora mismo, quería sentarme con Ethan.

Maldita sea, odiaba a esa perra.

EDWARD

Estirando un brazo, quebré unas sales aromáticas debajo de su nariz, despertándola. Ella se sentó rápidamente y, por un momento, pude ver el alivio en sus ojos hasta que vio los cables alrededor de sus muñecas. Ella tiró de estas como si simplemente se romperían.

—Vas a tener marcas si sigues con eso —le dije, arremangándome las mangas antes de tomar asiento frente a ella.

—Quiero hablar con Emmett.

—Tus deseos ya no me conciernen.

—¡No puedes hacer esto! —chilló—. ¡Soy la hija del presidente! ¡La esposa de tu hermano! No puedes hacerme esto.

—Y, aun así, aquí estás. Curiosamente, es por esas dos razones que no estás muerta todavía.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Quiero hablar con Emmett.

—Emmett sabe dónde estás, si quisiera hablar contigo, estuviera aquí —respondí mientras Seth entró con una bolsa junto con un trapo y un bol de agua.

—Emmett… ¿Emmett sabe que estoy aquí? —susurró.

—Emmett es la razón de que estés aquí, él fue quien consiguió pruebas de que eres una perra manipuladora y mentirosa, aunque Bella y yo hemos sabido eso por un tiempo.

Ella tembló y casi quise poner los ojos en blanco por lo dramático que era todo esto.

—Yo… Yo… No. Yo… Pero yo… No lo entiendo. ¡No! Nada tiene sentido, no se suponía que tenía que pasar esto. No, no lo entiendo, todo estaba bien.

—Solo porque te convenciste de eso no lo hace verdad. Bienvenida a la realidad, Rosalie, y dolerá como la mierda.

—Edward…

—No. No. No. Es Sr. Cullen para ti, Srta. Hale. Solo la familia me llama Edward y eso ya no se aplica a ti.

—Sigo siendo la esposa de tu hermano.

—¿Eso dices? ¿Dónde está tu anillo? —Su cabeza se movió hacia el lugar vacío en su dedo. Todo su cuerpo se encorvó cuando comenzó a sollozar.

Sostuve el anillo para que lo viera.

—Esto es una reliquia familiar y, una vez más, no eres familia. En cambio, se te dará otro anillo para que uses en público. Como dijiste, eres la hija del presidente y nuestra conexión a Orlando, no podemos matarte ya. Aunque estoy seguro que Bella ansía arrancarte la cabeza.

Ella no parecía estar escuchando alguna de las palabras que salían de mi boca, así que le di la botella de agua a mis pies junto con dos pastillas. Bajó sus ojos hacia ellas y luego los levantó para mirarme.

—Acabo de decirte que no puedo matarte, Rosalie. Vas a necesitar tu fuerza para la ceremonia de esta tarde. Escuché que habrá torta de frambuesas, tu favorita. —Le sonreí, esperando a que las tomara.

—No seré pavoneada como…

—Otra vez, Rosalie, no decides tú. Quizás no lo entiendas, así que te lo explicaré una vez. Te metiste con la familia. Siempre supe que de alguna forma lo harías, pero, por alguna razón, pensé que el motivo sería tu moral. Pero no, buscabas la corona y fracasaste. Fracasaste en grande, Rosalie, y de la peor forma posible. Puede que te hayas salido con la tuya mientras Bella y yo no estábamos, pero deberías haber sido inteligente. Fuiste torpe, orgullosa y simplemente ignorante. No eres lo suficientemente buena. Fallaste. El fracaso viene con consecuencias. Quiere decir que no tienes derechos, sueños, ni esperanzas. No eres nadie y nada más que una ficha en nuestro tablero. Así que cuando digo que te arregles, ponte ese lindo vestido y vienes a la Casa Blanca, sonríe con tu papito el presidente. Eso significa que no tienes opción. Ahora, toma las malditas pastillas.

Moviéndome hacia ella, saqué un cuchillo y corté sus amarres. Ella tomó las pastillas y bebió el agua.

—Orlando sabrá que pasa algo.

Me reí.

—¿Crees que es tu amigo? Por tu bien, será mejor que no lo haga. Eres un cabo suelto. El hombre llevó a su propia hija al borde de la locura. Uno de nosotros te matará, la única diferencia es que te prometo que no serás lanzada a algún río o enterrada en una fosa para que te coman las ratas. Serás enterrada en la parcela Cullen. Comienza a pensar lo que quieres que diga tu lápida.

Ella comenzó a reír. Se reía como si finalmente se hubiera vuelto loca, así que esperé tranquilamente, lo que solo aumentó su diversión.

—Mira al gran y malvado Edward. Has avanzado bastante de ser encerrado en casilleros. Emmett solía contarme la mierda que las personas solían hacerle a su "pequeño hermano lisiado" y pensé que era gracioso. ¿Has trabajado tanto en ser un maldito porque fuiste abusado? Porque te hicieron la vida imposible. Oh, pobrecito Edward, pobre bebé, y tu mami tampoco te quiso. Oh, santo cielo, ¿cómo pudiste con eso? —Se rio un poco más—. ¿Sabes lo que es incluso más gracioso? El hecho que pasaste de ser la perra de todos a ser la perra de Bella, das lástima.

Tomé aire profundo y me incliné hacia adelante, observándola. Tenía que admitir que era algo que había aprendido de Bella. Aterraba a las personas.

—¿Qué esperas que haga? ¿Que infle mi pecho y te diga el hombre que soy? Quizás si fuera un hombre más débil e inseguro, me enfadaría, pero lamentablemente para ti, no lo soy.

—Yo…

—Aquí va tu segunda lección del día y presta atención, porque la tercera puede que te mate. Puedes soltar todos los insultos que quieras, Rosalie Hale, pero no soy Bella. No me enfadaré y te mataré. Es tierno que lo hayas intentado. Prefieres morir ahora. Pero por tus pecados, hay una pena. Eso también significa que no te quitarás la vida. Primero, porque te amas demasiado, y dos, estarás siendo observada todo el tiempo. No hay pantalones en mi relación con Bella, ambos preferimos estar desnudos. Ahora, arréglate. Seth estará aquí para asegurarse que todo vaya bien, si necesitas algo, pídeselo. Puede que no te lo dé, pero no pierdes nada con preguntar, ¿cierto?

Poniéndome de pie, bajé mis mangas y me dirigí hacia la puerta del sótano.

—¿Puedes, por favor, enviar a Emmett?

Abrí la puerta y me giré hacia ella.

—¿Qué te dijo mi esposa sobre esa palabra, Srta. Hale? "Por favor" es lo que le dices a las personas que le importa. Si no te has dado cuenta, yo no soy una.

—¿Fui tan obvia? —susurró.

Sí, Rosalie, lo fuiste. Pero no le respondí. Seth entró y yo salí, permitiendo que la puerta se cerrara mientras subía las escaleras.

Cuando terminé, encontré a mi padre leyendo el archivo. Levantó su mirada en mi dirección con una expresión fría.

—Me estoy ocupando —le dije, tomando la carpeta y dirigiéndome hacia el fregadero, donde encendí la maldita cosa en llamas.

—¿Has hablado con Emmett?

—Emmett me trajo la carpeta.

—¿Sí? —Sonaba asombrado.

Enfrentándolo, asentí.

—Sí. Esta noche, vas a sacarlo afuera. Él lo aceptó, pero no lo ha trabajado en su mente y no quiero que se vuelva loco cuando ella ya no esté. Después de todo, la ama.

—¿Por cuánto tiempo planeas mantenerla viva?

Me encogí de hombros, sacando su anillo y colocándolo en la encimera frente a él.

—Hasta que no nos sea útil. Todo pasó rápidamente. Bella y yo lo hemos sospechado por un tiempo. Estoy seguro que Rosalie sigue igual de sorprendida. En un momento está comprando en Saks, y al siguiente es una prisionera.

—La realidad es una perra —anunció con una sonrisa.

De allí lo aprendí.

Me preguntaba si Ethan y yo tendríamos una conversación así.

—Ve a buscar tu esmoquin, papá. Tu hijo recibirá un premio.

Él soltó una risita y le di unas palmadas en el hombro antes de dirigirme hacia mi cuarto para prepararme. Al entrar, me quedé paralizado en mi lugar. Como si ella estuviera probando mi punto, Bella estaba sentada a los pies de la cama, frotando loción en su pierna. Lo único que vestía era una jodida toalla. Cerrando la puerta con llave, la observé.

—¿Cómo fue…?

Podría dejarla terminar; sin embargo, la tomé en brazos y la besé fuertemente, quitándole y dejando caer la toalla al suelo. Aferré su culo, presionándola contra mí mientras mi lengua batalló con la suya.

—Ponte en cuatro —demandé una vez que nos apartamos.

Sus ojos se nublaron y una sonrisa apareció en su rostro al hacerlo. Observé su culo por un momento, mis manos temblaban. Podía ver sus músculos tensarse, ella sabía que algo venía.

¡ZAS!

Su trasero rebotó, dejando una mano impresa. Ella se estremeció.

Dejé tres nalgadas más en su culo gordo.

—¡Ah! —gimió fuertemente. Su cuerpo comenzó a temblar y podía ver todo lo que me deseaba. Me encontraba duro, se sentía como si fuera a romper los pantalones. No podía soportarlo, me los quité rápidamente sin importar si rompía la bragueta.

Besando su trasero y siguiendo por su columna, me presioné contra ella, tomando sus pechos en mis manos y colocándonos sobre nuestras rodillas en la cama.

—Edward… —gimió una vez más mientras yo tironeaba de su pezón con una mano, permitiendo que la otra se moviera por sobre su estómago.

—¿Cuándo fue la última vez que hicimos esto? —susurré en su oído antes de morderlo.

Sus manos se movieron hacia mi cabello.

—Dos días.

—¿Dos días? Estás floja, esposa. —Tiré su cabello hacia atrás, tocando su coño al mismo tiempo.

Sus labios se separaron mientras se movía con mi mano.

—He estado ocupada, esposo.

Sonreí y ella mordió sus labios cuando otro de mis dedos entró en ella.

—Jamás deberías estar demasiado ocupada para esto.

—Mierda —gimió cuando aceleré el ritmo. Ella se meció contra mi mano y no solté su cabello. Se encontraba a mi merced. Sus ojos rodaron hacia atrás cuando se corrió sobre mis dedos. Retirándolo, los llevé hacia su boca.

—Saboréate.

Lo hizo y gemí al sentir su lengua suave lamer mis dedos. Cuando quiso llevárselos a la boca, la solté con un gemido.

—Estás jugando conmigo, esposa —susurré.

Ella sonrió, agarrándome y frotándose contra mí.

Ahora, yo juego contigo.

Tomando de su mano, la detuve, con toda mi fuerza de voluntad, pero la detuve.

—No —jadeé de nuevo, tomando sus labios en los míos. Diablos, sabía tan dulce. Inclinándose, ella se dejó caer sobre su espalda mientras besé desde su boca a un costado de su rostro y luego su cuello.

Ella gimió más fuerte, envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura. Podía sentir sus uñas pasando por mi espalda. Tomé un pezón en mi boca y la observé. Su espalda se arqueó y sus ojos se cerraron. Me froté contra su entrada mientras ella suspiraba.

—Edward… diablos, Edward, te necesito.

—Entonces, me tendrás —susurré en su oído antes de embestir de lleno en ella.

—¡Mierda!

Tomándola de los brazos, los sujeté sobre su cabeza con una mano y tomé su muslo con la otra mientras me movía lentamente.

—Edward. —La observé rogar con cada embestida.

—Abre los ojos.

Lo hizo y los observé, viendo destellos de lujuria mientras la tomaba. Ella solo aguantaría esto por poco.

En ese momento, ella se soltó y me llevó hacia sus labios.

—Bella —suspiré contra su boca.

Usando eso para su ventaja, ella nos dio vuelta y se ubicó sobre mi cintura. Presionó sus manos sobre mi pecho y se elevó antes de dejarse caer.

—Mierda, nena —jadeé.

Ella sonrió, pero no se detuvo mientras mis manos iban a su cintura. Ella me montaba rápido y duro. No iba a durar mucho más tiempo. Mis manos se movieron por su cuerpo hasta llevar a sus pechos. Me senté, los besé y los mordí.

Cuando ella bajó el ritmo, nos di vuelta, tomando de sus muslos antes de cogerla más fuerte.

—Edward. Mierda, ¡ah! —Su voz tembló.

Besando su cuello, se corrió al mismo tiempo que yo.

—Mierda, te amo. —Tragué, inhalando profundo antes de salir y cae a su lado.

Ella se pasó las manos por su cabello, respiró profundo y se sentó. Me besó profundamente mientras nos mirábamos el uno al otro. Sonreí en el beso antes de que se apartara.

—También te amo.

Jamás me cansaría de escuchar eso.