21. Hasta la raíz
A la mañana siguiente, el recuento de daños materiales fue demoledor, pero no había habido víctimas mortales, por lo que Molly insistió mucho en que debían agradecer a dios el estar juntos y vivos. Y aunque lo estaban, nadie pudo evitar las lágrimas al verse como estaban, negros, Bill con graves quemaduras en las manos, Ron con accesos de tos y vómitos por haber inhalado demasiado humo durante su incursión en el garaje, las niñas atemorizadas hasta el punto de no consentir el soltarse de las piernas de su madre, George con un ataque de dolores en las piernas que lo había vuelto a postrar, aunque aseguraba que eran solamente agujetas y que no volvería a quedarse tumbado en una cama nunca más.
Más de la mitad de la cosecha se había perdido, sobre todo la parte de uva dulce que era la seña distintiva del sello Weasley, y una parte de las herramientas que estaban en cobertizos en mitad del viñedo. Sin embargo, ni la casa ni la bodega habían sufrido daños, más allá del estallido de vidrios por el calor y la capa de hollín que daba un tono depresivo a todo el paisaje.
Los amigos que habían llegado desde el pueblo a ayudar habían acudido ahora con tazas de café y comida caliente para ayudar a recuperar el cuerpo y también el ánimo, y un tropel de gente entraba y salía de la casa, trayendo lo que los conmocionados Weasleys, desparramados como estaban en el porche de la casa, parecían necesitar.
Molly acariciaba los cabellos de su marido, sin conseguir calmar del todo la agitada culpa que lo traspasaba. Angelina se había empeñado en empezar a bañar a George con agua templada que ella misma había calentado en la cocina de la casa, retomando de esa forma la labor de enfermera que había desempeñada al principio de su convalecencia, hasta que la muerte de Fred había provocado el rechazo de su gemelo. Hermione había conseguido lavar y vendar concienzudamente las dañadas manos de Bill, pero ni ella ni Fleur lograban convencerlo de que se trasladara al hospital, no mientras no tuviera claro que todo estaba controlado allí.
Ron, sentado junto al tío Billius, que parecía haber envejecido veinte años de golpe, se levantó con esfuerzo y se aproximó a sus padres.
-Papá, no te preocupes. Nos recuperaremos. La plantación de uva de mesa está intacta, y la bodega también, podemos seguir trabajando con eso este año, y el año que viene… - un acceso de una tos muy desagradable lo obligó a callar, y se dobló sobre sí mismo para expulsar todo el veneno que había inhalado durante el incendio.
Hermione lo miró, y lo amó más que nunca al verlo de nuevo sirviendo de punto de apoyo para todos los demás, y estuvo segura de que no quería pasar su vida al lado de nadie más que del pequeño de los hermanos pelirrojos. Se acercó a él, y le retiró el flequillo de la frente mientras seguía doblado por la tos y las náuseas. Con un ademán, indicó a Molly que ella se hacía cargo, y cuando hubo acabado de toser, lo obligó a sentarse en el suelo y, recostado contra sus piernas, a beber. La mirada que se dirigieron fue lo bastante elocuente para que todos entendieran que a partir de entonces, ya de verdad, Hermione sería una Weasley más.
Ginny no había parado de entrar y salir de la casa, preparando café, sacando cubetas de agua para facilitar algo el aseo de los bomberos, extendiendo mantas en el suelo para acomodar a los más cansados de entre sus familiares y amigos, sin darse a sí misma ni un minuto de descanso hasta que Harry la detuvo. Le cogió la bandeja que cargaba, y tomándola de las manos, se la llevó a la esquina de la casa, desde donde la desolación del viñedo quemado quedaba medio oculto a la vista.
-Ginny, necesitas descansar. Ha sido un anoche muy dura, y tú no has parado.
-Tú tampoco has parado, Harry. Has estado trabajando como el que más, y ni siquiera sé por qué has vuelto.
-Cho me ha dejado. Cuando llegué a San Francisco, a nuestra casa, me la encontré… - Harry, bajo la capa de suciedad que aún ennegrecía su cara, se ruborizó.- Bueno, ella se había leído mis cartas, las que le estuve mandando todos los años de la guerra. Y se había dado cuenta de que no me quería, no quería la misma vida que yo. Así que solicitó la anulación del matrimonio, yo sólo tuve que firmarla, aunque ahora…. – miró a la zona calcinada con pesar – me temo que tendré que pedir otra copia del documento, mis cosas se han quemado.
Ginny sollozó, y Harry malinterpretó su llanto.
-Ya sé que eso no es importante, que tu familia y tú habéis perdido mucho más. Pero lo recuperaremos todo, no llores por Las Nubes, Ginny.
-No lloro por el incendio. Ha sido terrible, pero igual que mi familia levantó esta finca una vez, volveremos a hacerlo. – Ginny tomó el rostro de Harry entre sus manos, y lo miró con todo el amor que le inspiraba.- Lloro porque creía que te había perdido sin llegar a tenerte de verdad, porque entraste en mi vida para arreglarla y has vuelto para seguir ayudándome en los peores momentos.
-Eres tú quien me has dado una vida, Ginny, la vida que siempre soñé. ¿Sabes que ya no tengo pesadillas? Si me quieres, si me aceptas como marido, como padre de tu hijo, me harás el hombre más feliz del mundo.
La sonrisa de Ginny hizo inútil cualquier otra contestación, y los jóvenes se fundieron en un beso que ya no tendría que soportar sombras de culpabilidad ni mentiras.
Desde su incómodo asentamiento, el tío Billius lanzó una carcajada al verlos.
-¿Qué os dije? – preguntó a nadie en particular. Pesadamente, se incorporó y se dirigió a ellos. – Perdón si interrumpo, pero tienes que acompañarme, Harry. Ahora.
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Una hora más tarde, el trajín de gente había disminuido, sumiendo en un silencio depresivo a la familia. Arthur en particular seguía absorto en una pesadilla y empezaba a preocupar a sus hijos el que no reaccionara, y Hermione sabía que ni Bill ni Ron aceptarían ser conducidos al hospital mientras no vieran a su padre en uso de sus facultades mentales. Pero no sabía cómo conseguirlo, hasta que Ginny llegó y lo abrazó por la espalda.
-Papá, lo siento. Lo siento tanto…- las lágrimas de la joven dejaban surcos de hollín en su cara.
-No es culpa tuya, hija. Tenías razón en todo lo que me dijiste anoche. Soy un hombre tozudo y me gusta salirme con la mía, y me gusta dar órdenes. Y no me doy cuenta, no me he dado cuenta hasta ahora de que os he criado bien, tenéis buena raíz y debería confiar en vuestras ideas y decisiones. Y si os equivocáis, no somos una familia para echárnoslo en cara, sino para ofrecer un hombro en el que llorar y unos brazos para trabajar en arreglarlo. Aunque ahora no sé si me queden fuerzas en mis brazos para… - la voz se le quebró en un sollozo a la par que un además de su brazo se dirigía a la devastación del viñedo.
-¿Le sirven mis brazos, señor Weasley? – Harry había vuelto cargando una cepa llena de raíces, con terruños incrustados pero libre de hollín y carbón-, ¿le sirven mis brazos para volver a cultivar esta uva en su tierra?
-Hemos subido a la colina de los abuelos, donde están los injertos de las primeras cepas que trajeron de Europa. Esas son las uvas originales de Las Nubes, y allí no ha llegado el fuego – aclaró el tío Billius, que parecía haber recobrado su vitalidad. - ¿Oyes, Arthur? ¡La raíz es fuerte!
Una intensa alegría recorrió a todos los presentes, contenida por la incredulidad de que, tras la destrucción de la noche, un rayo de clara esperanza los alcanzara. ¿Sería posible recuperar el cultivo en las condiciones en que había existido? Arthur se alzó hasta la altura de Harry, y comprobó que las raíces de la cepa que portaba, recién extraída del suelo, estaban llenas de vida y podían por tanto, ser transplantadas allí donde se deseara. Con una nueva luz en sus ojos, miró al joven moreno, y lo agarró por el hombro.
-Gracias, Harry. Gracias por haberme devuelto… mi vida. Mi raíz ahora es tu raíz, y mi familia es ahora tu familia. - Harry soltó la cepa en el suelo y permitió que Arthur lo acercara a Ginny, mientras el resto de los presentes los rodeaban. - Hemos compartido momentos que ya llevaremos siempre dentro, y si quieres, y si mi hija quiere, compartiremos otros muchos de forma que ya no haya distinción entre lo tuyo y lo nuestro, como una cepa nueva que se injerta en una vieja y le da nueva energía para seguir dando fruto.- Cogiendo la mano de Ginny, la enlazó con la de Harry y sonrió.
Y todos los presentes sintieron que tras la tempestad, les llegaba la calma a lo más profundo de su ser; y que para las tempestades que estuvieran por venir, tenían buena compañía, y tenían Las Nubes.
Con este capítulo termina este fanfic, basado en los personajes de JK Rowling y en el guion "Un paseo por las nubes" de Robert Mark Kamen que el director Alfonso Arau rodó en 1995.
Me ha costado casi 10 años terminarlo. El chivato de Fanfiction me dice que el primer capítulo lo colgué el 14 de abril de 2011, y llevaba bastantes meses antes rumiando la historia, así que durante una década mal contada esta historia me ha acompañado: a veces le he huido, a veces me ha asaltado por los remordimientos de haberla dejado colgada. Muchas cosas me han pasado entre tanto, algunas buenas que me alejaron de la escritura para disfrutar de mi vida; otra malas que aunque me dejaron la soledad necesaria para escribir, agitaban mi estado de ánimo de modo que no tenía la ingenuidad en la mirada necesaria para una historia optimista como esta. Siempre he sentido que algún día la acabaría terminando, pero ese día nunca llegaba.
Pero esta terrible situación de confinamiento que hemos vivido me ha puesto de frente con mis deudas, con la calma y el tiempo necesario para acabarla al fin. Siento que al final no he estado a la altura de lo que tenía en mi cabeza en el inicio, era joven y ambiciosa entonces. Pero creo que he conseguido dar un final, digno, a esta historia; y a quien no le guste, pues para eso tenemos esta bendita página, para imaginar las cosas a nuestro gusto.
Unas última palabras para esos lectores que a lo largo de todos estos años he postergado, sin duda si me he puesto a escribir de nuevo es porque os lo debía. Y gracias especialmente a Ginevre, que tuvo mucho peso en el inicio de la historia, y que ha aparecido de nuevo para saludar en este final.
