Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXV
"Busted"
Lo primero que vieron sus ojos al abrirse, fue el blanco y liso techo de su habitación. Estaba bocarriba, acoplando sus pupilas a la poca luz que las cortinas dejaban entrever. Supo que su cuerpo entero le dolía cuando intentó girarse de costado para dormir más. Entonces una repentina incógnita asaltó su mente:
¿Qué hacía en su cama, vestido y arropado?
Se sentó de golpe en el colchón, respirando agitadamente y mirando a su alrededor. Anoche se suponía que había estado con Yuuri, entonces no entendía qué hacía ahí. Miró la cama, notando que se veía tendida del lado opuesto, sin señas de que alguien más hubiese dormido ahí.
¿¡Qué demonios ocurría?! No lo entendía, y comenzaba a exasperarse. Se puso de pie con brusquedad, pisando en el acto a su mascota que descansaba en el tapete junto a la cama. Salió corriendo del cuarto y fue a la sala. Estaba intacta. No había señales de que Yuuri hubiese estado ahí en algún momento.
Miró su teléfono, buscando algún mensaje, pero fue en vano. Recorrió su pequeño departamento y no encontró nada que tuviera que ver con Yuuri.
Su cabeza comenzó a doler, acaso… ¿Todo había sido un sueño?
—Demonios, no —se revolvió los cabellos con desesperación, casi halándolos. Se puso algo dramático, caminando de un lado a otro. Llamó a Yuuri sólo para comprobar que lo que había pasado anoche no hubiera un sueño, pero éste no le respondió.
Estaba tan alterado que optó por tomar una ducha y despejar un poco su mente de tantos pensamientos negativos. Debía de haber alguna explicación, no podía sólo ser un sueño, demonios, no.
Se quedó bajo el chorro del agua por largo rato, dejaba que el agua tibia corriese por todo su cuerpo.
—Tiene que haber una explicación —murmuró, con los ojos cerrados y la frente pegada a la pared de azulejos, dejando que el agua corriera por toda su espalda.
—¿Explicación para qué, mi amor? —desde atrás, coló escurridizamente sus brazos por la cintura de Viktor hasta posar ambas manos sobre su pecho, acariciando gentilmente la piel.
El aludido dio un brinco, entrando completamente en pánico. Giró su cabeza bruscamente, topándose con una melena color ébano descansando sobre su hombro izquierdo. Entonces percibió los alocados latidos de su corazón y una felicidad embriagante lo invadió. Acarició las manos y brazos que lo rodeaban con amor, apretándolas con mucha fuerza y agradeciendo al cielo por esa gran bendición.
—Buenos días —murmuró Yuuri, con su mejilla sobre el omóplato del otro, sintiendo el agua caer sobre ambos, desnudos.
—Oh, Dios —no soportó más y se giró para abrazarlo como si no hubiese un mañana.
—¿Qué ocurre? —inquirió al verse en un abrazo demasiado asfixiante.
—Tuve tanto miedo al despertar y no encontrarte, pensé de verdad que todo había sido un sueño e inevitablemente entré en pánico, fue horrible —tomó una gran bocanada de aire, calmando su temblor interno y el terror que había sentido. Ese terror se le pasó al mirar con atención a Yuuri y verlo tan hermoso, con el cabello mojado pegado a su frente y mejillas, éstas con un leve rubor y con sus preciosos ojos achocolatados mirándolo con un amor infinito. Esa expresión hermosa fue acompañada por una risilla cantarina que resonó en todo el cuarto de baño.
—¿En serio creíste que fue un sueño? ¿Acaso no te viste al espejo? —el otro parpadeó, confundido—. No hubieras pensado que fue un sueño si te hubieras visto esto al espejo —acarició su cuello con un par de dedos.
Los ojos azules se abrieron con impresión, recordando nítidamente como Yuuri se había desatado besando, mordiendo y succionando toda la piel que tuvo al alcance.
Aliviado, sonrió como idiota y volvió a abrazarlo posesivamente, ocultando el rostro en su sitio preferido.
—¿Por qué desperté en mi cuarto, vestido y solo? ¿Por qué no estabas cuando desperté? Además, no contestabas mis llamadas —murmuró con la voz acompasada, chocando contra la piel desnuda su hombro y cuello. Parecía más un puchero que un reclamo, pero el sentimiento se le pasó un poco cuando su amado le acarició la espalda consoladoramente.
Entonces, Yuuri le explicó que se despertó temprano y al sentir frío decidió llevarlo a su cama, vestirlo y arroparlo para que no se fuera a resfriar. Luego fue a la cocina a preparar algo, pues moría de hambre y estaba seguro de que Viktor despertaría hambriento.
—¿Me cargaste y me vestiste?
—Sí, ¿Por qué lo preguntas?
—Por nada —gritó internamente y restregó su rostro contra el de su amante, cariñoso y emocionado.
—Eres una piedra cuando duermes —frunció el ceño en un lindo puchero—. Y no eres nada ligero, cariño.
El corazoncito de Viktor dijo un salto de felicidad ante ese "Cariño".
—El músculo pesa —se separó del abrazo y alzó una ceja pícaramente. Yuuri rio y rodó los ojos—. Pero… ¿Por qué no estabas? Me volví loco al no verte, creí que había alucinado lo de anoche, y no, no me había visto al espejo.
El menor contuvo una risilla y respondió:
—Salí a comprar algunas cosas para hacer el desayuno. He notado que tu alacena sólo tiene golosinas y cereal. Ni se diga tu nevera.
—Son fáciles de cocinar.
—El cereal no se cocina.
—Exacto.
Yuuri acalló las risas que quería dejar salir, sólo porque notaba a su amado aún afectado por haber pensado que todo había sido un sueño. Se quedó entre sus brazos, sintiendo su cuerpo tibio y húmedo, presionado contra el suyo, ambos totalmente desnudos. El momento sería excitante si tan solo no saliera agua medianamente tibia de la regadera.
—Amor, ya ni siquiera sale agua caliente, has estado aquí por más de una hora —se separó del abrazo, sólo lo suficiente para tomar su rostro entre las manos y despejarlo de cualquier cabello en él—.Terminemos de bañarnos y vayamos a desayunar.
Y así, lo que empezó como un momento tierno entre ambos, pasándose la esponja y jabón por todo el cuerpo, se convirtió en algo mucho más erótico de lo que se imaginaron. Era inevitable, los dos estaban desnudos, mojados y se acababan de reconciliar. Se entendía que aún no tuvieran suficiente del sexo.
Pero lo que se convirtió en algo candente, concluyó con un resbalón en la ducha por parte de Yuuri, quien, al intentar sostenerse de algo, tomó la cortina y se la llevó consigo al suelo. Viktor, en un vano intento de rescatarlo, terminó en el suelo también, sobre Yuuri y la cortina.
Ambos se echaron a reír como pocas veces en su vida.
El agua estaba ya helada y se congelarían ahí si no salían pronto. Viktor se percató de ello, así que luego de incorporarse y cerrar el agua, se aseguró de que su pareja estuviese bien antes de ayudarle a levantarse. Acomodaron la cortina en su lugar y se envolvieron en gruesas toallas felpudas.
—Había olvidado lo friolento que eres —se amarró bien la toalla a la cadera y tomó otra más pequeña para echársela a la cabeza al japonés, ayudándolo a secarse el cabello.
—Y tú tan inmune al clima gélido —se quejó, tiritando de frío.
Ambos se vistieron. Para eso, el mayor le prestó ropa a su amado y así ambos se fueron a desayunar el manjar que preparó Yuuri.
—¡Increíble! —el rostro se le iluminó al ver un rico desayuno: huevos revueltos, pan tostado, tocino y café—. No se quemó —murmuró cuando se sentó con mucho gusto a la mesa, ajeno a la mirada llena de tristeza del otro.
—Que cruel —se llevó una mano al rostro.
—Y dices que yo soy el dramático —se burló y ambos se echaron a reír de nuevo. Nada arruinaría su felicidad en esos momentos—. ¡Por Dios! Esto está delicioso —musitó con la boca llena, sus ojos azules centellaban con emoción—. Podría desayunar esto todos los días que me quedan de vida.
—Sí, soy el dramático —pensó, con una gran sonrisa estampada en sus labios mientras lo veía, completamente enajenado.
Viktor se ofreció a lavar los platos luego de terminar su desayuno, pero Yuuri no lo dejó. Ahí se inició una batalla que culminó con ambos "lavando" los platos, llenándose el uno al otro con jabón, salpicándose agua y rompiendo uno que otro utensilio en su pequeña guerra.
—Me retiraré para dejarte descansar. Te traeré la ropa luego —señaló las prendas prestadas.
—Puedes quedártelas, pero… ¿Quién dice que estoy cansado? —claro que lo estaba, pero no iba a admitirlo.
—Pues… luego de lo de anoche, creí que tú... —se rascó la nuca, desviando la mirada—. Bueno, que tú tal vez… —calló al sentir un jalón en la sudadera prestada, cuando fijó su vista hacia el frente, se topó con un par de mares hermosísimos, mirándolo con un sentimiento imposible de describir.
No habían tocado directamente el tema de lo que había pasado anoche, ni de lo que estuvo a punto de ocurrir en el baño. Pero el pánico de saberse en sólo un sueño seguía haciendo mella en Viktor, eso fue lo que lo impulsó a jalarlo de su sudadera, impidiéndole irse.
—Quédate un poco más —su expresión era apacible, serena y hermosa.
—Me quedaré —no tardó ni dos segundos en responderle.
Se quedaron un poco más, ahí, parados y sin decir nada hasta que Viktor carraspeó.
—¿Te quieres recostar un rato? Podemos ver una película en la sala o descansar en mi cuarto.
—Descansemos en tu cuarto —sonrió tímidamente, pero a pesar de ello lo tomó de la mano y lo llevó al lugar mencionado, siendo ambos seguidos por Makkachin.
Se tumbaron en la cama hasta quedar por completo desparramados, uno al lado del otro, con brazos y piernas extendidas. Afortunadamente la cama era más amplia que una individual y era demasiado cómoda. Algo en lo que Viktor no escatimaba en precios, era en camas cómodas.
—Un niño mimado —pensó el japonés con diversión, sintiendo la comodidad del colchón. Cerró los ojos y por poco se quedó dormido, de no ser por Viktor, quien tímidamente buscó su mano hasta enlazarla con la propia en un tierno gesto—. No puedo creer que nos hayamos quedado dormidos en la sala —soltó, sólo para romper el silencio.
—Mentí hace rato —rio—. Sí estoy muy cansado, anoche fue muy… intenso —suspiró. Ninguno de los dos apartó la mirada del techo.
—¿Fue malo? —preguntó Yuuri, titubeante.
—¿Qué cosa? —giró su rostro para verlo y notar lo muy apenado que estaba, entonces entendió lo que quería decir—. ¡Oh no, claro que no! Fue increíble. Pero ¿Te gustó cuando yo…? —fue interrumpido.
—¡L-lo hiciste muy bien! ¡Todo, absolutamente todo! —su rostro ardió en vergüenza.
Los dos volvieron a quedarse en un silencio un poco incómodo, con Makkachin acostado al pie de la cama, mirándolos y batiendo su colita de un lado a otro, expectante.
Yuuri se fastidió un poco por la actitud que estaban tomando ambos. La situación era incómoda y le frustraba que fuese así luego de haber pasado una noche tan increíble. No lo soportó más y después de un pesado suspiro, se giró sobre su costado hasta rodear a Viktor con un brazo y una pierna, en un abrazo muy al estilo "Koala".
—¿Qué haces? —rio.
El aludido no respondió, sólo reafirmó el abrazo y acomodó su cabeza sobre el pecho de su amado, quien escabulló su brazo por debajo de su cuerpo para rodearlo y atraerlo más hacia sí. Yuuri sonrió sonrojado al sentir cómo Viktor aspiraba el aroma de su cabello, pero lo que más le conmovió fue que buscara sus manos para entrelazarlas, eso sólo le recordó a cierto momento candente de la noche pasada.
—Yuuri, tus manos están muy frías. No se calientan aunque las cubra con las mías.
Una expresión llena de maldad cruzó el rostro del menor. Viktor lo vio y entendió muy tarde lo que eso significaba.
—¡Yuuri! —se retorció al sentir un par de manos heladas en su barriga, debajo de su playera.
—Así sí se calentarán, tenlo por seguro. Sigues siendo como un termostato descompuesto —no movió las manos de su lugar a pesar de que el otro se retorcía chistosamente.
—¡Oye! —rio, pero se detuvo al percibir cierto temblor en el cuerpo de su amado. Era verano, pero aun así había días con temperaturas muy bajas, como ahora. El ruso ya estaba acostumbrado, pero no Yuuri—. Mi amor, tienes mucho frío ¿Verdad?
El aludido se sonrojó hasta las orejas ante la forma en que lo llamó, había extrañado tanto eso que se quedó como un bobo, sólo atinó a asentir con la cabeza antes de que el mayor levantara las mantas y cobertores de la cama para meterlo debajo de ella, cubierto por capas y capas de sábanas.
Yuuri terminó bien arropado, descansando su espalda contra un montón de almohadas, quedando así un poco sentado en la cama mientras Viktor se acomodaba bocabajo, con la cabeza recostada de lado sobre su regazo.
—¿Cómodo? —inquirió con una sonrisa muy pura y hermosa.
—Sí, pero… ¿Por qué no vienes aquí? —señaló debajo de las sábanas, a su lado.
—Me da mucho calor —exclamó, alargando la última sílaba y rodando un poco en la cama. Eso hizo reír bastante a Yuuri.
—Bien, entonces ven aquí —señaló su regazo e hizo unos movimientos con los dedos que fueron muy bien interpretados por el ruso, quien de inmediato hizo caso y posó de nuevo su cabeza sobre las piernas del otro, recibiendo el masaje y suave tacto de sus largos dedos sobre el cuero cabelludo.
—Oh… —suspiró, invadido en un placer difícil de explicar.
—Viktor.
—Dime.
—Tuvimos sexo luego de la primera cita.
—La cual fue en mi sillón.
—Vamos muy rápido —soltó entre risillas—. Apenas nos conocimos ayer.
—Eres todo un pícaro, Yuuri. Te aprovechaste de mí en la primera oportunidad.
—¡¿Yo?! —se apuntó con un dedo, exagerando.
—Sí, tú.
—No fui yo quien hizo un blowjob anoche, tampoco quien casi se asfixia con un condón.
—¡Yuuri! —se avergonzó como pocas veces en su vida. Yuuri rio por ello y lo consoló después—. Al menos no intenté matarte de un shock anafiláctico.
—No seas dramático, ni siquiera llegaste a eso —se carcajeó.
—No, pero casi incendias mi cocina.
—Tú incendiaste la tuya cuando estabas casado.
—Bueno, pero tú casi lo haces cuando querías cortejarme.
Touché.
—Bueno, eso ya no importa, mejor hablemos de otra cosa.
—De acuerdo.
Se quedaron en un largo y muy cómodo silencio. Yuuri seguía masajeando el cráneo de Viktor mientras este suspiraba con los ojos cerrados.
—Viktor.
—¿Mhh? —estaba tan relajado que se quedaría dormido muy pronto.
—¿Quieres ser mi novio?
El aludido abrió los ojos como platos y una enormísima sonrisa abarcó la mitad de su rostro.
—¡Sí! ¡Sí quiero! —se sonrojó al darse cuenta de su efusividad tan intimidante—. Ejem… es decir, sí, me encantaría.
—Quería preguntártelo porque… —se rascó una mejilla—. Sé que con lo sucedido anoche podríamos dar por sentada nuestra relación, pero yo quería asegurarlo, es todo.
—Perfecto. Somos oficialmente novios de nuevo —se alzó un poco hasta alcanzar los labios de Yuuri y atraparlos en un suave beso, fue sólo una caricia, pero el menor no estuvo satisfecho. Tomó las mejillas suaves del ruso y lo atrajo a un beso aún más profundo.
Cuando se separaron, Viktor comenzó a desvestirse con mucha naturalidad.
—¿Qué haces? —se sonrojó bastante al pensar en su pobre trasero y lo incapacitado que se encontraba en esos momentos como para una nueva sesión de sexo.
—Si voy a dormir contigo bajo esos cobertores, necesito quitarme un poco de ropa —se quitó la playera y Yuuri contuvo la risa al ver cómo quedó su cabello, completamente despeinado y revuelto.
—Sí, sólo un "poco" —pensó con bochorno al ver que se quedaba sólo en esos calzoncillos pequeños que lo hacían ver tan sexy.
Cuando el de ojos azules se metió bajo las mantas, Yuuri de inmediato buscó contacto con su cuerpo, para sentir su calor.
—Vaya, en verdad tienes frío —se enroscó alrededor del cuerpo de Yuuri, siendo ahora él quien recostaba su cabeza sobre el pecho del otro, sonriendo orgulloso al percibir su desbocado corazón.
—Sí, caliéntame.
—Lo que tú digas, mi amor —respondió pícaramente y Yuuri rio con nerviosismo.
—Tonto —lo envolvió en un abrazo, posando su mano entre las hebras plateadas de su cabello, acariciando nuevamente y arrancándole un par de suspiros llenos de satisfacción.
Makkachin seguía al pie de la cama, mirándolos, parecía no tener frío, pero Yuuri sí, así que le hizo una señal con la mano al pequeñín para que se acercara a ambos. Así fue como terminaron los tres, acurrucados en la cama.
—¿Sigues despierto? —inquirió el japonés, luego de un rato de silencio y de estar haciéndole "piojito" a Viktor.
—Casi.
—Tengo que confesarte algo.
El otro se tensó notablemente, no se atrevió a alzar la cara. Temía que pudiese ser una mala noticia.
—Pensé que no me perdonarías. Cuando llegué a Vladivostok lo hice con toda la intención de no irme hasta que me perdonaras y hasta que accedieras a darme una segunda oportunidad. Sinceramente creí que me llevaría meses.
—¿Cedí más rápido de lo que esperabas? —su voz estaba un poco adormilada.
—Mucho antes.
—En realidad te perdoné casi desde que llegaste, pero no quise decírtelo, bueno, en realidad ni yo estaba seguro de ello —restregó un poco su mejilla sobre el pecho de su amado—. Pusiste mi mundo de cabeza, otra vez. Y verte tratando de conquistarme fue tan… no tengo palabras para describirlo. Después de todo lo que vivimos… —se le quebró la voz—…verte hacer todos esos esfuerzos por mí, causó que me conmoviera. Cuando accedí a darte una segunda oportunidad, ni siquiera estaba seguro del por qué lo hice, pero… —rio un poco, su voz se volvió un tanto nasal, con esto Yuuri se dio cuenta de que ya estaba llorando. No era común verlo tan sentimental.
—Oh, Viktor —limpió sus lágrimas al tanteo, pues no veía su rostro, sólo su coronilla.
—Pero tus intentos fallidos fueron tan adorables, que me hicieron recordar por qué me enamoré de ti.
—¿Te enamoraste de lo inútil que llego a ser?
—¡No! —levantó el rostro, uniendo sus miradas—. Me enamoré de tu pureza, tu dulzura y tu determinación. Eres único e irrepetible, Yuuri Katsuki —alzó su mano para acariciar así su mejilla—. Y te amo, nunca dejé ni dejaré de amarte, mi amado y preciado katsudon.
—¡Oye! —exclamó con una sonrisilla titubeante, cargada de emociones, sin mencionar sus ojos llorosos—. Bueno, está bien… seré tu katsudon —besó la punta de su nariz y ambos rieron.
—¡Ahhhh! ¡Yuuuuuriiiiiiii! —exclamó a todo pulmón.
—¡¿Qué te pasa?! —se asustó de verdad.
—Te amo.
El pobre japonés se llevó una mano al pecho, espantado todavía. Luego de recuperarse del susto, sonrió y se acercó al oído de su novio.
—Te amo, Vitenka —susurró con voz contenida y muy sensual—. Y eres sólo mío.
—Sólo tuyo —respondió, feliz al sentir cómo reaccionaba su cuerpo ante cualquier tacto o palabra de Yuuri.
—Y nunca, óyeme bien, nunca dejaré de conquistarte.
—Pero ya lo has hecho —besó su mejilla y se acurrucó de nueva cuenta sobre su pecho. Yuuri se sonrojó y lo rodeó con sus brazos sintiendo la piel desnuda y deleitándose con ella.
Y así, entre pequeñas y sutiles caricias, ambos fueron cayendo rendidos al sueño. No se despertaron, sino hasta después de mediodía. Yuuri abrió sus ojos al sentir unas constantes y agradables caricias en su brazo, ahí se dio cuenta de que se habían invertido los papeles, ahora era él quien descansaba sobre Viktor. Y al parecer a ambos les había dado calor, pues las sábanas terminaron echas bola en el suelo.
El japonés no hizo ruido ni movimiento alguno. Desde su posición podía ver con claridad la expresión de su amado, quien miraba perdidamente el techo. Algo no andaba del todo bien. Entonces en ese momento Yuuri se percató de que aún tenían mucho de qué hablar y muchas situaciones qué aclarar antes de retomar una relación formal. Pero lo que más le angustiaba era ver esa expresión vacía en los ojos tan preciosos de Viktor.
—¿En qué piensas?
El aludido dio un leve respingo, sorprendiéndose al verlo despierto. La expresión vacía se esfumó al verlo a los ojos y sonreírle, pero volvió segundos después, sólo que aún más marcada. El japonés reconoció ese sentimiento reflejado en sus ojos, él mismo lo había tenido por mucho tiempo.
—Estás pensando en el bebé que perdió Irina.
Los ojos azules se abrieron con sorpresa. Yuuri había dado justo en el blanco. Viktor sólo atinó a asentir con su cabeza mientras que el otro alzaba una mano para acariciar su mejilla.
—Lo siento mucho, en verdad lo siento —sabía lo que era pasar por ello, lo comprendía. El ruso tomó la mano que lo acariciaba y besó los nudillos de ésta.
—Lo peor del caso es que en ese entonces yo no quería un hijo. Irina sí lo deseaba, pero yo siempre me negué.
—¡¿Tú?!
—Sí —descansó su mano con la de Yuuri sobre la barriga—. Si ahora quiero hijos es sólo porque estoy seguro de que eres el amor de mi vida, sólo contigo los tendría, con nadie más —esas simples palabras conmovieron al japonés por completo, y un pequeño sentimiento de culpabilidad se anidó en su corazón—. Y supongo que no me lo dijo para no hacerme sentir mal, pero cuando hablé con ella por teléfono hace unos días… —sonrió muy levemente de lado—…se enojó conmigo al pensar que todavía no te perdonaba, y que el motivo de ello era el hecho de que ibas a ser padre. Fue entonces que me soltó la noticia. No fue la mejor forma de enterarme.
—Claro que no, no lo es —suspiró, sorprendido—. Y… ¿Los restos del bebé? —intentó decirlo con el mayor tacto posible.
—No lo hay, cuando perdió al bebé, él todavía ni se formaba. Sólo fue un conjunto de células al cual aspiraron y desecharon.
—Oh, Viktor —se incorporó lo suficiente para verlo a la cara, apoyando su peso en los brazos, uno a cada lado de su novio—. Lo siento mucho.
—Ahora te entiendo mejor. Los dos tenemos esa experiencia en común. Sólo que no puedo creer que Irina me lo ocultara por tantos años.
—¿Fueron muchos años? —preguntó, tratando inútilmente de no verse tan curioso.
—Nos casamos a los diecinueve y nos divorciamos al año.
—¡¿Diecinueve?! —casi se fue de espaldas. Se le hacía una edad muy precoz, pero luego recordó a su amigo J.J., quien se casó a esa edad.
—Éramos estúpidos —se encogió de hombros.
Yuuri se quedó pensando, analizando la información. Se dio cuenta de que tenía muy pocos datos sobre eso. Tenía la enorme tentación de pedirle a Viktor que le hablara sobre su pasado, pero temía tocar temas delicados e iniciar una discusión, era lo que menos quería, así que se contuvo; ya habría tiempo para hablar de eso. Así que descartó la idea, y, con mucha pereza, descansó su cabeza sobre el estómago desnudo de Viktor, tomando su mano y poniéndosela sobre la cabeza.
—Vamos, es tu turno —logró sacarle una sonrisa a su novio, quien comenzó a masajear su cabeza con sus dedos.
—Amo tu cabello —dijo de pronto.
—Pero no tiene nada de especial.
—Es tan suave y… —silenció al toparse con cierta irregularidad en el cuero cabelludo de Yuuri.
—Es más pequeña que antes.
—Sí —acarició la diminuta cicatriz sobre la zona occipital, el recuerdo permanente de uno de los momentos más terribles en la vida de Viktor Nikiforov—. Es más pequeña —suspiró. El suceso del accidente de Yuuri se le hacía tan lejano, sentía que había ocurrido hace muchos años.
—Amor. Hablé con Aleksi —cambió de tema ágilmente, pero tampoco era uno que le agradase mucho al mayor, quien ya tenía una idea de por dónde iba el rumbo de ese comentario.
—¿Sí?
—Me dijo… —cerró los ojos, distraído por las caricias de su amado—…que no irás a su boda.
—Así es —comenzó a hacerle "piojito" con ambas manos.
—Y… ah —se quitó las manos de la cabeza, evitando distracciones—. ¿Cómo está eso de que no irás a la boda de tu hermano? Es decir… ¡Es tu hermano! Y tú ayudaste en planificar toda la boda.
—Supongo que te habrá dicho la razón por la cual decidí no ir.
—Sí, y no estoy de acuerdo con ello.
—Amor, tú te llevas de maravilla con tu familia, no entenderías cómo es la relación entre mi padre y yo.
—No la entendería porque nunca me has hablado de ello. Viktor, conozco tan poco de ti, de tus raíces, tu pasado. Lo poco que sé es gracias a Aleksi.
—¿Qué te ha dicho? —se alarmó.
—No me cambies el tema.
El ruso apretó los puños con mucha fuerza. Fue aquí donde Yuuri comenzó a conocerlo mejor, por lo pronto ya sabía cómo se ponía de mal humor al tocar el tema de su padre. Aleksi tenía razón, Viktor tenía el corazón más grande y bondadoso hasta que se habla de Dimitri Nikiforov.
—Es simplemente que no puedo estar en el mismo lugar que él.
—¿Ni siquiera en la boda de tu hermano?
—No.
—Amor… tú no eres así.
—Lo siento, pero… yo nunca lo voy a perdonar. Tengo más de diez años de no verlo y no quiero hacerlo ahora. Él o yo, no podemos estar ambos en un mismo lugar.
—Pero… es tu padre. Él ya es un hombre mayor, y si un día él muere sin que se hayan perdonado mutuamente… —fue interrumpido.
—El anciano sólo tiene cincuenta años —resopló.
—Vaya… —murmuró, sorprendido—. Vitya —lo llamó suavemente, tratando de tranquilizarlo al ver que tenía el ceño muy fruncido y que su respiración era irregular, estaba muy enfadado—. Vitya, cálmate —besó su mejilla, logrando tranquilizarlo un poco.
—Lo siento, no debo alterarme así, tú no tienes la culpa de nada.
—No, no. Está bien, puedes desahogarte conmigo.
Viktor lo miró fijamente a los ojos, agradecido, pero aún muy agitado por la furia.
—¿Por qué odias a tu padre? —no se molestó en usar esa fuerte palabra, pues era un hecho que ese sentimiento negativo sobrepasaba el desprecio, era odio puro.
—Por esto —se giró de costado para mostrar la cicatriz en su espalda baja—. Fue su culpa que tuviera que atravesar una cirugía de tal magnitud siendo apenas un niño. Él me odia, me desprecia por el simple hecho de parecerme a mi madre —espetó con rencor—. Y me odia por algo más… —pensó.
Yuuri no dijo nada, lo miró y lo escuchó atentamente. Para cuando el ruso quiso acomodarse de nuevo en su posición inicial, Yuuri se lo impidió y lo dejó tumbado bocabajo, sólo para acariciar con una delicadeza sorprendente aquella cicatriz larga y clara. Mientras lo hacía, pasaban por su mente muchas preguntas: ¿Qué tanto sufrimiento habría atravesado Viktor en su infancia y adolescencia? ¿Cómo habría afrontado la recuperación a una cirugía tan delicada? ¡¿Cómo rayos se hizo pentacampeón mundial luego de una lesión así?! Las revistas nunca mencionaron el accidente, tampoco su matrimonio, mucho menos su pésima relación con su padre ni la muerte de su madre. Toda esa información no había sido expuesta en ningún medio.
—Debiste pasarla muy mal en ese tiempo… con la muerte de tu madre, lo que te hizo tu padre, y todavía con un pequeño hermano dependiendo más de ti que de tu padre —siguió acariciando su espalda—. Debió ser muy difícil —depositó un beso en esa área, seguido de otro, y otro, y muchos más—. Pero debes saber que ya no estás solo, y que, a pesar de todo el sufrimiento vivido, esas experiencias te trajeron algo bueno.
—¿Algo bueno? —bufó, su voz sonó amortiguada por la cama, pues tenía su rostro contra el colchón, escondido de Yuuri.
—Esas dificultades te hicieron la persona que eres ahora, te convirtieron en el hombre que amo con locura.
Un sollozo bajito escapó de los labios del mayor.
—Desconozco tus experiencias del pasado, y sé que me las compartirás a su debido tiempo, por lo pronto quiero que sepas que cuentas conmigo, las cosas van a ser diferentes de ahora en adelante —acarició toda su espalda en un toque suave y consolador—. Puedes hablarme de cualquier cosa, y si sólo quieres permanecer en silencio, también estaré ahí; si quieres llorar, limpiaré tus lágrimas; o si quieres golpear a alguien, yo lo detendré, pues no soy muy bueno peleando, no tanto como tú —con esas últimas palabras logró sacarle una risilla llorosa—. Vamos, dime qué es lo que quieres hacer —se inclinó y besó su nuca.
Lo que Yuuri no sabía, era que el aludido estaba lleno de sentimientos encontrados al descubrir que en su novio tenía a una persona con la cual contar de verdad, en las buenas y en las malas.
Viktor se incorporó hasta quedar sentado en la cama, junto a Yuuri, éste miró sus ojos llorosos y se le partió el corazón.
—Sólo déjame abrazarte ¿Sí? —no tuvo que decir más, el japonés se lanzó a sus brazos, permitiendo que lo abrazara como oso de felpa. Luego de un rato, el mayor se tumbó en la cama, sin soltarlo. Makkachin se unió, echándose encima de ambos.
—Amor.
—¿Si?
—Tu hermano está muy preocupado, incluso pensó en cambiar la fecha de la boda, sólo para conseguir más tiempo y lograr convencerte de ir.
El otro no respondió, ocultó su rostro en el cuello del menor.
—El que debería sentirse incómodo es tu padre, él es quien no encaja en la familia que son tú y Aleksi. No deberías perderte un día tan importante por su culpa, además… ¿Quién ha sido el organizador de toda la boda?
—Yo…
—Y ¿Quién es el padrino del novio?
—Yo…
—¡Ves! No puedes faltar.
—Tienes razón —suspiró y salió de su escondite.
—¿Vas a ir? —lo miró a los ojos, ilusionado.
—Iré.
—¡Sí! —unió sus labios con los de él en un beso muy emotivo.
—Vaya… haré dramas más seguido. Por cierto, tengo una condición.
—¿Cuál es, señor rey del drama?
—"Señor reina del drama" por favor.
El japonés hizo un esfuerzo sobrehumano para no echarse a reír a lo grande con ese último comentario tan fuera de lugar.
—Voy a ir a la boda si… aceptas ir como mi pareja.
—¿Eso es todo? Claro que sí.
—También con la condición de que salgamos a cenar a ese restaurante chino al que me llevaste.
—De acuerdo.
—Y si te quedas a dormir conmigo, hoy.
—Bien.
—Y también si… —se llevó un dedo al mentón, pensativo—. Iré a la boda, si me dejas hacer lo mismo de anoche.
—¿Lo mismo de anoche? —comenzó a ponerse nervioso.
—Sí —sin pudor alguno, puso su mano sobre la entrepierna del menor, quien casi jadeó ante el contacto—. No me regañarás si lo vuelvo a hacer —se relamió los labios y eso fue más que suficiente para que Yuuri entendiera.
—¡Viktor Nikiforov! ¡Eres un pervertido! —se llevó ambas manos al rostro.
—No me has respondido, así que no sé si iré a la boda de mi hermano.
—Eres un chantajista.
—No te escucho diciendo que sí.
—¡Está bien! Sí, lo harás y no te reprocharé nada ¿Contento?
—Muy satisfecho.
—Bien, ahora llama a tu hermano y dile que sí irás.
El ruso suspiró y luego de unos segundos se puso de pie para ir por su teléfono, pero entonces se escuchó el timbre del departamento.
—Iré a abrir.
—¡¿Pero qué te pasa?! Estás prácticamente desnudo.
—Lo sé.
Yuuri recordó que así le abrió la puerta la primera vez que pisó ese departamento. Rodó los ojos, tomó la ropa de su amado y se la lanzó.
—Vístete, yo abriré —fue hasta la puerta y se topó con nadie más y nadie menos que el futuro matrimonio Nikiforov.
—¡Aleksi, Evgenia! —sonrió, feliz de verlos. Los saludó a ambos y procuró hablar en ruso para que ella pudiera entenderle—. Siento mucho lo que ocurrió hace poco, cuando pensé que tú y Viktor… —se rascó la nuca, muy avergonzado.
—No te preocupes por eso, ya es pasado. Además, fue hermoso ver cómo lo defendías, muy romántico —respondió ella, haciendo que el otro se sonrojara aún más—. ¡Por cierto! Aleksi me contó que eres compositor ¿Es eso cierto?
—Compone hermoso —se unió una cuarta voz a la conversación—. Tengo todas sus canciones en piano y una en donde canta, se las puedo mostrar, si gustan —apareció, completamente vestido y emocionado al escuchar de lejos cómo su amado hablaba casi fluidamente el idioma—. Hermanito, cuñada —saludó—. ¿Por qué tocaron el timbre? Tienen llaves.
—No queríamos interrumpir de nuevo.
—¿Qué quieres decir? —no entendía a su hermano.
—Sí, lo que pasa es que ayer cuando vinimos a verte… —miro a Evgenia en busca de ayuda. El pobre tenía el rostro colorado casi hasta las orejas. La pequeña rio y lo ayudó.
—Ayer entramos y los vimos en plena reconciliación —soltó fluidamente, aunque no por eso menos avergonzada que su futuro esposo.
—¿¡Qué?! ¡Oh por Dios! —Yuuri se cubrió el rostro con ambas manos, avergonzado como pocas veces en su vida.
—¡¿Acaso no se dieron cuenta?! —exclamó el menor de los Nikiforov.
—Así de bueno estaba —sonrió, orgulloso y guiñando un ojo.
—¡Viktor! —Yuuri le pegó con el codo.
—¿Qué? Es la verdad —rio abiertamente—. Oh, por cierto. Yuuri y yo somos novios —pasó el brazo por la cintura de su pareja, descansando la mano en su cadera, logrando que casi le saliera humo por las orejas.
—¡Al fin! —exclamó Aleksi—. Ya puedo decirte cuñado —dio un paso al frente y abrazó al susodicho. Yuuri se quedó perplejo, correspondió el abrazo de manera dubitativa, mirando la sorpresa y felicidad en el rostro de su novio.
Fue hasta entonces que el japonés se sintió aceptado por alguien de la familia de su amado. No había tenido un buen comienzo con Aleksi, pero ahora podía decir con seguridad que lo tenía en gran estima. Sólo bastaba con conocer más a fondo a ese serio, estricto y reservado abogado, para descubrir un gran corazón debajo de toda esa "frialdad" que solía mostrar a los desconocidos.
Entonces los cuatro pasaron a la sala. Charlaron por un rato y Viktor les dio la buena noticia de que sí iría a la boda. Luego de eso, los prometidos tuvieron que retirarse, pues irían a hacer unas leves modificaciones en el traje de Aleksi, quien había aumentado un par de kilitos, provocando que la ropa no le quedase igual. Viktor se burló de su hermano por eso y lo estuvo molestando hasta que se fueron.
Cuando los dos se quedaron a solas, Yuuri cayó en cuenta de que no traía ropa para ir a una boda, así que debía de ir a buscar cuanto antes, pues el evento iba a ser en día y medio.
El japonés puso a cargar su teléfono cuanto antes, para llamar a Phichit o a Chris y decirles que estaba bien, pero cuando lo encendió descubrió que tenía muchas llamadas perdidas de sus amigos. No tardó mucho en buscar a Phichit entre sus contactos para hacer una videollamada. En ella le explicó rápidamente que se encontraba bien, que estaba con Viktor y que la misión "Reconquistar a Vitya" había concluido efectivamente. Le dijo que saldrían a buscar ropa para la boda, a la cual también estaban invitados. Eso fue suficiente para que los dos se emocionaran y se pusieran de acuerdo con ellos para salir a buscar ropa juntos.
—¿Ya nos vamos? —rodeó a su novio por la cintura, desde atrás, asomando un poco el rostro desde atrás de la cabeza de Yuuri.
—S-sí, sólo déjame terminar la llamada con Phichit.
El tailandés se emocionó mucho al verlos juntos, más todavía cuando el ruso depositó un tierno besito en su cuello luego de decir un suave "Está bien", disfrutando de darle amor sin importar quién lo viera.
Pasaron toda la tarde de compras. Afortunadamente, Yuuri aún tenía una considerable cantidad de dinero (Su última reserva) y con esa suma se pagó un hermosísimo traje que Viktor juró lo hacía ver como el hombre más sexy del planeta. Chris de inmediato refutó esa declaración, diciendo que él lo era, pero nada ni nadie les quitaba la expresión de tontos enamorados que tenían, tanto Yuuri como Viktor, en esos momentos. Éste último había insistido en ser él quien le pagara el traje, después de todo era un gasto que no tenía en planes, pero el orgullo de Katsuki no se lo permitió.
En esa noche Yuuri tomó un rumbo diferente al de sus dos amigos, esa vez no los acompañó al hotel, ahora se fue con Viktor, de la mano rumbo a su departamento. Durante el camino hablaron de temas triviales y algunos muy interesantes, tales como la manera en que Aleksi y Evgenia se conocieron o sobre cómo Chris no dejaba de parlotear con emoción durante toda la tarde, feliz porque Masumi llegaría un día antes de la boda, sólo para ir como su acompañante. El que al parecer iría solo, era Phichit, quien se rehusó a que Viktor le presentara a alguna amiga de la familia que bien podría ser su acompañante. El tailandés no se animó a confesar que ya había alguien ocupando su corazón, y no era precisamente una chica.
Hablaron también sobre la llegada de Yurio a la ciudad. El rubio tendría un par de semanas de descanso de su nueva universidad y podría escaparse un rato a la boda. Viktor se encargó de que la invitación de Yurio fuera doble, para que Otabek también asistiera, pero al parecer él no iría.
Cuando llegaron al departamento, Viktor fue directo a cambiarle el agua a su enorme ramo de rosas rojas, las cuales seguían casi tan hermosas como el primer día. Yuuri estaba sorprendido del buen cuidado que les brindaba. Viktor se justificó, diciendo que era la primera vez que alguien le regalaba flores en modo romántico. Eso hizo sentir a Yuuri verdaderamente orgulloso y feliz.
El japonés se encargó de hacer la cena mientras su amado le ayudaba a poner la mesa y a servirle su cena a Makkachin.
Después de cenar se tumbaron en el sillón a ver la televisión por un rato. Viktor fue a la cocina por un enorme tazón de helado, le ofreció a Yuuri, pero éste lo miró con una cara muy fea antes de decirle lo loco que estaba por ingerir helado mientras afuera estaban a cinco grados centígrados.
La hora de dormir llegó cuando ambos comenzaron a cabecear uno contra otro en el sillón. No querían pasar una noche más en ese incómodo mueble o en el piso, así que se fueron directo a la habitación. Yuuri se reprendió mentalmente al no haber ido al hotel por algunas de sus cosas, tales como ropa interior, pijama, ropa para el día siguiente. Justo ahora no sabía qué hacer, le daba pena pedirle más ropa prestada a su amado, sin mencionar que le quedaba mucho más grande.
—Mi ropa también es tuya —le dijo después de salir del baño, recién bañado y con su pijama puesta, ésta consistía en un simple bóxer, sólo eso—. Toma lo que necesites —sonrió, no le iba a decir que le excitaba sobremanera verlo con su ropa, era un fetiche extraño que no quería externar, aún.
—Gracias —se sonrojó levemente—. Siento ser una molestia.
Viktor se rio.
—Para nada lo eres —besó su frente y lo dejó elegir ropa de su armario, mientras tanto, el ruso siguió secándose el cabello con la toalla.
Yuuri se metió a bañar y Viktor estuvo muy tentado en entrar y hacerle compañía, se detuvo solamente porque ya era tarde y ambos estaban muy cansados.
—Viktor —lo llamó desde el interior del baño.
—¿Si? —caminó hasta la puerta.
—Olvidé meter ropa interior, ¿Podrías…?
—Por supuesto —sonrió maliciosamente y en menos de un minuto volvió con la prenda entre sus manos. Yuuri abrió la puerta, tomó la ropa y cerró de nuevo, no por vergüenza de que lo viera desnudo, sino por el frío que había lejos del vapor que aún había en el cuarto de baño.
El ruso se quedó en el pasillo, esperando escuchar alguna reacción por parte de su novio. Sonrió de oreja a oreja cuando lo escuchó gritar con vergüenza.
—¡Viktor! No me puedo poner esto —abrió la puerta sólo un poquito, asomando la cabeza, muy avergonzado y nervioso.
—¿Qué? ¿La ropa interior? Si quieres entro y te ayudo.
—¡No! Es que… ¿No tendrás de otro tipo? Así como la que me prestaste hoy en la mañana. ¡Así como la que traes puesta! —señaló su bóxer. Sí, andar medio desnudo en la casa era una costumbre que tenía demasiado arraigada.
—Ups, este es el último que tenía limpio —se encogió de hombros—. Sólo me quedan de esos, como el que te di. ¿No te gusta?
—Uhm… sí, en ti sí —se sonrojó—. ¡Pero no en mí! Es… un poco incómoda, me queda algo grande y no hace bien su función.
—¿Cómo que no hace su función?
—¡Se sale todo el contenido! ¿Feliz? ¡Ya lo dije! —cerró la puerta y Viktor no contuvo sus carcajadas.
—Amor, vamos, sal así. No pasa nada, sólo es otro tipo de calzoncillo, no es como si te hubiera dado una tanga.
—¡¿Tienes tangas?! —abrió la puerta con una expresión entre espanto y bochorno.
Viktor rio abiertamente.
—¿Quieres una?
—¡No! —se sintió muy acalorado.
—Tranquilo, es broma, no uso esa cosas —rio y lo atrajo hacia él, abrazándolo hasta que sus frentes quedaron juntas. No perdió el tiempo y metió ambas manos a su pantalón del pijama. Amaba que Yuuri se sonrojara por pequeñeces como esa cuando él podía ser cien veces más osado si se lo proponía.
—¿Qué haces? —se sonrojó un poco más cuando sintió las manos de su novio delineando la ropa interior—. ¡Hey! —reclamó cuando el otro le bajó el pantalón.
—Oh… ya entiendo a lo que te referías —rio un poco y lo volvió a abrazar—. Eres más pequeño que yo, es normal que te quede más grande —deslizó sus manos por sus caderas, deteniéndose en unas pequeñas marcas irregulares y alargadas en su piel, sintiendo ese curioso relieve en la piel de sus caderas y parte de sus nalgas. No se notaban mucho, pero se sentían y eso le parecía algo tierno y adorable.
—Deja eso —pidió, avergonzado de que acariciara así esas marquitas.
—¿Por qué? Me gustan.
—Oh, Viktor —escondió su rostro, gritando internamente por encontrar a alguien a quien le gustase incluso eso de él. Esas marcas que quedaron en su cuerpo debido a los cambios bruscos en su peso y proporciones.
Entre mimos y cariños, los dos se fueron a acostar a la cama, con Makkachin como acompañante. Ambos parecían un par de tórtolos, no daban la impresión de haber estado separados por años debido a falta de comunicación, malos entendidos y dramas innecesarios.
Una vez acostados, Yuuri se acurrucó al lado de su pareja, buscando calor, pero éste no lograba acomodarse, no encontraba una posición cómoda. Tenía calor, luego frío, se movía en muchas posiciones, hasta que Yuuri se cansó.
—¿Por qué no te duermes?
—Mi hermano se casa pasado mañana y hay muchas cosas por supervisar ¿y si algo sale mal? ¿Y si el banquete no llega? ¿Y si… —fue interrumpido.
—Estás muy tenso, no te preocupes por esas cosas ahora. Mejor duerme —besó su frente y lo apresó en un abrazo muy fuerte.
—No puedo —suspiró—. ¿Y si me cantas?
—¿Qué?
—Sí, cántame la canción que compusiste para mí.
—Pero yo no canto bien —se rascó la mejilla con un dedo.
—¡Claro que sí! Anda, canta para mí.
—De acuerdo —suspiró, no le podía decir que no.
Tomó aire y comenzó a cantar cada verso en voz baja, cambiando un poco el tono y ritmo, convirtiéndolo en una hermosa nana para dormir. No pasó mucho rato antes de que el ruso se quedara quieto entre los brazos de su amado, quien sonrió ampliamente y lo abrazó más hacia sí.
—Eres un niño crecido —murmuró entre risitas y con voz muy queda. Depositó un beso en su frente y procedió a dormir sin importarte que quizás al día siguiente despertaría con un brazo gangrenado por falta de circulación al estar Viktor durmiendo sobre él.
Al día siguiente se levantaron muy temprano. Yuuri iría al aeropuerto por Yurio y se encontraría ahí con Chris y Phichit, quienes iban en busca de Masumi.
Viktor pasó el día entero supervisando que todo estuviera listo para el gran día. Yuuri no entendía por qué se angustiaba tanto por una boda, pero pronto entendería que una boda rusa era mucho más compleja de lo que imaginaba, no tenía idea. Sin mencionar que la despedida de soltero se llevaría a cabo más tarde en la noche.
El japonés esperaba en la terminal C, junto con sus amigos. El primer vuelo en llegar fue el de Yurio, quien apareció con maleta al hombro, con su caminar tan característico y su perene mal humor, aunque éste cambió un poco cuando se topó frente a frente con su amigo japonés.
—¿Misión cumplida? —inquirió el ruso.
—Misión exitosamente cumplida —su sonrisa genuina no dejaba cavidad a dudas. Yurio no lo dijo, pero se sintió muy dichoso al ver a uno de sus mejores amigos tan feliz después de tanto tiempo de sufrimiento.
—¿Y Otabek?
Yuri chasqueó la lengua y dio una pequeña patada al piso.
—Él no va a venir, tiene asuntos más importantes por atender en Almaty.
—¿Está todo bien entre ustedes dos?
—Sí, sí. Es sólo que tenemos mucho de no vernos y esta era una oportunidad perfecta que desaprovechó.
—Ya decía yo que siempre estaban juntos. No les viene mal un tiempo estando separados.
Plisetsky estaba a punto de responderle algo grosero, pero Phichit se le adelantó.
—No le hagas caso, está celoso de que tú y Beka pasan más tiempo juntos que él y Masumi —se burló un poco—. ¡Por cierto! ¿Cómo te ha ido en la universidad?
Una sonrisa alegre iluminó su expresión. Ahí, mientras esperaban a Masumi, Yurio les platicó qué tal iba su vida de universitario. Explicó que le iba verdaderamente bien y que el campus no estaba tan lejos de su casa, gracias a eso no tuvo que mudarse, se quedó en casa, ayudando a su abuelo como siempre. Dijo también que había hecho varios amigos. Eso emocionó mucho a Yuuri, quien se sintió muy orgulloso de su amigo.
Media hora más tarde llegó Masumi. Todos vieron el emotivo encuentro de esos alocados amantes. Chris había estado caminando de un lado a otro, impaciente y emocionado por reencontrarse con su gran amor, incluso se había comprado ropa nueva y justo ahora la portaba con gran estilo, pero cuando el suizo vio a lo lejos a su pareja, sus ojos verdes centellaron en emoción y no dudó ni un segundo en correr hacia él. Fue chistoso ver cómo un hombre tan alto y aparentemente serio, corría por toda la terminal para encontrarse con su amado.
Masumi, al ver a su pareja, aceleró su propio paso. Sentía que cada segundo se alargaba tortuosamente ante el esperado encuentro. Dejó de correr para evitar una colisión al ver que Chris no se detenía, al contrario, cuando estuvo lo suficientemente cerca, el menor se lanzó a sus brazos, enganchándose de su cuello.
—Hola, Chris —rio contra su mejilla, rodeándolo con sus brazos por la cintura.
—Cariño, que bueno que llegaste, te extrañé tanto.
—Sólo han pasado unas cuantas semanas desde que nos vimos —rio con su grave voz.
—Suficientes para que te extrañe así —se separó del abrazo, sólo para volver a unirse, pero ahora en un beso muy anhelado y profundo.
OoOoOoOoOoOoO
—¿A dónde vamos? —inquirió Yuri.
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes? Eres el padrino, deberías de saber dónde es la despedida de soltero —espetó de mala gana.
—Sus amigos no me dejaron organizarla, dijeron que les tocaba a ellos —se encogió de hombros, simulando una indiferencia que no sentía.
Dentro de la van negra que había rentado Chris, los seis se dirigían a la dirección que le había mandado uno de los amigos de Aleksi a Viktor. Dieron muchas vueltas sin encontrar el sitio. Chris se quejó repetidas veces, acusando a Viktor de ser un mal conductor. El pobre se justificó, diciendo que tenía años de no conducir. Así pues, cuarenta minutos tarde, llegaron al lugar.
—Tiene que ser una broma —murmuró Nikiforov, parado frente al establecimiento, junto a sus amigos.
—¿Se van a quedar ahí parados toda la noche? —tomó a Masumi de la mano y se adentraron al lugar.
Viktor refunfuñó y pensó en la mala idea que fue el dejar que los amigos de Aleksi se encargaran de la despedida.
—Yuuri, ¿Quieres que nos vayamos?
—¿Por qué? —parpadeó, confundido.
—Cerdo, esto es un club nudista —murmuró el rubio sin dejar de mirar hacia adentro.
—Oh —se quedó en silencio unos segundos, antes de que su rostro se tornara color carmín.
La risa cantarina de Viktor llamó la atención de los otros.
—Vayamos a cenar algo —sugirió el ruso mayor. Masumi y Chris ya habían entrado, pero ahí estaban ellos cuatro, parados en la acera.
—¿Y si mejor entramos? —todos voltearon a ver al joven tailandés—. ¡Vamos! —tomó la mano de Yuuri y se lo llevó al interior del lugar.
Viktor y Yurio se quedaron afuera, cruzados de brazos. El primero estaba molesto, estuvo en desacuerdo desde que supo qué era el lugar, no quería entrar ahí.
El menor no dijo nada y dio un paso al frente.
—¡Hey! ¿A dónde vas? —Lo tomó del brazo, deteniendo su andar.
—¿No es obvio? Voy a entrar.
—Tú eres aún muy pequeño para estas cosas.
El otro se soltó del agarre y sonrió.
—Y tú eres demasiado viejo como para ponerte de santurrón.
—Yurio…
—¿Te da miedo de que al cerdo le guste más lo que pueda ver ahí adentro que lo que tiene en casa? —se burló descaradamente. Dejó de hacerlo cuando vio la expresión estoica de su amigo, su boca era una fina línea horizontal, lo cual significaba sólo una cosa:
Había acertado.
—Oh, vamos —rodó los ojos, aguantando una carcajada—. Después de todo lo que han vivido ustedes dos y… ¿Te preocupa que le guste una stripper? —no reprimió sus risas esta vez—. Yo me preocuparía más por ti, tienes un historial más largo que el katsudon.
El mayor refunfuñó algunas palabras de manera poco inteligible y terminó accediendo a entrar, preguntándose por primera vez si a su hermano le gustaría aquello, y de ser así, se sorprendería mucho.
—Eres un pequeño pervertido —murmuró Nikiforov antes de seguir al menor, quien sólo soltó una risilla entre dientes, curioso por lo que pudiera encontrarse dentro.
Cuando entraron, se toparon con un elegante lugar, en la recepción les preguntaron sus nombres y los dirigieron a un salón en especial, donde la despedida del menor de los Nikiforov se llevaba a cabo. Viktor casi rio al ver la incomodidad en toda la expresión de su hermano, quien tenía a una chica bailándole mientras él permanecía sentado en una especie de sillón. Alrededor de él se encontraban sus amigos, emocionados y muy divertidos por la situación.
Al fondo del salón se encontraban Masumi y Chris, viendo todo a su alrededor y disfrutando del espectáculo que las chicas daban a los caballeros ahí presentes, de vez en cuando se decían cosas al oído, murmurando y riendo a ratos.
Yuuri estaba sentado junto a Phichit en una mesa cercana al futuro esposo. Ambos miraban todo a su alrededor con mucha sorpresa. Frente a ellos había una pista con un tubo de pole dance en medio. Por un momento Viktor aguantó la risa cargada de ternura al ver a su novio reaccionar así ante una nueva experiencia de ese tipo, pues se veía algo tímido y sonrojado por tanta piel expuesta que veía en las mujeres del lugar. Entonces una alarma se encendió en su interior cuando vio a Chris riendo descaradamente en su dirección. Sus miradas se cruzaron y entonces, Viktor comprendió el motivo de su risa. Ocurría que un par de mujeres se acercaban directamente a la mesa de Phichit y Yuuri, quienes lo notaron hasta que tuvieron a las hermosas chicas invadiendo su espacio personal.
Nikiforov vio la situación y no dudó ni un segundo en interferir con aquello, pero fue entonces que una mujer rubia y muy voluminosa se acercó a Yurio y a él.
—Buenas noches, caballeros ¿Quieren tomar asiento?
—No, gracias —respondió el mayor, tajante y serio. Miró al joven rubio a su lado y se sorprendió al notarlo serio y calmado.
—¿Les gustaría beber algo?
—Yo sí quisiera un…
—Tú nada, Yurio, no beberás.
—¡Oye! —se quejó—. Mejor ve y preocúpate por el cerdo, mira cómo está, casi le sale humo por los oídos.
Y era verdad, el pobre japonés estaba siendo asediado por una linda mujer castaña, no muy voluminosa, pero increíblemente bella. Phichit, a su lado, estaba en las mismas.
—Mierda —exclamó Viktor al ver que el baile erótico de la chica se hacía aún más provocativo. Dejó a Yurio olvidado y corrió a salvar a su amado—. Disculpe, señorita ¿Podría dejar de bailarle? —dijo, cuando la tomó del hombro y la giró un poco, ésta se sorprendió y lo miró de arriba abajo.
—Ya no estoy disponible, disculpe —le dijo y siguió bailándole a Yuuri, quien se llevó ambas manos al rostro, muy avergonzado.
—No, discúlpeme a mí, creo que no me expliqué —la detuvo nuevamente—. ¿Podría dejar de bailarle a mi novio? —enfatizó mucho el "mi novio", mostrando una sonrisa que para nada llegaba a sus ojos, estaba ardiendo en celos.
—Oh… Lo siento —se apenó—. ¿Quiere que baile para los dos juntos?
—¡No! —exclamaron al mismo tiempo, Viktor y Yuuri.
Luego de librarse de las mujeres, los cuatro se fueron directo a la mesa del fondo donde estaban Chris y Masumi, alejados de todo el desorden, bebiendo y divirtiéndose a lo grande.
—¿¡Por qué no la alejabas de ti?! —exclamó Viktor, molesto con su novio.
—¡L-Lo siento! Me puse muy nervioso y…
—Casi te orinas en el pantalón —se burló el tailandés.
—¡Tú estabas igual! —lo acusó. Phichit sólo se encogió de hombros y se rio, adelantándose para alcanzar lugar junto a sus dos amigos.
Los seis se aislaron en un rincón, viendo la fiesta y divirtiéndose un poco. Todos se sorprendieron cuando más de una vez se acercaron mujeres, directo con Yuuri, preguntándole si necesitaba algo más además de bebidas. Viktor se puso todavía más celoso al ver aquello, y Chris no ayudaba mucho para calmar esa molestia.
—Parece que las mujeres rusas tienen cierto fetiche con los japoneses, ¿No lo creen? —soltó el suizo, divirtiendo a sus amigos, excepto al mencionado y a su pareja. Masumi de inmediato lo miró con desaprobación.
—Christophe, estás molestando a tu amigo, lo digo en serio —señaló en voz muy baja, para que sólo su pareja lo pudiera escuchar.
—Ya lo sé —rio—. Sólo quiero ver qué pasa si lo provoco —rio, diciendo todo en voz baja—. ¡Oh! Ahí viene otra chica ¿Cuánto apuestan a que viene por Yuuri?
—Claro que no, ahora viene por el viejo, lo está mirando a él.
—No, Yurio, sí viene por Yuuri —rio el tailandés.
—¿¡Qué tienen de especial los japoneses?! —espetó el menor de todos.
—Una piel hermosa —aseguró Viktor, olvidando por un momento su enojo.
—Su cabello negro —continuó Chris.
—Tan liso y sedoso.
—Sus ojos.
—La forma de hablar.
—Su miembro.
—¡Viktor! —exclamó Yuuri, completamente avergonzado.
—En eso no puedo estar de acuerdo contigo. He visto suficiente porno como para estar seguro de que la gran mayoría lo tiene pequeño.
—Pero no Yuuri —guiñó un ojo.
—¡Cállate! —se tapó el rostro con ambas manos—. No digas esas cosas.
—No seas modesto —alzó una ceja, repetidas veces—. Aunque tampoco es tan grande, digamos que es mayor que el promedio —se encogió de hombros.
—Es verdad… —se llevó una mano al mentón—…recuerdo haberlo visto en las aguas termales y tienes razón, es más grande que…
—Chris —ahora fue su novio quien lo detuvo, un poco incómodo.
—Lo siento, Masumi —rio—. Pero Viktor tiene razón y…
—Oh, vamos, ya cállense —espetó el japonés, ya un poco enojado.
—De acuerdo —aguantó una risilla y se acomodó mejor en su silla, observando a lo lejos cómo se llevaba a cabo un show en el escenario—. Se mueven bien —puntualizó, concentrado en el baile exótico y tomando nota mental.
Phichit miraba todo con cierta emoción; Yurio tenía más indiferencia que nada a pesar de ser su primera vez en un lugar como ese; Yuuri estaba incómodo y se quería ir de ahí; Chris aprendía de los movimientos de las chicas, admirando sus giros y piruetas complicadas en el tubo; Masumi se encontraba en las mismas que su novio, sólo que imaginándose a éste en la barra en vez de a esas mujeres; Viktor se sentía muy nervioso y quería salir de ahí cuanto antes, su temor no desaparecía, no quería que Yuuri mirara a ninguna de esas mujeres, quería que lo mirara sólo a él.
—Yo puedo hacerlo mejor que esas mujeres —pensó Nikiforov, mirándolas casi asesinamente, más aún al descubrir la mirada de su novio sobre ellas, ajeno a que Yuuri no sentía ningún tipo de atracción a pesar de la belleza despampanante de todas ellas.
—Pues hazlo.
Viktor miró a su mejor amigo sin entender. Entonces descubrió que todos lo miraban. Acaso… ¿Lo había dicho en voz alta?
—Viktor… —murmuró el japonés, con un brillo muy especial en sus ojos. El ruso iba a disculparse por decir algo así, pero en vez de eso se puso de pie y salió directo al baño, necesitaba alejarse un momento del ruido, de la música, de las luces en medio de un lugar oscuro y del olor intenso a tabaco y alcohol.
Mientras estuvo en el baño, una mujer –por enésima vez- se acercó a su novio, dispuesta a ofrecerle un "privado".
—No, gracias —respondió el japonés con educación. La chica miró al resto de hombres en la mesa, sorprendida de verlos todos juntos, alejados de la diversión del lugar. Los observó, esperando a que alguno se pusiera de pie y solicitara sus servicios, pero al ver que nadie lo hizo, volvió a clavar su mirada en el joven apuesto de piel pálida y cabello negro.
—¿Seguro que no quieres? —una segunda chica se le unió a la primera—. A mis amigas y a mí nos encantaría… —fue interrumpida.
—Lo siento, pero no. No me interesa. Tengo novio y lo respeto —se encogió de hombros—. El que esté aquí es un error —suspiró—, es mejor que vuelva a casa —se puso de pie y miró a sus amigos—. Regresaré al hotel, sólo iré por Viktor y…
—No vemos a hombres como tú muy seguido, anda, ni siquiera te vamos a cobrar —se le insinuó un poco más. Los demás iban a salir en defensa de Yuuri, pero estaban tan sorprendidos que sólo pudieron dedicarse a mirar. Lo que no sabían, era que Viktor regresaba del baño y había podido escuchar parte de la conversación. Toda esa escenita había logrado que el "Eros" de Nikiforov se encendiera con potencia.
—NO. Él es mío ¿Entienden? —sólo le faltó decir un "perras" para que las chicas se espantaran.
Fue así que se interpuso, y haciendo a un lado a las chicas, se paró frente a Yuuri, invadiendo su espacio personal ante la mirada atenta de todos los que estaban cerca.
Viktor.
No estaba seguro de lo que hacía, sólo sé que la sangre me hirvió al ver a esas mujerzuelas ofreciéndosele de esa forma a mi Yuuri. Por más que les dejara en claro que éramos pareja, ellas parecían no entender y volvían para insistir. No soporté, y mi lado posesivo salió a flote como nunca antes.
Me paré frente a Yuuri, invadí su espacio y estiré una mano hasta tocarle el pecho, acariciando firmemente sobre la camisa, sintiendo su pectoral bajo mi palma. Deslicé la mano hasta su esternón, donde hice presión para empujarlo y hacer que tomara asiento de nuevo.
No me importaba que la gente nos viera, al contrario, me ponía feliz saber que tenía la mirada atenta de esas mujeres. Y la mirada expectante y dilatada de mi amado sólo lograba incentivarme más.
Con mucha seguridad en mí mismo, me paré frente a Yuuri con mis piernas abiertas a los costados de sus rodillas. Y asegurándome de tener toda su atención, procedí a quitarme el abrigo antes de lanzárselo, luego, comencé a desabrochar poco a poco los botones de mi camisa blanca, ansioso por ver su reacción ante mis acciones. Pareció darse cuenta de lo que ocurría cuando la gente a nuestro alrededor comenzó a silbar ruidosamente.
—¡V-viktor! Pero… ¡¿Qué estás haciendo?! —se sonrojó hasta las orejas al entender lo que pasaba, yo sólo sonreí de lado, me incliné sobre él y susurré en su oído con mi voz más sensual y profunda:
—No apartes tu mirada de mí.
Noté que pasó saliva con dificultad antes de aferrarse a la silla. Todo a nuestro alrededor perdió el sentido, sólo estábamos él y yo. Me acerqué más, haciendo movimientos cortos y sensuales con todo mi cuerpo, terminé de desabotonarme la camisa, pero no me la quité.
Dejé de pensar en los demás y sólo me enfoqué en Yuuri, en su expresión ante cada movimiento mío. Entonces me acerqué aún más, con mis pies fijos al suelo a ambos lados de la silla, con su rostro casi pegado a mi torso. Noté sus ojos fijos en mí y reconocí su expresión: le estaba gustando lo que veía. Eso sólo me incitó a convertir la situación en algo mucho más erótico.
Con mis ojos fijos en él y sin dejar de sonreír, tomé sus manos y las llevé a mi pecho.
—Puedes tocar lo que quieras, cariño. Es gratis para ti —le guiñé un ojo y comencé a contonear un poco mis caderas, viendo lo obediente que era al comenzar a recorrer mi cuerpo con sus manos, viéndose ansioso.
Me apoyé en sus hombros, dando un pequeño masaje antes de desabrochar sólo los primeros botones de su camisa, para así introducir mis manos en ella y acariciar descaradamente.
Sonreí con satisfacción cuando noté que contenía sus ganas de suspirar.
Muy pronto fui yo quien suspiraba al sentir sus manos heladas tocando mi piel ardiente. Afortunadamente había mucho ruido en el lugar, así que pasábamos un poco desapercibidos. Aproveché la música y el ritmo sensual de ésta para moverme mejor.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunté en su oído.
—Me encanta —respondió, tomándome por sorpresa cuando apretó con ambas manos mi trasero, luego de agarrarlo a su antojo, las llevó a mis caderas, obligándome a caer sentado en su regazo. Fue ahí cuando los dos fuimos conscientes de la emoción que se acumulaba dentro de nuestros pantalones.
Súbitamente, la emoción del momento fue cortada por una persona poniendo su mano en mi hombro. Giré mi rostro con la expresión más fastidiada que pude poner. ¿Cómo se atrevían a molestar en un momento así?
—De este lado no se permiten este tipo de cosas, pero si cruzan aquella puerta —señaló un lugar al fondo del establecimiento—. Se sentirán más cómodos, ahí pueden hacer lo que quieran.
Miré al mesero y sólo pude alzar una ceja, mi mente no ataba cabos, sólo podía sentirme molesto por la interrupción.
—Este club es para heterosexuales y homosexuales. Lo que el caballero quiere es que nos vayamos a hacer guarradas al otro lado porque… si no lo han notado, están robando la atención de las damas aquí presentes —explicó Chris con cierto tono de sorna en su voz.
Fue hasta ese momento en que fui consciente de que la gran mayoría de las mujeres no podían apartar la vista de Yuuri y de mí. No me avergoncé en lo absoluto, al contrario, sonreí gustoso y me incorporé, extendiéndole la mano a mi novio para que hiciera lo mismo.
—¿Quieren decir que al lado hay hombres desnudándose? —preguntó Yurio, azorado con sólo imaginárselo. Fue inevitable que me riera un poco. No le avergonzaba ver mujeres desnudándose, pero sí le daba pena ver a los hombres.
—Así es —respondió el mesero antes de irse.
—Nos hubieran dicho eso desde un principio —se quejó Chris, poniéndose de pie y arrastrando a Masumi detrás de él. Fueron seguidos por el mejor amigo de mi novio, arrastrando a Yurio con él.
Por un momento quise sugerir de nuevo la idea de irnos de aquí, pero no pude pensar con coherencia cuando sentí el cuerpo de Yuuri pegándose lenta y firmemente al mío, me había rodeado con sus brazos hasta posar sus manos en mis nalgas, pegándome más a él.
—¿Quieres ir con ellos? —me preguntó en un tono íntimo y bajito, su expresión era irresistiblemente erótica. Había estado usando lentes de contacto desde que le rompí accidentalmente sus gafas y por alguna extraña razón su cabello ahora lo peinaba siempre hacia atrás ¿Sabría que eso me volvía loco? Quizás sí.
—No —respondí con media sonrisa traviesa, abrazándolo por la cintura y pegando mi frente con la suya.
—Bien, porque de todas formas no pensaba hacerlo. Busquemos un lugar más privado —jadeó cuando sintió mi entrepierna presionándose contra la suya—. Busquemos un lugar, ya.
—Tengo una idea —me separé y abroché mi ropa, tomé mi abrigo y salimos del lugar, tomados de la mano.
Caminamos hasta un poco antes de llegar al estacionamiento.
—¿Es en serio? —su tono fue incrédulo y divertido. Pude notar cierta emoción en su voz.
—¿Por qué no? —tomé las llaves de la van y abrí la puerta—. Pase usted —hice una leve reverencia, causándole risas nerviosas.
—Está helando aquí —me dijo luego de que cerrara la puerta y me sentara a su lado en el asiento trasero.
—De eso nos encargaremos nosotros —le quité el abrigo, sintiendo su temblor por el clima. Me quité el mío y lo lancé lejos. Sólo podía concentrarme en ese par de ojos castaños tan hermosos.
Asalté sus labios con hambre acumulada. Me apresuré a quitarme los zapatos y el pantalón. La ansiedad por hacerlo mío era muy grande, y noté que era el mismo caso de Yuuri, pues a pesar del frío, él también comenzó a desvestirse con premura, tardándose un poco con el cinto de su pantalón. Desesperado, le ayudé a retirarlo y a bajar el pantalón con todo y ropa interior. Su hermosa piel se erizó debido al brusco cambio de temperatura. De inmediato lo rodeé con mis brazos, dándole calor, pero él se apartó y mejor abrió mi camisa con un tirón, llevándose varios botones de encuentro.
—Lo siento, creo que te debo una camisa nueva —me dijo, con una sonrisa muy traviesa.
—¿Crees que eso me importa? —reí y me eché sobre él. El hecho de que me arrancara la ropa me excitaba aún más. Retiré mi ropa interior, sintiendo un gran alivio al no tener retenida por más tiempo mi erección.
Estaba sorprendido de mí mismo, y es que no solía ser de los hombres que sufren una erección al mínimo contacto, pero aquí estoy ahora, más duro que nada sólo por haberle bailado un poco a mi novio.
Los besos hambrientos y profundos no se hicieron esperar. Yo me deleitaba con sus labios y lengua mientras él enredaba sus largos dedos en mi cabello, halándolo un poco de vez en cuando. Refregué mi erección contra la suya, sacándole un profundo gemido que se perdió en mi boca.
—¿En serio lo vamos a hacer en un auto? —preguntó, jadeante y muy excitado.
—No, en una van negra de espías —alcé ambas cejas—. Eso es más emocionante ¿No crees? —reí al ver su expresión.
Volví a asaltar sus labios, sintiendo su respuesta gustosa e igualmente un tanto desesperada. A este paso sentía que nunca tendría suficiente de Yuuri, jamás podría cansarme de alguien tan sublime como él.
Recorrí con mis manos toda la piel que tenía a mi alcance, apreté sus costados con mis manos, hice lo mismo con sus pectorales, sus hombros, sus adorables mejillas.
Me sentía muy necesitado, la urgencia en mi interior era muy grande y pude notar que para Yuuri la situación no era muy distinta, pues gemía ante mis caricias, explorando mi piel con sus palmas abiertas. Terminó por quitarme la camisa, echándola a un lado antes de empujarme lo suficiente para que me quedara sentado correctamente en el asiento, en seguida se sentó sobre mi regazo, pegando su entrepierna con la mía, haciéndonos gemir a ambos.
Apoyó sus manos en mis hombros y me miró fijamente. Iba a besarlo arrebatadoramente de nuevo, pero sus ojos brillantes me incitaron a no apartar la vista. Me daba la impresión de que diría algo.
Y no estuve muy equivocado. Llevó sus manos a mis mejillas y mientras las acariciaba con sus pulgares, me dijo:
—Eres perfecto.
Sentí mis mejillas arder ante sus palabras suaves y llenas de sentimiento.
—Claro que no, yo… yo no —me hizo tartamudear, vaya, ese hombre hacía cosas increíbles en mí.
—Eres perfecto para mí —inclinó mi cabeza con ambas manos, besando así mi frente—. Te amo.
Cada uno de sus actos me hizo sentir la persona más amada del planeta ¿Cómo lo hacía? No tenía idea cómo lo lograba tan sencillamente.
Iba a responderle que lo amaba, pero…
—Oh… —juntó nuestras entrepiernas—. Sí haces eso, no me contendré —cerré mis puños, puestos a mis costados. Inconscientemente evitaba tocarlo, me di cuenta de ello cuando me hallé en una batalla mental por tomarlo y hacerlo mío en ese mío instante.
—No quiero que lo hagas.
Repitió la acción, logrando que nuestros cuerpos pidiesen ansiosos por más. Pero yo tenía miedo de descontrolarme y hacerle daño.
—Vamos, no te contengas —me pidió, tomando mis manos y posándolas en sus nalgas.
Apreté con mucha fuerza su trasero, logrando que soltara un leve quejido. Dejé de hacerlo, pero continué al notar que había sido un gemido de placer.
Estaba sentado sobre mi regazo, con las piernas abiertas a horcajadas sobre mí y con su frente apoyada en mi hombro, respirando pesadamente debido a la excitación; su aliento me hacía cosquillas en la piel. La posición no era muy cómoda debido al lugar en el que lo estábamos haciendo, pero eso poco nos importó.
Me miró extraño cuando se separó un poco de mí y notó que lamía un par de mis dedos, pero entendió el motivo cuando, aprovechando la posición de su cuerpo, llevé uno de mis dedos a su entrada, haciendo una intromisión rápida y certera. Él se retoricó sobre mí cuando lo hice, contoneando muy levemente sus caderas, en una búsqueda involuntaria de mayor contacto.
Nuestros labios se unieron en un beso muy entrañable. Él movía sus manos por la piel de mi nuca, cuello, mejillas y hombros; haciendo de la caricia algo maravilloso. Yo hacía lo mismo con mi mano izquierda, mientras que la derecha seguía dilatando su ano, dejé de hacerlo cuando pude introducir un tercer dedo, logrando que gimiera muy alto, suplicando por más. No quise hacerlo esperar y para ello me moví lo suficiente hasta alcanzar mi pantalón, de donde saqué un condón que traía en el bolsillo.
—Tampoco es correcto traerlo en el bolsillo —me dijo con un poco de gracia.
—Sabes que en nuestro caso no importa —reí y procedí a abrir el preservativo, pero Yuuri me detuvo.
—Yo me encargo —lo abrió ágilmente y casi con maestría lo puso en mi pene. No pude evitar soltar un gemido un tanto vergonzoso cuando sus manos apresaron mi erección casi en su totalidad—. Listo —murmuró.
No me dio tiempo de reaccionar, pues de un segundo a otro ya lo tenía sentado sobre mi miembro, introduciéndome tortuosamente en su interior.
¡Dios mío!
La sensación era maravillosa e indescriptible. Su estrechez me volvía loco, y más si gemía como lo hacía, jalando mi cabello, desquitándose un poco por el dolor inicial que le causaba el acto.
—¿Se siente… bien? —jadeó, quieto sobre mi regazo.
—Demasiado —casi gruñí. Mis dedos estaban enterrados en sus nalgas, sus brazos rodeaban mi cuello y sus ojos no se apartaban de los míos. Nuestras frentes se unieron y pude ver lo oscurecida que estaba su mirada. ¿La mía estaría igual?
La comisura derecha de sus labios se alzó en una sonrisa provocadora, justo antes de contraer el esfínter que más importancia tenía para ambos en esos momentos.
Inevitablemente un gemido contenido escapó de mi garganta, aunque fue más bien como un gruñido gutural, casi animal.
—Si haces eso… yo… yo…
—¿Qué harás al respecto? —me retó, contrayendo su esfínter una vez más, volviéndome completamente loco.
No respondí con palabras, al contrario, lo embestí una sola vez, profundo y duro. Su expresión se deformó en una mueca llena de placer. Él no estaba completamente sentado sobre mí, no, había un espacio entre ambos, lo cual me permitía moverme a mi antojo, así continué embistiéndolo, sin dejar de mirar las expresiones que podía causar en él. Yuuri pareció notar lo entretenido que me encontraba, pues frunció el ceño, y con el rostro muy sonrojado, me dijo:
—No me mires… ¡Ah! No mires mi rostro así —se cubrió con ambas manos, las cuales yo retiré y las volví a acomodar en mi nuca, acercándome ahora a su pecho y depositando todos los besos que me eran posibles.
—Te ves tan sensual —murmuré contra su piel, deteniendo mis embestidas por un momento, sonriendo al ver el descontento en su rostro. Enseguida fue él quien comenzó a moverse, alzando sus caderas y volviéndolas a bajar.
Mi respiración era errática y entrecortada. El corazón quería salirse de mi pecho por la emoción del momento y mis manos traviesas inevitablemente terminaron descendiendo por su vientre hasta terminar en cierta parte muy sensible y muy… dura. Lo sentí estremecerse cuando comencé a darle placer con mis manos, pero sinceramente no pude hacerlo muy bien, mi mente estaba ocupada casi por completo con lo que me hacía sentir.
Yuuri se veía muy entusiasmado y motivado, poco a poco iba aumentando la velocidad e intensidad, hasta que un placer muy conocido inundó todo mi cuerpo, me encontraba cercano al clímax. ¡Algo me pasaba con él! ¡Me hacía terminar demasiado rápido!
—Amor —gruñí—. No tan rápido —gemí con más fuerza cuando incrementó la velocidad.
—Lo siento, no puedo evitarlo —musitó sensualmente. Luego, haciendo movimientos ondulantes con sus caderas, se inclinó sobre mí y en voz baja me dijo—: Me emocionó mucho que… bailaras para mí —confesó, entrecortadamente—. Eres demasiado sexy, Vitya —mordió mi oreja.
Quise reír (pues a penas y había bailado para él) pero sólo un gemido extraño salió de mi boca.
No resistí más, me incorporé sin salir de él y lo tumbé sobre el asiento. Me apoyé con un pie en el suelo del auto y hallé la manera de hacer que la posición funcionara, más aún cuando él enroscó sus piernas en mi cintura, dándome un ángulo más sencillo para la penetración. Aun así era un tanto incómodo, y por un momento me planteé la idea de ir al compartimento de atrás, pues había mucho espacio, pero era tanta mi urgencia que poco me importó la incomodidad.
Inicié un vaivén rítmico y profundo. El asiento rechinaba ruidosamente ante mis movimientos. Yuuri tenía sus ojos cerrados con mucha fuerza, los abría de vez en cuando para conectarse con los míos, pero cuando profundizaba una estocada inevitablemente volvía a cerrarlos. Sus manos descendieron de mi cuello hasta pasarse por debajo de mis brazos, acariciando mi espalda a su antojo, no tocaba mi trasero sólo porque no alcanzaba, pero yo estaba seguro de que deseaba hacerlo, era consciente de la fascinación que teníamos ambos hacia el trasero del otro.
Sin detener mis caderas, usé mis labios para dejar un sendero de saliva y chupetes por su clavícula, reptando por su hombro, luego su cuello hasta llegar a su oreja, lamiendo su lóbulo.
La espalda de mi amado se arqueó. Él lleno de placer y yo de orgullo por lograr eso en él.
—Y yo debo confesar… —jadeé—…que al ver a esas chicas haciendo pole dance… sólo podía recordar tu espectacular presentación hace varios años —escondí mi rostro en su cuello, aspirando profundamente su delicioso aroma combinado un poco con el aroma a sudor. Extrañamente no me resultaba desagradable, en lo absoluto—. ¿Algún día volverás a hacer pole dance?
Noté cómo su rostro enrojecía aún más de lo que ya estaba por el esfuerzo.
—Sólo para ti ¡Ahh!
—Nadie más lo puede ver, Yuuri, tu pole dance será sólo para mí —lo embestí más fuerte, arrancando un gemido de la garganta de ambos.
—Sí, Vitya, sólo para ti —sonrió, pero su expresión se deformó en una mueca llena de placer—. ¡Más rápido! —suplicó y yo no me hice del rogar.
Me aferré tan fuerte a su cuerpo y él al mío, que podía jurar que éramos uno mismo.
El clímax llegó para mí de forma sublime, una onda de calor atravesó todo mi cuerpo antes de que me dejara venir dentro de él. Ambos gemíamos y temblábamos por el placer que experimentábamos, ya pasado un poco el efecto de mi orgasmo, fui consciente de que casi estábamos en el suelo y Yuuri se encontraba en una incómoda posición, con su cuello torcido hacia un lado debido a que estaba apresado contra la puerta. Me había dejado llevar a tal grado que nos arrastré hacia el rincón. Salí de él y me moví para que estuviera más cómodo.
Fui consciente, también, de que Yuuri aún no se venía. Me sentí un poco culpable, más al ver la necesidad en su dolorosa erección. Toque ese pedazo de carne con mi mano, arrancando un gemido gutural de su garganta. No esperé más y le ayudé a liberar un poco la tensión. Lo arrastré hasta tener sus muslos sobre los míos, con nuestras entrepiernas juntas, notando la diferencia de tamaños al estar erecto el de Yuuri y el mío no.
Deseché el preservativo y continué estimulándolo con ambas manos, su miembro cabía perfectamente entre ellas, abarcándolo por completo. Escuché mi nombre saliendo de sus labios, seguido de varias palabras en su idioma que no lograba entender. Supe que estaba completamente extasiado cuando su cuerpo entero temblaba muy levemente. Sonreí, estaba haciendo bien mi trabajo.
Tuve una buena idea: tomé sus piernas y las llevé hasta mis hombros. Mi cabeza quedó apresada entre sus muslos, oh, sus hermosos muslos.
Vi la duda en su expresión, pero ésta se borró al mismo tiempo en que mis labios tocaron su erección. Se retorció tanto en placer que tuve que detenerlo con mis manos en sus caderas, evitando que los dos fuésemos a dar contra el piso, luego quedaríamos atrapados entre el asiento de enfrente y el de atrás.
De pronto sentí sus manos sobre mi cabeza, enterraba sus dedos en mi cabello, halándolo de vez en cuando y guiándome un poco en la profundidad y los movimientos, mostrándome cómo le gustaba más, hasta que su cuerpo se tensó por completo.
—Viktor, ya... Viktor, deja de ¡ahhh! —intentó moverse, pero no lo dejé. Su orgasmo llegó fuerte e intempestivamente—. ¡L-lo volviste a hacer! —se cubrió el rostro con ambos brazos.
Yo sonreí de oreja a oreja y relamí mis labios, tratando de recuperar el aliento después de tal acto. Aún no me acostumbraba del todo, mi mandíbula se quejaba por abrirla tanto y por un tiempo muy prolongado.
—Fue parte del trato, recuerda que no me ibas a regañar —bajé sus piernas de mis hombros, no sin antes darle un mordisco a su muslo izquierdo. Él se quejó sonoramente y yo sólo me eché a reír antes de acostarme sobre su cuerpo, totalmente exhausto.
—¡Eres…!
—¡No me regañes! —repliqué, dándole un corto beso en los labios antes de acosar mi cabeza en su pecho, escuchando su loco corazón—. Además, no podíamos ensuciar el asiento.
Supe que seguía un tanto avergonzado cuando no respondió, sólo enterró sus dedos en mis cabellos. Ese era el sello personal de Yuuri, descubrí que siempre al terminar de hacer el amor solía hacer aquello. Era algo lindo y tierno.
A pesar del frío que hacía afuera, los dos estábamos un poco sudorosos y aún agitados.
No logramos recobrarnos del todo cuando pegamos un brinco al escuchar que alguien golpeteaba la ventana, justo junto a nosotros.
—¡Oigan! ¡Sé que hay alguien ahí! ¡¿Saben que está prohibido hacer ese tipo de cosas en un lugar público?! Llamaré a la policía.
Agradecí al cielo que los vidrios fueran polarizados y que además estuvieran empañados por el calor que se había formado dentro de la cabina.
—¡Viktor! ¡Nos descubrieron! —exclamó con voz contenida, pude ver el pánico instalado en sus pupilas y manos temblorosas. Yo reí y me incorporé.
—No te preocupes, no puede vernos —pegué un salto cuando el hombre (Al parecer el guardia del estacionamiento) golpeaba la ventana, enojado por no obtener respuesta—. Ponte al volante mientras busco las llaves.
—¡Pero no sé conducir! —masculló, alterado y con las manos en su rostro, dándole una apariencia demasiado tierna e inocente.
Reí a lo grande, importándome poco que la persona afuera me escuchara.
—¡Deja-de-reírte! —cada palabra fue acompañada de un golpe en mi trasero con su camisa. Yo sólo pude reír más mientras intentaba saltarme los asientos para llegar al del piloto, importándome muy poco que estuviese completamente desnudo.
Yuuri pareció leerme la mente, pues apenas giré mi rostro hacia atrás, él me lanzó al aire las llaves que sacó de mi pantalón abandonado en el suelo. Ni tarde ni perezoso, encendí el motor y huimos de ahí.
Minutos después aparqué la camioneta en algún lugar solitario de la ciudad. Ahí nos vestimos. Nuestra ropa estaba arrugada y a mi camisa le faltaban varios botones, sin mencionar que estaba rota de un lado. Yo sólo pude sonreír orgullosamente ante ello.
Me senté de nuevo en el asiento del piloto y Yuuri en el del copiloto, ambos vestidos y mirando por el vidrio parabrisas fijamente a algún punto en la nada. Yo tenía una mano sobre el volante, pero no había encendido el motor. Estábamos algo idos, seguramente él también estaba repasando los hechos recién ocurridos.
—Nos descubrieron teniendo sexo —murmuró él, confirmando mi teoría sobre lo que pensaba.
—Corrección: el guardia sólo sospechó que algo raro pasaba aquí adentro.
—¡Eso no importa! —soltó una carcajada, de esas que muy pocas veces dejaba escapar, de las ruidosas que vienen del corazón—. ¡Fue tan emocionante!
—¿Lo intentamos de nuevo? —me emocioné.
—No.
Comenzamos una divertida discusión sobre lugares buenos para tener sexo. Me divertía hacer sugerencias demasiado exageradas sólo para que él se sonrojara, como por ejemplo:
—Mañana, en la boda de Aleksi, bajo la mesa de regalos.
—Estás loco.
—¿En el baño?
—¡No!
—¿En el auto?
—Ya lo hicimos —refutó.
—Esto es una van.
—Y… —me miró fijamente, antes de salirse de su asiento ágilmente para terminar sentado sobre mi regazo, con la espalda contra el volante, mi pulso se aceleró cuando posó sus manos en mi pecho y acercó sus labios a mi oído—… ¿Por qué no lo hacemos afuera? No hay nadie en la calle.
—¿Lo dices en serio? —tragué en seco, emocionado.
Se separó de mí para que pudiéramos vernos a los ojos, y noté en los suyos que no había atisbo de broma.
—Oh por Dios, ¡Sí! —no sé cómo me moví, pero el caso es que Yuuri se estampó contra el volante, presionando la bocina con su espalda. Eso nos hizo saltar a ambos, antes de carcajearnos a lo grande.
—Entonces… —dijo él, sugerentemente.
—Hagámoslo —abrí la puerta y enseguida nuestros teléfonos sonaron, interrumpiendo un momento muy importante. Los habríamos ignorado, de no ser porque ambos estaban timbrando, algo importante debía de pasar.
Cuando contesté el mío, escuché la voz de Chris, asustado y preguntando por mi bienestar, estaba asustado, pues salieron del club y no encontraron la camioneta ni a nosotros. Le aseguré que estaba bien y que Yuuri se encontraba conmigo, le dije que habíamos dado un paseo por la ciudad y que ahora mismo nos dirigíamos al club. Colgué con él y Yuuri me dijo que había sido Yurio quien lo llamó, muy molesto.
Divertidos por lo que habíamos vivido y apresurados, nos dirigimos de vuelta a aquel lugar.
Durante el trayecto me animé a poner la mano derecha sobre su pierna.
Por algún extraño motivo me sentí nervioso al hacerlo, y es que era algo tonto, pero importante para mí, pues… tenía muy grabado en mi mente aquel tiempo de mi niñez, cuando mi padre conducía y mi madre iba en el asiento del copiloto. Ambos tenían la costumbre de ir charlando todo el tiempo, pero cuando no lo hacían, mi padre solía poner su mano en la pierna o en la rodilla de mi madre, y en seguida ella la tomaba con cariño y entrelazaba sus dedos con los de él. No sabía muy bien por qué, pero ese simple gesto era para mí una de las muestras de cariño más tiernas y significativas que conocía.
Grande fue mi emoción al sentir sus delgados dedos entrelazándose con sumo cariño con los míos, acariciando mi mano con su pulgar y permitiéndome dejarla sobre su muslo.
Mi ser se inundó de dicha, pero no me atreví a externarla, ya luego le diría lo significativo que era para mí ese asunto, por lo pronto decidí molestarlo un poco.
—Eres todo un pervertido, mira que hacerlo en el exterior, vaya idea.
—Lo dice el que sugirió tener sexo en el auto.
—Responde el que aceptó tener sexo en el auto —reí, contagiándolo y sin soltar mi mano de la suya—. Amor —me salió más natural de lo que imaginé.
—¿Sí? —suspiró quedito, lo sentí muy relajado.
—Tengo que enseñarte a conducir —reí y lo molesté durante el resto del camino, burlándome un poco del hecho de que no supiera conducir a pesar de su edad.
Cuando llegamos al club, encontramos a nuestros amigos esperando en la acera, incluso mi hermano estaba con ellos, al parecer no tenía ganas de seguir en su fiesta. Yurio estaba fastidiado y un tanto enojado, Chris y Phichit no dejaban de parlotear mientras que Masumi y mi hermano parecían llevarse muy bien.
—¡Ya era hora! —se quejó el menor de todos, subiéndose primero a la camioneta.
—¿A dónde se fueron, picarones? —inquirió Chris. Yuuri y yo sólo pudimos mirarnos mutuamente, diciéndonos con la mirada que sería mejor no comentar nada de lo ocurrido.
—Fuimos a pasear, ese lugar se nos hizo un poco aburrido —traté de sonar lo más natural posible, lo cual no logré, pues al mirar hacia atrás sentí la mirada inquisidora de mi hermano. Encendí el auto y arranqué rumbo a mi departamento.
—¡Se hubieran quedado! —exclamó mi mejor amigo—. Reté a los chicos que trabajaban ahí y terminé compitiendo contra ellos en un concurso de pole dance.
—¡Y grabé todo! —exclamó Phichit, orgulloso de ello.
—Fue increíble —aseguró Masumi. Pocas veces lo había escuchado hablar. Justo ahora había podido notar emoción y amor en su voz al asegurar que su novio estuvo genial.
—Sí, vimos que te encantó —rio el tailandés—. No dejabas de gritarle que se quitara la ropa. ¿No te molestaba que los demás lo vieran desnudo?
—No realmente. Él es así y lo admiro como tal.
—Sabes que sólo te amo a ti ¿Verdad? —acarició el mentón de mi mejor amigo antes de besarlo en los labios.
—Lo sé —sonrió luego del beso. Yo me quedé observándolos unos momentos, admirando la confianza y amor que inspiraba su relación. Eso me hizo pensar en mi relación con Yuuri. Yo lo amaba más que a nadie, pero definitivamente me pondría muy celoso si otros hombres disfrutaran de verlo desnudo.
—¿Y qué fue exactamente lo que hicieron ustedes? —inquirió Aleksi, sacándome de mis pensamientos. Lo miré por el retrovisor, sentado junto a Phichit en el asiento de atrás—. Todo está cerrado a estas horas de la noche. ¿A dónde fueron?
—Dimos un recorrido en auto por parte de la ciudad —dijo Yuuri, salvándome el pellejo.
—Sí, eso. ¿Y tú por qué te saliste de tu despedida de soltero?
—Ese tipo de lugares no es lo mío —se sonrojó casi hasta las orejas y yo sonreí victorioso. Conocía a mi hermano y me alegraba saber que seguía siendo igual que siempre.
Llegamos al edificio de mi departamento y me despedí de todos. Yurio y yo nos bajamos de la van, Chris ocupó mi lugar como conductor y yo fui hacia el asiento del copiloto para despedirme de mi novio.
—Quédate esta noche conmigo —pedí en voz baja, acariciando su mejilla con el dorso de mi mano. Él había bajado la ventanilla y yo me encontraba afuera, resintiendo un poco el clima frío.
—No puedo, hoy tienes visitas —miró a Yurio de reojo y sonrió—. Cuídalo, anda extraño.
Asentí, pensé que había sido el único que lo había notado.
—Te voy a extrañar —besé la punta de su nariz.
—Yo también —suspiró y tomó mi mano, apretándola más contra su mejilla.
Fijé mis ojos en los suyos antes de inclinarme sobe su rostro y besarlo suavemente. Fue una caricia corta e inocente, pero cargada de amor.
—Nos vemos mañana —me dijo. Le iba a responder, pero la voz escandalizada de Phichit resonó aún afuera del auto.
Al parecer había encontrado algo muy asqueroso dentro.
—¡Hay un condón! ¡Un condón u-sa-do! —exclamó la voz chillona del tailandés.
Yuuri y yo nos miramos mutuamente, en estado de pánico total.
—¡Me voy! —besé fugazmente su frente y corrí hacia el interior del departamento, escuchando a lo lejos la voz escandalizada de mis amigos y de Yuuri gritando mi nombre completo.
Continuará…
2 de julio 2017
12:30 a.m.
