Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 26: Sin Arrepentimientos
Dumbledore convocó a Scorpius para que fuese a su despacho durante el desayuno. Cuando envió una carta a su abuela ("Madre", se tuvo que corregir mentalmente, porque debía ir empezando a acostumbrarse a llamarla así), Scorpius le escribió otra carta a Dumbledore, indicándole que había tenido éxito en la reparación del Armario Evanescente.
Por tanto, no le sorprendió que Dumbledore le contestase inmediatamente ese mismo día, solicitándole que se reuniese con él. Sin embargo, le resultaba desconcertante que Narcissa aún no hubiese enviado una respuesta a su carta. Scorpius había pensado que, en cuanto arreglase el Armario Evanescente, Voldemort anunciaría que debían prepararse para el ataque.
Estos pensamientos inquietantes lo atormentaron incluso después de entrar en el despacho de Dumbledore.
—¿Qué te preocupa, Scorpius? —preguntó el Director, sacándolo de sus pensamientos.
Como había estado varias veces en ese despacho, Scorpius se invitó a sí mismo a sentarse en el asiento frente a Dumbledore sin su permiso.
—Todavía no he tenido noticias de mi abue… madre ni de Voldemort sobre el éxito de la tarea.
Dumbledore también parecía preocupado, por lo que el nerviosismo de Scorpius se multiplicó por diez.
—Tom puede estar preparando algo —advirtió—. Debes tener cuidado, Scorpius. Temo que a pesar de lo impecablemente bien que hayan ido nuestros planes hasta ahora, es probable que ocurran cosas impredecibles.
El Slytherin tragó nerviosamente el nudo que se había formado en su garganta y asintió.
—También te he hecho venir para preguntarte si le has contado a Harry, o al núcleo del ED, que es el último horrocrux —comenzó el director.
Scorpius estaba en conflicto entre decir la verdad o no. Suspirando, finalmente decidió decir la verdad.
—Hermione lo sabe. ¡Pero yo no se lo he contado, lo juro! Lo dedujo por su cuenta y no tuve más remedio que contárselo todo.
Dumbledore suspiró. ¿Había imaginado esa pequeña y cariñosa sonrisa en su rostro?
—El delicioso cerebro de la señorita Granger nunca decepciona —dijo Dumbledore—. ¿Y los demás?
Scorpius sacudió la cabeza.
—Todavía no tienen ni idea de cuál es el último horrocrux —explicó—, pero creo que están empezando a sentir curiosidad porque cambio de tema cada vez que lo mencionan.
—Dijiste que era necesario que Harry no supiese que es un horrocrux...
—Para que la batalla se desarrolle como lo relatan mis libros de historia, Harry debe morir voluntariamente para destruir la parte del alma de Voldemort dentro de él sin morir en el intento —explicó Scorpius—. Es una situación terriblemente complicada y aún me duele la cabeza de la explicación que le tuve que dar a Hermione. Pero básicamente, todo se reduce a la protección sacrificial de Lily Potter hacia su hijo.
Para su sorpresa, Dumbledore asintió.
—He pensado en eso, sí —dijo el director. Scorpius no pudo evitar sonreír. Por supuesto, era lógico que el viejo mago hubiese pensado en esa situación—. Por eso es necesario que pase lo que pase, ahora que Voldemort sabe que tu tarea ha sido un éxito, Harry no lo sepa.
—Es injusto, pero lo sé —respondió Scorpius con un suspiro—. Creo que me odiarán cuando esta guerra termine.
Dumbledore sonrió indulgentemente.
—Oh, no dude del poder de la amistad, señor Malfoy —dijo como si le estuviese dando una lección—. Estoy seguro de que entenderán que lo ha hecho por el bien de todos.
Su corazón dio un vuelco cuando dijo "amigos": eran sus amigos, y eso lo hizo marearse por dentro.
Esa sensación de felicidad se desvaneció de inmediato cuando sintió el familiar dolor de en su brazo.
Con los ojos abiertos, miró a Dumbledore.
—Me está convocando —informó tontamente.
Las cejas de Dumbledore se unieron, lo que no ayudó al horror de Scorpius. Voldemort nunca le convocaba tan temprano: siempre era durante la noche, cuando todos se habían ido a la cama. No era un buen augurio.
El dolor continuó y Scorpius hizo una mueca.
—Debe acudir a él —respondió Dumbledore con gravedad—. Avisaré a Severus.
Scorpius asintió con la cabeza y salió disparado de su despacho. Creyó haber escuchado a alguien gritar su nombre, pero sus ojos estaban demasiado cegados por el dolor como para identificar la fuente de la voz. Solo rezó fervientemente a Merlín para que esa persona no lo siguiese fuera de Hogwarts.
Cuando salió por la puerta, su piel estaba roja. Scorpius no pudo evitar pensar que su Marca Oscura estaba parecido más amenazadora que en las invocaciones anteriores.
Con ese pensamiento en mente, tocó su tatuaje y sintió la sensación familiar de la Aparición.
Se sorprendió al rematerializarse en la Sala de Dibujo de la Mansión Malfoy. Voldemort estaba descansando en uno de los exuberantes sillones y sus brillantes ojos rojos miraban fijamente a Scorpius.
El Slytherin miró lentamente a su alrededor y se decepcionó al ver que él era el único que estaba ahí con Voldemort.
—Mi señor —saludó con una reverencia.
Voldemort aún no había dicho una palabra cuando Scorpius se enderezó. Los ojos del Señor Oscuro no le abandonaron y Scorpius empezó a ponerse nervioso.
—¿Por qué crees que te he hecho venir, Scorpius?
El pánico se apoderó de él cuando los recuerdos de la destrucción de los horrocruxes estrellaron contra su cerebro. "No, no" siseó Al La Voz Interior mientras Scorpius construía desesperadamente sus paredes y proyectaba falsos recuerdos.
—Yo... le envié una carta a mi madre informándole sobre el éxito de mi tarea —murmuró Scorpius lentamente—. Creo que la razón por la que estoy aquí es el Armario Evanescente, mi señor.
Voldemort se levantó lentamente del sillón en el que estaba sentado y avanzó hacia él. Puso la mano detrás de su espalda y murmuró:
—Lo has hecho bien, joven Malfoy —dijo con voz sedosa—. Estaba empezando a dudar de que tuvieses éxito en una tarea tan simple, pero has demostrado que estaba equivocado. Eres mejor que tu padre.
Scorpius suspiró internamente e incluso se encogió con un poco de alivio. Así que esa reunión era por el Armario Evanescente. Estaba seguro de que Voldemort le diría cuál sería su papel cuando él y su horda de Mortífagos y otras criaturas malvadas decidieran invadir Hogwarts.
»Pero me temo que esa no es la razón por la que te he hecho venir hoy.
Sin previo aviso, sacó su varita y abrió las puertas de golpe. Scorpius se estremeció por la sorpresa y se giró. Su mandíbula cayó ante la imagen ante sus ojos. Bellatrix, magullada y maltratada más allá del reconocimiento, estaba siendo arrastrada por dos Mortífagos enmascarados dentro de la Sala de Dibujo y la tiraron al suelo. Estaba sangrando por todo el rico suelo alfombrado y Scorpius se sintió terrible al instante.
Voldemort se dirigió hacia la bruja temblorosa y le levantó la barbilla con su pie.
»Dile a tu sobrino por qué te he hecho esto, mi querida Bella —dijo Voldemort con calma.
Bellatrix estalló en fuertes y guturales sollozos, rogando por el perdón de su amado señor. El Señor Oscuro gruñó disgustado y pisó su rostro. El fuerte crujir de su mandíbula rota hizo que Scorpius sintiese ganas de vomitar, pero hizo todo lo posible por contener el vómito para no manchar más el suelo alfombrado.
»Ya ves, Scorpius —continuó el Señor Oscuro, dirigiendo su atención ahora hacia el joven mago. Scorpius se obligó a quedarse quieto, pero sus intensos ojos rojos lo sacudieron hasta lo más profundo de su ser—. He estado teniendo unos sentimientos peculiares desde hace meses. La primera vez lo dejé pasar, pero sucedió otra vez... una y otra vez hasta que tuve un presentimiento y tuve que asegurarme de si estaba en lo cierto.
Se acercó más a Scorpius y obligó al niño asustado a mirarlo directamente a los ojos.
»Imagina mi sorpresa cuando, al visitar uno de mis escondites secretos, descubrí que una de mis posesiones más preciadas había... desaparecido —enseñó los dientes y Scorpius se encogió, reprimiendo unas lágrimas aterrorizadas que no le serían de ayuda—. Al principio, pensé que algún imbécil estúpido se había topado con mi escondite secreto, pero luego recordé que se había perdido otro de mis tesoros, a pesar de haber estado escondido cómodamente en la Bóveda de los Lestrange durante años. Naturalmente, pensé que Bella había sido descuidada y había perdido mi Copa —continuó—, pero la he torturado durante horas, ya ves, y ella todavía niega haber robado nada. Y eso me hizo pensar: ¿quién tendría acceso a la Bóveda de los Lestrange y la Copa de Helga Hufflepuff, que ha sido hábilmente robada?
Todo en él se calmó. Ya estaba. Iba a morir La mirada en los ojos de Voldemort era asesina y Scorpius sabía que debía blandir su varita y prepararse para defenderse. Pero sus manos no lo escucharon y simplemente observó a Voldemort sin poder hacer nada mientras apuntaba su varita hacia él y gritaba la Maldición Cruciatus.
Un dolor cegador se extendió a través de él como si fuse un incendio forestal y cayó de rodillas. El hechizo cesó inmediatamente pero vino otro... y otro. Scorpius era un desastre tembloroso cuando Voldemort volvió a apretar fuertemente su barbilla y levantó su rostro. Sus ojos rojos se encontraron inmediatamente con sus dolidos ojos grises y antes de que pudiera construir las paredes que había entrenado desesperadamente durante meses, Voldemort vio algunos de sus verdaderos recuerdos. Vio a Scorpius haciendo planes con Dumbledore en su despacho. Vio a Scorpius corriendo, destruyendo sus horrocruxes con el núcleo del ED.
Voldemort logró alcanzar el muro que bloqueaba el pasado de Scorpius y comenzó a destruirlo, ladrillo por ladrillo. Scorpius, horrorizado, supo que si esos recuerdos se revelaban, todo por lo que el núcleo del ED había trabajado tan duro, todo lo que él había sacrificado, no serviría de nada. Por lo tanto, con las pocas fuerzas que le quedaban, levantó su muro y rezó a Merlín Todopoderoso que le ayudase.
—¡Reducto!
Voldemort fue lanzado repentinamente y se estrelló contra la chimenea. Unos brazos estaban tratando de empujarlo con brusquedad y, con los ojos entrecerrados, pudo reconocer el rostro de Snape.
Sin dudarlo, el profesor los Apareció fuera de la Mansión Malfoy.
Cuando volvió a la conciencia, Scorpius se sorprendió de estar en el despacho de Dumbledore. Intentó mover la cabeza para ver si estaba solo, pero ese ligero movimiento encendió todo su cuerpo en llamas. Scorpius contuvo un gemido y cerró los ojos con fuerza, esperando que el dolor disminuyera
—No intente moverse aún, señor Malfoy.
Instantáneamente reconoció la voz de Dumbledore y Scorpius no pudo contener más las lágrimas. La cara preocupada de Dumbledore desapareció y vio a Hermione, que le secó las lágrimas con ternura.
—Estás a salvo —susurró ella. Sus hermosos ojos color avellana también se llenaron de lágrimas—. Estás a salvo, Scorpius. Estás a salvo.
Hermione fue empujada suavemente a un lado y Scorpius quiso protestar, pero una preocupada Madame Pomfrey inclinó suavemente su cabeza hacia atrás y le puso una poción en la boca. La bebió en tres tragos y al instante se sintió aturdido una vez más.
—Descanse por ahora, señor Malfoy —susurró ella.
La siguiente vez que se despertó, lo primero que notó fue el olor familiar y esterilizado del Ala del Hospital. Lo siguiente que notó fue el hecho de que ya no sentía dolor.
—Madame Pomfrey realmente puede hacer maravillas.
Scorpius miró lentamente a la persona que ocupaba la silla junto a su cama y vio al Director Dumbledore. Cerró una revista de costura muggle y la dejó a un lado, con una expresión de preocupación en su rostro.
»¿Cómo te encuentras, mi querido muchacho? —le preguntó gentilmente.
—Mejor, señor —dijo con una sonrisa. Intentó mover algunas de las partes de su cuerpo y, sorprendentemente, no sintió dolor—. ¿Cómo…?
—Madame Pomfrey te ha dado unos medicamentos brillantes para el dolor —explicó el Director—. El único efecto secundario es que has estado dormido todo el día.
Scorpius parpadeó y miró por la ventana, gratamente sorprendido de ver que había una luna llena en el cielo aterciopelado.
Los recuerdos de esta mañana volvieron corriendo hacia él y Scorpius respiró fuerte y temblorosamente.
—Yo... pensé que iba a morir.
Se hizo el silencio y Scorpius tuvo que inhalar bocanadas de aire para terminar de convencerse de que estaba allí y que estaba muy vivo.
—Yo también lo pensé —confesó Dumbledore con un suspiro—. Pido mis disculpas, Scorpius.
El Slytherin lo miró con confusión.
—¿Por qué, señor?
—Severus estaba en una misión y tardé un poco en comunicarme con él —explicó el viejo mago—. Si le hubiese informado antes, no habrías experimentado lo que te ocurrió. Sin embargo, si hubiese llegado demasiado tarde...
—No fue su culpa, Director —le aseguró Scorpius—. No fue culpa de nadie.
El Director lo miró profundamente arrepentido y esa mirada, de alguna manera, molestó y enterneció a Scorpius al mismo tiempo. Dumbledore no mentía cuando había dicho que creía que Scorpius iba a morir.
Con los ojos muy abiertos, finalmente recordó la gravedad del evento de esa mañana y se asustó.
»¡Profesor, Voldemort sabe lo de los horrocruxes! —exclamó—. Yo... lo siento, me estaba lanzando Maldiciones Cruciatus y se aventuró en mi mente y yo... no pude detenerle.
—Tranquilo, Scorpius —contestó Dumbledore gentilmente.
—No… no pude hacer Oclumancia para levantar las barreras —continuó.
—Es comprensible. Después de recibir más de una Maldición Cruciatus, es muy difícil evitar una intrusión así —el viejo director suspiró y entrelazó los dedos—. Severus me ha dicho que Voldemort tiene intención de atacar Hogwarts a medianoche.
Los ojos de Scorpius se ensancharon y luchó por salir de su cama.
—No puedes pelear, Scorpius, no en ese estado —dijo Dumbledore, pero el rubio ya estaba sacudiendo la cabeza.
—Tengo que hacer esto, Director —declaró con convicción—. Tengo que luchar en esta guerra. Por mi... por mi padre y todas las atrocidades que tuvo que sufrir durante el reinado de este horrible monstruo.
—Pero no estás bien —señaló Dumbledore con preocupación.
El dolor había disminuido, pero Scorpius todavía se sentía débil.
—Puedo... —se le ocurrió una idea al instante—. ¡Felix Felicis! ¡Sí! Si bebo unas gotas, podría tener suerte y no morir cuando empiecen a atacar. Ya sabe lo útil que es ese pequeño cabrón.
—Señor Malfoy…
—Director, por favor —suplicó Scorpius—. Tengo que hacer esto.
Dumbledore frunció el ceño y finalmente suspiró.
—Muy bien —dijo. Luego cogió un frasco de poción con su mano ennegrecida y se lo dio—. Bebe esto. Es una Poción Vigorizante que ha fortalecido el profesor Snape. Te ayudará a aumentar tu energía durante unas horas.
El Slytherin asintió con la cabeza y aceptó agradecido la poción.
»Bébela en cuanto Voldemort ataque —ordenó Dumbledore—. Pero, por ahora, descansa.
Para sorpresa del director, Scorpius negó con la cabeza.
—El núcleo del ED —dijo—. ¿Dónde están?
—Están ayudando a los profesores y Aurores a sacar a los niños y los débiles de Hogwarts.
—Yo... necesito ayudarlos —afirmó Scorpius. Dumbledore negó con la cabeza y lo mantuvo en su lugar.
—Están haciendo todo lo que pueden y tú debes descansar.
—Yo... Hermione... —dejó que sus palabras quedasen en el aire. Sus mejillas se enrojecieron ligeramente ante la mirada de complicidad en la cara de Dumbledore.
Durante el tiempo en que creyó que realmente iba a morir, lo primero que pensó Scorpius fue que iba a fallarle a su padre. Y el siguiente pensamiento, para su sorpresa, fue el hecho de que todavía no había besado a Hermione. Sabía que había estado bailando alrededor de sus sentimientos por ella durante un tiempo y la castaña, que Merlín bendijese su maldito corazón dorado, le había estado esperando pacientemente.
Por eso, como seguía vivo y la guerra estaba más cerca que nunca, Scorpius sabía que no debía dejar pasar esa oportunidad. Si moría durante la batalla, al menos moriría sin arrepentimientos.
—La señorita Granger está ayudando a la profesora McGonagall en la Torre de Gryffindor —dijo finalmente Dumbledore con una pequeña sonrisa en su rostro.
Scorpius sonrió.
—Gracias, Director —dijo. Se deslizó con cuidado de su cama.
Estaba a punto de salir del Ala del Hospital, pero Dumbledore de repente se quedó sin aliento y se dobló.
»¿Director? —preguntó el rubio con preocupación.
—Estoy bien —aseguró Dumbledore con una sonrisa cansada y dolorida.
Mirando más de cerca, Scorpius se dio cuenta de que el director parecía más viejo y enfermo. Lanzó una mirada preocupada a su mano ennegrecida y frunció el ceño. Recordaba que la última vez que se fijó en ella, la zona afectada solo llegaba hasta su muñeca. Ahora, la negrura continuaba el recorrido por debajo de su manga.
Dumbledore sonrió tristemente mirando su brazo.
»Me temo que mi cuerpo maldito no va a poder sobrevivir esta guerra —confesó. A Scorpius no le gustó el miedo en la voz del director.
—¿No hay cura, señor?
—Me temo que no, señor Malfoy —dijo con un movimiento de cabeza—. Es el precio que debes pagar cuando ansías demasiado poder —dirigió sus ojos azules, tristes y cansados a Scorpius y continuó—: No repitas nunca los errores de este anciano —Dumbledore suspiró—. No te preocupes por mí —urgió—. Creo que debes buscar a la señorita Granger.
Scorpius asintió a regañadientes.
—Debe descansar, señor —sugirió.
—No puedo hacer eso —Scorpius hizo un movimiento para protestar, pero Dumbledore lo interrumpió con una risita—. No eres la única persona testaruda en esta habitación, Scorpius.
El Slytherin sonrió, se despidió y salió del Ala del Hospital, pero no antes de escuchar a Madame Pomfrey regañando al Director por dejar que Scorpius se marchase. Le hubiera encantado quedarse y ver al mago más grande de todos los tiempos siendo regañado por la medimaga, pero Scorpius sabía que tenía otras cosas que priorizar.
La tensión y el miedo impregnaban los pasillos de Hogwarts. Los rostros de unos aterrorizados Hufflepuff de primer curso lo saludaron mientras la profesora Sprout los sacaba rápidamente de la Sala Común. También había Aurores pululando alrededor de Hogwarts, con las varitas en alto mientras murmuraban encantamientos de protección que al menos defenderían a Hogwarts de los primeros ataques.
—¡Malfoy!
Scorpius se dio la vuelta y vio a un desaliñado Potter corriendo hacia él.
»¿Qué demonios estás haciendo fuera del Ala del Hospital? —exigió saber Harry—. Dumbledore dijo que debes descansar.
El heredero de los Malfoy sonrió y extendió sus brazos.
—Bueno, estoy aquí ahora, ¿no? —respondió.
El Niño Que Vivió lo miró con seriedad.
—Malfoy —continuó—, casi mueres.
Toda la alegría se desvaneció de la cara de Scorpius. Le sorprendió que Harry estuviera realmente preocupado por su bienestar. Su corazón dio un vuelco doloroso al pensar en la cara de Al si se enterase.
—Deja de mirarme así, Potter —bromeó ligeramente para disipar la repentina incomodidad que sentía—. Podría confundirte con mi mejor amigo y empezar a tratarte como a él.
Para su sorpresa, Harry le sonrió de forma exasperada.
—Casi mueres, pero aún puedes arreglártelas para bromear —dijo, sacudiendo la cabeza—. Realmente no sé qué pasa dentro de esa extraña cabeza tuya, Malfoy.
—Realmente me gustaría conversar más contigo, Potter, y demostrarte lo raro que soy, pero necesito buscar a Hermione.
Potter reflejó la mirada de complicidad de Dumbledore de hacía un rato.
—Está en la…
—Torre de Gryffindor, ayudando a la profesora McGonagall, lo sé —dijo Scorpius—. Hasta luego, Potter.
Harry asintió resueltamente y estaba a punto de irse, pero Scorpius de repente cogió su brazo.
»Pase lo que pase a medianoche… solo tienes que creer en ti mismo, Harry Potter —dijo el rubio con firmeza—. Sigue a tu maldito corazón.
El Gryffindor lo miró de forma extraña, pero asintió con la cabeza. Scorpius se despidió una vez más y se fue, esta vez determinado en encontrar a Hermione.
Afortunadamente, nadie lo molestó hasta que llegó al séptimo piso. Para entonces, le dolía todo el cuerpo y estaba tentado a descansar. Pero solo quedaban unas pocas horas antes del prometido ataque de Voldemort y no iba a dejar pasar esa oportunidad.
Distinguió a Hermione con facilidad entre la línea de pequeños Gryffindor aterrorizados. Su cabello estaba más alborotado que nunca y su rostro mostraba preocupación y determinación. La profesora McGonagall estaba ladrando órdenes, lo que provocó que los niños de primer curso aceleraran el paso. Les ordenó pasar por una puerta y Hermione se quedó atrás hasta que el último de los niños desapareció.
Estaba a punto de seguirlos, pero Scorpius rápidamente la cogió del brazo para detenerla.
—¡Scorpius! —se quedó sin aliento, con los ojos abiertos de sorpresa—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—He venido a buscarte —dijo, arrastrándola con determinación a una de las aulas abandonadas.
—¡Deberías estar en el Ala del Hospital! —gritó, mientras su cara bonita se llenaba de furia—. Y yo... yo estoy ayudando a los niños a evacuar Hogwarts. ¿Por qué diablos estás…?
Sus palabras murieron en su boca cuando él la interrumpió ansiosamente con un breve beso. Sus ojos se abrieron una vez más y no pudo formar palabras.
—Mira eso, he dejado a Hermione Granger sin palabras por primera vez.
Un rubor se deslizó lentamente desde su cuello hasta sus mejillas. Scorpius sonrió y se inclinó una vez más para capturar sus labios separados. Las emociones estallaron en su pecho cuando ella comenzó a responder con igual fervor. Scorpius la acercó más y la abrazó con fuerza, tratando de memorizar todo: su sabor, cómo le hacía sentir, y por un momento, todas las cosas que atormentaban su mente fueron lanzadas por la ventana.
Fue Hermione quien se apartó y Scorpius gruñó con decepción.
—¡¿Se está avecinando una maldita guerra y piensas que es el momento adecuado para hacer esto?! —exclamó sin aliento, sus mejillas increíblemente rojas y sus labios deliciosamente hinchados.
—Casi muero, Granger —susurró con una gran sonrisa—. Casi muero y no quería seguir arrepintiéndome.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que quiero decir es que —continuó—. Me gustas mucho, Hermione, y he sido un estúpido por dudar cuando estamos en medio de una maldita guerra. Las cosas han cambiado por mi maldito viaje en el tiempo y nada me asegura que seguiré con vida después de la guerra. Por eso, estoy dejando de lado mis ridículos temores para besarte. A la mierda todo. Realmente me gustas.
Sus ojos se abrieron al escucharle y lentamente unas lágrimas brotaron de sus ojos.
—También me gustas mucho —respondió—. Me gustas mucho. Y sé que todo es extraño y jodido y que mis hijos posiblemente dejen de existir si nos juntamos, pero... pero la mera idea de estar con Ron… siento que es incorrecta —Hermione extendió la mano y colocó su palma contra la mejilla de él—. Estoy aterrorizada por la guerra, Scorpius —continuó con un susurro—. Sé que dentro de unas horas vamos a enfrentarnos al ejército más terrorífico que el Mundo Mágico haya visto nunca. Nada nos asegura que viviremos esta maldita guerra, pero solo quiero decir que... cuando todo termine, quiero... yo... —puso su otra mano en su mejilla. Luego se puso de puntillas y le dio un rápido y dulce beso en los labios—. Quiero estar contigo —continuó suavemente mientras volvía a apoyar los pies en el suelo.
Scorpius no dudó más.
—Yo también —dijo, apoyando su frente contra la de ella—. Yo también, Hermione.
—Así que, por favor, ten cuidado —suplicó—. Por favor, mantente vivo para que cuando acabe la guerra podamos entender nuestros sentimientos y esta... esta extraña relación que tenemos y lo que queremos hacer al respecto.
Él sonrió ampliamente.
—Está bien —dijo, metiendo un rizo perdido detrás de su oreja.
Una repentina explosión enorme los sacó de su felicidad temporal. Scorpius empujó a Hermione hacia las ventanas del aula y observaron, horrorizados, cómo cientos de hechizos eran lanzados hacia el poderoso escudo que habían colocado los profesores y Aurores. Los hechizos chocaron contra la barrera, emitiendo otro estallido que resonó durante un rato.
La puerta se abrió de golpe y tanto Scorpius como Hermione sacaron sus varitas, preparados para defenderse.
Neville entró, sorprendido de verlos. Su expresión se volvió grave.
—Están aquí.
¿Qué os ha parecido este capítulo? Uhh… Moldy Voldy está enfadado… ¡Scorpius se ha salvado de milagro! ¡Y POR FIN SE HAN BESADO HERMIONE Y SCORPIUS! ¿No os ha parecido una escena súper tierna? ¿A que son adorables? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
