Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo rubio celoso y un castaño impresionado.
En la mansión de los Andrew Albert y su tía se encontraban reunidos en la habitación de ella. Estaban sentados en el mismo sofá donde hacía apenas unas horas atrás Candy estuvo durante la tarde. Un ligero olor a rosas permanecía aún en el ambiente y de inmediato comprendió que su pequeña estuvo ahí. La matriarca al notarlo un poco nervioso dispuso de un servicio de té. Después de beber un poco, un Albert ya más relajado por el efecto de la infucionada bebida le preguntó.
—Y bien tía, ¿Qué es eso que tienes que contarme con respecto a Candy?
La tía lo miro. Sabía que su querido sobrino la estaba pasando muy mal pero antes de brindarle abiertamente su apoyo necesitaba saber bien que aquella mujer ya no estuviera presente en su vida, porque de no ser así se llevaría a Candy de viaje muy pero muy lejos para que ahora si lo desterrara de su corazón por completo. Entonces dejando un poco el tono casi maternal en su voz que últimamente utilizaba y dándole una duramirada al rubio le dijo seriamente.
—Primero necesito que me expliques si sigues teniendo una relación con la tal Nicolette esa. Necesito saber más de ella para analizar con que armas defender a Candy por si a esa mujer se le ocurre hacer alguna locura.
Entonces un serio y decidido Albert comenzó a explicarle a su tía el contexto de aquella relación.
—Tía la conocí cuando viajé a África, ella proviene de una familia de sociedad Europea se llama "Stephany Nicolette Lobel", es hija de Dandrè Lobel un magnate de la metalurgia, pero en ese tiempo ella tenía el mismo espíritu de aventura que yo, por esa razón fue que nos encontramos haciendo labor humanitaria allá. Nos enamoramos y mantuvimos una relación amorosa, pero un día me dejó sin decir nada. Luego después de años la volví a ver el día del baile de la "Cruz Roja" y bueno sé que no es pretexto pero me deslumbré por su belleza, creí que seguía enamorado de ella y dos semanas más tarde acudí a una cita que ella me pidió, me solicitaba reunirnos para hablar y aunque interiormente sabía que actuaba mal accedí y me presenté. Después cuando nos estábamos despidiendo me abrazó, yo no la rechacé, se acercó a mi y la bese. Fue entonces cuando Candy nos vio, me dio tremenda bofetada y terminó conmigo. Al otro día me llegó a la oficina una propuesta de negocios por parte de su padre para asociarnos y ella fue al consorcio a discutirla en representación de él, pero no la acepté y le dije lo mismo que a usted en este momento, que me di cuenta de mi error y lo que sucedió ese día era un error del cual me arrepentía, que me deje llevar por el deseo pero que mi corazón siempre le ha pertenecido a Candy, que ella era bella, pero que no la amaba más. Luego después de un rato entró George a la oficina y me despedí de ella. Al parecer lo aceptó y me dijo que fuera feliz por los dos.
La tía solamente ponía cara de preocupación mientras tocaba las sienes de su cabeza, al parecer el asunto era más serio de lo que ella pensaba. No estaban hablando de una muchachita dulce sino de una mujer enamorada pero con poder, con mucho poder.
—Dios mío William eso puede resultar más delicado de lo que crees. ¿Puedo confiar en que me estás diciendo toda la verdad?. No quisiera verme en la necesidad de investigarlo por mis propios medios, porque necesito que sepas que aunque Candy vio un beso ahora está dudando tu fidelidad más allá de eso, en su cabeza ronda la idea de pudiste estar engañándola desde tiempo atrás.
Albert apoyó los codos sobre sus piernas, llevándose las manos a la cara por milésima vez desde que comenzó toda esa situación. Después respiró y le respondió a su tía.
—Puedo imaginar que por la cabeza de mi pequeña esté pasando eso y mil preguntas más tía, créame que la entiendo, si yo estuviera en su lugar pensaría exactamente igual y dudaría de todo lo que vivimos, pero le aseguro que estoy diciendo la verdad. Eso fue lo que pasó entre Nicolette y yo. Jamás hubo algo con ella más allá de ese beso.
—Sólo espero que durante tu romance en África hayas tomado las debidas precauciones y no tengas un hijo ilegítimo con ella, porque con lo que me cuentas, he de imaginar que no siguieron el protocolo de un noviazgo formal hijo.
—Tía estoy completamente seguro de que no tengo ningún hijo con ella. Cómo dice tomé precauciones y eso no es posible.
—Pero, ¿Cómo puedes estar tan seguro?
Albert en su vida pensó que iba a tener que dar ese tipo de explicaciones a su tía pero dada la situación no le quedaba otro remedio.
—Sólo digamos que lo sé tía.
—Eso no me garantiza nada William ella puede salirte con un hijo bastardo en cualquier momento y entonces ahí si se terminaría cualquier posibilidad de que recuperes a Candy, ella jamás separaría a un hijo de su padre.
Muriendo de la vergüenza tuvo que aclarar las dudas de la matriarca.
—Poco antes de que ella se fuera de África yo me ofrecí a participar en una misión de rescate de algunos animales de la reserva en la que trabajábamos y la noche anterior a mi partida no pudimos… no pudimos…
Se le atascaban las palabras en su boca, no podía continuar con esa conversación, pero se lo tenía merecido, así que con un rostro teñido en rojo se armó de valor para hablar de su vida sexual en frente de la anciana.
—No pudimos hacer "nada"… porque ella se encontraba indispuesta, por cuestiones femeninas que recién comenzaba algunos días antes. Después no la volví a ver. Por eso estoy seguro.
Elroy sólo abrió grandemente los ojos mientras que con el abanico que siempre sostenía en sus manos comenzaba a soplarse, también moría de la pena al escuchar cuestiones tan íntimas de su sobrino, pero dada las circunstancias ella necesitaba la seguridad de que no intentarían chantajearlo con un hijo. Gracias a Dios la encontró en cada palabra que salió de la boca de su avergonzado sobrino así que dando un suspiro de tranquilidad dijo.
—Bueno… menos mal. Ahora puedo descansar por ese lado, pero aún hay cosas que me preocupan hijo. No sabemos cuál puede ser la reacción de ella.
—No la entiendo tía. Ya le conté que ella lo tomó tranquilamente.
—Hijo… imagino que esa muchacha ha de haber tenido buenas cualidades para que te hayas fijado en ella, pero eso fue hace varios años atrás, no sabes si pudo cambiar. Ninguna mujer se queda conforme ante un rechazo de esa magnitud. Ahora hay que agregar que es una mujer despechada, no va a quedarse tranquila así de fácil porque la cambiaron por otra. Y dado su comportamiento me queda clarísimo que no tiene la menor idea de lo que significa la palabra decencia. Yo no puedo disculpar tu comportamiento aunque te apoye y crea en tu arrepentimiento, pero ella jamás debió entrometerse en la vida de un hombre comprometido William, eso habla de una mujer encaprichada contigo, manipuladora, sin escrúpulos, acostumbrada a ganar y capaz de hacer lo que necesite para tenerte de nuevo a su lado. Así que hay que ser precavidos, por favor pide a George que en cuanto lo crea pertinente disponga una guardia para Candy, pero necesito la mayor discreción hijo porque con lo orgullosa que es los despacharía a todos en cuanto los vea. Necesito que esté protegida por cualquier cosa, una mujer despreciada puede ser muy peligrosa. Creo que puedo estar casi segura de que no haría nada en contra tuya, pero no puedo decir lo mismo con respecto a Candy.
Los ojos de Albert cambiaron inmediatamente a unos de preocupación. No había pensado que todo eso pudiera traer como consecuencia algún tipo de venganza por parte de Nicolette. No se perdonaría que por su culpa algo malo llegara a pasarle a su pequeña.
—Tiene toda la razón tía. Mañana mismo me encargo personalmente del asunto. Le diré a George que pase a dos de mis guardias al cuidado de Candy.
—Muy bien William pero no quedes tan descubierto.
—No se preocupe por eso tía. George piensa que jamás me doy cuenta pero siempre me siguen seis guardaespaldas, creo que con cuatro que me quede es más que suficiente.
—Sé que no debería decirte estas cosas porque Candy confió en mi, pero creo que no hago daño con hacerlo, al contrario. Pues bueno…a pesar de que ella esta terriblemente dolida y desencantada, la verdad es que te sigue amando.
En ese momento a Albert le inyectaron una dosis de esperanza al cáncer terminal que estaba padeciendo su corazón y un pequeño brillo se proyectó en sus ojos. La matriarca al notarlo inmediatamente le dijo.
—No, no, no, ni te emociones William porque no la tienes nada fácil.
—Ya lo sé tía. Estos tres días he tratado de hablar con ella pero me está evitando.
—No William, se está comportando como toda una dama. Se está dando su lugar.
—Ay tía… yo necesito que me escuche. ¿Cómo voy a ganarme su perdón y su amor de nuevo si no puedo acercarme a ella?.
—Es que su orgullo y su dignidad no la dejan hijo, es natural. Por el momento la distancia entre ustedes le está sirviendo para poner cada cosa en su lugar. Por mi parte le he dicho que estás sumamente arrepentido y que la amas, que sería prudente y sano que cuando se calme te permita hablar con ella.
—Y ¿aceptó…?— dijo con sus ojitos llenos de esperanza—
—Obviamente que no hijo.
Entonces resignado pero fiel a sus convicciones expresó.
—Ay tía… llevo tres noches sintiendo que la perdí y sacando fuerzas de la nada para recuperarme y seguir, tengo que ser fuerte para aguantar cada uno de los desplantes que sé que vendrán, pero sé que esa mujer tendrá que escucharme tarde o temprano o me dejo de llamar William Albert Andrew. No puedo perderla. No de nuevo.
—Bueno hijo pues que bien que te sientas optimista porque la otra cosa que quiero comentarte es que Candy me platicó que tiene un nuevo amigo.
En ese justo momento Albert recordó la descripción que George tan amablemente le hizo del moreno y sintió como su hígado se picaba en pedacitos mientras que un dolor en el estómago amenazaba con hacerlo explotar.
—Si ya lo sé… — dijo despectivamente y con cara de palo—
"Te mueves rápido...Punto para William" – pensaba la viejita—
—¿Ah sí..? – Habló con curiosidad—
Entonces haciendo un exagerado y caricaturesco ademán con su mano comenzó a describir al imperfecto.
—Sí. Se llama Jonathan Kingsford. Es pediatra, nuevo en el hospital y trae locas a todas las mujeres al parecer, bueno según las referencias que me dio George. También sé que pertenece a la sociedad pero nùnca había escuchado de él – Mencionó evidentemente molesto—
Elroy nada más se acomodó en su lugar y se aclaró la garganta.
—Hijo como vas a escuchar de él si casi no asistes a los eventos sociales. Pero déjame ponerte al corriente. Este joven es hijo de Anabel y Eduard Kingsford. Ellos dominan prácticamente la industria textil en nuestro país. Tienen tres hijos, todos son un buen partido, pero Jonathan en particular se distingue por ser… — La matriarca hizo una pausa ya no hallaba la forma de decirle que era su competencia—
La paciencia de Albert últimamente no era su fuerte cuando se trataba de éste sujeto, parecía que solo escuchar su nombre lo irritaba, así que presionó a su tía.
—Jonathan se distingue por ser…¿Qué tía?
Entonces la matriarca le soltó la característica que podría llamar más la atención de Candy.
—Pues bien hijo, lo que intento decir, es que aunque Jonathan es muy asediado por las mujeres de nuestro circulo se distingue por ser incasable como tú, ya que es bien sabido que no le agradan los convencionalismos de nuestra época y por lo tanto no ha existido aún la "dama de sociedad" que le quite su soltería. Bueno eso sin mencionar que es un muchacho muy atractivo, pero júralo que en cuento la encuentre sin pensarlo dos veces se casa.
Albert ya se estaba cansando de escuchar ese nombre tantas veces en la misma tarde y que todos lo refirieran como "muy atractivo" o "Arrebatadoramente guapo" como mencionó George. Así que entornó sus ojos y sarcásticamente se dirigió a su tía.
—Si es "Todo un modelo", ya lo sé tía
—William no seas engreído sólo te estoy diciendo la verdad. Ese muchacho puede ser muy peligroso para ti. ¡Entiende por Dios que está interesado en Candy! – Dijo una tía abuela un tanto irritada por los evidentes celos de su sobrino—
—Le voy a repetir lo que le dije a George tía: No voy a permitir que un "doctorcito modelo" que juega a la caridad venga y me la quite. Ella tiene que ser mi esposa. Así debióhaber sido siempre. – Dijo seguro de cada una de sus palabras y mirando fijamente a los ojos de su anciana tía—
—Pues es bueno escucharlo hijo porque no dudo que ese muchacho aparte de inteligente sea muy hábil, recién conoce a Candy y ya platicaron, además le ofreció su amistad. No quisiera que la enamorara y la perdiéramos hijo. Ya sabes que la naturaleza de Candy es encantadora, ella es dulce, compasiva, espontánea, sincera y realmente hermosa, cualquier caballero se enamoraría de ella.
—Lo sé tía.
—Y ¿Qué piensas hacer?
—Por lo pronto ya mandé al periódico la nota de que rechacé cualquier relación de negocios con Nicolette y su familia, para que todo Chicago se entere que no pretendo establecer ningún tipo de contacto con ellos. Lo segundo que tengo que hacer es lograr que me escuche. Necesito pedirle perdón y una segunda oportunidad. Decirle que la amo con toda el alma y que no puedo seguir sin ella.
—Eso me parece correcto. En cuanto a lo otro lo que yo puedo ofrecerte es retenerla conmigo el mayor tiempo posible cuando venga a verme para que se encuentren y con el paso de los días termine por acceder a escucharte.
—Haría usted eso por mi tía…?
—¡Por Dios William!. Sé que tu comportamiento fue completamente censurable, que si tus padres siguieran vivos te habrían echado de la mansión hace tres días, pero eres mi familia y sé que realmente la amas y que ya no existirán más dudas, entonces en lo que pueda siempre te apoyaré.
—Gracias tía.
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Era Domingo y como Jonathan le había dicho un automóvil (con la que suponía era la insignia de la familia Kingsford) llegaba a su edificio a medio día. Candy bajó e inmediatamente el chofer abrió la puerta para ayudarla a subir, pero ella se detuvo y le entregó un pequeño sobre para el médico, luego agradeció al buen hombre pero le dijo que no podría llevarla.
En otra parte de la ciudad, en una lujosa mansión (digna de una familia de abolengo y sociedad) una pequeña recepción estaba por comenzar. La familia Kingsford se encontraba reunida. Anabel y Eduard junto a sus tres guapísimos y cotizados hijos recibían con gusto la presencia de algunos familiares y amigos más cercanos. Todos habían llegado puntualmente, cuando a lo lejos un guapo médico pudo divisar que uno de los automóviles de la familia aparecía por el gran portal de la entrada. Su decepción fue mucha al notar que el chofer bajaba y le hacía entrega de una pequeña pero significativa nota. Se apartó un poco y se dirigió al jardín, se sentó en una de las bancas del mismo y comenzó a leer:
"Jonathan: Lamento mucho no poder aceptar la invitación que tan amablemente me extendieron tanto tus padres como tú, espero no tomes a mal mis palabras, pero no me pareció prudente asistir. Sé que acabamos de comenzar una amistad, pero como te comenté yo recién rompí un compromiso y necesito tiempo para mi, aún no estoy lista para que me relacionen con alguien más ya que podría prestarse a malas interpretaciones. Mi amistad sigue en pie. Te agradezco inmensamente la atención pero iniciemos esta amistad a un paso más lento. Espero que tu bienvenida esté llena de felicidad. Saludos cordiales. Candice White".
En ese momento Eduard se acercaba a su hijo más pequeño. Se sentó junto a él y le preguntó:
—¿Te dijo la razón por la cual no vino hijo?
—Es complicado padre. –Dijo un poco decepcionado mientras sostenía la pequeña nota entre sus manos—
—Si me explicaras podría aconsejarte… —Le contestó amorosamente—
Jonathan solo suspiró y le dijo a su padre.
—Ella acaba de romper su compromiso hace unos días y no creé prudente que la relacionen tan pronto con alguien más y me dice que necesita tiempo para ella.
Eduard Kingsford jamás había visto a su hijo tan interesado en ninguna dama, así que tratò de aconsejarlo de la mejor manera posible porque parecía muy importante para él.
—Pareciera que te has enamorado hijo.
Eduard se le quedó mirando a su padre.
—No lo sé padre porque tengo dos días de conocerla. Sólo sé que Candy es la criatura más hermosa que he visto en mi vida y que tengo esta necesidad de pasar todo el tiempo que pueda con ella. Creo que si esto no es amor va en camino para serlo.
—Pues si realmente estás interesado en ella debes ser paciente. Ella ha sido muy clara al decirte que no está lista. Romper un compromiso no es cualquier cosa, debió estar muy enamorada, pero puedes mantener una amistad con ella y el tiempo decidirá si deben estar juntos. Sabes que tanto tu madre como yo apoyaremos cualquier decisión que tomes.
—¿No te preocupa lo que pueda pensar la sociedad padre?
—Lo dices porque Candy es huérfana…
—Sí.
—Mira hijo…ayer tu madre y yo estuvimos platicando de lo animado que te ves por ella y concordamos en que es la primera ocasión que te pasa algo así, pero creo que te equivocas al pensar que podríamos oponernos a una relación si está basada en el amor. Te olvidas que tu madre quedó huérfana de padres cuando era una pequeña niña y que fue criada por un familiar lejano. A mí eso jamás me importó y por esa misma razón no te haría pasar por todos los obstáculos que yo tuve que enfrentar para estar junto a ella. A los dos nos importa tu felicidad por sobre todas las cosas y si ella lo es pues que murmure todo Chicago si quiere, el que va a vivir y ser feliz con ella eres tú no la sociedad. –Dijo Eduard mirando fijamente los impresionados ojos grises de su hijo—
—Gracias Padre.
—No tienes por qué darme las gracias, soy tu padre, te amo y mal haría en no apoyarte, pero anda mejor cambia esa cara y cuéntame más de ella, porque para que una mujer te impresione ha de ser especial.
Entonces a Jonathan se le iluminó la mirada al recordar a su recién adquirido tormento pecoso.
—Ay padre…ella es…ella es diferente. Físicamente es hermosa, es pequeña poco menos que mi madre, de complexión delgada, tiene un bellísimo y largo cabello rubio rizado, de delicadas facciones, una naricita respingada con graciosas pecas que se mueven cuando habla y unos grandes y expresivos ojos de un color verde tan intenso que me hipnotizan, pero si como su belleza no fuera suficiente es completamente espontánea, sincera, dulce, tierna, compasiva, lo pude notar ayer cuando la vi como trataba a un pequeño bebé en los cuneros padre, además es entregada a su trabajo, y por lo que me cuenta su vida no ha sido fácil pero su carácter es fuerte y decidido, es en mi concepto todo lo que podría pedirle a la vida.
Eduard Kingsford no pudo reprimir una sonrisa al tiempo que le daba unas palmadas en su espalda.
—Lo bueno es que no fue amor a primera vista hijo.
—No sé padre… no sé. Creo que comienzo a admirarla, ella es diferente a todas las mujeres que he conocido.
—Gánate su amistad desinteresadamente y después su corazón. Esa es la fórmula hijo.
—¿En serio padre? – Dijo sinceramente Jonathan—
—Bueno…a mi me sirvió con tu madre. –Mostrando una amplia sonrisa—
—Tendré que ir a su ritmo padre. Tengo el presentimiento de que todo esto vale la pena.
—Bueno pues que así sea hijo, ahora vamos a reunirnos con los demás que ya han de estar preocupados por nuestra ausencia.
En otra parte de Chicago era de tarde y Candy había salido, su alacena estaba vacía y necesitaba alimentos. Iba caminando pero se detuvo a comprar el periódico. Había retomado la costumbre apenas unas semanas atrás. Llegó a su departamento y dejó las bolsas con los víveres en la cocina. Se sentó en la sala y mientras descansaba tomando una copa de vino blanco decidió leer el periódico, se encontraba en esa tarea cuando observó una gran nota en la segunda plana que decía:
"El excéntrico millonario William Albert Andrew rechaza asociación con Nicolette Lobel la bella hija del magnate de la metalurgia europea Dandrè Lobel"
Una foto de la pelirroja se encontraba como imagen de la nota. Candy no pudo evitar derramar una lágrima al mirar nuevamente el rostro de aquella mujer y negando con la cabeza mientras arrugaba el periódico con sus pequeñas manos se repetía: "Ay William…William… que voy a hacer contigo…"
Continuará...
