El Niño de la Profecía
Capítulo 19
El día había llegado. Deidara vio los indicios del sol asomándose por la ventana. Kariko estaba a su lado, aún dormida recargada en el pecho de él. Por un momento entendió el deseo del maestro Sasori por crear arte que superara el tiempo; quería poder tener a Kariko segura y tranquila en sus brazos para siempre. Pero comprendía que aferrarse a ello sería perderse de las sonrisas y pucheros de enojo que ella expresaba cuando hablaba con él. Sabía que el estar consciente de la eventual muerte de ambos era lo que daba valor a sus momentos con vida.
Besó la frente de Kariko lo mas suavemente que pudo para no despertarla. Le consolaba el saber que al menos había expresado todo lo que sentía por ella con la mayor intensidad posible, y ella se había entregado a él plenamente durante esa última noche.
Desde el día que se conocieron hasta entonces su relación había sido extraña, complicada, pasional y llena de emociones. Sin duda podía llamarlo algo explosivo. Anoche había sido la explosión final y ahora se sentía como si el humo se dispersara.
Jamás sintió tanta tristeza al ver una detonación terminar.
Kariko abrió los ojos al sentir la luz en ellos, aún adormilada y desorientada. A su mente le tomó un momento recordar la situación en que estaba, y cuando miró arriba para ver si Deidara aún dormía lo encontró con un brazo cubriendo sus ojos y los dientes rechinados tratando de ahogar la angustia.
Sin decir nada, la chica lo abrazó más fuerte y le dio el tiempo necesario para desahogarse.
–¿Por qué? ¿Por qué soy el único? ¿Cómo puedes estar tan tranquila con esto, h´n?–
–Prefiero ser yo a que sea alguien más. Ya he perdido demasiado.– dijo Kariko completamente en paz. Quizás seguía adormilada o quizás ya no le quedaban arrepentimientos después de haber pasado la noche con Deidara, no estaba segura.
–Podríamos haber escapado juntos, h´n. Te debería de secuestrar ahora.–
–Sabes que si haces eso no te lo perdonaría.– respondió ella haciendo un puchero y tocando con un dedo la punta de la nariz de Deidara.
–Eres una tonta, h´n.– rió Deidara, tratando de hacer a un lado su molestia.
–Lo sé. Lo siento.–
Deidara se colocó sobre ella, dando un buen vistazo a ese rostro que no volvería a ver. Sintió su propio cuerpo estremecerse con la intensa mezcla de emociones que sentía. Podía ver que Kariko estaba embelesada, perdida en sus ojos. Tenía la certeza de que ella lo deseaba tanto como él a ella, lo cual hacía más incomprensible como podía seguir con el plan de sacrificarse. Ella podría tenerlo si quisiera, él sería más que feliz de complacerla en todo. ¿Por qué tenía que ser tan terca? ¿Y por qué esa terquedad le gustaba tanto?
El también era bastante terco, así que insistiría una vez más y le mostraría de lo que se perdería.
Decidido esto, agachó la cabeza y besó sus labios apasionadamente. Kariko lo recibió rodeando su cuello con su brazos, acercándolo lo más posible. Deidara sonrió y continuó besandola, la tenía justo donde quería. Movió su manos por la espalda de la chica, bajando hasta su cintura y eventualmente sus piernas. Ella enterró sus dedos en el cabello rubio de Deidara, suspirando mientras él pasaba a besarla en el cuello.
–No puedes irte. No puedes dejarme, h´n.– murmuró él en un tono bajo.
–Dei…–
–No.– interrumpió él, silenciándola con sus labios.
Kariko recientemente había descubierto que en manos de Deidara ella se volvía como arcilla: completamente bajo su control. Y que él entregaba suma atención, cuidado y pasión a cada movimiento de sus manos al tocarla.
También descubrió lo creativo que él podía ser con las lenguas en sus manos, y que ya no le parecían desagradables.
No había parte de su piel que él descuidara y Kariko sentía cada rincón de su cuerpo estremecerse.
El sol se sentía cada vez más alto y ella temió por lo que pasaría si dejaba esto continuar por más tiempo.
–Apenas y me has dejado descansar. ¿Así cómo voy a abrir el portal?– cuestionó ella tratando de recuperar el control de la situación y apartó gentilmente a Deidara con sus manos.
–Quizás es parte de mi plan, h´n.–
–Yo no lo creo.– rió ella y se sentó.
–Vamos, solo un rato más, h´n.– pidió él rozando sus mejillas con sus labios, Kariko le dio un rápido beso y se movió a la orilla de la cama.
–Si seguimos así nunca vamos a parar. Ichiru y Naruto se despertarán en cualquier momento y no quiero que nos encuentren así.–
–¿Por qué no? Si somos una pareja muy atractiva, h´n.–
Kariko rió y golpeó a Deidara con una almohada. Cuando ella se levantó para levantar su ropa e ir al baño, Deidara soltó un bufido de molestia. Su última oportunidad se había ido.
Mientras ella se duchaba, Deidara se vistió y salió de la habitación. Si tanto le preocupaba a Kariko que Ichiru y Naruto supieran lo que pasó, entonces iría donde ellos para fingir haber dormido ahí.
Casi llegando al otro cuarto notó a Ichiru en el pasillo con un vaso de café en la mano.
–¿Cuánto tiempo llevas ahi, h´n?– preguntó Deidara acercándose.
–Apenas me levanté. Quería hablar contigo antes que Naruto despierte.– respondió el chico de Suna, inusualmente serio.
–Dime, h´n.–
–¿Tuvo Kariko la oportunidad de hablar contigo?– cuestionó Ichiru, omitiendo a propósito lo que sospechaba que ellos habían hecho fuera de conversar.
–Un poco. ¿Hay algo que tuviera que decirme, h´n?–
Ichiru agachó la mirada. Odiaba meterse en los asuntos privados de sus amigos, pero esto le parecía demasiado triste como para dejarlo así.
–Esperaba que te pidiera que te quedes con ella.– admitió Ichiru sorprendiendo a Deidara. –No me parece justo que pierda a sus dos amores tan pronto uno después del otro.–
Deidara apretó los labios y desvió la mirada. Estaba consciente que ni Ichiru ni Naruto sabían lo que le pasaría a Kariko tras abrir el portal. De Naruto podía esperar que quisiera buscar otra manera de abrir el portal o que quisiera luchar contra Akatsuki ahi mismo, cosas a las que Kariko se opondría fuertemente. Pero de Ichiru no sabía que esperar, incluso era sorprendente el solo hecho que apoyara su relación con Kariko en vez de condenarla en apoyo a Kazuki.
–¿Hay algo que deba saber?– cuestionó Ichiru percatándose de lo dudoso que Deidara se encontraba. –¿Acaso ya la rechazaste?–
–Es más como que ella me rechazó a mi, h´n.– fue lo único que se le ocurrió decir para revelar solo lo suficiente. Ichiru se quedó boquiabierto.
–Pero si ustedes acaban de… ella no sería tan cruel… no entiendo.–
–Yo tampoco lo entiendo, h´n.– admitió Deidara.
Ichiru bajó los hombros y suspiró.
–No pensé que ella fuera una mujer tan voluble. Espero que no se arrepienta después.–
–Kariko no es voluble, es testaruda. Y no hay manera en que pueda arrepentirse de esto, h´n.–
Ichiru alzó una ceja desconcertado. Deidara abrió la puerta para entrar a la habitación donde Naruto dormía.
–Voy a darme un baño, h´n.–
–Si, lo necesitas.– quiso bromear Ichiru pero no le salió el tono, la duda de lo que pasaba con Kariko opacaba su actitud normal.
Ichiru bebió su café en el pasillo, aprovechando la calma y quietud de la madrugada para pensar.
Al cabo de media hora escuchó a Deidara despertar a Naruto, las quejas del chico de Konoha y la consecuente discusión entre ambos. Preocupado y sin humor de tratar con ellos en ese momento, decidió revisar cómo estaba Kariko.
Kariko tardó mucho más de lo normal en la ducha. Poco después de abrir la llave del agua escuchó pasos y la puerta del cuarto cerrarse. Sin Deidara en la habitación, ésta era la primera vez en días que podía estar sola y desahogarse.
En unas horas ella moriría. Cualquier rastro de tristeza o dolor tenía que irse ahi mismo con el agua.
Si bien había hecho la paz con su sacrificio, aún quedaban los naturales indicios de miedo. Frente a sus amigos intentaba ser fuerte, en especial Deidara que no aceptaba del todo los hechos y hacía lo posible por hacerla olvidarse de todo. Le daba culpa no ser honesta con Ichiru y Naruto, así como también aprovecharse de Deidara para sentirse mejor. Eso sin mencionar todo el fiasco con el pobre Kazuki.
Aunque veía su sacrificio como una forma de redimirse, su cuerpo temblaba a veces al pensar en lo que vendría.
–Naruto y Deidara podrán prevenir la guerra.– murmuró para si misma, tal como lo hacía en su mente cada vez que la invadían los pensamientos negativos –Salvarás a tu pueblo, a Kazuki, a los padres de Ichiru… a mamá. A papá.–
Tal vez la nueva versión de ella que surgiría de el cambio temporal no conocería a Naruto, Kazuki o Ichiru, y le diferencia de edad haría que definitivamente no se enamorara de Deidara otra vez. Pero quizás todos serían más felices con los muchos otros seres queridos que vivirían.
Con este consuelo, Kariko terminó su ducha que ya no sabía cuánto duró y salió del baño. Como supuso, Deidara ya no estaba ahí.
Kariko se sentó en la cama y miró con una sonrisa el lado en que Deidara había dormido. Por más errores que ella hubiera cometido, había alguien que la quería.
Fue entonces que Ichiru tocó su puerta.
Cuando Kariko abrió, Ichiru inmediatamente se percató que ella tenía los ojos algo hinchados.
–¿Estuviste llorando? Ese Deidara me mintió. El te rechazó ¿verdad?–
–¿Qué? No. No estuve llorando por eso. Si acaso yo fui quien lo rechazó a él.–
–Eso mismo me dijo él, pero llevo un buen rato pensando y no lo comprendo.–
–Quiere quedarse, pero no puedo permitirlo.–
–¿Por qué no?– Ichiru apuntó a la cama aún deshecha –Me parece que se llevan bastante bien.–
–El no pertenece aquí.–
–La gente pertenece en donde los quieran. ¿Que tú no lo quieres?–
–Claro que sí, pero…–
–Kariko, me estás matando. ¿Por qué te niegas la posibilidad de ser feliz? ¿Es por Kazuki? ¿Te estas intentando castigar por eso?–
Ella no pudo decir nada. De alguna manera Ichiru dio justo en el clavo. Al verla sentarse con la mirada agachada, Ichiru supo que tan correcto estaba.
–Es eso, y otras cosas más.– admitió Kariko.
Ichiru sintió como si se le fuera el alma del cuerpo.
–Luego de que mis padres murieran en la guerra, yo no quise trabajar en equipo con nadie. Me asignaron a mi sensei por que él era el único jounin que alegaba tener paciencia para solo un aprendiz a la vez. Kazuki fue mi primer y mejor amigo, su muerte siempre me va a doler. Pero Kariko, tú eres mi segunda amiga y quiero que seas feliz. Estamos en medio de una guerra, debemos aferrarnos a cualquier pequeña felicidad tengamos. Debemos tener esperanzas para el futuro.–
Esperanzas para el futuro. Lo único que Kariko no podía tener.
–Lo sé Ichiru. Tú siempre has sido mi mejor amigo y también quiero que seas feliz algún día sin importar que. Nunca lo olvides.–
Kariko lo abrazó y fue entonces que algo hizo click en la cabeza de Ichiru.
Naruto llamó a la puerta así que Kariko fue a abrir, dejando a Ichiru armando las piezas del rompecabezas en su mente.
–Ya que estamos todos despiertos, busquemos algo que desayunar.– propuso Naruto alegremente ajeno a todo el drama que los otros tres tenían. Era algo refrescante para los presentes.
–Si, me muero de hambre.– concordó Kariko. Ichiru notó el breve segundo en que Deidara apretó los labios, confirmando las teorías que el ninja de Suna elaboró en minutos.
Ichiru extendió el brazo con la intención de alcanzar a Kariko y pedir otro momento a solas, pero al verla sonreír en dirección a Naruto y la manera en que Deidara la miraba, supo finalmente qué secretos ocultaba y por qué.
Dado que la posada era de bajo precio no ofrecía desayunos, así que fueron a comer a un local pequeño que ofrecía platillos sencillos y económicos.
–Cuando regrese a la Konoha de mi tiempo, lo primero que haré será comer un enorme tazón de ramen.– proclamó Naruto y tomó un bocado de arroz.
–Acordamos que lo primero que vas a hacer cuando vuelvas será salvar a los padres de Kazuki. Anoche te lo repetí una y otra y otra vez.– reclamó Ichiru.
–Necesito un estómago lleno para poder salvarlos.–
–¿Siquiera recuerdas las fechas y lugares que te di?– cuestionó el marionetista.
–Konoha, Suna y la granja de Kariko. Es fácil.– alegó Naruto, Ichiru suspiró.
–Puse una lista en tu mochila por si acaso. Por favor no la pierdas.–
–Momento ¿por qué va él a la granja? Si el que conoce a los padres de Kariko soy yo, h´n.–
–Por que tú siempre haces lo que quieres. Naruto es más confiable.–
–Soy muy confiable. Nunca fallé una misión. H'n.–
–Abandonaste tu aldea y te volviste mercenario.– señaló Kariko.
–Y solo los mercenarios confiables consiguen trabajos, h´n.–
Un hombre entró corriendo al local, visiblemente mortificado.
–Todos paguen rápido y vayan a sus casas. Hay ninjas de Akatsuki en la entrada del pueblo.–
Los jóvenes ninja y Kariko se miraron entre sí pensando lo mismo, tenían que apresurar sus planes. El resto de los comensales dejaron dinero sobre las mesas, agarraron sus cosas y se fueron de manera rápida pero tratando de mantener una apariencia prudente. Esto resultó ideal para los jóvenes ya que pudieron mezclarse con las multitudes que salían de los negocios locales.
Ichiru rápidamente tomó comando de la situación, haciendo señas con su mano al resto para que lo siguieran. Se movieron por los callejones y partes traseras de edificios con rumbo hacia el bosque.
Desde donde estaban pudieron escuchar gritos de mujeres y madera rompiéndose. Naruto se detuvo y miró atrás, preocupado por el destino de los pueblerinos si los dejaban así.
–Apresúrate, h´n.– ordenó Deidara al darse cuenta que el ninja de Konoha se quedaba lejos.
–Deberíamos ayudar.– dijo Naruto apretando los puños. Kariko se acercó a él.
–La mejor ayuda que podemos darles es regresarte a tu época.–
–Pero ellos estan sufriendo ahora por mi culpa.–
–No me hagas noquearte, h´n.– gruñó Deidara harto de todo. Kariko puso sus manos en ambos hombros de Naruto y lo miró fijamente, con honestidad y sin ánimos de reprenderlo.
–Nadie sabe con certeza como funciona todo este asunto del viaje temporal. Que harás o que desharás. Si algo va a cambiar siquiera. Pero esta es nuestra mejor apuesta para salvar a la mayor cantidad de gente posible. Por favor.–
Naruto inhaló y exhaló profundamente, deseando que el aire pudiera llevarse sus frustraciones.
–Si te hace sentir mejor, yo mismo regresaré al pueblo a ayudar una vez que ustedes se hayan ido.– prometió Ichiru.
–¿Tu solo?– cuestionó Naruto. Kariko y Deidara se miraron entre sí. Ichiru solo sonrió.
–Conmigo es más que suficiente. Ahora vamos, antes que nos descubran.–
Naruto echó un último vistazo atrás y continuó el camino con sus amigos.
En cuanto salieron del pueblo y se adentraron al bosque los muchachos pudieron apresurar el paso. La tensión en el ambiente entre ellos también aumentó, aunque cada quien por un motivo diferente.
Estaban enfocados en su meta y la veían tan cerca que apenas y notaron una decena de kunais volando hacia ellos. Pudieron esquivar a tiempo, Kariko siendo ayudada por Deidara que estaba más cerca de ella, pero estaban desconcertados por que cada uno había venido de una dirección distinta.
–¿Esos son… kunais de papel?– analizó Ichiru viendo el más cercano a él, cosa que alteró al ex miembro de Akatsuki.
–¡Kariko, cúbrenos, h´n!– ordenó Deidara y la chica creó una barrera sin chistar, efectivamente bloqueando una lluvia de shurikens, kunais y navajas hechas de papel que vinieron de todos ángulos.
–¿Qué rayos es esto?– preguntó Naruto, acercándose a sus camaradas para todos cubrirse las espaldas. Aún había centenas de piezas de papel flotando por encima de ellos, esperando el momento que la barrera se abriera para poder atacarlos. Una sombra pasó por encima de ellos y vieron a una mujer con alas de papel posicionarse sobre las ramas de un árbol cercano.
–Konan, h´n.– gruñó Deidara maldiciendo su suerte. –Es la mano derecha del líder de Akatsuki.–
–Lo que nos faltaba.– se quejó Ichiru.
–Deidara, esta es tu oportunidad de redimirte ante nuestro líder.– habló Konan con la monotonía que la caracterizaba. –Entrega al nueve colas y todo será perdonado.–
Ichiru dirigió la mirada al rubio, preocupado que Deidara quisiera sacrificar a Naruto con tal de conservar a Kariko. Sin Naruto no había viaje en el tiempo y no había riesgo.
Por su parte, Naruto nunca desvió la mirada de Konan. El no estaba al tanto de toda la situación y había llegado a confiar en Deidara basado en sus acciones hasta entonces. Si hubiera querido entregarlo lo habría hecho desde lo de Kisame.
Kariko simplemente pensó que si a Deidara se le ocurría una tontería iba a golpearlo.
Deidara soltó un bufido en burla.
–Yo no tengo nada por que redimirme. Yo hago lo que quiera, h´n.–
Konan entrecerró los ojos ligeramente, la única y sutil señal de que estaba molesta.
–Deidara, por favor dime que sabes qué técnicas usa esta mujer.– preguntó el marionetista. Deidara negó con la cabeza.
–Nunca la vi a ella ni al líder en combate, h´n. Solo sé que usa papel.–
Ichiru tragó saliva. Este era uno de los peores escenarios que había considerado y el plan que tenía para salir de ello no le era del todo agradable.
–Kariko, déjame pasar algo de mi chakra por tu barrera y después sigan corriendo. Yo me encargaré de esto.–
–Ichiru no. No podemos dejarte solo.– negó su amiga.
–Sabes que es nuestra mejor oportunidad. No discutas y sigue con el plan.–
–¡No puedes sacrificarte igual que Kazuki!– reclamó Naruto e Ichiru sonrió para tranquilizarlo.
–Kazuki era más valiente que yo, así que tranquilo. Solo les daré algo de tiempo y huiré.–
–Decir el plan frente al enemigo, brillante h´n.–
–Meh, igual era obvio.– Ichiru se alzó de hombros despreocupado.
Kariko le extendió una mano a Ichiru. El la tomó y sonrió a su amiga sabiendo que sería la última vez.
–Nos vemos del otro lado.– fue la despedida que dio Ichiru a Kariko. Entonces ella supo que él sabía cual sería su destino. El destino de ambos.
Una sonrisa se esbozó en los labios de Kariko a la vez que un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. A final de cuentas los tres estarían juntos.
Cerrando sus ojos Ichiru traspasó su chakra eléctrico hacia ella, provocando así que de la barrera saliera una gran descarga que quemó el papel flotando sobre ellos y cegó a Konan por un momento.
–¡Ahora!– indicó Ichiru al resto quienes se echaron a correr.
Konan envió papeles volando al azar pero Ichiru liberó sus dos marionetas para cortar el papel con una y atrapar a Konan con la otra.
El ninja de Suna envió una corriente eléctrica hacia la marioneta donde aprisionó a la mujer pero no escuchó sus gritos.
En cambio vio como pedazos pequeños de papel escapaban de las ranuras de la marioneta lentamente.
–Rayos.– se quejó el muchacho tratando de pensar en una manera de evitar que el papel escapara, ya que estaba saliendo cada vez más rápido de lo que su otra marioneta podía cortarlo y seguir mandando electricidad era un desperdicio de chakra.
Fue entonces que llegaron varios clones de Naruto. Unos corrieron a tapar los agujeros con sus manos y otros a cortar el resto del papel.
–¿Qué hacen aquí?– preguntó Ichiru en una mezcla de alivio y molestia que era rara hasta para él.
–El original sigue yendo al templo, pero no podía dejarte solo.– respondió uno de los clones.
Los papeles que habían sido cortados se levantaron del suelo y tomando la forma de agujas se clavaron sobre Ichiru y varios de los clones que no alcanzaron a moverse.
Ichiru aguantó el dolor con una sonrisa burlona.
–¿Crees que unas cortaditas con papel harán que te suelte?–
–¡Ichiru, cuidado!– advirtió un clon corriendo a la espalda de Ichiru, donde un sello explosivo n se había pegado, pero no llegó a tiempo para quitarlo y la explosión los golpeó a ambos.
El joven ninja de Suna cayó al suelo seriamente lastimado, ahora con una gran quemadura en su espalda, pero su marioneta seguía sin soltar a Konan.
–Más… tiempo…– murmuró tratando de darse fuerzas a sí mismo. Sus amigos y la vida de muchas personas dependían de esto.
Los pedazos de papel que quedaban salieron disparados varios metros en el aire y se juntaron para formar una enorme flecha y varias agujas más.
–¡Ichiru! ¡Levántate!– pidió un clon al marionetista, quien hizo el intento pero cayó de nuevo. Así que los clones se pusieron en círculo alrededor de él para protegerlo con sus cuerpos.
Los proyectiles de papel volaron hacia ellos, los clones se prepararon para el impacto cerrando los ojos pero en vez de ello sintieron una potente ola de calor.
Al abrir los ojos vieron una enorme flama consumiendo hasta el último pedazo de papel.
Sasuke Uchiha había llegado al campo de batalla.
