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Charlie Evans era… bueno, no había forma fácil de decirlo: Era un desastre. Leonard nunca se había sentido tan incómodo cercas de alguien, hasta que ese chiquillo beta se había inclinado sobre él, a respirar sobre su cuello buscando las diferencias de aroma entre Kirk y el doctor. El rubio no parecía preocupado porque el chico invadiera su espacio personal, o quizás esa no era la forma correcta de decirlo. No, más bien parecía que no tenía más remedio. Habían sido amigos por el tiempo suficiente para conocerse mutuamente, ambos sabían que estaban incomodos de las aproximaciones de Charlie, y de alguna manera los dos sabían que expresar en voz alta que estaban incomodos, no era apropiado.
La nueva nave de Kirk no se parecía en nada al Enterprise, Leonard quiso preguntar por la "chica" del rubio, pero prefirió no hacerlo. Si, habían sido amigos durante suficiente tiempo para conocerse, y mencionar el Enterprise los llevaría a ambos a pensar, sin duda, en Spock. Ese era un tema de conversación que el doctor prefería ignorar por ahora.
A bordo de la nave, rumbo a una base espacial de la Flota dedicada única y exclusivamente a la investigación reproductiva donde podría llevar su embarazo como "omega mayor"; Leonard McCoy se dedicó a estudiar un poco, ya que quedarse a solas con su amigo para conversar era, bueno, prácticamente imposible. Evans parecía pegado a Jim boy como si hubieran nacido siameses. El rubio era bueno disimulando lo mal que le sentaba tener al muchacho cercas, pero era obvio que a la primera oportunidad de perderlo, Kirk correría a la libertad. De cierto modo, a los ojos de un omega gestante, aquello era relativamente… adorable. Kirk parecía casi el padre cansado de un pequeño niño que exigía atención.
―No soy un niño― Leonard parpadeo, perdiendo el hilo de sus pensamientos. Charlie le miraba, con un gesto de adolescente disgustado, frotando el mango del cuchillo para carnes, lentamente con su dedo. Se relamió los delgados labios. ―, y Kirk no es mi padre.
¿Cómo es que ese chico pudo…? ¿Acababan de leerle la mente? Parpadeo sorprendido, y miró a Kirk. El rubio suspiro profundamente, frotando su cara con ambas manos, para luego mirar a Charlie, con un aire diplomático, casi como si estuviera acostumbrado a esas acciones del chico.
―Estoy seguro que el doctor no trato de ofenderte, Charlie. Es un hombre mayor, ellos piensan en todos los mejores que ellos por un par de años como niños, ¿no es así, Bones?
Leonard asintió, aun sorprendido. Charlie miro al rubio, luego al doctor, y finalmente a su vaso, donde el líquido reflejaba su rostro. Por algún motivo estaban siempre obligados a cenar los tres juntos, como si fueran cenas de gala y formales. No es que a Leonard le fastidiara comer en una mesa decente en lugar que a solas en su habitación, pero bueno. Tampoco estaba habituado a la pomposidad tan seguido.
―Prefiero que se refiera a mi como Charlie, doctor.
―De acuerdo, Charlie. Procuraré hacerlo.― Acordó, pero solo siguió comiendo.
Sin duda alguna, ese chiquillo había leído su mente, así que se esforzó por mantener su mente, en otra cosa. Pensó en la textura de la comida, en el sabor de la bebida, en la forma del cabello de Kirk, en cualquier cosa menos en salir de ahí con Kirk para saber que mierda estaba pasando con ese chico extraño. Comieron el plato fuerte, el postre, bebieron algo, y finalmente, Leonard se levantó. Se llevó una mano al vientre, y suspiro profundo. Una actuación bastante cliché de mujer embarazada, pero pareció que funcionó.
Kirk se levantó rápido, visiblemente preocupado por el mayor. Se acercó a este, sujetándolo con suavidad, como si Leonard fuera a desplomarse, de la cadera y del brazo. El rubio miró al chico, que parpadeaba estúpidamente, sorprendido. El doctor se preguntó si nunca había visto a un omega preñado o a un alfa cuidando del preñado.
―Acompañare al doctor a su habitación, son demasiadas cosas para un omega en su estado y de su edad.
―De acuerdo― Charlie asintió rápidamente, aun con esa mirada estúpida.
Por primera vez, desde que estuvieron a bordo de esa nave, Leonard y Kirk estaban asolas. Claro, Kirk se veía genuinamente preocupado por el doctor, que se dejó asistir como si realmente le doliera algo. Una parte de él se incomodó que de verdad lo vieran como un omega delicado, pero prefirió ignorarlo. Quería hablar con su amigo.
Entraron a la habitación asignada a Leonard. Tenía una cama, con una luz ambiental propia, una separación con motivos de olas dividía una pequeña sala con su escritorio de la "habitación" formal. Leonard se sentó en el sillón donde Kirk le insistió, pero cuando el otro lo miro preocupado, como si viéndolo pudiera adivinar que le dolía, soltó, inevitablemente, una carcajada. No todos los días Kirk se portaba como un alfa protector con alguien. Era más del alfa de dormir con varias personas y no volver a hablarles nunca en su vida (a menos de que el acostón hubiera sido lo suficientemente memorable para repetirse). Kirk se mostró confundido.
Palmeo a su lado, como si nada pasara, Kirk seguía confundido, lo que le pareció realmente divertido ahora. Bueno, llevaban ya varios días en esa nave, no iba a desaprovechar esta oportunidad para hablar con el rubio, aun si estaba gozando de burlarse de él.
―Estoy bien, solo quería estar a solas contigo― Le dijo, riendo. ―, quería hablarte, pero no con tu amigo que lee la mente… porque, bueno, ¿me leyó la mente en la cena, cierto? Por favor, dime que no estoy loco.
Kirk cambió de semblante, se sentó a su lado. Si bien, en esos días había querido explicarte tanto a Leonard, Charlie había sido muy claro sobre qué pasaría si hablaban. Le había demostrado de forma muy eficiente lo que pasaría con sus amigos si él hablaba. Trago pesado, ¿qué podía hacer? Leonard tenía derecho, todo el derecho a saber.
―No lo estas― Susurró, como si fuera un secreto. Miró hacia la puerta, luego a Leonard de nuevo. ―. Me sacaron de prisión para ayudarlos con una maldita misión estúpida, o los chicos…
― ¿Prisión?
Se miraron en silencio. Kirk primero pensó que Leonard se burlaba de él, a su vez Leonard pensó que Kirk hacía lo mismo. Pronto se dieron cuenta de que no. Ningún estaba burlándose. Leonard nunca se había enterado que Jim Boy estuvo en la cárcel; Jim siempre creyó que él estuvo enterado desde el primer día. Leonard comenzó a pensar rápido. ¿No habían enviado a Kirk a una misión? Si, eso le habían dicho, una misión por el espacio, al borde del universo. Aventuras y todo el asunto… ¿Era mentira?
―Sí, Bones… estuve en prisión, me llevaron a un planeta prisión justo la noche que se realizó el juicio de Spock. No volví a verlo en realidad, yo… Creí que lo sabías.
―Dijeron que estabas en una muy importante misión… fuera, en el borde del universo… con los chicos, en el Enterprise…
James trago profundo. De repente Leonard se vio como un niño confundido. Estaba razonando que le mintieron, que los omegas en que confió mintieron. El rubio lamió sus labios, con sus grandes manos tomo las delgadas de Leonard, suavemente. Su amigo de verdad se veía afectado. Acarició gentilmente esa piel, hablando pausado.
En el fondo, Kirk sabía que le habían hecho algo a Leonard.
―Nos enviaron a todos a prisión, a los alfa, claro. No sé qué hicieron con los omegas… No sé qué hicieron con la Enterprise… Leonard, lo único que sabía es que no volveríamos, pero entonces enviaron a Charlie por mí, tengo una misión especial, o mataran a Sulu, Scott, y los demás…
― ¿Qué misión? ― Leonard susurro, atento. Kirk trago.
―Estoy aquí para matar a Spock.
.-.-.-.
-¿Ese es el planeta?- Spock miraba un plano, a bordo de una nave de la resistencia.
Desde que estaba ahí, vestía acorde al grupo. Unos pantalones negros que delineaban la forma de sus piernas abajo, arriba lo que alguna vez fue una túnica vulcana, sin costosa joyería tradicional, que permitía el movimiento libre para el combate, porque vaya que Spock se había vuelto un hombre de campo.
Su inteligencia mezclada con la valía temeraria de Liviana, habían dado como resultado que su nave fuera la mejor y más eficiente de la resistencia. Garrovick solía bromear sobre que eran estrellas de rock entre los alfas del mundo. Quizás tenía razón. Sus misiones siempre eran un éxito. Habían abordado y detenido casi 50 traslados de alfas a prisiones por cargos completamente ridículos, y liberado betas para experimentación en diversas ocasiones. En tres meses, sus nombres eran reconocidos en todo el espacio conocido. Spock y Liviana, el vulcano y la romulana.
―Así es― Liviana nunca escondió su interés romántico en Spock, así que solía pararse cercas de él, sonreír de modo cómplice, como si fueran amantes. Solo eran amigos.
Se inclinó sobre la consola, y señalo con su dedo la ruta que habían robado, conseguida de un infiltrado en la flota estelar. Acercó la imagen, y pudieron ver la nave de la flota, no era el Enterprise. Spock supo que seguramente el Enterprise no estaba en servicio, había demasiada evidencia de demasiadas cosas que a la flota no le convenía.
―Ahí va tu humano, hasta donde sabemos, lleva una escolta encabezada por Charles Evans.
―Eso es un problema― Garrovick se froto la nuca, mirando la pad donde estaba la cara de un chiquillo de ojos azules, visiblemente confundido al momento de haberse tomado la foto. ―. Todo lo que pudimos conseguir es que es considerado un beta de alta importancia, así que seguro es de tener cuidado.
Spock tomo gentilmente la pad, miró la cara del chiquillo. La devolvió. No le importaba si ese chico podía mover montañas con solo parpadear, él necesitaba de Leonard, saber de él, y sobretodo…
Y lo más importante, saber porque lo traicionó.
―Ese chico no es un problema.
―Me encanta cuando te pones así de rudo― Liviana dio una risita. En el fondo, deseaba a Spock para ella, pero sabía que no era el caso. El vulcano respiraba por aquel omega.
