En la parte trasera del restaurant nocturno Ras Raw.
—¡NO! ¡Nononononono! ¡Ni de coña entro ahí! —exclamó Alfem enérgicamente y con gran oposición a la idea que ofrecía su amiga, que con mucho ímpetu exclamaba insistentemente para poder entrar a aquel local infernal— ¡Maca! ¡Por favor dime que es una broma! ¡Solo puedes decir algo así porque no te imaginas lo que puede haber ahí!
—Bueno… siendo sincera, me lo puedo imaginar un poco… —dijo con un ápice de duda, colocando su dedo índice en la barbilla— Digo, sobrevivimos a ese otro horrible lugar, nada puede ser peor que eso, ¿cierto?
En ese momento, el demonio de lentes se entumeció de pies a cabeza, pudo sentir como un escalofrío recorrió todo su cuerpo por la increíble declaración que había escuchado, y la gran falacia que fue dicha. Aunque él sabía que ella lo decía por mera ignorancia, no evitó que se moviera hacia ella planeando alguna idea para detener ese ingenuo plan que tenía en mente, aunque no le gustaba la idea de hacerle frente, el miedo que le generaba la inocencia de su amiga era más fuerte.
En el mismo instante en el que se plantó frente de ella, con su brazo la tomó del hombro, como si estuviera apoyándose, la miró a los ojos y le dijo—: En serio, por favor, dime que solo estas bromeando…
—Eh… Esto no es ningún chiste, Alf, no estoy bromeando —dijo muy seria, con una mirada decidida, no iba a flaquear ante su decisión.
En ese momento no podía mirar más allá de su propia determinación, haciendo caso omiso de las señales que le mandaba Alfem para que ella entrara en razón.
—No lo puedo creer… —suspiró— ¿Acaso olvidas que casi te da un ataque por tan solo posar un pie en ese lugar? No seas tonta Maca, piensa lo un poco más.
—No, ya te lo dije, pude sobrepasar eso, así que tal vez aquí… —dijo aferrándose a esa experiencia, tenía que superarlo y este lugar sería la mejor prueba para ello, eso era lo que pensaba, por eso no veía venir lo que se anticipaba.
—¡TÚ NO LO ENTIENDES!¡Tal vez aquí sea yo el que no pueda soportarlo! —gritó tan fuerte como si fuera un llamado de ayuda que hasta ella pudo notar.
El grito vino de lo más profundo de su alma, por un instante, al buscar algún argumento para hacerle ver lo horrible que podría haber ahí adentro, imágenes de sus experiencias pasadas cruzaron a gran velocidad por su mente, desestabilizando su cuerpo y mente de gran manera. Su respiración se volvió cada vez más pesada, pero luchaba para calmarse, luchaba con todas sus fuerzas para tranquilizarse.
—La-Lamento haber gritado —se disculpó un tanto nervioso—, es solo que… piensa un poco, allá adentro, no solo se va a parecer a ese horrible sitio, sino que esta vez ya no habrá un gran foco, o mucha gente, será en un lugar pequeño y aislado, pero al mismo tiempo rodeado en su exterior por otras personas que no saben exactamente lo que pasa adentro, es como… es como…
—Tranquilo, está bien, comprendo, no entraré… solo… respira, ¿está bien? —dijo un tanto desesperada al ver que su estado empeoraba a cada segundo, realmente no sabía qué hacer, se comenzaba a sentir culpable, la fortaleza que él mostró en la arena la había dejado con la defensa baja, y se sentía como una tonta por no prever que esto podía suceder tras su firme persistencia— no te dejaré solo, así que tranquilo, todo estará bien.
—Gracias Maca, yo ya… —sé detuvo al sentir un gran impacto que venía desde el interior de su propio cráneo, nublándole la vista, y la mayoría de sus sentidos por unos segundos.
Alfem, rápidamente se tomó la cabeza con gran agonía, cayendo de rodillas por un fuerte dolor de cabeza, como si esta fuera a partirse en dos. El dolor se volvió más agudo, y una proyección de otras imágenes, imágenes más macabras aparecieron en su mente, recuerdos que fueron olvidados por sí mismo por su propio bien, regresan taladrándole su cabeza con gran violencia. Éste gritaba, mientras se retorcía en su agonía, volviendo a vivir dolores olvidados, y balbuceando cosas inteligibles.
—¿Qué le ocurre? —dijo Rawberry desconcertada, que se había quedado como espectadora, mientras aquel demonio, que ahora yacía en el suelo, trataba de convencer a Macarona que su audacia era peligrosa, pero no pudo seguir manteniéndose indiferente ante tal espectáculo de sufrimiento, a los pies de quien secretamente deseaba.
—¡AL-! ¡ALFEM! ¿¡QUÉ TE OCURRE?! ¡REACCIONA! —gritaba con gran desespero, agachándose a la altura de su amigo, y dándole palmas en la espalda, ya que las arcadas que le provocaba aquel tormento parecían impedirle siquiera respirar.
Entonces, después de unos pocos segundos que parecieron horas, la respiración de Alfem comenzó a regularse, inhalando y exhalando de forma pausada. Hizo una pequeña seña, para que Macarona le diera un poco de espacio. Ya podía controlar su cuerpo lo suficiente para ponerse en pie, aunque aun sintiendo algo de malestar, indicándolo con su mano en la cabeza y una mueca de dolor.
—¿Qué pasó? ¿Qué fue eso? —preguntó Rawberry, aun desconcertada por lo ocurrido.
—Solo fueron… recuerdos reprimidos —aclaró Alfem, aun recuperando el aliento—. Tranquila Maca, ya estoy bien —dijo al ver la cara de preocupación que esta tenía.
—Yo… lo lamento —se disculpó con gran desasosiego y culpa—, no pensé que…
—Tranquila, nadie sabría lo que pasaría, además no es la primera vez que me pasa, ¿recuerdas?, está bien —dijo tratando de esconder su malestar, mostrando con una sonrisa una falsa fortaleza, mientras chocaba su mano en su pecho.
—No… no está bien, nunca estás bien después de tus lapsus… me siento horrible por ser quien desencadenó esas memorias… no puedo creer que a veces el olvido es la mejor respuesta… —Una expresión de pena inundaba el rostro de Macarona.
—Bueno, es verdad, preferiría que esos recuerdos no existieran, pero ya estaban ahí desde antes, así que supongo que recordarlos será inevitable, además… —sé quedo pensativo mientras veía la posibilidad que aun pudiesen quedar muchas cosas que aún no pudiera recordar, cosa que lo inquietaba— mmm… ¡Al demonio! ¡No es bueno que siga pensando en eso! ¡Macarona! —gritó de improviso, no quería seguir atormentándose, ni a él mismo ni a quien lo acompañaba con ese tema tan deprimente.
—¿S-Sí…? —trastabilló nerviosa, tras el precipitado llamado de su nombre, y el errático comportamiento de Alfem.
—Se cuanto quieres pasar tiempo con ella ya que la extrañas, pero ahora no es el momento. Si quieres, pídele una cita o algo así, lo que haría cualquier persona, aquí no, no es momento ni lugar para ese tipo de cosas, ¿entiendes? —susurró Alfem, en un volumen que él creía que era adecuado para que Macarona entendiera todo lo que le decía, y aquella demonio que los observara no pudiera escucharlos.
Una ruborizada y desconcertada Macarona afirmó con la cabeza, sin poder decir nada, ya que la idea de ir, y hacer lo que su amigo le sugería lo consideraba un poco atrevido, el tan solo escuchar la palabra cita la dejó en blanco.
—Bien, ahora que hemos terminado, ve y despídete de ella, sé que has tenido muchos problemas para siquiera no ser un flan en su presencia —dijo Alfem dándole un empujón a Macarona, dirigiéndola hacia Rawberry, la cual tenía un rostro confundido.
Macarona caminó un poco nerviosa hacía Rawberry, quien esperaba cercana a la puerta, la cual, con su pequeña luz, iluminó desde la espalda a Rawberry, creando un contraste que le dificultaba un poco ver su rostro.
—Bueno… Rawberry, antes de irme… —comenzó a hablar Macarona muy nerviosa por lo que estaba a punto de decir— quisiera preguntarte algo… no tomará mucho tiempo, ¡así que no te preocupes! Bueno, verás yo… solo si tú quisieras me…
La pobre ángel luchaba para no tropezar cada vez que decía alguna palabra, mientras estaba en frente de una apacible demonio que la miraba con nostalgia, pero todo su esfuerzo fue interrumpido cuando la puerta que ahí se encontraba fue abierta con delicadeza y sin apuro, dejando salir a una persona desde el local.
—Rawberry, hermana, ¿por qué tardas tanto…? —calló Raspbel al ver que su hermana se encontraba en compañía de su vieja amiga, entonces una pequeña sonrisa se formó en su boca— ¡Oh! Vaya, Macarona, tantos siglos sin verte, es un gusto, aunque sea en esta extraña situación.
Un temor nubló los ojos de Macarona, al tan solo ver a aquella mujer con un elegante vestido rosa oscuro. En ese instante la atmósfera se convirtió en algo denso y pesado.
—Igualmente… un … gusto… —balbuceó Macarona, tratando de controlar el sentimiento que le traía ver a esa mujer, que era igual a con quien conversaba, solo que ella tenía el pelo suelto, pero no podía sentir la misma simpatía que mostraba a Rawberry; aun así, tenía que calmarse, eso ya había pasado hace mucho tiempo, no podía seguir sintiendo resentimiento por algo que no se pudo controlar, aunque esa mujer hirió gravemente a su amada.
—Está bien, no las interrumpo más; pero Rawberry, no te tomes mucho tiempo, los comensales esperan —dijo con una sonrisa y se marchó.
Aun cuando aquel demonio se retiró del lugar, la ángel no podía volver en sí, al ver la puerta cerrarse, ella aún no podía calmarse, su mente estaba difusa, recuerdos iban y venían con una constante lucha contra su propia inestabilidad. Su vista no era clara, y solo podía balbucear cosas incongruentes en un esfuerzo inútil para recordar porque estaba ahí.
—Yo… yo…
—¿Quieres acompañarme a ver el desfile? —habló Rawberry con un tono indiferente.
La sorpresiva propuesta de Rawberry hizo volver el alma a Macarona, pero al mismo tiempo una gran incredulidad surgió en su interior.
—¿Qué… dijiste? —vaciló Macarona.
—Qué si quieres ir al desfile conmigo, ese que se hará para cerrar el festival. Dicen que habrá un espectáculo de fuegos artificiales y mucha comida, realmente quisiera probar si alguien venderá insectos fritos.
—Tú… ¿me estás invitando a salir? —dijo Macarona con una gran cara de incredulidad e ilusión.
—¿No era lo que querías decirme antes que mi hermana interrumpiera? Hay que ser un idiota para no notar lo que ustedes querían hacer, son tan poco discretos, estaba aquí mismo.
Aunque tenía su habitual actitud indiferente, una pequeña sonrisa estaba en la comisura de su boca mientras miraba a Macarona.
—¡¿Enserio saldrás conmigo?! —gritó con una felicidad desbordante, tomando las manos de Rawberry en el acto— Muchas gracias Rawberry, no sabes cuánto he querido poder estar a tu lado una vez más, esto me hace muy feliz.
La dicha emitida por Macarona se veía como una luz radiante que enceguecía un poco a los presentes, pero una vez uno de ellos se acostumbró, una pequeña mueca de malicia se hizo presente en Rawberry, la cual se acercó, y poso su mano en una de las mejillas de Macarona.
—Te vez muy feliz, aunque si fuera tú tendría cuidado… porque si te descuidas un poco podría devorarte —dijo mientras movía delicadamente la mano que posaba en la mejilla de Macarona, la cual con solo su dedo índice recorrió todo su cuello, deslizándolo suavemente desde la base de su oído, pasando de forma lateral y llegando hasta lo más bajo que el cuello de la ropa le permitía llegar.
El rojo invadió la cara de Macarona desde la base hasta la coronilla, dejando escapar una pequeña nube de vapor al terminar de colorar toda su cara. Rawberry, quien esperaba una reacción más parecida a un grito nervioso o una reacción más expresiva, como en los viejos tiempos, no supo cómo contener la sorpresa que vino ante tal demostración de vergüenza, que fue interrumpida súbitamente por una ruidosa risa contenida que provenía del único espectador del sitio.
—¡Tú! ¡Idiota! ¡¿De qué te ríes?! —increpó enfática Rawberry, a Alfem que apenas podía mantener la calma y no reírse.
—Jajaja Es que es sorprendente, ¿sabes? ¿Cómo demonios no viste venir eso? jajaja—reía a carcajadas tras ser increpado—. Enserio, se puede ver a millas lo que ella quiere.
—¡ALFEM! —gritó una muy avergonzada Macarona.
—¡Oh vamos! Maca, sabes que es verdad —seguía riendo mientras hablaba.
—¡Ya! ¡Para! —Gritó mientras se acercaba lanzando golpes leves, en un intento de hacerle guardar silencio.
—Esperen un momento —interrumpió Rawberry—, ¿ustedes dos no están saliendo?
Ambos aludidos se miran entre sí y se echan a reír, como si hubieran escuchado la mejor broma que hubieran escuchado en sus vidas.
—Nunca podría salir con este idiota, lo quiero mucho, pero ni en sueños podría ser pareja de este cabeza hueca —río Macarona.
—Pero me han dicho que ustedes son muy unidos y muchas veces los han visto salir solos —dijo una incrédula Rawberry.
—Eso es porque ella era mi guía en el grupo de autoayuda —aclaró Alfem—, y como pasábamos tiempo juntos nos convertimos en buenos amigos, pero ir más allá de eso… —dijo conteniendo la risa.
El aura de Rawberry ya no era pesada, era como si un espíritu de relajo hubiera invadido su cuerpo y la hubiera llenado de tranquilidad.
—Además —añadió Alf—, todos en el grupo sabemos los sentimientos de Maca por ti, así que no te preocu…
—¡Cállate imbécil! —interrumpió Macarona dando un gran golpe en la cabeza a Alfem, dejando un gran chichón en el impacto.
—¡Oye! ¡Eso dolió! —gritaba mientras se cubría la cabeza para evitar otros posibles impactos.
—¡Te lo mereces por bocón! —lo injurió con gran molestia.
—¡Solo lo hice para ayudarte! —dijo para tratar de defenderse, aunque fue lo primero que se le vino a la mente, ya que solo se había dejado llevar por el momento.
—¡¿Ayudarme?! ¡Me quitaste mi oportunidad! —argumentó con recelo, y una cara roja.
—¡Te hubieras demorado otros siglos en decirle! —interpeló con miedo de recibir algún otro golpe.
—¡Oye!
—Jajaja.
Una risa interrumpió a esos dos, proveniente de Rawberry, que no paraba de sonreír.
—Saber eso realmente es reconfortante, gracias por decirlo —dijo Rawberry, secándose una pequeña lágrima que sobresalía de uno de sus ojos.
Los que estaban discutiendo se detuvieron en seco, observando como aquella demonio con decoraciones de murciélagos sonreía para sí misma, como si no pudiera ocultar su propia felicidad.
Macarona por su parte, se quedó mirándola con ojos expectantes, aunque había perdido su oportunidad de decir lo que ella sentía por sí misma, no veía un rechazo de parte de Rawberry, cosa que llenaba su alma de un calor que hace mucho no sentía, una esperanza acogedora.
—¿En… Enserio no tienes problemas con ello? —vaciló un poco Macarona, encogida por nervios que nunca había sentido antes.
—¿Cómo me puede molestar eso? Me están diciendo que le gusto a la bella Macarona, aun cuando ella sabe cómo soy, me dices que ella no está aquí buscando solo una vieja amistad, acaso… puedo pedir más que eso —afirmó con una sonrisa.
Esas palabras dejaron sin palabras al ángel.
—¡Entonces es una promesa! ¡Nos veremos al terminar el festival! —gritó reafirmando su determinación— ¡Alfem!
—¡Mande! —reaccionó sorprendido al imprevisto llamado.
—Me iré primero, ¡así que apresúrate! —dijo Macarona y salió corriendo del lugar.
—¡Oye! ¡Espera! —gritó Alfem para perseguirla cuando…
—Espero que la cuides bien, porque si le haces daño no te lo perdonaré —dijo Rawberry antes que este se fuera.
Alfem se detuvo, y la miró fijo, sin mucha expresión, ya que le asombró lo que escuchó.
—Eso debería decirlo yo —dijo serio—. Sí la vuelves a lastimar, no me va a importar que ella me termine odiando, pero me encargaré que pagues por cada lágrima que derrame.
Esas fueron sus palabras de despedida antes de ir corriendo tras Macarona, dejando a atrás a una muy molesta Rawberry.
—Espero que seas capaz de mantener lo que has dicho… imbécil —dijo para sí misma, y giró para entrar al local.
Mientras tanto, Macarona había corrido una distancia considerable desde que se separó de los otros dos, ella desbordaba una alegría descomunal, soltando una risa sin control que expresaba con cada paso que daba, junto con un sinfín de lágrimas que brotaban como la dicha que la colmaba desde lo más profundo de su ser, impidiendo que cualquier otro pensamiento la alcanzara, y que se hiciera consciente de donde estaba o que era lo que hacía. Ella podría haber corrido hasta el fin del mundo en ese mismo momento, y no sé hubiera dado cuenta de ese hecho, por fin no sentía esa carga que sintió por tantos años, sentía como si estuviera volando, pero un grito la hizo volver y detener su feliz carrera.
—¡Macarona! ¡Maca! ¡Espérame!
Aquella voz la conocía, eso la hizo parar, entonces al voltear vio a un agitado Alfem que corría tras ella, por como se movía se le podía notar un poco preocupado.
—Maca, uf, por fin te alcanzo —dijo agitado y tratando de recuperar el aliento— Demonios Maca, cómo puedes ser tan rápida.
—Bueno… no es algo tan difícil de deducir —afirmo un tanto tímida.
—Realmente esos niños deben pasarlo mal contigo —comentó un poco frustrado al estar cansado al tratar de seguirla.
—¡Oye! Yo adecuó mis clases dependiendo de los alumnos, me ofendes —refunfuño molesta.
—Lo lamento, maestra Macarona —se burló Alfem como tomando la postura de un alumno—. Me sigo preguntando por qué no hiciste una actividad junto a la escuela y decidiste convertirte en voluntaria del aseo.
—Bueno no podía dejarte solo, aunque me rompió un poco el corazón cuando ellos se enteraron que no participaría en ninguna actividad escolar, pero ahora puedo dar un ejemplo de voluntariado, ¿no lo crees?
—Bueno, no sé nada de ese tipo de cosas, así que cambiando el tema —interrumpió Alfem un tanto intrigado—, te veo mucho mejor, y eso me alegra.
Ella se puso inmediatamente ruborizada, pero con una sonrisa de alegría.
—Gracias, por estar ahí, pero sigo molesta —le dirigió una cara de molestia al sin cuernos, aunque de alguna forma parecía tierna.
—Jejeje Lo lamento no lo pude evitar —rio nervioso.
—Bueno será mejor que volvamos, espero que Grora no se haya ido aún, me gustaría despedirme de ella como es debido.
—Así que aún no te das cuenta —La miró un tanto desconcertado.
—¿A qué te refieres?
Alfem solo apunto hacia un lado y la mirada de Macarona pudo obtener su respuesta, estaban al frente del coliseo, ya estaban en su destino.
—¿Cu-cuando es que…? —dijo Macarona estupefacta por no notar tal construcción descomunal.
Alfem solo sonreía de forma tonta, como burlándose de como la tenía el amor, a lo que ella lo comenzó a zarandear intentando inútilmente que detuviera tal expresión, hasta que se cansó y se separó de él con disgusto.
—Bueno ya que estamos aquí, entremos —sugirió Macarona para detener este show de comedia que había creado.
—Sí vamos.
Tras entrar al lugar notaron que estaba todo un poco más oscuro, había pocas luces en los lugares principales, a pesar de eso no les costó encontrarse de nuevo con la ángel del ojo parchado.
—Hemos vuelto —saluda Macarona casualmente para que ella los notara.
—Vaya chicos no se han demorado nada —dijo muy alegre.
—Qué tal —saludó Alfem—, oye ¿por qué todo está así? —indicó la poca luminosidad del lugar.
—¿Ah? —Se notó un tanto despistada al no entender enseguida a que se refería, pero no le tomo mucho tiempo percatarse— ¡Ah! Te refieres a porque está todo oscuro, eso siempre lo hacen cuando se aproxima el cierre, supongo que lo hacen para generar más drama solamente, realmente no puedo entender cómo piensan estos sujetos —dijo un tanto despreocupada, ya que a pesar de que era la encargada de turno, todo esto seguía siendo ajeno a ella.
En eso, desde el ventanal que estaba junto a ellos una luz emergió, era la iluminación del escenario, que anunciaba la apertura del último acto, junto con la vibración que se producía en el cristal por el ruido del otro lado.
—Bueno, mejor me despido de ustedes, el ángel jefe vino a sacarme de mí turno, y ahora es problema de él el cerrar, nos vemos —se comenzaba a retirar, pero se detuvo a media marcha—. Chicos ustedes ya cumplieron su cuota, como solo fue un pequeño castigo ahora pueden volver a sus casas, ya que mañana también tienen que ir a trabajar en la mañana, ahora sí que nos vemos, ¡cuídense!
Así se fue Grora, dejando a los otros dos un tanto desprevenidos por su rápida aparición y rápida despedida, y ambos se quedaron en blanco sin poder procesar lo que se les acababa de decir.
—Eso fue rápido —suspiró Alfem.
—Supongo que tenía prisa, cualquiera quisiera irse de este lugar —dijo Macarona—. Bueno supongo que nos podemos ir ahora.
—Sí, tienes razón… —al decir eso Alfem miró casualmente al escenario iluminado al otro lado del vidrio, y se quedó pasmado, mirando sin hacer ningún movimiento o decir alguna palabra.
—Entonces vamos… ¿Alf?
Macarona al percatarse de que su amigo no se movía se dirigió a él, y al notar donde fijaba su vista, pudo notar de inmediato que era lo que lo tenía pasmado; una mujer vestida con un traje muy ajustado, con una falda muy corta y botas largas, la cual sostenía un látigo, junto a un detalle que no pudo dejar pasar desapercibido; usaba gafas. Sí no fuera por lo reveladora que era su vestimenta y lo provocativa que era, parecería una especie de oficinista, o esa era la impresión que le daba a Macarona. Al notarlo, de inmediato miró de nuevo a su amigo, y pudo darse cuenta de la desagradable mirada que estaba haciendo por aquella protagonista de ese macabro espectáculo, causando una cara de repulsión en ella.
—Realmente eres desagradable —dijo sin pensar.
—¿Eh? ¿Qué hice ahora? —despabiló al escuchar a su colega.
Ella solo lo miraba con desdén, culpándolo por fingir ignorancia.
—Oye, oye, no me mires así, no lo puedo evitar, esa actitud y esa vestimenta, soy un hombre después de todo —Trató de excusarse sin ningún tipo de culpa—, además… —dijo apenado.
—¿Además?
—Lentes.
—Lo sabía…
—¡Tiene lentes! ¡Es el detalle perfecto! ¡Su mirada es dominante, esas gafas le entregan un toque de seriedad que crea una disonancia totalmente equilibrada! ¡Y la actitud de sus poses al moverse son tan potentes que me dan ganas de que me golpee con su látigo un par de veces! ¡No verla hubiera sido un pecado en sí mismo! —vociferó con mucha energía, ignorando las cosas desagradables que decía.
—¿Acaso estás escuchando lo que dices? —dijo con gran desagrado su compañera— Será mejor que caminemos a casa, ya es tarde.
—No.
—¿Cómo qué no? —preguntó con cansancio, como si no pudiera creer lo que escuchaba.
—Que no me iré aun, puedes irte, yo me quedaré hasta el final jejeje —rio como un idiota, quedándose pegado al cristal.
Macarona ya tenía mucho sueño para pelear con su descaro, pero no podía dejarlo aquí, antes que ella hiciera algo, alguien se aproximó desde las sombras y habló.
—¿Por qué ustedes siguen aquí?
Era una voz masculina, que al tan solo llegar a los oídos de Alfem lo hicieron estremecer desde los pies hasta la coronilla, y con movimientos temblorosos comenzó a girarse, deseando que el dueño de la voz no fuera quien estaba pensando.
—Hola Wodahs, es un gusto verte —saludó una alegre y cordial Macarona tras notar que era el ángel jefe, quien era perfecto para colocar en su lugar al pervertido de los anteojos.
El miedo se apoderó de Alfem, al escuchar ese nombre, era alguien que no quería ver en este momento, en el cual sabía perfectamente que estaba haciendo algo irresponsable.
—Es agradable verlos, pero díganme ¿No les dijeron que podían retirarse? —dijo serio, como nadie podía ser más que él.
—Sí, de hecho, ya nos íbamos, ya es tarde Alf —dijo Macarona con una gran sonrisa.
—Bueno… yo… quería quedarme un poco más…
El nerviosismo de Alfem era claramente notorio, aunque no era muy consciente de lo que estaba diciendo y una mirada de disgusto vino del ángel del ojo parchado.
—Macarona se nota que está cansada, y sería lo mejor que se fueran a casa, pero… —La severidad era notoria en su voz.
—¿P-Pero?
—Pero si aun tienes energías… —Una sonrisa maliciosa se manifestó en los labios del ángel— dime Alfem, ya terminaste lo que te pedí hace unos días, ese inventario.
Eso tomó totalmente de imprevisto a aquel demonio, que por todo lo que había pasado, se le había olvidado por completo, a diferencia de su superior.
—No… aun no…
—Eso me alegra escucharlo —Otra sonrisa se dibujó en la cara de Wodahs, una sonrisa agradable, pero eso era lo más perturbador de todo—. Ya que tienes tanta energía para gastar viendo un show sadomasoquista, puedes terminar ese encargo.
—P-Pero yo…
—Y ni se te ocurra no hacerlo, o conocerás lo que realmente es un castigo —dijo con la voz más siniestra que los presentes se pudieron imaginar.
El miedo había paralizado al del brazo inmovilizado.
—¿Qué estas esperando? ¿Por qué sigues aquí? Ve a terminar rápido lo que te ordené.
—¡S-Sí! —gritó y con premura se esfumo en una gran llama, dejando solos a ambos ángeles.
—Así que te quedaban energías para este tipo de cosas, mañana no aceptaré ninguna excusa —habló para sí mismo el ángel jefe.
—¿Eso era necesario? —preguntó una desconcertada Macarona.
—Fue más que nada lo que se merecía por perder el tiempo. Sé que estaba bajo tu cuidado, pero él debe ser más consciente que sus actos no solo lo afectan a él.
—Muchas gracias si ese es el caso —sé inclinó Macarona, como muestra de agradecimiento—. Por mi parte me despido.
—Descansa —sé despidió cortésmente—, nos vemos mañana.
—Nos vemos.
En un parpadeo, tras un pequeño destello, la chica de pelo castaño ya no estaba en ese lugar.
—Bueno, aún queda trabajo por hacer, solo espero que ese sujeto no vuelva a hacer nada estúpido.
Y así termino el segundo día del festival arcoíris, quedando toda una semana por delante.
