Esta historia ya cumplió un año? Vaya! El tiempo se va volando y juré que ya la había terminado pero nada. En fin, gracias por leer y por sus comentarios :)
Han pasado al menos tres días desde que emprendieron su viaje de Turuk hacía Katolis. El ambiente entre los padres de Rayla y Callum parece que ha estado mejorando, a veces no podían sentirse algo avergonzados de los chistes tan malos que el mago les decía durante el camino o de los comentarios tan sin sentido que soltaba de vez en cuando, pero si a su hija le gusta así qué más se podría hacer. Runaan por su parte ha sido cuidadoso con sus palabras ante los elfos que le acompañaban, trataba de no hablar mucho o de solo decir lo necesario, no deseaba romper el pacto que había hecho con la joven pareja. Aun así, aunque no quisieran admitirlo o mostrarlo abiertamente, estaban preocupados por el hechicero y por las acciones que tomaría luego de tener ya lo que desea.
A lo lejos, el pelicastaño comenzó a observar como el castillo de su reino se erigía hacía la llanura; estaban en casa por fin… o bueno, la suya, ya que no sabía que si los padres de Rayla se querrían quedar allí o si tratarían de volver al bosque plateado para solucionar su situación actual de fantasmas.
-Por fin llegamos… - Fue la albina quién dio el aviso ojeando con una sonrisa en su rostro a sus padres – Esto es Katolis! – Estiro su mano señalando hacia el castillo mientras sus progenitores veían la estructura lejana y quedaban maravillados con esta.
Para ser sinceros, jamás habían puesto un pie fuera del bosque plateado quién no tenía una estructura lo suficientemente ostentosa como la del reino del humano o la humilde morada de la reina dragón.
-Es impresionante, hija – Hablo Lain admirando las tierras del muchacho. De pronto desvió su mirada hacía el camino principal y a lo lejos veía como una pequeña caravana se acercaba hacía ellos. Parecían ser elfos siendo custodiados por los soldados de Katolis – Y eso? – Pregunto señalando aquello.
Callum miro con preocupación aquello y no pudo evitar mostrarle un rostro de intranquilidad a su novia ¿Algo malo habrá pasado? ¿Por qué esos soldados custodian a esos elfos como si se trataran de criminales?
-Esperen aquí… - Fue el chico quién les pidió y empezó a cabalgar en dirección hasta esa caravana.
Noto de inmediato que no estaban encadenados ni mostraban señal de maltrato, no, era como si solamente los soldados les estuvieran acompañando y ya. Fue hasta el líder de cabeza de la caravana quién era un guerrero de Katolis.
-Príncipe Callum! – El hombre desde su montura hizo una breve reverencia al ver al monarca acercarse a él – Supimos que estaba de misión en otras tierras – Comentaba el hombre – Qué tal le fue?
-Sí, muy bien – Contesto con algo de desgano – Y estos elfos? Qué pasa con ellos? – Debía salir de la duda de inmediato y evitar algún mal entendido.
-Oh! Bueno, los custodiamos por orden de Soren hasta las cercanías del Nexo de Luna – Explicó – Esta era la última tanda de elfos que faltaban por ir con los otros.
-Con los "otros"? – Estaba confundido, era como si le estuviera diciendo que los movilizaron.
-Sí, así es – Respondía tranquilamente – Alguno de estos elfos decidieron quedarse a vivir en Katolis luego de que las fiestas terminaran – Aquello sí le agarro por debajo, no esperaba una respuesta así – El rey Ezran y el rey de ellos al parecer llegaron a un acuerdo para que se quedaran con algunas tierras.
¿Ezran les dio permiso? ¿Y cuál otro rey? El que tenían murió hace unos buenos días, lo más seguro es que ni el soldado ni los elfos sepan tan siquiera del deceso de Niilo, esperaba que su hermano ya hubiera aclarado eso pues era el que más rápido podía llegar a Katolis. Callum guardo sus palabras, era mejor no involucrar a estas personas ni mucho menos contarles sobre lo que ha estado pasando. Fue entonces que sintió como su mano derecha era tomada por uno de los de Xadia.
-Muchas gracias por permitirnos quedar en estas tierras – Dijo un joven elfo de sol con mucha amabilidad – Honraremos tanto al rey Ezran como a su príncipe durante toda su vida – Reverencio y Callum hizo un rostro de confusión que de igual manera asintió ante estas palabras para asegurarle a este que no había problema.
El pelicastaño se soltó de forma suave del agarre y luego de despedirse de ambos se dirigió directo hacía donde estaban sus elfos de luna. Rayla noto que el muchacho estaba preocupado, se le veía en el semblante que traía, debía de tratarse de algo muy extraño lo que está sucediendo.
-Parece que algunos elfos decidieron quedarse a vivir cerca al Nexo de luna – Les conto y la albina finalmente pudo soltar aire tranquila, al menos no se trataba de un nuevo problema racial – Ezran y Niilo les dieron el permiso para que lo hicieran.
Entre los peliblancos se miraron algo extrañados ¿Cómo? Se supone que Niilo está muerto, hasta donde saben.
-Callum… Niilo está…
-Lo sé, Rayla – Ni siquiera le dejo terminar – No perdamos el tiempo y vayamos con mi hermano, algo aquí no me parece que este bien.
Pasaron los cuatro a un lado de la caravana a toda velocidad para llegar lo más pronto posible. Casi al llegar al castillo, los padres de Rayla no paraban de observar las estructuras de los hogares y de los monumentos de Katolis, jamás habían visto algo así en sus vidas y les parecía de cierta manera acogedora todo el ambiente tranquilo que se sentía. Si hubieran llegado de visita así como así hace años lo más seguro es que trataran de atacarlos, pero de verdad había paz entre ambas razas, tanto así que algunas personas les saludaban de forma amistosa cuando pasaban de ellos. Tiadrin era la más estupefacta ante todo lo que estaba experimentando, jamás pensó ni en la remota idea de pisar un reino humano en toda su vida, Lain lo llevaba de forma más educada, a veces devolvía el saludo a quiénes les estiraba la mano pero no más de allá y Runaan, bueno… él iba con la cabeza gacha, no deseaba ser reconocido aunque al parecer ya no habían mucho elfos en este reino.
Casi al llegar al castillo, desde el puente alcanzaron a ver a Soren en la entrada charlando con… ¿Una elfa de luna? Esta no se quedó de más y luego de darle un pequeño beso en la mejilla al guardían emprendió su ida hasta su hogar. El mago y los elfos pasaron al lado de ella, siendo Rayla la que más se quedó mirándola a su paso, ambas chocaron miradas un tanto incomodas y raras, pero la otra simplemente agacho la cabeza y continuó con su camino. Runaan también se quedó viéndola unos segundos ¿Sería ella? ¿Qué hace allí?
-Hmmm… - Carraspeo un poco la voz Rayla.
-Qué? – Indago el mago curioso del actuar de ella.
-Creo que conozco a esa elfa – Confeso – Pero no sé de donde…
-Es una exiliada del bosque plateado – Fue Runaan quién continuó – Era mi predecesora como líder de los asesinos – Tanto Tiadrin como Lain escucharon aquello y no pudieron evitar sentirse mal por ella ¿A cuanta gente ha arruinado la vida Niilo? De hecho, tan así es que no dudo en volver fantasmas a su propio hijo y nuera cuando supo que habían "huido" de su puesto como un par de cobardes.
Soren vio el pequeño grupo de elfos junto al mago y espero pacientemente en la entrada del castillo hasta que ellos llegaran allí para saludarlos como era debido.
-Callum! – Fue hasta donde el pelicastaño para abrazarlo una vez bajo de su caballo por fin – Menos mal sigues vivo! – Lo apretó más y se sintió un pequeño crujido de huesos, el guardian lo soltó de inmediato y fue hasta Rayla para estirarle la mano y saludarla de forma más cortes – Menos mal que volvieron, esto aquí está hecho un caos – La albina asintió levemente correspondiendo su saludo – Y ellos? – Señalo a los otros elfos.
-Oh! Bueno, Soren… - La albina tomo de la mano a sus padres y los dirigió hasta él – Papá, mamá, él se Soren – Este se inclinó al escuchar que se trataba de los progenitores de la elfa – Es el guardián de Katolis y amigo de Callum…
-Amigo de Callum? – Fingió preguntar indignado – Pensé que ya éramos amigos tú y yo también…
-Bueno… - Se apeno un poco ante lo que dijo – Es amigo mío también…
-Es un placer, Soren – Tiadrin se inclinó para terminar formalmente las presentaciones – Nos alegra saber que nuestra hija tiene amigos humanos que no se molestan por ser una elfa – Comento de manera divertida a lo que el rubio sonreí de forma tímida.
Luego de aquello, observo al último de ellos, el maldito elfo que por poco le quita la vida. Paso a un lado de Rayla y sus padres y fue directo hacía Runaan quién estaba organizando las cosas que llevaba en su montura. Pero no se esperó tan siquiera que el rubio le tomara de la solapa de su cuello para mirarlo fijamente y luego darle un golpe en su rostro tan fuerte que hasta los propios presentes pudieron sentir. Lo derribo de inmediato y Soren, quién estaba cargado de tanta ira continuo agarrándolo de su prenda superior para darle más castigo con sus propias manos.
-Hijo de perra! – Le gritaba el guardián al elfo quién no se defendía – Ya no te sientes tan fuerte, eh?!
Callum y Rayla no entendían bien que era lo que estaba pasando, fue el pelicastaño quién tuvo que ir hasta su amigo para tomarlo por la espalda y tratar de alejarlo de Runaan antes que lo matar a golpes. No funcionaba, Soren es más grande y más fuerte y a cada intento alejaba de forma más desesperada al mago, fue la albina quién opto por ayudarle, aunque no le desagradaba la idea de la paliza que estaba recibiendo su mentor tampoco era la manera de que se hiciera justicia. Entre los dos lograron separar al fornido guerrero del elfo cayendo entre los tres de espaldas al suelo.
-Guardias! – Grito enfadado Soren – Apresen a ese maldito! – Señalo a la mano quién no podía moverse bien debido a las contusiones que le habían causado. Dos soldados fueron hasta el elfo y lo agarraron de manera brusca para levantarlo – Llévenlo a un calabozo! – Ordeno furioso.
-Qué rayos fue eso, Soren? – Pregunto confundida la albina mientras veía como Runaan era arrastrado como podía por esos hombres.
-Ese desgraciado casi me mata! – Explicaba – De no ser por Solveg y su magia de elfos no la habría contado - ¿Así que ataco a Soren? Debió ser bastante traumático para el rubio, es decir, reacciono de forma muy poco usual a él.
Los padres de Rayla estaban mudos de ver aquello. Sí, Runaan merecía castigo, por eso decidieron no meterse en medio de aquel sujeto lleno de ira, lo mejor era esperar a ver que sucedía.
-Lamentamos mucho lo que te hizo, Soren – Fue Lain quién hablo – Cuando volvamos con los nuestros le haremos saber a todos el tipo de persona que es Runaan.
-No, no hay problema… - Termino de una vez esta bochornosa y penosa situación – Los voy a llevar con el rey Ezran, supongo que tienen mucho de qué hablar.
Por el camino hacía el salón real, lugar donde regentaba en esos momentos Ezran; los elfos de luna mayores se quedaban perplejos ante la bella arquitectónica de aquel castillo. No era, en serio, algo que hubieran visto alguna vez en sus vidas, tal vez Lux Aurea se vea muy bonito, pero este lugar tenía un no sé qué que les entontaba. Rayla se notaba un tanto estresada, no era el tipo de bienvenida que esperaba luego de tantos días alejados y ya sabiendo que hay pocos elfos por las cercanías más le estaba acostumbrando a pensar que quizás su estadía Katolis iba a ser más prolongada de lo que pensaba, más con la situación que está ocurriendo precisamente. Al menos tenía a sus padres nuevamente y a su mago, eso era un alivio mucho mayor. ¿Debería sentir pena por Runaan? No lo sabía bien, disfruto ver como Soren lo machacaba a golpes… pero no era tanta la satisfacción después de todo ¿Acaso se está ablandando con él? ¿Después de todo lo que hizo?
Callum la tomo de la mano, tan solo para que se calmara. Le sonreía levemente mientras ella le correspondía de la misma forma, mirándole a los sus orbes esmeralda esperando encontrar el confort necesario y el valor en sí misma para contarle todo lo que está pasando realmente a sus padres quién continúan en una vaga ignorancia de creer que todo ha terminado por fin. Soren abrió las puertas de par en par donde un Ezran leyendo algunas cartas junto a su fiel rastreador Corvus y el maestro de los cuervos le acompañaban.
Apenas noto que se trataba de la figura de su hermano y de su mejor amiga de inmediato soltó aquellos papeles para correr y abrazarlos a ambos como si en años se tratara de no haberlos visto.
-Rayla! Callum! – Se escuchaba entrecortada su voz, él creía que algo les había sucedido luego de tantos días sin saber de ellos y más en la misión que se encontraban – Qué bueno que han vuelto!
-Sí, ya estamos aquí, hermanito – Le respondió el mago con dulzura en su voz – Supongo que han tenido muchas aventuras, no? – Inquirió de forma juguetona a lo que el rey en una pequeña risa le contesto:
-No, no realmente – Negó con su cabeza – Hace días volvimos del bosque plateado – Se fijó entonces que estaban siendo acompañados por otros dos elfos, parecían ser mayores… pero curiosamente la fémina tenía cierto parecido a su amiga – Y ellos son…
-Oh! Perdón, Ezran! – Tomo con sus manos de los brazos de sus padres para dirigirlos hacía el monarca de Katolis – Ez! Ella es Tiadrin, mi madre – La mujer reverencio de forma educada al ser presentada por su hija – Y él es Lain, mi padre – El hombre hizo lo mismo y hablo por ambos:
-Es un gran placer conocerlo, rey Ezran – Pronunció de forma calmada y con educación el elfo de luna – Tiene un bonito reino, si me permite decirlo.
-Hago lo que puedo por mantenerlo así – Reverencio el moreno para terminar con el saludo – Pero vaya sorpresa! Supongo que esto es mejor que haber encontrado a Runaan, no?
-De hecho, Ezran – Fue Rayla quién hablo – Lo encontramos pero… - Miro de reojo a Soren – Creo que tu guardián personal casi lo mata a golpes…
Soren palideció ante esas palabras, aunque era totalmente cierto, no puede negarse ante aquello.
-Solo le di un poco de hospitalidad hogareña, rey Ezran – Se excusaba el rubio. El moreno entendía porque lo hizo, total, hace un par de días por poco acaba con su vida – De todas formas está en un calabozo, quiere que le avisemos al otro elfo?
¿Otro elfo? ¿Cuál elfo? La familia se miró entre sí confundidos, esperaban encontrar a Solveg una vez llegaran allí, pero al parecer no ha dado señales de vida o puede que se haya marchado… ¿Entonces debe tratarse de…?
-Sí, por favor – Asintió – Se lo prometí por ayudarnos.
Soren partió de allí en busca de Ethari para avisarle que su esposo estaba ya en el castillo. Obviamente Rayla no iba a quedarse con la duda de saber a quién se estaban refiriendo:
-Trajiste a Ethari? – Cuestiono Rayla y sus padres se quedaron atonitos al escuchar ese nombre en aquellas paredes, jamás llegaron a pensar que un buen amigo de ellos estuviera lejos del bosque plateado. Aunque sus asperezas no habían terminado con Runaan, con el otro era totalmente diferente, no había hecho nada malo como para que ganaran su odio y de hecho… extrañaban verlo.
-Podemos ir a saludarlo también, rey Ezran? – Pidió la madre de la albina más como una forma de súplica que como favor.
-Sí, claro – No se opuso para nada, menos para los padres de su amiga – Pueden ir a saludarlo, más tarde irá alguien para avisarles donde se hospedaran.
Tanto Tiadrin como Lain iban tomando camino atrás del rubio, pero algo les hacía falta. Esperaban que su hija fuera con ellos, al menos por el momento no ha dicho ni una mala palabra sobre él como con Runaan.
-No vienes, hija? – Su padre le pregunto.
-No… - Negó con un hilo de voz algo melancólica – Quizás más tarde hable con él, por ahora tengo que hablar con ellos – Señalo a los hermanos.
Sus padres asintieron y fueron alejándose de a poco de aquel salón real. Cuando no se les veía cerca fue que Ezran también le sugirió al señor de los cuervos y a Corvus que les dejarán a solas para conversar. Una vez que no había nadie allí y que las puertas estaban cerradas fue que se introdujeron más al centro.
Ezran se volteo a ellos preocupado y halando sus mechones de cabello preguntaba desesperado:
-Callum! Estamos en peligro! - Hablaba preocupado – Por favor, por favor! Dime que todavía tienes ese cubo raro con el que siempre andas!
El mago se masajeo el cuello mientras reía de forma nerviosa y Rayla parecía fingir demencia. Obvio no iba a decirle que su novia elfa fue la que perdió aquel objeto que aunque en un inicio parecía ser algo intangible ahora era algo muy, pero muy importante.
-Bueno… - Continuaba riendo con aquella vocecita bobalicona que ponía cuando había metido la pata. Ezran se llevó toda la palma de su mano para pasarla por la cara, esperaba de cierta forma esa respuesta – Pero tenemos un plan!
-En serio? – Ambos se giraron para verlo sorprendidos y llenos de esperanzas.
-Bueno… no… la verdad es que todavía no tenemos un plan – Rayla por poco lo golpea, a veces puede ser tan… tiernamente idiota – Pero vamos a ingeniarnos uno. A ver… - Se puso a pensar por unos segundos – Lo que alcanzamos a descubrir fue que Viren planea sacar de su prisión a un archimago llamado Aaravos – Ambos asintieron – La forma? No tengo idea, de haberlo liberado con solo el espejo y el cubo de runas ya lo habría hecho hace días – Explicaba y hasta cierto punto su deducción tenía lógica – Entonces o no sabe cómo liberarlo todavía o no tiene el poder necesario…
-Dijiste que el cubo era un potenciador de magia, no? – La albina le contó a lo que él afirmo con un gesto – Y usaste todos los hechizos de todas las fuentes con esa cosa, no?
-No, la verdad es que jamás llegue a usar un hechizo de luna…
-Puede sonar algo raro… pero y si el cubo fue cargando la magia de todas las fuentes primarias – Callum la miro de reojo – Excepto la de la fuente de la luna… quizás no logre liberarlo hasta que el cubo no esté lleno de magia por completo, con todas las fuentes! – Esbozaba una sonrisa de alegría de lo que estaba descubriendo de a poco. El mago ya sabía que Rayla era una persona que deducía cosas rápidas y complejas ¿Pero tan así? Vaya que cada vez más lo sorprende.
-Viren puede hacer magia de luna? – Pregunto Ezran, estaba entendiendo, pero muy de a poco.
-No, no lo creo – Contesto su hermano – Como te digo, de haber podido liberarlo ya lo habría hecho hace rato… entonces que sugieren?
-Viren no puede ir a Xadia – Contaba el rey – Le avise a la reina Zubeia sobre el inminente peligro mediante una carta mágica hecha por Ethari. Debe tener todas las fronteras protegidas ahora mismo.
-Entonces solo quedan los elfos que decidieron estar en Katolis? – Indago Callum.
-Están cerca al Nexo de Luna, mande a hacer un destacamento de los mejores soldados por si Viren se acercaba y además – Añadio – Hablaba con el maestro de los cuervos para enviar una carta a Amaya y se moviera rápido allí para que los protegiera. Con tía Amaya cerca Viren lo pensara dos veces antes de intentar hacer algo.
-Ósea que los desprotegidos somos los que estamos en este castillo… - Dijo Rayla de forma sarcástica y Callum de inmediato la codeo de forma juguetona.
-Hey! Yo estoy aquí por si intenta hacer algo estúpido! – Se cruzó de brazos fingiendo indignación a lo que la albina solo lo abrazo por la espalda para que se le pasara el falso enojo.
-Oigan! Esto es serio! – Les reprendió – Incluso mande a llamar a la pentarquía para tratar este asunto!
-A la pentarquía? – El mago entonces recordó que tenía que hacer algo importante mientras tuviera tiempo – En cuantos días se reunirán?
-En dos días parto hacía Del Bar para reunirnos al quinto.
-Bien! Es más que tiempo suficiente – Callum se separó del abrazo de la albina para ir de camino hacía quién sabe que – Iré a ver al maestro de los cuervos, yo también tengo amigos a los que debo de enviarles algunas cartas.
El joven mago salió de aquel salón sin su elfa mientras dejaba a ambos con un hilo de incógnitas ¿Qué amigos? ¿Callum tiene amigos? ¿Serán sus maestros? Debían serlos, el pelicastaño no era bueno para tratar con la gente, menos con personas que no tuvieran mucho o nada que ver con sus aficiones.
-Supongo que te veré más tarde, no? – Rompió el silencio la albina a lo cual el rey solo afirmo:
-Sí, voy a preparar una cena especial por tu llegada, la de mi hermano y la de tus padres obviamente – Rayla sonrió ante aquel bonito gesto por parte de su amigo – Tenemos que celebrar algo después de todo, el concilio ya termino y nos encontramos al borde de algo peligroso… pero supongo que la ocasión lo amerita.
-No podría estar más de acuerdo y con gusto aceptaremos tu invitación – Rayla reverencio por aquello y partió a buscar a sus padres para reencontrarse una vez más con aquel hombre con quién también compartió gran parte de su vida y finalmente… llegar a volver a ser una familia.
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Mildreth estaba asustada, una vez camino por el puente que iba al castillo alcanzo a reconocer a dos rostros que le eran muy familiares mientras estaba exiliada del bosque plateado. Rayla, la actual capitán de las fuerzas de los elfos de luna y Runaan; su sucesor como líder de los asesinos. Era raro encontrárselos, más al mayor, había escuchado que había muerto hacía mucho tiempo cuando fueron a incursionar a Katolis para matar al rey de aquel entonces ¿De qué trataba todo esto? ¿Qué estaba pasando realmente? Si bien hicieron caso omiso de ella y siguieron por donde iban no podía sentir de más que no se encontraba muy cómoda después de esa situación.
Luego de que Soren volviera de haber reubicado a los suyos pasó por su hogar para charlar un rato. Era un muchacho muy simpático y demasiado tierno para su bien, a veces ingenuo y otro tanto hacía chistes un poco extraños que ella no alcanzaba a entender pero que una vez le explicaba sacaba una risilla no por educación, sino porque realmente le había gustado un poco. Como apenas se estaba instalando y hace poco había empezado a trabajar con Rolf no es que tuviera mucho dinero para gastar en muebles, así que el guardián del rey le propuso que podía quedarse con algunas cosas que su padre había dejado luego de su muerte y que él en realidad no necesitaba para nada o no ocupaba.
La verdad parecían ser muebles de la alta realeza, como si fueran de alguien muy cercano al rey. La madera con la que cada cosa fue fabricada parecía ser de los mejores robles y los tallados muy acordes al reino en el cual ya se encontraba viviendo. Se apeno bastante de que él le obsequiara cosas tan bonitas apenas conociéndola ¿Acaso gustaba de ella? Bueno, es lindo y atractivo, además de muy conversador y fuerte, parece ser el tipo de partido ideal para cualquier mujer de Katolis… ¿Pero por qué sentía que solo con ella era tan… especial? No le molestaba, de hecho, le gustaba que un hombre pudiera tratarla como hembra sin recibir rechazo o miradas de odio como cuando estaba en el bosque plateado… ¿Acaso a ella también le estaba gustando? Podría ser, pero obvio no funcionaria, es lógico; ella puede vivir una cantidad considerable de vidas y él… bueno, solo una…
Llego a su morada y la abrió para introducirse y echar a la basura algunas cuantas cosas que sin querer en los armarios y estantes habían todavía allí. Libros, frascos, cosas muy raras… parecía ser que su padre era alguna especie de hombre de ciencias para tener esas extrañas curiosidades en sus muebles. Mientras hacía todo esto escucho como la puerta era tocada ¿Sería Soren? Pero hace nada acaba de verlo y él no creía que fuera de esos tipos intensos que desean saber de ti todo el día. Fue hasta su puerta y antes de abrir solo grito para que le fuera escuchada:
-Quién es?
-Hola, soy un simple viajero… tengo mucha hambre… si pudiera ofrecerme algo de comer le estaría eternamente agradecido - ¿Un viajero? ¿Y precisamente toca su puerta? Se escuchaba la voz de un hombre ya algo mayor y débil, no pudo evitar la curiosidad y abriendo un poco resalió algo de su rostro para percatarse que se trataba de alguien que se encontraba en un estado muy deplorable. Sintió tanta pena por él que abrió por completo.
-Qué le pasó? – Lo miraba de pies a cabezas, sucio como si se hubiera arrastrado por todo el camino hasta su hogar, con una capucha que ya estaba empezando a mezclarse con el color café de la mugre y una barba desaliñada.
-Oh! Nada grave al menos… - Explicaba – Unos locos de Katolis trataron de prenderme fuego cuando dormía bajo un árbol y me hicieron esta cicatriz – Una vez bajo su chompa se vio una enorme herida causada por aquel ígneo, aquello la sorprendió de sobremanera y hasta la asusto demasiado de darse cuenta que aunque estuviera en un reino bonito también habían personas desagradables.
-Sí! Claro! – Dio medio paso para que el hombre entrara a su morada – Ya le traigo algo para que se trate la herida!
-Muchas gracias, es una jovencita muy amable…
El hombre le sonreía mientras ella se perdía entre los pasillos para llegar a la cocina. Una vez allí, comenzó a ojear todos los objetos que aquella elfa tenía, los reconoció al instante y su amable rostro cambio por un completo de odio al darse cuenta que aunque ella no lo supiera, tenía al propio Viren en su casa. ¿Cómo habrán llegado allí? ¿Claudia le regalo todas sus cosas a una elfa? No, ella no sería así. Era una actitud de solidaridad que su propio hijo fuera tan botado con las cosas que él creía que ya no le servían… como sus armarios y cenefas personales que el propio Harrow en vida le había regalado.
-Tengo algo de medicina élfica – De nuevo llegó Mildreth hasta la sala donde Viren cambió su semblante nuevamente a uno amable – No creo que le quite la cicatriz, pero puede hacerlo sentir mejor…
Le estiro aquel frasco y le invito a sentarse en uno de sus propios muebles para que se curara la herida que cierto mago pelicastaño le había causado días atrás.
-Es una elfa muy amable – Comentaba – Llevó toda la mañana pidiendo ayuda y nadie se atrevía a abrirme la puerta – Mentía mientras fingía su voz con tristeza – Por cierto, es tuya la casa?
-Sí! Claro! La compré a Rolf, el dueño de la tienda de alfombras – Hablaba de forma orgullosa de su morada – Lamento el desorden pero es que apenas estoy organizando algunas cosas que me dieron.
-Oh! Ese símbolo – Señalo a uno de los estantes que contenía la insignia oficial de Katolis – Es de la familia real, no?
-Bueno… - Mildreth no sabía cómo explicarle aquello sin que sonara que los había robado o tomado sin permiso – Uno de los hombres más cercanos al rey Ezran me los obsequio… dijo que eran de su padre y como había muerto no los necesitaba más… - Viren tuvo que guardar la compostura ¿Su hijo lo hizo pasar por muerto? Bueno, era justo luego de que Runaan casi lo matara cuando escapo.
-No, no importa, es una pena preguntar por estas cosas luego de tanta hospitalidad – Continuaba fingiendo amabilidad – Me es raro, creí que todos los elfos habían partido ya hacía sus tierras.
-Algunos decidimos quedarnos… hay unos cerca al Nexo de Luna creo – Pensaba sobre el destino de los suyos – Y yo bueno, me quede a vivir aquí… con los humanos.
-Ya veo, déjeme decirle que tiene una linda casa, señorita – Agradeció por la medicina élfica y le entrego lo que restaba luego de echarse algo en la cara que aunque no le quito la cicatriz sí le bajo demasiado el ardor – Debe sentirse muy orgullosa.
-La verdad sí, señor – Sintió entonces que había olvidado algo que hacer y se levantó de su puesto para ir directo a la cocina nuevamente.
¿Nexo de Luna? Debió ser idea de Soren llevarlos allá, sería difícil… y si su hijo esta tras la idea debe tenerlos bien resguardados bajo centenares de soldados listos para atacarlo apenas le vieran. Si fueran unos cuatro o cinco a lo mucho podría contra ellos, pero viendo todos los destrozos que ha causado se imaginó que han de tener demasiada seguridad. Por otro lado, robar la esencia primaria de esta elfa a la fuerza era mala idea, el proceso es largo y llamaría mucho la atención si ella se niega. De inmediato le caerían todas las fuerzas de Katolis a esa casa.
De repente volvió Mildreth con un tazón de madera llena de comida vegetariana, no había nada de carne, era obvio y aunque no era muy de gustos de yerbas tendría que aceptar si no quería que su fachada se cayera.
-No puedo creer que trataran de prenderle fuego – La elfa comento sobre el "incidente" – Creí que todos eran amables aquí.
-Muchachos locos, son jóvenes que no pueden ver a un viajero tranquilo – Añadía mientras comía de aquel plato orgánicamente saludable – En todo caso, dijiste que te gusta vivir con los humanos, no? Por qué?
-Son amables… me han tratado bien desde que llegue y no me ven raro o me ignoran… - Comenzó a bajar su voz de forma desanimada – La paz entre las razas fue una de las mejores cosas que pudieron pasarme, realmente…
-Y este muchacho que te obsequio las cosas de su padre es especial para ti? – Aquella pregunta le carcomía la lengua, de solo ver que su linaje se anda arrastrando con una elfa le parecía nauseabundo y asqueroso.
Mildreth se sonrojo ante aquello, no sabía cómo responderle a este anciano tan… ¿Preguntón? ¿Por qué tan interesado en su vida personal?
-Bueno… me trata bien y me hace reír a veces… - Miraba hacía otro lugar mientras sonreía todavía ruborizada – Es decir, es una buena persona y me agrada…
-Oh! Lo que es el amor joven - ¿Amor? ¿En serio estaba hablando de eso? – Deberían estar juntos si tanto se aprecian, ya sabes, el tiempo apremia lo que el corazón pide - ¿De qué estaba hablando? ¿Consejos amorosos? ¡Pero sí fue un desastre con su matrimonio cuando lo tuvo! Se sentía asqueado hablando del tema.
-Sería interesante… pero bueno… - Reía un poco cabizbaja – Es humano y yo bueno…
No sabía cómo terminar la frase, pero ya más o menos Viren había dado donde él más quería.
-Ya veo… - Hizo como si estuviera pensando – Es mejor vivir una vida feliz y con alguien que una eternidad en la soledad… - Mildreth abrió los ojos como un par de platos ante lo que escucho, era como si aquel sujeto raro la estuviera entendiendo.
-Como sabe que es eso? – La conversación estaba poniéndose muy incómoda y hasta cierto punto tétrico.
-En mis viajes he conocido elfos que han rechazado su inmortalidad solo para estar con el amor de su vida – Una mentira más, no ha conocido más elfos que Runaan y al que tiene escuchando todo desde el lóbulo de su oreja sin ser visto todavía – Y no se han arrepentido de su decisión. Una vez que se encariñan con los humanos deciden llevar vidas normales hasta su muerte con una sonrisa en su rostro de saber que tomaron la decisión correcta.
Mildreth no decía palabra alguna, era como si aquel sujeto estuviera en su mente escarbando todo lo que ha estado sintiendo desde que se instaló a vivir con los humanos.
-De todas formas, me imagino que ya has hecho nuevos amigos desde que llegaste – Continuaba hablando – Van a envejecer y ver el paso del tiempo mientras tú no lo haces… y verlos caer uno a uno a las personas que más quieres es muy doloroso…
-Me sugiere que renuncie a lo que me hace elfo solo para poder vivir entre ellos con normalidad? – Pregunto Mildreth a lo que Viren asintió – Pero es imposible, tendría que desconectarme de mi fuente primaria para hacerlo…
-Sí, es difícil… pero no imposible, mujer – Viren dejo el plato casi a medias sobre la mesita que tenía enfrente y se levantó de su asiento – Yo podría ayudarte, que haya llegado hasta aquí no fue por casualidad, tal vez el destino sea lo que me trajo hasta ti…
-Yo…
-No te preocupes, estaré por el reino un par de días si decides aceptar, te ayudare con tu problema…
Se fue sin decirle otra palabra más sabiendo que quizás haya logrado moverle aunque sea un poco los sentimientos a aquella muchacha elfa. Esperaba que aceptara pronto, no quería tener que esconderse por mucho en Katolis.
-Bien hecho… - La oruga de color purpura tras su oreja salió una vez que estaban ya lejos de aquella casa – Accederá pronto, no te preocupes…
-Espero que sepas que es lo que haces…
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Soren no paraba de hablarle a Tiadrin y Lain sobre las cosas élficas que todavía no podía entender y sabiendo que se encontraba con elfos ya mayores tuvo que saciar su curiosidad de cualquier forma. De todas formas, ha estado interesado en su cultura desde hace un par de días sin una razón aparente ante los ojos de los padres de Rayla, pero él lo hacía era para poder entender mejor a su nueva amiga elfa de luna; Mildreth. Ethari no era muy conversador y no creía que Rayla pudiera saciar su curiosidad como era debida, así que teniendo nuevos elfos y más con esos rostros tan amables era imposible que no fueran capaz de responderle unas cuantas preguntillas.
Los esposos trataban de explicarle lo mejor posible todo, de todas formas era más por educación, vieron la forma en la que ataco a Runaan un rato antes, así que hacerlo enojar no creían que fuera buena idea aunque ellos también fueran guerreros este sujeto sí infundía un temor grande aunque pareciera medio idiota.
-Y bien! – Se detuvo antes de llegar a los jardines – Creo que les daré unos minutos a solas con él para que pueda llevarlo con su esposo.
-Podríamos ser nosotros quienes le demos la noticia? – Pidió amablemente Tiadrin, a pesar de todo lo que Runaan les ha hecho, querían hacer sentir bien a Ethari después de tantos años sin verle.
-Bueno, por lo general no suelo desobedecer una orden directa del rey Ezran – Se cruzó de brazos mirándolos seriamente, lo cual dejó perplejos a la pareja – Pero me caen bien! – Su rostro cambió a uno divertido y amable – Claro, pueden hacerlo, en un rato vuelvo.
Los esposos se miraron por unos segundos antes de tomarse de las manos y empezar a caminar de forma tranquila hasta donde estaba su amigo de hace años. Era increíble poder volver a verlo, aunque solo fuera que estuviera de espaldas en ese momento. Tragaron algo de saliva y cuando estaban a escasos centímetros fue que escucho unos pasos tras de él y al girar su cabeza no podía ni siquiera creer que era lo que sus ojos estaban viendo: sus amigos… su familia… estaban allí. Tiadrin lucía igual de hermosa a como la vio la última vez y Lain seguía teniendo ese aire de autoridad y fuerza que siempre emanaba. Se levantó lentamente y fue hacía ellos todavía perplejo de lo que estaba pasando.
Llevo su mano hasta el antebrazo de Lain para corroborar de que esto no era una ilusión y de que sus dos amigos están ahí, frente a él. Miles de sentimientos inundaron su ya maltratado corazón, después de tantos años de estar a la deriva emocional sobre lo que ha sucedido con ellos finalmente puede estar tranquilo de que están bien. No pudo evitar no sollozar al verlos y abrazarlos con tanta fuerza que era como si no quisiera jamás soltarlos. Los esposos fueron recíprocos al recibir tan bello gesto por parte de este y de inmediato le devolvieron el abrazo.
-Es… un milagro – Ethari continuaba sollozando – Esto no parece ser real.
-Lo es, viejo amigo – Fue Lain quién le calmaba – Los humanos nos trajeron de regreso – Conto y Ethari no pudo soltar una pequeña risita.
-Son criaturas realmente admirables y perseverantes – Confeso – Estos pocos días que he tenido el placer de estar junto a ellos me han demostrado mucho más de lo que creíamos saber – Aludía a la raza contraria, raza que por defecto le habían quitado a su esposo pero que no les guardaba rencor alguno.
-Sí, supongo que todo esto… es… distinto – Tiadrin se añadió a si misma a la conversación.
Por unos instantes callaron, tenían tanto de que hablar, pero con sinceridad no tenían idea de cómo empezar. Un enorme muro parecía estarles estancando lo que entre los tres se querían decir con tanto anhelo.
-Supongo que sí están aquí Rayla también, no? – Fue Ethari quien decidió romper con el esquema de mudo que tenían.
-Sí, ella está aquí, dice que te saludara más tarde… - Comento Lain – De todas formas… - Miro a su esposa quién le daba una tierna sonrisa para luego ver a su viejo amigo quién estaba confundido con el gesto de la mujer – No solo volvimos con Rayla…
Ethari no parecía entender nada de lo que hablaba el otro.
-Lain quiere decir que Runaan también vino con nosotros – Tiadrin le conto aquello y el elfo dio unos cuantos pasos para atrás. Se tapó la boca con ambas manos mientras de sus ojos empezaban a salir una cascada de lágrimas, sentía su corazón tan lleno de tantas emociones y sentimientos que eran casi que indescriptibles, cayo de rodillas al suelo ante tal impactante noticia. Esperaba en lo más recóndito de su alma que si volvía a ver a su esposo bajo una manta blanca ocultando su inerte cuerpo y solo llevándoselo por mero respeto, pero escuchar que estaba vivo y cerca fue lo mejor que pudo haber escuchado en años.
Los esposos se acuclillaron para calmarlo, ambos se lanzaban pequeñas miradas de complicidad al no revelarle a su debida forma todo lo que ha estado intentando hacer Runaan, era lo mejor, debía ser él quién le confesara todo a Ethari y no ellos. Le ayudaron a levantarse y entre la voz cortada les pidió:
-Puedo… verlo? – Era más una súplica que una petición, él no creía encontrarse en forma para pedir algo, menos en un reino que no era el suyo y a sus dos amigos que no ha visto en tantos años.
Tiadrin fue hasta un soldado que pasaba por allí y le pidió amablemente si podía ir a buscar a Soren, el hombre asintió de inmediato y en menos de cinco minutos el fortachón ya se encontraba con los elfos.
-Qué pasa? – Les pregunto, creía que querían más tiempo a solas.
-Señor Soren, Ethari pide amablemente por ir a ver a su esposo – Tiadrin fue quién le pedía el favor.
-Ahora? – Los esposos asintieron – Muy bien, de todas formas tenía que llevarlo apenas acabara con ustedes, vamos Ethari – Le pidió de forma amable para que lo acompañara.
-No vendrán ustedes? – El elfo dirigió su mirada hacía sus amigos y estos negaron de inmediato.
-No, Ethari… ve solo, más tarde tendremos tiempo para desatrasarnos – Fue Lain quien respondió por ambos.
El elfo solo asintió y fue yéndose entre los pasillos hasta perderse de la vista de ambos mientras no podían evitar sentirse mal de no haberle dicho nada a su amigo.
-Crees que Runaan le dirá todo? – Indago Tiadrin confundida.
-Si aún le queda algo de honor y amor por nosotros lo hará… o sino nosotros se lo diremos junto a Rayla, cariño – Lain la abrazo por los hombros mientras se quedaban para observar el jardín y las bellezas que allí habrían para deleitar su vista un rato.
-o-
La enorme cicatriz que Callum le dejo a Viren le hacía pasar desapercibido por cualquier parte, tanto así que aunque no tuviera la capucha nadie daba por sentado que se trataba de él. Lo único desagradable a su vista era esa túnica harapienta y mugrosa y un aroma que emanaba como si no se hubiera duchado en meses y así parecía ser. Pero era mejor así, al menos podía pasar al lado de los guardias sin levantar sospecha alguna. Tenía planeado quedarse cerca a la casa de aquella elfa, si ella deseaba contactarlo sabría dónde buscarlo y no tendría que ir demasiado lejos.
Ese día se quedó por varias horas en una posada, más que todo en el salón principal donde vendían alcohol y comida para el viajero. Miraba hacia afuera esperando encontrar la figura de aquella mujer en la calle y darle señales desde la ventana para que fuera hasta donde él. Su tiempo lo invertía pensando en las miles de maneras que tenía para desquitarse de los príncipes y su hijo mientras que Aaravos desde la discreción de su disfraz siendo una oruga le ponía conversa. Atraía una que otra mirada al verlo hablar solo, pero la gente solo pensaba que se trataba de otro viejo loco que tanto se amañaba por allí sin saber que se trataba del hombre más peligroso que podría haber en ese entonces por aquel reino.
De repente vio como Mildreth se encontraba caminando en dirección hacia la posada. Estaba totalmente nerviosa, alcanzo a verlo desde hacía varios metros sin que él se diera cuenta. Tenía el ceño fruncido y no parecía estar muy contenta. Viren estaba esperando lo peor, tal vez insultarlo y quizás dárselo a los guardias para que lo encerraran por intentar hacer magia oscura sobre ella. Tenía bajo su manga un pequeño elixir en polvo que la dormiría de inmediato una vez se lo soplara en la cara para escapar de allí y buscar un nuevo plan de ataque. Apenas la vio entrar este no le quitaba la mirada de encima, la elfa fue hasta su mesa y se sento al lado opuesta de esta para verle a sus ojos.
-Lo he pensado… - Dijo finalmente – Y quiero tener una vida corta… - Le contó de forma ingenua – Tienes razón, lo único que separa a los elfos de los humanos es su longeva vida, pero yo… - Miro las palmas de sus manos y después vio las de aquel hombre y noto que a pesar de que no tuviera un meñique esto no la hacía mejor que este, ni sus puntiagudas orejas, ni sus astas… - Yo ya no me siento más como una elfa… de hecho, hace años deje de sentirme orgullosa por ser lo que soy.
Viren tenía a su disposición una jarra de vino que compró y le sirvió en su propio vaso de aquel líquido a la elfa. Esta la tomo entre sus dedos titubeando si era correcto o no beberlo.
-Puedo darte aquello… - Le respondió de forma calmada Viren – Puedo ofrecerte una vida normal, pero ya sabes que la luna no volverá a tener cobijo contigo.
-Lo sé… - Hizo una mueca de total indignación ante aquello – Pero los humanos no tienen ningún arcanum y sin embargo… - Vio hacía la calle y miraba como las parejas paseaban tranquilamente y contentas mientras reían que algo le hizo punzar su corazón – Son tan felices.
-Muy bien, Mildreth – Se sirvió otra copa él que tenía cerca por si ella llegaba – Entonces lo haremos.
Bebió del vino, cosa que finalmente la tranquilizo para que ella hiciera lo mismo esta vez sin ningún temor.
-Va a dolerme? – Pregunto asustada.
-No desde que veas cuan dispuesta estas para aceptarlo…
-Dile que vaya al castillo hoy al anochecer… - Aaravos le hablo y Viren no parecía comprender la razón de esto – Si voy a volver quiero hacerlo a lo grande.
Viren no estaba seguro de aquello, podría escabullirse por las cloacas hasta llegar donde tiene escondido el espejo dentro de los muros del castillo, pero aquella elfa vería muy sospechoso si se lo contaba de esa manera.
-Hoy, al anochecer en el castillo – Mildreth arqueo una ceja ¿Por qué allí? ¿No podría hacerlo allí mismo? – Tengo que pedirle un favor a alguien allí que me dará el único ingrediente que falta – Mentía, solo era para que ella fuera directo hacía el matadero.
-No… no creo que pueda entrar así como así, tal vez si hablo con Soren pueda hacerlo – Tuvo que guardar la compostura al escuchar el nombre de su hijo – Pero no quiero abusar de su hospitalidad.
-Oh! Créeme, este muchacho al parecer siente que eres especial para él – Contó para animarla a ir al castillo.
Mildreth vio su reflejo en el vino una última vez ante de beber lo que quedaba.
-Bien… entonces te veré en el castillo… - Se levantó de su asiento y le dejo solo para que preparara todo lo necesario para la noche.
-Pobre ingenua – Aaravos reía de forma maquiavélica – No tiene idea de que este será su último día de vida.
Viren no respondió ante este comentario, dejo que su silencio hablara por él. Las cosas por fin estaban sucediendo y cuando acabara la noche… él terminaría siendo el ganador.
-o-
Como era de esperar con Rayla y daba su poca confianza en los muros del castillo era lógico que terminaría perdiéndose en los enormes pasillos de aquel lugar. Quería encontrar a Callum y pasar algo de tiempo juntos antes de la cena, aunque han pasado varios días desde la última vez que tuvieron intimidad sentía unas enormes ganas de volver a hacerlo, la experiencia pasada fue tan gratificante como hermosa a pesar de que fue en una posada, pero ya en el propio hogar del mago quizás se vería de forma más romántica, justo como ella lo soñaba.
Tuvo que preguntarles a varios guardias sobre donde era que quedaba el cuarto del maestro de los cuervos y cada uno la enviaba por direcciones equivocadas. No supo cuánto tiempo perdió caminando pero al final logro dar con el verdadero paso hasta allí, por fin, ya era hora. Ahora entendía porque su mago no se quedaba allí por largas jornadas. Se detuvo unos segundos al frente de la puerta de la habitación real de Callum, el lugar donde todo empezó nuevamente. Quién diría que después de unas cuantas semanas ese sería su cobijo por un tiempo pues aunque la idea de viajar nuevamente le emocionaba primero quería descansar por unos días y tratar de detener a Viren, era lo único en lo que pensaba. Tal vez si se topaba con Claudia podría llevarla al dichoso Spa que le hablo cuando estaban en Neolandia, sí, un masaje no le haría mal… esperen… ¿Por qué permitir que otra persona la toque cuando puede ser el mismo pelicastaño quién lo haga? Se ruborizo de solo pensar en aquello.
Estaba casi segura de que estaba muy cerca, sí, podía escuchar a esos condenados cuervos a lo lejos del pasillo graznar ¿Los cuervos graznan? Bueno, no tenía idea, jamás ha escuchado alguno en su vida, en Xadia no pasan esas aves, menos por el bosque plateado. Mientras caminaba una extraña sensación empezó a experimentar; sus rodillas temblaban y por un breve momento sintió un mareo poco común de la nada. Se recargo sobre una pared para no caer al suelo, quizás se trataba de cansancio, no ha dormido bien debido al viaje, sí, eso debía ser. Se recompuso y de inmediato fue hasta el salón del maestro de los cuervos donde encontró a su pareja de espaldas escribiendo al parecer una carta. De forma sigilosa fue hasta donde él y de forma tierna cubrió sus ojos con sus dedos para que este se entorpeciera con lo que escribía:
-Adivina quién es… - Canturreaba con una voz algo sexual a lo que Callum no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa ante el gesto.
-A ver… - Le seguía su jueguito – Debes de ser una elfa… sí, hasta aquí siento el aroma de los elfos… de casual eres la mujer que cada vez que me topo estoy en peligro de muerte constante?
Aquel chiste fue de tan mal gusto que de inmediato le soltó para darle un pequeño empujón divertido por la espalda. Se hizo a su lado para saber qué era lo que escribía y parecía decir: "Necesito que te reúnas conmigo en el seno de la pentarquía de reinos, es importante y urgente. Atentamente: Callum" Podría tratar de ser más cordial con sus cartas, pero solo el mago era quién conocía como tratar a sus amigos.
-Si lo escribes así parece que se tratara de una tragedia – La albina le sugirió.
-Tiene que ser así, solo así responderán – Le entrego el último papel al maestro de los cuervos quién ya estaba preparando al último de ellos para partir – Y bien, Rayla… Qué te trae por estos lares?
-Bueno… - Se acercó de forma seductora hacía él para que este la abrazara por su cintura y le diera un pequeño beso en los labios – Resulta que estos días he estado muy ansiosa de volver a tener a un joven mago conmigo – Se mordisqueo el labio inferior tratando de verse lo más sexy que pudiera y vaya que funcionaba, el mago no pudo evitar volver a besarla esta vez de forma más prolongada hasta que se dieron cuenta de que había alguien allí quién parecía estarlos observando con algo de ánimo.
-Maestro de los cuervos! Lo siento! – Se separó de la elfa muy apenado, se le había olvidado que estaba con el joven también en esa misma habitación.
-Oh! No se preocupen por mí! Yo me iré a hacer otra cosa…
El hombre los dejo solos en aquella habitación y una vez desapareció empezaron a reírse como locos después de pasar tan bochornosa situación. Era como si nada hubiera cambiado entre los dos, salvo que ahora ya eran más íntimos y eso les gustaba.
-Quieres ir a tomar un baño? – Le propuso Callum a su elfa – Digo, hace días no lo hacemos.
-Sí, apesto a mil rayos… - Hasta la propia Rayla estaba asqueada del aroma corporal que ha ido adquiriendo con los días.
Después de un buen rato en los baños reales y de una intensa y acalorada charla donde se hacían chistes extraños y sexuales frente a las sirvientas del reino fue que optaron por ir a la cocina y robar algo de comida para llevar a la habitación del mago. Tomaron un poco del gusto de ambos, aunque esta vez Callum opto por no llevar carne, no porque vaya a dejar de consumirla, solo que no quería lidiar con las hormigas por si llegaban allí.
Aunque el plan de Rayla era pasar el mayor tiempo con sus padres, opto mejor por dejarlos solos con Ethari, todavía no se sentía preparada para encarar a su otra figura paterna por así decirlo… ¿Se pueden tener tres padres? Sí, Rayla parecía tener tres; uno que la ama, otro que no le habla y otro que intento matarla… bueno, es un equilibrio bastante balanceado si se puede permitir decir. Quería pasar tiempo con su familia, pero su cuerpo quería era pasar más tiempo con el mago y a eso no se le puede negar.
Una vez que Callum abrió la puerta se quedó perplejo de lo que encontró: toda su habitación estaba decorada y perfumada con cientos de pétalos y rosas por doquier, como si se tratara de que cupido hubiera entrado a ese cuarto nada más para inundarlo con tan penosa decoración. El mago por poco deja caer la bandeja con frutas que llevaba al ver todo eso frente a él.
-Qué… mier… - Ni siquiera podía explicar aquello, no era como si él lo estuviera planeando.
Rayla corrió de inmediato hasta la cama para lanzarse con fuerza hacía el colchón de plumas y ver como los pétalos volaban de forma divertida y cubrían parte de su cuerpo. Encontró entonces una hoja sobre la que cayó y la desarrugo para leerla en voz alta para el pelicastaño:
-"Sabia que si volvías ibas a volver con Rayla, así que les prepare un bonito detalle de bienvenida yo también. Atentamente: Soren" – La albina comenzó a reírse de que el guardián de Ezran fuera tan perspicaz y no se perdiera nada.
-Ay ese tipo… - Cerro entonces la puerta con cuidado y dejo la bandeja en un nochero para acostarse junto a su elfa también. Verla rodeada de pétalos de rosas fue tan exquisitamente hermoso que era un pecado si no la tocara.
-Espera! Hay más – Seguía riéndose – "Posdata: Cuídense mucho, son muy jóvenes para tener hijos todavía" – Callum solo pudo llevarse una palma para golpearse con fuerza el rostro de lo apenado que estaba – "Posdata dos: Hace dos días que llevo preparando esto porque no sabía si volverías. Pero no te preocupes, las rosas las cambie el día de hoy" – Ahora sí empezaba a leerse más como si Soren lo hubiera hecho – "Posdata tres: Si el jardinero te pregunta sobre porque ya no hay rosas en el jardín no le vayas a decir nada"
-Creo que Soren es muy dramático a la hora de tener sexo con alguien – Decía Callum.
Rayla se giró por completo para quedar encima del mago, poniendo sus manos a ambos lados de la cabeza del mago y luego ir hasta los labios de este para besarlo como era debido. Hacía días que no los probaba como ella quería debido a la interrupción de la llegada de sus padres, así que se ha estado guardando las ganas lo más que podía por mero respeto a sus padres cosa que a fin de cuentas tenía que ser así. Aunque se moría de ganas de besarlo en cualquier lugar debía darse su espacio para que no se viera tan vulgar menos frente a sus progenitores. Una vez que les falto el aire se separaron tan solo a escasos milímetros mientras la elfa solo juntaba su frente con la del joven mago.
-Agradece que no estamos en el pasto… o en una posada con una cama donde quien sabe quién ya estado – Argumentaba – Al menos esto sí es más romántico.
-Oh! Sí? – Le dio una risa picarona mientras no se despegaba de esos hermosos iris violetas que tanto le encantaban – Así era como lo esperabas?
-No… - Hizo una leve mueca de desaprobación para luego pasar a una gran sonrisa – Es mejor todavía… - Nuevamente junto sus labios con los de este para besarlo. Lo admite, se ha vuelto adicta a Callum, lo suficiente como para no querer despegarse ni un minuto de él. ¿Entonces así se sentía ser correspondida? Aunque Ville le correspondía también no es que ella no lo quisiera, solo que no se sentía igual de especial a como lo hace junto al pelicastaño. Estaba completamente loca y enamorada de él, eso sí, no podía negarlo ya o hacerse la fuerte de no demostrarlo cuando desde que se volvieron a ver no ha hecho más que desear que estos momentos llegaran para siempre quedarse. Aunque tampoco es como si fueran a tener sexo todo el tiempo, pero al menos sí cuando tuvieran ganas de hacerlo y ahora que está empezando a disfrutarlo como era debido – Oh! Por cierto! – Dijo mientras se despegaba de él – Ezran hará una especie de cena para celebrar que volvimos, supongo que querrás ir, no?
-Una cena? – Arqueo una ceja – Al menos solo será para nosotros… sí, claro que iré… pero mientras – La tomo suavemente del cuello para acercarla y volver a besarla – Qué te parece si aprovechamos el tiempo?
-Me parece maravilloso…
-o-
Ethari y Soren bajaban hacía las mazmorras del castillo para que el elfo pudiera reencontrarse con Runaan. Si bien el rubio no era como muy fan del elfo de luna que casi lo mata no podía decirle que no a Ethari quién le ha estado dando consejos los últimos días de como conquistar a chicas de su raza y al parecer ha estado funcionando pues estaba seguro de que la mujer que tenía entre sus pensamientos estaba correspondiendo a cada gesto de bondad que él le daba cuando estaban juntos.
En su camino no hablaron demás salvo lo que el rubio pedía. De hecho, estaba casi seguro de que lo único que tenía en su cabeza era solo volver a ver a la persona que él tanto ama y que ha estado esperando por tanto tiempo. Tenía su mente en las nubes, no tenía idea de cómo reaccionar ante Runaan. Pasaban por un pasillo donde habían varias celdas desocupadas, al fondo se podía ver a dos guardias custodiando una celosamente y en vilo de guardia por si alguien se atrevía a bajar hasta allí. Una vez vieron a Soren le saludaron de forma militar para luego tomar descanso.
-Descansen, señores – Les ordeno – Cuanto tiempo crees que vas a necesitar para estar con él? – Giro su rostro hasta el elfo de piel más oscura y este algo sonrojado no supo bien cómo responderle.
-No… no lo sé… el que crea prudente, señor Soren – Su voz estaba calmada y algo apagada, se le notaba cierta tristeza.
-Muy bien… una hora – Le regalo una pequeña sonrisa, sabía que el elfo había estado esperando mucho tiempo por esto – Y oye… si lo ves muy golpeado, sabrás que… bueno… - Se rascaba la nuca algo apenado – Señores, dejen a los elfos solos pero cuiden el pasillo, es una orden.
Soren partió de inmediato y ambos soldados solo hicieron algo de espacio para abrir la puerta y dejar que Ethari entrara. Trago algo de saliva y estaba comenzando a dudar de si era buena idea entrar en este momento. Tal vez el viaje fue muy largo y por lo que acaba de contarle el rubio lo más probable es que fuera maltratado antes de caer en esa mazmorra. Los hombres esperaban pacientemente que el peliblanco entrara de una vez para poder dejarlos solos y patrullar el pasillo. Uno de ellos parecía invitarlo a acceder con la mirada.
Al final tomo todo el aire que pudo y entro con algo de miedo a aquella oscura celda de la cual solo provenía algo de luz de una pequeña rendija que sobresalía del techo para darle algo de sol y aire fresco. Observo las penas condiciones en las cuales se encontraba esa mazmorra y le parecía que era más para custodiar bestias que seres con uso de razón, pero que más podía esperar de los humanos, siempre han sido así de poco empáticos, hasta con los de su propia raza. Sintió entonces como era empujado a más adentro solo para escuchar cómo era cerrada la puerta con fuerza y le era echada llave para que no escaparan ¿Planeaban dejarlo encerrado ahí también? No, confiaba en la palabra del rey Ezran de que no sufriría castigo alguno por los errores de su esposo.
Se fijó entonces a una esquina donde había un pedazo de madera suspendido con cadenas en el aire y donde allí reposaba una figura recostada dándole la espalda. Al parecer no ha escuchado que hay alguien con él. Quizás sí debió esperar mejor un par de horas para que él pudiera descansar, pero le ganaban más las ansias, quería saber cómo estaba, si era el mismo hombre que una vez vio partir del bosque plateado a seguir con su misión, si era el mismo hombre al que amaba tanto.
A paso lento fue dirigiéndose hacia la figura, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho… no esperaba que su reencuentro fuera así, creía que lo vería unos días después de partir a reclamar justicia por el rey de sus dragones… pero ya cinco años después se nota desde su lugar que el aura de aquel hombre ha cambiado. Su cabello estaba hecho un desastre, enmarañado, como si llevara meses sin peinarlo o lavarlo adecuadamente. Miraba como respiraba de forma apaciguada, tal vez estaba durmiendo y él venía con intención de interrumpirlo.
A escasos centímetros, estiro un poco la mano para alcanzar la blanca cabellera y tocarla, volver a sentir esas hebras entre sus dedos después de tantos años… pero algo sucedió, de repente Runaan se movió rápidamente y en un giro rápido de su muñeca logro apresar los dedos de Ethari… fijo entonces sus orbes en los del moreno durante un instante y no podía creer ni un segundo lo que estaba viendo… era él, era su ser amado, la persona a la cual se llevó su corazón cuando emprendió todo este viaje de venganza.
Su rostro estaba hecho una miseria, entre el polvo y los moretones provocados por Soren lo hacían ver de una forma tan deplorable mientras que Ethari lucía tan radiante y hermoso como siempre… como lo recordaba… como lo había dejado. Su corazón empezó a latir de forma rápida y nerviosa, estaba asustado de pensar que todo se trataba de otro sucio truco del hechicero… ¿Esto era real? No se inmutaba ni una sola palabra por parte de ninguno de los dos, estaban estáticos mirándose a los ojos como si se trataran de un par de desconocidos que apenas llegan a verse. El moreno comenzó entonces a soltar algunas lágrimas sin querer y a morder sus labios para no sollozar de forma fuerte frente a su esposo.
Con su mano libre, fueron sus dedos hasta la mejilla de Runaan para apartar algunos rebeldes mechones de su cabello del rostro, efectivamente, era su esposo, un poco maltratado, pero era él. El ex – asesino empezaba a dar hondas respiraciones como si quisiera aguantar el llanto, pero el tacto de sus dedos con la muñeca de Ethari le hacían entrar en razón de que obviamente todo era real, de que no era un truco ni mucho menos un sueño. Estaban juntos, por fin, después de tantos años volvían a verse, quizás no bajo las circunstancias que ambos deseaban, pero esto era lo real, lo que sus corazones han estado pidiendo a gritos durante tanto tiempo.
Ethari bajo un poco su rostro para chocar su frente de forma suave con la de él mientras continuaba acariciando su rostro. Runaan al final lo entendió… él estaba allí… viajo desde tantos kilómetros solo para esperarlo allí porque quizás sabía que ahí era donde estaría.
-No sabes… - Dijo Ethari sollozando – No sabes lo que he esperado por este momento…
Runaan no inmuto palabra alguna, solo le soltó la muñeca para ir lentamente con su brazo y abrazarlo como era debido. No quería soltarlo ni por un segundo, sentía como su respiración chocaba con su cuello y le provocaba un pequeño cosquilleo de cariño y amor que se ha estado guardando. Se quedaron así por unos instantes, dejando que el silencio fuera presente, solo con sus respiraciones agitadas y hondas de llanto por parte de Ethari era lo único que se escuchaba mientras el otro continuaba perplejo. Fue entonces que el moreno deshizo el abrazo para volver a contemplar su rostro y lentamente fue yendo hasta la comisura de sus labios para probarlos… una vez… una vez más luego de cinco años de austeridad.
Aunque sus labios estaban resecos y heridos no le importaban en lo más mínimo a Ethari, eran los labios de la persona que más amaba en el mundo y con eso era más que suficiente. Volver a sentirlo, volver a tocarlo, a abrazarlo. Su corazón palpitaba de alegría y su cuerpo se llenó de tantas emociones indescriptibles que no había sentido en varios años. Era un momento mágico, a pesar de que estuvieran casi a oscuras y en una mazmorra en otro reino, era especial, era un reencuentro soñado después de tanto tiempo sin saber nada del uno como del otro.
Pegados como un par de novios románticos se quedaron así por unos minutos, saboreándose los labios entre los dos como si fuera la primera vez que se hubieran visto. Ethari fue bajando por los brazos de Runaan y entonces sintió algo extraño que le apretó de forma violenta su corazón, sintió que su extremidad izquierda no estaba… se separó de él extrañado y vio la deplorable condición en la que se encontraba y no pudo evitar no volver a abrazarlo esta vez con más fuerza.
-Supongo que hay mucho de lo que tenemos que hablar… - Soltó Runaan sin mostrar mucha emoción.
No poseían mucho tiempo y tampoco sabían si volverían a verse, tal vez el rey Ezran pueda darle más permisos para bajar a verlo mientras vienen por él los demás elfos de luna, pero era mejor aprovechar el poco tiempo que tenían para tratar de ponerse al corriente y saber qué fue lo que sucedió. Ethari quería escuchar de los propios labios de su esposo todo, sin que omitiera ningún detalle… aunque era mejor que hubiera guardado algunas cosas.
Ambos sentados en aquel pedazo de madera suspendido fue que Runaan le comento sobre cómo fue que fallaron su misión principal, como fue que termino siendo encerrado y esclavizado por aquel hechicero y cómo fue que casi mata a su casi hija por mera venganza. Ethari pudo entender prácticamente la mitad de todo lo que decía, excepto la parte de matar a Rayla, era como su pequeña adorada después de todo y saber que su esposo casi la mata o casi hace que la maten no lo iba a perdonar tan fácil. Estaba con un nido de incertidumbre sobre lo que escuchaba, por lo general lo poco que sabía era por parte de Solveg y aquel tipo realmente hablo de él como si fuera el peor de los criminales sobre la tierra.
Pero si algo tenía Runaan, es que no era un mentiroso, siempre ha hablado con la verdad ante todo no importaba qué.
-Matar a Rayla? – Dijo sin mostrar ninguna emoción Ethari mientras miraba el suelo.
-Lo sé, estuvo mal y me arrepiento de corazón… me deje llevar por la venganza y el odio que sentía – Explicaba tratando de excusar tan vil acto – Te falle a ti, a Lain, a Tiadrin y a Rayla… no sé como puedan perdonar lo que hice… - Estaba igual de inexpresivo que su pareja – Hubiera deseado caer con mi grupo esa noche, así no habría decepcionado a nadie…
-Ni lo digas! – Le reprendió de inmediato el moreno – Las cosas pasan por algo, Runaan… estoy igual de impactado por todo lo que has pasado. Pero no todo es malo realmente – Se giró para verlo esta vez con un rostro más armonioso – El rey Ezran pedirá clemencia por ti, me lo prometió… no dejara que los elfos de luna te ejecuten por lo que hiciste.
-Y tú le creíste? – Una pequeña risa llena de tristeza se hizo presente en su rostro.
-Por supuesto que le creo – Hablaba con seguridad – Si el de verdad te quisiera ver muerto por completo ni siquiera habría dejado que hablara contigo.
-Tal vez solo muestra compasión por sus enemigos, así lo verán como un rey compasivo – Solto Runaan sin ningún reproche.
-De verdad crees que ese niño te odia? – Alzo una ceja todavía sin creer lo que él le declaraba – Esto no es una disputa entre tú y él. Y hasta donde sé… parece que ya te perdono por haber asesinado a su padre…
Últimamente Runaan ha estado notando como todos los congéneres que conoce están del lado de los humanos ahora. Prometió ayudar al mago y a Rayla atrapar al hechicero ¿Pero cómo puede hacerlo si se encuentra encerrado como un vulgar criminal? Bueno, actualmente lo es.
-Tienes razón – Suspiro de forma pesada – Esto ya no se trata entre el muchacho y yo… hay algo peor que se aproxima – Asevero algo preocupado – Ethari… - Le tomo de la mano – Tenemos que huir de aquí… - Le miro a los ojos seriamente y esto dejo un poco impactado al moreno.
-Huir? – No entendía por qué el cambio tan de repente de su esposo – De qué estas hablando?
-Algo muy malo va a suceder, si no nos vamos de aquí lo más pronto posible lo más seguro es que para mañana ya no tengamos más días como este – Explicaba y empezaba a preocupar más a Ethari – El hechicero del que te hable, quiere liberar a algo o más bien a alguien muy peligroso… si nos vamos de aquí hoy mismo podemos llegar a las montañas de Xadia en un par de semanas y ocultarnos todo el tiempo que más se pueda entre los elfos de tierra.
-Runaan… de qué… - Ethari se soltó de su agarre – No, no podemos! – Se levantó mientras le miraba todavía preocupado – Tienes que responder con los elfos de luna! Es lo que tienes que hacer!
-Lo que este tipo va a liberar es peor que la propia muerte, Ethari – Se paró de su asiento para explicarle – Si no nos vamos ahora mismo sufriremos igual que todas estas personas que hay en este reino!
Ethari no daba palabra alguna de lo que salía de la boca de su esposo ¿Debía creerle? Hasta ahora ha sido muy explícito con los detalles y si hasta el propio Runaan tiene miedo es porque algo muy malo esta por suceder.
De repente, se escuchó como la celda era abierta ¿Tan pronto se fue la hora? Fue Soren quién entro mientras comía una manzana de forma relajada. El ex – asesino de inmediato le lanzo una mirada fulminante pero el rubio ni se inmuto en nada, continuaba relajado como cual buen soldado.
-Lo lamento, pero se acabó el tiempo… - Hablo con voz autoritaria.
Ethari asintió y fue rápidamente hasta los labios de Runaan para darle un pequeño beso de despedida, al menos hasta ahora.
-Voy a pensar lo que dijiste… - Le susurro sin que el rubio llegara a escucharle.
Luego de un fuerte abrazo este salió primero mientras Soren continuaba mirando a Runaan sin inmutar ningún gesto. Dio media vuelta y le dejo solo mientras cerraba nuevamente la celda con llave. El rubio tomo por los hombros suavemente al moreno para alejarlo de a poco de la celda de su esposo, este no paraba de sobar su antebrazo derecho con mucha preocupación, el guardian lo noto y trato de calmarlo:
-Tranquilo, mañana podrás verlo nuevamente – Le contaba – el rey Ezran dejara que lo veas una hora al día hasta que vengan por él los elfos de luna.
-De verdad? – Pregunto con los ojos llenos de esperanza a Soren.
-Claro! Pero procuren aprovechar mejor la hora supongo que tienen mucha tensión acumulada en sus cuerpos – Sonreía de forma picarona lo que provoco que el elfo se ruborizara de la vergüenza al escuchar esas palabras salir de la boca de ese sujeto.
