Capítulo 19

El matrimonio Andrew, seguía con su viaje, pasaron por todo el estado de Veracruz, conociendo pueblitos y lugares pintorescos, comenzaron por la zona norte visitando las playas en la huasteca recorriendo hasta llegar a las ruinas del Tajín en Papantla con la cual estaban maravillados con aquellos monumentos de piedra, siguieron su rumbo hasta probar el exquisito café de Coatepec, pasando por Xico probando sus licores así como visitando sus cascadas, para seguir por Coscomatepec donde se llenaron la vista observando desde ahí el pico de Orizaba, visitando algunos pueblos a su paso hacia el sur.

También hicieron escalas en algunos otros estados cerca, como Tabasco, Campeche, Yucatán hasta terminar en Cancún Quintana Roo, haciendo un viaje de casi 3 meses, sin dejar de amarse cada que podían, pero no podían seguir de viaje la hora de regresar había llegado.

-Amor hay que preparar las maletas para regresar a Chicago, lo haremos en barco, así será más rápido.

Candy, se levantaba buscando su bata para hacerse un moño- de verdad ya tenemos que regresar, podríamos quedarnos más tiempo.

-No, amor que más quisiera, pero ya tanto tu hermana como la mía está a punto de dar a luz y debemos volver, ¿acaso no quieres conocer a tu nuevo sobrino?

Candy, solo hizo una mueca, bueno si, pero…pero…pero, era callada por un beso que en ese momento ahogaba cualquier palabra.

-Lo siento, pero yo debo estar, es mi única hermana, mi amor además no podemos quedarnos lejos mucho más tiempo, tengo que ver lo de las empresas, así como otras cosas, amor después podre hacer un tiempo para volver a viajar, te llevare donde tú quieras.

-Pues si ya lo decidiste, ¿Qué puedo hacer yo?

-Candy, ¿Qué no deseas ver a tus padres?

-Sí, claro que los quiero ver, es solo que me siento tan bien aquí, que no quisiera irme- la realidad lo que Candy tenia era temor, temor de ver a Archivald, temor de que al verlo sintiera algo que no estaba bien, temor de que William supiera la verdad, eso la estaba carcomiendo el alma.

William, la miro, anda mi vida, no me hagas pucheros, sé que pensaras que me la pasare trabajando, pero veras que me daré tiempo para ti, para nosotros, anda no me hagas esa cara, abrasándola.

-Está bien, pediré que hagan las maletas.

William y Candy, regresaban en un barco que tomaron en Quintana Roo, Candy intuía que la poca felicidad vivida ahí la estaba dejando, sabía que las cosas iban a cambiar, pero no sabía que tanto.

Al llegar a Nueva York, ya los esperaba George…

-William, William, muchacho acá estoy, deja darte un abrazo.

-George, - abrazándolo, -que gusto verte.

-Señora, dándole un beso en el dorso.

Candy, muy sonriente, gusto en verlo.

-Bien ya está su habitación preparada, así como todo lo que me pediste, vamos ya tengo el carro.

-¿Pero el equipaje?

-Oh señora no se preocupe, el equipaje lo mandaran directo a Chicago.

William, llevaba de la mano a Candy, cosa que no paso desapercibido para George, más aún que lo vio un semblante de felicidad que no podía ocultarlo, puso a Candy en su regazo.

-Listo aquí está el hotel, espero y les guste, uno de los más lujosos hoteles de Nueva York.

Al bajar Candy, no podía creer donde se hospedarían el hotel era una cosa espectacular, nunca se había hospedado en un lugar así, al entrar ya los esperaban para llevarlos a su suite, que contaba con una terraza, la cual Candy como niña corrió asomarse, al verse lo alto. – dios que miedo es muy alto.

-Amor ten cuidado, acercándose a ella para tomarla de la cintura – te gusta.

-Me encanta.

-Bien nos quedaremos una semana, antes de partir a Chicago.

-¡De verdad!, volteando a mirarlo, para abrazarlo.

-Sí, sé que después tendremos que esperar un buen tiempo para volver a salir de viaje, aunque tratare de hacer un espacio, tal vez en unos meses podremos irnos un par de meses de nuevo.

-Candy, sonrió, para mirar y mi equipaje William, se llevaron las maletas ¿Qué me pondré durante la semana?

-Bueno me dije ya que estamos aquí, porque no ir de compras, además necesitaras muchísima ropa para todos los bailes a los que iremos.

-Candy, ni siquiera podía creer lo que escuchaba, pero si ya me compraste muchísima ropa en México, de verdad no lo necesito.

-Sí, pero aun así yo quiero, así que vamos hay una tienda aquí cerca, porque esta noche iremos a un baile al cual fuimos invitados y es una de las razones que nos quedaremos.

-Un baile, ¡dios! hace meses que no voy a uno, tienes razón vamos en seguida a comprar un vestido.

William, lo que quería era consentirla, darle hasta lo inimaginable, saliendo para ir a la tienda, cuando llegaron pidió que le mostraran todo lo que tuvieran para que su esposa escogiera, William se sentó en uno de los sillones en lo que Candy era atendida, por todas las ayudantes de la dueña de la tienda, la algarabía se escuchaba por todo el lugar.

Candy, salía tras el vestidor de ponerse un vestido tras otros al igual que la vez pasada, William la miraba con devoción, al verla escoger un sombrero, guantes y demás accesorios, al mirar por la ventana vio una vitrina enfrente, una tienda de bebes, salió sin decir más, al ver a Candy tan sumida en sus vestidos, que ni se percató que el salió.

William, entro en aquella tienda y vio las cunas, muñecos, juguetes, así como ropa en variedad, el solo tomo unos trajes que pidió que los envolvieran, así como un par de juguetes para bebes, miro las cunas y comenzó a soñar, ¿Cómo sería tener un hijo con Candy? le llenaba de ilusión el ver aquella cuna…

-Señor, llevara alguna.

-mmm no supongo que ya habrán comprado una, solo lo que pedí, por favor mándelo a este hotel.

-Si, por supuesto.

-William, volvió a la tienda donde estaba Candy, cuando ella lo abordo.

-Amor, donde fuiste, te busque me dijeron que saliste.

-Fui a comprar unos regalos para los próximos bebes.

-Oh, si no he comprado nada para los bebes, le llevo a todos menos para ellos, pero tienes razón, te parece si vamos para que yo les haga un obsequio.

-Sí, pero primero has tus compras.

Así, estuvieron toda la tarde saliendo de ahí con unas interminables cajas que llevarían al hotel, pero al salir ya la tienda de enfrente estaba cerrado.

-Mmm, mira está cerrado, creo que me tarde demasiado en la tienda.

-No te preocupes, te parece si venimos mañana dándole un beso en la cien, debemos apresurarnos, la fiesta comenzará en tres horas y aun te tienes que arreglar, te conozco ni tiempo te dará para hacerlo.

-Candy, al entrar a su suite, busco entre las cajas para buscar el vestido que usaría para el baile, cuando tomo un par de cajas y al abrirla observo ropa de bebe, se sentó en la cama para observarla, era un par de trajecitos uno en color azul y otro en amarillo.

William, se estaba afeitando cuando la miro ver los trajecitos – veo que los encontraste, esos son para él bebe de mi hermana y este otro para él bebe de mi cuñada.

Candy, sintió como un escalofrió la lleno de la cabeza hasta la puta del pie, sabía que tendría que ir a la casa de su hermana para cuando regresaran era inevitable, el tener que compartir con Archivald, eso le daba temor- volvió a ponerlos en la caja apartando la vista de aquellas cajas - cosa que para William no pasó desapercibido, se acercó y las quito de ese lugar.

Espero y no tardes mucho en desear un bebe, ya que yo me muero de ganas de tener un hijo contigo.

-Candy, solo lo miro y sonrió, solo deja que las cosas pasen - tomando un vestido y se fue a cambiar.

William, noto su molestia y le dolía en verdad ese hecho, él no sabía cuál era la verdadera incomodidad de Candy, solo pensó que era que realmente ella no quería concebir hijos con él, se sintió triste, pero debía esperar a que ella decidiera, había prometido esperar, así que no la quiso apabullar con eso, siguió con su arreglo personal.

Al estar Candy lista, la observo…

-¿Qué pasa?

-Bueno creo que te hace falta algo.

-¡Algo! no sé, ya me puse el vestido, sombrero no porque es de noche, solo usare este buque de flores ya se los guantes ya está.

-No, aun te falta algo.

-No sé, que más me falta.

-Bueno si yo digo que te falta algo, es porque te falta - sacando un estuche para mostrarle una gargantilla de diamantes incrustados, junto con unos aretes a juego.

-¡Oh dios mío! ¡William!, no esto es demasiado, me dije que después de ver los trabajos que se hacen no quería usar uno así.

-Pero yo deseo vértelo puesto, anda déjame ponértelo - volteándola para poder abrochárselo, - listo, ve a ver qué tal se te ve.

-¡Oh William! ¡Es hermoso! Solo lo usare esta vez, guiñándole un ojo, vámonos ya.

-No, aun no, aun te falta algo - sonriendo.

-Ahora que falta mirándolo exasperada.

-El sacando un estuche de su saco – esto, no querrás ir a esa fiesta sin un anillo de matrimonio y tu anillo de compromiso.

-¡William! de verdad, al verlo noto que era muy diferente al anillo que le había dado antes, esta vez la piedra era verde, ¡pero es verde!.

-El diamante es un Garnet, ojo de gato se llama el anterior era rosa, pero quiero darte algo acuerdo a ti, espero te guste.

-Hay si esta hermoso, acercándose para besarlo, ya no me mal críes porque después no me vas aguantar, cuando me ponga insoportable te vas a querer divorciar de mí.

-jajajajajja eso jamás, escuchaste jamás me divorciare de ti, ni lo sueñes.

Al salir del hotel ya los esperaba George…

-William, debemos irnos la fiesta será en la casa del gobernador, de hecho, está muy ansioso de conocerte, bueno de conocerlos.

-Sí, yo igual, ya que tenemos inversiones en esta ciudad, me imagino su inquietud.

-Al llegar era una mansión majestuosa, aunque no tan grande como la de William, al llegar entrando ya los esperaba el gobernador, saludando George.

-Señor le presento a William Albert Andrew y a su bella esposa

-Buenas noches, es un honor conocerlos.

-El honor es mío, saludándolo. – mi esposa, Candy Andrew.

-Señora que honor, besando su mano, pero adelante pasen.

Al entrar se escuchaba la algarabía de los presentes, había un sin número de personas, se sentaron en una mesa, donde acomodo a Candy a su lado.

Las bebidas iban y venían, las damas algunas estaban en su plática con lo que se veía eran sus amistades, el baile inicio.

-Amor, me permites este vals.

-Sí, tengo tantas ganas de bailar, acercándose William para ayudarla a levantarse para que fueran a bailar, la mayoría de la gente los miraba, la belleza de Candy, no pasaba desapercibida para nadie, tanto mujeres como hombres no apartaban su vista de la pareja, al igual algunas damas miraban a William, con insistencia.

Al bailar tres valses, sin descansar, Candy pidió parar para poder ir al tocador, en el camino varias damas la abordaron…

-Tú debes ser la esposa del señor Andrew.

-Sí, ¿cómo es que lo sabe?

-Bueno querida, esta fiesta la hizo el gobernador para conocerlo, pero nunca nos imaginamos que tuviera una esposa muy joven y bonita, - dijo aquella dama, cuando de repente se escuchó una voz.

-Hola niña, niña Candy, pero mírate jamás pensé encontrarte aquí.

-Candy, estaba en shock al verla era Eliza, - hola señora.

-Querida, no me digas señora dime Eliza, recuerda que somos familia, señoras me la llevo tengo cosas que platicar con ella, llevándola a una terraza.

-Candy, se sintió nerviosa y no era para menos, sabía que ella la había visto con Archivald, en esos días en el parque ya que ella se lo hizo saber, Candy solo le sonrió – Eliza no pensé encontrarte aquí, es una sorpresa.

-Bueno supe de la fiesta y no quise faltar, sé que estabas por aquí así que no quise perder la oportunidad de hablar contigo.

-¡Conmigo! No sé ¿qué tienes que hablar conmigo?

-Jajjajajajjaj, no te lo imaginas, de verdad que me saliste muy ingenua, pues bien, solo preguntare ya sabe William ¿con quién te veías en aquel parque muy temprano?, fíjate que al principio no sabía quién era, pero cuando fui a esa boda, lo supe, él era…

-Basta, no sé qué es lo que quiere, pero dígalo de una vez.

-Hay tranquila niña, si quisiera decirle ya lo hubiera hecho, tan es así que asistí a tu boda y no abrí la boca, vamos solo quiero algo a cambio…

-Que puede ser eso, la verdad es que yo no manejo dinero ni nada que te sirva.

-Hay que linda, no ya te diré que es lo que quiero no te preocupes, pero sé que lo que pidas lo harás, ya que si mi primo se entera de tu verdad, - sonriendo- no sabes cómo se puede poner, hay le romperías el corazón como un cristal, quizás hasta se divorcie de ti, te imaginas que va a decir la gente Candy Andrew, con su cuñado Archivald Corwell, -tup..tup…tup, chistando- mira que secreto tan grande tienes.

-En eso se escucharon unos pasos, acercándose – Amor, te esta…ba…buscando, al ver a Eliza.

-Primo, que gusto verte estaba platicando ahora con tu esposa, hay pero que linda es, verdad querida, le decía que nos debemos una tarde de té.

-Candy, estaba muy pálida al escuchar a Eliza - si cuando gustes, - mirando a William, -verdad amor- pidiendo su permiso.

-Claro, cuando gustes prima, amor te voy a presentar a la primera dama, nos permites Eliza.

-Sí, primo nos vemos, adiós - sonriendo.

-Amor, no tienes que buscar mi permiso la mansión será tu casa, puedes invitar a quien sea, a quien tu gustes, pero a Eliza solo mantenla a raya por favor, ella es una piedra en el zapato más de mi familia, créeme solo busca conseguir beneficios es por eso que la tengo alejada de nosotros.

-Sí, mi amor no te preocupes lo tomare en cuenta, posando su cabeza en su pecho.

Se fueron hasta el otro extremo del salón, donde estaban las bebidas, - amor vamos te llevo a la mesa, ya que era abordado para algunos miembros de algunas empresas que lo buscaban insistente, fue a llevar a Candy a sentar donde estaban unas damas, que eran esposas de algunos socios.

-Amor, regreso en un momento. – Candy solo acento con la cabeza.

-Querida así que son recién casados. ¿hace cuánto se casaron?

-No hace mucho, unos casi siete meses, venimos regresando de la nuestra luna de miel.

-Hay y dinos a donde te llevo linda, supongo que debió llevarte a Europa.

-Oh no, me llevo a muchos lugares, en México.

-¡México! Pero que cosas, ¿porque a ese lugar? tan, tan, bueno que te digo un lugar muy hostil.

-Oh no, es un lugar hermoso, fuimos a muchos pueblos y la comida exquisita, para mí fue ir a un viaje demasiado exótico.

-Sí, supongo, las damas solo sonreían incrédulas de que realmente fuera algo hermoso como ella les comentaba.

-William, estaba con los hombres, cuando de repente quedo atónico con una presencia que llegaba al lugar junto con un hombre alto que la ayudaba a quitarse su abrigo, no pudo apartar la mirada de ella, estaba un poco aturdido con aquella visión.

Era Madeleine, pero ¿Qué hacía ahí? El hombre que la acompañaba supuso era su esposo, ya que la llevaba del brazo, conforme ella se iba moviendo él fue moviendo su vista, hasta que conecto con ella, al igual ella estaba en Shock, nunca se imaginó que él, estuviera ahí, precisamente en esa fiesta.

Solo sonrió cuando fue llevada hasta su mesa, William se quiso quitar todo el aturdimiento y se disculpó para ir a una de las terrazas de la casa, necesitaba aire lo que sintió lo tomo por sorpresa, su corazón dio un vuelco, pero solo era el asombro de volver a verla, apenas iba a volver a entrar para ir con Candy cuando de frente se encontró con Madeleine.

-William, ¿Cómo está?

-Bien, bastante bien ¿y tú?

-Igual - contestando con desgano, - no espere encontrarte aquí, casi con los ojos cristalizados.

-Sí, fui invitado por el gobernador, me imagino que tu igual.

-Sí, bueno, en este caso mi esposo, al observar su argolla de matrimonio en su mano.

-¿Te casaste?

-Sí, mi esposa está adentro.

-¿Eres feliz?

-Sí, mucho ¿y tú?

- Con ojos cristalizados negando con la cabeza… William…yo, aun…

-Amor, volteando a ver a una joven que salía a la terraza, buscándolo.

-Te estaba buscando, solo te perdí.

-Acudió de inmediato a ella para abrazarla, Candy, no alcanzo a ver a la otra persona, cuando la soltó busco con quien estaba, pero ya no se encontraba – estabas con alguien ¿con quién?

-Nadie, solo salí por un poco de aire, me abrumo el olor abanó.

-Mmm yo alcance a ver a una mujer, ¿dime estabas con una mujer?

-Qué es eso, ¿acaso son celos?

-Pues sí, no puedo dejarte solo porque las mujeres se arrojan a ti, de eso ya me percaté.

-Jjajajajajaj creo que comenzare a ser más coqueto, solo por verte celosa.

-¡William!, dándole un golpe en el pecho, no estés de coqueto con nadie.

-Anda entremos, no tardan en servir la cena.

Madeleine, así como su esposo se perdieron con la gente que se encontraba ahí, la fiesta termino y los rubios salieron de aquel lugar para irse a su hotel, llegaron muy cansados, solo llegaron y se dieron un baño de tina para después ir a dormir, por así decirlo.

-Candy, no dejaba de pensar en lo que Eliza quisiera a cambio de callar lo que sabía.

-William, al igual pensando en su viejo amor, no porque la ame aun, sino porque era una revolución en sus sentimientos al verla ahí frente a él, triste al ver que no era feliz, que a pesar de estar casada con un buen hombre no era feliz, ¿acaso era lo que le pasaba a Candy?, tal vez el solo estaba obstruyendo su felicidad, tal vez debería hablar con ella y darle su libertad para que buscara su viejo amor.

Pero recordó que él tampoco era libre, solo le quedaba tratar de hacerla feliz, aunque ahora de ver a Madeleine, supo todo eso con una sola mirada, se sentía con una duda enorme que no lo dejaba conciliar el sueño.

AL siguiente día, se despertaban tarde ya que ni uno de los dos pudo dormir, al levantarse desayunaron, después solo decidieron ir a pasear por las calles y ver tiendas, hasta que entraron una donde era un mundo para bebes.

-Amor, de verdad que quieres comprar aquí, pensé que querías ir por mas ropa.

-Sí, pero te dije ropa, mas nunca te dije de que tipo, anda entremos, es verdad hay que comprar cosas para los bebes.

Al entrar Candy observo las cunas, juguetes y ropa para bebes los olores de esas prendas inundaban sus fosas nasales, Candy observaba como si hubiera ido a una juguetería viendo que comprar, - hay mira este de marinerito.

-Amor, es que aún no sabemos que va ser, puede ser niño o niña, crees hay el de mi hermana tampoco sé que será, porque no inventan un aparato para saber antes del nacimiento y ahorrarnos comprar ropa que quizás no ocupen.

-Sí, tienes toda la razón,

Ellos seguían con sus compras, por afuera una mujer al pasar por aquella calle observaba, era Madeleine, que con sus ojos cristalizados los observaba comprando ropa de bebe, lo más seguro era que la mujer que lo acompañaba era su esposa y ahora ella estaría en cinta tal vez era la razón para estar en aquella tienda.

-Solo siguió su camino sacando un pañuelo para secarse sus lágrimas, ya que tenía que irse a su casa y su esposo le haría preguntas, no sabría qué contestar así que trataría de calmarse, al llegar a la esquina, observo que la pareja de rubios salía de aquella tienda, el cargando un par de bolsas y ella delante de él, al subir al auto, observo como con la subió con un exceso de protección, que al entrar los dos, solo vio cómo se daban un beso, antes de que el auto arrancara.

-No pudo más, solo se sintió morir al ver ese acto, aun recordaba cuando el, la amaba, cuando la tocaba y le hacia el amor, pero porque se dejó llevar por los perjuicios de su padre, ¿porque no lucho?,¿Por qué no huyo cuando él se lo pidió? ¿Por qué acepto ese matrimonio sin amor? Ni siquiera sabía, cómo ahora después de verlo iba aceptar las caricias de su esposo.

Pero ya no había nada que hacer, él ahora estaba casado, ¿Cómo lo supo? Por Eliza, pero se dijo que si no lo veía no le iba importar, ¿Qué posibilidades había de encontrarse? Pero lo hubo e intuía que no iba hacer la única vez.

Eliza, lo primero que hizo fue a su casa a informarle que su examante salia con una chica de Chicago y que por lo que se veía la relación iba muy enserio, solo se negaba a creerlo, jamás imagino que ella lo vería con sus propios ojos, como el la dejo de amar, ¿Cuándo paso eso? Si ella por más que quería no podía, solo no podía dejar de amarlo, así estuvo pensando hasta que llego a su casa.

-Eres tu querida, pensé que tardarías más cuando me dijiste que ibas a una tertulia, haciendo a un lado el periódico.

-He si, lo que pasa es que me duele muchísimo la cabeza, me iré a la recamara a descansar.

-Está bien, volviendo a su lectura.

Llegando a su recamara volvió a ponerse a llorar, solo saco detrás de un cajón ahí tenía un guarda pelo donde tenía una foto de él, que el mismo le obsequio, solo acariciando la imagen solo suspirando y ahogando sus lágrimas.

En el hotel la pareja de rubios llegaba a su suite, dejando las cajas y bolsas que compraron…

-No, se cómo hare para llevar todo esto que hemos comprado.

-No te preocupes de eso -abrasándola, -que se preocupe George que será el llevara todo este, menos los obsequios esos si los llevaremos nosotros.

Candy observando la ropa de los bebes, -hay huele delicioso, de ver la ropa me emociona.

William, al escúchala solo volteo a verla, - escuche bien te emociona ver un bebe.

-Sí, sabes he estado pensando en dejar de tomar el té, mirándolo a los ojos y abrasando la ropa que tenía en sus manos.

-Ya te sientes lista para que encarguemos un bebe.

-Sí, solo quería esperar un tiempo, pero creo que ya es el momento, así cuando te vayas a trabajar no me sentiré sola tendría a una personita a mi cargo, te imaginas un niño tuyo y mío.

-¡De verdad Candy!, de verdad quieres que tengamos un bebe.

-Sí, es más ya desde mañana ya no lo pediré.

-Candy, me haces el hombre más feliz del mundo, llegue a pensar que no querías, bueno que no querías tener hijos conmigo.

-Claro que los quiero, es mas no quiero uno, quiero cuatro, quizás cinco.

-De verdad, eso me llena de más felicidad, claro hasta más, si quieres, tomándola de la cara para besarla con una infinita pasión y muchísimo amor, estaba claro que lo que sintió al ver a Madeleine, a pesar de haberla amado tanto no se comparaba a lo que sentía por Candy. Ahora lo sabía, ya que solo basto que Candy apareciera en el umbral de aquella terraza para que su corazón latiera sin control.

-Candy, por su parte estaba muy feliz, de lo que sentía por William, se sentía plena, mujer, deseada y sobre todo que su ego como mujer él se lo había aumentado, aunque estaba la piedra en el zapato que aún le incomodaba, pero de lo que si estaba segura era que el amor estaba fluyendo y muy intensamente, sabía que con el tiempo iba a entregar el corazón a William plenamente.

Los días pasaron como agua, hasta llegar el día que llegarían a Chicago, salieron de aquel hotel donde tomarían un tren hasta llegar a dicha ciudad, cuando lograron ver en el umbral, la mansión que ya los esperaba su abuela muy feliz de volver a verlos.

William, al bajar ayuda a Candy como todo un caballero y tomándola de la mano para entrar…

-Hijo, hay hijo que gusto que volvieron mírate tan guapo.

-Abuela, abrazándola casi cargándola.

-Ya hijo bájame, que me vas a tumbar.

William la llenaba de besos, dime ¿cómo estás?

Candy, veía como William adoraba a su abuela.

-Bien, hijo un poco los achaques, pero nada que con unas píldoras que me de el matasano no me quite, pero pasen ya está todo arreglado para que se instalen.

-Gracias abuela.

-Pero hija, ve déjame darte un abrazo, mírate que bella estas.

Candy, se acercó para abrazar aquella anciana que a leguas se veía que era muy maternal sobre todo que adoraba a William.

-Entraron, para sentarse con aquella anciana que los llevo hasta una estancia donde tomarían el té, aún era temprano para la cena.

-Pero cuéntenme ¿cómo les fue en su viaje?.

-Bien abuela, supongo que ya llegaron las maletas.

-Siiiii una infinidad interminable de maletas, jajajajaj pero era lo menos que esperaba, díganme ya me tienen buenas nuevas.

-Candy, solo miro a los ojos a William, para excusarse de contestar.

-No, abuela aún no hay, pero esperemos que pronto, verdad mi amor.

-Hay bueno, pero sé que así será, ya quiero ver un montón de chiquillos aquí, jugando, así que no me hagan esperar mucho ya que no creo durar mucho tiempo y quiero jugar con ellos.

-Abuela ¿cómo está mi hermana?

-Bien, ya entro en los 8 meses, estaba preocupada que te perdieras el nacimiento de tu sobrino.

-No abuela, como crees si lo tengo muy presente, si es por eso que decidí detener mi viaje, aunque sé que Candy quería quedarse más tiempo, pero después la compensare.

-Hay hija, espero y no te hayas molestado.

-Oh no, también mi hermana esta por dar a luz, así que pues igual teníamos que regresar.

-Sí, es verdad, me imagino que deben estar cansados por el viaje ya su recamara esta lista, hija, pedí que arreglaran todo, pero ya con calma podrás cambiar todo a tu gusto, tu madre también me ayudo arreglar tus cosas para poner todo en orden.

-Muchas gracias.

-No, nada hija, en la semana de que estés más descansada podemos ir de compras, para que decidas que es lo que quieras cambiar, con la premura de la boda ya no pudimos hacer mucho, pero podemos ir a comprar las cortinas, lámparas, en fin, lo que gustes cambiar.

-Por esta ocasión, la cena la serviré a las ocho, vendrán mi nieta y su esposo, quieren verlos, pero a partir de mañana ya esas decisiones las tomaras tú.

-Oh, pero por mi estará bien lo que usted decida.

-No hija, a partir de hoy tú ya eres la señora de la casa, tu decidirás lo que se haga aquí, yo me iré a mi parte de la mansión, para darles privacidad, así que no creas que andaré de metiche en tus decisiones.

-Hay no diga eso, además yo que voy hacer sola en esta casa, un poco de compañía nos ira bien.

-Bueno, aquí te esperare cuando me quieran visitar.

-Está bien, dándole un beso en la mejilla.

-Abuela subiremos a descansar, realmente estamos agotados del viaje.

-Sí, hijo vayan nos vemos en la noche.

Al subir a la recamara, entraron en una habitación majestuosa, la cama grande y decorada, junto con unas cortinas del mismo color que las sabanas, unos ventanales que daban lugar a una terraza que daba vista al jardín, Candy, no aguanto y salió a ver el paisaje que le regalaba esa vista.

-Te gusta.

-Sí, es hermoso este lugar.

-William, se quitó el saco para ir y revisar que todo estuviera acomodado como a él le gustaba.

Candy, vio que desapareció en aquella habitación, William, William, amor, ¿Dónde estás?

-William, salía y la tomaba de la cintura para ponerla en la cama, -aquí estoy mirándola a los ojos, le encantaba perderse en su mirar, dime ¿estas contenta?

-Sí, mucho.

-William, comenzó a besarla acariciando su rostro, - como dijo la abuela, cualquier cosa que quieras cambiar solo disponlo y se hará, el color de la habitación, los muebles, las cortinas y ropa de cama, todo se hará como tú quieras.

Pero por ahora, solo quiero darme un baño contigo y relajarme.

-Está bien, me ayudas a quitarme el vestido.

-Sus deseos son ordenes señora Andrew, comenzando a desabotonar aquel vestido que como siempre de un tirón le reventó todos los botones.

-¡William!

-¿Qué pasa?.

-Con este llevas tres vestidos, luego tengo que pasar la tarde entera poniéndolos de nuevo.

-Jaajjajajaja contrata una costurera, para que se te haga más fácil el trabajo.

-Me daría pena, que supiera que mi esposo es tan desesperado que solo los arranca de un tirón.

-Mmm pena, porque bajando aquel vestido en lo que comenzaba a besar partes de su piel desnuda que se lograba apreciar al quitárselo, después de desnudarse se fueron a tomar un baño de tina, en el cual se disfrutaron haciendo el amor, para después arreglarse para bajar a cenar.

Llegando la hora de la cena, William y Candy bajaban al comedor, al llegar ya estaba Paty con Stear, sentados…

-Buenas noches.

-Hermanito que gusto verte, parándose como pudo para ir abrasarlo.

-Patricia, pero mírate estas muy, muy…

-Ya dilo, gorda ya sé, pero un bebe está aquí adentro diciéndote hola.

-¿Puedo? – pidiendo permiso para poder tocar su pancita.

-Claro que sí, tomando su mano y posándola en su vientre.

-William, sonrió cuando lo sintió – se mueve, se mueve.

-Sí, solo te sintió y se movió.

-Buenas noches Stear, -dijo Candy.

-Hola Candy, ¿Cómo estás?

-Bien, acercándose William para ayudarla a sentarse, mi vida.

-La abuela, estaba ya en el comedor.

-Hay hermanito no sabes cómo te extrañe, ya estaba pensando que no llegarías para mi parto.

-Oh no, tuvimos que regresar por eso, jamás me perdería el nacimiento de mi sobrino, mirándola, dime Stear, como va todo en las empresas.

-Bien William, la última inversión que hiciste fue un éxito, ahora ya formamos parte de la venta de salsa de tomate Heinz.

-Heinz, Heinz de los Heinz de aquí de Chicago.

-Sí, así es Candy, supongo que los conoces.

-Por supuesto, si esa familia estaba en algo sobre la venta de una salsa, pero nunca imagine que te fueras asociar con ellos.

-Bueno amor, digamos que buscamos inversiones de empresas en expansión inyectamos dinero apoyándolas y asi es como nos asociamos con ellos, en eso se basa la mayoría de las inversiones que hacemos.

-Ya muchachos dejen los negocios a un lado.

-Dime hija, cuando quieres que hagamos la comida, para que vengan tus padres y tu hermana a visitarte, para ayudarte hacer el pedido de la comida, hay me imagino que te ha de comer las ansias de ver a tu familia.

-Candy, solo se quedó en shock ante tal pregunta, eso significaría invitar a Annie y no solo eso a Archivald, también…

Continuara.

Bien Chicas aquí retomando de nuevo las publicaciones, bien espero que todo esté bien en su hogar, en mi caso con mi familia todo bien gracias a dios solo que se han ido amigos de la familia muy cercanos, pero debemos seguir adelante.

Espero con ansias su review en el último capítulo vi muy pocos ¿Qué paso? A mime encanta leerlas y retroalimentarme con sus comentarios, de verdad que leo cada uno de ellos.

Las espero en el próximo capítulo ya saben por la XEW, Radio.