Capítulo 26
Kagome comenzó abrir los ojos y su corazón se detuvo al ver esos ojos dorados, pero en lugar de alegrarse se enfureció, ya que Inuyasha la había atado de la boca y manos.
El ojidorado al verla esbozó una sonrisa divertida.
―En cuanto lleguemos a nuestro destino, podrás reprochar todo lo que quieras
Ella frunció el cejo, no le agradaba ir arriba de un caballo y estar entre sus brazos, las heridas de su corazón no iban a tardar en volver abrirse –si es que alguna vez se cerraron―.
Inuyasha la llevó hasta su cueva, ese lugar que se había convertido en su hogar cuando dejó ir de su lado a Kagome, y ahora que la tenía una vez más con él, no iba ser tan idiota como para dejarla ir dos veces. Sabía que había muchas cosas que aclarar y estaba dispuesto a responder cada una de sus preguntas.
En cuanto llegaron a la cueva, Inuyasha se bajó primero del caballo y ayudó a Kagome a bajar.
―Entra – le dijo señalando la entrada de la cueva
Ella negó
Inuyasha esbozó una media sonrisa y pasó sus dedos por su pelo plateado.
Se acercó a ella y le susurró al odio
―No me lo hagas difícil. Puedo obligarte
Pero ella no estaba dispuesta dejarle las cosas tan fácil, así que en lugar de eso tomó asiento en la tierra y miró a Inuyasha, como diciéndole con sus acciones "Intenta obligarme" cosa que el ojidorado entendió muy bien ya que la tomó de un brazo y la hizo ponerse de pie.
―Por la fuerza será
Y la cargó sobre sus hombros como si fuera un costal de papas, indignada y con el orgullo herido, Kagome comenzaba a golpearle la espalda.
En cuanto entraron, Inuyasha la puso en el suelo.
―Voy a quitarte esa mordaza de la boca ¿Pero promete que no vas a gritar?
Ella asintió y el ojidorado se la quitó…. ¿Se iba a quedar callada cómo él pretendía?
―Quien te crees que eres para….
Inuyasha le cubrió la boca con su mano.
―Prometiste que no ibas a gritar, si lo vas hacer te vuelvo a poner ese trapo en la boca – miró sus ojos chocolates, sentía en la palma de sus manos sus tiernos labios y el deseo por volver a besarlos era más grande ― ¿Prometes que no vas a gritar de nuevo?
Kagome asintió, Inuyasha retiró su mano de sus labios, sacó una navaja y libero sus muñecas, ella se las frotó.
Lo miró a los ojos.
―No debiste hacer eso – dijo ella – Secuestrarme
―Mis opciones eran pocas – respondió mientras se acercaba a una mesita y se servía un poco de Whisky – Además Sesshomaru siempre está cerca de ti – tomó asiento en el borde de la mesa y bebió un poco, los celos se apoderaban de él con solo recordar que su hermano le seguía los pasos a la mujer de su vida –Estás más hermosa que nunca
Prefirió cambiar de tema, en este momento solo existían ellos dos.
Kagome bajó la mirada, sus defensas y el muro que había construido estaba a punto de derrumbarse con una sola mirada, ¿Qué tenía que decirle? Sea lo que fuera que lo dijera de una vez y la llevara de regreso a casa, ya que estando un minuto cerca de él era un martirio para su corazón.
Aun no podía olvidar la forma en cómo la había sacado de su vida, ella también estaba decidida hacer lo mismo pero nunca lo logró, no cómo él lo había hecho.
― ¿Qué quieres, Inuyasha? – no supo cómo reunió todas sus fuerzas para formular esa pregunta
―Hablar contigo
― ¿Y para eso entras como un ladrón, secuestrándome y trayéndome hasta aquí?
―Te dije que tenía pocas opciones, además Sesshomaru siempre está cerca de ti – esto último lo dijo con un profundo malestar
―Porque es atento – respondió ella y decidió que la forma de hacerlo enfadar más era dándole celos – Amable, siempre ve por mí y mi madre
Se sobresaltó al escuchar como Inuyasha arrojaba la copa a un lado y los vidrios se esparcieron por todos lados, él se acercó a ella, la rodeó por la cintura y la atrajo hacia él.
― ¿Lo amas?
El corazón de Kagome comenzaba a latir
―Yo….
― ¿Lo amas? – Volvió a preguntar Inuyasha – Vamos, responde. Todo puede cambiar con una sola respuesta
―Si digo que lo amo ¿Qué harás?
―Te dejo libre para que rehagas tu vida
Pero ella no quería eso, lo quería a él.
― ¿Y si digo que no? Si digo que al único hombre que amo y amaré siempre es…a ti
Inuyasha cerró los ojos y recargó su frente en la de Kagome.
―En ese caso no te dejaré ir de mi vida otra vez
Kagome se apartó un poco de él, había muchas cosas por aclarar, como el hecho de que la hubiera dejado así sin darle una explicación.
―Entonces ¿Por qué me apartaste de esa manera de tu vida?
Inuyasha pasó una mano por sus suaves mejillas, la había extrañado en este tiempo, que daba la impresión de que era un sueño, pero no, ahí estaba, ahí la tenía solo para él, y si tenía que pasar por encima de su familia e incluso de su hermano, así lo haría, esta vez sí defendería lo que amaba.
― ¿Por qué, Inuyasha? – volvió a repetir ella
―Porque no quería que pasaras por las habladurías de los demás, tu madre me lo hizo entender, me abrió los ojos y comprendí en ese momento – tomó una mano de Kagome y se la llevó a las labios – Que tú y nuestros hijos fueran victimas de chismes constantes
― ¿Mi madre habló contigo?
Inuyasha asintió avergonzado, no quería echarle la culpa a nadie y mucho menos a la madre de su amada, ya que el único culpable había sido él por dejarse manipular de esa manera.
―Así es. Supongo que algo de esto tiene que ver Sesshomaru
―En ese caso me hubieras preguntado a mí – dijo ella con lágrimas en los ojos – Me hubieras preguntado si quería estar a tu lado y yo te hubiera respondido que sí, porque te amo, pero en cambio, me echaste de tu lado sin ninguna explicación, incluso llegue a pensar que no me amabas, que nunca me amaste
Él negó con la cabeza y la atrajo hacia él, retiró unas cuentas lágrimas de sus mejillas.
―Nunca digas eso – le dijo susurrándole a los labios – Porque te amo y eres toda mi vida. No veo mi mundo sin ti…mi adorada Kagome
―En ese caso, demuéstrame cuánto me amas
Inuyasha esbozó una media sonrisa y asintió.
―Muy bien, te lo demostraré con la única forma que sé….amándote
Se acercó a sus labios y se fundieron en beso donde los sentimientos comenzaban a florecer, sus manos comenzaron a bajar por la cintura de Kagome para después desatar los listones de su vestido.
Poco a poco las prendas se desprendieron, e Inuyasha la fue guiando hacia una pequeña cama, se dejaron caer pero él no apoyó todo su peso en ella, recargó un brazo sobre el colchón y antes de hacerla suya la miró una vez más a los ojos.
―Te amo – sus ojos se iluminaron al decir esas palabras – Te amo…― y la volvió a besar
―Y yo más – interrumpió el beso solo para decirlo
Los labios de Inuyasha se deslizaron un poco más abajo, besando la cuerva de su cuello y deteniéndose en uno de los pechos de Kagome, ella arqueó la espalda al sentir el primer asalto por parte del ojidorado, sus respiraciones se intensificaron y el deseo se hizo más fuerte.
Sesshomaru buscó a Kagome por todas partes del jardín, se desesperó al no verla por ningún lado, seguramente había entrado por otro lado de la casa sin que él no se diera cuenta. Entró a la casa y pasó por la sala donde estaban tomando té su madre y Katherine.
― ¿Encontraste a mi hija? – preguntó Katherine
Sesshomaru arqueó la ceja y preguntó.
― ¿No ha regresado del jardín?
―No hijo – Irause negó – La última vez que la vimos fue cuando salió al jardín y no ha vuelto
Sesshomaru frunció el cejo, giró sobre sus talones y salió de ahí, tenía sospechas de que Inuyasha se las había ingeniado para entrar y secuestrarla ya que no encontraba alguna explicación más, reuniría a un par de hombres e irían en busca de ellos.
Palabras tiernas susurradas al odio, sus cuerpos moviéndose al ritmo del vaivén, era la forma que ambos se demostraban cuanto se amaban. Para Inuyasha era como si hubiera pasado una eternidad, antes del regreso de Kagome estaba a punto de buscarla a Londres para explicarle todo.
―No te volveré a dejar ir – le susurró al oído mientras derramaba su semilla en el interior de la joven
Inuyasha se tumbó a un lado de ella y Kagome recargó su cabeza en su pecho, cerró los ojos y se arrulló con los latidos de su corazón.
― ¿En qué piensas? – preguntó Inuyasha acariciando la espalda desnuda de Kagome
―En que no voy a permitir que me saques de tu vida, y si lo haces, te ataré a una cama y seré yo quien te secuestre esta vez
Él esbozó una sonrisa y se echó a reír, rodó por la cama, ahora él quedo abajo y Kagome arriba.
―Esa idea me gusta y más lo último "atarme a una cama y secuestrarme"
―Hablo en se…
Pero antes de que pudiera protestar Inuyasha la calló con un beso.
De pronto se recordó que Kagome debía regresar a casa antes de que notaran su ausencia o más bien, ya lo habían notado.
―Será mejor que te lleve a la hacienda
Ella negó – No, quiero estar contigo
―Yo también, pero en estos momentos las cosas son distintas. Sesshomaru anda sobre los dos y más de ti
― ¿Estás celoso? – preguntó Kagome rodeándole el cuello
―Si – admitió –No me gusta verlo cerca de ti, que diga que te ama, me hierve la sangre
Kagome esbozó una sonrisa ante su actitud.
―Ah pero yo amo a mi demonio blanco
―Y yo amo aquella mujer que me cerró un día la puerta en mis narices, solo porque le regresé sus flores
Kagome se mordió el labio inferior al escuchar eso, recordaba perfectamente ese día, pues había sido la primera vez que lo se encontraba con él, en ese momento lo odió por primera vez sin imaginarse que se convertiría en el amor de su vida, en último y el único amor de su vida…
Los rayos de la luna los acompañaban en su trayecto, Inuyasha estaba muy serio, sabía que tendría una confrontación con Sesshomaru por haber raptado a Kagome.
Y ella lo notó una vez que estaban justo en la entrada principal de la hacienda de los Taisho.
―Si quieres puedes dejarme aquí – dijo ella una vez que Inuyasha la hubiera ayudado a bajar del caballo
―No – él negó –Te acomp…
―Así que fuiste tú
Kagome e Inuyasha miraron a la persona que los había sorprendido.
―Creo que te dije que no te acercaras a Kagome
Inuyasha esbozó una media sonrisa
―Lo siento, lo olvide. Además tú no me das órdenes
―Kagome, entra a la casa – dijo enfadado Sesshomaru – Tu madre está preocupada por ti
―No le hables así – Inuyasha se acercó a él, estaba a punto de soltarle un golpe de no ser por Kagome
―Tú a mí no me dices lo que tengo que hacer – respondió Sesshomaru – Debo recordarte que tú y Kagome no son nada, ella es libre
― ¿Por un papel no somos nada? – Inuyasha arqueó la ceja – Hay cosas más importantes que eso, como el hecho de que dos seres se aman. Que te quede claro que Kagome me ama
―Pero ya no tienes derecho sobre ella
Inuyasha estaba perdiendo la compostura, apartó con delicadeza a Kagome y se plantó frente a su hermano.
―Muy bien – él asintió― Te lo buscaste, pon fecha y hora para el duelo
Sesshomaru esbozó una media sonrisa
―Mañana, al atardecer
―Al atardecer será – él asintió
―No Inuyasha no puedes – Kagome negó
―Tranquila todo estará bien – dijo acariciando su mejilla derecha –Lo prometo pero ahora ve a descansar
Kagome se apartó de él antes de que pudiera besarla, giró sobre sus talones y se retiró de ahí, odiando a esos dos hombres, si no fuera por el secreto que sabía de Inuyasha y Sesshomaru, no dudaría en decirlo.
―Kagome – dijo Sesshomaru a sus espaldas
Ella giró sobre sus talones y lo miró.
― ¿Qué quieres? – preguntó furiosa
―Sólo quiero tu bien – él se encogió de hombros –Eso es todo
Kagome suspiró antes de hablar
― ¿Sólo quieres mi bien? – preguntó ella y Sesshomaru asintió – Pues no lo estás haciendo, me estas apartando del hombre que amo y por si fuera poco…― estaba a punto de decirle que era su hermano pero se contuvo – Aceptó el duelo al que lo habías retado meses atrás – se acercó a él y lo miró de tras de sus ojos cubiertos por las lágrimas – Escucha, si Inuyasha resulta herido o muerto… te odiaré por el resto de mi vida
Y con estas palabras se alejó de él y entró a su habitación, pero fue recibida por su madre.
― ¿Estabas con él, verdad? – Preguntó su madre – Me has decepcionado hija
―Sí, si estuve con él – asintió Kagome – Estuve entre sus brazos, me hizo el amor y no sabe cuánto lo disfrute
Su madre le soltó una bofetada y que hizo girar la cabeza de Kagome.
― ¡¿Cómo pudiste?! – su madre la tomó de los hombros y la zarandeó
Kagome se zafó de las manos de su madre.
―Y tú ¿cómo pudiste apartarlo de mi lado?― su madre fingió no saber nada, pero Kagome asintió – Así es madre, Inuyasha me confesó todo lo que le habías dicho aquel día
―Si lo hice ¿Y qué? – Admitió resignada – No lo hice porque no quería que terminaras como tu hermana, seducida y engañada por ese hombre
Kagome se mordió el labio inferior y negó con la cabeza.
―No madre, la que sedujo aquí fue ella, ella lo enamoró y lo desecho como si fuera una basura. Ella enamoró a dos hombres al mismo tiempo – su madre iba a levantar la mano para volverle a pegar – Hazlo – la retó ella – Pero eso no va a solucionar que dos hermanos se enfrenten a un duelo
― ¿Qué dos hermanos…
Antes de que Katherine pudiera terminar de formular la pregunta, Kagome la interrumpió.
―Si madre….Inuyasha y Sesshomaru son medios hermanos. Él es el hijo bastardo de Inu Taisho….Inuyasha es un Taisho…
