Capítulo XXIII: ¡Mírame!


XXX


⟨Suki⟩

Golpeé tres veces la madera, tratando de ser suave para no generarme más dolor en las manos ya lastimadas. Estaba muy cansada, pero no planeaba volver a casa hasta dar fin a mi misión personal. No importaba lo adolorida que me encuentre después de estar hasta el atardecer en el campo de entrenamiento, sabía que cuando vuelva a entrar a mi hogar comenzarían de nuevo con su tonta vigilancia.

El sonido de la llave girando logró que mi atención volviese a dispararse, entonces cuando la puerta se abrió fui capaz de ver como una cara amargada se transformaba en una sorprendida.

—Buenas tardes —Saludé con una pequeña sonrisa.

Katsuro me observó perplejo por unos segundos, incapaz de creer que de verdad esté frente a la puerta de su casa. Pero cuando volvió a la realidad no tardó nada en apretarme en un abrazo de añoranza, pareciendo no querer soltar mi cuerpo jamás.

Y ya comenzaba a sentirme demasiado mal por mis verdaderas intenciones allí.

—Creí que no volvería a verte —Murmuró en mi oreja, dejando besos perdidos en mi frente y coronilla.

Lo alejé un poco, lo suficiente como para que él consiga plantar un pequeño beso en mis labios.

—¿Podemos hablar? —Pregunté mirando mis pies, escondiendo mi pena tras mi cabello.

En ese momento percibió que algo no estaba bien. Me invitó a pasar al interior de su vivienda y nos guío con las manos entrelazadas hasta el sofá de la pequeña sala.

Carraspeó, viéndose inseguro de qué decir mientras nos acomodábamos sobre los cojines para quedar frente a frente.

—¿Te sirvo algo? —Preguntó señalando la entrada a la cocina a pocos metros de nosotros.

—No, no me llevará mucho tiempo —Rechacé con amabilidad. Nuestras manos aún estaban entrelazadas y mientras más las observaba, más difícil se me hacia comenzar a hablar—. Debemos terminar.

Sus manos temblaron, pero cuando intente sujetarlas aún más fuerte para brindarle apoyo las alejó, como si mi toque le doliese. Levanté la vista con lentitud, sin saber con qué me iba a esperar al llegar a su rostro, pero cuando vi el sufrimiento acumulado tras sus ojos me arrepentí de haberlo hecho. Su labio inferior tembló en cuanto se propuso a hablar y se apresuró a cubrir sus expresiones débiles trás sus manos.

—¿Hice algo mal? —Pude oírle preguntar, con su voz temerosa entrecortada.

—No, tú no —Me apresuré a negar, lo que menos quería era que se culpara a sí mismo por algo que no había hecho. Aguanté mis impulsos que reclamaban abrazarlo y decirle que todo estaría bien, porque sabía que lo que él quería era una respuesta a esta decisión—. Yo... siento algo por alguien más.

Alejé mis ojos cuando ya se me hacía imposible ver su dolor. Era yo quien decidió acabar con ésto, por lo que si yo me sentía dolida no quería ni imaginar las emociones por las que estaba pasando él.

—No pongas esa cara —Masculló picando una de mis mejillas—, ya sabia que te gustaba Shisui.

Balbuceé sintiéndome estúpida por haber sido tan obvia que hasta el que fue mi pareja supo aquello.

—Fui demasiado evidente ¿No es así? —Hablé por lo bajo mientras en mi interior no hacía más que lanzarme varios insultos por haber sido tan tonta—. Perdóname.

—Ya no importa, al menos podrás besarlo otra vez sin meterle los cuernos a nadie.

Ouch.

—¿Quién te dijo? —Pregunté con puro arrepentimiento.

—Yo los vi —Confesó con desánimo, dejando caer su cuerpo de costado contra el respaldo del sofá—. También los chupetones de tu cuello en la misión.

La vergüenza y pena brotaron de cada poro de mi piel. Estaba confirmado, fui una basura con él.

Preferiría que me odiase después de todo eso, pero su rostro afligido demostró que ese no era el caso.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque tenía la esperanza de que luego de eso te sintieras satisfecha —Se hundió de hombros destapando su rostro para pasar a observar sus palmas. Sus ojos no volvieron a mirarme desde que inicie ésta conversación—. Que por fin puedas sacar las ganas de estar con él y quizás entonces me verías solo mí por primera vez.

—Yo no sé... que decir —Susurré.

—Fui tan estúpido —Una sonrisa triste nació en su rostro, como si se riera de sus propias desgracias—. Estaba tan confiado de ello que no me importó decir frente a los demás que eras mi novia.

Y con eso entendí todo. La razón por la que mis hermanos sepan de nuestra relación... fue obra suya.

—Fuiste tú quien lo dijo —Dejé salir mis pensamientos cuando la realización me llegó— ¿Por qué lo hiciste?

Quizás me excedí soltando la pregunta con brusquedad, pero fue demasiado tarde para arreglarlo. Sus ojos se volvieron fríos en cuanto escuchó el reclamo implícito en mi voz, y su expresión se endureció al instante.

—¡Porque era lo que tú querías! —Exclamó señalándome con su mano temblorosa. Sus ojos se veían rojos mientras contenía las lágrimas y yo no sabía que decir— ¡¿O acaso pensabas dejar lo nuestro como un secreto porque el otro infeliz se fijó en tí?!

Me incliné hacia atrás, sintiéndome ofendida por su insinuación.

—¡No le digas así! —Respondí en su mismo tono de voz— ¡Fue él quien más me cuido en el hospital!

—¡Eso fue porque ninguno de tus malditos hermanos me dejaba pasar verte! —Gritó poniéndose de pie, comenzando a caminar como león encerrado mientras lo único que pude hacer fue sorprenderme ¿Eso era cierto?— ¡Intenté visitarte en el hospital en innumerables ocasiones y solo pude verte dos veces, escabullendome cuando no había nadie! ¡Intente ir a verte a tu casa desde que te dieron el alta y me corrían como si fuese un cualquiera! ¡¿Cuántas veces intentaste tú verme desde que despertaste?!

Guardé silencio, incapaz de responder a eso ¿Cómo era posible? No me habían dicho nada sobre que había intentado visitarme.

Lo vi caminar a la cocina para volver con una pequeña caja en sus manos.

—Quédatelo o tíralo —Dijo dejándola en mi regazo—, no me importa lo que hagas con eso.

—¿Por qué me das ésto? —Pregunté confundida agarrando el objeto con cuidado.

—Cumplimos un mes de novios cuando estabas en coma. No quiero quedarme con eso e iba a ser tuyo de todas formas.

Y yo como estúpida lo pregunto, dejando más que claro que no me había acordado de nuestro primer mes de relación.

—Katsuro...

Me puse de pie, pensando cómo podía disculparme correctamente. Él levantó una mano pidiendo que no me acercara mientras ocultaba su rostro de mi visión.

—Eso ya no importa. Solo... déjame solo, por favor.

Y me odié por hacer tanto mal a alguien que no se lo merecía.

XXX

Mi respiración se volvía errática con cada segundo que transcurría, con cada movimiento que realizaba y con cada golpe que asestaba.

Pero no podía importarme menos. Aunque mi cuerpo parecía no querer seguir esforzándose después de horas sin descanso no iba a permitirme a mi misma tirar la toalla. Porque todo dolía, pero el dolor más fuerte estaba dentro de mí.

Y me lo merecía. El sufrimiento por el que estaba pasando lo construí yo misma a base de ser egoísta, estúpida y débil.

—¿Qué haces entrenando tan de noche?

Cerré mis ojos, insultando mentalmente a la vida por traer justo ahora a quien no quería ver. De todas formas suspiré tratando de calmar mi mente desastrosa antes de depositar mi enojo en alguien que no lo merecía.

—No quiero volver a casa aún, Shisui.

Detuve mis ataques al tronco de entrenamiento y froté mis muñecas acalambradas de tanto esfuerzo.

—Deberías descansar.

—Ve a descansar tú si quieres, yo no lo necesito.

Lo que menos haría esta noche es descansar, si llego a entrar a mi habitación probablemente acabe llorando como niña caprichosa o peleando con algún familiar. Quería estar sola, pero sabía que eso no sucedería cuando escuché sus pisadas acercándose a mi lado.

—Ya basta, dime qué te tiene así —Pidió acercando su mano a mi rostro pero me alejé antes de que siquiera me rosara.

—¿Te parece que estoy de humor para hablar?

De pronto sentí un leve tirón en uno de mis brazos y antes de poder quejarme, ya sea de dolor o de enojo, un par de brazos se enroscaron a mis lados. Mi corazón brincó contra mi pecho lleno de emoción al saber que Shisui me estaba abrazando.

—Suki, dime —Susurró con preocupación cerca de mi oído, enviando cientas de descargas eléctricas a cada parte de mi cuerpo—. Por favor.

Mis ojos comenzaron a picar y rápidamente los cerré para contener cualquier lágrima que intente escapar. Apoyé la cabeza sobre su pecho escuchando sus latidos, que era donde llegaba por la diferencia de altura que manejábamos, y aspiré su aroma buscando la tranquilidad que había perdido.

—Lo hice —La voz me salio pequeña, sin querer aceptar lo que había ocurrido—, dejé a Katsuro.

Su cuerpo se tensó, pude notarlo mientras me abrazaba con más fuerza.

—¿Te hizo algo? —Preguntó con temor.

—Me demostró que soy una basura.

Sus brazos soltaron mi cuerpo y me hubiese gustado lloriquear por eso, pero sus manos al instante apresaron mi rostro para hacer que lo mirase a los ojos.

—¿Por qué dices eso? —Preguntó con el seño fruncido— ¿Él te lo dijo?

—No —Mascullé.

Íbamos tan bien ¿Hacía falta hacerme volver a recordar todo?

—No entiendo ¿Por qué crees eso entonces?

¿Es qué él no lo veía? ¿No se había fijado en cómo era o solo trataba de ignorarlo?

Me solté de sus manos para dar un par de pasos hacia atrás, elevando las manos al cielo con frustración.

—¡Mírame! —Chillé como si fuese lo más obvio del mundo— ¡¿Alguna vez lo hiciste?! —Dejé caer mis brazos y mi enojo volvió a crecer—. Pasé toda mi vida culpando a un estúpido trauma del pasado por cada error que yo misma cometía. Me quejaba de ser débil pero tampoco me esforzaba en cambiar eso. Jugué con el corazón de Katsuro aún sabiendo que estaba enamorada de tí.

Su expresión fue de sorpresa al escuchar mis palabras cargadas de odio, un sentimiento dirigido a mí misma. Me observó con pena cuando entendió mi enfado.

Pero yo no quería su pena.

Quería que todo lo que hice nunca hubiese ocurrido.

Y quería que me viese con amor.

—¿Tú estás enamorado de mí?

Pareció dudar por un momento de cómo responder. No lo culpaba, incluso yo no esperaba preguntar aquello tan de repente.

Volvió a acercarse a mí con la decisión plantada en su mirada y cuando creí que escucharía su respuesta... me besó. Sus labios se apoyaron con delicadeza sobre los míos, tratando de transmitir sus pensamientos y emociones con su tacto. Fueron solo segundos antes de que intente alejarse, por lo que me apresuré a pasar mis brazos por sobre sus hombros para acercarlo más a mí mientras cerraba los ojos. Moví mis labios sobre los suyos, algo que no tardó en imitar para formar un beso más profundo mientras acariciaba mis mejillas con cariño.

Pero lamentablemente nada dura para siempre. Sus labios se despegaron de los míos en un momento. No sabía cuánto tiempo nos habíamos besado ni me importaba.

—¿Eso qué significa? —Pregunté sonrojada, separando poco a poco mis párpados.

—Lo estoy —El brillo en sus ojos era más hermoso y llamativo que el de las estrellas sobre nosotros—. Pero no podemos estar juntos.

Parpadeé incrédula mientras sentía algo apuñalar mi corazón sin compasión.

—¿Por qué?

—No es seguro para tí.

Lo alejé de mí, molesta por su excusa barata. Ya sabía que era débil, pero usar eso como motivo para rechazarme era demasiado.

—¿También crees que no puedo cuidar de mí misma, verdad? —Cuestioné. Podía esperar ese pensamiento de todos, pero viniendo de él me hacía sentir peor— ¿O piensas que soy demasiado inútil como para estar junto a alguien como tú?

—No dije eso —Se apresuró a responder—, jamás tendría esa imagen de tí.

—¡Entonces deja de buscar excusas para no estar conmigo! —Exclamé cansada.

¿Acaso nada me podía salir bien?

—No son excusas —Contestó con seriedad—. Yo no creo que tú seas débil, solo te cuido.

—No necesito un niñero —Sentencié señalándolo con advertencia.

Su mano apresó mi muñeca en mi descuido y antes de poder reaccionar me encontré apresada entre su cuerpo y el tronco de un árbol.

¿Cómo habíamos llegado aquí? ¿Shunshin no jutsu quizás?

Sus manos se apoyaron a los lados de mi cabeza con fuerza y su cuerpo se cernió sobre mí haciéndome sentir pequeña bajo él.

—No importa que tan buena seas peleando —Habló acercando su rostro al mío poniéndome nerviosa por la intensidad de su mirada—, siempre habrá alguien más fuerte queriendo dañarte si estás conmigo.

Tragué saliva. Estaba indefensa ante él, pero por alguna razón había cierta parte de mí a la que esta situación le gustaba.

—No me interesa —Negué hablando por lo bajo.

Una de sus manos se despegó de la corteza para tomar mi barbilla y levantar mi cara en su dirección.

Demasiado cerca. Demasiado peligroso para mi cordura.

—Te estoy protegiendo —Susurró contra mis labios.

Me estaba volviendo loca. Si quería hacerme consciente de algo le estaba dando el resultado opuesto.

—No me proteges —Respondí con la poca capacidad de pensar que me quedaba—, me rompes el corazón.

Traté de volver a besarlo, era imposible tenerlo tan cerca y no querer hacerlo, pero fracasé. Él se alejó un poco y acarició mi cabello con lentitud.

—Ve a casa, te acompañaré.

Eso sí que no.

Me crucé de brazos y negué varias veces con la cabeza.

—No voy a ir a ningún lado —Dejé en claro—. No me mol-

Volvió a acercarse peligrosamente hasta que su cuerpo terminó apretando al mío contra el árbol.

Ah... no, no puedo pensar así. Incluso mis ojos se cerraron sin poder evitarlo.

—Suki —Advirtió pasando sus dedos por mi cuello hasta subir por mi nuca y apresar con cuidado parte de mi cabello en su puño.

—Bueno, pero si me das un besito.

Lo escuché reír con diversión antes de depositar un beso casto sobre mi boca.

—¿Esto significa que somos novios ahora? —Pregunté abriendo mis ojos.

—Yo no dije nada —Respondió comenzando a caminar a la salida del campo de entrenamiento.

—¿A sí? —Pregunté llegando a su lado, caminando con pequeños saltos—. Ya lo veremos.

—Vas a hacer que me maten —Bromeó dándome un pequeño empujón en juego.

—No, haré que mueras de amor por mí —Reí tirándome a su lado, apresando su brazo para caminar de esa forma.

El rió y murmuró algo que no pude escuchar, pero no me importó. Solo disfruté la sensación de caminar a su lado, dejando atrás todo mal que me apresaba hace solo minutos.

Porque Shisui era mi pilar, y si estaba con el sabía que no caería.


XX

A la distancia de los dos jóvenes, escondido sobre las ramas más altas de uno de los árboles, una figura observaba todo con grata sorpresa.

—Así que Shisui del Cuerpo Parpadeante ¿Eh?

Sonrío con satisfacción. No podía esperar a ver como resultaba lo que planeaba.


Capítulo de 1519 palabras.

¡Espero que les haya gustado! ❤️

Bien, advertencia para ustedes. Tema: Lemon.
Más adelante habrá, pero avisaré al inicio del cap y antes de la escena misma para quienes no quieran leerlo.

No estén tranquilas que se viene algo fuerte... no me odien.

¡Nos leemos pronto!