Ron y Hermione se encontraban comiendo en silencio, envueltos solo por los ruidos que provenían de sus cubiertos. Habían pasado varios días desde su visita a la gran biblioteca y Ávalon, y después de explicarle las opciones que tenían para lograr su propósito, no habían vuelto a tocar el tema en todo ese tiempo.
─¿En qué piensas? ─ preguntó el pelirrojo mientras daba un sorbo a su bebida.
─En tantas cosas, ─ respondió dando un suspiro. ─ Fue un viaje maravilloso, nunca imaginé que existieran lugares tan fascinantes como Hogwarts. ─Ron asintió con una sonrisa comprensiva─. Te agradezco de corazón el haberme permitido vivir esa experiencia, siento que todo fue muy benéfico para mí.
─Lo he notado ─dijo dándole a su mano un pequeño apretón de forma cariñosa. A raíz de su regreso, su estado de ánimo había mejorado considerablemente─. Me gustaría que discutamos sobre la solución que encontramos en esos lugares. ─ preguntó fijando la mirada en su plato mientras cortaba un trozo de su rib eye.
─¿Qué se puede discutir al respecto? ─ respondió con firmeza. ─ A pesar de todo lo ocurrido, yo sería incapaz de hacerle un mal a Draco y mucho menos a su hijo, que nada tiene que ver con todo esto.
─No me refería a eso, te conozco y sé que no serías capaz de algo así, hablo de lo otro, lo que Lady Morgana mencionó cuando te desmayaste.
Ron recordó al detalle la conversación que sostuvo aquel día con la Gran Hechicera. Según lo explicado por Morgana, había casos en que una familia podía adoptar a un hijo y alimentarlo con su magia si está era lo suficientemente poderosa como para igualar o superar el lazo natural hacia la familia biológica, pero sobre todo si el amor por esa criatura era lo suficientemente grande y fuerte
Como él lo pudo entender, todos los niños desde el momento de su gestación estaban conectados a sus padres por un lazo de magia que se nutría principalmente de amor, el "llamado de la sangre" le decían los muggles, algo casi de la misma magnitud que un cordón umbilical en el útero de una madre. Por esto, es que los padres podían presentir cuando un hijo estaba en peligro y actuar casi por reflejo. Con el tiempo, los teóricos habían estudiado ese lazo tratando de comprenderlo y explotarlo para su beneficio. Ese tipo de magia era la que hacía posible funcionar los árboles genealógicos de las grandes familias sangre pura, o en el caso de su propia familia, lo que hacía funcionar el reloj que marcaba donde estaba cada miembro en ese momento.
─Pero no todas las familias son consanguíneas, por supuesto. ─ había dicho Morgana. ─ Existen lazos que pueden tejerse a pesar de no poseer una gota de sangre en común. Como los matrimonios, por ejemplo. Dos personas de familias completamente diferentes, deciden unirse y a través de un vínculo mágico unen sus esencias en una sola. No desaparece la conexión con sus familias de origen, por supuesto, eso, como ya te disté cuenta, requiere de una magia muy oscura. Pero si lo modifica, lo transforma en algo completamente nuevo.
Según lo que le explicó, bastaba con que Ron ubicara el lazo mágico que unía a la hija de Hermione con el hurón idiota y tejiera un lazo de amor alrededor de él, que fuera tan grande, que el núcleo mágico de la niña no necesitara tirar de su lazo original ya que se estaría alimentando de él. Esto sin duda era mucho más fácil si el padre biológico desconocía o rechazaba voluntariamente su paternidad
─Es peligroso, por supuesto. ─ le advirtió la bruja. ─ Ya que se trata de un lazo artificial, se alimentará de ti como en este momento se alimenta del cuerpo de su madre y te irá desgastando poco a poco hasta que su núcleo mágico se vuelva autónomo, eso en caso de que la pequeña no rechace tu esencia. Puedo ver en ti Ronald Weasley el amor, el poder y la determinación para llevar a cabo esa tarea, pero debes estar consciente que tú vida correrá peligro. ¿Estás seguro que estás dispuesto a correr el riesgo? ─ Eso por supuesto, no estaba a discusión, así que decidió guardar la advertencia solo para él, en caso de que los escrúpulos de Hermione lo obstaculizarán. En lo que a él respecta, esa niña ya era más suya que de Malfoy. ─ Y si todo lo demás no es suficiente para persuadirte, existe otro pequeño problema…
─ Sobre eso… ─ dijo Hermione, volviéndolo al presente─ Bueno… eso tampoco es viable. Por lo que me explicaste, solo un mago de igual rango mágico que el padre biológico, tiene el poder para anular ese tipo de lazo y es más que obvio que yo no la tengo.
─Mi familia es tan o más antigua que la familia Malfoy, por lo que nuestro nivel mágico es similar. Además, no debes de olvidar que, aunque no lo parezca, nosotros también somos sangre pura Hermione. ─ sonrió. ─ Y tanto tú como Harry forman parte de nosotros.
─Se qué tu familia me acogió como una Weasley honoraria, y que lo soy de corazón por el cariño que nos profesamos mutuamente. Yo quiero mucho a tus padres, a tus hermanos y por supuesto que a ti también, pero de manera consanguínea y mágica nada nos une. Así que esa solución tampoco es viable.
─Serías una Weasley si te casaras con uno de nosotros. ─ dijo distraído pretendiendo que su comentario fuera lo más ligero posible. Por supuesto, el pequeño problema al que se refería Morgana, era que tenía que estar casado con la madre de la niña que quería adoptar.
─ ¿Tú crees que Charly esté disponible? ─ contestó esbozando una ligera sonrisa creyendo que su comentario era una broma.
─Charly no sé, pero yo sí. ─ sentenció clavando su mirada en los tristes ojos de la castaña. ─ Cásate conmigo.
Hermione se quedó perpleja con el cubierto a medio camino, sin saber que decir.
Muchas veces anheló que se lo propusiera cuando eran una pareja y existía amor entre ambos, pero nunca lo hizo. Y ahora de buenas a primeras, cuando ya no existía más que un cariño fraternal, de la nada él se le declaraba.
─Te lo agradezco Ron, pero no creo que esa sea la solución. ─ respondió bajando la mirada un tanto avergonzada.
─ ¿Por qué no Hermione? ─ preguntó sintiéndose herido.
─Porque yo no te amo Ron, mi corazón y mi alma se los entregué a alguien más, y no es justo para ti que unas tu vida a alguien que en este momento está hecha pedazos y llena de nada por dentro. Además, te quiero demasiado como para privarte de la oportunidad de encontrar el amor, de hallar a esa persona especial que te de todo lo que tú te mereces y con la que puedas formar una familia. Aunque te lo agradezco, yo no podría aceptar tal sacrificio.
─¿Sacrificio? De donde sacas que para mí sería un sacrificio. Hermione yo…
─No Ron, tu mereces a alguien mejor que yo, a alguien que no esté rota y que no tenga en su mente y en su corazón la imagen de otro hombre las veinticuatro horas del día. Porque eso, a la larga, solo nos traería infelicidad a ambos.
─La verdad es que no entiendo cómo es que estando la vida de tu hija en peligro te preocupen más esas nimiedades, pero como quieras. ─ dijo aventando su servilleta levantándose de la mesa. ─ Jamás creí que tu relación con el hurón te volviera tan egoísta como él. ─ sentenció dándose la vuelta saliendo del departamento dando un sonoro portazo dejando a una melancólica Hermione al borde de las lágrimas.
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─ ¿Cómo fue que se enteró que yo venía en camino? ─ Cuestionó Ross a Draco fijando sus hermosos ojos azules tan idénticos a los de su abuela en él.
─Nunca lo supe. ─ respondió el rubio pasando su mano por su larga cabellera en muestra de frustración. ─ Nadie me lo informó jamás. Cuando supe de tu existencia internamente deseaba que fueras mía, pero el hecho de que nunca apareciste en el árbol genealógico de la familia
Hizo suponer que no era así, pero conociendo la inteligencia de Hermione no dudaba que hubiera encontrado alguna manera para que eso no ocurriera y cuando se lo cuestioné a tu madre ella lo negó rotundamente, pero el hecho de que durante toda tu niñez te mantuvieran oculta me hacía dudar, Uno de nuestros antepasados llamado Nicholas Malfoy, creador del árbol genealógico, cansado de que las mujeres del pueblo fueran constantemente a tocar a su puerta, reclamando la paternidad por un desliz de alguno de sus hijos y por ende ser beneficiadas con la fortuna familiar, lanzó un hechizo a toda su progenie presente y futura para que fueran dominantes los genes Malfoy sobre las de sus parejas, y de este modo bajo la excusa de la Peste Negra que en ese momento azotaba al país, se deshizo de los bastardos que sus hijos habían procreado fuera del matrimonio, así como de las madres de éstos.
─¡Eso es una abominación! ─ sentenció Scorpius ante lo dicho por su padre.
─¿Te parece? ─ Cuestionó el pelirrojo. ─Pues tu fantástica familia ha practicado esa abominación, como la has mencionado, hasta el día de hoy.
─¡Mientes! ─ Rugió colérico el rubio mayor. ─ Nosotros hemos dejado atrás todas esas bajezas
─Tal vez tú lo hayas hecho Malfoy y no puedo cuestionarte eso, pero ¿Qué me dices de tu padre? ¿Crees que él no las llevó a cabo? ─ El rubio calló ante aquella aseveración, conocía de sobra todas las aberraciones que su padre había hecho y de las cuales no estaba ni por asomo orgulloso.
─Nos estamos desviando del tema. ─ inquirió Ross, viendo venir una nueva discusión entre su papá y su… ¿Padre? La verdad es que aún no tenía claro cómo iba a tratar a Draco Malfoy de ahora en adelante
─Tienes razón pequeña. ─ dijo Draco respirando profundamente tratando de calmarse. – Tu abuela Narcissa me dejó una carta contándome todo junto con parte de sus recuerdos, por eso es que hasta hace poco me enteré de muchas cosas, las cuales me ocultaron por años y que, de haberlas sabido en su momento, hubieran cambiado mi vida y tanto tu como tu madre estarían ahora a mi lado. ─ sentenció.
─ Si existe ese hechizo que dices padre, ¿Cómo es que Rose no se parece a nosotros? ─ Cuestionó Scorpius
─ Porque seguramente tanto éste ─ dijo despectivamente refiriéndose a Ron. ─ Como su madre debieron lanzarle un hechizo glamour o camuflaje para cubrir su genealogía. ─ Rugió furioso.
─ ¡Porsupuesto que no! ─ gritó el pelirrojo ─ Rose no se parece a los Malfoy sencillamente porque es una Weasley.
─¡Pues eso es muy fácil de probar!─ rebatió el rubio─ ¡Con un finite incantatem bastaría! ─ zanjó a un palomo de la cara del pelirrojo retándolo.
─Hágalo. ─ Sentencio la chica con la voz quebrada. A pesar de todo lo que había visto y que no existía duda alguna de que era hija de Draco Malfoy, aun guardaba una pequeña esperanza en su corazón de que aquello solo fuera una maldita pesadilla y poder estar con el hombre que amaba. ─ Termine con el glamour que tengo y comprobemos de una vez si soy una Malfoy o no.
Draco y Ron enmudecieron ante la declaración de su hija, ninguno de los dos esperaba esa muestra de coraje por parte de ella.
─ Rose, no…─ dijo el pelirrojo interrumpido de inmediato antes de terminar su diatriba.
─ ¡No papá! Entiende que necesito saber.
─ Ya la oíste Weasley, al fin de cuentas la decisión es solo suya. ─ señaló el rubio sacando su varita. ─ ¡Finite incantatem! ─ gritó y un potente rayo de luz salió de ella envolviendo por completo a la chica cegándolos momentáneamente y cuando la luminosidad cesó parada frente a él se encontraba la misma chica pelirroja que llegara horas antes a su mansión
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Narcissa Malfoy se encontraba en la biblioteca de su mansión buscando un poco de paz, harta de las discusiones de su marido y su hijo y de los reproches y lloriqueos de Astoria, que no perdía ocasión para hacerse la mártir frente a Lucius, lo que ocasionaba constantes enfrentamientos entre los rubios, siendo ella la mediadora entre ellos para que todo aquello no se saliera de control.
Caminaba entre las largas estanterías repletas de libros acariciando sus lomos con reverencia, después se dirigió al árbol genealógico de la familia Black, el cual le fue entregado por el mismísimo Harry Potter, ya que al ser excluida Andrómeda, ella y Draco se convirtieron en los últimos descendientes de la milenaria familia y por ende en guardianes del legado, poniendo como única condición que su padrino fuera restituido en el lugar que le correspondía, lo cual hizo, y no solo con él si no con la familia de su hermana Andrómeda como una forma de redimir por minúsculo que fuera el daño que se les causó.
Pasó con veneración las yemas de sus dedos por las ramificaciones recordando a todos aquellos que ya no estaban en este plano, haciendo énfasis en los nombres de Sirius, Regulus y Bella, recordando su niñez junto a ellos y lo diferente que hubiera sido todo si su familia no hubiera estado tan obsesionada con el estatus de sangre.
Llegó a la rama que conformaba su pequeña familia y recordó el día que le anunciaron que tendría que casarse con el heredero Malfoy para salvar el honor familiar, ya que su hermana Drómeda, con quien originalmente estaba comprometido, se había fugado para casarse con un hijo de muggles. Recordó como aquello la hizo sentir la mujer más feliz del mundo, pues en secreto siempre estuvo enamorada de aquel chico rubio con cara de ángel, sin imaginar todas las atrocidades que viviría a su lado por la estúpida decisión de unirse al bando equivocado.
Cuando sus dedos detallaron las facciones de su hijo, tan parecido al hombre que a pesar de todo aun amaba, no pudo evitar sentir una punzada en el corazón. Por desgracia él había sido el receptáculo de todas las malas decisiones que Lucius y ella habían tomado convirtiéndolo en un ser infeliz.
Parecía un inferí deambulando por los grandes salones ahogado de borracho la mayor parte del tiempo, muchas veces lo había escuchado llorar llamándola, lo que le partía el alma. Se sentía tan culpable de haber apoyado a Lucius cuando le planteo la idea de aquel compromiso con los Greengrass y que por su estupidez su hijo fuera tan infeliz.
Cansada de verlo marchitarse día con día, había contratado a un ex auror experimentado para buscar a la castaña y aunque le costó algo de tiempo, la había encontrado. Ahora la disyuntiva era si era prudente darle a su hijo esa información o no.
Sabía que Draco sufría por Hermione Granger y que si supiera dónde se encontraba, no dudaría en ir por ella y llevársela hasta el fin del mundo. Pero también estaba consciente de que si se fugaban Lucius movería mar y cielo para encontrarlos y no dudaba que terminaría con la vida de la señorita Granger. Lo conocía como la palma de su mano y eso sin duda ocasionaría un enfrentamiento entre los hombres de su vida, que sin lugar a dudas no terminaría nada bien.
Suspiró sin estar segura de que hacer cuando algo llamó su atención, de la rama de su querido Draco aparecían dos nombres ligados a él. Astoria Malfoy y Hermione Jean Granger y bajo ellas unos pequeños brotes que sin lugar a duda significaban que su hijo sería padre con dos mujeres diferentes, lo que la llenó de temor. Si ya la señorita Granger corría peligro por su vinculación con Draco, el hecho de que ésta esperara un hijo de él la ponían en peligro mortal si Lucius o los Greengrass se llegaban a enterar. Porque no solo su esposo, sino también la familia de su nuera se valdría de todo para que ese niño no naciera.
Tenía que hacerle una visita a esa chica y cuanto antes, no podía perder más tiempo, ya que el árbol genealógico de los Malfoy no tardaría en registrarlo como el bastardo de su hijo, eso si no lo había hecho ya. Así que sacando su varita apuntó hacia el de su linaje y con un hechizo no verbal ocultó el nombre de Hermione Jean Granger y su descendencia. Aferrando el dije familiar de los Black que colgaba de su cuello, dándole el título de cabeza de familia, se juró que costase lo que costase, protegería con su vida a ese pequeño ser y a su madre, porque después de todo, lo más importante para un Black era la familia y desde ese momento tanto Hermione como su pequeño formaban parte de su círculo de protección, aunque para eso tuviera que enfrentarse a su marido.
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Habían pasado varias semanas desde su confrontamiento con Ron por su propuesta matrimonial y aun que ella lo quería mucho, su corazón seguía palpitando por Draco Malfoy. Cada aroma, cada sabor, cada melodía, cada detalle traía su imagen a su mente. Habían vivido muchas cosas juntos como para poderlo sacar de su ser de la noche a la mañana, pero sobre todo había algo de él creciendo dentro de ella que le recordaría eternamente la ilusión que había sido su frustrada historia de amor.
Aun dolía y mucho, de hecho, era una herida que estaba segura sangraría por siempre, pero ya estaba bien de llanto y lamentos, ella era una leona que se había enfrentado a infinidad de cosas en el pasado y no iba a seguir permitiendo que esa situación siguiera doblegándola, ya estaba bien de lamerse las heridas. No tenía caso seguir llorando sobre la leche derramada; ahora tenía un por qué y un por quien seguir a delante, y por Merlín que lo haría.
Ensimismada cómo se encontraba, apenas se percató del insistente timbre de la puerta principal, acercándose a la mirilla para ver de quien se trataba. Lo que vio la dejó helada, ahí frente a ella se encontraba Narcissa Malfoy. Respiró profundo tratando de calmarse, antes de tomar el picaporte y abrir.
─ Buenas tardes, señorita Granger, necesito hablar con usted. ¿Me permite? ─dijo Narcissa Malfoy con toda la elegancia y altanería que la caracterizaba, viéndola de arriba abajo deteniéndose en el vientre donde se gestaba su hijo.
─Buenas tardes, señora Malfoy, la verdad no creo que haya nada de lo que tengamos que hablar, pero adelante. – dijo la chica con todo el aplomo del que fue capaz cediéndole el paso y ofreciéndole uno de los sillones. ─…Y bien…dígame ¿En qué puedo servirle? ─cuestionó luego de que la rubia tomara asiento
─Vengo en representación de la familia, sin querer dejar pasar más tiempo antes de resolver este problema.
─ ¿A qué problema se refiere señora? Que yo sepa no existe ninguno
─Sabemos perfectamente que hasta hace poco usted y mi hijo entablaban una relación amorosa, la cual duró varios años si no me equivoco, puesto que aun después de las nupcias de Draco usted siguió con el cómo su amante.
─Si viene a exigirme que deje en paz a su hijo, pierde su tiempo señora, porque esa relación como bien lo dijo, ya terminó, así que no le veo el caso a esta conversación.
─Los detalles del por qué se metió con un hombre comprometido y después casado no me interesan señorita, lo que me atañe a mi es el detalle del bebé. ─Hermione sintió como el piso se cimbraba bajo sus pies, Ron se lo había advertido, pero viendo que pasaban los meses y no se presentaba ningún problema, dio por hecho que jamás se enterarían. ─ Como sabe, el joven Potter tuvo a bien hacerme la depositaria del tapiz donde figura el árbol genealógico de los Black, lo que automáticamente me convierte en cabeza de familia. Pues bien, a diferencia de el de los Malfoy, el de mi linaje sí registra el nombre de las madres y padres de sus descendientes y si bien la legítima esposa de Draco se encuentra en cinta y aparece ya su descendencia, también aparece usted junto con el hijo que engendró con él. ─ un escalofrió recorrió la columna vertebral de la castaña estremeciéndola al entender lo que eso significaba, la habían descubierto.
─¿Draco lo sabe? ─ dijo temerosa tratando de desentenderse.
─No, ni él ni Lucius lo saben aún, por fortuna el árbol genealógico de los Malfoy tarda un poco más en registrar su progenie, si no tenga por seguro que no sería yo la que estaría sentada frente a usted. Seré breve señorita. Por desgracia mi marido no estará dispuesto a aceptar un bastardo que manche su apreciado linaje y mucho menos tratándose de un mestizo, así que tanto usted como él bebé en gestación se encuentran en peligro mortal. Tenga por seguro que Lucius no cesará hasta hacerse… "cargo" de él. ─ Aquellas palabras prendieron todas las alarmas de la castaña poniéndose inconscientemente de pie. ─ Si me lo permite yo podría protegerlos de Lucius sin que esto represente ningún peligro para ambos.
─ ¿Qué me está proponiendo exactamente? ─cuestionó dudosa de las buenas intenciones de la dama.
─Que me permita cuidar de usted y de mi nieto mientras está en gestación y me lo entregue cuando éste nazca, yo vería la forma de hacerlo pasar por hijo de Astoria y de este modo legitimarlo.
─ ¡Jamás! ¡¿Lo escuchó?! ¡Nunca le entregaría a mi bebé ni a usted ni a nadie! Primero muerta que permitir que lo aparten de mi lado.
─Señorita Granger no se altere. ─ dijo calmadamente la dama. ─ No le hace bien a la criatura. Por desgracia eso es exactamente lo que mi marido hará cuando se entere de la existencia del niño y créame que no cesará haciendo todo lo que este a su alcance para que su bastardo desaparezca.
─ ¡Mi hijo no es ningún bastardo! ─ gritó la castaña indignada por aquel apelativo tan despectivo con el que la abuela de su hija se refería a ella.
─Esta criatura fue concebido fuera del matrimonio, así que lamentablemente no hay otro modo de nombrarlo. ─ dijo la rubia. ─ Señorita Granger, no se desgaste. Sé que en este momento no lo ve así, pero créame que mi intención es protegerlos a ambos, se lo que significó en su momento para mi hijo, y el entregármelo es lo mejor tanto para la criatura como para usted, quiera admitirlo o no, yo soy la única que los puede proteger, porque ni sus amigos ni el mismísimo ministro de magia impedirán que sean dañados. Y como madre también se lo pido, cuando Draco se entere no dudará enfrentar a su padre y solo Merlín sabe lo que eso supondría.
─ ¿Qué pasa aquí? ─ preguntó un sorprendido Ron. Lo que menos esperaba al llegar a casa era encontrarse a Narcissa Malfoy en su departamento. En cuanto lo vio, Hermione corrió hacia sus brazos.
─Ella quiere quitarme a mi hija ─sollozo en la túnica de auror del pelirrojo sintiendo que el alivio la embargaba con su presencia. Odiaba sentirse tan vulnerable, pero en su estado era poco lo que podía hacer si la mujer decidía atacar. Ron sería capaz de defenderlas a ambas, Hermione ni siquiera lo dudó.
─ ¿Hija? ─ cuestionó la rubia, sintiendo un estremecimiento en su columna vertebral. El que el bebé que llevaba aquella muchacha en sus entrañas fuera mujer complicaba aún más las cosas, jamás existió ni existiría una primogénita Malfoy si de Lucius dependía, de eso estaba completamente segura ─ señorita Granger esa criatura es una Malfoy y…
─Está bebé no es nada suya. ─ dijo de manera rotunda el pelirrojo ─ Ella es mía.
─Por más que se desgarre las vestiduras negándolo señor Weasley, ambos sabemos que esa criatura es la bastarda de mi hijo. Y...
─ ¡Que no la llame Así! ─ gritó colérica la castaña.
─Herms cálmate. ─ dijo seriamente Ron. ─ Señora Malfoy, ignoro lo que su hijo le haya dicho o de dónde sacó la suposición de que la bebé que espera MI mujer fue engendrada por él. Pero le aseguro que es mío. Hermione y yo somos pareja desde hace tiempo
─Eso lamentablemente no prueba nada y como le comenté previamente a la señorita Granger, tanto ella como la criatura aparecen ya en el árbol genealógico de los Black, así que no se desgaste queriéndome convencer de lo contrario, a la magia ancestral no se le puede engañar.
─según tengo entendido, ningún árbol genealógico es capaz de registrar a un miembro que ni siquiera ha nacido, ni aun siendo el de los Black.
─El retoño ha empezado a manifestarse
─Un retoño que estoy seguro muestra la descendencia de su hijo, pero no con quien la ha procreado, no quiera vernos la cara. ─ después de todo, él y Harry habían hecho su tarea. ─ Solo hay dos formas en que el nombre de Hermione aparezca en dicho árbol, la primera sería casándose con un miembro de la familia Black, lo que evidentemente no ha pasado, sin importar las promesas que pudiera hacerle el desgraciado de su hijo a Hermione; y la otra sería teniendo un hijo con algún miembro de la familia Black, lo cual todavía no pasa y aunque Hermione está gestando en este momento, solo se registrará hasta el momento en que él bebé nazca y cuando eso ocurra tenga por seguro que aparecerá ligado a mi familia, porque no olvide que mi madre también es una Black. ─ sentenció.
─ Parece que usted está olvidando algo señor Weasley, el árbol de nuestra familia a diferencia del de los Malfoy y muchos otros, manifiesta los retoños de los miembros desde el segundo trimestre de su concepción. Y no lo contradigo en lo referente al registro del nombre de la madre, solo aparecería si existiera un vínculo mágico que la una a un miembro. Créame que mi intención no es tomarlo por un tonto porque sé que no lo es, pero la señorita Granger aparece ligada a mi hijo al igual que Astoria, lo cual me hace pensar que esa relación fue algo mucho más fuerte que la de un simple amasiato. ¿O me equivoco? ─ dijo dirigiendo su mirada hacia la castaña, la que en un auto reflejo cubrió la alianza que llevaba en su mano izquierda. ─Esto muy pocos lo saben, pero en la antigüedad, cuando el índice de mortalidad en infantes era muy alto, a los varones de la familia les era permitido tener más de una esposa, se les llamaba "gordderchwraig" y como tales eran registradas en el árbol. Con el tiempo esta práctica cayó en desuso, pero alguna vinculación mágica debe haber entre Draco y la señorita Granger porque ella aparece ligada a él de esta manera y cuando la niña aparezca en el linaje de los Malfoy, no habrá poder humano que la pueda librar de lo que le espera.
─ ¿Usted piensa que estoy manco o qué? ─ le rebatió el pelirrojo. ─ Peleamos en una guerra señora, así que, si pudimos enfrentarnos a Voldemort, el mago más sanguinario de todos los tiempos y su horda de mortífagos, eso sin olvidar que soy un auror altamente calificado, así que no dude que podemos hacerle frente a Lucius Malfoy.
─Tal vez, pero por desgracia temo que mi marido se valga de terceros para hacerles daño a la señorita Granger y a la bebé. Usted mejor que nadie sabe que hay organizaciones que hacen ese tipo de trabajos desde las sombras sin dejar huella. Esa niña es mi sangre y así como usted, hare todo lo que este en mis manos para protegerla, incluso de ustedes mismos. Ojalá recapaciten y acepten mi oferta por el bien de todos, en todo caso, sabrán de mi muy pronto. Buenas tardes. ─ y sin más se levantó dejando a los jóvenes sin argumentos.
Hermione sintió de pronto un terror invadiéndola por dentro, sabía que era una posibilidad que la familia Malfoy se acercara a ella, tal vez para pedirle que desapareciera del mapa, pero jamás creyó que les interesara quitarle a su bebé. Presurosa se dirigió al cuarto seguida por el pelirrojo sacando desordenadamente su ropa de los cajones.
─ ¿Qué pretendes hacer ahora Herms?
─Me voy, me largo ahora mismo del país donde nadie vuelva a saber de mí nunca más. No voy a permitir que me quiten a mi niña y mucho menos que le hagan daño. ─ dijo una histérica castaña bañada en llanto
─ ¿De verdad crees que con eso bastará? Lucius Malfoy tiene el conocimiento y los recursos para rastrearte a ti y a la beba, aunque se escondan debajo de las piedras, mientras ella esté vinculada mágicamente a su familia nunca estará a salvo.
─No me importa, viviré huyendo si es necesario mientras encuentro una solución
─¿Tú tienes la solución en las manos solo que no lo aceptas! ─grito desesperado.
─ ¿Cuál? ¿Casarme contigo? Esa no es una solución
─ ¡Demonios Hermione! ¿Cuándo dejarás de ser tan jodidamente terca? No te estoy pidiendo que vuelvas a ser mi mujer. Sería un matrimonio de nombre solo para que permitas que la esencia mágica de mi familia ampare a tu hija. Tal vez no lo parezca, pero la sangre Weasley también pertenece a los Sagrados Veintiocho, solo que a nuestra familia le importa una reverenda mierda todo eso. Si tu hija lleva mi nombre y mi familia lo respalda, nadie se atrevería a poner en tela de juicio mi paternidad. ─Otro detalle referente al hechizo que Morgana le había explicado que hiciera, era que tenía que echar mano de la magia familiar para unir a la niña como hija suya.
─Aun así, Ron…
─ ¡¿Aun así que Hermione?! ¿Tan desagradable soy para ti? ¡¿Tan insoportable es la idea de estar casada conmigo?!¡ Es increíble!
─ ¡Por supuesto que no! ¡Es que tú no entiendes!
─ ¡Tienes Razón Hermione! ¡No entiendo! ¡Así que explícame porque diablos prefieres que los Malfoy te quiten a tu hija o peor aún, que la maten en lugar de estar atada a mí! ─ gritó mientras salía azotando la puerta sin esperar una respuesta.
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Harry llegó al departamento encontrando a una Hermione deshaciéndose en llanto mientras intentaba en vano acomodar un enorme abrigo dentro de su pequeña bolsa de cuentas.
─ ¿Que ocurrió Hermione? ─ dijo asustado, al ver el caos en que se había convertido la otrora impecable recamara.
─ ¡Oh, Harry! ─ dijo la castaña lanzándose a los brazos de su amigo ─ ¡Me la quieren quitar! ¡Me la quieren quitar! ─ lloró casi histérica
─Cálmate Herms ¿Quién te quiere quitar qué?
─ ¡Mi hija! ¡Narcissa Malfoy me la quiere quitar! ¡Vino exigiendo que se la entregue!
─Eso no ocurrirá Herms, jamás permitiremos que te la arrebaten ─ dijo mientras acariciaba cariñosamente los rizos castaños de su mejor amiga. ─ ¿Dónde está Ron? ¿Se suponía que debería estar aquí?
─Él estaba aquí ─ dijo entre hipos ─ Pero se fue
─ ¿Cómo que se fue?
─Se enojó porque volví a reusarme a casarme con él. Ron no entiende que lo hago por su bien, el no merece que lo condenemos a vivir con esa carga.
─De verdad Hermione que no entiendo como para ser tan inteligente tienes esos pensamientos tan idiotas
─ ¡Harry! ─exclamo escandalizada. Hoy en día eran pocas las veces que Harry perdía la paciencia.
─ ¿En verdad crees que para Ron represente una carga el ayudarte? ¿El protegerte? Aunque no sintiera lo que estoy seguro aun siente por ti, lo haría de igual forma; de la misma manera que yo lo haría si no estuviera casado y con un hijo claro, pero soy un mestizo y mi familia nunca ha pertenecido a los Sagrados Veintiocho ¿Y sabes por qué? Porque te queremos, porque eres tan importante para nosotros que no dudaríamos en dar la vida por ti, así como tantas veces tú la arriesgaste por nosotros…" Estamos juntos en esto" ¿Recuerdas? Pues eso no solo aplica a mortífagos y magos oscuros sino también para este tipo de cosas.
Hermione bajo la mirada, era cierto, daría lo que fuera por ellos sin chistar, era solo que… no era sencillo.
─Tampoco es sencillo para Ron ─dijo Harry sin darle mucha importancia. Hermione se volvió a verlo con cara de no podérselo creer.
─ ¡¿Estás leyendo mis pensamientos?!
─ ¿Qué? ¡No! Por supuesto que no. ─dijo ruborizado.
─ ¡Lo haces! No puedo creerlo
─Lo siento, fue sin querer, gajes del oficio
─ ¿Desde cuándo puedes hacerlo?
─Desde hace mucho.
─ ¿Y Ron? ─Harry sonrió como si lo que preguntara fuese lo más estúpido del mundo. Por supuesto, la respuesta era sí. ─ ¡Merlín, no! ─dijo abochornada por todos los pensamientos que últimamente había tenido sobre Draco. Debió haber sido horrible para Ron tener que lidiar con ella pensando todo el tiempo en su fallido amor.
─Descuida, no es algo que practiquemos con la gente en general, está prohibido. Es solo que a veces lo hacemos sin darnos cuenta.
─ ¿Como ahora? ─dijo incrédula.
─Exacto.
─ ¿Decías que para Ron tampoco es sencillo?
─ ¡Ah, sí! ─ dijo caminando hacia la cocina.
─ ¡Espera! ¿Qué significa "ah, sí"? ─le dijo siguiéndolo─ Explícamelo porque yo no sé legeremancia.
─No es nada.
─Harry. ─insistió apoyándose en la encimera. ─Te conozco desde los once años y se cuándo mientes, si no querías que lo supiera no lo hubieras mencionado, así que dime.
─No sé si deba decírtelo Hermione, no me corresponde. ─trato de razonar con ella mientras trataba de distraerla sacando los implementos para preparar un poco de té. Pero su amiga lo observaba de esa manera tan conocida que Harry sabía no quitaría el dedo del renglón. Suspiró derrotado. ─ Escucha, cuando Ron estuvo en América tenía una pareja, su nombre era Jocelyn Baker.
─Sí, lo sé. Incluso vi su foto.
─Bien, ella… ─guardo silencio, no sabía cómo continuar o de qué forma decírselo, pero solo existía una manera. ─Ella esperaba un hijo de Ron. ─los ojos de Hermione se abrieron ante la incredulidad.
─ ¿Cómo es posible? Ron jamás mencionó que tuviera un hijo.
─Porque no lo tiene. ─aseguró con amargura.
─Pero acabas de decir que… ─entonces Hermione cayó en cuenta, si lo esperaba, pero jamás llegó.
─Si alguien sabe lo que es perder a un hijo ese es Ron y créeme, hará lo que sea para evitar que pases por ese dolor y es todo lo que te puedo decir.
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Cuando Ron llego al departamento encontró a Hermione con una fotografía en sus manos. Una que Ron había guardado entre lo más profundo de sus cosas y de su memoria, donde aparecía con Jocelyn felices y enamorados.
─ ¿Qué haces con eso? ─preguntó ásperamente. ─Es personal.
─Harry me contó lo tuyo con ella
─Se supone que eso también es personal, vaya amigo. ─dijo con decepción extendiendo la mano para que Hermione le entregara la foto y así lo hizo. Ron la contempló un par de segundos tratando de mostrar indiferencia, que eso ya estaba en su pasado, que ya no le dolía... pero lo hacía… aún era una daga clavada en su corazón.
Flas back
Nueva Orleans es una ciudad ubicada al sureste del estado de Luisiana, Estados Unidos, sobre el delta del río Misisipi. Es conocida por su cultura criolla y por la práctica del vudú.
En esta ciudad vivió y está enterrada Marie Laveau, considerada por los muggles la reina del vudú, sin imaginar siquiera que Marie había sido una de las pioneras en la detección y protección contra la magia oscura; y precisamente ahí había fundado su escuela que más tarde se convertiría en una de las más prestigiadas academias de Aurores del mundo, donde jóvenes magos y brujas de todos los continentes hacían hasta lo imposible para aplicar a alguna de sus plazas académicas.
Ron llego a Norte América sin sueños ni esperanzas en un futuro, sintiéndose lleno de dolor, rencor y desilusión por dentro. Jamás imaginó que la mujer que más amaba lo cambiaría por otro con una mano en la cintura como quien cambia de calcetines.
Durante su primer año se hospedó en la habitación del campus al que fue asignado y enfocó todas sus energías en los estudios. Necesitaba tener su mente ocupada para no pensar y recordar lo que tanto le dolía. Iba y venía de una clase a otra sin interactuar con sus compañeros más de lo debido. Del pelirrojo despreocupado y afable no quedaba nada, en su lugar estaba un hombre solitario, callado y retraído al que no le interesaban las relaciones interpersonales más allá que de índole académico.
A la primera oportunidad que tuvo consiguió un pequeño piso de una habitación y un baño muy cerca del rio Misisipí. Su vida se volvió muy rutinaria, todas las mañanas con el alba salía a correr por la ribera hasta que los músculos de sus piernas ardían y sus pulmones casi colapsaban del intenso cardio que ejercía, después se duchaba, pasaba a una pequeña cafetería cercana al campus donde desayunaba, siempre en silencio. Era el primero en llegar a clases y el último en abandonar el campus.
Era irónico que lo que nunca logró Hermione durante su época escolar, ahora él lo hacía por propio pie, ya que pasaba incansables horas en la biblioteca investigando sobre los temas vistos en clases. Otras veces se encerraba en el gimnasio donde entrenaba hasta casi desfallecer. Lo único que deseaba era poder llegar a su pequeña cama totalmente exhausto para dormir sin pensar…sin recordar.
─Mira nada más a quien tenemos aquí, pero si es el famoso héroe de guerra y parte del trío dorado Ronald Weasley, el mejor amigo de Harry Potter y salvador del mundo mágico. ─ dijo burlonamente una chica
─Baker…─ fue solo la escueta respuesta del pelirrojo. ─ ¿Qué haces aquí? ─ dijo con algo de enfado
─Supongo que lo mismo que tú. Aunque no lo creas yo también me gané una beca para hacer una especialidad aquí. Es bueno ver una cara conocida Weasley.
─Pues has de cuenta que no lo has hecho. ─ dijo dándole la espalda a la chica para dirigirse a su aula.
Para su desgracia los deseos de Ron no se cumplieron, como ya era de esperarse dada su suerte. Era una vieja tradición del instituto que los alumnos más destacados sirvieran de mentores y guías a los de nuevos ingresos. El mismo rector comandante fue el encargado del emparejamiento sin opción a réplica. Si fue o no una sorpresa para Ron que le hubieran asignado de compañera a Jocelyn Baker, no lo externó.
El Instituto se caracterizaba por ser una escuela teórico práctica, las cuales no se impartían en simuladores como en su vieja escuela, si no practicas reales en campo; sirviendo como fuerzas básicas de la MACUSA dependiendo del nivel demostrado.
─Parece ser que Graves decidió que éramos buena pareja Weasley. ─ dijo la chica tratando de romper la tensión mientras ingresaba en los vestuarios.
─Prefiero trabajar solo. ─ respondió secamente mientras se ponía el equipo de protección
─Lastima, son ordenen del comandante Percival Graves y no podemos hacer nada. Mira Weasley dejemos las cosas claras, tu no me agradas y es más que obvio que yo a ti tampoco, pero lamentablemente seguimos órdenes, órdenes que se tienen que cumplir. Así que tratemos de llevar la fiesta en paz ¿Te parece? Andando que quiero terminar este ejercicio antes de la cena. ─ y sin esperar réplica salió del vestuario dejando a un estupefacto pelirrojo por su desfachatez.
Como parte del entrenamiento los reclutas debían ser capaces de trabajar en equipo, así como confiar ciegamente en su compañero ya que de ello podía depender el éxito o fracaso de una misión. A Ronald no le quedó más remedio que trabajar en conjunto con Jocelyn, volviéndose ambos los mejores de la clase gracias a la competitividad que existía entre ellos.
Ambos jóvenes eran de personalidades totalmente opuestas como el día y la noche, por lo que siempre terminaban discutiendo por tonterías, aunque dentro de su campo de acción se volvían uno solo, complementándose a la perfección haciéndolos una de las mancuernas más exitosas del instituto, siendo solicitados constante mente por el Departamento de Seguridad Mágica para que se integraran al grupo de aurores de elite. Esto y los constantes viajes ocasionaron que se fueran acercando más en el ámbito personal.
Cuando llegó el día en que concluyeron los estudios de Ron en aquel país, recibió una oferta laboral de la ONMU (Organización de las Naciones Mágicas Unidas) imposible de rechazar, así que en vez de regresar a Inglaterra se dirigió a Nueva York donde estaba su cede, cosechando innumerables éxitos y donde más tarde se le uniría Jocelyn Baker.
Fin del flash back
─Lo siento. ─dijo Hermione acercándose a él, la mirada de dolor pintada en el rostro del pelirrojo, era algo que no había contemplado desde que terminó la guerra y perdió a Fred. ─ Yo no sabía.
─Nadie lo sabe, excepto Harry… y ahora tú.
─ ¿Por qué?
─Qué caso hubiera tenido ilusionar a mi familia con la llegada de un nuevo miembro que nunca vendría. ─un nudo en su garganta se fue formando mientras sus azules ojos seguían sujetos a la fotografía y el pasado. ─Ella tiene una maldición producto de un enfrentamiento contra una magia oscura muy poderosa, la maldición iba destinada a mí, pero ella ocupo mi lugar. Ella era mi compañera en el campo, fue a partir de entonces cuando nuestra relación evolucionó a algo más profundo. Jamás me culpó por lo sucedido, aunque yo siempre me sentí responsable. Lamentablemente esos son gajes del oficio; cada día nos enfrentamos a la muerte sin saber si saldremos bien librados o ese día por fin ella vencerá. Eres afortunado si regresas un día más con tus seres queridos y lo único que deseas en ese momento es abrazarlos y disfrutar del regalo que la vida te ofrece "un día más", por eso todo lo demás pierde importancia, ni los problemas, ni el dinero, ni la fama o el reconocimiento, solo hacer la diferencia y vivir ese día como si fuese el último ya que probablemente lo será.
─Si te entiendo, ya hemos vivido juntos ese tipo de experiencias ¿Recuerdas?
─En parte. Pero mientras nosotros huíamos del peligro hasta que este nos alcanzaba, en esta profesión vas en pos de él. Enfrentarte a la muerte es el pan de cada día.
─No me imagino vivir así. ¿Y qué pasó?
─Cuando Jocelyn me dijo que esperaba un hijo yo estaba realmente feliz y por primera vez en mucho tiempo me atreví a soñar con un futuro y a planear nuevamente una vida que parecía grandiosa. Por desgracia volví a cometer el mismo error que cometí contigo y olvidé contar con los planes de ella. "Lo siento Ron, un bebé no tiene cabida en mi proyecto de vida" "lo siento, pero debo pensar en mi" "Lo siento, pero es mi cuerpo y mi decisión" como si ese bebé hubiera aparecido en su vientre por arte de magia. ¡Merlín ese bebé era mi hijo también! ¡Su vida me pertenecía al igual que a ella! Pero Jocelyn no lo consideró así.
─Eso fue muy egoísta de su parte. ─susurro Hermione apenas.
─ ¿Lo crees? ─Ella asintió. ─ Por un tiempo lo creí también y la odié por eso, pero luego entendí su forma de pensar. La maldición que recibió es permanente, y aunque se utilizó un poderoso sello para que no avanzara le está robando la esencia mágica, una gota cada día, pero inevitablemente tarde o temprano terminará consumiéndola. Un bebé aceleraría ese proceso ¿Y luego qué? ¿Dejaría una criatura sola, sin los cuidados de una madre en este mundo? No era justo. Ella perdió a todos los miembros de su familia durante la guerra y sabe de primera mano lo que se siente.
─No estaría sola, estaría contigo.
─ ¿Por cuánto tiempo? Yo no tengo una maldición mortal, pero tampoco tengo la vida comprada. Algún día tal vez no tenga tanta suerte y se hubiera quedado solo como Harry, Neville o Tedy. Por supuesto mi madre se habría hecho cargo, pero nunca es lo mismo, un niño necesita a su madre y crecer junto a su padre para ser amado por estos.
Ron se puso de pie limpiando las lágrimas traicioneras que mojaban sus mejillas aventando la fotografía desilusionadamente dentro de uno de los cajones de su cómoda y encaminándose rumbo a la salida.
─ ¡Acepto! ─dijo de pronto Hermione. Poniéndose de pie en un salto. Ron se detuvo y apenas si volteo a verla para saber a qué se refería. ─Acepto casarme contigo ─agrego la chica un poco nerviosa ─ Si es que tu propuesta aún sigue en pie. ─Ron asintió levemente como respuesta y luego se fue.
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Espero que todavía sigan ahí y me regalen un comentario y una disculpa por tardar tanto en actualizar
