Había pasado 1 año sin complicaciones. Trabajo nuevo, nuevo edificio, nueva pareja, nueva vida.
Era muy temprano por la mañana, el sol apenas estaba saliendo por las montañas. La luz entraba débil, sin potencia, pero lo suficiente para poder empezar a despertarme. Me hice la remolona y me escondí tras la persona que dormía allí a mi lado. Le pasé la mano por su cintura, él cogió mi mano y la agarró con fuerza contra su pecho. Le había despertado, pero no se molestó, se acomodó a la nueva postura y los dos nos volvimos remolones hasta que el despertador sonó. Lo apagué sin ganas. Me levanté poco a poco intentando no hacer movimientos muy bruscos, me estiré. Me puse las zapatillas y me marché a la ducha. Conseguí despertarme con algo de agua fría. Me hice una cafetera, mientras se llenaba metí las cosas necesarias en la mochila: el ordenador y varios USB creados por mí, para robar, para hackear… preparé a la perra, cogí la mochila, volví a la habitación y me despedí del chico con un beso en los labios.
-Hasta la noche -dije sonriendo.
-Ten un buen día -dijo con los ojos aún pegados-. Te quiero.
-Y yo a ti -otro besito y me marché.
Cogí el coche y nos marchamos, tanto Loba como yo. Teníamos que viajar varios kilómetros diarios para llegar al trabajo cada día. Muchos de los trabajadores se mudaron cerca del trabajo. Pero yo acababa de volver a esa casa, así que preferí quedarme allí, cerca de mi madre. Al llegar dejé el coche en el garaje. Loba se marchó ella sola a su "Guardería" en donde había más perros policía. Marché a mi área de trabajo. Donde los ordenadores. Allí empecé a trabajar buscando todo lo necesario. Aún tenía los archivos que robé de la sección de ciencias, y no solo eso, la noche que hackeé las cámaras, aproveché e hice unos cuantos de mis truquitos y conseguí dejar un pequeño programa fantasma, ese me daría acceso a los archivos y proyectos de los Templarios. Y ese era mi trabajo, buscar todo lo que hacían, malo o bueno. Si sacaban un nuevo producto. Si encontraban un fruto o cualquier pista que pudiera dar con uno de ellos. Yo era la encargada de dar esa información al supervisor de sección, el que coordinaba todo. Si él consideraba que la información era valiosa y útil enviaba a los agentes necesarios a la época en cuestión y conocer toda la información para hacernos con ese Fruto antes que los templarios. Unas veces salía bien, y otras veces no, la mayoría de las veces desaparecían y no había manera de encontrarlo en nuestra época.
-¡DESPIERTA! – me asusté tanto que pegué un bote en la silla.
-¡MARA! ¡QUE NO ME ASUSTES! -la grité.
-Lo siento, es imposible resistirme cuando estas tan centrada en el ordenador -dijo entre carcajadas.
-Te juro que un día, esto me lo pagarás.
-Venga anda -intentaba dejar de reírse-. Venga no te enfades, vamos a tomar un café, apenas he dormido esta noche -dijo comuna enorme sonrisa.
-Matt ha vuelto de la misión ¿verdad? -le dije, a lo que ella simplemente me sonrió con ligero rubor en las mejillas-. Venga vamos, me hará falta el café.
Bajamos a la cafetería, pasamos delante por la guardería de perros, Loba se lo estaba pasando en grande, al aire libre, con césped y con perros policía al igual que ella. Les entrenaban diariamente para poder atrapar a los templarios y encontrar los Frutos del Edén. Lo quise molestarla, se lo estaba pasando bien y estaba en su salsa. Llegamos a la cafetería. Nos sirvieron un café espumoso con un par de galletas. Desde la cafetería se podía ver el exterior. Estábamos rodeados de edificios mucho mas grandes. En la zona norte de la ciudad.
-¿En qué piensas? -preguntó ella.
-En lo raro que es esto. De la noche a la mañana me entero de que hay una guerra que se lleva librando desde el principio de los tiempos. Que tu mente puede viajar al pasado con una máquina, y ver y vivir una vida anterior. Y ahora, también, de la noche a la mañana estamos en este edificio, secreto, en el que no podemos decir que somos realmente, no sé, es todo demasiado raro…
-No te fías de nosotros -dijo ella apenada.
-Si, de ti me fio, incluso de Matt, aunque apenas le conozco, pero no me fio de nadie más. Y menos del supervisor. Desde que apareció en mi casa… hay algo raro en él. Esa extraña protección que tiene conmigo, no me deja acercarme al Animus, y mucho menos entrar en él, no sé porque, y por más que intento hablar con él para que me lo explique no lo hace, siempre se marcha o lo principal es la misión. Así que… -el teléfono sonó, era un mensaje.
-Vamos, nos necesitan -dijo Mara mirando también su móvil.
Tiramos el vaso del café y nos marchamos a la sala de reuniones. Por los pasillos se pudo ver a los perros jugando con sus entrenadores. Loba estaba muy feliz intentando coger el juguete de las manos de su entrenador. Al verle, me era familiar, aunque nunca lo había visto. Era un chico de pelo moreno, corto, tenía la barba muy bien arreglada, por un segundo me pareció ver unos ojos verdes… y la sonrisa –"¿David?" -susurré.
-¡Cath, vamos!- dijo Mara desde el final del pasillo.
Lo dejé de lado y seguí a Mara. Llegamos a la sala de reuniones en donde al final, en la gran pared.
-Buenos días supervisor -dijo Mara al entrar.
-Buenos días. No hay tiempo que perder. Tenemos mucho trabajo. Hace unas pocas horas unos agentes han encontrado un fruto del Edén, pero gracias a una información que nos acaba de llegar los templarios también van en su búsqueda.
-¿Dónde se encuentra? -preguntó Matt.
-En el Cairo.
Todos nos miramos. Pues no era normal encontrar algo allí.
-Debéis iros cuanto antes, desde aquí vigilaremos todo y os daremos las coordenada- Mara, Matt y otro chico se marcharon mientras que yo me quedé en el sofá tecleando con el ordenador. Intentaba descubrir quienes serían los Templarios que iban, y darles a nuestros chicos algo de ayuda para encontrar el fruto.
El supervisor también se quedó allí.
El vuelo tardaba unas 8 horas en llegar, yo no tardé tanto en tener toda la información.
-Supervisor, tenemos que hablar.
-Lo siento pero no es el momento.
-Lo es. Aún o me ha dado una explicación lógica para no dejarme entrar en el animus.
-No estas preparada y el animus no ha sincronizado por completo tu ADN -dijo sin apenas mirarme.
-He sido policía señor supervisor, sé cuando alguien miente, incluso cuando no me miran -dije insistiendo.
-Ya han aterrizado. Será mejor que nos demos prisa antes de que aparezcan los templarios, no nos podemos permitir perder otro fragmento del Edén -dijo él mientras comenzó a toquetear la pantalla de la Tablet, lo que hizo que cambiara la gran pantalla.
No se volvió a hablar más del tema. Al final el equipo consiguió el fragmento del Edén sin mucho esfuerzo, aunque sí aparecieron los templarios y tuvieron que salir corriendo a la zona de extracción, ahora solo había que esperar otras tantas horas a que volvieran. Mientras tanto seguí con mis cosas y de vez en cuando me marché a jugar con Loba. Tras la llegada del equipo hubo una reunión, llevaron el fruto del Edén al depósito, donde guardaban todo lo relacionado con los templarios o los Assassin's de épocas anteriores. Ya era muy de noche, cogí a Loba y me marché con ella de regreso a casa.
Tras el largo camino puse la música a todo volumen, lo justo para no molestar a Loba, que iba durmiendo en el asiento del copiloto. Llegué a casa. Al entrar no había nadie, todas las luces apagadas y todo en silencio, lo que necesitaba en ese momento. Encendí las luces, me hice algo pobre para cenar y me fui a dormir. Pero tras estar horas dando vueltas, solo había medio dormido 20 min. Eran las 4 de la mañana, no podía dormir, así que me marché al salón, me puse una copa de vino tinto y el ordenador en las rodillas. Empecé a buscar respuestas al por que no me dejaba entrar en el animus. Busqué información sobre el supervisor, pero no encontré nada, literalmente nada. Así que pasé su foto por el reconocimiento facial, pero en ese momento el despertador de la habitación sonó, era hora de levantarse. Dejé el ordenador en el despacho. Me vestí y me marché como todos los días.
Ese día apenas fue productivo, no podía quitarme de la cabeza el por que no encontraba nada de él. Después le estuve dando vueltas a la cabeza a una de las razones, pero ya era demasiado tarde y preferí dejarlo para otro momento. Aproveché que aún era pronto y que mi madre no había cerrado la pastelería todavía. Dejé el coche aparcado frente a la tienda, pero no bajé. Desde el asiento del piloto, y atraves de los cristales vi algo que nunca hubiera esperado. Un hombre estaba entregando un ramo de tulipanes -Era raro, es la flor favorita de mi madre, aunque ella siempre ha dicho que son las rosas blancas. Hasta donde yo sé, pocas gentes conocían ese dato de mi madre- una mujer muy transparente, aunque tenía ciertos secretos, y uno de ellos era ese, la pasión por las flores. se sabe el nombre y todas ellas y su significado, algo que me inculcó a mi cuando era pequeña. Se pasaba los días con flores por aquí y flores por allá. Imposible no aprendérselo-. Mi madre al verlo se quedó muy sorprendida, demasiado, pero sonreía de oreja a oreja, estaba feliz. Y no solo eso, es como si su cara reflejase afecto por esa persona a la que acababa de ver. Frente a la pastelería descubrí un coche -Que hace ese coché ahí. Coche negro alto, de esos que no pasan desapercibidos.
-¿Qué hace ahí el coche de la Fundación? -pregunté intentando descubrir de quien era. Pero todos era iguales.
Seguí mirando por la ventana, pero aparte de hablar, y mi madre sonreír como una colegiala enamorada.
-¿Qué me ocultas mamá? -dije.
Los dos se levantaron de la mesa. Él, vestido muy elegante, le dio un ligero beso en la mejilla a mi madre, ella se sonrojó. Él iba a salir, pero no conseguí verlo, un camión se puso delante de la puerta y me tapó la visión por completo. Bajé del coche para no perderme nada, pero cuando el camión arrancó y se marchó, el coche también lo había hecho. Me frusté. Volví al coche, le di un puñetazo a la puerta del conductor. Estaba tan cabreada que no me di cuenta de que Loba estaba en el asiento del copiloto. -Woof- Ladró y salí de mis pensamientos. La bajé, intenté tranquilizarme como si no pasara nada y entré en la pastelería. Dejé a Loba fuera, en un pequeño jardín que había al lado. Entre y vi a mi madre canturreando mientras caminaba por la pastelería, con una sonrisa de oreja a oreja.
-Hola mamá, ¿Qué te ocurre? Te veo muy feliz -dije sonriendo al verla, y para que no ose notara que lo había visto todo.
-Nada, hoy me he levantado de buen humor -dijo ella mientras colocaba todos los pasteles. vi las flores puestas en un jarrón en su despacho, por una pequeña rendija.
-Vaya, ¿y esas flores? ¿algo que decirme?
-No, nada de nada -dijo mi madre cerrando la puerta.
-Mamá ¿estás bien? Pareces algo nerviosas.
-Estoy bien, tengo mucho trabajo es todo -pero apenas quedaba gente en el local. Pero preferí no molestar mas, así que me despedí cogí la Loba y nos marchamos a casa.
La casa estaba tranquila, y a oscuras, por lo que hoy dormiría sola. Abrí la puerta, dejé las llaves como siempre en el mueble de entrada, pero sonó distinto. Entonces algo me llamó la atención, gracias a la poca luz que entraba por la calle, pude ver que mi casa estaba completamente desordenada. No encendí la luz, cogí la pistola y con ella empecé a buscar. Ordené a Loba que se quedara quieta en la puerta. Lo hizo sin rechistar, pero estaba atenta a todo. Sin encender ninguna luz, empecé a caminar por la casa. Había muchas cosas tiradas, cajones abiertos, todas las cosas por el suelo. Seguí caminando por la casa intentando hacer el menor ruido posible. Seguí caminando hacía el piso de arriba, pero no vi nada. Las sábanas estaban tiradas por el suelo, todo el armario por el suelo, la mesilla rota. Y la gorra de David tirada por el suelo y pisoteada. Seguí pero nada.
-¡WOOF WOOF! -Ladraba como loca. Bajé corriendo las escaleras. Pero entonces, al terminar de bajar las escaleras escuché lo que nunca quisiera escuchar. Un disparo y escuché a Loba quejarse. Después el ruido de cristales rotos.
Se me encogió el corazón, el estómago me dio un vuelco cuando lo escuché, pero no paré. Me quedé parada. Volví a escuchar el quejido de Loba. Y la encontré tirada en la puerta del despacho, estaba sobre un pequeño charco de sangre.
-¡LOBA! -me tiré a su lado, le cubrí la herida de bala con la mano, intentando taponarla.
