Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo diecinueve
BPOV
La cama era jodidamente dura, pero el calor que me rodeaba era maravilloso. Cada uno de mis músculos dolían con deliciosa satisfacción, y apenas podía forzarme a abrir los ojos. Lo que me hizo gritar desde lo más profundo de mi pecho, y me levanté rápidamente, haciendo que mi manta cayera hacia mi cintura.
En un instante, Edward se encontraba frente a mí, arma en mano.
—¿Qué?
—Un hombre —tartamudeé, incapaz de elaborar algo más.
—¿Un hombre? —Edward repitió.
Estaba segura de que escaneó la oscura cueva, pero mis ojos estaban pegados al lugar donde había visto la figura.
Lo que debieron ser minutos después, unos dedos firmes tocaron mi barbilla, obligándome a levantar la mirada y enfrentarlo.
—¿Qué viste exactamente?
Sacudiendo mi cabeza, traté de recordar con exactitud.
—Me siento tan estúpida. Debo haber estado soñando.
Se arrodilló a mi lado, y me distrajeron sus fuertes músculos que se flexionaban tan tentadoramente frente a mí. Se me hizo agua la boca. Sus dedos chasqueando frente a mí me trajeron de vuelta, y me sonrió. Sacudiendo levemente la cabeza, pasó sus dedos por el costado de mi rostro, dejando mi cabello detrás de mi oreja.
—¿Qué crees que viste?
—Un hombre. Uno grande, de pie junto al túnel más cercano al baño. Estaba en la entrada mirándonos.
—Descríbelo.
Encogiéndome de hombros, frustrada, suspiré.
—No lo sé. Grande, cabello oscuro. Muy pálido. —Entonces me di cuenta—. Maldita sea, solo estaba soñando, Edward. Jack me molestaba el otro día hablando sobre los fantasmas en la isla. —Al ver su mirada incrédula, continué—: Juró que los espíritus de las personas que murieron aquí todavía rondan el lugar, e insinuó que nos estaban ayudando. —Sentí que un rubor me recorría la piel y agradecí la poca luz que emanaba las brasas—. Como dije, debo haber tenido una pesadilla.
Edward se acercó al colchón y sonrió.
—¿En serio? —dijo arrastrando las palabras—. Podría haber jurado que estabas soñando conmigo con todos esos gemidos y suspiros.
Mi boca se abrió ante sus burlas.
—¿Algo arrogante? —gruñí cuando recuperé el aire.
Él sonrió, haciendo que mi piel se sintiera tensa y que mi corazón se acelerara.
—Abusaste de mí mientras dormía, Bella. Con esos sonidos entrecortados y diciendo mi nombre mientras te aprovechabas de mí.
Lo triste era que probablemente había hecho todo eso, pero sabía que estaba tratando de distraerme del pánico que había sentido. Pero dos podían jugar a esto. Dejando caer la manta que había vuelto a levantar para taparme, me arrastré lentamente hacia él, viendo cómo sus ojos se volvían negros.
—¿Lo disfrutó, Sr. Cullen?
—No tienes ni idea —dijo con voz ronca. Agarrándome de los brazos, me acercó a él—. Mierda, Bella. —El beso que me dio fue ardiente, y me dejé caer sobre él antes de que me soltara.
—Por favor —gemí.
—Cariño, debes estar adolorida —argumentó.
—Lo estoy, pero...
—Oh Dios —susurró antes de apretar sus manos sobre mi cadera.
Su lengua acarició mis pechos. Estos estaban pesados y sensibles por la noche anterior, así que cuando me acarició, grité su nombre y sentí su sonrisa contra mí. Sin embargo, no salió nada cuando sus dientes capturaron mi pecho izquierdo, el roce de su lengua se curvó alrededor de mi pezón. Era el cielo y el infierno, y envolví mis piernas alrededor de sus caderas, acercándolo a mí. Deslizándose entre mi cuerpo y el delgado colchón, uno de sus brazos me rodeó, arqueándome más hacia él mientras succionaba. El calor se acumuló en mi vientre y se extendió deliciosamente, mientras la pulsación comenzaba y su lengua tironeaba de mí, rozando sus dientes tentadoramente. Se estaba volviendo doloroso estar sin él. Se alejó lentamente para darle a mi otro pecho la misma dedicación, los dedos de su mano libre capturaron el pezón que había soltado. La sensación era abrumadora y no quería que se apartara de mí jamás.
—Edward... —Mis ojos se cerraron, y jadeé de placer, moviendo mi cabeza de un lado al otro—. Por favor.
—¿Por favor qué? —preguntó con voz ronca.
Cuando abrí los ojos, fue para encontrarlo sobre sus codos por encima de mí, su pecho presionado contra el mío, la fina pizca de vello tentaba mis pezones como lo había hecho su lengua. Su cabello desordenado, ojos apenas verdes y un rostro sonrojado por la pasión me atormentaron.
—Te necesito. —Ni siquiera reconocía mi voz. Se mantuvo quieto como si esperara algo más. La necesidad era algo físico, noté, y fue entonces cuando supe por qué se estaba conteniendo—. Te deseo.
Jadeé cuando sus dedos se deslizaron entre mis piernas. Levantándome hacia él, hundí mis dedos en su cabello y ataqué su boca mientras sus dedos hacían magia. Necesitaba venirme; necesitaba derrumbarme a su alrededor y casi lo hice cuando sentí sus dedos sobre mi clítoris. Su sabor, el olor de nuestra pasión, la sensación de piel contra piel... Estaba fuera de control. Grité cuando sus dedos entraron en mí, tocando ese lugar que me enloquecía, y dejé salir su nombre por mis labios, junto con súplicas y más gritos.
Al escuchar su risa áspera, me quedé quieta cuando lo sentí listo para entrar en mí.
—Mírame —exigió. Cuando lo hice, vi la conexión en sus ojos mientras nuestras almas se reconocían, y él presionó lenta y suavemente dentro de mí—. Mierda. Tan apretada. —Tembló con ojos salvajes antes de decir—: Mía.
El deseo distorsionó sus rasgos y no sabía si sería lo mismo para él, pero para mí, era como si una parte perdida de mí hubiera regresado a casa. Mis manos aferraron sus brazos y los sentí temblar. Sentí su posesión, la sensación de estar repleta magnificada por lo glorioso que era. Tenerlo dentro de mí era indescriptible.
—Bella —dijo suavemente, con reverencia, cuando me llenó por completo. Necesitando más, me moví contra él, apretando mis piernas alrededor de sus caderas. Se deslizó un poco más profundo y cerró los ojos por un momento—. Yo... —Renunció a las palabras.
Mis ojos rodaron hacia atrás cuando se retiró suavemente. Era demasiado... demasiado apretado... no era suficiente... más. Todo, cada sentimiento, cada caricia, cada toque se agruparon, y cuando empujó con fuerza, apretando sus caderas contra mí, estallé. Mis paredes se contrajeron a su alrededor mientras ola tras otra me atravesaba. Me escuché gritar su nombre, pero fui cegada por la liberación que me hizo retorcerme contra él incontrolablemente. Volviendo a la Tierra, lo sentí todavía duro en mí.
Mis ojos se abrieron frente un ángel caído, perverso en deseo, listo para arrastrarme a la tentación nuevamente. Tiró mis piernas con más fuerza alrededor de sus caderas, y gemí de dolor o placer cuando se movió lentamente mientras yo todavía revoloteaba suavemente a su alrededor.
—Edward… —tartamudeé, creyendo que moriría si me corría con fuerza otra vez.
—De nuevo, Bella. De nuevo —murmuró como si leyera mis pensamientos, echando la cabeza hacia atrás para que los músculos de su cuello resaltaran.
Esta vez, sus movimientos fueron profundos y fuertes. El fuego me consumió, lamiendo mi piel, labios y cuello. Nada más que el movimiento del hombre arriba y dentro de mí importaba mientras me llevaba al paraíso, donde sólo existía una luz cegadora. Entonces, gruñó mi nombre mientras me completaba, y colapsamos juntos, el sonido de nuestros jadeos resonando con fuerza en la cueva.
Pasando mis dedos por su cabello, disfruté su peso presionándome contra el piso, pero pronto se movió a un lado, descansando su barbilla en su mano mientras se apoyaba sobre su codo. Con los ojos aún nublados por el deseo, parecía estar luchando con algo.
—Bella, no sé qué demonios he estado pensando. Ni siquiera hablamos sobre anticonceptivos.
Me congelé ante sus palabras. No, no lo habíamos hecho, y no estaba tomando nada para prevenir un embarazo.
—¿Es demasiado esperar a que estés tomando la píldora? —Sacudió levemente la cabeza cuando permanecí en silencio—. Me haces olvidar de pensar racionalmente. —Con ojos brillantes, extendió la mano para quitarme el pelo del rostro, pasando las yemas de sus dedos por los nudos suavemente—. No podemos volver a hacer el amor así hasta que salgamos de aquí y podamos comprar algunos condones.
Sentí mucha decepción ante esa idea, y entrecerré los ojos hacia él.
Riéndose, se inclinó para besar la punta de mi nariz.
—No te preocupes, puedo hacerte gritar mi nombre de muchas otras formas.
Mis muslos se tensaron ante la oscura promesa en sus palabras, pero lo empujé en broma, provocando una pelea. Fui despiadada al pasar mis dedos por sus costillas, encontrando los puntos que lo hacían rugir de risa. Al final, me encontré de espaldas con él firmemente encima, su nueva erección presionada contra mi piel sensible. Todo en mí palpitaba al sentirlo grueso y duro contra mí, pero sabía que no podía seguir adelante con nada. Definitivamente estaba adolorida después de la segunda ronda, sin importar lo bueno que había sido.
Debió haber pensado lo mismo. Tomando mi barbilla con una mano, sus ojos escanearon mi rostro brevemente.
—Bella, deberías haberme dicho que no habías estado con nadie antes. Podría haber ido mucho más lento y definitivamente más suave. O quizás, deberíamos haber jugado de otras formas considerando la posibilidad a la que nos enfrentamos. —Sus ojos bajaron hacia mi estómago, provocando que un calor estallara en mi vientre.
Tirando de su cabello, no pude evitar la sonrisa de satisfacción.
—Oh, no, eso fue una vez en la vida. Incluso si estamos atrapados en una cueva y esperando el rescate, no creo que hubieras podido hacerlo mejor si hubiéramos estado en un resort de cinco estrellas.
Sus manos se tensaron en mis brazos y sus caderas se mecieron ligeramente contra mí.
—Ni siquiera puedes imaginar las cosas que podría hacerte con los juguetes adecuados —murmuró antes de ponerse de rodillas y luego de pie—. Tenemos que vestirnos, o no seré responsable de lo que pueda hacer.
Estirándome, vi sus ojos oscurecerse ante lo que estaba ofreciendo, y luego me reí cuando se dio vuelta y se alejó de mí murmurando obscenidades. Los músculos de su trasero era algo que probablemente no olvidaría por mucho tiempo.
~MF~
—¿Y qué hizo Emmett? —reí.
Edward sonrió.
—Corrió por el camping desnudo y se tiró de bomba al lago. Chilló como un oso herido cuando tocó el agua. No puedo ni imaginarme lo fría que debía estar, pero tenía que darle un nuevo significado el término bolas azules.
No pude evitar reírme ante la expresión traviesa en el rostro de Edward.
—¿Todo porque había perdido una apuesta?
—Sí. —Sus ojos verdes brillaron—. Mi madre estuvo completamente avergonzada considerando que mucha gente en el campamento lo vio. Gracias a Dios, fue antes de que YouTube se hiciera popular, porque Em lo hubiera publicado. —Se rio suavemente mientras echaba más leña al fuego.
Sacudiendo mi cabeza, eché un vistazo y noté algo nuevo contra las paredes. Pequeñas cintas de agua se deslizaban por la roca más cercana al túnel que una vez conducía a la cabaña.
—Edward, mira —dije, señalando al área.
Levantándose de donde había estado calentando agua para hacer paquetes de pollo liofilizado y arroz para el almuerzo, se acercó a donde le había señalado. Primero miró hacia arriba y siguió la pared durante varios pasos.
—La roca tiene una grieta. Probablemente por la explosión. Debe estar lloviendo afuera, y supongo que el agua se está filtrando a través de ella. —Caminando un poco más, soltó un gruñido—. Tengo que aceptar los aspectos positivos y los negativos... Podemos poner un balde aquí y creo que, de la noche a la mañana, probablemente habrá captado suficiente para que podamos usarla para lavarnos. Ahorrará nuestra agua potable y nos permitirá limpiarnos. La herviré, porque es casi imposible evitar que nos entre en la boca o los ojos mientras nos lavamos. Eso evitará que nos enfermemos.
Continuó caminando lentamente a lo largo de la pared, y solo se detuvo cuando llegó a una de las áreas para dormir. Se dio la vuelta y regresó, pasando la entrada al túnel derrumbado y trazando la curva de la cueva en la otra dirección durante varios metros.
—No veo ninguna otra línea de tensión, así que creo que estamos bien. El hecho es que, si la roca se fuera a derrumbar, ya lo habría hecho.
Excelente... Ahora iba a estar paranoica de que parte del área, o toda ella, se derrumbara a nuestro alrededor.
Los ojos de Edward se agrandaron cuando me vio.
—Bella, va a estar bien. Supongo que el caparazón tiene sólo varios pies de espesor aquí, por lo que la grieta está sirviendo como un sifón. Necesitamos aprovecharlo y recolectar el agua para nuestro uso.
No quería adivinar por qué eso era importante, porque había un montón de agua en el túnel de suministros. Podría haberme sentido culpable por lavarme el cabello con un poco de eso, pero considerando que estaba pensando que solo estaríamos aquí por un par de días, no quería adivinar por qué la conservación del agua estaba en su mente.
Sus dedos levantaron mi barbilla para poder sonreírme.
—No te asustes. Es mi rareza normal ser frugal con los recursos. Mi papá nos enseñó a no desperdiciar nada cuando estábamos en el bosque. —Golpeó suavemente mis labios con sus dedos—. Siempre pienso en el peor de los casos. No dejes que te asuste.
Me di cuenta de que no perdió el tiempo antes de bajar por el túnel y regresar con uno de los contenedores de plástico en las que se había almacenado parte de la comida. La colocó debajo de una de las gotas que se acumulaban en una roca para juntar el agua que caía. Solo esperaba que el sonido repetitivo no me volviera loca. Edward se agachó con gracia frente a mí, para alcanzar una olla de metal donde el agua hervía suavemente sobre el fuego. Usando una toalla, la levantó hasta las bolsas abiertas y vertió el agua antes de sellar los paquetes.
—Dale tres minutos, luego mmm —bromeó.
Sacándole la lengua, metí un trozo de damasco seco en mi boca, antes de poner una rodaja en la suya. La fruta fresca hubiera sido mejor, pero cuando había hambre no había pan duro. El paquete de frutos secos que había abierto tenía damascos, plátanos, coco y nueces.
—Así que, volviendo a Emmett, cuéntame más sobre él —le pedí a Edward. Aunque disfruté de escuchar sobre sus padres y su hermana, me gustó cómo sonreía cuando hablaba de su hermano mayor.
—Lo extraño mucho. —Me sorprendió con esa declaración taciturna, antes de encogerse de hombros—. Emmett era una de esas personas que siempre estaba feliz, ¿sabes? Nunca conoció a una persona que no le agradara, e incluso si le tenían miedo debido a su tamaño, los tenía comiendo de sus manos en minutos. No te podía no agradar Em.
Abriendo las bolsas para revolver nuestra comida con una cuchara de metal, Edward me entregó la primera bolsa antes de hacer lo mismo con la suya.
—Bon Appétit —bromeó.
En realidad, no estaba nada mal.
Soplando una cuchara llena de arroz, Edward entrecerró los ojos.
—Recuerdo una vez que pensó que sería bueno hacerle una broma a Alice. Sustituyó su acondicionador de cabello por mayonesa, sin darse cuenta de que haría que el cabello de Alice fuera muy brillante. Fue antes de que ella tuviera este corte pixie, y cuando tenía el cabello negro hasta la cintura. Juró que seguiría usando esa cosa. —Resopló antes de llevarse el arroz a la boca y masticar lentamente—. Emmett estuvo muy decepcionado cuando ella no se volvió loca.
—Y su novia. Háblame de ella.
Los ojos de Edward se oscurecieron un poco.
—Rose era encantadora. Tenía muchos sueños grandes. Ella y Emmett iban a tener cinco hijos, así cuando fueran mayores, ella podría sentarse en el porche delantero en una mecedora y ver a sus nietos causar estragos. Y entre tener los mini Emmett, iba a obtener su doctorado en ingeniería mecánica. Estaba estudiando eso en la universidad cuando desaparecieron. Según ella, iba a ser una de las primeras mujeres en incursionar realmente en el diseño de automóviles. Lo hubiera hecho. —Sonrió suavemente—. Su papá todavía tiene el viejo Mustang que ella arregló. Lo visito de vez en cuando y salimos juntos para darle un buen paseo.
Un sonido estrepitoso resonó fuera del túnel donde había visto al fantasma, y Edward se levantó de inmediato, su almuerzo cayendo al suelo mientras corría hacia el área.
—¡Espera! —grité, pero él siguió adelante, echando la mano hacia atrás para indicarme que me quedara.
Con la pistola desenfundada, rodeó el borde. Completamente quieto, se sintió que pasaron horas antes de ver los músculos de su espalda relajarse. La mía se sentía dolorida al haber estado tensa por tanto tiempo. Me hizo un gesto con la mano y, colocando la pistola que me había dado entre la parte trasera de mis jeans, me apresuré hacia donde se encontraba.
—Quédate detrás de mí —dijo, recogiendo la linterna y las gafas de visión nocturna que habíamos dejado junto a la entrada. Él había hecho lo mismo en cada túnel. "En caso de que nos quedemos sin una" había dicho.
Poniéndome el equipo de alta tecnología que Edward había descubierto en una de las cajas, me moví detrás de él mientras caminaba lentamente por el túnel. Inclinado ligeramente, estaba intentando cubrirme en caso de que encontráramos alguna resistencia. La mera idea de que volviera a lastimarse me hizo concentrarme en mis pasos en el extraño mundo verde que mostraban las gafas. No tuvimos que ir muy lejos.
Edward encendió la linterna, alumbrando los escombros. Una gran grieta se abrió en la pared y trozos de roca habían caído al suelo de piedra gastada. Desplazados por algo, eran la fuente del sonido que habíamos escuchado.
—¿Estás seguro de esta cueva? —pregunté, las mariposas en mi estómago despertándose.
—Sí. —Escudriñó la pared lentamente, inclinándose para tomar algunos de los escombros finos en su mano y dejarlos moverse como arena—. Nunca había visto una piedra pulverizada de esta manera por un temblor, pero no soy un experto.
Un leve sonido nos hizo girar hacia el resto del túnel y Edward apagó la luz. El sonido de silencio volvió a sonar unos segundos después.
—Agua —anunció.
Cómo pudo determinar eso, no estaba segura.
—¿Crees que es la salida de la que habló Jack?
Pegada a él, lo sentí tararear, más de lo que lo escuché.
—¿Quién sabe? Estoy pensando que deberíamos probar primero el túnel de suministros, ya que es el que más hemos visto. Nos dará tiempo para revisar las provisiones un poco más. —Miró hacia arriba, y tuve que luchar para no reír. Las gafas le hacían parecer un extraterrestre de una película de terror barata—. Démosles otro día, Bella, y comenzaremos a hacer un plan de ataque.
EPOV
Bella asintió ante mi sugerencia. Realmente quería ver mejor los suministros para medir qué tan preparados estábamos, pero no quería inquietar con mis preocupaciones. Ya deberían haber estado aquí, lo que me volvía loco por saber lo que estaba pasando en el mundo real. No quería que Bella supiera la dirección de mis pensamientos, porque estaba lo suficientemente ansiosa por los dos. No podía imaginar que nada alejara a mi padre, Charlie y Jasper, por lo que los pensamientos sobre lo que podría haber salido mal estaban comenzando a erosionar mi confianza.
De cualquier manera, una buena mirada al túnel no estaría de más. Tomando la mano de Bella, la llevé de regreso a la cueva principal, conteniendo un escalofrío. Me di cuenta que la temperatura había bajado en el mundo que nos rodeaba, porque el pequeño fuego no era capaz de protegernos del frío dentro del área.
—Creo que necesitamos usar una de las áreas para dormir esta noche y encender la vela como dijo Jack —sugerí, queriendo distraer a Bella. Ella había permanecido firmemente a mi lado, y aunque no me quejaba de la proximidad, hubiera preferido que se aferrara porque quería, no por miedo.
—De acuerdo. —Sus ojos se iluminaron con humor y me miró de arriba abajo lentamente. Traté de no reaccionar, pero solo era un hombre... uno muy atraído por la mujer que ojeaba.
—¡Bella! —advertí.
—¿Qué? —Se encogió de hombros inocentemente.
Agarrándola por los brazos, la atraje hacia mí, presionando con fuerza contra ella. Antes de que pudiera hacer un sonido, la besé como un hombre hambriento, haciendo todo lo posible para dejar claro un punto. Cuando me aparté, ambos estábamos jadeando. Bajó al catre que habíamos hecho, pero ignoré la oportunidad de tomarlo como una invitación.
—Háblame de Félix e Irina —le pedí, caminando hacia el nicho para dormir que sabía que era el más grande y tenía dos marcos gemelos.
—¿Eh? —preguntó ella.
—Tu mamá y tu papá. Cuéntame sobre ellos —le pedí, ya juntando las dos camas.
Bella miró fijamente las llamas, y mientras pensaba por dónde empezar, una idea para nuestra comodidad me mantuvo ocupado. Estaba colocando el segundo juego de colchones delgados horizontalmente sobre las camas combinadas cuando ella comenzó a hablar.
—Todavía no puedo creer que me hayan robado de Charlie. Creo que he aceptado que no tuvieron nada que ver con la muerte de mi madre, sino de mantenerme alejada de él... —Se encogió de hombros— ...es algo que no puedo entender. Fueron tan buenos padres. Sobreprotectores, sí, pero buenos. Jugué al fútbol... —Se rio disimuladamente antes de mirarme— ...ya sabes, fútbol real, no eso que juegan los estadounidenses.
—Ja, ja —respondí, sonriendo en secreto que ella pudiera bromear al mismo tiempo que pensaba en Irina y Félix.
—Como sea, jugué desde que pude caminar hasta que terminé la escuela.
Pensando en sus largas piernas y fuertes muslos, di gracias a Dios por el fútbol. El juego definitivamente había tonificado a Bella de todas las formas correctas. Me incliné sobre la cama para estirar una manta sobre mi cama improvisada y ocultar efectivamente la erección que tenía al pensar en ellas.
—Mamá estuvo en todos mis juegos y mi papá rara vez se perdía uno. Ella siempre era la mamá a cargo, llevando bocadillos y bebidas. Cuando crecí, ella planeaba nuestras fiestas y escapadas, además de administrar los torneos.
Bella tomó un palito y lo arrojó al fuego. Observando las brasas, permaneció en silencio por un corto tiempo. Trabajé para terminar la habitación, incluso trayendo varias velas más. Fue solo cuando me senté a su lado que comenzó a hablar de nuevo.
—Mi mamá lo era todo. Sé que se supone que tus padres no son tus amigos, pero ella era la mía. Me llevaba de compras, hacía ejercicio y jugaba conmigo, me ayudaba con la tarea. No había nada que ella no hiciera conmigo, que no quería que ella hiciera conmigo. —Una lágrima corrió por la mejilla de Bella, y no pude evitar usar mi pulgar para capturarla.
Sin dudarlo, se arrastró hasta mi regazo y la rodeé con mis brazos, llevando su cabeza bajo mi barbilla.
—Y mi papá era... no sé, perfecto. Muchas de mis amigas pensaban que era atractivo, así que escuché demasiadas risitas y comentarios sobre él. —Ella sonrió suavemente—. Pero él nunca tuvo ojos para nadie más que para mi mamá. Quiero lo que ellos tuvieron, un amor que lo abarque todo.
Me moví ante sus palabras. Yo también quería eso, ya que tenía un ejemplo de vida a diario con mis padres, pero era demasiado pronto para decirle cuán completamente me había capturado. Bella necesitaba tomar una decisión sobre nosotros sin la amenaza de una situación de vida o muerte. Quería que ella caminara hacia mí, no que se aferrara a mi costado. Quería muchos más días abrazándola, ya fuera para consolarla, abrazarla o hacerle el amor.
Un momento de silencio nos rodeó y me pregunté qué estaría pensando.
—Mi papá era quien desterraba a los monstruos. Cuando era pequeña, él tenía esta espada de madera falsa que había encontrado en alguna parte, y cuando me asustaba, entraba a mi habitación agitándola, amenazando a cualquier criatura escondida debajo de mi cama o en los armarios. —Su risa fue un sonido dulce—. Él fue quien tuvo la charla sexual conmigo.
Me eché hacia atrás y me encontré con sus divertidos ojos marrones.
—Sí, lo sé. Sorprendente, ¿no? Dijo que quería que supiera que los hombres harán cualquier cosa para meterse en tus pantalones. Como sea. —Sus labios se torcieron en una sonrisa temblorosa antes de volver a llevar su mejilla a mi pecho—. Me dijo que era tan hermosa que sabía que pronto iba a usar su espada contra los monstruos reales. —Sentí la humedad contra mi camisa, pero no quería soltarla el tiempo suficiente para secar estas lágrimas—. Realmente no puedo decir qué fue lo que hizo que fue tan especial, pero al escuchar a otras chicas que conocí en la escuela, parece que simplemente estaba allí. Para todo. Él odiaba cuando tenía que irse por negocios. Sin importar dónde estuviera, sin importar la zona horaria, me llamaba por Skype todas las noches antes de irme a dormir. Una vez estuvo en Japón y pude ver de fondo a los hombres con los que se estaba reuniendo. Había detenido la reunión para hablar conmigo.
Y las historias sobre Félix e Irina siguieron y siguieron. Bella se durmió esa noche en mis brazos. Estábamos encerrados por los muros que podrían convertirse en nuestra tumba, calentados por una vela, estómagos llenos de raciones de campamento, pero rodeados de los recuerdos de su familia, que, contra la lógica, la había tratado como una princesa y la amaba incondicionalmente.
