México preparaba alegremente el desayuno para Estados Unidos y Australia. Mientras, ambos hermanos estaban en el comedor, el australiano le explicaba a su hermano mayor que antídoto usar según el veneno y en que lugares podrían estar más seguros de no sufrir algún ataque de algún animal.
—Esto es para mi hermoso y guapo novio— dijo el mexicano, dejando frente a su pareja, sobre la mesa, un plato con una docena de hotcakes— Y este es para mi cuñado que es bien chido— dejó un plato similar frente al australiano.
—Thank you Mexico, but...eh... esto es mucho— mencionó el amante de los animales al ver una docena sólo para él.
—Tranquilo cuñadito, tú cómelo hasta donde aguantes— respondió México con una sonrisa amigable— Tu hermano puede comerse el resto.
Estados Unidos asintió en señal de afirmación para hacerle entender al australiano que si se comería lo que sobrará.
Su estadía en el país oceánico, hasta el momento, había sido muy agradable; ya llevaban al menos una noche ahí, y habían logrado dormir en perfecta paz y tranquilidad. Después de desayunar planeaban caminar cerca de las costas y después visitar algunos acuarios que Australia les recomendó.
Todo parecía indicar que serían unas vacaciones tranquilas para ambos.
Pero todos sabemos que cierto trío de acosadores anda por ahí, listos para acechar a su presa.
