Qué tal tú, tu vida, ¡algo!

Koushiro estaba en su casa, para variar. La noche del sábado, que muchos dedicaban para salir de fiesta, quedar con la gente, para él se resumía en dedicarle tiempo a su ordenador, instalarle (y desarrollarle) actualizaciones, y dar caña a todas las plataformas de video on demand a las que estaba suscrito. Es decir, a todas. Normalmente, cenaba con Taichi y los demás, y luego se subía a su apartamento mientras los demás se iban a tomar algo.

Pero aquella noche alguien no le iba a permitir aquel plan. Cuando se levantó después de pagar su ración, alguien le empezó a seguir desde la distancia. Por supuesto, él no se dio cuenta, pues iba escuchando música por su teléfono. Así que casi le dio un infarto cuando, al abrir la puerta de su piso, alguien le agarró y le levantó por los aires.

—¡Koushirooooooo! —gritó una voz.

Por un momento por su mente cruzaron las imágenes más terribles. Una agresión que le dejase fuera de combate, despertarse atado en su piso y descubrir que le habían robado. O peor aún, que le tuvieran atado y pensaran torturarlo y matarlo. Pero tocó con los pies en el suelo, y al girarse, una figura le sonreía.

—¡Joder, Mimi! ¡Casi me da un infarto! —protestó.

—Calla —le dijo ella, y le dio un beso en la mejilla—. Me parece un gesto muy feo por tu parte.

—¿Que me de un infarto?

—¡Que vengo a pasar dos semanas a Japón y en lugar de venir con todo el grupo te recluyas en tu casa! Tonto.

—Lo siento… Ya sabes que no me van esos ambientes.

—Te conozco desde hace mucho, ya lo sé. Así que… ¡mira! —dijo la chica, levantando una bolsa.

—¿Traes alcohol?

—No te voy a obligar a ir a pasar la noche fuera. Pero al menos nos podemos tomar una copa, ¿no? Que un día es un día. Y hace mucho que no hablamos.

—Vale. Te lo acepto —dijo Koushiro—. Entra.

Mimi entró en el piso. Tal como se podía esperar. Koushiro no era nada sucio, pero lo tenía todo un poco desordenado. "Hombres… no pueden vivir solos sin hacer de la casa un caos", pensó. Pero había confianza, Koushiro no se molestó en disimular el estado de su casa. Simplemente apartó las piezas de una placa base que había estado intentando arreglar, y Mimi se sentó en el hueco que había quedado libre.

—Eh… voy a por un par de vasos —dijo Koushiro, y al abrir el mueble de la cocina y ver que no le quedaban limpios, se dio prisa en fregar dos y llevarlos.

—Kou… búscate un compañero de piso o algo —rió Mimi mientras sacaba un par de botellas—. ¿Ron-cola? ¿Whis-cola?

—¿Puede ser "cola-cola"? Sabes que no bebo.

—Es verdad. Pues toma —dijo la chica, sirviéndole el refresco. Luego se sirvió a si misma. Mucho dulce, y apenas un dedo de ron—. Salud.

—Salud.

Bebieron y en seguida la expresión de Mimi tornó en un gesto de desagrado. Tuvo que escupir.

—Joder. Voy a matar al de la licorería. El mejor ron, y una… En fin. ¿Qué tal?

—… ¿Qué tal de qué? —preguntó él.

—Qué tal tú, tu vida, ¡algo! ¡Nos pasamos el día contando cosas por el grupo de WhatsApp pero no participas, no nos dices nada! ¡A veces pienso que te has cambiado el número para no hablar con nosotros! —le reprochó la chica—. ¡Y eso está muy feo!

—Lo sé —reconoció Koushiro—. Pero ¿qué os voy a decir? ¿Que qué bonitas fotos? Si dejo el móvil en la mesa y a los diez minutos hay cien mensajes…

—Bueno. Ahora no hay doscientos mensajes. Estamos hablando tú y yo. Así que, cuéntame algo. ¿Cómo te va?

—Pues no hay mucho que contar. Estoy aquí casi todo el día, cacharreando.

—Ya me he dado cuenta. ¿Por qué no te juntas más con el grupo? Yo porque vivo fuera, que si no, no os librabais de mi ni una noche.

—Ya me he dado cuenta —bromeó Koushiro.

—Qué gracioso. Pero en serio. Te podrías venir mañana con nosotros. Un rato solamente. Conozco un sitio donde podemos tener todo un hueco para nosotros solos. Así no te agobiarías.

—¿Por qué me insistes tanto? —preguntó el chico—. Sabes que siempre he sido más de quedarme en casa que de salir de fiesta.

Mimi le miró muy seria, y se terminó su vaso de un trago antes de responder.

—¿En serio no te das cuenta? ¿Por qué te crees que he venido hasta tu casa? Porque quiero estar contigo —respondió. Era una obviedad, o eso le parecía, ya que Koushiro parecía confuso—. ¿Qué pasa?

—Bueno… que están los demás —respondió él.

—¡Pero a los demás ya les veo! ¡Es a ti a quien tengo perdido!

—¿Acaso te importo tanto?

—Idiota…

Y sin darse cuenta, Koushiro fue besado por Mimi. Sin darse cuenta, la chica empezó a moverse en el sofá para ponerse encima de él. Sin darse cuenta, le había rodeado con los brazos. Sin darse cuenta sentía su respiración contra él. Cuando el beso se detuvo, Mimi le miró a los ojos. Ella parecía tranquila, y él sentía toda la sangre acumulándose en su rostro.

—¿Qué has hecho…?

Por toda respuesta, Mimi volvió a juntar los labios con los del chico. Sentía que se quitaba un peso de encima al hacerlo, y sonrió levemente al comprobar que a su amigo le recorría un escalofrío. Por lo menos tenía la decencia de no romper el beso. Maravilloso. Le dio un suave mordisco en el labio antes de separarse, apenas un roce con sus dientes y volvió a mirarle directamente.

—Mimi… ¿qué haces? —volvió a preguntar Koushiro, sin entender.

—Si tengo que besarte siete veces más para que lo entiendas, lo haré. Me encantan tus labios —respondió ella—, pero pensaba que alguien tan inteligente lo entendería mejor. Me gustas.

Koushiro tuvo que procesar aquella información. No, él no podía gustarle a Mimi. Tal vez se tratara de una broma pesada. Pero no creía que la chica pudiera hacer gala de un humor tan cruel. A lo mejor estaba enamorada de algún otro y necesitaba practicar cómo declararse. "Claro que sí, genio. Dale otra vuelta", pensó para sus adentros. Ni el mismo llegaba a entender lo que significaba aquello. Solo sabía, al regresar a la realidad, que la chica se estaba poniendo nerviosa.

—¿Vas a decir algo? ¿O puedo dar la noche por fracaso y largarme?

—¿Qué es eso de que te gusto?

—Para ser tan listo a veces eres un tonto —suspiró ella. Había pensado que el chico era parado. Pero no que se iba a topar con semejante pasmarote. Se consideraba con buena autoestima, pero la inactividad de su amigo la hería bastante—. Creo que mejor me voy.

—Espera… —pidió Koushiro, y suspiró—. ¿Lo dices en serio?

—Claro que lo digo en serio.

—¿Pero cómo voy a gustarte…? ¿Seguro que no has bebido demasiado?

—¿Has visto el poco ron que había en mi bebida? Idiota. Me largo.

—¡No! Joder, es que no me esperaba esto. ¿Cómo te voy a gustar? Si… tú eres una diosa —suspiró el pelirrojo.

Y era cierto. Para él, Mimi era una preciosidad. Una chica que… a todas luces estaba fuera de sus posibilidades. El de pronto haberla visto encima de él, con esos labios sabor cereza y había perdido la capacidad de racionar. Y sin embargo, estaba ahí. ¿Por qué sonreía otra vez de pronto?

—¿Una diosa?

—Sí… Lo suyo sería que te fijaras en tíos como Taichi o Yamato…

He estado con tíos como Taichi o Yamato. Y, ¿sinceramente? Están bien para un rato. Pero no me llenan nada. Pero tú… eres un chico tranquilo. Sensible. Estoy segura de que cariñoso (si logro sacártelo). Y también eres guapo —añadió, logrando que el chico se pudiera colorado—. ¿Qué me dices? ¿Le darás una oportunidad a Mimi? —preguntó con voz melosa.

—No… no puedo… —dijo él, con la voz quebrada.

—¿Por qué no?

El tono de su amigo le había preocupado. Parecía que algo le asustaba. De pronto parecía que al chico le faltaba el aire. Se levantó para dejarle espacio, pero pensó que había cometido un error. El chico se levantó y trató de ocultarse en su habitación, pero ella fue más rápida y se coló dentro.

—¿Tanta prisa tienes por que entre aquí? —intentó bromear, pero en seguida se dio cuenta de que había sido una mala idea. Koushiro se paseaba arriba y abajo por la sala—. Puedes contarme lo que te ocurra…

—No… no te convengo… —empezó a decir, pero hablaba tan rápido que a Mimi le costaba descifrar sus palabras—. Tú necesitas algún tío con experiencia, alguien que sepa como tratar contigo, si lo intentamos va a ser un desastre, por favor, será mejor que lo dejemos como está…

—¿Qué es esa tontería de la experiencia?

—¡Que soy virgen, joder! ¡No puedes estar con alguien como yo, tú…!

Y de pronto se vio envuelto en los brazos de su amiga. Podía sentir los latidos de su corazón, y el suyo empezó a relajarse un poco. Empezaron a palpitar al compás. Más relajado. Mimi apoyó la barbilla sobre su hombro y le pasó las manos por la espalda para relajarle. El pelirrojo no sabía donde meterse. ¿Por qué Mimi se portaba tan bien? Tal vez era cierto que le gustaba. Aunque no tenía sentido ninguno.

—Kou… ¿podemos sentarnos? —pidió la chica. Él asintió y se pusieron en el borde de la cama. Ella le tomó de las manos. Eran suaves y cálidas—. No te puedo mentir, porque… ya sabes que yo no lo soy. Todo el grupo lo sabe. Espero que eso no sea un impedimento, porque me encantaría ser tu primera vez. Si quieres —aclaró.

—… Claro que me gustaría… —"pero me da miedo no estar a la altura", pensó. Ella pareció adivinar lo que estaba pensado.

—No te sientas presionado. Me gustaba mucho cómo estábamos hace un momento besándonos. Podemos empezar así. Y terminar en el momento que quieras. A mi no me importa si es contigo.

"Joder, Koushiro… creo que te has tenido que dar un golpe en la cabeza cuando te han alzado por los aires y estás delirando", pensó el chico mientras tomaba la decisión. Seguro que si besaba a la chica se despertaba de su sueño. Pero no, seguía sintiendo aquellos labios y no tardaron en caer de costado sobre el colchón. Abrió los ojos, apenas una micra, y ahí seguía su amiga. Notó que le posaba las manos sobre las mejillas y empezó a girar para ponerse encima de él.

Se vio de pronto con los brazos extendidos en el colchón, permitiendo que su amiga le empezase a quitar la ropa. Primero la chaqueta, y le acarició los brazos descubiertos. Un escalofrío le recorrió cuando metió las manos por debajo de su camiseta y empezó a tocarle antes de quitarle la prenda. Mimi se apoyó sobre su torso, escuchando sus latidos y respiración agitada. Besó un punto aleatorio de su cuerpo antes de incorporarse y quitarse la camiseta.

Le despertaba mucha ternura verle ponerse colorado al verla de sujetador Se echó hacia adelante y le susurró en el oído:

Puedes tocar, si quieres. Desabróchamelo —pidió.

Koushiro, con cierta timidez, empezó a buscar el cierre de su sujetador. Mimi intentó contener una risita la sentir luchar con la prenda. Aquello le gustaba mucho. Mucho mejor que algún idiota mazado que solo iba a lo que iba. El pelirrojo era diferente. Al final notó que se aflojaba, y dejó que resbalase cuando se volvió a erguir, mostrándole sus pechos.

—Espero que te guste lo que ves…

Obedeciendo a un instinto, Koushiro se levantó y llevó las manos a sus senos. Con cuidado. La respiración de Mimi se agitó un poco.

—Perdona…

—No, es que… son muy sensibles —le dijo la chica, y es que Koushiro había rozado sus pezones de un modo delicioso—. Me gusta mucho… ¡aaaaah! —gimió. El pelirrojo había empezado a atacar con la boca—. Más despacio, por favor… —pidió—. Sí… así sí…

Enredó los dedos en el cabello del chico, disfrutando de lo que le hacía. Era maravilloso. Pero empezaba a sentir ganas de más. Estaban muy calientes los dos. Y aunque Koushiro se hubiera podido quedar así todo el tiempo del mundo, sintió que la chica le apremiaba a continuar.

De algún modo, se vio liberado del pantalón. Estaba nervioso. Mimi le daba caricias sobre su bulto, sin llegar a destaparlo aún. Un pequeño juego previo siempre estaba bien. Y se deshizo de su pantaloncito antes de continuar.

—¿Quieres que siga? —preguntó, en tono provocador, juntando su pelvis con el bulto del chico. Este asintió de inmediato, y empezó por quitarse las bragas, mostrando al chico una vista de su cuerpo completo desnudo—. Va siendo hora de ver qué hay por aquí —comentó mientras empezaba a tirar de la prenda. Silbó.

—No te burles…

—No me burlo… me encanta —dijo ella—. ¿Estás preparado? —preguntó mientras le acariciaba el pene con mimo.

—Sí… quiero hacerlo…

La chica sonrió y se situó en posición. Dirigió el miembro de su amigo hacia su sexo. Ella se notaba mojada, y podía sentir en su mano el líquido preseminal del chico. Suavemente, dejó que su cuerpo resbalase hacia abajo. Los dos gimieron a la vez cuando sus cuerpos se unían en uno. Sonrió desde su posición superior al chico y empezó a mover su cuerpo despacio. Lo estaban haciendo.

Koushiro se sentía inmovilizado. Apenas podía llegar a ver la escena en su conjunto. Sus ojos viajaban de los pechos de Mimi, a la expresión de placer de su amiga, y de ahí bajaba al punto en que sus cuerpos se unían y podía ver su erección desaparecer en el cuerpo de ella. Y vuelta a empezar en el recorrido. Una maravilla. Una sensación totalmente nueva y placentera. Era indescriptible cómo se sentía el interior de Mimi. No podía moverse, pero a Mimi no le importaba hacer aquello. Le sonreía, erguida sobre él, y sus caderas de movían a un ritmo delicioso.

La respiración del pelirrojo se agitó. Estaba a punto de culminar, y Mimi se daba cuenta de ello. Mantuvo la misma velocidad y de pronto le sintió moverse debajo de ella, pues su cuerpo reclamaba aumentar el ritmo para poder culminar. Se sentía genial. Ella mantuvo sus movimientos inalterables todo el tiempo que pudo y finalmente le sintió estallar dentro de ella.

—Lo siento… —dijo el chico—. Debería haber…

—No te preocupes —respondió ella con suavidad mientras desmontaba de él—. Me ha gustado mucho.

—Pero… ¿tú te has…?

Ella asintió.

—Pero espero que tomes… responsabilidad por lo que has hecho.

En ese momento Koushiro se quedó helado. Lo habían hecho sin preservativo. Se había corrido dentro de ella. Pero una carcajada y un beso fugaz le quitó de sus temores.

—Era broma. Perdona. Yo tomo la píldora. No pasa nada por lo que hemos hecho.

—Joder… —dijo él, que se había quitado un peso de encima—. Casi me da un infarto…

—Lo siento, lo siento —respondió ella en tono mimoso—. Perdona a Mimi, por favor…

—¿Qué haces? —preguntó él.

Y es que la chica había empezado a besuquearle por todo el cuello. Y empezaba a bajar por su torso. Más debajo de la cintura. Él retrocedió, pero no le libró de un beso de la chica en la punta de su pene, y además se dio un golpe en la cabeza contra la pared.

—Eso te pasa por moverte —bromeó ella—. ¿No quieres seguir jugando?

—Claro que quiero, pero… eso que ibas a hacer…

—¿Qué tiene de malo? Dicen que se siente muy bien. ¿Tú no lo haría para que me sintiera bien?

Koushiro no podía haber refutado el argumento ni aunque hubiera querido. Dejó que la chica se acomodase entre sus piernas y cerró los ojos. Era embarazoso verla… Aunque su erección se sentía de maravilla en la boca de la chica. Sobre su mente se dibujó alguna duda que pronto ignoró. Ella estaba allí con él, no con algún otro. Eso era suficiente. Miró tímidamente lo que hacía la chica, y volvió a cerrar los ojos. Como la mirase mucho tiempo volvería a eyacular.

Mimi había puesto sus manos sobre sus piernas, cerca de su pene, sin llegar a tocarlo. Para darle placer no lo necesitaba. Sabía exactamente cómo hacerlo. Su lengua se movía despacio, sus labios hacían una suave presión y sus dientes no rozaban su erección ni una vez. Pasados unos minutos acompañó la felación con un suave masajeo en los testículos del chico. Agudizó el oído. Entendía aquellos jadeos. Iba a culminar. Continuó sin detenerse hasta que logró que Koushiro llegase al orgasmo. Le miró, y se había vuelto a poner colorado.

—Mimi… esto ha sido genial, pero… yo no me quedo tranquilo… —suspiró—. Tengo que… hacer lo mismo por ti.

—Muy bien —aceptó ella—. Pero no te obsesiones.

Se situó con las piernas separadas para recibir al chico. Este gateó hacia ella, y se asomó por primera vez a la zona más privada de la chica. Era precioso. Sabía que podía estimularlo con el dedo. Y recordó que era mejor que su dígito estuviera húmedo. Se lo relamió antes de probar a acariciarlo. Los sonidos que hacía la chica le indicaban que iba por el buen camino. Especialmente aquel tan agudo que demostraba dónde le estaba acariciando.

Y si su dedo se sentía bien, seguro que su lengua era aún mejor. Empezó a lamer su intimidad, despacio, disfrutando de su sabor. Mimi gemía, sin querer contenerse. El pelirrojo se lo estaba haciendo muy bien. Una maravilla. Jadeaba y se dejaba llevar mientras Koushiro la llevaba al paraíso del pecado. Era genial y a él le volvían loco sus fluídos provocados por la excitación. Mimi no aguantaba. Necesitaba más en ese momento.

—¡Kou! ¡Por favor! ¡Házmelo! —pidió.

Por un momento el pelirrojo dudó. No, debía hacer que acabase. Pero ella se lo estaba pidiendo. Con cuidado, se colocó erguido entre sus piernas y deslizó su pene en el interior de la chica. Mucho mejor. La sujetó por las caderas y empezó a penetrarla, a un ritmo más veloz que el que habían tenido en su primera vez. Estaba desatado. Deseoso por el cuerpo de aquella diosa que le había arrastrado a los mayores umbrales de placer. Su cuerpo empezó a acelerar de forma natural hasta que ambos culminaron nuevamente. Cayó sobre Mimi, y a punto estuvo de aplastarla si no hubiera puesto las manos a tiempo.

Se echó hacia un lado, momento que aprovechó la chica para ponerse encima de él. Estaba muy cómoda con la cabeza sobre su pecho.

—Mimi… esto que ha pasado… ¿en qué nos convierte? —preguntó él, confuso.

—En novios, espero… —respondió ella.

—Ya, si… si yo encantado, pero, ¿no vuelves dentro de poco a los Estados Unidos?

—Sí —admitió Mimi—. Pero serán solo un par de meses. Luego volveré a Japón para quedarme. ¿Me esperarás?

—Claro que si. Te quiero, Mimi.

Ella se adelantó a darle un beso.

—Y yo a ti.


¡Hola a todos! Hace ya un tiempo se me pidió un fanfic entre estos dos, y he aprovechado un pequeño "lapso" en que no he escrito sobre Mimi (¡la tenéis en un pedestal!) para redactarlo. Espero que os haya gustado.

honter11: Efectivamente, tantos años sin un "compañero" pues tenían que recaer sobre alguien ;) Y me temo que no... las tres partes siguientes de ese fanfic están ya decididas (es una hexalogía que me solicitaron, sorry). No te preocupes que no me quito el Tai-Mimi-Kari de la cabeza.

Nath0722: Bueno, nadie te obliga a leerme según publico, no sufras :D Aunque no creo que me quede con ese título para las tarjetas de visita :P Saludos

Guest: Hikari lleva celosa desde el relato anterior, no acepta compartir a Taichi :P Me alegro que te gustara. Lo del fallo del D-Arc, la verdad, aquello lo concebí como capítulo único, sin secuelas. Y la idea de Xros (que tengo pendiente de ver) necesitaría saber al menos el capítulo o la escena que podría dar jugo. ¡Adivino no soy! :D

MAZINGER-TAIORA: Bueno, si él la anima a ir con otros, en parte es porque él también tiene relaciones con otras, no puede ser tan egoísta xD Y sinceramente, yo también creo que ese fin de semana estudiaron poco. La continuación... será poco esperada, la verdad XD Y ahí explicaré lo de la libertad que alguien disfruta :P E igualmente, cuidado con el virus ;)

Nos leemos por estos lares. Lemmon rules!