N/A: Uff, ha pasado un tiempo desde la ultima vez que actualicé. ¡Lo siento tanto! Gracias a todos quienes leen y sigan la historia, ¡y a melia2 por su review! De lo último que me comentaste, tenías razón con tu suposición sobre Yamato.
19
Pasaron unos cuantos días, y nada cambió demasiado. Los esfuerzos de Tai por entrar al Digimundo seguían siendo infructíferos y eso lo mantenía en el estado constante de frustración y preocupación, pero había perdido parte de la histeria de la semana anterior. Se había acercado a Andy en los últimos días; pese a que Matt y Sora no eran demostrativos en la escuela – por el contrario, eran bastante discretos -, no tenía pensado convertirse en la tercera rueda de esa relación. Se había sorprendido mucho al ver lo agradable que era el chico inglés. Juntos intentaban una forma de volver al Digimundo a buscar a Izzy.
La temperatura se mantenía en grados bajo cero durante esa mañana de día sábado, pero a menos que lloviera o nevara, el tenis no iba a ser suspendido, así que Sora se dirigía a su escuela junto a Matt. Su madre no había estado nada contenta cuando Matt llegó a buscarla a su departamento aquella mañana. No se conocían, pero la madre de Sora se hacía la idea de que era una mala influencia para su hija. Solo bastaba mirarlo para saber que se trataba de un chiquillo con intereses muy diferentes a los que ella quería para Sora: Tocaba en una banda, se mandaba solo debido a sus irresponsables padres, y su ascendencia europea no le daba buena espina. Los occidentales a veces eran muy liberales y alocados…
No reclamó ni le dijo nada, pero no hizo falta con la mirada glaciar que le dio al rubio mientras lo saludaba con un seco y cortante "Buen día".
- Creo que tú mamá me odia.
- Por esa razón creo que me gustas aún más – bromeó la chica. Estaban llegando a la puerta principal de la escuela para ese entonces.
- ¿Ah, sí? – preguntó acercándola suavemente por la cintura para besarla.
Matt estaba feliz. De hecho, no recordaba que alguna vez hubiese sido más feliz que en los últimos días y era todo gracias a su relación con Sora. Ni siquiera se sorprendía de lo rápido que se estaba enamorando de la colorina, porque su relación con ella no era como ninguna que hubiese tenido antes con las chicas con las que acostumbraba a salir, hermosas pero superficiales. Debía reconocer que la última semana sentía que estaba de cabeza, y de alguna forma, era la mejor sensación del mundo…
La besó profundamente sintiendo como el mundo a su alrededor desaparecía por un momento, hasta que sintió la campana de la escuela.
- ¡Debo correr! – Sora le sonrió y se fue corriendo a su entrenamiento, pues no era común en ella llegar tarde, y él le sonrió de vuelta viendo cómo se alejaba.
No había alcanzado a avanzar ni media cuadra, con sus manos en los bolsillos para protegerlos del horrible frío, cuando vio a Tai y a Andy saliendo de la sala de computación, lejos y en el pasillo del segundo piso. Aunque se vieran como dos miniaturas, podía reconocer el voluminoso cabello de Tai a distancia, e incluso su forma desgarbada de caminar.
Pateó una piedra en el suelo, desanimado. Había una conversación pendiente entre él y Tai, que no iba a ser muy agradable, pero ya no podía esperar más. Tenía que hacerle una visita esa misma tarde.
- ¿Qué hay? – Una voz femenina lo trajo de regreso a la realidad.
Miró hacia su lado derecho y se encontró con Asuka, mirándolo con la misma expresión victoriosa con la que lo había observado durante toda la semana, para intimidarlo y provocarlo.
Matt había estado a punto de decirle todo a Sora un montón de veces, pero se acobardaba en el momento de la verdad y no era capaz de decirle lo que había pasado con Asuka. Lo que creía que había pasado, porque hasta la fecha no tenía certeza ni se acordaba de la mayor parte de aquella noche. Todo había andado tan bien con su novia que no quería arriesgarse a que todo terminara mal, que Sora lo odiara, que Tai se enfureciera con él por hacerle daño a la chica que los dos querían…
Asuka le crispaba los nervios con esa actitud. No sabía si alguna vez iba a decir algo y eso lo tenía constantemente intranquilo.
- Hola, Asuka. ¿Qué haces en la escuela un sábado por la mañana?
- Tengo clases de canto – contestó como si fuera obvio -. ¿Tú?
- Acompañé a Sora hasta sus clases de tenis.
- Ah, Sora – dijo colocando una sonrisa arrogante -. Veo que todo marcha muy bien entre ustedes, ¿no? Supongo que no le has contado lo que ocurrió entre nosotros la otra noche.
El comentario lo enfureció y en un acto inconsciente se le acercó decididamente y la tomó de la muñeca.
- Explícame, Asuka, qué fue exactamente lo que pasó esa noche porque no recuerdo absolutamente nada y eso me parece extraño, por decir lo menos – dijo bajando la voz, pero sin perder el tono amenazante.
- Ah, no sé, que pierdas la memoria cuando estás borracho no te va a librar de lo que hiciste.
- No, eso no puede ser – dijo perdiendo la paciencia. No podía explicar por qué, pero sabía que ella le estaba mintiendo.
- Relájate, Yamato. No serás el primero en engañar a su novia conmigo – replicó guiñándole un ojo -, y estoy más que dispuesta a hacerlo de nuevo.
- Mira, necesito saber si tienes pensado—.
- ¿Decirle? – lo interrumpió -. No, relájate. Aunque quizás Mina sí lo haga.
- ¡¿Se lo dijiste a Mina?! – volvió a dar otro paso hacia ella, cada vez más enojado y dándose cuenta por primera vez el tipo de persona que era Asuka, malvada y calculadora.
- No todavía, pero no me cuesta nada hacerlo, Yamato, así que te recomiendo que hagas exactamente lo que yo digo.
- Está por verse, maldita loca.
Se dio media vuelta y se fue para no darle espacio a Asuka para seguir hablando. Estaba completamente loca, cada vez era peor, y aunque antes ya se había metido con chicas cuestionables, ella se estaba ganando el premio al peor error de su vida. ¿Por qué había tenido la mala suerte de llegar justo a su curso? Al igual que Andy…
Al igual que Andy… Que era un digimon.
Se detuvo cuando tuvo ese pensamiento. Después de haber leído su ensayo, su suposición estaba a punto de ser comprobada, prácticamente ya lo estaba, pero era tan descabellado que costaba admitirlo en voz alta, aunque fuese para sí mismo. Andy… En la ocasión en que habían estado juntos en el Digimundo, nunca se había aparecido al mismo tiempo que Beelzemon. Ese digimon lo había atacado a Izzy y a él cuando ya se habían separado en grupos para cubrir una mayor cantidad de terreno.
Y ahora, cuando todavía no había asumido una cosa, comenzaba a pensar la otra: Dos personas habían llegado a su salón.
Asuka estaba feliz de la vida arruinándole la vida, ¿pero era eso suficiente como para desconfiar de esa manera y creer que ella podía ser Lilithmon? Palideció de solo pensarlo, porque eso significaría que él había estado con…
La lujuria.
Pensándolo bien, desde que había empezado a salir con Asuka, las cosas se habían puesto de cabeza. Él había estado totalmente embobado, como si alguien le hubiera puesto un hechizo encima, y ahora había pasajes sobre los que no se acordaba en lo absoluto, lo que era extraño.
Volvió a palidecer cuando recordó que alguna vez Lilithmon le había preguntado a Tai, "¿no me reconoces?" y a él lo había llamado por su nombre completo. Ellos habían pensado en Gennai… Pero quizás era una persona que estaba mucho más cerca de ellos, ¡todo este tiempo! Demasiado cerca, sobre todo de él. Al igual que Andy que se había acercado a Sora… Asuka había ido por él desde un inicio…
Sintió nauseas ante la sola idea de haber estado con ella.
Todo tenía sentido.
Sabía que no era un cobarde, ahora entendía por qué no quería ir al Digimundo y por qué había tenido esa sensación de manipulación durante el último tiempo. ¡Estaba arruinando su vida y él se lo había permitido! Por poco arruina su relación con Sora, y sin duda había arruinado gran parte de su relación con Tai, pero no lo iba a permitir. Ahora que se había dado cuenta de todo, enmendaría las cosas.
Iba a costar que le creyeran, pero… Quizás había una forma de demostrarlo.
Sí. Había un plan arriesgado que podía poner en marcha, y si todo salía bien, ellos podrían volver a tener el sartén por el mango y acercarse más a rescatar a sus compañeros digimon. De hecho, si salía bien, podía rescatar a Izzy, traerlo a salvo y planear algo todos juntos…
Pero primero, tenía que dejar listos algunos asuntos.
Esa misma noche, el rubio se acercó al departamento en donde sabía que vivía Andy, para poner en marcha el plan que había estado desarrollando durante toda la tarde. Cuando llegó al departamento, tocó el timbre sintiendo que el corazón le latía con fuerzas por el nerviosismo, pero estaba tan decidido que, a la vez, no importaba si tenía un poco de miedo. La puerta se abrió y Matt se encontró frente a frente con el rostro de Andy, su tez pálida bajo ese cabello azabache y el contraste con los ojos color verde manzana. El chico bonito de su clase no era más que una gran farsa.
- ¿Yamato…? – lo miró confundido, sin entender por qué se encontraba allí un día sábado.
- ¡Qué hay, Evans! ¿Puedo pasar? – preguntó despreocupadamente, y simplemente entró sin esperar una respuesta.
No estaría en riesgo mientras Andy creyera que tenía que mantener su careta de humano y por el momento, no tenía pensado revelar que ya sabía toda la verdad. Como se imaginaba, el moreno estaba solo en su casa porque como su visita no era esperada, no había que crear ninguna ilusión de una madre perfecta que preparaba galletas para sus amigos.
- ¿Qué haces aquí? – Andy cerró la puerta mientras lo miraba con genuina sorpresa.
- Ah, sí, sobre eso. – Se sentó relajadamente en el sillón y apoyó sus pies sobre la mesa de centro de la sala -. Verás, me temo que voy a reprobar Literatura si sigo así.
- ¿Sin entregar los deberes?
- ¡Sí, eso!
- Hm… Pues sí, es difícil aprobar un ramo cuando no presentas los trabajos – replicó el chico comenzando a relajarse un poco más, al creer que su compañero de clases solo estaba allí por motivos académicos. También tomó asiento, pero en un sofá rinconero que quedaba justo a frente del otro.
- Pero a ti te va muy bien. Tienes un nivel muy "maduro y existencialista" – comentó imitando las palabras de la profesora.
Andy se puso colorado hasta las orejas tras escuchar el cumplido y desvió la mirada al suelo. Sí que eres un actor de primera, pensó Matt con ironía mientras lo miraba haciendo semejante demostración de talento. Era hora de ponerlo a prueba hasta quebrarlo y comprobar lo que ya tenía claro, que él era Beelzemon.
- La profesora… Exageró. – Se rascó la cabeza mientras continuaba evitando su mirada.
- ¿Puedo leerlo?
- ¡No!
- ¿No? Me gustaría aprender cómo se hace un buen ensayo y el tuyo fue el mejor. ¿Por qué no me dejas verlo?
- Es privado, Matt. Lo siento – replicó poniéndose cada vez más nervioso.
- Bueno, bueno. Es una lástima que te guardes toda esa habilidad para ti – dijo poniéndose de pie -, supongo que no me queda de otra que marcharme.
- Gracias por entender.
- Sí, sí. – Se encaminó hacia la puerta haciéndose el tonto mientras Andy lo seguía para abrírsela, creyendo que por fin esa conversación había terminado. Pero justo cuando el moreno alargó su brazo para abrir la manilla de la puerta, Matt se giró y ambos quedaron muy cerca -. Una cosa más, Evans.
- ¿Sí?
- Te gusta Sora, ¿verdad? Quiero decir, de verdad te gusta.
Era la jugada más arriesgada pero, hasta el momento, el rubio no se había equivocado nunca. Andy o Beelzemon, en cualquiera de sus formas, realmente había llegado a sentir algo por su novia. ¿Quién era él para juzgarlo? Era fácil enamorarse de la nobleza de la pelirroja, y para peor, él también se había puesto a juguetear con una digimon que se había transformado en humano. Nunca llegaría a hacer las pases con la idea y a veces hasta quería hacer arcadas o llorar recordándolo, pero así funcionaba la vida de un digi-destinado: No necesariamente tenía sentido.
- ¡De qué estás hablando! ¡Yo no…!
- Tranquilo, lo entiendo. En serio – dijo sonriéndole con un poco de arrogancia -. Desde que llegaste es la única amiga que has hecho, ¿no es así? Y peor, te has dado cuenta de que ella realmente es buena. – Le hablaba a Beelzemon, no a Andy.
Este último asintió complicado, nuevamente mirando hacia el suelo para no enfrentar la mirada del rubio, y Matt supo que ya no estaba fingiendo. Sora era su única ventaja en todo el juego que iba a armar, y si salía mal, probablemente terminaría muerto… Así que, tenía que salir bien.
- Sé que es tu novia, así que… - murmuró el chico.
- Estoy en tu camino.
- ¡No, no! ¡Yo no intentaría nada! – se apresuró a decir, cada vez más angustiado -. Si viniste aquí por eso, créeme, yo no quiero—.
- Lo sé. Eso sería raro, ¿no lo crees? Dado a que eres un digimon.
Andy levantó la cabeza y todo rastro de su actuación de niño tímido había desaparecido por completo. Sus ojos, duros y fríos, lo fulminaron con la mirada llena de enojo y también de temor, por haber sido descubierto. Y a ese punto, Matt sabía que solo contaba con unos cuantos seguros para asegurar su plan, o ver como Andy se convertía en Beelzemon y lo asesinaba.
- No se lo diré a nadie – le aseguró antes de que su rival hablara -. Y no te conviene que Sora lo sepa tampoco, ¿verdad? Porque eso es lo que más temes. Que ella lo sepa.
- ¿De qué demonios estás hablando?
- Está bien, no se lo he dicho a nadie.
- ¡Te has vuelto loco!
- ¡Eres demasiado obvio, Beelzemon!
Y tal como se lo esperaba, los segundos a su favor se le acabaron. La silueta del chico de catorce años fue cambiando y creciendo en medio de la sala, justo al frente de él, dos enormes alas aparecieron tras su espalda y se expandieron hacia los lados, mientras sus ojos cambiaban de forma por una más grande y alargada, y adquirían un color carmesí. Un tercer ojo apareció en su frente, y la figura completa de Beelzemon quedó frente a él, imponente y amenazante.
- Pequeño imbécil… - murmuró, apático.
Matt tragó saliva, pero decidió que no iba a dejarse amedrentar porque ya había calculado que todo aquello pasaría y no se iba a conformar con llegar hasta allí para morir. Se había anticipado y había tomado medidas para sobrevivir si es que las palabras no servían (y parecía que así era), pero valía la pena seguir intentándolo por las buenas.
- Has estado solo con Sora demasiadas veces como para haber intentado hacerle algo ya, y no lo hiciste. – Beelzemon dio un paso amenazador hacia delante y Matt dio uno hacia atrás, intentando escapar sin perder el hilo de lo que estaba diciendo -. Sé que de verdad te importa, así que escúchame. Le pedí a alguien del curso que le entregue un mensaje a Sora si es que no aparezco en la escuela el lunes, vivito y coleando, y adivina qué dice ese mensaje.
Beelzemon se enfureció y lo golpeó en la cara con su antebrazo, que al tener una parte de acero, lo sacó volando y lo dejó tirado a corta distancia.
De acuerdo, pensó Matt mientras apoyaba uno de sus brazos en el suelo para levantarse y sentía como toda su cabeza daba vueltas por el golpe. No estaba saliendo nada bien y era un milagro que no se hubiera fracturado su pómulo o su cráneo. Sintió el sabor metálico de la sangre acumulándose dentro de su boca, ya que con el golpe se había mordido, y escupió un buen poco de sangre al suelo.
- Abre la puerta al Digimundo – pidió como si no acabasen de golpearlo -. Déjame traer a Izzy. Lo demás lo arreglamos luego.
- ¿Lo demás lo arreglamos luego? – soltó una risa malévola y sarcástica mientras lo tomaba desde el cuello de la camisa y lo levantaba desde el suelo -. Estúpido humano inservible. ¿Qué crees que haces poniéndome condiciones a mí? Puedo matarte en un abrir y cerrar de ojos. Puedo hacerte desaparecer inmediatamente. ¡Eres insignificante!
- Pero si lo haces, vas a perder la amistad que tienes con Sora.
- ¡No me importa esa estúpida humana! ¡Es tan despreciable como tú!
- ¡Nunca vas a descubrir a cuál de todos los chicos del curso le pedí el favor! Si me matas, lo perderás todo.
- ¡Izumi está muerto! – dijo agarrando la cara del rubio con su mano libre para comenzar a exprimirla con fuerza -. ¡Tú estarás muerto! ¡Y mataré a todos los tontos chicos de tu escuela si es necesario!
- Si Izzy está muerto entonces con mayor razón, abre la puerta y déjame entrar – se las arregló para decir mientras sentía como su cara de tensaba bajo la presión de los dedos del digimon -. Maldito imbécil, puedo apostar a que ya llevas desobedeciendo las órdenes de tu jefecito hace un tiempo. ¡Así que qué más da!
El grito resonó en la sala del departamento y el digimon se le quedó mirando un buen rato en silencio, como si estuviese reflexionando que lo que decía Matt no era tan mala idea. Además, si es que lo mataba, de cualquier forma se dejaría al descubierto y eso significaría adelantar todos los planes y enfrentarse a los demás niños elegidos que ya podían transformarse. Los más fuertes.
A Beelzemon no le convenía. Asuka había mantenido muy bien su careta, pero a él lo habían descubierto porque había sido descuidado, y peor, sentimental. Matt lo había descubierto por sus sentimientos hacia una humana y eso era una humillación de principiantes que Lucemon jamás perdonaría. No lo perdonaría y también lo asesinarían a él, así que…
- Haré esto solo, no quiero involucrarlos a ellos. No los involucres tampoco – insistió, al no tener respuesta por parte de Beelzemon -. Que quede entre nosotros.
El digimon soltó a Matt y este cayó al suelo, alcanzando a apoyar bien sus piernas para no perder el equilibrio y volver a caerse completamente. Luego, volvió a su forma humana, pero no dejó de mirarlo con la misma expresión llena de odio de Beelzemon; después de eso, nunca podría volver a mirar a Andy sin ver a Beelzemon en él.
Y le fue inevitable pensar lo mucho que Sora le importaba al digimon para haber llegado a esa situación… En cualquier otra circunstancia hubiese sentido pena o empatía, pero ahora no. Todo era mentira, iba a usarlo para rescatar a Izzy y luego lo dejaría al descubierto con todos los demás, porque nunca se iba a arriesgar a colocar una amenaza tan cerca de sus amigos ni de las personas que quería. No importaba si ese digimon mostraba buenos sentimientos a veces, no importaba si en el pasado había protegido a Sora en Kioto. Él no iba a correr ese riesgo jamás.
- Te haré entrar y te sacaré antes del lunes – dijo el moreno mientras comenzaba a avanzar por el pasillo hacia su pieza -. No me importa si no has encontrado a Izumi para entonces, o si está muerto.
Matt no sabía si debía seguirlo, pero lo hizo.
- Bien.
- Da lo mismo que abra la puerta si no tienes tu digivice.
- Tú tienes mi digivice, devuélvemelo.
- Sí, yo lo tengo – dijo sonriendo de medio lado.
Al entrar a la pieza, Andy buscó por el dispositivo de Matt sobre la mesa junto a su cama y se lo mostró sin perder esa sonrisa. El rubio sabía por qué: Su digivice estaba totalmente intervenido y probablemente le haría perder el control sobre sí mismo y su digievolución de nuevo, pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr por entrar un par de días al Digimundo y salvar a Izzy.
- Dámelo.
- Eres muy estúpido, Yamato. Estás dispuesto a entrar al Digimundo y quedar encerrado por dos días con un digivice que no funciona bien, mientras me dejas aquí… Sin saber lo que yo puedo hacer contra el resto de tus amigos.
- El punto es… Que no vas a hacer nada. – Sabía que no se equivocaba. No tenía ninguna prueba, pero su intuición le decía que Beelzemon era el más infeliz por estar en su posición… - Sé que no.
- No sabes nada, pequeño idiota.
Dejó caer el digivice en la palma extendida de Matt, y éste último sintió como si acabaran de arrojar algo muy pesado sobre su mano. Ah, ya lo sentía. Su digivice más peligroso que la vez anterior, como una pequeña bomba de tiempo a punto de explotarle en la cara. La puerta al Digimundo se abrió y Matt comenzó a ser tragado por una luz al mismo tiempo que escuchaba a Andy, desde su habitación, decir sus últimas palabras:
- Ah, debí advertirte. No hay forma de que puedas sobreponerte a eso. Tu digivice te comerá vivo.
Y de pronto, estaba solo en el Digimundo.
