Capítulo 31

Riddle llegó furioso a su casa y sin saludar a nadie, se encerró en la biblioteca y llenó una copa de licor. Se la bebió de un trago y volvió a llenar otra. Se acercó al escritorio y con la varita tiró cada uno de los objetos que había sobre él, estrellándolos con rabia contra la pared. El elfo, al escuchar el estruendo, se acercó a la biblioteca y tras intentar que Riddle le abriera la puerta, este les ordenó que lo dejaran tranquilo. no habían visto al Sr. Riddle tan enfadado desde que uno desde los aviones fue un Fallo total y eso solo pudo significar que las cosas con la señorita Tarner no habían salido como él deseaba.

Riddle advirtió un dolor intenso en el centro de su pecho y ataques como su estómago se comprimía. Su respiración era agitada y su cabeza se empeñaba en recordar la fatídica conversación de unas horas antes con la mujer que ocupaba sus pensamientos, clavándose en su corazón cada una de las palabras que había recibido, creando el mismo daño que ocasionaría un frío puñal en el centro de su ser. Volvía a saborear la amargura de la tradición y el gusto agrio del abandono de la persona a la que amaba.

Por más vueltas que le daba, no entendía el cambio que se había producido en la actitud de Hermione y la única conclusión que podía sacar de todo aquello, era que ella nunca había tenido sentimientos hacia él, algo que le destrozaba.

Tras varias copas de licor, Riddle apenas lograba distinguir los objetos. No solo por el alcohol consumido desde que se había encerrado en la biblioteca, sino también por las lágrimas acumuladas en sus ojos. La ira había dado paso a un estado de angustia demasiado profundo como para poder soportarlo.

Recostado sobre la mesa de escritorio de madera maciza, escuchó la voz de una mujer al otro lado de la puerta que pedía repetidas veces que la dejara pasar. Riddle estaba ebrio y confundió aquella tonalidad de voz. Estaba totalmente convencido de quién había ido a buscarlo era su amada Hermione. Rápidamente se estableció y con un ápice de esperanza dibujado en su rostro logrado, con un movimiento de varita abrió la puerta.

En cambio, el malhumor volvió a apoderarse de su cuerpo al descubrir que la persona que había alterado su intimidad había sido Mariene Miller. No quería ver a nadie y con ella, no estaba dispuesto a hacer una excepción. El elfo se disculpó porque no pudo detener la entrada de la mujer.

—Vete de aquí, Mariene —ordenó en un tono casi inentendible.

Riddle comenzó a andar hacia el mueble de licores, con tan mala suerte que tropezó con el sello de plata que antes había tirado y perdió el equilibrio. Mariene, corrió hacia él para sujetarlo.

—¡Oh Tom! ¿Qué ha pasado? ¡Déjame ayudarte!

Mariene, impulsada por la curiosidad que identificó, había decidido ir a visitar a Riddle cuando su padre le informó que el Sr. Riddle había sido liberado. Necesitaba saber si su plan había salido bien, pero era mejor de lo que ella esperaba. No hizo falta que él le dijera lo que le pasaba pues su pésimo estado lo delataba. Si él estaba ebrio y no había ni rastro de Hermione en aquella mansión, solo podría significar que esos dos habían discutido. Mariene no pudo ocultar su gesto de satisfacción, pero Riddle estaba tan borracho que no se percató de aquel detalle.

—Te dije que no me llamaras así ...

Perdona mi señor ...

—Todas las mujeres sois unas traidoras.

Mariene, con mucho esfuerzo, pasó el brazo de él por sus hombros y lo llevó hasta el sofá.

—Hermione me rechazo —determinada con frustración—, ella no me ... no me ama Yo ... yo estaba dispuesto a todo ...

—Ella no te merece, mi señor —afirmó Mariene mientras se arrodillaba ante él y le acariciaba el cabello—. Tú necesitas una mujer de verdad, alguien como yo.

No quiero saber nada del amor —granó incorporándose en el sillón, aunque un mareo hizo que echara la cabeza hacia atrás, casi un punto de perder la razón.

Mariene se convirtió del suelo y se envió una horcajadas sobre el acertijo. Empezó a desabrocharle la camisa con sus dedos habilitados, besando cada centímetro de su piel que iba quedando desnuda. Un gemido escapó de los labios de Riddle. La mujer rió contra su piel al sentir que tenían caricias le estaban gustando, pero su sonrisa se esfumó cuando Riddle pronunció una palabra.

—¡Hermione!

Riddle estaba sintiendo las caricias y los besos en su cuerpo. Su mente estaba tan afectada por culpa del alcohol que estaba prácticamente convencida de que aquel placer que estaba sintiendo se lo proporcionaba la dueña de su corazón.

Mariene decidió dejar un lado su orgullo y pocos centímetros de su boca, susurró:

—Sí mi señor, soy Hermione. ¡Hazme tuya!

Aquellas palabras encendieron el cuerpo casi inmóvil de Riddle y sin abrir los ojos, pues los párpados le pesaban demasiado, sus manos a la cintura de la mujer, intentando desabrochar el apretado corsé. Mariene, al ver la torpeza de Riddle, se facilitó para desnudarse y así facilitarle el trabajo. Volvió a sentarse sobre él y mientras lo besaba en los labios con ardiente pasión, desabrochó su pantalón e introdujo su mano en ellos para liberar su alzada entrepierna.

El sabor de aquella mujer no era el de Hermione ni tampoco su forma de besar y Riddle lo supo desde que esa boca invadió la suya. Riddle intentaba apartarse de esos labios, pero sus escasas fuerzas por culpa del alcohol no lograban levantar a Mariene de sus brazos. Concentrándose en reunir todas sus fuerzas, colocó sus manos en los hombros de la mujer y la empujó, haciéndola levantarse de sus piernas.

—¡Dije te fueras, tu no eres Hermione! —Gritó enfadado, apretando los puños con rabia por sentirse tan débil.

Mariene no sabía qué decir. Intentó acercarse a él para explicarle que había entendido mal y ella no le había dicho que debía Hermione, pero Riddle estaba fuera de sí y aunque ella intenta calmarlo, no lo conseguía.

Mariene era consciente de que los efectos del alcohol estaban desapareciendo y para llevar a cabo el plan que se acababa de resolver, lo que necesitaba completamente ebrio.

La mujer se perdió al mueble de las copas, llenó dos de ellas con licor abundante echando en su copa una sustancia para dejarlo más atontado y se la entregó a Riddle. Esto, en un principio, se negó porque sabía que ya había bebido demasiado, sin embargo, tras la insistencia de Mariene, se llevó la copa a los labios. Ambos se sentaron en el suelo y lo invitaron a que contara todo lo que había pasado entre Hermione y él. Riddle, al recordar a la mujer que amaba, se sinceró con Mariene.

Tras esa copa llegó otra y después una tercera. Mariene se cercioró de que Riddle estaba de nuevo totalmente borracho, lo que ayudó a levantar y pasar sus brazos sobre el cuello de ella. Juntos caminaron hacia las escaleras y justo cuando iba a empezar a subir, se encontró con uno de sus mortifagos, que al ver a la mujer subir a la habitación, detenida.

—Gracias por ocuparse a nuestro señor, pero ya me encargo yo de él. —El mortifago no confiaba en Mariene.

—El señor y yo nos retiramos a los aposentos. —Informó con una sonrisa maliciosa en el rostro—. Usted ya me entiende. Que no nos moleste a nadie.

No creo que mi señor esté en condiciones ...

—Deje de meterse en lo que no le incumbe. ¡Retírese!

- A mi señor y lo respeto y no voy a permitir que usted se aproveche de su estado de embriaguez.

—Yo no me estoy aprovechando de nada. Si no me cree, pregúntele a él si desea pasar la noche conmigo.

—Mi señor, ¿es eso cierto?

Riddle asintió con dificultad pues apenas podía mantenerse en pie y el mortifago no le quedaba más remedio que aceptarlo. Una vez en la habitación, Mariene lo desnudó y lo tumbó sobre la cama. Después se desnudó ella también y se metió entre las sábanas abrazándolo durante toda la noche. No pasaría nada entre ellos, pero si todo salía bien, Riddle no recordaría nada al día siguiente.

Abril fue la primera que saludó a Hermione. En un principio, la criada se requiere retraída y la recibida con una amplia sonrisa y unas breves palabras de afecto.

—Estábamos muy preocupados por usted, mi señora.

La criada incló la cabeza mirando al suelo y antes de alzar la vista, específicamente el fuerte abrazo de Hermione. En un principio se confundió por ese gesto cariñoso hacia ella en público, pero ella también había extrañado mucho a Hermione y rápidamente, se olvidó de que estaban en compañía de varias personas más.

—Muchas gracias por todo abril —susurró Hermione—, me ha guardado el secreto perfectamente.

—Es lo mínimo que puede hacer.

Varios elfos subieron el equipaje de Hermione a su habitación y ella también controlada subir a descansar. Hacía apenas unos días que había marchado y ya recordaba aquel lugar como algo muy lejano. Quizás por todas las emociones vividas en esos días.

—Hermione, mañana a primera hora te espero en la biblioteca para que podamos conversar —le dijo su padre antes de comenzar a subir por las escaleras.

No pienso ceder en mi decisión.

No voy a obligar a nada, ni voy a intentar convencer. Solo quiero ponerte al día de los últimos tiempos.

Hermione asintió con un leve movimiento de cabeza. El Sr. Tarner no le había dado ni una muestra de cariño desde que habían vuelto a encontrar, ni siquiera le habíamos regalado una sonrisa. Una cosa era ser autoritario y otra muy distinta volverse distante hasta en la intimidad de su hogar. Aquello era algo que Hermione jamás entendería.

Abril subió a la habitación de Hermione para prepararle el baño y tender su camisón sobre la cama. Durante un buen rato, Hermione le estuvo contando todo lo que había pasado en esos días que había desaparecido. La puso al día de su evolución en la relación con el Sr. Riddle, de cómo había pasado de hacer planes de boda a no querer saber nada más de él. Le contó toda la conversación que había tenido con Mariene y cómo había descubierto al Sr. Riddle. Le dijeron, además, de las opiniones que había buscado en torno a los libros de hechizos de su abuela, de la visita sin éxito al hechicero amigo de Olivia, de la reunión con el vendedor de antigüedades y de la muerte del sabio que podría ayudarla a traducir los libros.

—Todo ha salido mal en los últimos días —confesó Hermione intentando controlar las lágrimas—. Creo que por eso me decidió a volver.

Aquella noche fue la más larga para Hermione, pues no pudo conciliar el sueño ni un solo instante.

El Sr. Tarner estaba revisando los papeles que había dejado el administrador encima del escritorio de la biblioteca, cuando los golpes le alertaron de alguien pedía permiso para entrar. Como esperaba, era su hija Hermione la que llegó.

El hombre mantenía el mismo gesto impasible que el día anterior y aquella expresión le dolió a Hermione.

—En primer lugar, me alegra que hayas tomado la decisión correcta, intentando mantener la calma—. Ha sido una imprudencia haberte ido de esta casa. No puedes ni imaginarte la pesadilla que hemos vivido.

—Papá, no me hagas recordando el motivo de mi partida porque bien sabe dios que no quiero echarte nada en cara. Y ahora, vamos al grano, siempre ha sido un hombre muy directo.

¿Quien te ha enseñado a hablar así? —Preguntó su padre extrañado al escuchar aquella expresión. Hermione se encogió de hombros—. Hija, sigo pensando en lo mejor para ti es el compromiso con el Sr. Malfoy.

¡No pienso aceptarlo como esposo! —Gritó con rabia.

—Te prometió que no te iba a obligar y voy a cumplirlo. Pero sí deberías saber algo que quizás te haga cambiar de opinión.

No creo que haya nada que lo consiga, pero aun así, ¡adelante! Quiero escuchar —respondió con seguridad, intentando controlar su respiración.

Es que más que una elección fue una imposición, la vida cambiada para todos nosotros. —Hermione asintió, por fin estaban de acuerdo en algo—. Pasamos de ser una familia humilde, que vivía en un pequeño pueblo a trasladarnos a Londres. Nos envolvemos en riqueza y juro por dios que yo solo intentado aumentar las ganancias para que vosotras no os falte de nada. —El corazón de Hermione se codificó por un momento al conocer que su padre no era tan egoísta como hizo días que tuvo que pensar—. Pero todo tiene un precio y ese es el que estamos pagando.

¿De qué precio me estás hablando papá? —Preguntó confundida.

—Quizás no lo entiendas, pero si él intentado casarte con el Sr. Malfoy es porque es la solución a tu problema.

—¡Yo no tengo ningún problema!

—Eres considerado una solterona por todos. No hay fiesta o reunión a la que asistamos que no hablen de ello las mujeres. ¿Por qué crees que no tienes amigas? Todas las mujeres de tu edad se rodean de otras para acudir a la modista o tomar el té en las tardes. Solo acudimos a las fiestas a las que somos invitados toda la familia. Eres una marginada y el problema radica en eso. Si tuvieras un marido ...

—A ese tipo de mujeres no se las puede considerar amigas. Además, tengo a Abril, ella es mi mejor amiga. —El ataque de su padre le dolió.

—Es tu sirvienta, es una Squib, Hermione. —Contraatacó enfadado.

—La Sra. Brow me ha determinado que realmente le importo y me comprende.

—Esa mujer es tan rebelde como tú. La diferencia es que tuvo la suerte de que el Sr. Brow se fijara en ella y se convirtió en su esposa. Él ha obtenido domarla.

—Papá, no somos unos animales para que hables en esos términos de nosotras —gritó herida en su orgullo—. Olivia y su marido se adoran y él la complace en todo.

—Llámalo como quieras, pero es la verdad. Debes casarte pronto para que dejen de criticarte. Con un marido todo el mundo te respetará, más aún si es el Sr. Malfoy, es muy respetado entre la familia de magos de sangre pura.

—¡Nunca papá!

—De acuerdo. Te contaré algo que quizás sí termine de convencerte.

—¡No quiero seguir escuchándote! —Gritó con el gesto desencajado mientras se levantaba de la silla.

No eres la única que está sufriendo las críticas. ¿Sabes quién más? —Hermione se detuvo sin apartar sus ojos almendrados de su padre. Ésta se encogió de hombros temiendo la respuesta de su padre—. Tu madre.

Aquellas dos palabras cayeron sobre su cuerpo como una jarra de agua helada. Su madre era intocable y no permitiría que nadie le hiciera daño. Su padre notó la confusión de su hija y las dificultades con su sermón.

—En las primeras reuniones, todas las mujeres se acercaban a tu madre y parecían cordiales y amables con ella, la invitaban a tomar el té y la visitaban en casa. Más tarde, los rumores empezaron a ganar peso y las que ella consideraba sus amigas, dejaron de relacionarse con ella. Tu madre ha sabido disimularlo muy bien, pero ella lo pasa realmente mal. Ya conoces a tu madre, se encariña muy rápidamente.

Hermione específicamente una punzada en el corazón al conocer esa información. Su madre era una mujer muy sociable y extrovertida y le encantaba hacer amistades.

—Una noche, en una de las cenas a las que fuimos invitados, entramos al tocador y mientras estaba en uno de los baños, escuché la conversación de dos mujeres que llegaban a un retocarse el peinado. La tachaban de ser una mala madre por no haberle dado a su hija la educación necesaria.

" ¡Eso sí que no lo voy a consentir!"

Su madre la había educado como ninguna otra lo había hecho. Le había enseñado el respeto hacia las personas, los animales y las plantas, un admirador del trabajo y los bienes de los demás, un ser responsable y sensaciones y todo y cada uno de los valores necesarios. Es decir, había enseñado a ser como era ella. La mejor de las personas.

—Pero tú sabes que eso no es cierto —reclamó con lágrimas.

—Yo sí, pero todos los demás no. Hermione, te puedo requerir que no haya sido la única ocasión en la que tu madre o yo hemos escuchado comentarios de ese tipo. Ella está pasando muy mal, pero eres su hija y lo más importante de su vida y no va a permitir que os hagan daño.

Hermione se convirtió en la silla y se llevó las manos a las sienes, había tenido una dolerle la cabeza. Aquella revelación de su padre era espantosa. No quería que su madre sufriera, ella le había dado todo lo que eran y lo que tenía y lo había hecho sin condiciones. Su corazón latía con dificultad y control una fuerte opresión en el pecho. No podría respirar.

—¿Crees realmente que cansándome con el Sr. Malfoy se acabará todo esto? —Preguntó con lágrimas en los ojos y el corazón encogido.

—Sí cariño. Es la única solución.

—Espero entonces que el Sr. Malfoy siga interesado en casarse conmigo.

Hermione corrió hacia su habitación sin decir nada más. No podría hablar. Solo necesitamos encerrarse en su dormitorio y asimilar qué debemos era lo mejor. Lo tenía muy claro. Haría cualquier cosa por su madre, aunque eso incluyera casarse con el hombre al que detestaba. Durante horas lloró y lloró sin que nada ni nadie podría consolarla.

Holaaa mis queridos lectores otra historia más. la cosa no se pone fácil para nuestra querida Hermione ... ¿al final ceder en casarse con Malfoy, por el bien de mantener una buena reputación en la sociedad alta de magos? Y que pasaras con nuestro amado Tom Riddle, ¿ceder a los encantos de Mariene? ¿O intentara hablar con Hermione para convencerla, de que todo fue una mentira?

Muy pronto…