Personajes de Naoko Takeuchi.


Cuando desperté por la mañana me di cuenta de que Seiya ya no estaba. No estaba segura de en qué momento se había ido, pero algo me decía que no se había quedado toda la noche. Apenas abrí los ojos me puse a reflexionar en todo lo que había pasado el día anterior. Me sentía muy confundida y sentí un nudo en la garganta. Inmediatamente comencé a sentirme culpable por lo que había hecho y la cabeza comenzó a dolerme.

¿Me había acostado con Seiya porque había querido o solo fue un impulso del momento después de la noticia que había recibido? Salí de la cama y me metí a la regadera. No podía dejar de pensar en lo que había pasado, ni en Darien. ¿Cómo me había atrevido a acostarme con Seiya así de rápido? Darien apenas había muerto hacía tres meses y yo acababa de traicionar su memoria. Intenté no sentirme mal, pero no lo logré. Tampoco me atrevería a mirar a Seiya a los ojos después de lo que había sucedido. Me había aprovechado de él y de sus sentimientos.

Cuando terminé de bañarme, salí de la ducha y me puse ropa limpia. Mientras me cepillaba el cabello, escuché que alguien llamaba a mi puerta. La abrí con cuidado y vi a Seiya.

-Serena… yo…

Le hice una seña para indicarle que pasara y cerró la puerta tras de sí.

-Mira.-dijo sin darle más vueltas al asunto.- Solo vine a disculparme por todo lo que pasó, no era mi intención… no quiero que pienses que quise aprovecharme de todo y…

-No.-lo interrumpí.- No tienes por qué disculparte. En todo caso la culpa es mía. Fui yo quien incitó la situación, y… fui yo quien se aprovechó de ti.

-No puedes aprovecharte de alguien que tenía ganas de hacerlo.-respondió.- Y debí haberme detenido cuando pude. Debí pensarlo mejor y no dejarme llevar. Yo quiero respetar tu duelo, Serena, y sé que tus sentimientos por mí son muy diferentes ahora. Sé que no me quieres, y sé que todo esto fue un impulso… y créeme que no estoy molesto, no podría.-sonrió.- Solo quería decirte que no tengo ninguna intención de molestarte, ni tampoco de presionarte.

-Seiya…

-Y también quería decirte que… respecto a tu bebé… quiero reiterarte que todo estará bien. No vas a estar sola. Te lo prometo.

-Gracias.-dije cruzándome de brazos.- Y lo siento si yo… hice lo que no debía.

-Yo… me iré esta tarde.-dijo.- Aun tengo un viaje que hacer antes de regresar a Japón, y no quería irme sin hablar contigo… pero… tampoco quiero dejarte sola, si necesitas que me quede, yo cambio las cosas y…

-No es necesario.-respondí.- Te agradezco por todo lo de ayer. Puedes hacer tu viaje tranquilamente.

-¿Segura? Puedes decírmelo con confianza…

-Segura. Estaré bien… el viernes regreso a Tokio, todo estará bien.

Seiya y yo nos despedimos y lo vi mientras se alejaba de mi habitación. Ahora tenía que seguir con mi viaje que ya estaba planeado. Tenía que disfrutar de los días que me quedaban y pensar las cosas, tenía mucho que pensar. Ahora había un ser creciendo dentro de mí. Un bebé de Darien y mío.

Los siguientes días traté de disfrutarlos al máximo, aunque tenía demasiadas cosas en mi cabeza. Visité los lugares que me faltaban por visitar, comí lo que me faltaba comer y al final de la semana regresé a Roma para poder tomar el avión de regreso a Tokio. Mina pasó por mí al aeropuerto el sábado por la mañana y cuando la vi nos abrazamos. En cuanto la vi, me solté llorando y ella me miró extrañada.

-¿Qué sucede?-preguntó asustada.

-Tengo muchas cosas que contarte. A todas.

-Le llamaré a las demás para decirles que vayan a tu departamento, ¿está bien?

Asentí y nos dirigimos al auto de Mina en el estacionamiento. Mina manejó lo más rápido que pude y llegamos a mi departamento en menos de media hora. Cuando entramos al departamento, todo se sentía helado y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Mina me ayudó a llevar mis cosas al cuarto y luego nos dirigimos a la cocina. Mientras las demás llegaban, me dediqué a revisar qué tenía en la cocina para ver qué podía ofrecerles. Tenía un par de botellas de vino, algo de queso y algunas frituras.

Cuando Amy y Lita llegaron, me dieron un abrazo y después de contarles las particularidades de mi viaje, todas se me quedaron viendo esperando a que hablara.

-Dejen de mirarme así.-dije avergonzada.

-Bueno, tú fuiste la que dijo que tenía muchas cosas que contarnos.

Me quedé en silencio durante un largo rato sin saber cómo empezar. Le di un trago a mi agua y luego aclaré mi garganta.

-No sé cómo empezar… así que… se los diré así como es…

Las tres me miraron en silencio.

-Estoy embarazada.-dije sintiendo un nudo en la garganta.

-¿Embarazada?-dijeron las tres al mismo tiempo.

-Pero… ¿cómo?-dijo Mina.

-Tengo tres meses… y yo… voy a tener un hijo de Darien…

No pude contener más el llano y las chicas se levantaron para poder abrazarme.

-Serena…-dijo Mina.- Todo va a estar bien. Nosotras estamos contigo.

-Sí.-dijo Lita.- Te vamos a acompañar en todo el proceso, vamos a estar contigo.

-¿Qué te dijo el doctor?-preguntó Amy.

Regresaron a sus lugares.

-¿Cómo fue que te diste cuenta?-siguió Amy.

-En realidad no me dijo mucho, me pidió que fuera a un ginecólogo cuanto antes. Y… yo me di cuenta en el viaje porque me sentí mal. Escuchen, hay otra cosa que tengo que contarles… En el viaje, me encontré a Seiya…

-¿Seiya?-dijo Mina.- Ya…

-Fue casualidad.-respondí.- Al principio no estaba segura de hablar con él, pero luego pensé que sería una buena idea. Todo salió bien… estuvimos platicando, aclaramos algunas cosas, y cuando terminamos de cenar fue cuando me sentí mal. Él me llevó al doctor, y también se enteró de todo…

-Qué bueno que él estaba ahí.-dijo Amy.- Pudo haber sido peligroso.

-Y eso no es todo.-dije agachando la mirada.- Yo… hice algo que no debía.

-¿Pasó algo con Seiya?-dijo Mina.

Las miré avergonzada.

-Yo… no sé qué me pasó… acababa de recibir la noticia, me sentía mal, me sentía asustada, hormonal y yo… lo besé.

-Serena…-dijo Lita.

-Y no solo eso.-seguí.- También nos acostamos.

-¿Te sientes mal por eso?-preguntó Lita.

-Me siento culpable… sé que no es culpa de Seiya, fue mi culpa porque yo lo incité. Incluso él trató de detenerse, y yo insistí… pero no sé por qué lo hice…

-No te sientas mal.-intervino Mina.- Fue algo que deseabas en ese momento. No importa si lo hiciste porque acababas de recibir una noticia importante, por miedo, o por lo que sea… No debes sentirte culpable.

-Me siento culpable porque siento como si hubiera traicionado a Darien… y justo después de enterarme de que voy a tener un hijo de él.

-Entiendo que te sientas así.-dijo Amy.- Pero… no estás traicionando a Darien. Él ya no está y… además, él te pidió que siguieras adelante con tu vida. No puedes estar así siempre…

-Lo sé, pero… creo que fue demasiado pronto.

-¿Y quién decide el tiempo óptimo?-dijo Lita.- Fue algo que sucedió y punto. No te sientas mal. A fin de cuentas tú y Seiya tienen una historia juntos, se conocen y han estado juntos. Es normal que pasen estas cosas.

-Seiya se portó muy bien… dijo que me apoyaría y todo eso…

-¿Qué sientes por él?-preguntó Mina.

-No lo sé… es decir, es obvio que lo quiero, porque fue mi primer amor y porque es alguien importante para mí. Hemos tenido una historia complicada, pero a pesar de todo sé que es un buen hombre y lo quiero. Pero… yo sigo enamorada de Darien y no tengo la menor idea de cuándo va a desaparecer ese sentimiento…

-Por supuesto.-dijo Mina.- Nunca vas a dejar de amar a Darien, eso es obvio, y… no importa si es Seiya u otro hombre, no tengas miedo de volver a enamorarte. Como ya te dijo Amy, Darien te pidió que fueras feliz. Tómate el tiempo que necesites, no importa si son 3 meses o 3 años, eso solo lo sabrás tú.

-Y además…-dijo Lita.- Ahora lo más importante en tu vida es ese bebé.-sonrió.- ¡Vamos a ser tías!

-Yo me voy a encargar de comprarle todo lo que necesite.-dijo Mina aplaudiendo.

-Yo lo que quiero que hagas es que vayas al ginecólogo inmediatamente.-dijo Amy.- En este momento haré una cita con la doctora Akane, ¿bien? Es muy importante.

Seguimos platicando de todo lo que había sucedido las últimas dos semanas y a eso de las seis de la tarde me dejaron sola. Me di un baño, desempaqué mis cosas y me acosté a dormir. Me sentía sumamente cansada y decidí que lo mejor sería descansar todo lo que pudiera. Desperté temprano por la mañana y moría de hambre. Casi no tenía nada en el refrigerador, por lo que tuve que ordenar el desayuno. Después de comer muchísimo, ordené despensa por internet y esperé a que me lo trajeran. Una vez que terminé de acomodar las compras, volví a quedarme dormida.

El lunes por la mañana desperté muy descansada. Me sentía muy reparada y me sentía mucho mejor. A primera hora salí del departamento y me dirigí a la clínica. Amy me estaba esperando en la entrada y me acompañó hasta el consultorio de la doctora Akane, también entró conmigo. La doctora me hizo revisiones de rutina y un ultrasonido. Nos informó que aparentemente todo estaba bien, y que efectivamente tenía tres meses de embarazo. Me dio algunas indicaciones sobre qué debía hacer y qué no, y también me mandó a hacerme algunos estudios para asegurarnos de que el bebé estaba bien. Amy me acompañó a hacerme los estudios y luego pasamos a saludar a Taiki a su consultorio.

Cuando terminé en la clínica, me dirigí al restaurante y todos me recibieron con los brazos abiertos. Las vacaciones en la universidad todavía no terminaban, todavía tenía una semana por delante y eso me daría tiempo de agarrar el ritmo nuevamente.


Mientras esperaba mi maleta en el área de equipaje del aeropuerto, Serena vino a mi cabeza. Habían pasado casi dos semanas desde que nos habíamos visto y yo sentía como si hubieran sido dos años. Después de despedirme de ella en Venecia, había tomado un avión a Grecia y mi plan era quedarme un mes entero en ese país. Sin embargo, no dejaba de pensar en ella y en todo lo que había sucedido. Mientras estaba en Grecia, comencé a sentirme inquieto de estar fuera de Japón y decidí regresar cuanto antes. No podía dejar de pensar en Serena estando sola y embarazada, y aunque sabía perfectamente que ella no me necesitaba para nada, no me sentía tranquilo estando lejos.

Era obvio que mis sentimientos por Serena no habían cambiado ni un poquito, y por el contrario, después de lo que había sucedido en Venecia habían regresado mucho más fuertes que nunca. Pero sabía muy bien que no debía ilusionarme, sabía que lo que había pasado entre nosotros había sido causal y un impulso, y que quizá Serena no se sentía bien al respecto. Tampoco tenía ninguna intención de molestarla ni de presionarla. Sabía perfectamente que Serena amaba a Darien, y que eso quizá no iba a cambiar pronto. Lo único que deseaba en este momento era saber que ella estaba bien.

Una vez que recogí mi maleta, salí de la sala de equipaje y me dirigí al exterior para buscar un taxi. No le había avisado a mis hermanos de mi regreso, por lo que ninguno se encontraba ahí. Llegué a mi departamento a eso de las 8 de la noche y después de comer algo de lo que había sobrado en el restaurante, me dispuse a dormir. Después del largo viaje, lo único que quería era dormir por 24 horas seguidas.

Al día siguiente, me desperté a eso de las 11 de la mañana. En cuanto abrí los ojos pude escuchar el movimiento del restaurante abajo del departamento y sonreí instintivamente. Me puse de pie, me di un baño y luego me preparé algo de desayunar. Después de lavar los platos, me puse el mandil y bajé al restaurante. Decidí que estaría un rato en el Narisawa y por la tarde me iría al Suntory para revisar que todo estuviera bien.

Cuando los chicos me vieron, gritaron y me dieron la bienvenida. Estuvimos platicando un largo rato mientras les ayudaba a cocinar algunas cosas. Cuando me quité el mandil para ir por las llaves del auto, Nicolas corrió detrás de mí y me dijo que había llegado algo hace unos días. Me entregó el sobre y me dejó solo en la oficina. Era un sobre del Consejo Nacional de Gastronomía en Japón. Me pareció extraño y lo abrí inmediatamente. Había muchos papeles dentro, pero el más importante era una invitación a la ceremonia anual de los mejores restaurantes de Japón. Habían elegido al Suntory como uno de los mejores restaurantes de Japón y querían darme un premio por ello, al igual que a los otros 9 restaurantes que habían seleccionado. Me sentí sumamente feliz y le avisé a los demás, quienes me abrazaron y felicitaron.

En cuanto llegué al Suntory, le di la noticia a todos y celebramos. Después de celebrar con algo de vino, nos pusimos a trabajar y me dediqué a revisar cómo iba todo después de haber estado ausente durante tres meses. Me tomó más tiempo de lo que había pensado, y todos comenzaron a irse a su hora. Yo me quedé buen rato revisando todo y salí del restaurante algo tarde. A pesar de que acababa de regresar, me sentía sumamente energético y feliz de estar de regreso. Tenía muchas ganas de seguir adelante y de regreso al departamento pensé en Rei. Se me hizo un nudo en la garganta, pero traté de sonreír. Estaba seguro de que ella hubiera sido la más feliz al enterarse del premio que iba a recibir.

Algunos días después, llegó el día de la ceremonia. Mis hermanos me habían ayudado a elegir qué usaría para el evento y llegaron a mi departamento algunas horas antes para platicar y tomar algunas cervezas. Entre el calor y el alcohol, terminé contándoles lo que había sucedido con Serena. Ambos se quedaron sorprendidos y se miraron en silencio durante un largo rato.

-¡Ya!-dije rompiendo el silencio.- Dejen de mirarse así, estoy bien.

-No nos miramos por eso.-respondió Yaten.- En realidad ya lo sabíamos.-sonrió.

-Ya… lo imagino.-dije rodando los ojos.- Sus esposas no saben guardar secretos.

-Lo que me intriga es saber qué opinas de…-dijo Taiki.

-No me importa.-dije interrumpiéndolo.- Es decir, no es que no me importe su embarazo, sino que no es un impedimento para mí. Estoy feliz por ella…

-¿Seguro?-preguntó Yaten.

-Totalmente.

-¿Eso quiere decir que estás dispuesto a reconquistarla?-dijo Taiki.

-No… es decir… esa no es mi intención. Yo sé bien que Serena está atravesando por momentos difíciles. Perdió al hombre que ama, y ahora está esperando un hijo de él. No es mi intención molestarla con mi egoísmo. Sí, por supuesto que la quiero, ustedes lo saben mejor que nadie, pero no estoy dispuesto a alejarla de nuevo. Entre nosotros ya se aclararon las cosas y… para mí eso está bien.

-Yo lo único que sé es que después de haber estado con ella otra vez el amor que sientes por ella regresó más fuerte que nunca.-dijo Yaten sonriendo.

-¡Yaten!

-Estoy de acuerdo contigo.-dijo Taiki ignorando a Yaten.- Creo que haces bien en no molestarla ni presionarla, Serena lo que necesita en este momento es mucho apoyo… no está para pensar en amores.

-Bueno, tengo que cambiarme o voy a llegar tarde al evento. ¿Puedes decirme al menos cómo salieron sus estudios?-pregunté a Taiki.

-Todo salió muy bien. El bebé viene perfectamente sano.-dijo poniéndose de pie.- Ya nos vamos. Nos vemos después, ¿sí?

Me despedí de ellos y corrí a arreglarme para no llegar tarde. Tomé el auto y manejé hasta el lugar donde sería el evento, que se encontraba bastante lejos del departamento. Ya no había espacio para estacionarse cerca del lugar, por lo que tuve que dejar el auto lejos y caminar. Eran cerca de las cinco de la tarde, por lo que el evento estaba a punto de comenzar. Me apresuré todo lo que pude, y cuando llegué me llevaron directamente hasta mi lugar.

Cuando llegué a mi lugar, me di cuenta de que Serena se encontraba sentada a mi lado. Ella me vio y pareció sorprenderse, pero luego esbozó una ligera sonrisa. Me senté a su lado y la miré a los ojos.

-Serena Tsukino.-dije sonriendo.- No sabía que estarías aquí.

-¿Acaso no te lo imaginaste?-dijo ella cruzándose de brazos.- El Kenji también es muy bueno.

-Nunca lo he dudado.-respondí.- Y por cierto… no has ido a conocer el Suntory.

-Es cierto.-dijo ella mirándome.- No he recibido la invitación.

-¿Ahora que eres una celebridad en el mundo de la cocina necesitas invitaciones?

Serena rodó los ojos y miró al frente. La ceremonia ya había comenzado y habíamos estado hablando en voz baja. Mientras Serena miraba al escenario del auditorio, me dediqué a observarla en silencio. Su cabello lucía perfectamente peinado, al parecer le había crecido un poco desde la última vez que nos habíamos visto. Llevaba puesto un vestido negro sencillo con un poco de vuelo. Sentí que mi corazón comenzaba a latir con fuerza y sonreí en silencio. De pronto Serena se giró y nuestras miradas se encontraron, por lo que me dio vergüenza y desvié la mirada con rapidez.

El evento transcurrió lentamente porque yo no podía dejar de pensar en Serena a mi lado. De vez en cuando intercambiábamos algunas palabras y la vi sonreír varias veces. Eso me daba tranquilidad. Cuando llegó la hora de entregar los premios, los presentadores comenzaron a llamar a los otros chefs que también estaban entre los mejores diez. El Kenji quedó en quinto lugar. Cuando mencionaron el nombre de Serena en el micrófono, ella se puso de pie y subió al escenario a recibir su premio. El Suntory quedó séptimo lugar y también subí a recibir mi premio.

Ese premio era muy importante porque le daría a nuestros restaurantes una reputación aun mejor y sin duda se harían más famosos. Al terminar la ceremonia, muchos de nuestros colegas se acercaron a felicitarnos y estuvimos platicando con ellos un buen rato. Todos comenzaron a irse y Serena y yo caminamos juntos hasta la salida.

-¿Dónde dejaste tu auto?-le pregunté.

-No traje. Mina me visitó hoy y me hizo el favor de traerme. Creo que tomaré un taxi de regreso.

-Yo te llevo.-dije.- No hay problema.

-Pero no…

-Anda.-la interrumpí.- No me cuesta nada.

-Seiya…

La tomé cuidadosamente del brazo y la obligué a caminar.

-Te advierto que dejé el auto un poco lejos, porque llegué algo tarde.

-Pude darme cuenta.-respondió.

Cruzamos la calle y nos dirigimos hacia la otra acera. A unos cuantos metros de nosotros se encontraba el cine, y cuando íbamos pasando por fuera, me di cuenta de que Serena se le quedaba mirando.

-¿En qué piensas?-dije interrumpiendo sus pensamientos.

-Yo… solo recordé aquella vez que venimos al cine, fue divertido.-dijo ella.- Hace mucho que no veo una película en el cine…

-¿Hace mucho?

-Sí… de hecho, creo que esa vez que vine contigo fue la última vez que fui al cine.

-Entonces vayamos ahora.-dije deteniéndome abruptamente.- Es temprano aun.

-Oye, pero…

-Anda, ya no digas más.

Jalé a Serena hasta la taquilla y revisamos las películas que estaban disponibles. Elegimos una nueva que ninguno de los dos había visto y entramos. Sabía perfectamente que Serena moría de hambre, por lo que nos formamos en la fila de la dulcería. También sabía muy bien lo que se le antojaba, por lo que pedí dos hot dogs, unas palomitas, un par de chocolates, unos nachos y dos refrescos.

Serena se devoró todo en un instante y yo me dediqué a observarle en silencio en medio de la oscuridad. Todo el tiempo hubo una sonrisa en mi rostro porque no recordaba lo mucho que le gustaba comer. Apenas pude prestar atención a la película porque no podía dejar de mirarla. Había algo en ella que lucía diferente. No sabía si se debía al embarazo o si se debía al hecho de que hacía demasiado tiempo que no la observaba así de cerca.

Conocía a Serena desde hacía casi cinco años y a pesar de eso, sentía que la estaba conociendo nuevamente por primera vez. O quizá solo era que ella había cambiado y realmente ya no la conocía bien. A mitad de la película, la mirada de Serena se cruzó con la mía en la penumbra. Noté que se había sorprendido por aquello y desvió la mirada rápidamente para enfocarla de nuevo en la película.

Cuando terminó la película, discutimos sobre el final mientras caminábamos hasta donde estaba estacionado el auto. Justo mientras estaba abriendo la puerta del lado del copiloto, noté que Serena se desbalanceaba un poco y alcancé a sostenerla antes de que cayera hacia atrás.

-Lo…siento…-dijo ella tratando de reaccionar.- No sé qué me pasó… de pronto todo se nubló durante algunos instantes.

-¿Estás bien?-dije asustado.

-Sí…solo…necesito sentarme…

La ayudé a acomodarse dentro del auto y cerré la puerta con cuidado. Después me dirigí rápidamente al otro lado y también subí al auto. Serena lucía algo pálida y no supe qué hacer. Parecía no estar reaccionando y decidí llamarle a Amy. Afortunadamente, me respondió rápido y le expliqué lo que había sucedido. Me dijo que seguramente no era nada de lo qué preocuparse, pero que tenía que descansar y tomar electrolitos. Le dije que ella parecía no reaccionar muy bien y Amy me pidió que la llevara pronto a recostarse y que pasaría a verla.

No logré encontrar las llaves de Serena, por lo que decidí que lo mejor sería llevarla a mi departamento lo más pronto posible. Le avisé a Amy y me dijo que llegaría enseguida. Como pude, logré subir a Serena hasta el departamento y la recosté en la cama. Amy no tardó en llegar y la reviso de pies a cabeza. Taiki venía con ella y ambos nos quedamos en la sala mientras ella revisaba a Serena.

Al poco rato, Amy salió y sonreía despreocupadamente. Me sentí tranquilo de inmediato y me explicó que tan solo se le había bajado un poco el azúcar y que era normal en su estado, pero que tenía que descansar y no moverse mucho mientras tanto. Nos quedamos un rato platicando y luego me dejaron solo. Revisé dentro de la habitación y Serena seguía dormida. Me di cuenta de que todavía llevaba los zapatos puestos y se los quité con cuidado de no despertarla, también la cubrí con una manta y luego salí del cuarto.

Ya era algo tarde, pasaban de las 10 de la noche y yo me sentía algo ansioso. A pesar de que sabía que Serena estaba bien, había algo que me hacía sentir inquieto. Quizá era el hecho de que saber que ella estaba ahí lo que me hacía sentir así. Decidí hacerme un té para tranquilizarme y luego me puse a leer un rato. A eso de las 11:30 ya no podía más con el sueño, así que saqué una manta y una almohada del almacén para poder echarme a dormir en el sillón. Antes de hacerlo, verifiqué que Serena estuviera y la dejé sola nuevamente. Regresé al sillón y me dispuse a dormir.


Cuando abrí los ojos pude notar que un poco de luz iluminaba la habitación. Tardé un rato en acostumbrarme, pero poco a poco recordé que me encontraba en la habitación de Seiya Kou. Mi corazón latió rápidamente y me incorporé poco a poco, pues creí que iba a encontrarlo junto a mí. Sin embargo, me encontraba completamente sola. Revisé la hora en el reloj que colgaba de la pared y apenas eran las 7:36 de la mañana. Mi estómago comenzó a reclamar comida inmediatamente. Si antes siempre tenía hambre, ahora era el doble.

Me levanté con cuidado y noté que me sentía mucho mejor. Abrí las cortinas por completo y arreglé la cama. Al salir de la habitación, vi a Seiya recostado sobre el sillón y cubierto con una manta. Sonreí instintivamente y me acerqué a él. Él todavía dormía plácidamente, así que preferí no despertarlo. Me dirigí a la cocina y me sentí satisfecha al darme cuenta de que todavía recordaba dónde se encontraba todo.

Saqué lo necesario para poder cocinar lo que tenía en mente y tratando de hacer el menor ruido posible me puse a trabajar. Apenas comencé a batir los huevos cuando noté la presencia de Seiya. Él se encontraba mirándome fijamente y no llevaba playera. Se acercó hasta donde me encontraba y sonrió.

-Veo que alguien tiene mucha hambre.

-Lo siento.-respondí.- No podía esperar más y no quería despertarte. Además… en mi defense, esta vez no es mi culpa.

-¿Entonces de quién?

Llevé mis manos a la panza y sonreí.

-No se vale echarle la culpa a ese bebé.-dijo Seiya abriendo el refrigerador.- Te ayudaré a preparar algo, ya somos tres los que tenemos hambre.

Seiya comenzó a preparar hot cakes mientras yo preparaba un par de omelettes.

-Veo que recuerdas dónde está todo.-dijo Seiya al verme sacar uno de sus sartenes de la alacena.

-Tengo buena memoria.

-Hace mucho que…

Seiya de pronto guardó silencio y continuó vertiendo la mezcla de los hot cakes sobre la plancha.

-¿Qué ibas a decir?-dije con curiosidad mientras picaba tomates.

-Solo iba a decir que hace mucho que no cocinábamos juntos.

-Es cierto… pero está bien, ¿no? O crees que estorbo.

-Para nada.-guiñó el ojo.

-¿No deberías ponerte una playera para cocinar?-dije observándolo de reojo.

-¿Te molesta mi torso perfecto?

Rodeé los ojos y serví los omelettes sobre los platos. Me senté en la mesa y Seiya me sirvió café en una taza.

-Seiya… quiero agradecerte por haberme ayudado ayer, y por dejarme descansar aquí.

-Ni siquiera tienes que agradecerlo.-dijo sin dejar de partir sus hot cakes.- Te dije que te iba a ayudar en todo lo necesario.

Cuando terminamos de comer, limpiamos todo y acomodamos las cosas. Le pedí que me dejara llevarla a su departamento y accedió a regañadientes. Bajamos juntos al restaurante y una vez que estuvimos en la cocina, todos se le quedaron mirando a Serena sorprendidos. También me miraban a mí entre extrañados y sonrientes.

-¡Serena!-dijo Nicolas rompiendo el incómodo silencio.

Dejé que los chicos la saludaran y se quedaron un rato platicando con ella. Mientras tanto, yo fui a la oficina a recoger algunos papeles. Escuché a lo lejos cómo Serena los invitaba a todos a comer a su restaurante esa misma noche y todos aceptaban con gusto. Cuando regresé a donde estaban todos, Serena se despidió de ellos y salimos del restaurante.

-No sabía que extrañaba tanto a los chicos.-dijo Serena sonriendo mientras miraba por la ventana.- Fue muy lindo verlos, recordé todo el tiempo que pasábamos juntos ahí encerrados.

-¡Oye!-dije mirándola.- Hablas como si los tuviera esclavizados.

Ella me miró y sonrió.

-Sí era así.-dijo sonriendo con malicia.

-Solo contigo era así.-dije cerrando un ojo.- Quería saber hasta dónde eras capaz de llegar.

-Y ya viste que muy lejos, ¿no?

-Sin duda.-respondí mirando hacia el frente.- Me callaste la boca en muchos sentidos, y la verdad, estoy feliz de que lo hayas hecho.

-Me alegro.-dijo Serena mirándome.- Porque si no fuera así, aun tendría que trabajar por hacerlo.

Me estacioné frente al edificio donde Serena vivía y nos miramos a los ojos para despedirnos.

-Tú siempre me cierras la boca.-contesté.- Aun sin ningún esfuerzo. Solo me basta con verte para que las palabras se me olviden.

Noté cómo Serena se sonrojaba ligeramente y desviaba la mirada.

-Muchas gracias por todo de nuevo.-dijo mientras abría la puerta y se bajaba.- De verdad, muchas gracias.

Ella cerró la puerta antes de que pudiera responder y me quedé mirando cómo entraba al edificio y una vez que desapareció de mi vista, me fui de ahí.


Cuando entré al departamento suspiré y me recargué un momento en la puerta para recuperar el aire. Miré todo a mi alrededor y sentí un cierto aire helado recorrer mi cuerpo. Apenas hasta ese momento me di cuenta de que siempre que entraba al departamento, inmediatamente comenzaba a sentirme sola y también me di cuenta de que durante el día anterior no me había sentido sola en ningún momento.

Traté de no pensar en Seiya y me distraje metiéndome a la regadera. Me di un buen baño y en cuanto estuve lista, bajé al estacionamiento para dirigirme al restaurante. Me puse al tanto con los pendientes y las tareas del día, así que estuve bastante ocupada hasta pasado el mediodía. Por la tarde, recibí una llamada de Amy.

-Hola, Amy, ¿cómo estás?

-Muy bien.-respondió con tono serio.- Más bien me interesaba saber cómo estás tú. Ayer que te dejé estabas bien, aunque me quedé preocupada.

-Estoy muy bien, no debes preocuparte. He estado trabajando todo el día y me he sentido bien.

-Seiya estaba muy preocupado.-me dijo.- Y estaba bastante asustado también.

-Creo que ya está tranquilo.

-No lo creo.-dijo Amy riendo.

-¿Por qué lo dices?

-Porque me llamó hace rato para preguntarme si ya habíamos hablado tú y yo, y quería saber si estabas bien.

-Seiya Kou.-dije rodando los ojos.- ¿Por qué no me llama él?

-No lo sé. Supongo que no quiere molestar.

-¿Entonces no me llamaste por tu propio interés?-dije bromeando.

-¡Por supuesto que sí! Sabes que te amo.

-Y yo a ti, pero ahora tengo que dejarte porque tengo cosas que hacer. Nos vemos mañana, ¿sí?

Amy y yo nos despedimos y regresé a mis actividades. A eso de las seis me despedí de todos y me dirigí a mi cita con la psicóloga. Estuvimos hablando sobre mi bebé un buen rato y sobre cómo me sentía al respecto. Mientras hablábamos, no pude evitar pensar en Darien y sin darme cuenta las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. La psicóloga me pasó un pañuelo y me limpié con cuidado.

-Lo siento.-dije.

-No te disculpes, es normal.

-No puedo mencionar su nombre en voz alta todavía sin que me den ganas de llorar…

-Y seguro pasará mucho tiempo antes de que eso suceda.-dijo ella con tranquilidad.- Por lo pronto tienes que llorar todo lo que tengas que llorar…

-Yuriko…-dije mirándola.- ¿Crees que estoy mal? Yo… cuando estoy cerca de Seiya me siento… algo culpable, y no sé si debería simplemente alejarme de él.

-¿Seiya te ha estado insinuando algo?-me preguntó sin dejar de mirarme.- ¿Te ha estado presionando?

-No… de hecho… ha sido lo contrario. Pero no puedo evitar sentirme así de cualquier forma.

-Yo creo que te estás presionando a ti misma.-me dijo.- Él no te está insinuando nada, te está dejando en paz, y tú eres la que está imaginando cosas. Quizá deberías relajarte cuando estés cerca de él, y no pensar más allá. Te vas a sentir mejor.

Nos quedamos en silencio unos minutos.

-Serena.-dijo Yuriko.- No tengas miedo de sentir. Las emociones están en constante movimiento, y no debes de tener miedo o lo único que vas a provocar es reprimirlas y sentirte frustrada, triste, enojada, o las tres cosas al mismo tiempo… Lo mejor es dejarlas fluir para que no te sientas sofocada.

-Ya veo…-respondí analizando sus palabras.- Es exactamente lo que he estado haciendo…

-Tienes que dejar de sobre analizar todo, sobre todo ahora que estás embarazada, eso no le hace bien al bebé, y mucho menos a ti. Tienes que aprender a disfrutar de las cosas, y entender que eso no te hace mala persona. Inténtalo esta semana y verás que te vas a sentir mejor.

Cuando regresé al departamento, me preparé algo de cenar y me fui a dormir temprano. Antes de quedarme profundamente dormida, me puse a pensar mucho en lo que había hablado con la psicóloga esa tarde.

Los días pasaban y la panza comenzaba a notarse. Cada día podía observar cómo se iba haciendo más redonda, y yo me sentía entre fascinada y confundida por aquellos cambios. Cada vez me sentía más diferente. Los mareos y nauseas ya comenzaban a desaparecer y eran sustituidos por antojos y mucha hambre. No podía parar de comer. También me cansaba más al moverme, pero era inevitable.

Cuando me tocaba cita con el ginecólogo, Seiya "casualmente" se encontraba visitando a Taiki en el hospital y terminaba entrando conmigo. Eso había sucedido por lo menos cuatro veces y yo fingía sorpresa siempre que lo veía rondando el consultorio del doctor. A decir verdad, no me molestaba que me acompañara.

Un día, Mina y yo habíamos ido de compras al centro comercial cercano a mi departamento. Ella había insistido en que quería comprar muchas cosas para el bebé. Cuando regresamos al departamento, me di cuenta de que la puerta no estaba bien cerrada y me asusté. Mina y yo entramos con cuidado y en silencio, escuchamos ruidos en una de las habitaciones y Mina me pidió que me quedara donde estaba. Abrió las puertas con cuidado y al abrir la puerta de la habitación de visitas soltó un grito. Corrí hasta la puerta y vi cómo trataba de calmarse.

-¿Seiya?-dijo Mina.

Me asomé por la puerta y vi a Seiya terminando de armar una cuna preciosa. Me quedé en silencio durante un largo rato observando la escena, no sabía qué decir o qué pensar. Estaba realmente sorprendida y me quedé en shock durante algunos minutos. Seiya me miraba entre avergonzado y frustrado.

El ver la cuna casi armada me provocó muchas ganas de llorar. No era tristeza, tampoco enojo. Era una sensación de darme cuenta de que pronto tendría un bebé y de que dormiría en esa cuna.

Seiya se puso de pie e intentó hablar.

-Yo… quería que fuera sorpresa y…

Me acerqué a él y le di una cachetada sin pensarlo.

-Eso fue por haber entrado al departamento sin permiso.-dije sin dejar de mirarlo.

Me limpié las lágrimas y luego me acerqué a él para poder abrazarlo. Rodee su cuello con mis brazos y lo apreté contra mí.

-Y esto es por la cuna.

Seiya dudó unos instantes, pero luego terminó aceptando mi abrazo. Él rodeó mi cintura con sus brazos y nos quedamos un rato así.

-La cuna está increíble.-dijo Mina interrumpiendo el momento.

Seiya y yo nos separamos y me acerqué a observar la cuna detenidamente.

-Muchas gracias, Seiya, de verdad.-dije tocando con suavidad la madera.- Está hermosa. No debiste molestarte…

-Desde que la vi supe que tenía que ser para ti.-dijo Seiya.- Es decir, para el bebé…

-¿Y ustedes dos por qué hablan de la criatura como si estuvieran seguros de que es hombre?

-Porque así se siente.-dijimos los dos al mismo tiempo.

Nos miramos y todos reímos. Platicamos durante un rato más, Mina me ayudó a guardar las compras y luego ambos se despidieron de mí.

Algunos días después, entre todos decidimos organizarle una fiesta sorpresa a Seiya por su cumpleaños. La fiesta sería en mi restaurante y me encargué de elegir un menú especial para el día. Las chicas se encargaron de las otras tareas y Yaten y Taiki de los invitados.

Cuando el día llegó, me puse un vestido color azul cielo que había encontrado en el área de maternidad. El vestido tenía un escote discreto y un cinturón justo en la cintura, por lo que el resto del vestido caía por mi panza y me llegaba hasta los tobillos. Me puse unos zapatos cómodos, decidí llevar el cabello suelto. Las chicas llegaron temprano y comenzaron a colocar algunos adornos. Los invitados comenzaron a llegar y pronto el restaurante estaba repleto. No tenía idea de que Seiya tuviera tantos conocidos y amigos, pero tampoco me molestó. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de una fiesta, aunque seguramente no podría quedarme tan tarde como quisiera.

Yo le había dicho a Seiya que necesitaba su ayuda en el restaurante para algo importante, así que no tardaría en llegar. Mientras lo esperábamos, Yaten me hizo señas para que me acercara hasta él. Estaba acompañado de una mujer muy guapa, demasiado que me sorprendió. Tenía el cabello ondulado y le caía por los hombros como si fuera un retrato. Llevaba un vestido negro que se ceñía perfectamente a su figura, por lo cual parecía una modelo.

-Serena.-dijo Yaten.- Ella es Michiru.

-Mucho gusto.-dije sonriendo.- Serena Tsukino.

-Michiru Meiou.-respondió secamente.

-Michiru es una vieja amiga de Seiya.-siguió Yaten.- Se conocen desde hace mucho, y estoy seguro de que a Seiya le va a sorprender su presencia.

-¿Ah, sí?-dije confundida.

-Sí.-dijo ella sonriendo.- Hace mucho tiempo que no nos vemos, ¡muero de ganas de abrazarlo!

Nuestra plática se vio interrumpida porque Seiya estaba a punto de llegar. Nos preparamos y en cuanto cruzó la puerta todos gritamos. Las personas comenzaron a felicitarlo y cuando por fin nos encontramos, le di un abrazo.

-Feliz cumpleaños.-dije al separarnos.- Espero que disfrutes tu fiesta.

-Gracias.-dijo él sonriendo.- Y gracias por prestar el restaurante.

-No es nada.-guiñé el ojo.- Ahora solo tienes que divertirte.

-¡Seiya!-dijo Michiru acercándose a nosotros.

-¿Michiru?-dijo él sorprendido.

Ambos se abrazaron y me hice a un lado para darles su espacio. Sin embargo, ambos empezaron a charlar y de pronto se olvidaron de que yo también estaba ahí. Preferí buscar a las chicas y las encontré sentadas en una mesa. Me sentía con demasiada hambre, así que devoré muchos de los bocadillos que había en la mesa.

Me sentía un tanto distraída y no estaba prestando atención a la conversación de las chicas. Miré en dirección a donde se encontraba Seiya y aun seguía charlando con Michiru, parecían divertirse. Comí otros dos bocadillos hasta que Lita los alejó de mí.

Me puse de pie para ir al baño y cuando salí me encontré nuevamente con Seiya y Michiru.

-Serena.-dijo Seiya.- Me dijo Michiru que ya las presentaron, ella y yo…

-Ya le conté que nos conocemos hace mucho y que somos muy buenos amigos.-intervino ella mientras le acariciaba el cabello.

Seiya se sonrojó y luego me miró avergonzado.

-Iré por algo de tomar.-dijo él.- Las dejaré solas por unos minutos.

Él se alejó y ambas nos miramos en silencio durante unos segundos.

-Y dime, Serena.-dijo ella primero.- ¿Hace mucho que conoces a Seiya? Me ha hablado muy bien de ti.

-Desde hace algunos años ya.-dije colocando mis manos sobre mi panza.

-Ya veo.-dijo ella sonriendo.- Seiya y yo nos conocimos en un bar, ya sabes, una de esas noches locas en las que solo quieres olvidarte de todo y encontrarte con alguien… interesante por ahí, ya sabes a lo que me refiero.-guiñó el ojo.- Así fue nuestra primera noche.

La miré seriamente tratando de fingir que me divertía. Había algo en ella que no me gustaba para nada, aunque todos parecían no dejar de mirarla.

-Y cuéntame, Serena.-volvió a decir.- ¿Cuánto tienes de embarazo? Si no es indiscreción.

-5 meses.-respondí.

-Vaya…-dijo ella riendo.- Debías de tener una figura increíble, pero supongo que con un embarazo puedes olvidarte de eso.

-En realidad ni siquiera había pensado en ello.

-Ajá… y… ¿dónde está el padre?-respondió burlonamente.- Deberías presentármelo.

Apreté los puños discretamente y luché por no hacer nada estúpido, pero no pude controlarme. No soportaba sus comentarios que obviamente eran mal intencionados.

-Ya lo conoces.-dije de pronto.

-¿Ah, sí? ¿Y dónde está?-dijo sonriendo.

-Ahí viene.

Señalé a Seiya mientras se acercaba a nosotros. A Michiru se le descompuso el rostro y noté cómo todo su cuerpo se tensaba. De estar sonriendo falsamente, ahora se veía notablemente molesta.

Cuando Seiya estuvo a nuestro lado, yo me encontraba sonriendo de oreja a oreja. Me acerqué a él y lo besé en los labios sin pensarlo dos veces. Me separé de él y les dije que iría por algo de beber. Ni siquiera le di tiempo a Seiya de reaccionar.

Me alejé rápidamente y caminé hasta donde se encontraban las bebidas. Tomé un vaso de ponche y lo bebí todo de un solo trago. Uno de los meseros me miró extrañado y me giré para mirar a los invitados. Noté que Seiya y Michiru intercambiaban algunas palabras y luego vi cómo él caminaba hacia a mí con expresión confundida. Cuando estuvo frente a mí, no podía mirarlo a los ojos. Él sostuvo mi barbilla con sus manos y me obligó a mirarlo.

-¿Por qué le dijiste a Michiru que el bebé es mío?-preguntó con tranquilidad.

-¿Acaso te arruiné tu cita?-dije sarcásticamente.

Michiru nos observaba a lo lejos mientras bebía de su copa de vino y sus ojos reflejaban algo de enojo.

-Serena Tsukino.-dijo Seiya.- ¿Estás celosa?

-¡Claro que no!-dije apartando su mano de mi barbilla.

-Eso no es lo que parece.-dijo él sonriendo.- Y la verdad…

-¿La verdad qué?-dije molesta.

-La verdad no me molestaría.

-¿No te molestaría qué?-insistí.

-No me molestaría ser el padre de verdad.

Me quedé en silencio durante algunos segundos mientras lo miraba a los ojos. Pude ver en ellos sinceridad e ilusión y de pronto sentí que el estómago se me revolvía.

-Deja de mirarme así.-dijo él rompiendo el silencio.- ¿Te dije que te ves hermosa hoy? Y yo…

No supe qué me sucedió en ese momento, pero no dejé que Seiya terminara lo que estaba diciendo y volví a besarlo. Esta vez sí que lo pensé mucho antes de hacerlo. Rodee su cuello con mis brazos y lo besé en los labios. Él me rodeó y aceptó mi beso. Sus labios jugaron con los míos y por un momento olvidé que estábamos rodeados de gente.

Cuando nos separamos, me percaté de que todos nos observaban entre sorprendidos y confundidos. Michiru parecía resignada, Yaten y Taiki sonreían, las chicas parecían no creer lo que estaban viendo. Seiya y yo nos miramos y nos quedamos en silencio sin saber qué decir.

-Yo… lo siento…-dije al cabo de un rato.- No quiero… no quiero hacer estupideces…

-Me gustan tus estupideces.-dijo él sin dejar de mirarme.

Sonreí sin darme cuenta.

-Será mejor que vaya a atender a los invitados… te veré en un rato.

Él se alejó y yo regresé con las chicas, quienes comenzaron a cuestionarme en cuanto me senté en la mesa. Yo no tenía muchas ganas de hablar al respecto, ya que ni siquiera yo tenía idea de lo que estaba sucediendo. Traté de evadir sus preguntas y comencé a sentirme mal. Me sentía ya bastante cansada, ya no aguantaba tanto despierta tan tarde y mucho menos en una fiesta.

Me despedí de las chicas y les dije que tomaría un taxi al departamento. Mientras me dirigía a la salida, escuché que alguien llamaba mi nombre. Seiya se me acercó corriendo y me detuvo del brazo.

-¿A dónde vas?

-Estoy muy cansada.-respondí.- Ya pedí un taxi para irme a dormir. Como puedes ver, ya no estoy para fiestas.-dije apuntando a mi panza.

-No te vas a ir en un taxi.-dijo él.- Yo te llevaré.

-No. Es tu fiesta.

-No me importa.

-Seiya… de verdad no…

-Oye.-dijo él sonriendo.- Si tú te vas, esta fiesta ya no me importa. De verdad.

-Pero…

-Es mi cumpleaños.-dijo él interrumpiéndome.- Quiero que este sea mi regalo.

-Eso es jugar sucio.-dije cruzándome de brazos.- No podré hacer nada, así que llévame ahora.

Llegamos al departamento media hora después. Subimos juntos hasta el último piso y lo invité a entrar. Ni Seiya ni yo dijimos una sola palabra desde que salimos del restaurante. Cuando entramos al departamento, así en silencio lo tomé de la mano y caminamos hasta la habitación. Me ayudó a quitarme el vestido, me coloqué el pijama y lo invité a recostarse junto a mí. Él se quitó el pantalón y se metió a la cama.

Me sentía sumamente cansada y solo quería dormir. Seiya se acercó a mí y me rodeó con sus brazos. Yo acomodé mi cabeza sobre su pecho y poco a poco sentí cómo iba quedándome dormida. Lo último que sentí antes de cerrar los ojos fue un beso de Seiya en la frente.


¡Hola! Lamento haber tardado para actualizar, pero aquí está ya el nuevo capítulo. Espero que les guste:)