Harry Potter: Una lectura distinta, vol.3

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.

El Prisionero de Azkaban

CAPÍTULO 18: Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

Un coro de asombro, protesta y dudas se levantó en la Sala. La voz más dura que se escuchó fue la de Frank, quien acalló a los demás al preguntar:

—¡Un momento! ¡¿No era que Pettigrew había muerto con los muggles?!

—¡Exacto! —machacó el profesor Flitwick, con su voz aguda— ¡Fue lo que nos dijo Fudge cuando hablamos ese diciembre en Las Tres Escobas!

—Bueno, profesor —dijo George, colocando el pergamino en el atril—, lo que pasó en realidad, lo sabremos en el próximo capítulo.

El atril se movió hasta ubicarse delante de Harry. Por segunda vez, tendría la oportunidad de darle voz a sus pensamientos y acciones. Al ver el título del pergamino, miró a James, Sirius y Remus, y sonrió antes de iniciar la lectura.

—Señoras y señores —dijo teatralmente—, con ustedes los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta, emmm… ¿cómo es que es? ¿alguien se acuerda?

—"Proveedores de artículos para magos traviesos" —recordó Rose, sonriendo, al igual que James, Sirius y Remus.

—Exacto —sonrió Harry—. Comencemos entonces. A ver que fue lo que pasó con la rata.

Era tan absurdo que les costó un rato comprender lo que había dicho. Luego, Ron dijo lo mismo que Harry pensaba:

Están ustedes locos.

¡Absurdo! —dijo Hermione con voz débil.

—Es que era realmente incomprensible para nosotros —reconoció el propio Harry, mientras Ron y Hermione asentían.

¡Peter Pettigrew está muerto! ¡Lo mató hace doce años!

Señaló a Black, cuya cara sufría en ese momento un movimiento espasmódico.

Tal fue mi intención —explicó, enseñando los dientes amarillos—, pero el pequeño Peter me venció. ¡Pero esta vez me vengaré!

Y dejó en el suelo a Crookshanks antes de abalanzarse sobre Scabbers; Ron gritó de dolor cuando Black cayó sobre su pierna rota.

—Disculpa —dijo Sirius, sonriendo levemente—, pero no me di cuenta, iba tras la rata.

—Yo sé, tranquilo —aceptó Ron—, pero realmente me dolió, casi me desmayé del dolor.

Molly suspiró de la impresión, por lo que Arthur la atrajo hacia sí en un abrazo protector.

¡Sirius, NO! —gritó Lupin, corriendo hacia ellos y separando a Black de Ron—. ¡ESPERA! ¡No puedes hacerlo así! ¡Tienen que comprender! ¡Tenemos que explicárselo!

Podemos explicarlo después —gruñó Black, intentando desprenderse de Lupin y dando un zarpazo al aire para atrapar a Scabbers, que gritaba como un cochinillo y arañaba a Ron en la cara y en el cuello, tratando de escapar.

¡Tienen derecho... a saberlo... todo! —jadeó Lupin sujetando a Black—. ¡Es la mascota de Ron! ¡Hay cosas que ni siquiera yo comprendo! ¡Y Harry...! ¡Tienes que explicarle la verdad a Harry, Sirius!

Black dejó de forcejear; aunque mantuvo los hundidos ojos fijos en Scabbers, a la que Ron protegía con sus manos arañadas, mordidas y manchadas de sangre.

—Eso fue lo que me detuvo —interrumpió Sirius nuevamente—, que mencionaras a Harry. No es que Ron no me preocupara, pero Harry merecía que le explicara lo que pasó ese día.

Snape miró a Sirius con interés, aunque no lo demostrara externamente.

De acuerdo, pues —dijo Black, sin apartar la mirada de la rata—. Explícales lo que quieras, pero date prisa, Remus. Quiero cometer el asesinato por el que fui encarcelado...

Están locos los dos —dijo Ron con voz trémula, mirando a Harry y a Hermione, en busca de apoyo—. Ya he tenido bastante. Me marcho.

Intentó incorporarse sobre su pierna sana, pero Lupin volvió a levantar la varita apuntando a Scabbers.

—Realmente me costaba —admitió Ron—, entre el dolor y que me tenían cansado con su perorata sobre Scabbers, lo que quería era ir a ver a Madame Pomfrey.

Me vas a escuchar hasta el final, Ron —dijo en voz baja—. Pero sujeta bien a Peter mientras escuchas.

¡NO ES PETER, ES SCABBERS! —gritó Ron, obligando a la rata a meterse en su bolsillo delantero, aunque se resistía demasiado. Ron perdió el equilibrio. Harry lo cogió y lo tendió en la cama. Sin hacer caso de Black, Harry se volvió hacia Lupin.

Hubo testigos que vieron morir a Pettigrew —dijo—. Toda una calle llena de testigos.

¡No vieron, creyeron ver! —respondió Black con furia, vigilando a Scabbers, que se debatía en las manos de Ron.

—Lo dijo el abuelo —reconoció Rose—, "cuando a Sirius Black lo atrapan, estaba tan afectado que nunca pudo dar una declaración formal, y el juicio se basó en testigos que no eran realmente confiables".

—Exacto, mi niña —afirmó el propio Arthur.

Todo el mundo creyó que Sirius mató a Peter —confirmó Lupin—. Yo mismo lo creía hasta que he visto el mapa esta noche. Porque el mapa del merodeador nunca miente... Peter está vivo. Ron lo tiene entre las manos, Harry.

Harry bajó la mirada hacia Ron, y al encontrarse sus ojos, se entendieron sin palabras: indudablemente, Black y Lupin estaban locos. Nada de lo que decían tenía sentido. ¿Cómo iba Scabbers a ser Peter Pettigrew? Azkaban debía de haber trastornado a Black, después de todo. Pero ¿por qué Lupin le seguía la corriente?

—La verdad es que estábamos desconcertados —se interrumpió Harry—. La cara de Ron lo decía todo.

—Y tú también tenías cara de "¿Qué demonios pasa aquí?" —reconoció Ron, provocando algunas risas.

Entonces habló Hermione, con una voz temblorosa que pretendía parecer calmada, como si quisiera que el profesor Lupin recobrara la sensatez.

Pero profesor Lupin: Scabbers no puede ser Pettigrew... Sencillamente es imposible, usted lo sabe.

¿Por qué no puede serlo? —preguntó Lupin tranquilamente, como si estuvieran en clase y Hermione se limitara a plantear un problema en un experimento con grindylows.

Porque si Peter Pettigrew hubiera sido un animago, la gente lo habría sabido. Estudiamos a los animagos con la profesora McGonagall. Y yo los estudié en la enciclopedia cuando preparaba el trabajo. El Ministerio vigila a los magos que pueden convertirse en animales. Hay un registro que indica en qué animal se convierten y las señales que tienen. Yo busqué «Profesora McGonagall» en el registro, y vi que en este siglo sólo ha habido siete animagos. El nombre de Peter Pettigrew no figuraba en la lista.

Iba a asombrarse Harry de la escrupulosidad con que Hermione hacía los deberes cuando Lupin se echó a reír.

—Me recuerda a alguien —comentó JS, viendo sin disimular a Rose, quien le respondió levantándose y con los brazos en jarra:

—¿Y a quien crees que se lo aprendí? No sería a ti, que a veces vienes a pedirme ayuda, y eso que me llevas dos años de ventaja.

Las risas estallaron en la Sala, y Rose, satisfecha, tomó asiento nuevamente.

¡Bien otra vez, Hermione! —dijo—. Pero el Ministerio ignora la existencia de otros tres animagos en Hogwarts.

Si se lo vas a contar; date prisa, Remus —gruñó Black, que seguía vigilando cada uno de los frenéticos movimientos de Scabbers—. He esperado doce años. No voy a esperar más.

De acuerdo, pero tendrás que ayudarme, Sirius —dijo Lupin—. Yo sólo sé cómo comenzó...

Lupin se detuvo en seco. Había oído un crujido tras él. La puerta de la habitación acababa de abrirse. Los cinco se volvieron hacia ella. Lupin se acercó y observó el rellano.

No hay nadie.

—No creo —mencionó Molls—. No se mencionó que entraran con la capa invisible, ¿verdad?

—¡Oh, oh! —exclamaron varios. Harry le hizo un breve gesto de asentimiento a su sobrina y siguió leyendo.

¡Este lugar está encantado! —dijo Ron.

No lo está —dijo Lupin, que seguía mirando a la puerta, intrigado—. La Casa de los Gritos nunca ha estado embrujada. Los gritos y aullidos que oían los del pueblo los producía yo —Se apartó el ceniciento pelo de los ojos. Meditó un instante y añadió—: Con eso empezó todo... cuando me convertí en hombre lobo. Nada de esto habría sucedido si no me hubieran mordido... y si no hubiera sido yo tan temerario.

Estaba tranquilo pero fatigado. Iba Ron a interrumpirle cuando Hermione, que observaba a Lupin muy atentamente, se llevó el dedo a la boca.

¡Chitón!

Algunas risas se escucharon, pero la tensión por el ruido que habían escuchado tenía a muchos a la expectativa. Snape miraba sin emoción a Harry leer.

Era muy pequeño cuando me mordieron —prosiguió Lupin—. Mis padres lo intentaron todo, pero en aquellos días no había cura. La poción que me ha estado dando el profesor Snape es un descubrimiento muy reciente. Me vuelve inofensivo, ¿os dais cuenta? Si la tomo la semana anterior a la luna llena, conservo mi personalidad al transformarme... Me encojo en mi despacho, convertido en un lobo inofensivo, y aguardo a que la luna vuelva a menguar. Sin embargo, antes de que se descubriera la poción de matalobos, me convertía una vez al mes en un peligroso lobo adulto. Parecía imposible que pudiera venir a Hogwarts. No era probable que los padres quisieran que sus hijos estuvieran a mi merced. Pero entonces Dumbledore llegó a director y se hizo cargo de mi problema. Dijo que mientras tomáramos ciertas precauciones, no había motivo para que yo no acudiera a clase —Lupin suspiró y miró a Harry—. Te dije hace meses que el sauce boxeador lo plantaron el año que llegué a Hogwarts. La verdad es que lo plantaron porque vine a Hogwarts. Esta casa —Lupin miró a su alrededor melancólicamente—, el túnel que conduce a ella... se construyeron para que los usara yo. Una vez al mes me sacaban del castillo furtivamente y me traían a este lugar para que me transformara. El árbol se puso en la boca del túnel para que nadie se encontrara conmigo mientras yo fuera peligroso.

Harry no sabía en qué pararía la historia, pero aun así escuchaba con gran interés. Lo único que se oía, aparte de la voz de Lupin, eran los chillidos asustados de Scabbers.

Al igual que en a Sala. Teddy, especialmente, atendía a la narración que en voz de Harry hacía su padre de su vida antes y durante sus estudios en Hogwarts.

En aquella época mis transformaciones eran... eran terribles. Es muy doloroso convertirse en licántropo. Se me aislaba de los humanos para que no los mordiera, de forma que me arañaba y mordía a mí mismo. En el pueblo oían los ruidos y los gritos, y creían que se trataba de espíritus especialmente violentos. Dumbledore alentó los rumores... Ni siquiera ahora que la casa lleva años en silencio se atreven los del pueblo a acercarse. Pero aparte de eso, yo era más feliz que nunca. Por primera vez tenía amigos, tres estupendos amigos: Sirius Black, Peter Pettigrew y tu padre, Harry, James Potter. Mis tres amigos no podían dejar de darse cuenta de mis desapariciones mensuales. Yo inventaba historias de todo tipo. Les dije que mi madre estaba enferma y que tenía que ir a casa a verla... Me aterrorizaba que pudieran abandonarme cuando descubrieran lo que yo era. Pero al igual que tú, Hermione, averiguaron la verdad. Y no me abandonaron. Por el contrario, convirtieron mis metamorfosis no sólo en soportables, sino en los mejores momentos de mi vida. Se hicieron animagos.

¿Mi padre también? —preguntó Harry atónito.

James asintió, pero cuando iba a hablar, Harry le dijo:

—Escucha, escucha lo que tío Remus dijo.

Sí, claro —respondió Lupin—. Les costó tres años averiguar cómo hacerlo. Tu padre y Sirius eran los alumnos más inteligentes del colegio y tuvieron suerte porque la transformación en animago puede salir fatal. Es la razón por la que el Ministerio vigila estrechamente a los que lo intentan. Peter necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener de James y Sirius. Finalmente, en quinto, lo lograron. Cada cual tuvo la posibilidad de convertirse a voluntad en un animal diferente.

Pero ¿en qué le benefició a usted eso? —preguntó Hermione con perplejidad.

No podían hacerme compañía como seres humanos, así que me la hacían como animales —explicó Lupin—. Un licántropo sólo es peligroso para las personas. Cada mes abandonaban a hurtadillas el castillo, bajo la capa invisible de James. Peter, como era el más pequeño, podía deslizarse bajo las ramas del sauce y tocar el nudo que las deja inmóviles. Entonces pasaban por el túnel y se reunían conmigo. Bajo su influencia yo me volvía menos peligroso. Mi cuerpo seguía siendo de lobo, pero mi mente parecía más humana mientras estaba con ellos.

Date prisa, Remus —gritó Black, que seguía mirando a Scabbers con una horrible expresión de avidez.

—De verdad, quería cobrarme lo que nos hizo, lo que te hizo, Harry.

—Lo sé, padrino, tranquilo.

Ya llego, Sirius, ya llego... Al transformarnos se nos abrían posibilidades emocionantes. Abandonábamos la Casa de los Gritos y vagábamos de noche por los terrenos del colegio y por el pueblo. Sirius y James se transformaban en animales tan grandes que eran capaces de tener a raya a un licántropo. Dudo que ningún alumno de Hogwarts haya descubierto nunca tantas cosas sobre el colegio como nosotros. Y de esa manera llegamos a trazar el mapa del merodeador y lo firmamos con nuestros apodos: Sirius era Canuto, Peter, Colagusano, y James, Cornamenta.

—Y, ya lo habían mencionado —comentó Rose—, el señor Remus era Lunático.

—Así mismo, Rose —asintió Remus, a mitad de camino entre la alegría de recordar su vida estudiantil y la tristeza que sentía en aquel momento que Harry leía.

¿Qué animal...? —comenzó Harry, pero Hermione lo interrumpió:

¡Aun así, era peligroso! ¡Andar por ahí, en la oscuridad, con un licántropo! ¿Qué habría ocurrido si les hubiera dado esquinazo a los otros y mordido a alguien?

Ése es un pensamiento que aún me reconcome —respondió Lupin en tono de lamentación—. Estuve a punto de hacerlo muchas veces. Luego nos reíamos. Éramos jóvenes e irreflexivos. Nos dejábamos llevar por nuestras ocurrencias. A menudo me sentía culpable por haber traicionado la confianza de Dumbledore. Me había admitido en Hogwarts cuando ningún otro director lo habría hecho, y no se imaginaba que yo estuviera rompiendo las normas que había establecido para mi propia seguridad y la de otros. Nunca supo que por mi culpa tres de mis compañeros se convirtieron ilegalmente en animagos. Pero olvidaba mis remordimientos cada vez que nos sentábamos a planear la aventura del mes siguiente. Y no he cambiado... —Las facciones de Lupin se habían tensado y se le notaba en la voz que estaba disgustado consigo mismo—. Todo este curso he estado pensando si debería decirle a Dumbledore que Sirius es un animago. Pero no lo he hecho. ¿Por qué? Porque soy demasiado cobarde. Decírselo habría supuesto confesar que yo traicionaba su confianza mientras estaba en el colegio, habría supuesto admitir que arrastraba a otros conmigo... y la confianza de Dumbledore ha sido muy importante para mí. Me dejó entrar en Hogwarts de niño y me ha dado un trabajo cuando durante toda mi vida adulta me han rehuido y he sido incapaz de encontrar un empleo remunerado debido a mi condición. Y por eso supe que Sirius entraba en el colegio utilizando artes oscuras aprendidas de Voldemort y de que su condición de animago no tenía nada que ver... Así que, de alguna manera, Snape tenía razón en lo que decía de mí.

—¿Ese? —soltó James, señalando al propio Snape, quien lo miró desafiante—. De verdad, Lunático, no sé qué te pasaba en ese momento.

—Había un conflicto, James —le dijo Remus—, entre lo que conocía de Sirius y lo que parecía que estaba haciendo.

¿Snape? —dijo Black bruscamente, apartando los ojos de Scabbers por primera vez desde hacía varios minutos, y mirando a Lupin—. ¿Qué pinta Snape?

Está aquí, Sirius —dijo Lupin con disgusto—. También da clases en Hogwarts —Miró a Harry, a Ron y a Hermione—. El profesor Snape era compañero nuestro —Se volvió otra vez hacia Black—: Ha intentado por todos los medios impedir que me dieran el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Le ha estado diciendo a Dumbledore durante todo el curso que no soy de fiar. Tiene motivos... Sirius le gastó una broma que casi lo mató, una broma en la que me vi envuelto.

Snape sólo levantó las manos en el típico gesto de ¿Qué te dije, Potter?, al que Harry sólo le dedicó una mirada sin emoción.

Le estuvo bien empleado —Black se rió con una mueca—. Siempre husmeando, siempre queriendo saber lo que tramábamos... para ver si nos expulsaban.

Severus estaba muy interesado por averiguar adónde iba yo cada mes —explicó Lupin a los tres jóvenes—. Estábamos en el mismo curso, ¿sabéis? Y no nos caíamos bien. En especial, le tenía inquina a James. Creo que era envidia por lo bien que se le daba el quidditch...(—No sólo por eso —interrumpió James). De todas formas, Snape me había visto atravesar los terrenos del colegio con la señora Pomfrey cierta tarde que me llevaba hacia el sauce boxeador para mi transformación. Sirius pensó que sería divertido contarle a Snape que para entrar detrás de mí bastaba con apretar el nudo del árbol con un palo largo. Bueno, Snape, como es lógico, lo hizo. Si hubiera llegado hasta aquí, se habría encontrado con un licántropo completamente transformado. Pero tu padre, que había oído a Sirius, fue tras Snape y lo obligó a volver, arriesgando su propia vida, aunque Snape me entrevió al final del túnel. Dumbledore le prohibió contárselo a nadie, pero desde aquel momento supo lo que yo era...

Entonces, por eso lo odia Snape —dijo Harry—. ¿Pensó que estaba usted metido en la broma?

—Exactamente —respondió el Snape en la Sala, aunque después tuvo que admitir—, pero debo reconocer que esos detalles de tu vida, Lupin, no las conocía en su totalidad. Potter, sigue.

Exactamente —admitió una voz fría y burlona que provenía de la pared, a espaldas de Lupin. Severus Snape se desprendió de la capa invisible y apuntó a Lupin con la varita.

—¡Lo que faltaba! —exclamaron JS y Al simultáneamente, sorprendiendo a Ginny y a ellos mismos, quienes se vieron al rostro y sonrieron.

—Ahí está la respuesta de dónde estaba la capa, Molly —le dijo Harry, mientras colocaba el pergamino en el atril. Éste se movió hasta ubicarse delante de Ron, quien, acomodándose en la butaca que ocupaba con Hermione y sus hijos, frunció el ceño al ver el título del siguiente capítulo.


Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Una tarde lluviosa y plomiza (al menos acá en Venezuela) nos reúne ante un nuevo capítulo de esta "aventura de tres generaciones y ocho libros"; un capítulo muy corto, debo reconocer, pero lleno de una historia que valía la pena que Harry leyera, la historia de los Merodeadores, cómo y por qué se convirtieron en animagos (James, Sirius y Peter), y parte de la razón exacta de la enemistad entre James y Snape. Por supuesto, la aparición de Snape trastoca los planes de entender qué provocó el cambio de guardián secreto de los Potter o la traición de Peter, pero, como siempre pasa, quedará para el próximo capítulo. Lo que también pasa siempre es que agradezca a todos quienes leen, siguen esta aventura, la tienen como favoritos o incluso la comentan, como hicieron esta semana creativo (no te adelantes pero tampoco te atrases, y sí, puede ser buena respuesta), Isabelfromnowon (bienvenida! Me alegra que te esté gustando, y sí, como siempre digo e insisto, los domingos hay capítulo nuevo, y espero que así siga siendo), y lavida134 (también me alegra que ya te hayas puesto al día, y es cierto, el tema no es la profecía en sí sino cómo se interpreta; todos los domingos actualizo, recuerda...). Ya también se hace necesario recordar cuidarnos en estos tiempos de cuarenterna, sobre todo si tienen que salir; si no, #MejorQuédenseEnCasa! Salud y bendiciones!