La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 8: Las viejas costumbres del Capitán para desenterrar los recuerdos que murieron. ( ¿O lo hicimos nosotros?)
(NOTA: prestar atención a los tiempos)
- ¿Dressrosa?- el juez parecía molesto por mi impertinencia y aparente disgusto.- usted salió con una promoción de allí...
El abuelo y Sabo se tensaron inmediatamente, indicándome que aquello podía ser rebatido como una violación a ciertos principios declarados en los Tratados del Nuevo Mundo.
- No.- negué, harta de escuchar lo mismo desde que era una niña- no salí de allí, renuncié.
-Sin embargo, usted ayudó a encubrir las actividades criminales del entonces shichibukai, Don Quijote Doflamingo.
- Yaaaaaaa- Luffy tomo el brazo de Ler y siguió sacudiendola mientras esperaba reacción alguna en ella.- quita esa cara yaaaaaa.
Nada.
Ler se encontraba inmersa en sus recuerdos y sentimientos, con la vista clavada en la apenas visible Isla del Romance. Se apoyó en las manos de su hermano, temblando, con un mareo y la sensación de estar apunto de dejar el estómago en la cubierta del barco.
- Regresemos. Gira el barco.- murmuró tapándose la boca, pálida hasta los extremos, incrementando poco a poco el volumen de su voz- Franky, por favor, ¡ Gira el maldito barco!
Luffy la miró confundido, aún no entendía porque la chica se había empeñado tanto en no ir a Dressrosa desde que mencionaron que su próximo objetivo sería ese.
A todos les sorprendió que la joven, siendo tan leal y con una habilidad admirable para soportar al de sombrero de paja, se negara rotundamente a intentarlo. Y a diferencia de la mayoría, no era por la alianza, simplemente no deseaba estar allí.
Como Capitán, Luffy había tomado la decisión igual considerando que lo de Ler era una fase: "Tripulante rebelde" dijo golpeándose la frente.
- Pero si tú ya has estado allí.
- Por eso mismo...- los demás habían salido ya y empezaban a mirarle- no quiero volver.
- ¿Law? - el capitán de la tripulación volteó a ver al cirujano preguntándole si el entendía algo de lo que estaba pasando.
El aludido negó con la cabeza y se acercó, cruzándose de brazos: - Pensé que Doflamingo y tú se llevaban bien.
Por ello nadie lograba entender la razón del aparente ataque de pánico de la ex-marine.
-Y una mierda.
-No está tan mal- Cayu fue el primero en hablar tras el silencio incómodo que se formó entre todos después de haber desembarcado.
Aquella Isla era inmensa. Y hermosa.
Leriana entrecerró los ojos y observó nuevamente la carta de transferencia que el Almirante de Flota le había dado unos días atrás. Pensó que podría haberse equivocado, pero no.
Aquel era su lugar de destino.
- No está nada mal- confirmó Jin tomando su maleta y cargándola hacia el sencillo pero bien construido carro que los esperaba.
- Debe ser una broma- dijo Ler finalmente, negándose a creer que aquel fuese el "castigo" que les había puesto Sengoku. - ¿Ustedes creen que Sengoku enloqueció?
- Puede ser- Seo se rascó la barbilla y miro en la misma dirección que todos lo hacían. - o simplemente nos quería fuera de su vista a toda costa.
El flamante recibimiento que les estaban dando con comida, ayudantes y música era todo un espectáculo que jamás en la vida podrían haber imaginado, incluso habiendo tenido que navegar dos días sin descanso hasta allí.
Nunca nadie se había esforzado tanto por sorprenderla, ni siquiera Ace la primera vez que la invitó a una "cita".
- Mh- Ler se mantuvo pensativa, pero no le quedó más remedio que comenzar a caminar junto a sus hombres hacia la entrada de aquel lugar- ¿Dressrosa, eh? Algo tiene que estar mal en todo esto.
Y lo estaba.
- Luffy, por favor- los ojos llenos de lágrimas que Ler utilizó alarmaron al pirata, quien subió sus manos hasta las mejillas de ella, deteniendo la caída de las mismas.
Frunció el ceño preocupado. Su mente no lograba entender a las mujeres pero siempre había logrado comprender a su hermana.
A la pequeña y debilucha Ler.
Negó con la cabeza.
Ler ya no era tan pequeña, y tampoco era débil, eso el lo sabía muy bien. Había sobrevivido a la guerra y la persecución que le había dado el Gobierno Mundial desde entonces, y aún así, sabiendo el peligro que corría, había aceptado navegar a su lado.
No sabía cómo reaccionar, así que contagiandose de su pánico, decidió lanzarla al agua.
Después de todo, Shanks no solo le dejó su sombrero si no también algunas viejas costumbres.
Ninguno sabía cómo reaccionar al ver a la chica fuera de sus cabales.
Ninguno tenía el corazón para verla llorando. Y al no saber cómo lidiar con el "asunto", solo lo desaparecían.
Todos gritaron alarmados viendo desaparecer a la joven bajo el agua. Sanji y Zoro reaccionaron en menos de un segundo y saltaron tras de ella. Sabían que se hundía incluso mas rápido que un usuario.
- Usted protegió la posición de Doflamingo como Rey de Dressrosa- afirmaron los jueces- podría haberlo sacado de ese lugar, podría haber terminado con su reinado ilegítimo. En cambio decidió elaborar un informe en donde elogiaba su labor como gobernante. ¿Porqué lo hizo?
Pese a mi molestia, dije lo que pensaba sin miramientos.
- Porque era lo correcto.
- Consideramos, señorita, que los habitantes de Dressrosa y muchas personas que fueron víctimas de dicho reinado no piensan lo mismo.
- No hice lo que hice porque fuese a simpatizarle a alguien. La antipatía de la respuesta de los habitantes de Dressrosa en aquel momento puede ser considerado como daño colateral.
Parecía que el descaro de mi respuesta los había indignado. - Sin embargo, usted ya había acabado con poblaciones enteras, ¿Porque no ayudar a esta cuando tuvo la oportunidad de hacerlo?
- Ya me disculpé en su momento por tener que tomar una decisión- expliqué mirando a Viola y a Rebecca, representantes del reino, como muchos otros nobles aliados y detractores que habían asistido al juicio- los ciudadanos de Dressrosa aunque ignorantes en su mayoría, eran felices. Solo unos pocos eran conscientes de que habían sido encerrados por un monstruo dentro de una jaula dorada. Y mientras no lo supieran, estarían bien.
Pero no podía hacerle eso a todo el mundo, no podía darle ese poder.
Ignorando parte de mi respuesta, continuaron atacando:- Recibió alguna compensación a cambio de dicho reporte? ¿Donquijote Doflamingo le pagó de alguna forma por esa recomendación?
Oh, no quieren ir por allí, pensé con una leve sonrisa.
- Pagó, si. Pero no de una forma positiva.- los jueces fruncieron el ceño, yo quise reir- le di lo que cualquier rey quería, más no lo que el necesitaba en ese momento.
Aquel era el puñal que me clavé sola un día y desencadenó una serie de sucesos de los que me arrepentiría durante mucho tiempo. Pero en aquel juicio, frente a miles de personas, por fin sentía que había hecho lo correcto. La herida ya no me dolía.
"No puedo provocar su caída, no puedo luchar contra su poder, pero créeme que voy a hacer todo lo que se encuentra en mis manos para que no siga subiendo. Voy a ser la roca que impida que vuelva a estar en los cielos."
Ler se miró al espejo, luego miró la carta que había escrito para Ace. Decidió que no la enviaría.
El jamás se lo iba a perdonar.
No lo culpaba, ella tampoco lo haría.
- ¡LER- SAN!, ¡LER-SAN! DOFLAMINGO LA ESTÁ BUSCANDO.
Su espalda se recostó contra la puerta que se movía con cada golpe de Talón, uno de sus hombres que seguramente había sido enviado por el Shichibukai a buscarla.
Sabía que estaría furioso. El cielo oscuro y el ambiente pesado eran prueba de ello. La sangre en el suelo y el desastre en el baño también.
Ahora entendía el propósito de Sengoku.
- Ler-San, por favor, sé que está allí adentro...- la insistencia y el pánico del hombre disminuyó después de un rato, su voz casi convertida en un susurro, los golpes a penas como un roce en la puerta- no le hemos dicho dónde está, no lo haremos jamás si usted no lo quiere así pero...Díganos que está bien, por favor.
Respirando profundamente, la chica contuvo las lagrimas y cerrando los ojos decidió hablar: -Estoy bien, no te preocu...
-Dios mío, es un alivio...¡Seo!...¡Seo!
Las botas de su segundo hicieron ruido al acercarse al baño también. Podía percibir su agotamiento.
- Ler-san, Doflamingo...- comenzó con su voz preocupada. Ella lo interrumpió
Su observación ya había captado incluso a kilómetros la agitación de todos los marines de su pelotón. Ya había escuchado desde el fondo de sus corazones el latir preocupado con su nombre en ellos.
-Lo sé.
Hubo un silencio al otro lado de la puerta, ella se deslizó hasta el suelo, apoyando las palmas de las manos en el líquido viscoso y rojizo que la rodeaba.
-¿Cuáles son las indicaciones, señora? - ella formó una mueca mientras miraba sus pies descalzos y pensaba en sus posibilidades.
No tardó mucho.
No habían muchas.
-Reúne a los chicos y llévalos al puerto. Nos iremos de Dressrosa esta noche.
- Creo que tienes algo que decirme, ¿Cierto? - Luffy se sentó frente a ella, apoyando su cuerpo en el respaldar de una silla giratoria perteneciente a Chopper. Ambos se encontraban solos en la enfermería.
- Si te digo que no quiero hacerlo, ¿Lo entenderías?- Ler mantuvo el contacto visual pensando que cuando el chico se ponía serio se parecía mucho a Ace.
- No puedo prometer nada- dijo con franqueza, más consciente de su dificultad para entender el mundo que por cortesía. Ella sonrió con tristeza. - pero puedes decírmelo, Ler. Puedes decirme cualquier cosa. Soy tu hermano antes que tú capitán.
Capitán.
A Ler aún le parecía extraño pensar en cómo habían resultado las cosas.
Entre Ace, Sabo y ella, Ler era la única de los 3 que nunca había querido estar en una tripulación pirata, y sin embargo, era la única también que lo estaba haciendo.
Con Ace muerto y Sabo siendo un revolucionario no quedaban muchas opciones.
- No puedes ordenarme que te responda entonces- aseguró ella midiendo su respuesta. El hizo un puchero, como el niño caprichoso que nunca dejaría de ser.
- Puedo hacerlo- soltó levantándose de repente y dándole la espalda- pero no lo haré...Solo si me dices.
- Eso no me deja muchas opciones, Lu.
- CAPITAN MIERDOSO, DEJA A LER DESCANSAR.- ambos voltearon a ver la puerta, escuchando el ajetreo de la tripulación tras de ella.
Nami y Sanji insistían en entrar, a Zoro le daba igual pero intentaba llevarle la contraria al cocinero. Robin, Usopp y Franky opinaban que debían hablar en privado. Law quería matarlos a todos. Chopper estaba preocupado por la salud de Ler y los samurai de Wano, junto a Brook, lloraban por el drama que se llevaba a cabo.
Luffy siempre atraía gente rara, pensó Ler. Eso la incluía a ella.
- Está bien, lo haré pero...Prométeme una cosa.
Los ojos del moreno brillaron, su cuello se estiró hasta rozarle la nariz a la chica, con ilusión.- Te lo prometo.
- No sabes que es.
- Me da igual. ¡Habla ya!
La tripulación del sombrero de paja se encontraba descansando un rato, comiendo alegremente una cena preparada por el cocinero después de un día lleno de emociones, hambre y calor producto de su recorrido por el desierto de Arabasta. El Capitán reía con fuerza por algún chiste de sus compañeros, ajeno a la mirada de dos personas a unos cuantos metros de el.
-Si no encuentro a Teach, ¿Qué pasará con el?
- ¿Que pasará si lo encuentras y no puedes detenerlo?
- No voy a fallar, no puedo hacerlo..Por Thacth, por el...Por nosotros. Incluso si muero...
- Tu mejor que nadie comprendes como yo que la muerte es la mejor de las suertes que habríamos tenido. No sé si gastamos toda la que teníamos al haberle conocido o el está muy maldito por la misma razón.
Ace volteó a ver a Ler de reojo, ella respiró profundamente mientras fingía no darse cuenta de dicha acción. Ambos miraron nuevamente a su hermano y decidieron que valía la pena tomar el riesgo. Entonces, después de lo que parecía una eternidad, las manos de ambos se juntaron discretamente sobre la arena.
La joven pegó un brinco asustado ante el grito masculino que trataba de atraer su atención. Se dió cuenta que sudaba, que se encontraba temblado y pegandose a la pared.
Enfocó su vista en Luffy, que la miraba preocupado.
- No estás bien. - era una afirmación severa, una que hizo acercándose a tocarle la frente, acción ante la cual ella retrocedió instintivamente en un inicio, pero que al ver de quién se trataba, busco con más anhelo. Era cálido. - ¿De que se trata, Ler?
Ella lo miró, con los ojos cristalizados y los labios temblandole en un intento de no llorar. - Es que...a la gente de aquí no le agrado.
El frunció el ceño, sin entender. Nadie se ponía tan mal por algo como eso. - ¿Estás así porque no les agradas?
- Aja- afirmó la morena- temo que digan cosas de mí que tú no quieras escuchar y puedas molestarte al hacerlo.
- Vaya que eres tonta, ¿Porque iba a creerlas?- ella quiso decirle que porque eran ciertas y evidentes, pero no supo como hacerlo- Te preocupas por cosas absurdas Shishishishi.
No sabía cómo reaccionaria Luffy, pero Ler aún podía recordar que Ace no lo hizo muy bien.
- No importa si el mundo se nos viene encima, siempre creeré en ti, Ler.
Ler balanceo sus piernas distraídamente, al borde del piso de la casa del árbol. El único sonido a su alrededor era el del viento soplando las hojas de los árboles y los pasos a penas audibles que Portgas D. Ace daba en su dirección hasta sentarse nuevamente a su lado.
Los dos estaban increíblemente cansados. Las ojeras bajo sus ojos, la piel pálida y la delgadez de da cuerpos era la evidencia clara de lo mucho que la muerte de Sabo les había afectado. Y aunque trataban de verse fuertes en nombre de Luffy, quien definitivamente no lo llevaba bien tampoco pero encontraba refugio en ellos, ambos debían aceptar que estaban devastados.
El mundo era más cruel de lo que pensaban, de lo que habían visto.
Incluso cuando ellos creían haber conocido la peor parte de el, no se imaginaban todo lo que aún quedaba relegado a su caminar por la vida para conocerlo.
Sabo solo era un niño inocente, víctima de las circunstancias, que quiso ser libre. Creyendo que la libertad era seguir su camino, alcanzó su fin cuando a penas comenzaba a andar sobre el.
Aquello fue devastador para ambos. No, para todos.
De nunca haber tenido esperanza y haber comenzado a creer poco a poco, fueron disparados nuevamente hacía un abismo oscuro en dónde no tenían permitido en absoluto volver a creer que podrían llegar lejos.
Para personas como ellos solo habían dos salidas: La muerte o la sumisión.
Ni Ace ni Ler tenían otro camino más que hacer lo que sea para salvarse.
Lo que sea.
A medida que crecieron se hicieron la misma pregunta cada vez que sus acciones mermaban en su sentido moral y la humanidad que intentaban con todas sus fuerzas mantener. Como niños, la promesa de no convertirse en aquello que les hizo daño sonaba como la mayor fuente de convicción para mantener los pies en la tierra.
Ler no sabía que terminaría sirviendo a personas que le bloquearon el camino a Sabo al intentar mantenerse con vida.
Ace no sabía que terminaría dañando grandemente a sus seres queridos buscando protegerles.
Sentados juntos solo podían mirar hacia el frente en aquella noche, dónde a pesar de encontrarse expuestos a la discreta y elegante luz de la luna, solo podían ver oscuridad.
- ¿Quien va a querer a un monstruo?- murmuró la niña, intranquila. A Ace le pareció percibir el nudo que tenía en la garganta al contener las ganas de llorar con las que el mismo estaba luchando.
- Otro monstruo - respondió el luego de un silencio. Sabiendo que se refería a ella, dándole a entender que se trataba de el, y aún sin saberlo de todo, a Luffy- mientras sepamos eso, no estaremos solos.
Ambos sabían que tomarían caminos distintos. Que un día tendrían que apartarse hasta de Luffy y cada quien tendría que resistir por su cuenta. Era triste el que siendo tan jóvenes, se hubiesen resignado a aquella expresión en la que la vida se veía como una lucha y no el regalo del destino que se suponía que era.
- A donde vayamos, si llega el momento que el otro necesite ayuda...Acudiremos a el- Ler movió su cabeza hasta mirar directamente a los ojos de Ace, buscando arrancarle dicha promesa que protegiera sus futuros y calmara temporalmente el huracán de emociones que se encontraba desatado dentro de si- no importa quienes seamos en ese momento o con quiénes estemos...- la expresión del pecoso se quebró, como si pensara mil cosas que podrían pasar- confiaremos en el otro.
Ace respiró hondo antes de devolver su vista hacia adelante. Quizá las palabras de Ler, que el mismo quería decir hace mucho, le habían iluminado el camino para ser capaz de ver nuevamente el bosque, como siendo revelado a traves de la luz de una pequeña esperanza.
Mala decisión.
- Siempre- respondió el, simple como era, firme y tozudo. No tenía que decir nada más, Ler le comprendía y sabía que aquella era de las cosas que más quería afianzar el muchacho antes de que las cosas se jodiesen aún más.
O quizá, esa sería la promesa que los condenaria al fracaso un poco más adelante porque nunca establecieron el significado de siempre.
¿Aquel tiempo terminaba con la vida, o Ler se equivocó en seguir creyendo que aplicaba para Ace incluso tras su muerte?
¿Aquel siempre, implícito para Luffy, lo llevaría a cometer imposibles por Ace y a creer erróneamente en Ler?
Para los huérfanos del destino, "siempre" fue una palabra muy amplia para un período demasiado corto, para una existencia interminable y una vida fugaz.
Demasiado errada, demasiado fugaz.
