Cuando la alarma en su velador sonó avisando que el tiempo para levantarse había llegado, Yuri la apagó de un manotazo para después volver a quedarse mirando el techo de su habitación.
No había dormido nada. Después de lo ocurrido pasó largos minutos tratando de entender su estúpido actuar para luego irse a limpiar y así volver a su cama a tratar de conciliar nuevamente el sueño, sin embargo, no lo había logrado y por ese motivo ahora tenía unas leves ojeras bajo sus ojos y el sueño acumulado le hacía pesar más el cuerpo que antes.
Soltó el aire contenido en sus pulmones y cerró los ojos manteniendo una línea firme con sus cejas. Se pasó literalmente horas pensando en lo acontecido y se frustraba por no poder pensar en otra cosa o en encontrar una solución a su problema.
—Esto está mal… —masculló, asustado.
Se llevó ambas manos a la cara y se refregó sus ojos adormecidos. Tenía ganas de meterse bajo sus mantas y no salir de ahí nunca más en la vida, no obstante, sabía que tenía deberes que atender y su abuelo no lo dejaría faltar a clases sin tener una buena razón. Podía decirle que se sentía mal y que estaba enfermo para quedarse el día son hacer nada ya que no tenía ganas de levantarse, pero de inmediato deshecho aquella idea pues tenía presente que su familiar era muy inteligente y ya no caía en sus mentiras para faltar a clases.
Frustrado con todo y consigo mismo, se retiró las mantas de su cama y con movimientos lentos, como los que haría una momia de miles de años, Yuri buscó su uniforme.
Una vez ya listo y asedado bajó las escaleras apoyándose de forma firme en el pasa manos para no hacer mucha fuerza en sus piernas adoloridas; una vez abajo suspiró profundamente sin llegar entrar a la cocina. Estaba tenso, nervioso… no sabía que tan fuerte había llegado a soltar esas palabras anoche mientras se daba placer…
¿Su abuelo lo habrá escuchado? Al preguntarse esto su cara se sonrojó violentamente pero de inmediato negó con la cabeza. Era imposible, según podía acordarse entre sus pensamientos vergonzoso no había soltado su voz tan fuerte, además el mayor ya no tenía tan buena audición como antes y sumándole cosas a su favor, Nikolai dormía como un tronco toda la noche sin despertar hasta el amanecer… aun así estaba nervioso. Si su abuelo lo había escuchado no sabría cómo mirarlo a los ojos sin morir de vergüenza en el intento.
Tomando valor de algún lugar, Yuri avanzó unos pasos hasta el umbral de la cocina y como un pequeño niño, preocupándose de no hacer ningún ruido, acercó lentamente la cabeza por el borde de la pared para ver a su abuelo. Vio al mayor tatareando alguna canción de sus tiempos mientras ponía tazas en la mesa junto a los servicios. Yuri soltó sus labios que hasta el momento los había mantenido apretados, y se dispuso a entrar a la cocina como todos los días, mostrándose relajado y muerto de hambre, sin embargo se le salió un pequeño grito de sorpresa al sentir repentinamente las patitas de Potya en su pierna derecha saludándolo como en todas las mañanas.
—Joder… Potya, me asustaste… —soltó Yuri recuperando el aliento que se le escapó con ese pequeño susto.
Aquel saludo de su mascota no hubiese sido tan aterrador si Yuri hubiera estado tranquilo, pero como todos sus nervios estaba a flor de piel no pudo contenerse por algo tan repentino. Se sentía culpable de haber hecho algo horrible, por lo que estaba muy perseguido. Potya le maulló mirándolo con sus ojos inocentes y meciendo suavemente su elegante cola en el aire.
—¿Yuratchka? —lo llamó su abuelo sonando sorprendido—. ¿Qué haces ahí?, ven a desayunar.
—S-Sí… —respondió Yuri elevando su mirada para luego caminar hasta la cocina.
Se presentó en el lugar sintiendo toda su anatomía rígida, miró con timidez a su familia y al no encontrar rastro fuera de lo común se relajó para sentarse y disponerse a comer.
A los minutos su abuelo lo acompañó y Yuri comenzó a hacerse un sándwich con rapidez ya que su estómago le rugía por comida.
—Anoche escuche que te duchaste como a las cinco —habló repentinamente su abuelo provocando que su emparedado terminara cayendo en la mesa desparramando todo lo que le había puesto segundos atrás, Yuri se había puesto nervioso—. Tranquilo, Yuratchka, que la comida no se ira de aquí —Nikolai le ayudó a limpiar lo ensuciado.
A continuación de unos minutos donde todo en la mesa volvía a la normalidad, se volvieron a sentar uno frente al otro. Nikolai esta vez tomo otro pan para prepararle un emparedado a su nieto que se veía muy torpe esta mañana.
—N-No pensé que estuvieras despierto a esa hora —dijo Yuri, teniendo presente que su abuelo esperaba su respuesta.
—No lo estaba, me desperté con el ruido del agua, ¿No te había bañado antes de cenar?
Yuri puso su verde mirada en la taza de leche frente a él y se sonrojó. No sabía que escusa ponerle a su abuelo que al parecer solo había despertado con el sonido del agua, eso al menos lo relajaba, pues le daba a entender que no había escuchado nada de sus gemidos descarados… Sinceramente estaba aliviado por eso, pero seguía sin saber que pretexto dar para que no pensara nada malo.
—Te-Tenia calor… —murmuró, y ene se mismo momento quiso darse una bofetada en toda la cara.
—¿Frío? —Nikolai elevó una ceja—. Pero si anoche había grado bajo cero.
Ahora deseó levantarse de la silla para irse a enterrar en la nieve del exterior y ocultarse ahí hasta la llegada del verano. No, mejor, hasta nunca, quedarse oculto bajo tierra por siempre.
—Bueno... No lo sé, quizás tenia calentura o algo… di-digo fiebre —quiso volver a pegarse, sentía que todo lo que decía sonaba tan mal—. Ya sabes, todos los ejercicios, como no estoy acostumbrado… huh, quizás… —se enmudeció sintiendo el corazón demasiado agitado en su pecho por la vergüenza.
Nikolai lo quedó viendo fijamente aumentando sus nervios. ¿Qué pasaba? ¿Acaso había descubierto la verdad? No le sorprendería ya que su abuelo era alguien muy perspicaz, pero deseaba que por esta vez no se pensará mucho las cosas llegando a la verdad.
—Yuratchka, no me mientas —dijo Nikolai, tensando mucho más a su nieto… ¿Acaso si lo había escuchado? Ahora sí era oficial, deseaba desaparecer por la eternidad—. Pero bueno te entiendo, aunque después de la ducha debías haber cambiado las sabanas y haber volteado el colchón.
—¿Eh? A-Abuelo… —Yuri se sonrosó más, no sabía dónde meterse. Si su abuelo le decía eso era porque definitivamente lo había pillado infraganti—. No creo que eso hubiera sido necesario —soltó ya rendido, no sacaba nada con seguir ocultándolo.
—Cuando brille un poco más el sol tendré que sacar tu colchón para que se seque —añadió, pensativo Nikolai.
—¿Qué? —Yuri algo perdido por eso lo miró directamente—. No creo que eso sea necesario… verás el colchón no alcanzó a mancha… —se detuvo robóticamente al percatarse de todas las palabras de su abuelo y comenzó a pensar de forma rápida y desordenada. ¿Estaban hablando del mismo tema? No alcanzó a llegar a una conclusión ya que el mayor se adelantó.
—Ay, Yuratchka, y yo que pensaba que ya no mojarías más la cama. Quizás deba consultar medicina natural para impedir que te hagas pis inconscientemente —habló Nikolai pensativo y sonando muy preocupado.
En ese segundo Yuri casi se atoró con su propia saliva por la sorpresa.
—¡¿QUÉ?! —se levantó de la silla, alborotado y más avergonzado que antes—. ¡No me hice pis, abuelo, ya no soy un niño que hace esas cosas! —soltó tratando de defender el poco orgullo que le quedaba. Sus mejillas como frente estaban completamente coloreadas.
—¿No? ¿Entonces? —Nikolai lo miró sorprendido y desentendido.
—Pues me estaba ma… —dejó las palabras al aire y de forma brusca se llevó sus manos a su cabeza tirándose sus hebras doradas—. Pues… ya te dije que solo tenía calor… —finalizó cambiando sus palabras, aguantando toda la vergüenza que poseía su cuerpo.
No podía más con la situación, sentía que en cualquier momento caería desfallecido por tan fuertes emociones en tan solo la mañana. Ya estaba odiando con toda su alma aquel día que recién comenzaba a formarse.
—Bueno, bueno, pero que no se te olvide echar las sabanas a la lavadora —insistió Nikolai.
—¡Que no me hice pis! —chilló como un pequeño.
—Lo sé, lo sé, aun así ya es día de cambiar las sabanas de la cama. Ahora come que se te hará tarde —dijo su abuelo relajado como siempre.
Yuri sin querer hablar más de eso se mantuvo callado y volvió a sentarse para comer. Su cara seguía ofuscada pero al menos ya podía respirar tranquilo, su abuelo pesaba que había mojado la cama como lo hacía antes y realmente prefería que creyera eso a que sospechara lo otro.
Al terminar el desayuno, Yuri subió a su cuarto y con desanimó saco sus sabanas acatando las palabras del mayor. Una vez teniéndolas en sus manos se iba a dirigir a la lavadora pero recordando el chándal de Otabek en la mochila, dejó las sabanas en el suelo y fue a buscar la prenda que prometió lavar.
Sacó la ropa de su amigo y la quedó viendo para sonrojarse de inmediato. Los recuerdos de anoche volvieron a su mente que nuevamente una masa de sensaciones extrañas y contradictorias llegaron a su pecho. Aguantándose las ganas de olerlo como ayer, junto toda la ropa sucia junto a las sabanas y caminó hasta la lavadora, la cual abrió y tiró todo amontonado sintiendo algo de rabia.
—Maldita sea… —susurró mirando como el chándal de Otabek quedaba arriba de todo, no conteniéndose cerró la lavadora con fuerza para después dirigirse a su cuarto para buscar sus cosas e irse a la escuela.
Estaba de muy mal humor.
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En las clases Yuri estuvo demasiado desconcentrado de todo, las horas se le hacían eternas y sentía que odiaba a todo ser que lo mirara o se le dignara a hablarle. Lo sucedido anoche lo seguía manteniendo confundido como culpable, no entendía cómo fue posible que llegara a pensar en Otabek en ese momento, en su amigo, en su único amigo y menos entendía que con solo con él pudo llegar a liberarse y todo lo otro que pensó, cosas que le habían ayudado antes para correrse, no le funcionaron para nada.
Realmente se sentía muy mal, muy culpable y no sabía cómo vería nuevamente al kazajo por video llamada. No se encontraba capaz de mirarlo a los ojos sin pensar en lo sucedido, sin sentir todo el peso en sus hombros… sin recordar cómo se había dado la mejor corrida de su vida solo imaginándolo a él. Definitivamente no iba a poder hablar con él sin tener todo eso en la mente, sin poder dejar de odiarse así mismo. ¿Qué lo había llevado a hacer eso?
No lo comprendía.
—Yuri.
A la hora del almuerzo el nombrado miró con desánimo a Katsuki, el cual estaba parado frente a él con su almuerzo en las manos mientras le sonreía gentilmente.
Sin sentir ganas de hablar de nada y tampoco sin querer enojarse con él, Yuri simplemente se limitó a sacar su almuerzo de la mochila para ir a calentar el alimento.
—Ayer le pregunté a mi mamá si podías ir el fin de semana para jugar, y dijo que estaba bien— le informó Yuuri ajeno al mal humor del rubio.
Yuri desinteresado por estar más metido en sus dudas solo se encogió de hombros, levantándose de su asiento.
—Yuri, ¿te encuentras bien? — Katsuki lo miró preocupado borrando su sonrisa.
—Estoy bien…— murmuró Yuri comenzando a caminar para salir del aula.
Katsuki pareció no conformarse con aquellas palabras; Yuri por su lado aumentó su paso para que el japonés no lo siguiera, pero a los segundos tuvo que aminorar su desplazamiento, pues sus piernas le reclamaron por el dolor y el cansancio que tenían.
Calentaron su comida en unos minutos y se sentaron en una de las largas mesas de la cafetería de la escuela. Yuri se limitó a hacer solo sus cosas mientas que Katsuki lo imitaba pero se veía que estaba pendiente del pequeño ruso, ya que lo veía de reojo a cada segundo mostrando su semblante preocupado. Se notaba que quería preguntar cosas, Yuri lo sentía, sin embargo deseaba que no preguntara nada al respecto. De verdad no quería hablar de se problema con nadie.
—Yu-Yuri— habló después de unos minutos Katsuki, su voz sonó algo tímida.
—¿Qué quieres? — inquirió Yuri con sus cejas fruncidas.
Ante el pesado tono de voz de Yuri, Katsuki pareció dudar, sin embargo a los segundos prosiguió tomando un poco de valor.
— ¿Recuerdas cuando nos vimos en la biblioteca? — preguntó Yuuri dejando muy extrañado al contrario, Yuri no se había esperado algo así, él creía que su compañero le preguntaría por su mal humor.
—Como no… Fue hace poco, y realmente uno de los peores días… ¿Por qué? — Yuri lo miró sin comprender nada.
Al ver el semblante serio de su compañero, cosa que era muy rara pues Yuuri siempre portaba una tímida sonrisa en el rostro o una expresión de estar perdido, su curiosidad aumentó.
—¿Qué sucede con eso? — habló Yuri al ver que Katsuki no diría nada al tener un semblante pensativo.
—Eh…bueno— Katsuki comenzó a mover sus dedos contra los otros. Plisetsky tuvo que controlarse para no perder la paciencia con él— Tú esa…esa vez dijiste que…
Se enmudeció no ayudando a la calma de Yuri, la cual, por culpa de su mal humor y todo lo que pasaba por su mente, llegó a su fin.
—Escúpelo ya…— gruñó desesperándose. Su contrario asintió cerrando sus ojos.
—Cuando el maestro Nikiforov nos invitó a comer, tú dijiste que mejor invitara a su pareja que a dos alumnos…— habló Katsuki con tensión en la voz.
Yuri quedó viendo si comprender nada de sus palabras. ¿Por qué decía eso? Se esperaba de todo menos aquello.
—Sí, eso dije— apresuró Yuri, mirando con extrañeza a Katsuki, el cual se mostraba a cada segundo más nervioso— ¿Qué pasa? Te mueves tanto como si estuvieras a punto de mearte.
—Eh…— el asiático negó de inmediato con la cabeza— Es que…Bueno, verás— tomó aire y miró fijamente a Yuri, el cual ante esa decidida mirada tragó con dificultad el pedazo de comida que se había metido a la boca.—¿Por qué dijiste eso?, ¿sabes si el maestro Nikiforov tiene pareja? — preguntó apretando sus manos en puños.
—Esa cosa una vez me mostró descaradamente un anillo en su mano y también me dijo que tenía una cita esa misma tarde— contó Yuri volviendo a echarse un trozo de carne a la boca mientras recordaba esa incómoda conversación en el baño con s profesor. —¿Por qué? — inquirió con la boca llena.
Katsuki en ese instante bajó la mirada a la mesa mientras sus dedos inquietos quedaban tiesos. Su mirada que hace segundos había estado plagada en decisión ahora se veía confundida y triste. Yuri sin entender nada de lo ocurrido lo quedó viendo sintiéndose extraño, ¿había dicho algo malo? No lo creía, entonces ¿por qué el idiota de su compañero se veía tan decaído?
Comenzando a sentirse incómodo por eso carraspeó la garganta y pensó en algo que decir, pero Katsuki se le adelantó ordenando de forma rápido todas sus cosas para luego levantarse.
—Lo siento, Yuri, me adelantaré— anunció el chico asiático alejándose del lugar y dejando a Yuri un poco desconcertado por esa actitud, sin embargo, aun sintiendo hambre volvió a comer dando poca importancia a lo sucedido.
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Se quejó en silencio por lo lleno del transporte público, encontrando increíble que nunca encontrara un metro donde pudiera viajar de forma tranquila, siempre lo apachurraban, no se sentaba o le impedían bajada por ser tantas personas frente a él y como poseía un cuerpo delgado con suerte lograba empujar a un par para poder moverse; si no fuera por sus gritos enojados para que se movieran de su camino y así dejaran el paso libre, Yuri sin suda llegaría al final del recorrido todas las veces que abordaba un tren.
Esta vez agarrando su mochila con firmeza salió del vagón del tren entre empujones justo en el instante en que las puertas se cerraban. Recuperando el aire recompuso su postura y ordenó su cabello para ver la salida de ese infierno de gente, caminó hasta la escalera jurando que iba a tener un auto cuando fuera mayor de edad para evitar toda esa "mierda" como él le llamaba a la gente en el transporte público.
Sin ánimos de nada se dirigió al club de boxeo para encontrarse con Jean en la entrada, el cual se disponía al igual que él a entrar al recinto.
Se quedaron mirando por unos segundos cuando ambos alzaron la mano para abrir la puerta, Yuri en ese intervalo le mandó una mirada asesina cargada de odio mientras que Jean lo veía con su estúpida sonrisa idiota.
—¿Qué te quedas ahí como un tonto? ¡Entra ya! — escupió Yuri echándose unos pasos para atrás no dispuesto a entrar junto a él al club.
Jean sonrió más y se posicionó mejor en la puerta para abrirla, sosteniéndola de esa forma miró en dirección a Yuri el cual le devolvió la mirada con enfado al ver que ese tipo desagradable para sus ojos no entraba.
—¿Qué esperas? ¿Una invitación? — disparó Yuri perdiendo toda su calma.
Estaba teniendo un mal día por todas las cosas que se arrebolaban en su mente y ahora, como si eso fuera poco, se le sumaba Jean con sus tonterías para arruinarle más el jodido día. Mirando más a Jean se preguntó si siendo menor de edad lo mandaría a la cárcel por matar a alguien…Tenía unas inmensas ganas de hacer desaparecer a aquel hombre frente a él.
—Las damas primero— dijo Jean sin ningún problema mientras señalaba la entrada abierta con su mano libre.
Yuri de forma inmediata frunció más sus cejas y apretó sus dientes haciéndolos sonar por la rabia que recorrió por completo su cuerpo al oír las palabras de JJ.
—Tú…— murmuró con enfado, acercándose a Jean con la intención de golpearlo, Aquellas palabras habían sido la gota que rebalsó el vaso y ahora no iba a contenerse con nada.
Quería partirle la molesta cara a Jean y no le importaba nada más.
Se acercó a su contrario empuñando su mano derecha y con rapidez lanzó su golpe en dirección a Jean, sin embargo el mayor logró moverse a tiempo haciendo que Yuri pasara de largo y chocara con la puerta que se cerró al segundo de ser soltada.
—Hijo… de— gruñó Yuri sobándose su mano que golpeó el vidrio fuertemente, pero que para su suerte no se había roto. Unas lágrimas por el dolor se aparecieron en sus ojos y las ganas de matar a JJ aumentaron de manera drástica. —¡¿Por qué te moviste?! — soltó dirigiéndose nuevamente al mayor, el cual lo miraba sorprendido y a la vez mostraba preocupación en su rostro.
—Lo siento, era una broma— se excusó sonriendo nerviosamente.
Yuri bufó para ver su mano lastimada cubierta por la otra con la intención de que el dolor se marchara, pero era imposible, sentía que hasta su codo temblaba por aquel choque con la puerta.
—¿Te encuentras bien? Déjame ver tu mano— Jean se acercó a Yuri tomando la mano de este entre las suyas, sin embargo Yuri lo apartó de un manotazo. No iba a permitir que él ni nadie lo tocaran. — Yu…
—¡No me toques! — chilló conteniendo el dolor, sus lágrimas escapaban solas de sus ojos. Deseaba pegarle a Jean, pero el dolor que sentía paralizaba todo su cuerpo.
—¿Qué pasó? — repentinamente una voz ajena, pero familiar para ambos se hizo presente.
Yuri como Jean miraron a Leo que salía del club con su semblante envuelto en preocupación.
—Eh…por mi culpa Yuri se golpeó en la puerta— habló Jean llevándose un dedo a la sien para rascársela. Leo de inmediato se dirigió al herido y lo observó intranquilo. Yuri bajó la mirada otra vez y suspiró sutilmente al notar que el dolor se iba un poco, al parecer no se había roto nada.
—Yuri, ¿Me dejas ver en qué condición estás? — preguntó Leo pausadamente.
El nombrado miró a ambos aún con la defensa arriba, no estaba dispuesto a que nadie se le acercara, sin embargo al ver la sincera preocupación de Leo y notando su fuerte dolor, asintió sin decir nada estirando un poco su mano.
—Bien— Leo sonrió destensando el ambiente y ganándose detrás de Yuri lo guió adentro del club.
Yuri entró al lugar mirando su mano aguantando las lágrimas que querían seguir saliendo, y Leo continuó lanzándole una mirada reprochadora a Jean, el cual asintió mostrando completa culpabilidad en sus gestos. Esas miradas significaban que luego iban a conversar seriamente.
Se fueron a los vestuarios donde Yuri puso sus cosas en una banca para luego sentarse a esperar a Leo con el botiquín de primeros auxilios. En ese instante se examinó la mano moviendo sus dedos de forma lenta y verificó con alivio que todos sus huesos estaban en su lugar. No sabía que iba a hacer si resultaba que ese golpe contra la puerta que iba dirigido a Jean, le hubiera roto o lesionado su mano o muñeca, por eso se sintió algo feliz por ver que no todo había salido tan mal.
Leo a los minutos volvió cargando el botiquín y de inmediato se arrodilló ante él para ver su mano, Yuri algo incómodo por eso le pasó su extremidad afectada y así Leo le confirmó que por suerte se salvó de una fractura o de una lesión de menor intensidad, aun así le colocó una pomada para que no se le hinchara la mano y luego se la vendó con cuidado y profesionalismo.
—Con eso estará bien—dijo Leo levantándose con una sonrisa. — Solo trata de no forzar mucho tu mano hoy y mañana. Mejorarás pronto.
Yuri asintió en una forma de agradecer sin palabras y se paró quedando frente al mayor.
—¿Qué pasó entre los dos que terminaste golpeando la puerta? — preguntó Leo curioso mientras se cruzaba de brazos.
—El cobarde de Jean no dejó que lo golpeara…— respondió entremedio de un bufido al recordar todo, nuevamente sintió como la rabia recorría su pequeño cuerpo.
—Bueno—Leo rió suavemente— No creo que a nadie le guste que le peguen, ¿Por qué quisiste pegarle esta vez?
—Yuri sin querer confesar el motivo de su enfado, pues se sentía muy incómodo por todo, solo se encogió de hombros posando su mirada en algún lugar de la habitación. No iba a decirle a leo que estaba acomplejado por su horrible cuerpo y así darle poder sobre él al saber una verdad que se esforzaba mucho por cambiar. Ya no quería que otro más le volviera a decir que parecía mujer o creía que explotaría. Estaba cansado de toda esa mierda.
—No es necesario que me digas, pero recuerda que puedes hablar conmigo para lo que sea— añadió Leo al ver que Yuri no respondería. — Ah, y ten un poco de paciencia con JJ, a él le cuesta llevarse bien con los demás por su personalidad, pero ten por seguro que es una buena persona y que le caes bien.
—Me importa una mierda, lo detesto.
Yuri sin querer decir más se miró su mano y movió la muñeca concentrándose en su dolor en vez de su enfado o volvería a explotar ahí mismo y sinceramente no quería agarrar a Leo de mala forma. Este último solo asintió con una pequeña sonrisa y luego se dispuso a buscar sus cosas para entrenar. En ese instante Yuri recordó que no había traído un chándal para abrigarse y que el de Otabek lo dejó en la lavadora antes de salir de casa. Frustrado por ese hecho, pues sabía que iban a salir a trotar, terminó por sentarse nuevamente en la banca soltando un resoplido que llamó la atención del contrario.
—¿Pasa algo?
—Olvidé traer un chándal…— confesó Yuri abriendo con pesimismo su mochila para sacar su ropa. Cada vez estaba encontrando que el día iba de mal en peor, ya nada podía arreglarlo.
Leo pareció pensativo y lo miró fijamente manteniendo su playera de ejercicio en las manos, ya que él también debía cambiarse.
—Bueno, puedo pasarte otro de Otabek— le recordó tranquilamente y en eso Yuri negó de inmediato sintiendo sus mejillas arder al instante.—¿Por qué no?, ¿te quedó muy grande?
—No es por eso— Yuri se levantó soltando un quejido por sus músculos adoloridos y le dio la espalda a Leo.
Estaba avergonzado al recordar lo sucedido anoche con su cuerpo y con su mente. Lo había pensado mucho durante el día buscando el motivo por el cual había sucedido aquello y la única conclusión que le llegó a la mente, o mejor dicho la única que aceptaba era que por culpa del chándal de Otabek envuelto en su aroma, su cuerpo en ese momento de la noche junto a su mente lo habían traicionado recordando a Otabek en el peor momento posible. No existía otra razón explicable que él aceptara.
—¿Entonces? — preguntó su compañero, ladeando la cabeza a un lado.
Nervioso por eso se encogió de hombros prosiguiendo en sacar su ropa.
—Yuri, ¿te encuentras bien hoy? Te veo decaído. — Leo se acercó a él para quedar su lado. En ese momento, al notar la preocupación del mayor Yuri pensó que quizá con él, que ya tenía más experiencia en la vida, y que se veía que no se burlaría por lo que le dijera…quizá con él encontraría las dudas que aún mantenía a pesar de ya haber "llegado" a una conclusión son su problema.
—Huh…— Yuri dejó de mover sus brazos para terminar completamente quieto mirando su mochila.
Comenzó a buscar las palabras correctas para transmitir su duda sin ser malinterpretado o descubierto, quería hacer pasar sus preguntas como si no fueran nada importante, sin embargo todo lo que le llegaba a la mente le parecía muy obvio e incorrecto, pensó en "Tú te has masturbado pensando en alguien que no deberías?" o "¿Te has tocado teniendo a tu amigo en la mente?" Avergonzado por sus palabras mentales Yuri apretó su mano sana sonrojándose mucho más. ¿Cómo iba a preguntar eso así como si nada? No era capaz, sin embargo, recordó que Leo era gay u que al ser así quizá era más relajado sobre estos temas, por eso agarró un poco de valor para hablar, aunque la duda y la timidez seguía marcadas fuertemente en él.
—¿Qué pasa, Yuri? — inquirió, mostrándose curioso su compañero. Su expresión de tranquilidad le brindaba un poco de estabilidad a Yuri, sin embargo seguí sin encontrar las palabras adecuadas para soltar sin llegar a parecer un idiota ante ojos ajenos, sin llegar a delatarse solo.
—Eh…—se sonrojó todo el rostro de inmediato, arrepintiéndose de hablar con Leo acercad e sus dudas.— no es nada…— soltó, con la voz empequeñecida.
Sus mofletes ardía como si hubiese trotado muchos minutos sin descanso alguno.
—¿Estás seguro? Puedes preguntarme lo que desees, contestaré sin problemas— lo alentó el mayor, pero ni siquiera esas palabras lo ayudaron a lanzarse.
"No creo que no tengas problemas con lo que quería preguntar" Pensó desviando sus ojos a otro lado, buscando una salida para acabar con la situación incómoda.
—Seguro, no importa— dijo después de unos segundos, sintiendo su corazón al borde de un ataque.
¿Qué había estado a punto de hacer? ¿Preguntarle si era normal masturbarse teniendo a un amigo, a otro hombre en mente? Era más que obvio que Leo le diría que sí, después de todo Leo era gay.
Al razonar mejor con la cabeza fría, quiso darse de cabezazos contra la pared.
Leo miró por unos instantes en silencio hasta que sonrió y movió la cabeza afirmativamente. Al ver que el amigo de Otabek no insistía en que le dijera su malestar, pudo tranquilizarse un poco.
—Yuri, no te ves muy bien. Creo que por hoy cancelaremos el entrenamiento— informó Leo, sorprendiendo al nombrado. Yuri iba a decir algo, sin embargo antes de poder emitir cualquier palabra, Leo prosiguió. — No te preocupes, que descanse un día no te hará mal… sinceramente creo que has tenido demasiado desgaste físico, por eso ve a casa y mañana proseguimos. ¿De acuerdo? No es bueno que entrenes si estás muy casado.
Quiso objetar al terminar de oírlo, sin embargo se mantuvo en silencio y asintió apretando sus manos en puños. No quería admitirlo, pues hacerlo significaba que seguía siendo débil, pero de verdad deseaba un descanso para reposar su cuerpo y para tratar de aclarar su mente, que a cada segundo se revolvía más y más que llegaba a marearse.
—Leo, tienes una visita— repentinamente una voz desconocida llegó a ellos.
Yuri junto con el nombrado miraron a la puerta para ver a un miembro del club avisándole esto al mayor.
—Oh, gracias, iré— dijo Leo con una sonrisa—Yuri nos vemos mañana, descansa bien, ¿de acuerdo? — antes de que Yuri pudiera decir algo, Leo caminó hasta la puerta con rapidez, se veía ansioso de ver a quien fuera que lo visitaba.
Sin tener nada más que hacer en el club guardó sus cosas con lentitud tratando de calmarse. Había vivido tantas emociones en el lugar que ya deseaba irse rápidamente a descansar y fingir que no existía para el mundo, ya no deseaba ver a nadie.
Tomó sus pertenencias y salió de los vestuarios ignorando a Jean quien lo miró desde el cuadrilátero. Fingiendo completa seguridad llegó hasta la puerta del recinto y salió de ahí con lentitud, cuando sintió el aire frío de la tarde Yuri suspiró más relajado juntando sus párpados, recibir el aire helado siempre lo apaciguaba, era como si el fuego de su ira se apagara con eso, sin embargo, en esta ocasión la sensación de calma duró poco en su pecho, ya que al abrir los ojos se encontró con Leo a unos metros de su derecha junto al chico llamado Guang besándose en la boca con mucho cariño.
Sintió como todo su cuerpo se petrificaba por completo y abría sus ojos desmesuradamente por tal espectáculo. Las manos de Leo afirmaban gentilmente la cadera de Guang mientas que éste último rodeaba al mayor del cuello dejándose llevar por las caricias en sus labios sin importarle nada.
Tragó en seco permaneciendo en completo shock sin despegar la mirada azul sobre ellos que parecían ajenos al mundo. Sintió sus palmas sudar y su corazón agitarse fuertemente en su pecho. Él jamás había visto a dos hombres besarse en vivo y en directo, de hecho pocas veces había visto algo homosexual en su vida gracias a la censura de su país que prohibía muchas cosas de ese estilo, por eso no supo que hacer, su cuerpo no reaccionaba a nada. Su mente estaba en blanco.
Pareció como de un segundo a otro Leo atraía más a Guang junto a él sacándole a éste último un pequeño gemido por la sorpresa, cosa que hizo a Yuri sonrojar violentamente al ver algo tan fuerte para él y recordó como en la noche había pensado en Otabek entre medio de la lujuria que lo envolvió.
Dándose cuenta de lo ocurrido, notó como un frío insoportable recorrió su espalda hasta sus tobillos como si se tratara de una serpiente y contuvo el aire en sus pulmones demasiado asustado. Aquel pensamiento lo había estado bloqueando todo el maldito día, pero al ver a Leo junto a su novio tan cariñosos le fue imposible seguir asediando aquello que invadía su mente por completo clavándose en él como si un martillo lo golpeara.
Él no podía…¿Verdad? ¡No! Claro que no, era imposible, impensable, inaceptable…No podía ser. Aquel pensamiento era completamente erróneo…
Entonces ¿Por qué?...
¿Por qué no podía dejar de pensar esa posibilidad?
Asustado de todo desvió la mirada de los restantes, los cuales en ese instante se separaron para sonreírse con amor hasta que Leo vio a Yuri a unos metros de ellos con el semblante plagado de horror.
—Yuri…— susurró haciendo que Guang mirara a esa dirección y se sonrojara de inmediato para terminar ocultándose en el pecho de Leo.
—Te dije que no nos besáramos aquí…— musitó apenado Guang sosteniéndose de su novio.
Yuri al escucharlos volvió a verlos con las cejas fruncidas por sus pensamientos. Negó rápidamente con la cabeza para luego comenzar a caminar de forma precipitada. Quería salir de ahí de una maldita vez, alejarse de todo.
—Yuri…¡espera! —Leo sonando muy preocupado avanzó unos pasos hacia Yuri pero este último se giró sin detenerse y con el miedo en la garganta despegó sus labios.
—¡No te me acerques! ¡Asqueroso! — gruñó con enfado para luego salir corriendo de ahí dejando a los restantes con una sensación helada en el cuerpo.
Corrió rápidamente sin pararse a pensar en nada de lo dicho segundos atrás y cuando sintió que sus piernas ya no daban más se detuvo apoyándose en una pared para recoger aire en sus pulmones.
Apretando sus puños muy asustado, Yuri se llevó sus manos a su pecho. Aquel pensamiento seguía en él y no se iba con nada.
—No, maldita sea…No puede ser…yo no…— murmuró cerrando los ojos.
No quería aceptar que había una posibilidad de que le gustara Otabek, su amigo.
No quería pensar que podía haberse vuelto gay por culpa de su estupidez.
Eso…eso era algo impensable.
No podía ser.
Él no era así. Él era normal, a él le gustaban las mujeres desde siempre, no podía estarle gustando otro hombre…Hombre que además era su único amigo. No podía hacerle eso a Otabek.
No podía.
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Cuando llegó a casa saludó de forma rápida a su abuelo, el cual se sorprendió de verlo tan temprano, pero haciendo caso omiso a sus preguntas Yuri subió a su cuarto con la excusa de que tenía tarea y así se encerró sin decir nada más. Tiró su mochila con todo su contenido al suelo y luego se sentó en su cama con la respiración y el corazón agitados. Había tenido un largo trayecto de regreso a casa o esa había sido su sensación por tantas cosas que pasaban en su mente.
Seguía muy asustado por lo descubierto que no tenía muy en claro que hacer. Pensó en el momento que conoció a Otabek y en todos los momentos compartidos, aquel beso accidental en el sofá de la casa, aquellos abrazos que hacían latir fuertemente su corazón y ese beso de despedida que lo ponía nervioso y la vez le daba un cierto vacío en su corazón por la soledad que sentía.
Soltando un gruñido de frustración se llevó las manos a la cara para terminar acostado en la cama. No podía creer nada de lo que pasaba… no podía aceptar nada de eso.
¿Por qué tenía que estar pasando todo esto? Estaba tan confundido que ya ni sabía en qué pensar.
—¿Qué mierda me está pasando…?— susurró desesperado por no encontrara ninguna salida a sus problemas confusos— Esto no puede ser… debo estar realmente confundido con todo… o, no me puede estar gustando de esa forma Otabek, no puede ser…
Permaneció en silencio por muchos minutos tratando de calmarse para así poder pensar con la cabeza fría, sin embargo el sonido de su móvil no lo dejó.
Tomando el aparato cio con el corazón en sus oídos una llamada de Otabek.
Se sentó de inmediato entrando completamente en pánico, no quería responder ya que sabía que terminaría diciendo algo que no debía; por eso solamente tiró su móvil al suelo y luego se recostó nuevamente en la cama abrazando su almohada. Tenía el cuerpo tembloroso y una gran soledad se apoderaba de su corazón junto a una gran desazón que le impedía respirar bien.
Escuchando todavía el sonido de su móvil, Yuri cerró los ojos deseando que todo lo que sintiera fuera simplemente una pesadilla. No quería aceptar absolutamente nada de aquellas totas ideas formadas por ver a Leo y su novio besarse.
Justo ahora no deseaba saber nada de Otabek.
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Este capítulo lo tenía perdido. Cielos, agradezco a todas las que me ayudaron a recuperarlo, ya sea mandándome capturas o partes de él; estoy muy agradecida y feliz. Y sobre todo muchas gracias a Ivanna Lange que trascribió el capítulo de wattpad y me lo envió, eres un sol. Te lo agradeceré siempre.
