Hola a todos!
Les traigo un nuevo capitulo. Espero que les guste. Mmm puede que este avanzando un poco lento pero bueno...es necesario para la historia jaja
Que lo disfruten!
PRESUROSO
Mi petición ni siquiera había sido revisada por el consejo estudiantil, de hecho, según Ayame seguía en la lista de espera. Eso solo implicaba una cosa: Sesshomaru se enteró de mi petición y se presentó ante mí para devolverme mi tesis, respetando mi decisión con madurez.
Me hundí en el asiento.
Si acaso no le hubiese detenido tantas veces en el salón de clases, todo hubiera quedado ahí; él se hubiera ido y sencillamente no habría ocurrido nada.
Él acepta mi decisión de escapar puerilmente y yo voy y lo detengo con cualquier pretexto.
Me sostuve la frente con una mano resistiendo las ganas de llorar que quemaban en mis ojos. Ni siquiera estaba segura de por qué me sentía así.
Me perdí en la transparencia del agua que bebía, deseando retroceder en el tiempo y aceptar de buena gana que Sesshomaru Taisho salía de mi vida, se apartaba del último rincón de mi existencia donde todavía podría aparecer. No, quería retroceder mucho antes.
-Rin.
Di un saltito sobre la silla alzando los ojos. Kohaku acababa de ocupar el asiento del otro lado de la mesa circular, me miraba atentamente con sus inexpresivos ojos negros. De pronto no pude verlo a la cara, así que me escondí fingiendo peinarme el cabello detrás de la oreja.
-¿Estás bien?—inquirió frunciendo el ceño. De inmediato me pasé el dorso de la mano por mis ojos, limpiando las escasas lágrimas que alcanzaron a salir.
-Si—carraspee—Solo estoy algo sentimental con lo de la boda—no era del todo mentira.
-Tu madre—concluyó, como si nada.
-Sí—asentí de prisa, dándole la razón para que el tema siguiera de largo-Desde el accidente de papá está algo nerviosa, ya sabes.
Kohaku no dijo nada más al respecto, tomó la carta dispuesta frente a su sitio y la miró. Me enfoqué en hacer lo propio, ignorando a los comensales a nuestro alrededor, el cuarteto de cuerdas de fondo y el ambiente sofisticado del restaurante. De pronto me pareció que todos ahí me miraban con reprobación, enterados de lo que había hecho.
-¿Llegaste hace mucho?—habló él.
-No, no tanto.
-Lamento la tardanza—agregó releyendo la misma página.
-Descuida, supuse que se te atravesó algo—me encogí de hombros.
-Así fue—repuso y aunque quise preguntarle que era me descubrí satisfecha con la respuesta.
Cuando el mesero llegó por nuestra orden me acordé que ni siquiera había elegido un platillo, le pedí lo primero que vi en el menú y cuando iba a hacer lo mismo con la bebida, Kohaku intervino para pedir un Merlot.
-Wow—traté de hacer una broma pero sospecho que me salió bastante mal—Así que el emoji iba en serio.
Su gesto neutral se encogió de hombros.
-Tengo algo que decirte.
Por favor dime que dudas de la boda. Me recriminé mentalmente y en seguida me asaltó la cuchilla de la culpabilidad.
Me encogí de hombros con la mejor mueca de entusiasmo que me salió.
-Pero primero quiero saber qué era lo que tramaban tus amigas.
Me tensé ante sus primeras palabras pero luego comencé a darme el lujo de relajarme.
-Organizaron un festejo más—hice un movimiento displicente con la mano. Él frunció el entrecejo.
-¿Además de la despedida de soltera?
-Un viaje—di un sorbo al vaso de agua. Kohaku permanecía con los orbes fijos en mí. Comencé a ponerme todavía más nerviosa, creí que debía disculparme—Ya estaba todo preparado cuando me lo dijeron—tomé una bocanada de aire—Solo es un fin de semana.
-¿Cuándo?
-El siguiente—respondí de inmediato. Quise agregar algo como "este es todo nuestro", pero me abstuve.
Kohaku permaneció en silencio mientras el mesero volvía con la botella de vino y no apartó sus escrutadores ojos oscuros de mí mientras lo servían. Tuve urgencia por beberme de sopetón el contenido líquido.
Una vez que el camarero se fue volví a sentirme atrapada. Acaricié el tallo de la copa con los dedos, sujetándola de una vez con intenciones de vaciarme el contenido en la garganta, quizás así se me fuera el nudo en la garganta.
Su mano me detuvo a medio camino. Sentí el temblor de pánico recorrerme de pies a cabeza frente a su gesto impasible.
-¿No vas a preguntar qué es lo que tengo que decirte?—parecía hasta ofendido. Bajé la copa avergonzada y asentí.
-Lo siento, creo que se me pasó—musité.
Sus dedos abandonaron mi dorso, arrancando mis dedos de la copa y entrelazándolos con los suyos. Sostuvo mi mano contra la mesa mientras se inclinaba al frente.
-Quiero adelantar la boda.
Cada palabra tuvo un significado distinto, tardé tanto en comprender el contenido de ellas juntas y luego, con una profunda oleada de confusión me limité a mirarlo.
-¿Qué ocurre?—entornó los ojos levemente, acariciando mi mano con su pulgar.
-No sé qué decir—mentí, sin aliento. La verdad tenía una pregunta atascada en la garganta.
-Solo di que sí—esbozó media sonrisa. Apreté los párpados y luego suspiré, aventurándome a mirarlo.
-¿Por qué?
-Nos vamos a casar en dos meses, no veo nada de increíble adelantarlo unas semanas.
Su lógica sonaba bastante convincente y de hecho antes hubiese saltado a sus brazos hasta que me llamara "molesta". Es más, lo hubiese arrastrado en ese instante hasta un juez del registro civil.
-¿Semanas?—torcí los labios. Él apretó mi mano suavemente con comprensión.
-Solo unas cuantas.
Antes de volver sus palabras en pregunta y ganarme que me mirara como si fuera torpe, Kohaku soltó un suspiro llevándose mi mano a los labios.
Cuando la besó me asaltó la impotencia de sentirme como una rata de alcantarilla.
-Es que…no sé—admití encontrando la evasiva perfecta—Ya están las invitaciones, la reservación para la recepción y la iglesia…-obligué a mi mente a trabajar rápido, repasando todas las pláticas con Aome al respecto—El banquete…faltan muchas cosas.
Kohaku seguía mirándome con mi mano sobre los labios. Seguí parloteando.
-No podemos cambiar la fecha, sería un grosería para los invitados y yo aún no tengo ni el…el…vestido—murmuré con voz apagada. De pronto el calor invadió mi entrepierna al imaginarme a Sesshomaru besándome contra la pared del aula.
Fusionado con mi cuerpo.
Quise llorar otra vez.
-Todo eso lo tendrás—resopló fastidiado con mis interminables balbuceos—Solamente que después.
Lo miré fijamente por un rato oyendo los latidos de mi sangre detrás de la oreja, me mordí el interior del labio mientras des entrelazaba nuestros dedos para acariciarle el rostro.
Kohaku se dejó hacer pero no cambió el gesto indiferente.
-Hay que hacer esto bien—hablé con un nudo tremendo en la garganta. Me sentía tan baja al estar recurriendo a ese tipo de manipulación.
-Ya tenemos una fecha y no sería igual de…mágico—luché para hallar la palabra—si me mudo contigo antes.
-Eso es lo que quieres.
Asentí sonriéndole. Kohaku pareció pensarlo mientras sorbía de su copa.
-De acuerdo, no te mudes conmigo sino hasta después de esa fiesta—retorció la última palabra, demostrándome de nuevo lo poco dado que era a ese tipo de aglomeraciones—Tendremos la recepción y todos los festejos que quieras, con o sin mí—apuntó y supe que se refería a la despedida de soltera y al improvisado viaje playero— ¿Puedes darme tú a mí el que te cases conmigo antes de la fecha?
Perdí el aliento ante su mirada interrogante, luché por controlar el temblor que me sacudió y solo atiné a sonreírle.
Gemí contra la almohada bañándola en lágrimas, me hice un ovillo sobre mi cama, gimoteando sin pausa ni para respirar.
Me había cansado de golpear el colchón hacía rato así que ahora solamente lloraba. La garganta me dolía a estas alturas y desconocía hacía cuanto tiempo pasó desde que comenzaron los sollozos; sabía que Kohaku me había dejado en la puerta del departamento cuando le pedí que si ya nos íbamos a casar antes al menos me permitiera mantenerme sin su cuerpo en la cama hasta la fecha. Cerré la puerta y caminé autómata hasta el dormitorio. De ahí, hasta ahora…solo había llanto.
Me sentía tan mal con la traición y peor con mis dudas, con el deseo que Sesshomaru despertaba en mí todavía…con mi vida desordenada.
Tantee el móvil para mirar la hora, pasaban de la una de la mañana. Busqué entre los contactos pero nadie parecía adecuado para escucharme o con los conocimientos suficientes como para entender la situación
Si ni siquiera yo la comprendía.
Miré el techo durante un momento, luego me puse de pie, impulsiva, lo sé, corrí hasta el comedor, sacando la maldita llave desde su escondite debajo del florero. Crucé el salón y la puerta, seguí por el pasillo hasta las escaleras con intención de bajarlas. Me frené antes de tocar el primer escalón.
Sesshomaru alzó los ojos desde el pie de las escaleras, un gesto de genuina sorpresa cruzó sus facciones, parecía estar a punto se subir. Retrocedí un paso percatándome que a pesar del verano, el ambiente estaba fresco.
Apreté los labios y el cuerpo entero se me tensó, bajé la mirada avergonzada al acordarme que me había salido en pijama veraniego, que no era más que unos shorts cortos y una camiseta vieja. Sentí su mirada escrutadora pasearse por mi cuerpo.
Él iba vestido igual que esta mañana, solo que menos pulcro.
Subió los escalones uno a uno sin dejar de mirarme, me estremecí cuando se detuvo un peldaño debajo de mí. Acercó la mano hasta la mía, quitándome la llave lentamente y luego, guardándosela en el bolsillo.
Olía a licor.
Me avergoncé de que me mirarse en ese estado tan patético, con el maquillaje corrido y los ojos hinchados; me abracé cuando perdí el dominio de la llave que abre su piso.
En silencio comenzó a darse la vuelta para irse, sus ojos se cruzaron con mis pies e hizo una mueca.
Estaba descalza.
Inhaló hondo regresando sobre sus pasos, mantuve la mirada al frente cuando se detuvo a mi lado; en silencio y sin mediar permiso, Sesshomaru pasó un brazo por debajo de las corvas de mis rodillas y el otro por mi espalda.
En un segundo perdí el suelo. Me llevó en brazos de vuelta por el corredor; ninguno dijo nada, me limité a recostarme contra su fuerte pecho, aspirando su aroma natural a cítricos combinado con el hedor del alcohol.
Había estado bebiendo.
No noté que estábamos dentro del departamento sino hasta que me depositó sobre mi cama. De inmediato se dio vuelta.
-¿Me odias?—pregunté porque cualquier otro cuestionamiento estaba fuera de lugar.
Mi voz se oyó pastosa.
Apoyó las manos en el marco de la puerta enmarcando los músculos de su espalda.
-Y no me digas que madure—me apresuré a agregar. A saber de dónde estaba sacando el valor.
Bufó con sorna.
-Nunca te pedí que eligieras—dijo, altivo—No hay punto de comparación y sencillamente no quiero que lo hagas.
Me hundí en mi lugar, sumergida por el peso de sus palabras.
-Entonces me odias—dije, quedito.
No lo sentí cuando se dio la vuelta, me cogió de un brazo levantándome el torso de la cama. El cabello me bañó la cara.
-Todo lo que dije antes es verdad—me apretó tanto que comencé a sentir dolor. Los labios me temblaron, no quería acordarme de sus hirientes palabras.
-Sesshomaru…-gemí tratando de sacar el brazo de su garra. Dolía.
-Si no quieres que te digan que madures, hazlo.
Me sostuvo ahora también por el otro, levantándome por los hombros, ejerció presión y sus ojos volaron de inmediato hacia mis pechos apretados que resaltaban en la camiseta.
Sus labios se oprimieron, supe que me deseaba.
-Sesshomaru…-me quejé ahora que sus grandes manos se enterraban a mi piel.
Sus músculos se tensaron, zangoloteándome una vez, de ahí me soltó contra la cama. Reboté pero de pronto no me sentía asustada.
Se hincó en el borde de la cama, sacándose la camisa de golpe. Sentí una pasional urgencia mezclada con culpa-que se llevaba mi dignidad al infierno-cuando su fuerte torso se mostró ante mí en medio de la oscuridad de la habitación.
Reconocí los pectorales firmes, los relieves de sus abdominales, las hendiduras a los costados de su vientre y la fina línea de vello oscuro que conducía a su hombría. Alcé el mentón apoyándome sobre los codos, mandando al diablo mi honra, a sabiendas de la culpa, el arrepentimiento que vendría…y sobre todo, de la humillación a la que estaba sometiéndome bajo sus altivos ojos.
Se deslizó por la cama, en medio de mis piernas. Aspiré hondo su aliento, sintiendo la humedad irse acumulando en mi entrepierna.
La camiseta me apretó a la altura del busto, apuntando en su dirección; percibí su delicioso aroma inundarme. Su pecho estaba por apoyarse contra el mío, y moría por tenerlo entre mis piernas…
-Una última vez…-sujetó mi cuello, acercando sus labios sin llegar a besarme. Fui consciente de que temblaba de pies a cabeza y que las lágrimas amenazaban con salir pero como siempre, al tratarse de Sesshomaru, el deseo me sobrepasó.
Lo oí gruñir, apretó la mandíbula.
—Puedes llamarme Kohaku si te apetece.
No procesé la orden de mi cerebro a la mano, simplemente se levantó para abofetearlo. Era la primera vez que lo hacía. El sonido fue sordo a comparación de mis gimoteos o sus bufidos excitados.
La palma me ardió. Su mano abandonó mi garganta y yo atraje la mía de vuelta.
-Lo que faltaba era llegar a este punto—espetó con voz siniestra. Estaba furioso.
Sus ojos claros me miraron en medio de las sombras y se puso de pie, recogiendo su camisa. Salió mientras se la vestía.
Permanecí en el mismo lugar, reteniendo el aire hasta que oí el portazo.
Quise gritar tan fuerte hasta quedarme sin voz.
-¡Rin! ¿Qué diablos te pasó?—preguntó Aome en cuanto me miró.
No le respondí, me limité a ladear el cuerpo para dejarle el paso libre al departamento. Era la última en llegar pese a que fue la primera que llamé, supuse que por eso Hojo estaba a punto de explotar. Eso y que apenas llegó, fastidiado por haberle arruinado su horario del día, me mirara con los ojos tan furiosos e hinchados. Sospeché que mi primo se planteó hacerle una visita a Sesshomaru.
Mizuki había sido más sutil, ella solamente me miró con genuina preocupación, la misma que me dedicó en la fiesta de compromiso cuando dudé en responder su horrenda pregunta.
Ayame tomó la mano de la morena para conducirla al sofá. Cuando me senté frente a los cinco presentes, sus ojos me miraban tan atentos que me sentí intimidada.
-Necesito algo—exclamé juntando coraje. No había mandado a llamar a Shippo porque él terminaría por darse cuenta de mis verdaderos sentimientos, siempre los sabía aun cuando era un inepto para los suyos.
-¿Estás bien?
Aspiré hondo de nuevo pasando la mirada por todos ahí, hubiera sido más sencillo y menos vergonzoso hacerlo por teléfono, sin embargo, en persona parecía que las cosas tomaban un rumbo serio. Sin marcha atrás.
Además era MI boda, ya era tiempo de tomar las riendas.
-Ayame—la interpelada abrió grandes sus ojos jade-¿Crees que podrías poner hasta arriba mi petición de cambio de asesor y jurado?—pregunté y antes de que pudiera responder, seguí—Necesito hacer el examen profesional cuanto antes para poder iniciar el internado al mismo tiempo que el matrimonio.
Soné bastante convincente hasta para decir la palabra "matrimonio". Mi amiga abultó el labio inferior pero terminó aceptando.
-Veré que puedo hacer.
Suspire con firmeza, volviendo ahora la mirada hacia el siguiente.
-Jakotsu.
El interpelado me miró con sus enormes ojos, de un café más oscuro que los de Hojo y con el cabello sujeto en una coleta. No era como si fuéramos los mejores amigos pero fue arrastrado por Hojo y prácticamente haría todo lo que le pidiera él.
-¿Crees que puedas hacer que publiquen mi anuncio de venta de este departamento en todos los periódicos de la ciudad?
El muchacho torció los labios con desdén.
-De poder…
-Gracias—lo interrumpí.
-Oye, no estoy diciendo que sí, uhn—ladeó la sonrisa vanidosa. Bueno, estaba preparada para esa respuesta.
-También iba a pedirte que te encargaras de las estatuillas de decoración en la recepción. Incluso puedes decirles a todos que tú las hiciste.
Hojo afiló la mirada pero logré ignorarlo. Su amigo pelinegro encendió el gesto con entusiasmo.
-Considera tu anuncio en los periódicos, uhn.
-Ri…Rin—intervino Mizuki-¿Kohaku está de acuerdo?
Jakotsu le lanzó una mirada ácida.
-Ayer dijo que tendría lo que quisiera—me encogí de hombros orgullosa de las expresiones de felicidad de mis amigas.
-Mizuki—la interpelada pegó un salto—Convence a Shippo de hacerle una fiesta de soltero a Kohaku.
Ella se puso colorada.
-¿Eh?—jugó con sus dedos.
-Un regalo indirecto de mi parte—asentí volviéndome a Aome- tienes que ayudarme a elegir un vestido—suspiré. Sus ojos marrones se iluminaron al instante.
-Ya era hora, Rin.
Hojo chasqueó la lengua mientras se ponía de pie. Aspiré hondo ignorando la palabrería de Aome sobre los modelos que había estado mirando.
Si estaba a punto de casarme era momento de dejar de jugar a la inmadurez, de tomar las riendas de eso y sobre todo, dejar atrás a mi equivocación más grande.
Sesshomaru Taisho.
Bueno, este capitulo estuvo cortito jaja Como siempre sus comentarios son bienvenidos :3
