Veinte

—Por Merlín, no—se quejó Ron—. ¿Cómo ha podido pasar?

—Ha estado aquí antes, seguro que de niño. Con eso ya basta—habló Sirius claramente disgustado—. Además, compartimos sangre. Esta casa no es ningún secreto para los Malfoy.

—¿Qué vamos a hacer con él? —preguntó Erin, haciendo que todos se giraran a mirarla—. No le podemos dejar aquí.

—Ni tampoco lo vamos a llevar con nosotros, de ninguna manera—dijo Ron.

Erin no le veía otra opción. Se quedaron en silencio y Sirius resopló, como si supiera lo que estaba pensando.

—Pero está herido—repuso ella—, si hasta está inconsciente. ¿Harry?

El chico apenas levantó la mirada, aunque tenía el ceño fruncido y los labios apretados.

—Nos va a fastidiar todos los planes—murmuró.

—Estamos hablando de Malfoy —dijo Hermione—nos lleva haciendo la vida imposible durante años. Pero tampoco podemos dejarlo aquí tirado. ¿Y si vuelve en sí y trae a más gente con él?

—Hermione, ese imbécil te ha llamado sangre-ni siquiera lo voy a decir—intervino Harry—¿cuántas veces? No le debemos ningún favor.

—¿Y vamos a dejar que se desangre? —le respondió ella.

La tensión se palpaba en el ambiente. Harry y Ron no iban a dar su brazo a torcer y la única que parecía más dispuesta a ayudarle era Erin. Solo podía esperar que Sirius se pusiera de su parte.

—¿Tú qué opinas? —le preguntó Erin.

—Opino que te respeto muchísimo Erin, ya lo sabes, pero es una idea nefasta.

—Oh, por favor.

—Lleva la marca en su antebrazo. No nos va a dar más que problemas.

—Está tirado en el suelo de tu salón, Sirius, ya no va a dejar de ser tu problema—dijo haciendo énfasis.

Harry, Ron y Hermione se habían quedado callados, observándoles a los dos y dirigiéndose miradas de soslayo. Sirius se apretó el puente de la nariz.

—Creo que tienes razón, como siempre—admitió bajando los brazos—. No se puede discutir contigo. Harry, tú tienes la última palabra.

—No me hace ni pizca de gracia. Tampoco se me ocurre otra solución mejor.

—Pues estupendo, nos llevamos a un mortífago a nuestra lucha contra su calaña—refunfuñó Ron.

—A mí me gusta tan poco como a ti, Ron—le contestó Erin.

Entre Sirius y Harry alzaron a Draco hasta tumbarlo en el sofá. Verían lo qué podían hacer y sino, tendrían que irse con él en aquel estado, aunque las consecuencias pudieran ser horribles. Hermione fue a la cocina a hacerse cargo de una poción para ver si volvía en sí y Erin y Sirius se encargaron de curarle las heridas que tuviera abiertas. Mientras tanto, Ron y Harry empezaron a organizar las cosas. Si conseguían despertarlo como mucho en las próximas horas, entonces se marcharían lo más rápido posible.

Aparte de un corte en el brazo y otro en la barriga, Draco no presentaba más que rasguños. Sin embargo, cuando Erin se dispuso a inspeccionarle el tronco para ver si quedaba algo más que curarle, se quedó espantada.

—Mira esto—le dijo a Sirius—. Está lleno de moretones.

Tenía bastantes en el pecho y la barriga y casi le dio miedo imaginarse que más escondía.

—¿Qué crees que le ha pasado?

—Alguien no está contento con él, eso seguro—respondió Sirius.

Erin se puso de pie, no podía hacer mucho más hasta que la poción estuviera lista. Sirius le imitó y ambos subieron las escaleras para prepararse.

—¿No te da ni un poco de pena?

Sirius se encogió de hombros, sin detenerse.

—No me gustaría ser él, la verdad. Sé lo que es estar en su posición, así que puedo entenderlo. Pero yo también estuve ahí una vez y no se me pasó ni una vez por la cabeza ceder.

—No todo el mundo reacciona igual, Sirius—repuso Erin—. Es un crío y sé que no es excusa, a mí tampoco se me ocurriría. Antes preferiría cualquier cosa.

—Solo quiero saber cómo ha llegado hasta aquí, después ya nos plantearemos qué hacer—Sirius se paró un momento—. Y Erin, no todo el mundo tiene tu corazón, ni tampoco se merece tu bondad.

Le acarició la mejilla y Erin posó su mano en la suya.

—Ya lo sé, no le estoy defendiendo, ni siquiera le conozco. Solo quiero darle el beneficio de la duda, porque los demás no lo harán. Y me temo que tú tampoco.

En realidad, era la única de los cinco que no tenía razones para negarse a ayudarle.

—No soy muy imparcial, no—luego Sirius bajó la voz—. Siento que la noche haya acabado así.

—Ni que hubiera estado tan mal—le dijo Erin con una pequeña sonrisa—. No pasa nada, ya encontraremos el momento para una cita, ¿no?

—Aproximadamente dentro de unos veinte años, cuando la vida se haya cansado de darnos disgustos—bromeó Sirius.

—¿No decías que teníamos todo el tiempo del mundo?

—Ya—Sirius exhaló—, me retracto.

En cualquier momento aparecerían Ron y Harry o Hermione terminaría, así cada uno se fue por su camino. Erin ya había terminado antes y solo tuvo que cambiarse de ropa. La poción de Hermione era efectiva de verdad, porque a los pocos minutos de habérsela tomado, Draco comenzó a abrir los ojos. Todos se habían reunido en el salón, impacientes porque diera resultado. El chico se incorporó un poco sin ser consciente aún de dónde estaba, parpadeando con pesadez. Cuando abrió los ojos del todo y se encontró con Harry frente a él fue como si le hubieran tirado un jarrón de agua fría por encima.

—Potter—se intentó levantar y se llevó la mano al estómago soltando un quejido—. ¿Qué es esto?

—Dínoslo tú—le contestó. Luego le enseñó su varita, que le habían confiscado antes—. Y no te molestes en hacer ninguna tontería.

—¿Cómo has llegado hasta aquí? —preguntó Sirius.

Los ojos de Draco pasaron de Harry a Ron y Hermione, dándose cuenta de lo rodeado que estaba. A Erin le dio la impresión de que únicamente cuando llegó a Sirius, se puso serio de verdad.

—Estaba en mi casa—contestó a regañadientes—. Aunque ya no se puede decir ni eso, el Señor Tenebroso la tiene ocupada.

—Una pena, sin duda—apuntó Sirius con sorna—. ¿Sabías que Harry estaba aquí? ¿Acaso venías a por él?

—No—contestó apartando la mirada.

Draco se calló y apretó la mandíbula.

—Solo quería marcharme—contestó bajando la voz, aunque la rabia seguía latente en ella.

—¿Por qué? —le apremió Hermione.

Para Erin, estaba bastante claro solo había que ver en qué estado estaba.

—Porque si seguía allí un segundo más me acabarían matando—le dio la impresión de que se le cortaba la voz—. A mi madre se le ocurrió que viniera aquí, pero no sabía que la casa estuviera ocupada.

Cuando terminó de hablar, Erin le dirigió una mirada a Sirius, que a su vez se giró para ver qué opinaba Harry.

—Vamos a hablar—les dijo Sirius a todos—. Y tú ni te muevas, te vamos a ver desde la cocina.

La advertencia fue suficiente para que Draco se quedara allí con el gesto contrariado.

—Siento decirlo, pero su historia me pega para él —habló Ron—, siempre ha sido un cobarde.

—Opino lo mismo —intervino Hermione—. Además, está herido de verdad.

—Tenemos que llevárnoslo con nosotros, ¿verdad? —suspiró Harry.

—Eso parece—murmuró Sirius poniéndole una mano en el hombro —. Si esta casa ya no era segura, ahora mucho menos.

No había nada más que pudieran hacer. Erin fue la primera en volver al salón, sintiéndose igual de dividida que los demás. No quería tener nada que ver con Draco Malfoy, y, sin embargo, tampoco podía permitir que trastocara sus planes. Como iban a usar un traslador a donde quisiera que Hermione hubiera pensado, era mucho más seguro para todos que Aparecerse.

—Hemos decidido que te vienes con nosotros —le comunicó ella.

El chico frunció el ceño.

—¿Y tú quién narices eres? —le preguntó mirándola de arriba abajo con desprecio.

—La única persona que ha apostado por defenderte, idiota —intervino Sirius—. Vamos a recoger todo esto y nos iremos en cuanto salga el sol.

Erin negó con la cabeza y miró a Draco antes de marcharse.

—Me llamo Erin.

Y voy a ser el menor de tus problemas, pensó.


—Este sitio me suena—comentó Ron.

—Son los bosques de la Copa del Mundo de Quidditch—explicó Hermione.

Habían dado con una zona rodeada de árboles hasta donde la vista le alcanzaba y por suerte, todos estaban de una pieza. Era un buen lugar para ocultarse, porque no se oía ni se veía nada en las proximidades. Todos llevaban algún bulto aparte de las tiendas que habían conseguido gracias al padre de Ron, todos excepto Draco, que seguía teniendo la misma mueca en la cara. Ahora ya tenían algo en común, ni él quería estar allí, ni ellos que estuviera.

—¿Quién va a dormir con quién? —preguntó Harry mientras montaban las tiendas.

O lo que Erin entendió, ¿quién se va a quedar con Draco? Eran seis, así que se dividirían de tres en tres.

—Tú con Draco seguro que no—opinó Sirius.

—Estoy aquí—se quejó el aludido.

—A nadie le importa tu opinión, Malfoy—le espetó Ron—. Yo no pienso cuidarle y darle sopitas.

Hermione estaba muy callada, sin parecer dispuesta a pelear con nadie, igual que Erin. Sin comerlo ni beberlo, acabaría siendo ella quien tuviera que ceder, ya lo estaba viendo venir.

—¿Tengo que hacerlo yo todo? —Erin se cruzó de brazos—. Soy Hufflepuff, no una hermana de la caridad.

Sirius se paró por un momento.

—Yo me ofrezco, entonces. Harry, Ron y Hermione en la otra tienda.

No fue ninguna sorpresa, como si hubieran querido otra cosa. Draco no tuvo oportunidad de decir ni media palabra más y se pasaron toda la mañana montando las tiendas y asegurando la zona. Quizás aquel lugar solo fuera temporal, pero tenían que estar a salvo. Se pusieron de acuerdo en que guardarían el guardapelo lejos de Draco, al menos por aquella semana. Harry se había ofrecido a llevarlo encima. Cuanto menos supiera sobre su existencia, mejor para todos. Al final del día, y a regañadientes, accedieron a cenar todos juntos en la tienda de Harry. Habría sido una noche más para los cinco, si no fuera por Draco, que hacía que el ambiente estuviera enrarecido. A Erin le daba cierta lastima ver su rostro maltratado, porque le hacía recordar lo que había visto antes.

—Se me ha ocurrido algo—anunció Harry. Hermione le miró de reojo, como si temiera lo que fuera a decir delante de su inesperada adicción—. Si Malfoy se va a quedar con nosotros, debería aportar algo.

—¿Cómo qué? —preguntó Erin.

—Como información. Tenemos que aprovecharnos de lo que sepas—dijo mirándole—. ¿Tienes algo en contra?

Erin se intuía lo que Harry quería, demostrar que no iba a delatarles.

—No—contestó de inmediato—. Pero quiero mi varita.

—De eso nada—dijo Sirius—, para que te vayas corriendo a traicionarnos. Lo hablaremos más adelante.

El asunto se zanjó al momento y siguieron la cena en silencio. Erin se marchó primero a la tienda antes de que Draco y Sirius volvieran, para al menos tener un momento sola. Le habían tenido que dejar algo de ropa a Draco para que se cambiara y cuando llegaron Erin ya estaba envuelta en sus mantas dispuesta a dormirse. Sin embargo, Sirius aún parecía tener ganas de interrogarle. ¿Cuánto le iba a durar el enfado?

—¿Te importa que te pregunte algo? —le dijo él a Draco.

Erin se sentó en su propia cama, si se le podía llamar así, preparándose para la conversación.

—¿Quién te atacó? —Draco se le quedó mirando desde su esquina, con la misma cara de pocos amigos—. Es una pregunta sencilla.

—Sirius, por dios—dijo Erin suspirando—. Basta ya. Quiero dormir en paz.

Estaba más tranquila de que él estuviera también allí, porque conociéndolo, se pasaría la noche vigilando a Malfoy y sin pegar ojo. Sirius se acercó a ella y le habló en voz baja.

—Erin, es necesario. Y tú eres demasiado…

—Como digas blanda-.

—No iba a decir eso—le interrumpió—. Benevolente.

—No estoy jugando a ser su amiga, Sirius—le aclaró—. Ponte en su piel, a veces también funciona.

Sirius asintió, pensativo. Cuando se volvió a dirigir a Draco, su voz sonaba más relajada.

—Nadie te va a hacer daño, ¿vale? Nosotros no somos así.

Ella esbozó una sonrisa, sintiendo que le había hecho caso. Si se imaginaba por lo que estaría pasando ahora, vería lo similares que eran los dos de alguna manera.

—Mi querida tía Bella—contestó Draco por fin.

Erin alzó las cejas y miró a Sirius como si intentara decirle, ¿ves? No podía decir que le sorprendiera la respuesta, pero sí que Sirius le siguiera hablando.

—No eres el único—admitió con una pizca de compresión en su voz—. Hace poco que me intentó matar, ya ni siquiera sé si fue por cuarta o quinta vez. No van a parar hasta dar contigo, lo sabes, ¿no?

Draco asintió con la cabeza.

—No voy a volver a estar de su lado.

—Pues más te vale que lo demuestres.


¡Sorpresa! Tal vez alguno lo vierais venir, pero sí, Draco es la nueva incorporación. Gracias a todos por leerme y por seguir esta historia. Hasta la próxima actualización.