CAPITULO 19

El sol salía y el nuevo día comenzaba. Afuera los pájaros cantaban sincronizando su melodía con los ruidos de la naturaleza, era tan apacible estar ahí que confirmaba que habían tomado una buena decisión al haberse confinado en aquella casa a las afueras de la ruidosa ciudad, en este caso caótica por la situación por la que pasaba su país.

-Terry…? -se despertó exaltada al no haberlo sentido junto a ella.

-Aquí estoy cariño. – dijo saliendo del baño.

-Otra vez te sientes mal?

-Sí, es increíble que sea yo quien sufra estos malestares.

-Recuerda que el doctor nos dijo que suele pasar, además ahora que estamos compartiendo el embarazo, sabes cómo se siente llevar a tu hijo. – dijo sonriéndole a su esposo.

-No puedo creer que ustedes tengan que pasar por todo esto.

-Algunos hombres también comparten el embarazo con sus esposas. No es algo maravilloso?

-Bueno… creo que sí, hasta cierto punto. – dijo desviando la mirada - Qué quieres para desayunar, Pecosa?

-Pues se me antojan waffles.

-Pues waffles serán. Todo lo que mi hermosa esposa y mi bebé deseen, lo tendrán. – se acercó a ella dejando un beso en su frente y otro en su casi abultado vientre.

Hace dos meses que se habían mudado a la casa de campo de Eleonor, Candy estaba en su tercer mes de gestación. Cuando Terry le propuso la idea de irse al campo se emocionó mucho, pues lo que más deseaba era respirar aire fresco y subirse a un árbol, cosa que desde ese momento le había prohibido su esposo.

Flashback

-Pecosa, qué te parece la idea de ir a la casa de campo de Eleonor? Ahí estarás más tranquila, recuerda lo que dijo el médico.

-Al campo? Me parece magnífico! Oh Terry si quiero ir, quiero sentir el aire fresco en mi rostro sentada en un árbol y…

-Espera, mi amor. – la interrumpió – desde ahora te digo que está prohibido que trepes a un árbol, no puedes correr el riesgo de caer y lastimarte.

-Cariño, eso no pasará, sabes que soy una experta trepando árboles y… está bien prometo que no treparé a ningún árbol durante mi embarazo. – le prometió cuando vio el ceño fruncido de Terry.

-Eso espero Tarzán pecosa.

-Cumpliré mi promesa Terry, no seas tan desconfiado. Ya quiero contarle a Albert que será abuelo. – dijo riendo de llamar así a Albert siendo éste muy joven.

-Podrás hacerlo mañana, por hoy descansa, de acuerdo?

-De acuerdo. – se acomodó en la cama haciéndole un lugar a su esposo, quien gustoso se acomodó junto a ella abrazándola y poder descansar juntos.

Al día siguiente Candy había comunicado a su familia sobre su embarazo. Albert se había puesto eufórico con la noticia y ni que decir de la tía abuela, quien se había puesto feliz con la idea de tener a un pequeño corriendo por la casa, felicitó a la pareja por tan agradable noticia.

Tres días después se despidieron de Eleonor y Richard prometiéndoles que se comunicarían con ellos como lo estaban haciendo hasta ese momento.

Desde que Terry se enteró del embarazo de su esposa la consentía en todo, por suerte Candy no era del tipo de mujer que se aproveche de esa situación, le gustaba estar activa y ayudaba a su esposo en todo lo que él le permitía. Al segundo mes de gestación Terry comenzó a sentir algunos malestares, éstos se daban cada mañana, y cuando el doctor les informó que a él le había tocado sufrir las náuseas que generalmente tienen las mujeres en gestación de alguna manera se sintió más unido a su bebé.

Fin de flashback

La pareja se la pasaba de maravilla, para Terry se le había hecho costumbre hablarle a su bebé, a veces le leía algo antes de dormir, incluso se había encargado de atender a Candy él solo, no tenía servicio en su casa pues no iba a arriesgar a su esposa y bebé a que por un descuido se contagiaran.

-Ya no puedo esperar a tenerte junto a nosotros. – Terry estaba cerca al vientre de Candy hablándole a su bebé. – Candy?

-Mmm?

-Crees que me escuche?

-Claro que sí, a veces siento como se mueve cuando le hablas.

-En serio? Es cierto eso bebé? – cuestionó al vientre en ese momento sintió una patadita- sentiste eso Pecosa!?

-Jajajaja… sí, creo que fue una muy fuerte, al parecer te está respondiendo.

-Vamos, puedes dar una más para papá? Pero no seas tan efusivo porque lastimas a mamá. – le tocaba el vientre a su esposa para sentir la patadita.

-Cariño, no te preocupes no me lastima, así que nuestro bebé puede demostrar con toda libertad que nos escucha. – sintió una patadita más. – oh! Terry pudiste sentirlo?

-Sí!... sabes Pecosa, creo que el bebé se parece a ti mi amor, le gusta complacernos en todo. – dijo dándole un beso al vientre y otro a su esposa.

Candy había cumplido su promesa de no trepar árboles durante su embarazo, pero cada vez que se sentaba bajo uno imaginaba que estaba en una de las ramas más alta.

-Mi amor, ya es hora que entres hace mucho frío.

-De acuerdo – dijo resignada - ya quiero que sea primavera.

-Pues no falta mucho para eso – dijo ayudándole a ponerse de pie.

-Terry ya tengo hambre, preparemos la cena.

-Pecosa, hace sólo una hora que terminamos de almorzar.

-No soy yo, cariño. Es el bebé quien tiene hambre.

-Jajajaja, claro mi amor, creo que tendré que trabajar mucho para poder alimentarlos. Tal vez tendré que conseguir otro empleo.

-Ay Terry no exageres! Además ganas bien y tienes ahorros, podrás alimentarnos como se debe… o por lo menos tres veces al día y uno que otro postrecito – bromeo la rubia con su esposo.

Los días seguían pasando y el vientre de Candy crecía cada día más, su embarazo estaba yendo bien, Terry se había encargado de contratar a un doctor para que visitara frecuentemente a su esposa para controlar su embarazo.

-Terry estoy incomoda… tengo calor.

-Quieres tomar un baño, cariño?

-No, ya tomé uno. Salgamos a caminar al jardín, quieres?

-Está bien amor, vamos.

-Terry, mira esa ardilla! – dijo señalando a la pequeña ardilla que subía al árbol.

-Es linda. Candy, nunca te pregunte esto pero, qué pasó con Clin?

-Clin se quedó en el hogar de Pony, cuando me fui a Chicago tuve que dejarlo ahí. Como siempre estaba ocupada en eventos no pude llevarlo conmigo, él merecía quedarse en casa, donde tiene libertada de correr por los prados y trepar a los árboles.

-Fue una gran compañía durante tus viajes, verdad?

-El mejor compañero, quisiera tenerlo aquí conmigo.

-Bueno, por ahora no será posible. La influenza aún no se controla del todo, pero una vez que esto mejore podemos traerlo con nosotros, qué te parece la idea?

-En serio? Eso me encantaría! Te amo tanto Terry.

-Tanto como yo te amo Pecosa. - Le dio uno de sus característicos besos, aquellos que le quitaban la respiración a Candy.

Los días y semanas seguían pasando, el virus ya se estaba controlando, los casos de enfermos con influenza ya no eran tantos, pero lastimosamente esta enfermedad había cobrado la vida de miles de personas, especialmente en Nueva York.

-Hola, Eleonor cómo están?

-Bien Candy, te llamaba para informarte que iremos a visitarlos este fin de semana sí no hay problema, claro.

-Eleonor, está es tu casa, no tienes que informarnos que vendrán.

-Candy, esa casa también les pertenece a ustedes, además no queremos importunarlos.

-Claro que no importunan, me gustaría verlos.

-Está bien, ya muero por verlos. También a mi nieto.

El fin de semana había llegado, y con éste una noticia que desconcertó bastante a Terry.

-Eleonor, Richard!- dijo Candy dando un abrazo afectuoso a sus suegros, no los había visto en meses.

-Candy estás hermosa! –dijo Eleonor posando su mano en la barriga de Candy.

-Y cómo está mi nieto? – preguntó Richard.

-Puede ser nieta – dijo el castaño mientras entraba a la sala. – hola papá, mamá.

-Cómo estás cariño? – Eleonor le dio un beso en la mejilla su relación había mejorado bastante, como si nunca se hubieran separado. Esto se lo agradecían a Candy.

-Niño o niña será muy consentido por sus abuelos. – declaró el Duque.

-Quieren algo de beber? – cuestionó la rubia, pero fue Terry quien se puso de pie para atender a sus padres, pues la barriga de Candy era enorme y le costaba ponerse de pie.

-No se molesten estamos bien, Candy tu tía se comunicó conmigo.

-La tía abuela? Qué le dijo?

-Me dijo que quería estar presente cuando des a luz, y que sí podía hospedarse en la casa.

-Por qué no llamó directamente a Candy?

-Pues, porque al igual que Candy piensa que la casa es sólo mía, y aunque le dije que también es de ustedes pidió mi autorización.

-Bueno eso es lo correcto. Dijo cuándo vendría? – contesto la rubia pecosa.

-Supongo que llamará para informarte de su llegada.- dijo quitándole importancia al asunto de propiedad - Candy muéstrame los ajuares que hiciste para el bebé, además nosotros trajimos algunos regalos para nuestro nieto.

-De acuerdo, están en la habitación. – las dos rubias se dirigieron a la habitación para ver las ropitas del bebé.

-Ya se fueron, ahora puedes decirme lo que Candy no puede oír.

-Eres muy perspicaz. – dijo el duque con una sonrisa de lado orgulloso de la suspicacia de su vástago.

-Es obvio que algo está pasando, sólo espero que no sea nada malo.

-Bueno se trata de la señora Marlow y de su hija.

-Qué pasó con ellas?

-Veras… al parecer se habían mudado a Filadelfia, y en esa ciudad al igual que Nueva York fueron muchas personas las infectadas y… las dos están entre los decesos de esa ciudad.

Terry estaba mudo, la noticia lo tomó por sorpresa. Se trataba de la mujer que le salvó la vida, pero también la que trató de obligarlo a quedarse con ella. Realmente no sabía que sentir aparte de lastima por el final que llegaron a tener las dos mujeres, pero la noticia no terminaba ahí.

-Hay algo más, al parecer la señora Marlow fue vista en Nueva York poco después que ustedes se vengan a vivir aquí.

-El día que fuimos a despedirnos de ustedes a tu departamento, tu madre la reconoció en la calle y al parecer la mujer también lo hizo, porque inmediatamente se fue con rumbo contrario al nuestro. Entonces puse a alguien a investigar, esa persona se quedó en tu departamento.

-Por eso mamá me pidió permiso de hospedar a un amigo en mi departamento?

-Así es, él nos informó que durante un mes la vio desde la ventana. El portero por petición mía nunca la dejó entrar al edificio ni le informó que te habías mudado. Pero de algún modo se enteró pues fue a la casa para amenazarnos que no dejaría que fueras feliz con Candy. Después de eso no la volvimos a ver.

-Esa mujer estaba loca.

-Creemos que en todo ese tiempo que pasó esperando encontrarte se contagió con el virus y posiblemente ella contagió a su hija. Fue Robert quien informó a tu madre sobre sus decesos, pues al ser él quien le daba una pensión lo contactaron para informarle.

-La verdad me da pena que Susana haya acabado de esa manera, no era una mala persona. – no podía decir otra cosa. – no quiero que le digan nada de esto a Candy, todo este tiempo ha estado tranquila, no quiero que se altere.

-No te preocupes, por eso tu madre se la llevó.

-Sucede algo malo? – cuestionó la pecosa

-Por qué lo dices?

-Pues… no sé, siento que me ocultan algo.

-Crees que no me interesa saber de las cosas que prepararon para mi nieto?

-No, claro que no, pero… mejor te muestro las cosa que tenemos para el bebé.

-Cómo te has sentido? Estos últimos meses siempre son los más difíciles.

-Buenos, me he sentido más incómoda y pesada.

-Recuerdo cuando estaba esperando a Terry, no fue nada agradable el último mes, se me hinchaban los pies y no podía estar mucho tiempo de pie me cansaba con facilidad, y ni que decir de cómo me sentía respecto a mi aspecto.

-Bueno de ese lado no me afecta mucho, pero sí se me hinchan los pies.

Como se acerba el último mes de Candy, Eleonor y Richard se quedaron para el nacimiento de su nieto, la tía abuela llegaría una semana después junto con Albert pues no querían perderse la oportunidad de ver al nuevo integrante.

Albert le había llevado una sorpresa a la rubia, a petición de Terry, fue al hogar para recoger a Clin y llevarlo con ellos, cosa que Candy agradeció con lágrimas al ver a su querido amigo.

-Albert, tía sean bienvenidos, saludaba la rubia.

-Pequeña estás hermosa, pero mírate nada más, creo que el bebé será enorme.

-Candice estás no debiste salir a recibirnos, pero que linda te ves. – saludaba la tía abuela.

-Cómo está tía? Me alegra mucho volver a verlos.

-Te tengo una sorpresa, mira quien vino a verte. – dijo Albert abriendo el auto dejando salir a su pequeño amigo.

-Clin! Mi pequeño Clin, estás otra vez conmigo – dijo abrazándolo y recibiendo las lamidas de su compañero. – Gracias Albert es la mejor sorpresa que me pudiste dar.

-Me alegra que te guste, pero fue idea de Terry.

Después de los saludos entre los mayores y Terry a los recién llegados se fueron a la sala para poder conversar, Candy estaba feliz con Clin en su regazo sólo escuchaba la conversación que mantenían los demás. Mientras hablaban la rubia se estaba sintiendo incómoda.

-Estoy impaciente de tener en mis brazos al futuro patriarca de los Andley. – decía la tía abuela.

-Le recuerdo Elroy que el primogénito de mi hijo será el próximo Duque de Granchester. – aclaró el Duque.

-Pues Candy es la heredera de William y como tal su hijo es el heredero y futuro patriarca de la familia. – Albert y Eleonor miraban divertidos como debatían la tía abuela y el duque.

-Pues yo les recuerdo que no dejaran una carga sobre mi hijo, así que no traten de planear su vida cuando ni siquiera sus padres lo tienen en sus brazos. – sentenció el castaño.

-Terry…

-Dime mi amor.

-Terry creo que… creo que ya tendremos a nuestro hijo en nuestros brazos. – dijo la rubia llevándose una mano al vientre y la otra a su espalda. Haciendo que Clin saltara al piso.

-Eso es lo que más deseo Pecosa pero… - en ese momento cayó en cuenta de lo que Candy le decía.

-Oh por Dios ya es hora! – dijo Eleonor poniéndose de pie para ir con su nuera.

-Debemos ir al hospital! – exclamó Albert.

-No hay tiempo estamos muy lejos de la ciudad, además ya rompió fuente – contradijo Eleonor. – Terry lleva a Candy a tu recamara, Richard y Albert vayan por el médico, señora Elroy ayudemos a Candy hasta que llegue el médico.

Así cada uno obedeció las órdenes de la rubia actriz. Candy ya estaba sintiendo las contracciones cada vez más seguidas.

-Respira mi amor, ya pronto tendremos a nuestro bebé. – le decía Terry acariciándole la cabeza sin soltar su mano.

-AYYY! Duele mucho Terry.

-Lo sé cariño pero debes aguantar, hazlo por nuestro hijo. Respira mi amor.

-Ahhh! Tengo miedo Terry!

-No debes temer, eres fuerte pecosa podrás hacerlos. –Terry estaba aterrado no quería ni pensar en que algo salga mal.

Finalmente llegó el médico ya todo estaba listo, Eleonor y la tía abuela habían preparado todo para cuándo llegará el doctor: las sábanas, el agua y la ropita del bebé ya estaban listos.

-Salga por favor. – se dirigió al castaño.

-No, yo voy a quedarme!

-Terry, Candy estará bien nosotras nos quedaremos con ella.

-Estaré bien amor. – dijo Candy al ver que Terry se reusaba a dejar la habitación.

-Estaré afuera esperándolos. – dijo dejando un beso en los labios de su esposa, no quería que siguiera sufriendo mientras trataban de convencerlo de salir de la habitación.

-Terry, cómo está Candy? – preguntó Albert muy preocupado.

-Está bien, pero siente mucho dolor. – dijo preocupado sin dejar de ver la puerta.

-Es normal, ya verás que pronto escucharemos el llanto de tu hijo. –trató de reconfortarlo el su padre.

-Candy debes pujar! - Le decía el doctor.

-Ahhhh, es muy agotador! – se veía muy cansada.

-Vamos Candy pronto tendrás a tu bebé en tus brazos. - Candy con todo el esfuerzo del que fue capaz dio a luz a su bebé.

-Están tardando mucho. Por qué tardan tanto?! – decía un castaño nervioso.

-Tranquilízate hijo, es normal que… - en ese momento se escuchó el llanto de un bebé.

-Ya nació – dijeron al unísono los tres hombres. Poco después vieron salir a una abuela orgullosa llevando en sus brazos un bultito.

-Terry te presento a tu hijo. – dijo mostrando al bebé, quien tenía una pelusita castaña en la cabeza, clara señal de que sería castaño como su padre.

-Mi hijo – dijo en un susurro tomando a su hijo en sus brazos.

-Eleonor necesitamos tu ayuda! – la voz preocupada de la tía abuela, congeló a Terry. Eleonor ingreso aprisa a la habitación.

-Qué está pasando! – dijo preocupado, pero no le respondieron. Temía lo peor.

Terry estaba por sacarse los cabellos por la desesperación de no saber que estaba pasando con su esposa. Estaba asustado, ni siquiera pudo celebrar o empezar a presumir a su hijo.

Albert sostenía al bebé, y el duque trataba de controlar a su hijo. Algo había salido mal estaba angustiado, entonces pensó que la vida estaba tomando su curso de castigarlo por algo, que aun entendía, acaso lo hicieron probar lo maravilloso de que era estar junto a su pecosa para después quitársela?

-Por qué demonios no me dicen que le pasa a mi Pecosa?!

-Tranquilízate Terry! – lo sostuvo su padre al verlo dirigirse a la puerta con intención de derrumbarla.

-Es que acaso no entiendes! Mi vida está tras esa puerta y si… - entonces vio salir al médico y tuvo miedo, se veía serio.

Notas:

Wow… pronto esta historia tendrá el punto final.

Gracias por sus reviews siempre son un incentivo para continuar con la historia.

Por favor cuídense, espero que todos y cada uno de ustedes y su familia esté bien.

14 – Junio – 2020.