Capítulo 25
Algunos hombres susurraban a las espaldas de Naraku, esto no les iba a dejar nada bueno así que lo más correcto era hacerse a un lado y dejarlo solo, cuando le informaron a Naraku que lo se retiraban en esta guerra que no les correspondía, el hombre los tachó de cobardes e incluso de traicioneros, pero eso no les importaba, con tal de conservar la vida, así que sólo uno de ellos se quedó a su lado.
Esa noche estaban cocinando a un animal que habían casado, Naraku le llevó un plato de comida a Kagome pero ella se rehusó a probarlo, esto le molesto tanto al hombre quien le dijo que esperaba verla rogarle por un plato de comida, a lo que la joven le respondió que eso nunca llegaría a pasar.
—Inuyasha ¿Dónde estás? – se preguntaba así misma, no se atrevía a pronunciar el nombre de su esposo en frente de ese hombre ya que no sabía cuál sería su reacción.
Inuyasha y el francés cabalgaban el silencio, ninguno de los dos se atrevía hablar, los únicas palabras que se habían pronunciado en todo el camino era el de estar atentos a cualquier señal de campamento ya sea una luz de fogata o un olor a comida.
El francés lo miró por rabillo de sus ojos, ese hombre se veía realmente preocupado por Kagome ya que miraba de un lado a otro con la esperanza de dar con su amada esposa y por alguna extraña razón deseo experimentar el mismo sentimiento de preocupación, le tenía un profundo cariño a esa dama, era solo un cariño de amigo que no iba más allá.
— ¿Cuánto la amas? – preguntó Damián rompiendo el silencio entre los dos
— ¿Perdón? – Inuyasha lo miró a los ojos y frunció el cejo pero no era de enfado si no de confusión, ya que esa pregunta lo había sorprendido
—Si – asintió el francés — ¿Cuándo amas a Lady Kagome?
Inuyasha suspiró y miró más allá de la noche, mientras las imágenes de su esposa pasaban en su mente, la amaba demasiado, más que su propia vida, sólo esperaba encontrarla con vida y protegerá de todo, se había sentido culpable en los últimos días por haberle hecho tanto daño, él era el que debía estar sufriendo en estos momentos y no ella.
—Más de lo que te imaginas – respondió el ojidorado – Ella es la mujer que tanto había deseado encontrar
— ¿Entonces por qué caíste en esa mentira?
—No sé – él negó con la cabeza – Tal vez me cegué, tenía miedo de entregarle mi corazón sin saber que ya lo había hecho hace mucho tiempo – Inuyasha miró al francés — ¿Puedo preguntarte algo? – ahora le tocaba a él hacer las preguntas
—Adelante— asintió el joven
— ¿Qué sientes por ella?
— ¿Por Lady Kagome? – Preguntó e Inuyasha asintió – Nada, debo confesar que al principio cuando la vi por primera vez me gustó, pero me lleve una decepción al saber que era mujer casada – dijo con desilusión— ,así que solo quise ser su amigo
—Eres sincero Damián – dijo Inuyasha – Y aunque no lo creas me alegra que ella tenga un amigo como tú
—Gracias Inuyasha – asintió alagado el francés – Tú también eres sincero y espero que Kagome pueda perdonarte ya que ella te ama
Inuyasha esbozó una sonrisa pues recordó que Kagome ya lo había perdonado ¡Maldita sea! Si no hubiera ido en busca de su hermano nada de esto estaría pasando, lo más probable era que en estos momentos ella y él estarían disfrutando de su reconciliación, pero se había sentido tan preocupado por si algo le hubiera llegado pasar a su hermano mayor.
En ese momento Damián se puso serio al percibir un olor a carne de venado asada.
— ¿Hueles eso? – preguntó y con la mirada comenzó a buscar la dirección de dónde provenía ese olor
—Si – dijo Inuyasha
Ambos asintieron y se adentraron más al bosque, cuando el olor fue más fuerte, bajaron de sus caballos y ataron las cuerdas a un árbol que estaba cerca, revisaron si sus armas estaban cargadas, pero antes de continuar Inuyasha detuvo a Damián.
—Escucha, no conozco al hombre que tiene a Kagome, pero una cosa si te digo a mi me dejas al tal Naraku
Damián asintió y los dos comenzaron a seguir el aroma de esa comida, se ocultaron tras los arbustos y si, efectivamente se trataba de ellos y se alegró de que solo fueran dos hombreas, además a un lado estaba Kagome atada de pies, muñecas y boca, el francés miró a Inuyasha y éste le dijo que tendrían que esperar el momento adecuado para entrar en acción.
Uno de los dos hombres se levantó de la fogata y se fue a un rincón a orinar, Inuyasha le tocó el hombro a Damián y asintió, el momento había llegado, así que ambos salieron de los arbustos.
—Bunas noches caballeros. Pero ¿Quién de ustedes dos es Naraku?– preguntó molesto Inuyasha
Kagome al escucharlo abrió sus ojos y se alegró de verlo pero no estaba solo ya que también a un lado de él estaba Damián, quien no perdía de vista al hombre que estaba en un rincón.
Naraku al verlo se levantó y esbozó media sonrisa.
—Vaya pensé que no me ibas a encontrar – dijo sarcásticamente
—Pues pensaste mal— respondió Inuyasha –…Naraku
—Veo que no hacen falta las presentaciones – comentó Naraku – Sabes quién soy así como se quién eres tú, el maldito que asesinó cobardemente a mi hermano
—Te equivocas – el ojidorado negó con la cabeza mientras le apuntaba con la pistola – Tu hermano murió como el perro que fue, así que si no quieres morir igual que él, será mejor que sueltes a mi esposa y huyas de aquí
— ¿Y si no lo hago?
—Atente a las consecuencias
Hubo un momento de tensión en el ambiente, los cuatro hombres se miraban uno a los otros, Damián con el compañero de Naraku, Inuyasha con Naraku, era como si se estudiaran con la mirada.
El corazón de Kagome latía con fuerza ya que no deseaba que nada malo les pasara a Inuyasha y a Damián.
Se escuchó un disparo y Kagome cerró los ojos pero cuando los abrió, pudo ver a Inuyasha y a Naraku de pie, ambos sin una pisca de daño.
Quien había detonado su pistola fue el mismo Naraku, pero lo había hecho al aire y después la dejó caer en la tierra.
Inuyasha no le perdía ni un solo instante la vista, temía que ese hombre fuera y tomara a Kagome para obligarlo a arrojar su pistola, en cuanto más rápido terminara con él más rápido sacaría a Kagome del peligro que la asechaba.
— ¿Qué haces? – Preguntó el ojidorado — ¡Recoge tu arma! – ordenó
—No – Naraku negó y esbozó una sonrisa – Si voy a terminar contigo será limpiamente
El hombre de dio la vuelta, pero Inuyasha no lo dejaba de apuntar, se inclinó y de una cajita larga sacó dos espadas de una hoja filosa que se reflejaba a simple vista.
Damián no dejaba de ver al hombre que tenía en frente, el tipo estaba temblando de miedo al ver la altura y el ancho cuerpo del francés por que comenzó a dar pasos hacia atrás y salir huyendo en la búsqueda del resto de sus compañeros.
Cuando éste lo vio lejos de su alcance bajó el arma y quiso encaminarse hacia Kagome, pero Naraku recargó la punta filosa de su espada en el pecho del francés.
—Ni se te ocurra ir hacia ella – lo amenazó – O te mato aquí mismo
El hermoso joven de ojos azules se vio obligado a retroceder un paso hacia atrás.
Inuyasha ya estaba harto de esa situación, así que tomó una decisión, si ese hombre lo quería solo a él, lo conveniente era hacer un intercambio él por su esposa y que Damián se la llevara lejos, ya después de que terminara con Naraku se reuniría con ellos.
—Deja que se la llave – comentó Inuyasha llamando la atención del hombre – Después de todo es a mí a quien quieres matar
— ¿Y dejar testigos? – dijo esbozando media sonrisa
—Ella no tiene nada que ver en todo esto – Inuyasha trato de hacerlo entrar en razón – Tienes mi palabra de que ellos no dirán nada de lo que paso está noche
Naraku parecía entrar en razón, miro a la joven que estaba recargada en el tronco de un árbol y lo miraba con deseos de quererlo matar, entonces asintió.
—Está bien – volvió la mirada hacia el francés – Llévatela, pero si me entero de que has dado partes a las autoridades, juro que te buscaré y te mataré
Damián asintió y avanzó hacia Kagome, le quitó la mordaza de la boca y por último le liberó las muñecas y las piernas. La joven hizo el esfuerzo de mantenerse en pie y corrió hacia Inuyasha.
— ¿Qué crees que estás haciendo? – preguntó la joven aferrándose al cuerpo de su esposo
—Le salvo la vida a la mujer que amo y a mi hijo
Kagome lo miró y una lágrima resbaló por su mejilla a lo que Inuyasha se la limpió con un dedo.
—Te amo – le dio un beso en la frente – No lo olvides
En ese momento le dijo a Damián que se llevará a Kagome, pero ella se aferró aún más al cuerpo de Inuyasha, por lo que el ojidorado tuvo que apartarla de él y entregársela al joven, los gritos de Kagome le desgarraron el corazón, cerró los ojos y apretó los puños, quería ir tras de ella, besarla, decirle que la amaba, que nada malo iba a pasar, pero primero tenía que acabar con el hombre que estaba en frente de él.
Al sentir que su esposa ya no estaba Inuyasha abrió los ojos y en ese momento Naraku le lanzaba una espada en dirección hacia él.
Él la tomó de la empuñadura y se puso en guardia.
— ¡Por fin! – Dijo feliz Naraku – Mi venganza se cumplirá
Inuyasha esbozó una media sonrisa – No si yo lo permito
Y así, ambos chocaron sus espadas, el sonido era feroz, pero desde el primer contacto Inuyasha supo que Naraku no era muy experto en la esgrima pero no debía confiarse mucho, un hombre como él utilizaría todas las artimañas posibles para acabar con su rival.
Naraku dio otra estocada hacia el pecho de Inuyasha, pero solo se desgarró la camisa, pues el joven se había echado hacia atrás.
— ¿Es todo lo que tienes? – preguntó en tono burlón el ojidorado
Damián llevaba casi arrastrando a Kagome, pues ella se aferraba con sus pies al piso.
—Vamos Kagome – dijo el joven
—No – Kagome negó con la cabeza – Debo volver con Inuyasha – trató de soltarse
—Él no tardará en reunirse con nosotros, confía en él
—Aun así no puedo dejarlo solo
Y así lo hizo, se saltó de las manos de Damián y regresó en busca de su esposo.
Esta vez Naraku había herido un brazo y la ceja izquierda de Inuyasha, pues el ojidorado ya tenía manchado el rostro con sangre, en un intento por querer herirlo Inuyasha se tropezó con algo y al suelo fue a dar dejando caer la espada en un lugar retirado a él, en ese momento Naraku se acercó a él.
—Te he vencido – dijo con una sonrisa de satisfacción y apuntando la punta de su espada en el pecho de Inuyasha — ¿Tus últimas palabras antes de morir?
— ¡Vete al infierno! –el tono de Inuyasha no sonaba del todo preocupante, pues sabía que si él moría tanto Kagome como su hijo estarían protegidos no sólo por su dinero si no por su hermano y los hermanos de Kagome
En eso la joven al llegar de nuevo a ese punto, observó horrorizada como Naraku levantaba su espada para clavarla en el pecho de Inuyasha, entonces miró hacia abajo y contemplo la pistola de Inuyasha se agachó hacia ella y…
—Entonces despídete de este mundo
Un disparo se escuchó y Naraku cayó al suelo con un disparo justo en el corazón, Inuyasha recargó la cabeza hacia atrás mientras soltaba la pistola que Kagome le había arrojado.
Ella se acercó a él y lo ayudó a ponerse en pie.
. — ¿Estás bien? – fue lo único que pudo pronunciar el ojidorado
Pero ella no dijo nada así que solo se limitó en abrazarlo con fuerza, no quería que la soltara, era como si la vida dependiera de un solo abrazo.
—No me has respondido— susurró Inuyasha justo en su oreja
—Sí, estoy bien – ella asintió — ¿Y tú? ¿No te pasó nada malo?
—No – él asintió y esbozó una sonrisa – Aunque me habría ganado si tú no me hubieras arrojado la pistola. Pero tenía más miedo por lo que te pudiera pasar— confesó recargando su frente en la de ella – Será mejor que regresemos a casa, Kaede está preocupada por ti
Kagome asintió, ambos se miraron el uno al otro y antes de que pudieran sellar su amor con un beso los interrumpió Damián.
—Chérie – dijo Damián con una voz entre cortada por la carrera a la que Kagome lo había sometido, pero al verla con Inuyasha solo pudo esbozar una sonrisa – Me alegra que estés bien
—Damián – Kagome se apartó de los brazos de Inuyasha y fue directo a abrazar a su amiga – Lo siento
Inuyasha se cruzó de brazos para ver el gran cariño que se tenían ellos dos, había comprendido que él Damián no quería otra cosa con Kagome, solo amistad, ambos se dedicaron una última sonrisa hasta que ella regresó a los brazos de Inuyasha.
El ojidorado ayudó a Kagome a subir al caballo, pero antes de que él también lo hiciera, el francés lo detuvo.
—Fue un placer conocerte Inuyasha – extendió la mano hacia Inuyasha
—Lo mismo digo – asintió el ojidorado
—Bueno, yo me adelantaré – explicó Damián – Tengo un asunto pendiente que hacer – le guiñó un ojos a Inuyasha y miró a Kagome – Nos vemos pronto Chérie
—Cuídate Damián
Damián asintió, subió a su caballo y salió a todo galope dejándolos solos. Inuyasha subió al caballo justo atrás de Kagome y partieron de regreso a casa a paso lento.
Kagome observó el cielo estrellado, esa noche era tan hermosa y por primera vez las cosas iban a ser diferentes ella estaba segura de eso, pero quería escuchar de la propia voz de Inuyasha cuanto la amaba.
—Inuyasha…— rompió el silencio entre los dos
—Dime – respondió el ojidorado en su oído
— ¿Me amas? – preguntó y se avergonzó un poco
—Te amo demasiado Kagome – pasó una mano por la cintura y la atrajo un poco hacia él, Kagome recargó su espalda en el pecho de su esposo – Más de lo que llegue a pensar, eres la única mujer en mi vida a la que amaré por siempre
— ¿Y qué hay de tu etapa de libertino? – volvió a preguntar pero esta vez con un poco de broma
—Esa etapa ya paso – explicó Inuyasha – Justo cuando me casé con una mujer que sería mi vida
El ojidorado recargó su cabeza en la de Kagome y siguieron su camino, pero había algo más que aclarar y eso era la llegada de un nuevo ser a sus vidas.
—Inuyasha…— volvió a repetir el nombre de su esposo
— ¿Si amor? – dijo Inuyasha
—Hay algo que no te he dicho— Kagome se puso sería al escuchar una risa de Inuyasha — ¿Ya lo sabías verdad?
—Así es – asintió Inuyasha – Un día Ayame se delató, Kaede trató de corregir su error pero Eri terminó por confesarlo, yo esperaba que fueras tú la que me lo diría
—Quise hacerlo, pero el día que me enteré yo te encontré…. — Kagome hizo una pausa recordando aquella vez en que lo encontró en los brazos de otra mujer
—Se justo lo que quieres decir – continuó él por ella — ¿Pero aún estamos a tiempo de comenzar de nuevo, no crees? Tú, él y yo
Esa idea le pareció hermosa y por primera vez todas sus dudas se habían disipado, él le había confesado que la amaba y que sería la única mujer en su vida, así que sin miedo a nada creyó en sus palabras.
Se sobresaltó cuando Inuyasha paró el caballo y bajaba de él.
— ¿Qué estás haciendo? – preguntó Kagome cuando Inuyasha la ayudó a bajar
—Bueno, la noche es hermosa ¿No te gustaría bailar? – dijo divertido
— ¿Aquí? ¿En medio de la noche?
— ¿Qué tiene de malo? – Él se acercó a ella – Besaste a un desconocido en un baile
—Eso era diferente
—Tienes razón – Inuyasha asintió, y sacó dos antifaces de su saco, eran justamente los que habían usado aquella noche, le entregó a Kagome el suyo y después él se cubrió el rostro, Kagome lo siguió y se puso el antifaz – Todo hubiera sido diferente si aquella noche yo me hubiera acercado a ti – se acercó un poco a Kagome – Me hubiera presentado ante ti –tomó la mano de la joven – Inuyasha Taisho a sus pies mi Lady – y la besó
Y así ambos modificaron la historia de lo que pudo haber pasado ese día en el baile de máscaras en el cual ambos quedaron enamorados el uno del otro.
—Kagome Higurashi, milord – Kagome hizo una pequeña reverencia
— ¿Me complace está pieza, mi bella dama? – preguntó seductor
—No sé – ella negó – Mi padre y mis hermanos no lo permitirían
—Solo una – insistió aún más seductor
—De acuerdo— Kagome asintió – Solo una
Inuyasha pasó una mano por la cintura de Kagome y la atrajo hacia él, comenzaron a bailar una melodía imaginaria.
—Vez que tan sencillo hubiera sido todo – comentó Inuyasha – Nos habríamos ahorrado tanto dolor
—Lo mismo digo – Kagome asintió
—Quiero que nunca olvides que siempre te voy a amar, mi dulce enmascarada
Acercó sus labios a los de ella y los besó como si fuera la primera vez que los probaba y ella también hizo lo mismo, se amaban y no existía nada ni nadie que pudiera acabar con ese amor.
Semanas después Kagome regresó a lado de Inuyasha, su relación había mejorado mucho y como él le había prometido nunca más le volvió a ser infiel, para él solo existía ella y su hijo, ambos asistieron ese mes a la boda del Sesshomaru con Rin Collins , quien lucía hermosa y radiante.
Los meses pasaron, la pancita de Kagome había crecido mucho, incluso mucho más que las de Ayame y Eri, pero Kaede simplemente le explicó a la joven que tal vez el niño estaba un poco grande, a lo que ella no le dio importancia.
Un día Inuyasha estaba en la sala tomando un café y leyendo una invitación que le había llegado, Kagome entró y tomó asiento en un sillón que estaba justo en frente de él.
—¿Qué es? – preguntó sin leer la invitación
—Una invitación ¿A que no sabes quién se casa?— preguntó esbozando una sonrisa
—No tengo idea – ella se encogió de hombros mientras se daba unos masajes en el vientre
—Prepárate – dijo divertido Inuyasha – Se nos casa nada más ni nada menos que nuestro querido amigo francés Damián Dupont, con la distinguida señorita Brigitte Wells – esto último quiso reírse, sabía de sobra que ni distinguida tenía pero no era conveniente que hablara de su relación con ella, esa mujer estaba enterrada y ahora solo tenía respeto por ella
—¿Con ella? – Kagome arqueó una ceja
—Sí, con ella – Inuyasha asintió
—Pues bueno, le deseo toda la felicidad a Damián
Inuyasha esbozó una sonrisa, avanzó hacia Kagome solo para levantarla del sofá, sentarse él y sentarla en sus piernas.
—Pero apuesto que no serán tan felices como tú y yo – dijo acariciando las mejillas de Kagome y por ultimo su vientre, donde crecía el hijo de ambos
Kagome esbozó una sonrisa y asintió – Estoy de acuerdo contigo. Te amo
—No más que yo mi cielo
Así cerraba una etapa más, en donde el amor siempre triunfa sobre todas las cosas, Kagome e Inuyasha siempre estarían juntos para superar cada obstáculo que se les avecinaba, siempre aconsejando a sus amigos que si algún día conocían a una enmascarada que les terminara por robar la razón, se acercaran a ella y le preguntaran su nombre, ya que no sabrían si correrían la misma suerte que él tuvo.
Epilogo
Inuyasha caminaba de un nado, estaba nervioso, impaciente con deseos de subir a la habitación en donde Kagome estaba dando a luz a su primer hijo, pero dios, ya había pasado más de una hora y media y no tenía noticias, cuando salía Ayame no le respondía nada a lo que preguntaba, al igual que Eri, aunque esta última le decía que tuviera paciencia, ambas mujeres también estaban en su último mes de embarazo, de hecho no habían podido asistir a la boda de Damián y Brigitte ya que Kagome se había sentido mal en el último mes.
—¡Ya relájate! – dijo Koga estresado al ver a ese hombre caminar de un lado a otro – Kaede es buena para esto, ayudó a nuestra madre a traernos a este mundo, además las malas noticias siempre llegan
—¡Claro! – Dijo desesperado el ojidorado – Cómo Ayame y Eri todavía no dan a luz estás muy tranquilo, cuando te vea en mi lugar te voy a decir lo mismo
—¿Por qué no mejor tomas una compa de Brandy? – Aconsejo Bankotsu – Estoy seguro que te relajara
—¡No quiero un trago! ¡Al diablo con el licor! — dijo desesperado — Al diablo con esa mujer que no sale para decirme como esta mi esposa – ya estaba más alterado
Koga y Bankotsu suspiraron al mismo tiempo, deseaban que todo saliera bien, Kagome era una madre primeriza y podría correr riesgos, pero ella era una mujer sana así que confiaban en que todo saliera bien.
Después de tanto caminar, Inuyasha se comenzó a resentir de las piernas, cuando tomó asiento y estaba a punto de hacerle caso a Bankotsu de tomar un poco de Brandy para los nervios aparecieron Ayame y Eri con una gran sonrisa.
—Ya puedes pasar a ver a Kagome, Inuyasha – informó Ayame con una sonrisa de par en par
—Ves te lo dije, Kaede es buena – dijo Koga
—Entonces le daré las gracias cuando la vea – Inuyasha se levantó del sofá y salió de la sala para subir las escaleras e ir a la habitación donde estaba su esposa.
Ayame y Eri intercambiaron una sonrisa burlona mientras se acercaban a sus esposos y los abrazaban.
—¿Por qué esa sonrisa, Ayame? – preguntó curioso Koga
—Ustedes ocultan algo – las acusó Bankotsu
—Bueno – Ayame roló los ojos y esbozó otra sonrisa – Digamos que Inuyasha va a hacer padre por partida doble
—¿A qué te refieres? – preguntó aún más confundido
—Lo sabrás a su debido tiempo – le volvió a responderle su esposa
Cuando Inuyasha estuvo en frente de la puerta de la habitación que compartía con Kagome, Kaede salió y le regaló una sonrisa.
—Puedes pasar – la anciana asintió, pero antes de que lo hiciera ella lo retuvo por unos segundos – Solo quiero pedirte una disculpa por haber esperado tanto, espero que cuando entres esa espera haya valido la pena
—Créeme que vale la pena – Inuyasha asintió – Ahora si me disculpas solo quiero ver a mi esposa y a mi hijo
—Bien – Kaede se hizo a un lado para dejarlo pasar – Felicidades
Inuyasha asintió y entró a la habitación, en la cama se encontraba Kagome con los ojos cerrados, seguramente estaba dormida, pero cuando sintió su presencia ella abrió los ojos y le regaló una sonrisa.
—Hola – lo saludó en un susurró
—Hola – respondió él acercándose a su esposa y acariciando su frente — ¿Dónde está?
—Esta…— hizo una pausa, por un momento iba a arruinar la sorpresa – En la cuna – esbozó una sonrisa débil – Porque no vas a ver
Él asintió, y avanzó hacia el otro extremo de la cama en donde se encontraba una cuna de color blanca, Inuyasha retiró la tela transparente que cubría la cuna y miró al pequeño que dormía tranquilo, era hermoso, cabello negro, tenía el parecido de ambos, era tan pequeño y esbozó una sonrisa al verlo, pero de pronto algo se movió a lado de su pequeño, pensaba que eran sus pies, si eran unos piecitos pero de otro bebé, Inuyasha miró al otro lado de la cuna y ahí se encontraba una pequeña durmiendo, pensó que había visto doble, no era uno, sino dos, ¡Eran dos!, Inuyasha volvió a cubrirlos con la tela blanca y se acercó a su esposa.
—¿Es mi imaginación o veo doble? – preguntó al borde de la felicidad
—No es tu imaginación – su esposa negó con la cabeza al mismo tiempo que le sonreía – Son dos
Inuyasha se acercó a ella y la abrazo – Kagome, mi Kagome, es el mayor regalo que me has dado. Te amo – le susurró al odio
—No más que yo mi cielo – soltó una pequeña risa
Inuyasha buscó sus labios y los besó, se sentía completo y lleno estando a lado de esa mujer que amaba y sobre todo que no solo le había dado un hijo sino dos al mismo tiempo, un niño y una niña.
—Sabes, después de todo ambos salimos ganando – comentó Kagome
—¿A qué te refieres? – dijo Inuyasha abrazándola un poco mas
—En que tú querías un niño y yo una niña
—No – él negó con la cabeza – Eso no significa ganar Kagome. Lo que en realidad ganamos o más bien gané, fueron dos hermosos hijos y una mujer de la cual estoy profundamente enamorado
—Tienes razón, eso es en lo que verdad ganamos – dijo Kagome apoyándose en el hombro de su esposo
La vida no les alcanzaría para decirse y demostrar los mucho que se amaban, pero la vida los había bendecido con dos hermosos hijos, después del sufrimiento que ambos habían pasado ese era el mejor regalo que pudieran tener en sus vidas.
Fin.
Hola!
Espero estén muy bien, seguramente les cayó por sorpresa la actualización de éste fic.
Me dije que pues si ya estaba todo escrito, para que seguir subiendo poco a poco, mejor todo de un atajo...(si, así le haré con los demás, salvo el de Cielo Rojo y el de Piratas ya que están en proceso)
Adicional, les tengo una sorpresa, voy a subir aquí en éste fic un final alterno, pero ese si en varios días. Ya saben que cuando escribo a veces se me ocurren unas ideas y a medida que avanzamos llegan otras distintas. Bueno, así me pasó con éste fic.
Gracias infinitas por seguirme y sobre todo por aceptarme de nuevo en esta plataforma.
Besos.
BPB
