El lago de Kawaguchiko era un lugar relativamente alejado de Tokio. Touya calculó que en moto llegarían, cortando algún camino, en tres horas. Probó que la moto funcionase correctamente, que el aceite y el combustible estuviese repuesto y que las llantas estuviesen en perfecto estado.

Pasó a buscar a Tomoyo a su apartamento a las nueve de la mañana. Le avisó por móvil que la estaba esperando afuera. Tomoyo lo miró con divertida sorpresa mientras salía del apartamento de su edificio y bajaba las escaleras lentamente.

- ¿Y esto?

- Es de Yue. Luego de hablar anoche, me di cuenta de que hace mucho tiempo que no ando en moto y me gustaría volver a hacerlo.

- Es hermosa - dijo ella, con total sinceridad, mientras se acercaba a él-. Y te ves increíble en ella.

Y realmente era así. Touya se había puesto unos vaqueros negros apretados, una remera blanca y una campera negra.

- ¡Feliz cumpleaños! - dijo Tomoyo-. Eres oficialmente un viejo. ¿Qué se siente?

- Me siento más vivo de lo que me he sentido en veinte años.

- Pues yo digo que te ves muy bien para ser un viejo de cuarenta - le dijo, mientras se acercaba y le acariciaba el rostro. Touya no se quiso privar de sus besos así que la acercó más hacia él y le dio un dulce beso.

- ¿A dónde vamos? - le preguntó ella.

- Es una sorpresa - le dijo él, mientras le alcanzaba su casco -. Súbete.

Tomoyo se subió entusiasmada mientras observaba como Touya prendía la moto y comenzaban a andar. Muy pocas veces ella había andado por la ciudad en motocicleta pero se sentía realmente bien. El sol estaba cálido, dando la suficiente calidez para poder disfrutar el viaje.

Cuando ya llevaban una hora andando, Touya se detuvo en una estación. Ya habían logrado salir de Tokio pero todavía necesitaban otra hora más para llegar al destino.

Se sentaron en una cafetería a desayunar. Allí, Touya le reveló sus planes.

Quiero llevarte a conocer Kawaguchiko.

¿Ese no era el lago al que ibas con los gemelos?

Así es. Hace años que no voy y me gusta la idea de mostrártelo. De seguro te gustará.

Ella le sonrió ampliamente a modo de respuesta mientras continuaba tomando su té.

Media hora más tarde, continuaron su ruta. Para su suerte, no había tanto tránsito así que pudieron avanzar sin inconvenientes. Un par de veces sintió que él aumentaba la velocidad, y ella apretaba levemente su pecho para que rebajara un cambio.

Pronto fueron llegando a la ciudad de Kawaguchiko. El monte Fuji se elevaba a lo lejos sin dejar de mostrar su impresionante tamaño. Pasaron por una estación de autobús y luego dieron a la calle principal donde bordeaba la costa del lago. Tomoyo quedó maravillada con la vista y no se percató que Touya había doblado para llegar a la entrada del hotel. Touya le preguntó al portero donde debía estacionar y le señaló una puerta al costado.

Aparcaron la moto y bajaron el equipaje para entrar al hotel Kozanteibuya.

Su habitación estaba en el segundo piso. Se sacaron los zapatos y se pusieron las zapatillas. Y comenzaron a recorrer la habitación.

Tenía una pequeña cocina donde había una tetera y distintos tipos de té para servirse. A mano izquierda estaba la sala de estar con un sillón que parecía muy cómodo y a un costado se encontraban dos camas grandes. Fuera de la habitación, había un jacuzzi interno. Tomoyo corrió emocionada a verlo de cerca.

Que pena que no traje el bikini - se lamentó.

No necesitas un traje de baño para meterte allí- le dijo él, posicionándose detrás de ella. Le dio un beso en el cuello y la abrazó brevemente-. No puedo esperar a meterme contigo hoy de noche.

Pero más maravillada quedó con la vista ideal que daba al lago, quedando frente a frente con el monstruoso Monte Fuji. Lo observó hechizada por unos minutos hasta que sintió los brazos de Touya a su alrededor.

Bien… ¿y qué quieres hacer?

Sacame a conocer la ciudad.

Salieron del hotel para caminar por las angostas calles de la ciudad. Tomoyo tomó foto a cada flor, color y estructura que vio. Al lago lo rodeaba una gran costa, donde se podía observar desde todos los puntos el Monte Fuji. Caminaron por la orilla en silencio, escuchando el ruido de sus pisadas en las piedras autóctonas del lugar. El cantar de las aves le daba una tranquilidad que no podían evitar. Se sentaron en un banco a la orilla del río.

¿Hace cuánto tiempo no vienes por aquí?

Mucho tiempo. ¿Ves aquél muelle de madera? – le señaló Touya a lo lejos.

Sí – le dijo ella, mientras le sacaba fotos.

En aquel muelle, recibí la peor noticia de mi vida.

Tomoyo dejó de sacar fotos y lo observó en silencio.

Mamá ya estaba enferma y los mellizos me obligaron prácticamente a venir aquí para despejarme. Estábamos sentados allí cuando mi padre me llamó para decirme que mi madre había muerto.

Tomoyo no supo que decir. Solo lo dejó seguir hablando.

Sentí que mi mundo se había acabado en ese momento. Y en parte fue así. Nada volvió a ser lo mismo desde ese día.

No recuerdo mucho a tu madre, pero sé que era una buena madre. Así es la prueba de que ustedes dos salieron sumamente bien.

Era una gran madre. Siempre hacia todo mejor. Mi cumpleaños era un veintinueve de febrero así que tuve que elegir qué día quería festejarlo. Sin embargo, siempre festejábamos los veintiochos y los primeros de marzo. Ella decía que debía tener dos días de cumpleaños.

Se mantuvo en silencio, mirando al horizonte.

De todas maneras, en ese lugar recibí la noticia de que nunca iba a tener otro cumpleaños junto a mi madre. No la pude despedir propiamente.

Tomoyo se acurrucó contra él, queriéndole curar la tristeza.

Hagamos una cosa – le sugirió-. Vamos a ir a ese muelle y te vas a despedir de ella. Agradécele por todo lo que te dio, especialmente por darte la vida.

Touya la observó por unos segundos y luego sonrió ante la proposición. Caminaron hacia el muelle en silencio. Touya lo caminó sintiendo el crujido de la vieja madera. Tomoyo observó cómo se sentaba en uno de los bordes y cerraba los ojos. Vio cómo se dibujaba una sonrisa en su rostro, agradeciendo el momento. Él le agradeció por todas las cosas que le había dado: la vida, el amor, la infancia y la familia. Se levantó en silencio y caminó sonriente hacia donde se encontraba una expectante Tomoyo. No le dijo nada. Solo agarró su mano y le dio un tierno beso.

Continuaron caminando por la costa del lago hasta llegar a un pequeño y colorido parque. Bajo los árboles, comieron unos bocadillos deliciosos y se dedicaron a descansar. Touya estaba sentado contra un árbol mientras Tomoyo ronroneaba en su regazo.

¿Y bien? ¿Cuáles son los planes para esta noche?

Bueno… tengo pensado llevarte a cenar y luego comer el postre – le susurró en tono sugestivo.

Me gusta ese plan – le dijo Tomoyo, sonriendo.

Continuaron en el parque hablando y jugueteando hasta que el frío del atardecer los hizo retirarse. Volvieron a la habitación para cambiarse para la cena. Tomoyo (a sugerencia de Touya) había empacado un vestido rojo ceñido al cuerpo. Se pintó levemente los labios de color rojo y se hizo una cola alta como peinado. Por otra parte, Touya se vistió con una camisa blanca y unos vaqueros negros.

Te ves hermosa – le dijo Touya, mientras la observaba sorprendido salir del cuarto de baño. Tomoyo no pudo evitar sonrojarse.

Se había comprometido a disfrutar de esa noche como una pareja real. Sin prejuicios, sin arrepentimientos. Se habían prometido amarse porque Touya había comprendido al fin que de nada servía todo ese remordimiento. Por primera vez en dos años, se estaba permitiendo dejar fluir sus sentimientos. Finalmente, se estaba rindiendo a sus pies.

Touya había reservado una mesa en el comedor del hotel. No había muchas personas más allá de otra pareja y la señora a la que habían brindado su habitación.

Por alguna razón, estaban nerviosos pero sentían la comodidad que solo tiene una pareja que se conoce puede sentir. Rieron y disfrutaron del momento, celebrando su unión. Lo nombraron en un brindis.

Brindo por esta nueva etapa de tu vida. Que te encuentre con salud y mucho amor- dijo Tomoyo, mientras sostenía la copa de vino.

Yo brindo por todo lo que me ha dado la vida. La familia, los amigos. Y sobretodo brindo por nuestra unión. Gracias a la vida por habernos unido.

Tomoyo no pudo decir nada más que sonreír y chocar su copa con la suya. Sabía que lo que Touya decía era real para ambos pero era la primera vez que lo había escuchado.

Bien… ¿cuándo puedo comer mi postre?- preguntó, cambiando a un tono divertido.

Puede usted ir pagando la cuenta mientras yo le preparo su postre y su regalo en la habitación – le dijo ella, sugerente.

Terminó su copa de vino y se puso de pie para volver a la habitación.

Touya la observó hasta que se perdió de vista. Pagó la cuenta y justo cuando estaba a punto de retirarse, alguien dijo su nombre.

¿Touya? – se dio vuelta para ver a Kaho Mizuki parada frente a él.

Tuvo que recordarse de respirar por el pánico que sintió en ese momento. Solo una pregunta venía a su mente: ¿los habría visto?

Hola, Kaho. ¿Qué haces aquí?

Vine a cenar con mi madre y mi marido – explicó, mientras señalaba a la mesa donde estaba la señora de la habitación.

Si se estaban quedando allí, era cuestión de tiempo de que los viesen.

¿Se están hospedando aquí? – le preguntó apresurado.

Mi madre se está hospedando por esta noche. Por eso decidimos venir a cenar con ella aquí pero estamos en otro hotel.

Entiendo – le dijo él, un poco más aliviado.

¿Tú estás solo?

Estaba pensando en decir que si pero había un par de copas en la mesa que lo delataban.

No. Mi compañía subió a la habitación – intentó explicar serenamente.

Tu y tus compañías – le dijo ella, con complicidad-. Bueno… te dejo ir. Ahh... me olvidaba. Feliz cumpleaños.

¿Te acuerdas de mi cumpleaños?

Así es – le dijo ella, sonriendo-. Cuarenta años no se cumplen todos los días. De todas maneras, te ves igual de guapo de cuando te conocí.

El trató de sonreír con serenidad : - Gracias.

Llegó al ascensor con las piernas temblando. Se recostó en la pared para recuperar el aliento que le sacó la adrenalina. Trató de pensar todas las veces que se cruzó con la señora y recordar que información le había dado. Recordó que no le había dado su nombre ni el de Tomoyo. Y tampoco había aclarado que eran una pareja. Respiró aliviado al concluir que no había dado información relevante.

Mientras tanto, Tomoyo se metió al baño mientras Touya esperaba en la cama. Se soltó su melena, se perfumó el cuerpo, se retocó el labial color cereza y se puso un babydoll rojo que combinaba con su tanga.

Cuando salió del pequeño baño, Touya la observó cautivado.

¿Eres mi regalo? – preguntó divertido.

Así es – le dijo él, con voz profunda-. ¿Es de su agrado? – le dijo mientras se daba una vuelta para que la viera por completo.

Me gustaría más que estuviera cerca de mí.

Todavía no. Primero me gustaría que me observara bailar. Y luego tal vez lo deje.

Y la dejó bailar de forma exótica y lenta para él. Era casi dolorosamente lujuriosa la forma en que bailaba. Nada quedaba de la Tomoyo adolescente que lo había seducido. Ahora estaba más mujer y más bella que nunca. Por algo no había podido dejarla todos estos años.

Se acercó a su regazo y se meneó sin ser vulgar. Cuando quedaron frente a frente, ella lo quiso besar. El sonrió, diciendo "no me has dado permiso para tocarte".

Ella sonrió y le dijo: - Ahora te lo doy.

Le agarró la negra melena y la acercó a sus labios. Ella se acercó más a su caderas y sentir su erección. Lo conocía como para saber cómo lo ponía el juego previo. Decidió darle una mejor caricia cuando acarició su entrepierna y sintió un gruñido en su cuello.

Se agachó a la altura de su entrepierna y abrió su pantalón. Touya no pudo objetar nada porque su miembro ya estaba dentro de su boca. Solo se dedicó a disfrutar las caricias que ella le dedicaba. Ella, por su parte, disfrutaba de su goce; le encantaba su respiración agitada y sus gemidos. Terminó agitado, sin poder abrir los ojos por un momento. Sintió como Tomoyo se ponía de pie e iba al baño mientras él se recuperaba del orgasmo.

Cuando volvió a aparecer, él ya estaba de pie. Le dedicó una semi sonrisa y le dijo:

Gracias, hermosa – le dio un tierno beso de agradecimiento-. Pero de todas maneras, no he podido saborear mi postre.

¡Oh! - le dijo ella, mientras se dejaba arrastrar a la cama y la depositaba allí.

Le fue quitando el babydoll lentamente mientras la tocaba lentamente. Luego le besó el cuello, los senos hasta llegar a su bajo vientre. Tomoyo tuvo su primer gemido cuando sintió la lengua de su amado en su vagina. Se retorció en sí misma porque el canalla no paraba de darle estímulos. Era imposible explicar lo que ese hombre transmitía a su cuerpo. No demoró mucho en llegar al orgasmo.

Dejó que se recuperara mientras se quitaba toda la ropa. Se acostó a su lado, observando como recuperaba la respiración.

¿Todo bien, pequeña? – le susurró.

Ella asintió con una sonrisa mientras volvía a reclamar sus labios. Se colocó sobre ella y volvieron a recorrer sus cuerpos con deleite. Besos y caricias por todos los lugares claves hacían efervescencia en sus cuerpos. Pronto Touya estuvo listo para entrar en ella. Entró en una sola estacada. Ambos estaban tan enfrascados en acto que la unión fue rápida, sabían como mover las caderas para que el otro reaccionase.

Tomoyo debajo de Touya gimiendo mientras sus pechos bamboleaban. El gruñiendo mientras la seguía empotrando con vehemencia. Cambiaron de posición para que ella quedase arriba y juntos fueron moviendo las caderas para sentirse más unidos. Cuando estaban llegando al final, Touya se movió sobre ella y siguieron gimiendo y rogando por más hasta que ella tocó el paraíso, seguido por él.

Tomoyo no tardó mucho en dormirse en sus brazos. Touya se dedicó a absorber el momento, Sin dejar de acariciarla, llegó a la conclusión de que debía dejar de luchar contra sus sentimientos. Por más que se negara, la realidad era que estaba perdidamente enamorado de Tomoyo. No era un capricho, no era una calentura, ni era algo pasajero. Era amor.

Pero una cosa era permitirse admitirlo, otra era lidiar con la compleja situación. ¿Estaba realmente dispuesto a enfrentarse a su familia? ¿A confesar lo que estaba sucediendo? ¿Qué estragos causaría su amor por Tomoyo? Lo que menos deseaba era separar a la familia nuevamente. Pero la realidad apuntaba a que terminase sucediendo eso mismo.

La cruda realidad era que estaba enamorado y que su amor era indubitablemente prohibido.

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Nota de la autora:

Lo prometido es deuda! Aquí va otro capítulo. Cuando lo terminé de escribir, me di cuenta de que el cumpleaños de Touya es en invierno y sería imposible viajar en la moto. Pero igual decidí dejarlo así. Espero que les guste.

Cómo soundtrack para este capitulo elegí "Helium" de Sia y "Don´t wanna live for ever" de Zayn.

Nos leemos pronto, Aknuk.