Al llegar al piso de Tomoyo se respiraba un ambiente muy tenso.

Mi amiga me contó que todos acababan de enterarse de que Shaoran se había marchado.

Yo no le había dicho nada porque no quería creer que fuera cierto y Eriol tampoco se lo comentó porque no quería entrometerse en asuntos de familia.

-no sé qué ha pasado, Sakura... pero todo esto es muy raro- susurró mi amiga mientras entrábamos al salón.

Allí estaban los padres de Shaoran, Hien y Yelan.

Me miraron muy serios y Yelan dijo -¿nos podríais dejar a solas un momento?-.

Tomoyo y sus padres salieron del salón cerrando la puerta.

Me quedé de pie y crucé los brazos, no quería estar allí con ellos.

-supongo que ya sabes que Shaoran se ha marchado- dijo Hien mirándome con frialdad.

Asentí sin decir una palabra.

-esperamos que no lo busques, debe centrarse en sus obligaciones con la familia- añadió Yelan mirando a su marido.

-me ha quedado bastante claro que ya no le importo- escupí entre dientes aguantando las lágrimas.

Vi como Hien apretaba los puños.

-¿cómo podrías importarle? eres una chiquilla sin nada que ofrecer, tu familia no es nadie y él está destinado a dirigir una de las empresas constructoras más importante de Asia-.

Fruncí el ceño pero no respondí, mejor no discutir con ellos.

-¿realmente pensabas que te quería? pues estás muy equivocada, para él solo has sido un juguete con el que entretenerse hasta que se fuera- susurró Yelan con burla.

Noté cómo mi corazón empezaba a romperse.

-eso no es verdad- dije en voz baja, me estaban empezando a temblar las piernas.

-acéptalo, no ha sentido nada por ti y todos lo sabemos. La culpa es tuya, no tendrías que haber estado con él- contestó Hien sin piedad.

Empecé a hiperventilar, necesitaba salir de ese lugar cuanto antes.

Abrí la puerta y salí corriendo, escuché la voz de Tomoyo llamándome a gritos pero no dejé de correr hasta que estuve fuera del edificio.

Con lágrimas bajando por las mejillas me volví para mirar esa urbanización donde antes vivía el amor de mi vida, dejé salir un grito de rabia y volví a correr sin parar hasta que llegué a mi casa.

Me encerré en mi cuarto y todo se volvió negro.


Ya habían pasado casi seis semanas desde que Shaoran se marchó.

Las primeras semanas después de hablar con sus padres eran un revoltijo de recuerdos muy oscuros, tanto mis amigos como yo teníamos el pacto de no hablar de lo que había pasado.

Por suerte ya me encontraba un poco mejor, los temblores me seguían atacando de vez en cuando pero cada vez con menor intensidad.

Faltaban pocos días para que empezara nuestro primer año en la universidad... no me sentía tan emocionada como unos meses antes.

Además no me hacía gracia estar en la misma facultad que estuvo él, eso me iba a traer malos recuerdos.

Bastante tenía con saber lo que estaba escondido en mi cuarto, no estaba en el fondo del río como mis amigos pensaban.

Justo después de hablar con sus padres, mientras volvía corriendo a casa me quité el colgante que él me había regalado y estuve a punto de tirarlo al agua, pero al final lo guardé en uno de mis bolsillos.

Al llegar a mi cuarto lo metí en lo más profundo de uno de mis cajones para no volver a verlo más.

Había ciertas zonas de Tomoeda por las que evitaba pasar desde que se fue, una de ellas era el parque pingüino y otra los jardines donde habíamos entrenado tantas veces.

Pero no podría evitar ir a mi facultad, de eso no podía escapar.

Mis amigos intentaban animarme siempre que nos veíamos, sobre todo Eriol y Tomoyo que venían mucho a mi casa para obligarme a salir de allí y acompañarlos al cine o a cenar.

Yo prefería no salir, me dedicaba a estar en mi cuarto y a meditar, estaba intentando aprender a dejar la mente en blanco para no pensar.

Pero lo peor de todo era por las noches.

Desde mi horrible charla con sus padres siempre tenía los mismos sueños.

Shaoran volvía y me explicaba que marcharse había sido un estúpido error, que todo lo que me dijeron tanto él como sus padres era mentira, que me quería y que nunca volvería a irse lejos de mí.

Cuando me abrazaba y me besaba me sentía tan feliz que nada más me importaba, me dejaba envolver por su esencia y me aferraba a él lo más fuerte que podía.

Pero entonces me despertaba y descubría que todo había sido un sueño, siempre pensaba que lo que ocurría era real hasta que abría los ojos.

Y entonces un dolor agudo volvía a aplastarme el pecho haciendo que muchas lágrimas mojaran mi almohada cada mañana.

Noche tras noche me pasaba lo mismo, felicidad mientras dormía y tristeza extrema al despertar.

Aunque ya sabía lo que iba a pasar, por más que lo intentaba dentro de los sueños no podía evitar pensar que estaba despierta y era real... parecía tan real, hasta podía oler a Shaoran.

Aquello era una pequeña tortura que me recordaba que no iba a ser nada fácil olvidarlo.

Él me prometió que le olvidaría muy rápido... pero eso no se estaba cumpliendo.


Un par de meses después, en octubre, un sábado mis cinco amigos aparecieron en mi casa y me arrastraron hasta mi restaurante favorito de la ciudad.

-venga, Sakura. ¿no te apetece comer con todos nosotros?- me preguntó Chiharu acariciando mi pelo mientras el camarero nos guiaba hasta una mesa y nos sentábamos.

-no mucho, prefiero estar tranquila en casa- respondí en voz baja.

-pues no vamos a dejarte, tienes que volver a tu vida normal- me contestó Naoko.

Aquello fue como una puñalada en el corazón, nunca podría volver a mi vida normal.

-¿qué tal tus primeras semanas de clase?¿te gustan todas las asignaturas sobre química?- me preguntó Eriol.

-es un asco estar en esa facultad, todo me trae malos recuerdos- dije entre dientes sin mirarlo.

Tomoyo se levantó muy rápido y fue corriendo hacia el baño.

Escuché a Eriol suspirar y Rika dijo -voy con ella, la traeré de vuelta- levantándose para seguirla.

Miré a Eriol con ojos interrogantes y él me dijo -todavía se siente culpable, al fin y al cabo él es un miembro de su familia-.

Fruncí el ceño.

-pues no debería sentirse culpable, nada de lo que ha pasado es culpa suya- susurré apretando los puños.

-entiéndela, Sakura. seguro que tú también te sentirías igual si una de tus amigas hubiera...- empezó Chiharu pero Eriol la interrumpió con un gesto.

-no vamos a hablar de eso, tenemos que evitar estos temas y hablar de otras cosas- susurró mi amigo mirándola.

Chiharu asintió y vimos a Tomoyo volver con Rika.

-Tomoyo, ven- la llamé.

Chiharu se levantó para dejar que se sentara a mi lado.

Vi que mi amiga tenía los ojos vidriosos, le sujeté la mano y le dije -tienes que dejar de sentirte culpable de una vez-.

Ella bajó la mirada y respondió -si no te lo hubiera presentado nada de esto habría pasado-.

La acerqué más a mí y nos abrazamos.

-prefiero que haya pasado- susurré en su oído.

Mi amiga asintió y nos separamos cuando el camarero llegó con la comida.

-ya está bien de tanto drama, ahora a comer- dijo Rika relamiéndose.

Repartimos la comida y mis amigos empezaron a engullirla entre risas y comentarios sobre sus primeras semanas en la universidad.

Yo me había comido medio plato pero no me apetecía más. Lo aparté un poco pero Tomoyo me lo volvió a acercar diciendo -no pares hasta que lo acabes todo, Sakura-.

La miré con mala cara y respondí -no quiero más-.

Eriol dio un pequeño golpe en la mesa y lo miré sorprendida.

-termina tu comida, señorita- me dijo con rostro serio.

Solté un resoplido y contesté -no va a volver a pasarme otra vez, tranquilos-.

Eriol negó con la cabeza y susurró -calla y come-.

Le obedecí murmurando algunas protestas y terminé mi plato.


Diciembre. Después de tres meses en la facultad la química me estaba empezando a gustar muchísimo.

Por suerte mis clases estaban alejadas de la zona donde Shaoran daba las suyas el curso anterior y no tenía que pasar por allí.

El único sitio donde evitaba entrar a toda costa era la biblioteca, no sabía si algún día sería capaz de volver a poner un pie allí dentro.

Una tarde, volviendo a casa tras salir de mi última clase cambié la ruta por la que iba siempre y pasé por la zona de bares y pubs de Tomoeda.

En la puerta de algunos de esos locales a veces había chicos de mi edad que te animaban a entrar con ofertas en bebidas o comida.

Una de esas chicas se acercó a mí y me dijo -¡hola! ¿por qué no entras un rato y te bebes una cerveza?-.

La miré con mala cara y noté que el gesto de su cara cambiaba a uno de preocupación.

-vaya, sí que tienes mal aspecto, creo que realmente necesitas esa cerveza. vamos, entro contigo- añadió empujándome suavemente hacia el local.

Al entrar la música estaba muy alta, sonaba una canción de Iron Maiden que conocía bien.

La gente que había allí estaba bebiendo y riendo, me fijé en que casi todos llevaban ropa oscura y algunos de los chicos tenían el pelo muy largo.

La chica desconocida me llevó hasta una mesa que había en uno de los extremos del pub, me pidió que me sentara y se marchó a la barra.

Solté la mochila y suspiré mirando a mi alrededor.

Ella volvió con dos jarras de cerveza y me acercó una.

-me llamo Rei, a esta invito yo- me dijo guiñando un ojo.

La observé con curiosidad, tenía el pelo negro y muy largo, lo llevaba suelto. Sus ojos eran azul oscuro y muy grandes, pensé que era muy guapa.

-yo me llamo Sakura- respondí intentando sonreír.

-qué sonrisa más rara, parece que hayas olvidado cómo hacerlo- dijo ella con una mueca graciosa.

-ahora mismo no estoy pasando por mi mejor momento- contesté encogiéndome de hombros.

-ya me he dado cuenta, pero hoy conseguiré que te diviertas, ya lo verás- añadió ella sonriendo.

Mientras nos bebimos la cerveza descubrí que tenía dos años más que yo y se dedicaba a trabajar por los bares de la zona, parecía una chica muy simpática.

-¿por qué me has invitado? no tenías que hacerlo- le dije cuando nuestros vasos estuvieron vacíos.

-me di cuenta de que necesitabas distraerte y quise ayudarte- respondió ella agarrando mi mano izquierda.

Me llevó junto a un grupo de chicos que estaban en el centro del bar y me los presentó como sus amigos.

Pasé el resto de la tarde con ellos, entre risas y música rock.

Al salir del local Rei se ofreció a acompañarme un rato.

-¿te gusta ese tipo de música?- me preguntó divertida.

-sí pero no acostumbro a oírla mucho, tal vez ahora me aficione más- respondí levantando las cejas.

Ella empezó a reír y dijo -podrías venir a pasar el rato con nosotros de vez en cuando, me has caído bien-.

-lo mismo digo, volveré a ir que tengo que invitarte a una cerveza-.

Rei puso su mano en mi hombro y dijo -no me debes nada, me conformo con ver que ha servido para animarte-.

Sonreí y ella gritó -¡esa sí es una sonrisa de verdad! ¡lo he conseguido!-

Entre risas le di un pequeño codazo y seguimos caminando.