18. Ridículo

POV Milo


Estoy rodeado por llamas ardientes y mi vida está en el desmoronado bote. Mis ojos temerosos miran fijamente el cielo y grito el nombre de Dios.

Forbidden Lover —L'Arc en Ciel—


— ¿No lo recuerdas? "Tu y yo no podemos estar juntos en esta vida" — sueltas cada palabra cargada con todo el rencor que guardas, con tal de que él perciba aunque sea una milésima parte del dolor que te produjo cuando te rompió el corazón.

Sientes una gran satisfacción al ver sus ojos tristes al escucharte, pero te dice: — Milo, te amo — pronuncia con tono seguro y apretando tu mano, para no dejarte ir.

No entiendes su insistencia, acaso cree que por repetir esa frase, como un mantra, ¿vas a hacer como que nada pasó? Es tan ridículo que no evitas reír con ironía.

— Sabes, hace años oírte decir "eso" me habría hecho la persona más feliz del mundo. Pero ya es tarde — comentas alejando tu mano de su agarre.

— Aún no es tarde — dice con desesperación mientras vuelve a tomar tu mano.

Su acción te toma por sorpresa, no se parece el Camus que recuerdas, pero no vas a ceder. Ya lo habías decidido y aunque se te vaya la vida en ello te mantendrás firme. — Lo es, ya no soy el mismo tonto que te amaba y al que dejaste por irte a los brazos de tu "amado Isaac" — le reclamas y te vuelves a zafar. — Además no te estuve esperando.

— No te dejé por Isaac, me fui porque todo me estaba consumiendo: tú, el trabajo, mi familia. Sentí que jamás podría hacerte feliz y que, cuando te dieras cuenta de todos mis defectos, me ibas a hacer a un lado — recuerda con tristeza. — Admito que después inicie una relación con Isaac. Aunque logró opacar tu ausencia por un tiempo, jamás te olvide.

Al escuchar que tus sospechas eran ciertas, sientes un dolor en el pecho que te hace cerrar los ojos un momento.

— Milo — había aprovechado tu distracción para arrodillarse frente a ti y tomar tus manos. — No fui un santo y tampoco aseguro que tú lo fueras. No me importa si en estos tres años estuviste con otros hombres, no tengo la cara para reclamarte nada, pero podemos dejar todo atrás y comenzar algo nuevo juntos.

Ver sus ojos tan cerca, oler su colonia y sentir sus frías manos abrigando las tuyas te hace estremecer, pero no vas a caer. — Camus, no seas ridículo — dices mientras lo ayudas a levantarse y esperas a que tome su lugar antes de continuar. — Hace años no fuimos capaces de confiar el uno con el otro, no entiendo por qué será diferente esta vez.

— Tú lo dijiste, ya no somos los dos jóvenes tontos de hace unos años y sé que aún nos amamos — dice con confianza. — No lo niegues, el hecho que estés aquí es una prueba de ello; y te conozco, aunque trates de enmascararlo, veo como tus ojos brillan cada vez que te digo "te amo", o que no me rechazas del todo cada vez que te toco.

Sus palabras te molestan por hacer semejante afirmación. — ¡No! Te equivocas. Vine para decirte que ahora soy muy feliz sin tí. Cambié Camus y…

— Yo igual, estos años me concentré en hacer una vida perfecta, trabajé para comprar el loft y el auto que siempre quise, hace un par de meses dejé mi antiguo empleo y ahora me dedico al paisajismo urbano con Shura y Afrodita. Me siento muy cómodo con ellos. Adopté un perro Husky, se llama Siberian. He realizado algunos de los planes que hicimos pero, todos carecen de sentido sin ti, me haces falta Milo.

Escuchaste cada palabra con atención, pues suena tan tranquilo y esperanzado. Incluso lo observas con detenimiento para confirmar que el hombre frente a ti es Camus pero, aún con esta revelación, respondes — No.

—Milo, en verdad te amo.

Esto comienza a cansarte y, si no pones un alto, intuyes que se llevarán toda la noche en lo mismo.

— Sabes, durante meses te estuve esperando y, aunque Mü y Kanon me dijeron que era una pérdida de tiempo, quise creer en ti. El tiempo pasó y jamás recibí una visita, una llamada. Me hubiera conformado con un mensaje pero nunca llegó nada. Así que yo…

— Sí lo hice — te interrumpe bruscamente. — Milo, te fui a buscar a los pocos meses, incluso Kanon me dió una paliza por mi atrevimiento.

Quedaste estático al oírlo y tú corazón comenzó a bombear con fuerza, como no lo hacía en años. Estás tan nervioso que sólo puedes balbucear un — ¿Qué?

Camus suelta un suspiro, antes de verte a los ojos y esa simple acción, te hace querer huír, pero en su lugar comienzas a rezarle a todos los dioses que conoces, con la esperanza de que uno te escuche y no se desate tu mayor miedo: Que aún estás enamorado de Camus.


Nota de autor.

Hasta aquí terminamos con la reedición de los capítulos. ¿Qué pasará de ahora en adelante? eso ni yo lo sé. Aunque tengo una idea de cómo me gustaría terminar Fluxus, me he dado cuenta que las historias tiene vida propia y aunque intentes llegar al final que tienes planeado los mismos personajes te dicen como quieren terminar, así que diosito Milo me ampare.

¡Gracias por tomarte un tiempo para leer esta locura! e infinitos besos para Arodnas quien me ha ayudado muchísimo en esto.

Nos vemos en el capítulo 19.