Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 19

Tenues rayos de sol penetraban en la habitación, por entre las cortinas del gran ventanal. La temperatura para esa época del año había bajado algunos grados; no obstante, el frío que Sakura sentía en ese momento, no se debía al invierno, sino a la soledad en la cama. Se encontraba cómodamente acostada en su enorme cama matrimonial, demasiado cómoda para su gusto, y eso le indicaba que faltaba un cuerpo a su lado.

Sasuke la había dejado ahí para marcharse enseguida. El temor invadió su corazón, e incorporándose sobresaltada, miró hacia todas partes, buscando señales de él. Divisó entonces una pequeña nota en la almohada junto a ella, y sobre esta una rosa roja. Recordó la mañana en el hotel de York, y tomó rápidamente el papel para leerlo.

Preferí evitarte la desagradable experiencia, de despertar una vez más a mi lado. Estaré en Londres hasta tarde. Tengo una reunión. Gracias por esas dos palabras. No sabes cuánto desearía que fuesen verdad. Te amo, aunque no tenga derecho. Sasuke Sakura leyó de nuevo la nota, y suspiró profundamente.

Sabía que Sasuke no le había creído cuando le dijo que lo amaba, y no tenía idea de qué podía hacer para convencerlo, de que nunca diría algo tan cierto como eso. Además, no le gustó el enterarse de que llegaría tarde, y sabía que no tenía una reunión, porque él odiaba realizarlas a esas horas, y si no le quedaba otra opción, siempre le avisaba con anterioridad. Tomó la rosa entre sus manos, y notó que las espinas habían sido removidas. «Hasta de ellas quiere protegerme», sonrió ante ese pensamiento y decidió llamarlo. Se desilusionó cuando escuchó la voz que le respondió.

―Sakura, ¿qué sucede?

―¿Sasuke no te ha comentado nada?

―No. Está muy extraño. He tratado de sacarle información, y lo único que me dijo fue que era un maldito y que yo lo sabía. Me mira con dolor.

―Ay, Eva… ―Sakura suspiró, y pensó que nunca había necesitado más un abrazo como en ese momento―. Le conté la verdad.

―¿Cuál verdad?

―Tú sabes a qué verdad me refiero. Se oyó una fuerte exclamación desde el otro lado de la línea, seguido de un gemido de angustia.

―¡Por Dios, Sakura! ¿Cómo pudiste? ―Tenía que hacerlo. Hablé con una mujer, me dijo muchas cosas, y que la mejor forma de liberar este amor que siento por Sasuke era contarle, que él supiera, y así fue, Eva. Siento como si algo dentro de mí se hubiese despejado, siento…

―¡Y a mí qué me importa lo que tú sientas o no! ―gritó la mujer―. ¿No te das cuenta de que ha podido matarse?

―Eva…

―Nada, Sakura. Has podido matar a mi primo, porque una mujer te dijo que le contaras la verdad. ¿Te imaginas lo que debe estar sintiendo? ¿Cómo debe verse a sí mismo? ¡Pero claro! A ti solo te importa tu bienestar y nada más.

―¿Nada más? Eva, se te olvida que Sasuke me obligó a casarme con él, y abusó de mí en la
noche de bodas, sin importarle que yo era virgen. ―Sakura tragó para reprimir un sollozo. Sus palabras salieron con una amargura que no sentía, por lo que respiró hondo y continuó―: Ya lo he perdonado, y por fin he podido aceptar que lo amo. Lo necesitaba, Eva. Así que no me recrimines por lo que hice. Tú no tienes ningún derecho a meterte en mi relación con Sasuke.

―¡Tengo todo el derecho del mundo a meterme, si su vida está en juego! Te aprecio, Sakura, pero amo a Sasuke, y si para que él esté bien tengo que acabar con el mundo entero, incluyéndote a ti, lo haré. Que no te quepa la menor duda. La llamada fue cortada, y Sakura se quedó mirando el teléfono. Respiraba agitadamente, y las lágrimas corrían por su rostro. Entendía a Eva al buscar siempre el bienestar de Sasuke.

Ella no era muy diferente. Por Naruto haría lo mismo, porque lo amaba y solo deseaba su bienestar; sin embargo, le dolían las palabras de su amiga. Sabía que había hecho lo correcto al contarle a Sasuke. Su corazón y su alma se lo indicaban. Por fin podía reconocer que amaba a ese hombre loco y obsesivo que era su esposo.

Era como si se hubiese quitado un gran peso de encima, como si las cadenas invisibles que tenían su alma cautiva, desaparecieran, para dar paso a la libertad que implicaba el amar a alguien, sin importar los absurdos cuestionamientos de personas que no conocían el amor, y creían que lo único correcto era lo que se sentían capaces de hacer, o lo que creían adecuado. Ella ya había superado todas esas barreras al contarle la verdad a Sasuke.

Era libre de amar a quien quisiera, y no se arrepentía ni se avergonzaba. Lo amaba con locura, y por esa razón, las palabras de Eva le dolían. Quería hablar con Sasuke. Deseaba decirle que lo amaba, así él no le creyera, pero no podía marcarle de nuevo, porque Eva contestaría su celular, que estaba segura, su primo se lo había entregado para evitarle la desagradable experiencia de hablar con él.

Tampoco podía llamar al teléfono de la compañía, pues ninguna llamada le llegaba, sin pasar primero por Eva. «¡Sara!». Se había olvidado por completo de su amiga. Ella podía comunicarla con Sasuke sin que Eva lo supiera, y sin que él mismo lo hiciera hasta que escuchara su voz. Buscó el número en la agenda de su teléfono y llamó.

―Buenos días, señora. ¿Se le ofrece algo? Sara se encontraba molesta porque ella aún no la había llamado, para contarle lo de su embarazo, y seguramente se había enterado por terceras personas. Sakura intentó reír por el tono de su amiga al hablarle, pero un sollozo fue lo que escapó de sus labios.

―¡Oh, Dios, Beth! ¿Qué tienes?

―No digas mi nombre, por favor. Discutí con Eva, y no quiero que se entere que te estoy llamando. Sakura escuchó el rechinar de una silla contra el suelo, y la voz de John en el fondo, aunque no pudo distinguir las palabras. Luego una puerta se cerró, y por fin pudo escuchar de nuevo la voz de la rubia.

―Ya. Eva está en la oficina del señor Uchiha, y John no me escuchó. Estoy en archivos. Dime qué sucede.

―Ay, Sara, sé que he sido una pésima amiga, pero te juro que no sé dónde tengo la cabeza. Perdóname, por favor.

―No te preocupes. Estoy muy feliz por la noticia. Eva nos contó, y tu esposo parecía un niño chiquito en la mañana de Navidad. Nunca lo había visto tan feliz. Aunque hace unas horas se presentó con una cara, que sinceramente me asustó. Pareciera que se topó con un Dementor. A Sakura le habrían hecho gracia las palabras de la chica, si no supiera lo que significaban. Sasuke estaba sufriendo, y ella deseaba aliviar su dolor. Sollozó con fuerza sin poder evitarlo.

―Me estás asustando, Sakura. ¿Pasó algo contigo? ¡Oh, Dios! ¿El bebé está bien?

―Sí, sí. Los dos estamos bien, es solo que… él y yo discutimos y…

―No importa. Déjalo así ―concedió la chica, al escucharle la indecisión al hablar―. Soy tu
amiga, cuando puedas me cuentas, y si no, no hay problema. Sakura respiró aliviada, y le agradeció su comprensión.

―Dime qué necesitas.

―Tengo que hablar con él, el problema es que le dio su celular a Eva, porque no desea hablarme, y ella ahora mismo no quiere saber nada de mí. No hay forma de llegar a él y necesito hacerlo.

―Entiendo. Con Eva en la oficina no puedo acercarme, pero si ella saliera del área de presidencia, yo quedaría a cargo de sus llamadas, le diría que es alguien más, y así atendería tu llamada.

―¡Te amo, Sara! Yo me encargo de que Eva salga. Está pendiente. Cortó la llamada y llamó a Kendal. Él podía sacar a su hermana de la oficina.

―Muñequita. ¿Extrañando mi sexy voz?

―Te digo que sí, si me haces un favor.

―Lo que sea por ver feliz a mi americana favorita. Sakura le contó someramente la situación, y tal como esperaba, él no hondó en el tema.

―Típico del idiota. Si fueras mía te mantendría en horizontal todo el tiempo, aunque en vertical no estaría nada mal…

―Kendal… ―Bueno, ya. Dame un par de minutos y tienes a la bruja fuera del área ―prometió, ella le agradeció riendo a la vez, y cortó la llamada. Envió un mensaje a Sara informándole de sus avances, y luego de unos minutos, recibió uno de vuelta, avisándole que podía llamar. «Es increíble que tenga que hacer todo esto para hablar con mi esposo», pensó con molestia y dolor. Sara respondió de manera profesional, para que John no se enterara de quién llamaba, y la comunicó con Sasuke.

―Uchiha ―respondió de forma fría e impersonal. Sakura sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Sabía que él no le hablaba así a ella, pero las circunstancias en las que se encontraba, le hicieron sentir que esa frialdad era la que él poseía en su corazón; además, el deje de tristeza y vacío era muy notorio.

―Sasuke… Escuchó un jadeo del otro lado de la línea.

―Por favor, no me cuelgues ―dijo rápidamente, con voz trémula

. ―Nunca haría eso, Sakura ―aseguró él con voz firme, sin dejar de ser suave―. ¿Estás bien?

―No.

―¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? ―preguntó frenético.

―Me duele el corazón, Sasuke, porque quiero abrazarte y tú huyes de mí. Escuchó cómo soltaba el aire de golpe.

―Lo que menos deseo es causarte dolor. No lo soporto. Sakura guardó silencio por un momento. La voz de Sasuke sonaba dolida, acongojada, y ella deseaba estar a su lado. Era ella la que no podía soportarlo.

―Sasuke, yo…

―Dime qué deseas.

―¿Qué? ―preguntó Sakura desconcertada. Ya se lo había dicho, deseaba abrazarlo, estar a su lado.

―Si quieres estudiar puedes hacerlo, siempre que la enfermera y Lissa permanezcan a tu lado todo el tiempo. Si quieres trabajar será de la misma forma, y en un empleo que sea tranquilo. Te mudarás cerca de dónde elijas, para evitarte…

―¿Me estás sacando de Gillemot Hall? ―jadeó Sakura―. ¿Me estás sacando de tu vida?

―No, mi… Claro que no. Eres mía y no te dejaré ir nunca. Solo quiero que hagas lo que deseas…

―Lejos de ti ―completó Sakura, intentando no llorar.

―Sakura, no llores, por favor. No me gustan tus lágrimas, a menos que sean de alegría. Yo iré a dónde tú estés, siempre que me lo pidas. Te he hecho mucho daño, y quiero hacerte feliz por fin, al menos el tiempo que no me veas.

―¿Y tú?

―Yo no importo

. ―A mí sí me importas, Sasuke, y mucho. Yo te…

―No lo digas, por favor. Me gusta escucharlo, mas no soporto que no sea cierto, no soporto tu lástima.

―Pero… ―Tengo que colgar y… Sakura no lo dejó terminar. Cortó la llamada antes, y una lágrima rodó por su mejilla. Al principio, Gillemot Hall era una prisión para ella; ahora, había llegado un momento en que no deseaba por ningún motivo abandonarla. La sentía su hogar, y con Sasuke en ella era el lugar perfecto. Él la estaba alejando, sin dejar de ejercer su control sobre ella. Le estaba permitiendo hacer lo que antes le había pedido: estudiar o trabajar; sin embargo, de qué le servían a ella todas esas concepciones, si no lo tenía a su lado.

Antes las deseaba, y seguía haciéndolo, pero no a un costo tan alto. No intentó llamarlo de nuevo. Pasó el día entero sin salir de la habitación. Se sentía deprimida, triste y confusa. No desayunó, y almorzó porque Katy la obligó a hacerlo por el bebé. Deseaba que la noche llegara para verlo, para tratar de razonar con él, y al mismo tiempo temía su rechazo. No quería verlo cerrar la puerta de otra habitación, que no fuese la que compartían.

Naomi se convirtió en su compañía de la tarde, acostada a su lado en la cama. Emma le envió un mensaje, informándole que no podría visitarla para esos días, porque se encontraban todos preparándose para el invierno. Sakura lo agradecía. No deseaba que nadie la viera en ese estado. Al acercarse la noche, tuvo el presentimiento de que no vería a Sasuke, y un par de horas antes de medianoche, sus sospechas se acrecentaron.

Dudaba que fuese casualidad que la repentina reunión, se extendiera hasta tan tarde, justo ese día. No pudiendo aguantar más la incertidumbre, tomó su BlackBerry, y decidió hacer el intento de chatear con él.

Sakura Uchiha: ¿Estás ocupado?
La R que indicaba que el mensaje había sido leído, apareció a los pocos segundos.

Sasuke Uchiha: Nunca lo estoy para ti.

Sakura Uchiha: Pues pareces estarlo para venir a tu casa junto a tu esposa y tu hijo. Si bien la R apareció al instante, él demoró en responderle.

Sasuke Uchiha: No me necesitas allá. -La propiedad tiene una alta seguridad, y todos los empleados están a tus órdenes. -No te faltará nada. No necesitaba más palabras. Sasuke no pensaba ir esa noche. Aun así, intentaría hacerle cambiar de decisión.

Sakura Uchiha: Me faltas tú. -No quiero riquezas, ni empleados, ni seguridad. Yo solo te quiero a ti, así sea debajo de un puente. De nuevo demoró en responder, más que la vez anterior. Tanto, que Sakura pensó que no lo haría.

Sasuke Uchiha: Mañana también tengo una reunión. Estaré allá el jueves en la noche, sin falta.
Beth dejó escapar un fuerte sollozo. Sasuke la estaba abandonando. En ese momento serían unos días, luego podrían ser semanas enteras. Las lágrimas comenzaron a empañar sus ojos, y a caer sobre la pantalla del celular. No le gustaba ese sistema para hablar con él, y mucho menos en la situación en la que se encontraban. No sabía qué responder. Deseaba decirle tantas cosas, y al mismo tiempo ninguna por ese medio.

Dejó el celular a su lado, y lloró con las manos sobre su rostro. En ese momento entendió que, posiblemente, así se sintió él en los meses anteriores, cuando ella lo rechazaba y le decía que lo odiaba, que lo aborrecía, y que no soportaba siquiera que la tocara. Él solo la mantenía alejada y ya se sentía morir, no quería ni imaginar cómo estaría en ese momento, si él la tratara de la forma en la que ella lo había hecho. Si el karma existía, ella lo estaba padeciendo. Escuchó el corto pitido de un nuevo mensaje en el BBM, y tomó el celular con un dejo de esperanza creciendo en su interior; no obstante, este se desvaneció, cuando leyó lo que Sasuke le había escrito.

Sasuke Uchiha: Duerme tranquila. Buenas noches. Eso era todo, era su despedida. No iba a llegar a la casa. Entre el llanto, respondió lo único que deseaba decir de cualquier forma posible.

Sakura Uchiha: Te am$ Luego de enviar, fue que se percató de la barbaridad que había escrito, y que al pulsar el botón de enviar, también había pulsado el que se encontraba a su lado, que era el del signo $. «Solo falta que crea que lo amo por su dinero», pensó, y lloró con más intensidad. Así pasó la noche, hasta que el sueño la venció, un par de horas después de la medianoche.

Los pequeños arbustos podados de forma rectangular, y extendidos de tal manera que formaban una especie de cercado, al mismo tiempo que creaban figuras y daban la impresión de un espacioso laberinto, rodeaban un hermoso jardín en el que rosas, jazmines, orquídeas, lirios, agapantos y demás especies de flores, brillaban hermosas bajo los intensos rayos de sol.

Sakura Haruno caminaba por entre los espacios formados por los arbustos, y levantaba su rostro para recibir el calor del sol en plenitud. Llevaba un vestido blanco de seda, de delgados tirantes en los hombros, un poco ajustado en el torso y que abría bajo las caderas para caer libremente hasta sus pies descalzos. No sabía dónde se encontraba, ni cómo había llegado hasta allí, solo podía sentir una hermosa paz que la invadía y la reconfortaba.

Caminó unos pasos más hasta el centro del jardín, y se topó con una figura negra sobre un enorme pedestal de piedra blanca. Era la estatua de un hombre con una gran capa con capucha negra, que lo cubría casi por completo, dejando al descubierto solo un rostro hermoso, con los ojos cerrados y una expresión adusta. Sakura lo contempló por un momento, sumergida en esas facciones que no parecían reales. De repente, la base del monumento empezó a incendiarse. Enormes llamas rojas comenzaron a levantarse, lamiendo la piedra de la estatua. En ese momento, esta abrió los ojos, y el fuego lo devoró en su totalidad…

Cuando despertó, Katy se encontraba a su lado y Nani a los pies de la cama. Las dos la miraban con preocupación, y ya se podía imaginar el aspecto que tenía. Sobre todo, después de ese sueño tan perturbador.

―Niña…

―Nani fue la primera en hablar―, debe comer algo, anoche no lo hizo y ya es medio día.

―Piense en el bebé, señora. No puede pasar hambre por él ―intervino Katy, ayudándola a incorporarse.

―¿Sasuke ha llamado? Ellas se miraron, y Katy fue la que contestó.

―Habló temprano para preguntar por usted. Me pidió que no me apartara de su lado en ningún momento. Sakura inhaló profundamente, y se pasó una mano por el cabello para apartarlo de su rostro. Se percató entonces de que llevaba la misma ropa de dos noches atrás, cuando habló con Sasuke de lo sucedido y el caos se desató. Miró el celular a su lado; no había mensajes de Sasuke, ni llamadas perdidas. Seguía sin desear hablar con ella.

―Debe almorzar, señora ―dijo Katy en tono suave y suplicante―. No es bueno que salte otra comida. ―Comeré algo ligero, ahora necesito ir al baño. Quiero estar sola. Katy la miró con reprobación, pero Sakura la ignoró, se levantó y caminó hacia el cuarto de baño. Antes de cerrar la puerta, escuchó a las mujeres murmurar su preocupación y salir de la habitación. Evitó mirarse al espejo. No quería ver reflejado en él lo que su corazón sentía. Le bastaba con el dolor en su interior, como para también ponerle una imagen.

Se sentó entonces en el retrete y apoyó la cabeza en sus manos. Necesitaba a Sasuke a su lado. La ausencia la estaba matando, y más su silencio. Pensó en el ofrecimiento que le hizo sobre estudiar y trabajar. Era lo que ella deseaba, lo que siempre le había pedido; sin embargo, eso implicaría que el poco tiempo que tenían para estar juntos, sería acaparado por sus clases y reuniones académicas. Eso, si lograba convencerlo de regresar a la casa de forma permanente. Tenía que tomar una decisión. Su relación pendía de un hilo, y al mismo tiempo, estaba la oportunidad de cumplir sus deseos de años.

Recordó las palabras de su padre. «―Cada día tiene su afán, y en esta vida siempre hay tiempo de sobra para todo, menos para ser feliz. Si no lo haces cuando debes, esa oportunidad se irá, y nunca la podrás recuperar». Ella lo entendía y lo sabía. Solo tenía diecinueve años. Era muy joven aún, podía estudiar más adelante, lo mismo que trabajar, pero si dejaba pasar el tiempo con Sasuke, ese jamás regresaría, y podía perder al hombre que amaba por algo que podía esperar.

Deseaba estudiar, de eso no tenía duda, pero Naruto había esperado, y consiguió una beca en una excelente universidad, además de un empleo con el que muchos profesionales solo se atrevían a soñar. Ella podía hacer lo mismo, esperar un par de años, quizás tres, y luego cumplir sus metas personales, porque sus sueños y deseos habían cambiado en prioridad. Pensó también en Sussana. Era una chica que siempre hacía lo que deseaba, sin importarle lo que los demás pensaran.

«―Las personas acostumbran a esperar, que los demás hagan las cosas que ellos creen correctas, en el orden que tienen planeado, y cuando eso no sucede, entonces te llaman débil, ¡débil! Sakura, pero son ellos los débiles, que no son capaces de salirse de la línea establecida. ¡Ay, amiga!, sus vidas deben ser tan aburridas».

Era cierto, era su vida y haría lo que deseara. Si se equivocaba, serían sus errores, no los de otros. Después de todo, en eso consistía madurar: tomar decisiones, equivocarse, aprender y volver a intentar; y ella había tomado una decisión. Así lo haría, nada más.

―¡Maldición! ―exclamó, levantándose de un salto―. No pasé por una estancia ilegal en un país extranjero, un matrimonio forzado y una violación, para venir a tirar todo por la borda, ¡solo porque quiero obtener un doctorado antes de los treinta! Al diablo con mis moralismos. Soy Elizabeth Stone, ¡y haré lo que me dé la gana!

Su alma se lo gritaba al igual que su corazón. Debía correr hacia ese hombre por el que había esperado tanto tiempo. Debía hacer que él la aceptara de nuevo, creyera en sus palabras, y reconociera que ella era suya, no porque él la obligara, sino porque así era desde antes de que naciera. Salió apresuradamente al vestíbulo de la habitación, y tal como esperaba, encontró a Lissa aguardando, con una bandeja de comida en la mesita junto a la pared. La chica la saludó con una tímida sonrisa.

―Hola, Lissa. Voy a salir de urgencia ―informó, entrando al vestidor.

―Claro, señora. ¿En dónde desea almorzar? ―preguntó la chica, siguiéndola.

―No tengo tiempo para eso.

―Señora, son órdenes del señor de que no se salte ninguna comida, y ya lo ha hecho con dos. Sakura sonrió ante esas palabras sin poder evitarlo. Sasuke se preocupaba por ella.

―Tráeme entonces un vaso de jugo de naranja ―pidió, tomando uno de los vestidos.

―¿Solo eso? Debería… Sakura se giró, y la miró de la forma en la que sabía que Sasuke lo hacía. Seria, autoritaria, y con un toque de amenaza.

―Solo eso, Lissa. La chica se tensó, asintió frenéticamente con la cabeza, y salió de la habitación. Sakura sabía que ella le temía a Sasuke, y aunque muchas veces le reprochaba la forma en cómo asustaba a la empleada, en ese momento no tenía otra opción que usar el mismo método. Entró de nuevo a la habitación, arrojó el vestido sobre la cama e ingresó al cuarto de baño. Luego de ducharse y asearse, comenzó a vestirse. Mientras se tomaba el jugo que encontró en la mesa junto a la ventana, llamó a la chica para que le alcanzara los zapatos que usaría.

―¿Quiere que le avise a Dacre que saldrá? ―preguntó Lissa, mirándola con recelo.

―No. Yo lo haré. Dile que me espere en el vestíbulo de la mansión, pero no le digas que saldré. La joven asintió y se retiró a cumplir la orden. Ya se estaba acostumbrando a tener personas a cargo, e impartirles órdenes; algo que nunca imaginó que le llegara a suceder, al menos no en el caso de personal doméstico o de seguridad. Estaba convirtiéndose en toda una señora Stone, aunque lo mejor de ese título estaba en la cuerda floja. Y eso era lo que iba a solucionar. Una vez vestida y lista para salir, se miró al espejo.

El vestido escogido era uno de color violeta, sin mangas y con cuello cuadrado, que le llegaba justo arriba de las rodillas, dejando solo esa zona de sus piernas al descubierto, por unas botas altas de cuero negro y tacón bajo. Un bolso también de cuero negro completaba su atuendo. El cabello suelto cayéndole en ondas sobre sus hombros, unos pendientes de perlas, una delicada pulsera a juego, y un leve toque de maquillaje ahumado en los ojos, para tratar de disimular las pronunciadas ojeras, que se marcaban por la falta de sueño.

Aunque el vestido debía quedarle suelto, en la parte del abdomen se tensaba poco. No le quedaba mal, al contrario, solo que ya sería evidente para cualquiera, que ese pequeño bulto, era un nuevo Stone en camino. La chica adolescente que vestía vaqueros, camisetas y Converse, había quedado atrás. Era la señora Stone la que la miraba desde el espejo.

―Esto servirá ―se dijo a sí misma, sonriendo levemente por la broma. Se acarició con ternura el abdomen―. Vamos a buscar a tu papi. Bajó las escaleras con Lissa a su lado, y Becca que se unió a ella en el corredor. En el vestíbulo se encontró con Dacre, quien la saludó con la formalidad acostumbrada.

―Dacre, vamos a UchihaWorld, y necesito que no le avises a Sasuke. Quiero que sea sorpresa. El hombre frunció el ceño y los labios, y miró a las dos mujeres detrás de ella.

―Señora, entienda que debo avisarle de todos sus movimientos.

―¡Lo sé! Pero quiero sorprenderlo. ¿Es que acaso no podré nunca sorprender a mi esposo en su trabajo? ―preguntó, con un tono de voz más alto del que pretendía. El hombre se la quedó mirando por un momento, sopesando sus palabras.

―Si usted va para su oficina, se enterará después de todo cuando la vea. Sakura suspiró aliviada. Cuando ya se encontraban en el auto ―con la que denominó La Comitiva Real: Becca a su lado, Lissa en el asiento delantero y Dacre manejando―, Sakura llamó a Sara y le informó que se dirigía hacia allá, y que nadie debía saber. Una hora y media después, ya se encontraba en la ciudad, y luego de unos minutos más, cuando ya daban las quince y treinta horas, Sakura Uchiha entró por la puerta principal de la compañía. Saludó afectuosamente al vigilante, y este le respondió con una gran sonrisa.

Al pasar por la recepción, saludó también al par de chicas ahí ubicadas, y le pidió a una de ellas no ser anunciada.

―Eso era necesario antes, señora. Usted ya no necesita de todo ese protocolo. Sakura le sonrió en agradecimiento, y le recordó que ella seguía llamándose Sakura; ya que la había conocido de esa forma, le pedía que siguiera llamándola así. Saludó a algunas personas de camino al ascensor, y recibió de vuelta felicitaciones por su estado.

Al llegar a él, agradeció que se encontrara desocupado, pero le pareció muy curioso que cada vez que el ascensor se detenía en algún piso, y la persona que iba a tomarlo la veía, la saludaba cortésmente por su apelativo de señora Uchiha, y se apartaba, dejando que las puertas se cerraran de nuevo. Sakura esperaba que no fuera miedo lo que les impedía subirse con ella en el ascensor, sino la cantidad de gente en él, aunque solo eran cuatro personas para un espacio de mucha más capacidad; y la idea de que pudiese ser respeto, tampoco le agradaba mucho; sin embargo, debía agradecer en ese momento que la dejaran sola, pues necesitaba tranquilizarse para enfrentar, no solo a Sasuke, sino también a Eva, que seguramente se encontraría en su puesto de trabajo.

Cuando las puertas se abrieron, lo primero que Sakura enfocó fue a Eva. Estaba tan abstraída en sus pensamientos, mirando un celular en su escritorio, y mordiéndose furiosamente una uña, que no se percató de su llegada. «¿Eva se está mordiendo una uña?», pensó extrañada, pues ella no era una mujer que tuviese ese tipo de manías, y mucho menos, arriesgaría su perfecta manicura de esa manera.

―Señora Uchiha ―saludó John formalmente, sin perder el toque sarcástico y despectivo. Eva levantó la vista al escuchar las palabras del chico, y se puso de pie de un salto. Posó su mirada intensa sobre la chica que se frenó enseguida. Unos segundos pasaron en los que no pronunciaron palabra alguna. Sakura quería decir tantas cosas. Ella era su amiga, la única que había estado en cada paso de su relación con Sasuke, y no deseaba estar enemistada con ella. Abrió la boca para comentar algo, cuando la mujer se le adelantó.

―Sara, John, lleven a los acompañantes de la señora a la cafetería ―indicó, sin apartar los ojos de Beth.

―Pero, Eva, tenemos que…

―¡Ahora! John frenó sus palabras al instante, y fue rápidamente empujado por Sara hacia el ascensor, donde los siguieron los demás, sin rechistar. Las puertas se cerraron luego de unos segundos, dejándolas solas por fin. Antes de que Sakura pudiese pronunciar palabra, Eva caminó hacia ella y la abrazó sin aviso.

―Lo siento, Sakura. No sabía lo que hacía. Por favor, perdóname. No quería decir todo eso… Eva se deshizo en disculpas y explicaciones, mientras Sakura la abrazaba de vuelta. Lágrimas escaparon de los ojos de las dos.

―No importa. No importa, Eva ―dijo Sakura separándose de ella, y tratando de secarle las lágrimas que corrían por sus mejillas, sin dañar el maquillaje―. Sé cuánto lo quieres, es normal que lo prefieras.

―Te iba a llamar ayer, solo que no sabía cómo me recibirías. Tú eres mi amiga. No debí hablarte así, lo siento. Sakura le sonrió y la abrazó de nuevo. No le gustaba estar molesta con ella. Era extraño para las dos.

―¿Has hablado con Sasuke? Eva negó con la cabeza.

―Creo que él sabe que lo sé, y estoy casi segura de que está molesto conmigo por no habérselo dicho. No sé cómo tocar el tema ―explicó con tristeza―. Me asusta el estado en el que se encuentra.

―Quiero hablar con él. La mujer asintió y le cedió el paso.

―Sakura ―llamó antes de que ella abriera la puerta de la oficina―. ¿Lo amas? ―Con todas mis fuerzas. Eva sonrió.

―Gracias, Sakura. Él lo es todo para mí, y escucharte decir eso me hace muy feliz. Sakura le devolvió la sonrisa. «Esa forma de amar a un primo no es convencional. ¿Se habrán conocido en aquella vida?», el pensamiento cruzó su mente, pero lo dejó pasar y abrió la puerta. Sasuke se encontraba sentado en su silla, de espalda a ella, mirando hacia el gran ventanal que le mostraba una panorámica de Londres. Una ciudad totalmente indiferente al dolor que yacía en esos dos corazones.

―Diles que no tengo tiempo para indecisiones. Tienen mis condiciones sobre la mesa, si no las aceptan no hay nada de qué hablar. No voy a negociar sobre un tema que afecta a la comunidad de… Se encontraba en modo empresario. Su voz era firme y segura.

Sakura la conocía en todas sus facetas, solo que esta vez, percibió algo que no había en sus antiguas charlas de negocios: un vacío tal, que lo hacía parecer una máquina y no un ser humano; aun así, era la voz del hombre que amaba, y para ella fue un placer poder escucharlo directamente, así estuviese hablando de negocios y contratos.

Comenzó a caminar hacia el escritorio y Sasuke levantó una mano, indicándole que esperara. Seguramente pensaba que se trataba de Sara. Sakura se detuvo por un segundo, para enseguida dar un par de pasos más. No supo si fue por su reflejo en el vidrio del ventanal, o por el olor de su perfume, o porque sintió su presencia, que Sasuke se giró de repente, con el rostro contrariado por el pánico. La miró a los ojos, y enseguida, evaluó su cuerpo completo.

―Te llamo luego ―anunció a quien se encontraba del otro lado de la línea, y cortó la llamada―. ¡Por Dios, Sakura! ¿Estás bien? ¿Qué tienes? Corrió hacia ella, y Sakura, adelantándose, dejó caer el bolso al suelo, le tomó el rostro entre las manos, se empinó y lo besó. Sasuke se detuvo al instante, sorprendido por el actuar de la chica. Ella aprovechó su inmovilidad y le rodeó el cuello con los brazos, profundizando el beso que él no pudo ignorar más. La abrazó entonces por la cintura, y abrió la boca para recibir la lengua de Sakura en ella.

El beso no era tierno ni romántico, era un beso exigente, devorador, que les hacía demostrarse el uno al otro cuánto se necesitaban, cuánto se extrañaban y la alegría de encontrarse de nuevo, a pesar de que solo habían pasado día y medio separados; mas no era el tiempo, sino la situación en la que se encontraban.

La distancia radicaba en sus corazones, y no en los kilómetros que los separaban. El beso se intensificó, y Sakura, en su afán de acercar más sus cuerpos, empujó contra él, haciéndolo tambalear hacia atrás, estrellándolo contra el escritorio. Él se apoyó en la mesa, abrió las piernas y la ubicó entre ellas, abrazándola con fuerza, haciéndola sentir su creciente erección. Los dos jadearon, y la sensación que recorrió el cuerpo de Sasuke, lo hizo reaccionar. Tomó a Sakura por la cintura y la apartó un poco de él, rompiendo el beso a regañadientes. La miró a los ojos, y bajó la cabeza cuando ella intentó besarlo de nuevo.

―Lo siento. No debí perder el con… Sakura lo besó de nuevo. Estaba dispuesta a demostrarle que ella realmente deseaba ese momento. Que no lo hacía por lástima u obligada, sino porque quería estar con él, hacerlo sentir amado, y que él le hiciera lo mismo; y lo conseguiría, así tuviese que pasar toda la tarde intentándolo.

―Sakura… ―murmuró Sasuke contra sus labios.

―Te amo, Sasuke ―declaró ella de la misma forma. Él se separó de nuevo, y para evitar otro beso, escondió el rostro en el cuello de ella, inhalando profundamente, embebiéndose de su olor.

―Quisiera creerte.

―Antes lo hacías; cuando todavía no te lo había dicho.

―Eso es porque estoy loco por ti. Quiero creer cosas que no son. Creía cosas que no fueron, y olvidé las verdaderas ―dijo, y su cuerpo se estremeció levemente, ante el recuerdo de lo sucedido en la noche de bodas. Sakura enterró sus dedos en el cabello de él, y comenzó a acariciarle la cabeza, haciendo un leve masaje.

―¿Recuerdas la vez en que te pedí que me dieras la noche de bodas que debimos tener? Él asintió.

―Pensaba que hablabas de mi falta de tacto, y no de… una…

―Esa es la única noche de bodas que recuerdo ―declaró Sakura con voz firme―, y quiero demostrártelo, para que también se convierta en tu único recuerdo. Sasuke se irguió y la miró a los ojos, sorprendido y confuso por su declaración.

―Vamos a tu apartamento ―continuó Sakura―. Quiero que hablemos. Sasuke negó con la cabeza, y apartó la mirada.

―No puedo, Sakura. Tengo una reunión…

―No tienes ninguna reunión, Sasuke. ¡No me mientas! Me prometiste no negarme nada, nunca. No rompas tu palabra hoy. Te lo estoy pidiendo. Él la miró de nuevo. En sus ojos se reflejaba la lucha interna que libraba. Sakura no quería que lo pensara mucho, por lo que lo besó suavemente en los labios, lo tomó de la mano, y lo haló para que se levantara

―Anda, vamos a tu apartamento, pero primero pasemos a comer algo. Muero de hambre.

―¿Por qué tienes hambre si todavía es temprano? ―preguntó, entrecerrando los ojos. Sakura se mordió el labio y se encogió de hombros, tratando de restarle importancia.

―¡Maldición, Sakura! Tienes a mi hijo muerto de hambre. Rodeó furioso el escritorio, tomó su maletín, su saco de vestir, regresó a donde ella y la tomó de la mano, apresurando los pasos fuera de la oficina. Estaba muy molesto al entender que Sakura no había almorzado, no cabía duda; sin embargo, la sonrisa que adornaba el rostro de ella, no tenía comparación alguna. Había logrado superar el primer paso de su plan, y si todo salía como lo tenía pensado, esa noche le haría el amor a Sasuke en su apartamento.