Decir que estoy preocupado es poco hace una semana que no veo a Tom, Draco me ha hecho compañía pero yo quiero estar con él.
Suelto un sollozo mientras me abrazo a mí mismo en la cama hasta que consigo dormir.
PoV Tom
Ha sido difícil estar separado de Harry, echo de menos todo de él.
Su cara.
Su pelo.
Sus ojos.
Su cuerpo.
Pero sobretodo, reír con él.
Salimos corriendo de Azkaban con el perro tras nuestro. Nos aparecemos en mi mansión viendo a Draco llorar en el regazo de su madre.
-¿Qué pasa?
-Harry...
No le doy tiempo a que siga hablando y subo de dos en dos los escalones, ni si quiera giro para ver como Snape entra viendo a Sirius tirándose encima de él.
Abro la puerta de la habitación encontrándome con la peor escena que he podido encontrar.
Mi pequeño abrazado a una almohada como si fuera una persona, el rostro sonrojado con pequeñas lágrimas surcando su hermoso rostro. Me acerco hasta estar al lado de la cama y me agacho mirándole la cara.
Le beso la frente.
Le beso los mofletes.
Le beso los parpados.
Hasta que por fin llego a sus rosados labios.
Veo como sus ojitos van abriéndose hasta dejarme ver sus brillantes esmeraldas que tiene como ojos.
-Pequeño.- Susurro sobre sus labios.
-Tommy.- Dice mi pequeño antes de abrazarme enredando sus brazos en mi cuello.
-Te he echado de menos.-
-Yo también pequeño.
-Nunca más.
-Nunca más.- Repito.
Hago que se separe de mí viendo como sus hermosos ojos están plagados de lágrimas. –Has tardado demasiado.
-Lo sé.- Le beso la frente.
-Estás más delgado.- Afirmo.
-No podía comer sin saber si estabas vivo o...- Calla como si le doliera algo.- Muerto.
-Estoy bien, ¿No me ves?- Sonrío para relajarle.
Besa mis labios suavemente como si temiera que desapareciera en cualquier momento. Le sigo el beso lento y suave admirando su sabor.
Canela.
Siempre he amado la canela.
-¿No quieres ver a tú padrino?
Asiente emocionado y bajamos poco a poco las escaleras sin soltarnos de las manos. Al ver a Sirius, Harry me suelta y salta encima suyo llorando.
-Padrino.
-Cachorro.- Dice Sirius con emoción.- Estás bien.
-Sí, ellos me han cuidado.
-Muchas gracias...
-Tom.- Respondo a su pregunta silenciosa.
-¿Voldemort?- Grita.
-No es malo, padrino.- Le intenta convencer mi pequeño.
Saca su varita y me apunta, Harry se interpone entre nosotros dos.- No harás eso nuevamente, Harry.
-Lo haría una y mil veces, Tommy.
Le giro y le apreso con mis brazos dándole un beso en la nariz.- ¿Qué es esto?- Grita Sirius.
-Él es mi pareja.
-¿Qué?- Veo como se desmaya.
-¿Por qué todos hacen eso?- Dice mi pequeño indignado.
Me encojo de hombros y le abrazo por la cintura.- No pueden con nuestra hermosura.
Rueda los ojos.- Egocéntrico.
-Así me quieres.
-Mucho.
Sirius despierta gracias a su pareja y lo primero que hace es mirar hacia donde estamos sentados, Harry encima de mí y yo rodeando su cintura con mis brazos apegándole a mí.
-Contarme cómo es eso.
Procedemos a decirle todo desde el principio, desde su viaje hasta lo que pasó en el Valle Godric sin dejar ni un detalle.
Todos escuchaban atentos mientras Harry se acurrucaba en mi pecho y oía atentamente mi punto de vista. Le explico del juicio que tuve y por qué mientras sentía como se estremecía y Sirius apretaba los puños fuertemente.
-Yo lo mato.- Es lo único que se escuchó en aquella sala a la par de los sollozos de Narcisa. En ese punto Snape ya estaba desmayado en el regazo de su esposo.
-Ponte a la cola.- Dije.
Sirius se levanta dejando a Snape aun desmayado en el sofá y se acerca a mí pequeño donde le abraza.- Has pasado por tanto...- Suspira.
-Ya estoy bien, padrino. Además mañana vuelvo a Hogwarts.
-No volverás.- Le reprende Sirius.
-Si iré.
-¿Tom?-Me mira.
-Irá.- Asiento con la cabeza.- Pero con la vigilancia de Nagini.- Mi serpiente se había convertido en una buena niñera y compañera de Harry.
En ese momento mi preciada serpiente aparece asustando a los presentes menos a mi pequeño.
-Hola preciosa.- Dice Harry.
-Pequeña cría.
-Es mi pequeño, no tuyo. – Digo enfurruñado.
-Mío.
-No, mío.- Digo abrazándole de forma posesiva.
-¿De qué hablan, papá?- Se escucha la voz de Draco.
-No lo sé.
-Están teniendo una discusión. Muy estúpida si me lo permites decir.
-No es estúpida, solo le estoy aclarando unos puntos.
Rueda los ojos.- Como digas.
Los demás solo miran mi intercambio de palabras con mi pequeño con la boca ligeramente abierta.
-Creo que deberías ducharte, Tom.
-¿Estás insinuando que huelo mal, Harry querido?
-Nunca- Niega con la cabeza manteniendo una sonrisa en la cara.
-¿Te duchas conmigo?
-¡Tom!- Grita rojo de la vergüenza.
-¿Si?
Suelta un pequeño ruido de asentimiento y río cogiéndole en brazos llevándolo a nuestra habitación para una lucha de besos fogosos y roces.
Acabamos de ducharnos tras muchos besos después y salimos sonriendo para después vestirnos entre bromas.
-¿Tienes sueño?
Niega con la cabeza.- Prefiero que me cuentes una historia como hacías antes.
-Está bien.- Voy rápido a la biblioteca cogiendo un libro a la vez.
Vuelvo y me estiro junto a Harry antes de comenzar a leer.
Había una vez un Rey que era muy piadoso, así que todo los criminales del reino lo amaban porque más de una vez los había salvado de perder la cabeza por las fechorías que había cometido. Pero un día, mientras el Rey esperaba en su sala de audiencias a que el próximo sentenciado a muerte entrara a pedirle clemencia, encontró una pequeña abeja zumbando en el reposa-brazo de su trono. Así que el Rey se quitó una de sus zapatillas y la alzó en el aire para matar a la inofensiva abeja. Sin embargo, al recordar lo clemente que era, se detuvo y la espantó de su trono, dejándola vivir.
Minutos más tarde, un sentenciado a muerte por espionaje entró en la sala de audiencias y le rogó al Rey que tuviera compasión él y le perdonara la vida.
El Rey, movido al ver las lágrimas en los ojos del sentenciado y su tono de voz desesperado, asintió con la cabeza, pero justo antes de expresar su veredicto, sintió una aguda punzada en su brazo, seguida de un fuerte dolor. Pegando un grito de dolor, el Rey se palmeó con la otra mano el lugar donde había sentido la punzada y, al levantarla, se sorprendió al encontrar a la abeja, aplastada, en la palma de su mano.
- No -sentenció el Rey, sacudiendo la cabeza y mirando con desprecio al espía, como si este hubiera tenido la culpa de su infortunio, mientras se sobaba el brazo-. ¡Basta de tanta clemencia!
De tal forma, el hombre fue ahorcado y al verlo guindando desde el cadalso el Rey se sintió culpable, pero toda esa culpa se transformó en alegría cuando, unas semanas después, el macabro y dable plan que el espía tenía para matarlo fue descubierto.
Fin.
Al virar la vista me encuentro a mi pequeño dormido así que cierro el pequeño libro acomodándome con los brazos alrededor de Harry y duermo.
