La lluvia volvía a caer en la triste y solitaria ciudad de Konoha.

Algo humeante, el sonido tintineante que era producido por el choque de la cucharita dentro de la taza del té de tilo resultaba ser más relajante de lo que parecía.

Shikamaru soplaba su infusión mientras miraba por la ventana.

Vacilante y ofuscado, trataba de mantener la serenidad. A unos metros, su mejor amigo lo miraba y lamentaba ser un mero espectador.

Suspiraba y pensaba en la posibilidad de inmiscuirse, pero conocía las personalidades de Shikamaru y Temari, lo cual resultaría bastante complicado.

Una vez que endulzó su té, Naruto se acercó a Shikamaru. Él se mantenía en silencio, disfrutando la infusión que le había preparado el Uzumaki.

—Al parecer, esta tormenta continuará unos días más... —acotó el rubio y notó los ojos acuosos del Nara. Apretó su hombro y logró que él lo mirara —¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? —su tono comprensivo lo derrumbaba aún más. Su estado anímico era cada vez más inestable y su amigo lo mantenía unido.

—Ya nada tiene vuelta atrás, Naruto... —exclamó con congoja. Sus labios temblaban y sus manos se aferraba a la taza —Quisiera volver el tiempo atrás y que nada de esto no hubiera sucedido.

Naruto respiró profundo y dirigió su vista al cielo.

—Dicen que después de la tormenta, sale el sol y la naturaleza vuelve a comenzar un nuevo ciclo. Las personas también sienten esa energía y se muestran felices—volvió a mirar al moreno y agregó: —Temari te ama, de eso no hay dudas...

Shikamaru dejó caer las primeras lágrimas desde que había dejado la casa de Sakura. Aquellas últimas palabras, el manotazo de ahogado que terminó por hundirlo en la tristeza, fue el punto final de su historia.

—¿Soportarías aguantarme en tu cama, abrazado a tu piel desnuda, con tal de que no me enferme por estar bajo la lluvia?

Su rostro compungido, su mirada cargada de sentimientos guardados y su mano cerrada contra su pecho, cubriendo la fragilidad y debilidad de su corazón; acabaron por firmar su sentencia.

—No sigas humillándote. Esto se acabó desde el momento que te vi teniendo sexo en esa asquerosa oficina... —dio media vuelta y resopló.

Shikamaru, con una ira desmedida hacia sí mismo, decidió arremeter con su peor carta.

—Ella pudo haber quedado embarazada de mí. Soy una persona horrible y merezco tu desprecio. No sólo el tuyo, incluso el de ella...

Temari, atónita ante esa confesión, decidió voltear para ver el rostro del Nara. Él estaba acorralado, podía percibirlo.

No obstante, ella estaba aún más segura de su decisión.

Antes de acabar su juicio, Temari abofeteó al Nara, canalizando aquella rabia que la mantuvo deprimida.

Shikamaru, anonadado ante la respuesta, entendió su postura.

—¡¡CUMPLÍ CON TU RESPONSABILIDAD Y NO SEAS UN COBARDE COMO LO FUISTE CONMIGO!! —exclamó con un grito que retumbó en las paredes.

Él notó un drástico cambio en Temari. La comprendía.

Se quitó un gran peso de encima, pero...

¿Cuál fue ese costo?

—Ese podría ser el caso de cualquiera, pero no de Temari. Ella es orgullosa y la herí muchísimo. Lo admito. Naruto oía cómo el tono de voz de Shikamaru se quebraba al nombrar a la Sabaku No.

—¿Qué harás? Estoy seguro de que Asuma no te llamará para viajar si el mal tiempo continúa —espetó el rubio y dio un sorbo a su té.

—Ayer se lo suspendieron por eso. Calculo que le avisarán con tiempo —suspiró y miró a su mejor amigo —. Lo mejor será que hable con Ino. No puedo con esta maldita incertidumbre.

A pesar que su amigo estaba tomando malas decisiones, creía que lo mejor que podría hacer por él ahora sería apoyarlo.

—No te metas en más problemas, Shikamaru...

Temari y Matsuri se encontraban degustando un café juntas. Ese lujo sólo podían dárselo en días como esos, ya que la clientela bajaba considerablemente.

No obstante, tanto la castaña como la rubia estaban algo calladas. Matsuri por su conversación con Kankuro y Temari, por Shikamaru.

—Creo que si fuera más fuerte, estaría ideal para un día como hoy—exclamó Matsuri, quien estaba recargada en el mostrador de la cafetería.

Los vidrios de los ventanales se empañaron y las jóvenes veían cómo la gente corría bajo la lluvia. Algunas se refugiaban en los aleros de los negocios vecinos, otros se tapaban con sus camperas...

—Ya solucioné mi problema con Kankuro—espetó Matsuri, captando la atención de Temari—. Él sabe lo que siento por Gaara y es mejor que se entere por mi boca a que suponga cualquier tontería.

Temari sintió un gran alivio.

—Pero eso no quiere decir que Kanky se quede tranquilo. Él va a hablar con Gaara, seguramente—aseguró Temari.

—Eso mismo creí...

El Impasse daría una nueva perspectiva.

Itachi solía levantarse temprano cuando tenía asuntos pendientes o estaba realmente ansioso. Ese día, recordó que debían almorzar con sus padres para festejar el cumpleaños de Mikoto, su madre.

Fugaku, su padre, les había enviado un auto para que se trasladen hasta su residencia.

—No quiero llegar tarde, Sasuke... —expresó el Uchiha mayor, destapando al azabache y despertándolo de su pesado sueño.

Con su cabello desordenado, el torso desnudo y un short holgado, Sasuke se levantó con mucha pereza.

Él odiaba las cenas o almuerzos con sus padres. Puntualmente, aborrecía entablar relación con su padre porque lo atosigaba con preguntas tales como: ¿Cuándo estudiarás administración? ¿Cuándo tendrás un título universitario?

Sasuke chasqueaba la lengua cada vez que la imagen de Fugaku se presentaba en su mente.

Mientras se vestía decentemente, Itachi chequeaba su celular a cada instante.

Sasuke lo miraba de soslayo. Sabía que su hermano estaba algo extraño desde la vez que Temari estuvo en su casa.

—Ella no te llamó, ¿verdad? —inquirió mientras se perfumada.

Itachi no respondió. Sólo guardó su teléfono y tomó las llaves del vehículo.

—¿Podrías apurarte? —cambió de tema y buscó dos paraguas antes de salir.

Sasuke, una vez listo, fue tras su hermano.

—¿Por qué tienen que vivir en esta residencia de porquería? —se quejaba el menor de los Uchiha, impaciente porque ninguno de sus padres les autorizaba el ingreso al barrio privado.

—Supongo que debe ser por seguridad –respondió Itachi, mostrando serenidad.

Itachi, a diferencia de su hermano menor, estaba vestido de traje negro, camisa blanca y corbata oscura. El simple hecho de visitar a sus padres era un evento que se prestaba a la elegancia. No obstante, para mostrar su rebeldía, Sasuke llevaba puesto unos jeans negros ajustados, remera blanca apegada a su torso prolijamente trabajado en su gimnasio y una campera de cuero con detalles de metal que le daban un aspecto inaceptable ante la alta sociedad.

Sin embargo, Itachi trataba de respetar los gustos de su hermano. Lo conocía y sabía que, a pesar de sus extravagantes elecciones, sólo buscaba ser feliz.

Cuando el hombre de la cabina les otorgó el permiso de ingreso, Itachi retomó el camino a velocidad baja.

—¡Al fin! —espetó el Uchiha menor, mientras Itachi reía ante el comportamiento impaciente de Sasuke.

—Espero que hoy sea un día favorable, no como este pésimo clima—expresó el azabache mayor.

Cuando avanzaron unos metros, Itachi notó una extraña expresión en Sasuke. Él miraba atentamente por el parabrisas y limpiaba lo que se empañaba.

Decidió buscar eso que tanta atención le demandaba y vio una escena que jamás imaginó.

—No puede... —exclamó y notó cómo su novia pasaba corriendo al lado del auto, en dirección a la salida.

Sasuke, con la mirada puesta en el peliplata, se percató de que el Hatake también lo había visto.

El tiempo se detuvo un instante. Esa declaración de guerra volvía a activarse.

—¡Maldito Kakashi! —golpeó la ventanilla una vez que cruzaron la casa del Hatake.

Itachi, sin preguntar absolutamente nada, entendió la situación.

—¿Qué se siente que te paguen con la misma moneda, Sasuke? —exclamó en un tono altamente sarcástico.

El aludido lo miró con desdén. Sabía perfectamente que, muy a su pesar, no estaba en posición de reclamar nada porque él también estaba viéndose con Karin.

—Callate, Itachi. Haceme ese favor...

El mayor de los Uchiha continuó manejando unos metros más hasta llegar a la casa de sus padres que,a diferencia de la de Kakashi, esta era la más grande del barrio.

Los hermanos no comprendían el motivo por el cual varios vehículos de alta gama se encontraban estacionados allí.

Sasuke intuía que nada bueno saldría de esa reunión e Itachi presentía que sus padres estaban ocultándoles información.

Ambos bajaron y abrieron sus paraguas. En la puerta de la casa, se encontraba su madre y ambos se acercaron hasta ella, saludándola con mucho afecto.

Primero lo hizo Sasuke, después de cerrar su paraguas, la abrazó con fuerza y la mujer respondió del mismo modo.

—Mi pequeño... —expresó la mujer mientras acariciaba el cabello de su hijo menor.

Itachi los observaba con una amplia sonrisa.

Era extraño ver a Sasuke en un momento tan afectuoso, ya que siempre ocultaba sus verdaderos sentimientos.

Aunque, segundos después, entendió su actitud.

Él buscaba un refugio, un sitio seguro al cual recurrir después de percatarse de la infidelidad de su novia. Pese a ello, no lo comprendía por completo.

Si él amaba a Sakura...

¿Por qué la engañaba? ¿Por qué ella también lo hacía?

El asunto comenzaba a tomar un rumbo demasiado escabroso como para pensarlo en ese instante.

—¿Y mi bebé mayor no me saludará? —Mikoto tenía los brazos extendidos.

Avergonzado por la forma en que su madre lo llamaba, Itachi la abrazó y le deseó feliz cumpleaños.

—Gracias, hijo.

Mikoto estaba orgullosa de notar cuánto habían crecido sus hijos.

—Su padre los espera... —indicó y se adelantó a los Uchiha.

Tanto Sasuke como Itachi estaban desconcertados.

La mujer los guió hasta el salón principal, el sitio donde solían reunirse cuando llegaban otros empresarios de la industria.

Su padre estaba junto a un grupo de hombres que lucían misteriosos y no daban una pizca de confianza.

Todos lucían un impecable traje negro, a tono con sus brillantes zapatos.

—Fugaku, nuestros hijos han llegado —expresó Mikoto, captando la atención de su marido.

Fugaku se encontraba tomando un vaso de whisky junto al resto. Se volteó al oír la voz de su mujer y observó los rostros de sus hijos.

—¿Qué rayos significa toda esto? —inquirió el hijo menor.

Fugaku se acercó a ambos y se puso detrás de ellos, abrazándolos.

—Les presento a los nuevos administradores de la planta de Kumo. Sé que ustedes esperaban que yo me encargase de ese sitio, pero mis hijos son los más aptos para hacerse cargo en mi lugar.

Fugaku Uchiha, dueño de una empresa proveedora de energía eléctrica, presentaba orgullosamente a sus dos hijos.

Sin embargo, ninguno de ellos estaba al tanto de la noticia.

Sasuke, enfurecido, quitó la mano de su padre y lo enfrentó cara a cara.

—¿QUÉ ESTUPIDEZ ACABAS DE DECIR? ¿TE DAS CUENTA QUE NADA DE ESTO TIENE SENTIDO?

Los murmullos de los hombres no se hicieron esperar, encolerizando aún más al azabache.

—Es una orden, Sasuke. Tanto vos como Itachi deberán hacerse cargo de la planta de Kumo. Estos hombres estarán a su servicio y...

—Me parece un momento desafortunado para anunciarnos esto. Hoy es el cumpleaños de nuestra madre—expresó Itachi y volteó a ver a su madre. Ella se mostraba culpable y tapó su rostro con ambas manos —. Supongo que como un gran empresario, sabés perfectamente que un cambio en la administración requiere de tiempo para la asunción. Este no es ni el lugar ni el momento para ello...

—Siendo franco, señor Itachi—uno de los misteriosos hombres decidió tomar la palabra, alertando a los hermanos—, nosotros preferimos que usted sea la cara visible de la planta. Su hermano... —lo miró con desdén. Sasuke tenía el ceño fruncido— no cumple con el requisito primordial de buena imagen.

Itachi miró de soslayo a su hermano. Sabía que toda esa puesta en escena no sería favorable para Sasuke. Él se enfadaría con todo lo relacionado a su personalidad, su vestimenta o trabajo.

Miró a su padre y notaba cómo disfrutaba del show. Debía actuar con cautela y pensar qué decir antes que Sasuke se descontrolara.

—Los invito a una reunión de trabajo en este momento. Ustedes y nosotros, a solas... —miró a Fugaku, quien parecía enfadado por el repentino pedido de Itachi.

—Itachi... ¿Qué..? —Sasuke no comprendía la maniobra de su hermano hasta que ambos cruzaron las miradas.

Sabía que, en sus manos, ocultaba un as que no pretendía mostrarle a Fugaku.

Cuando el día estaba por acabar, algo alertó a Temari.

La rubia tenía 20 llamadas perdidas de su hermano menor y esto la preocupó más de la cuenta.

—¿Qué sucedió? —inquirió Matsuri mientras se quitaba el delantal.

—No lo sé... —Temari llamaba con desesperación a Gaara pero este no le respondía.

Por otro lado, Matsuri encontró un mensaje que la desconcertó.

—Gracias por todo, Matsu.

Cuando por fin logró comunicarse con Gaara, Temari supo lo que estaba pasando y colgó de inmediato.

Matsuri y la Sabaku No estaban atónitas. Deseaban no pensar mal, pero los hechos indicaban que todo marchaba pésimo...

—Kankuro, él... —expresó Temari entre lágrimas.

En ese instante, Matsuri dejó caer su celular.

A partir de allí, nada sería igual...