"Nuestro camino a la destrucción"
Ahora salía de aquella oscuridad en la que se adentro desde que quedo
inconsciente. En aquel túnel, caminando hacia la luz para poder cobrar la consciencia.
Los recuerdos eran vivos y fugaces. Tan dolorosos y nostálgicos. Le hacían sentir tan culpable como a la vez cobarde.
Kaito le había mentido.
Sus amigos nunca se negaron a aceptar le,a que Kudo mantuviera una relación amorosa con alguien de su mismo sexo, ellos siempre fueron comprensivos.
Y no fue un día de biblioteca donde empezó a llover, sino cuando fueron en una tienda.
El dolor que sintió al despertar de esas doce horas no fue por un dolor relacionado con la persecución del supuesto caso que le había dicho Kuroba, sino por el tipo de fuerza sobre natural que usó en él para borrarle la memoria, y el dolor en su trasero pues... Algo que desea omitir.
Su móvil de seguro había sido usurpado.
Y sobre todo, nunca perdió la memoria en una persecución de algún caso sobre homicidio, no. Siempre... Todo fue por Kuroba Kaito. Aquel hombre que lo ama tanto que es capaz de hacer cualquier cosa por Shinichi, cualquier cosa. Hasta borrarle la memoria para olvidar el inmenso odio que le traía por haberlo violado, para que al despertar tuviera otra oportunidad y se enamorara de él.
Reflexionaba tantas cosas. Todo empezaba a encajar. Kuroba le había dicho tantas mentiras aprovechando su ignorancia, su perdida de memoria y lo fácil que es ganarse la confianza y el cariño de alguien que estaba perdido como él. Alguien como Kudo quien necesitaba ayuda, alguien que le mostrará tantas cosas para no ser lastimado.
Lo detestaba. Pero había algo que también impedía que quisiera llevarlo a la cárcel a pesar de todo lo que hizo. ¿Cómo le llaman? Ah si, amor.
al recordarlo pero a la vez se sentía traicionado por haber sido engañado además que su mente le decía, le recordaba el daño que le hizo.
Dos puntos diferentes. Dos sentimientos imposibles cargarlos en un mismo corazón. Un corazón dividido en dos emociones tan poderosas pero diferentes. Un profundo rencor, odio y temor que sera difícil de perdonar, tan oscuro y escalofriante. Pero por otra parte calidez, deseo y cariño que no ansia perder, algo tan puro como el blanco y un rojo apasionante. Luchaban en su pecho, indeciso de no saber que hacer. Inseguro de no saber que escoger. Y por un momento sólo quiere felicidad. Y no sabe si para eso debe alejarse del mago o... Tenerlo cerca.
No quería verlo. Pero a la vez si. No lo quería cerca. Pero a la vez quería abrazarlo y sentirse protegido. No quería su amor, pero a la vez necesitaba todo del mago. Su confusión lo sumergían en una desesperación al no saber que elegir.
Podía parecer obvia la respuesta, como dije una violación no es algo que se pueda perdonar. Un tema muy delicado. Fuerte. Que quiere ser olvidado.
Lo odiaba. Odiaba a Kaito por haberse metido en su vida. Lo odiaba por haberlo enamorado hasta el punto de dejarlo así, sin querer dejarlo. Lo hacia dudar. Hacía un completo conflicto en su mente.
Un pequeño pájaro que tiene sus alas rotas y necesita ayuda, teme salir al mundo exterior donde pueden lastimarlo aun más o no encontrar una felicidad anhelada, soñada.
Dolía bastante. Por que Kuroba le había demostrado todo su amor de una manera toxica pero leal. Lo había hecho sentir especial y que por primera vez tenia un hogar a lado de él. Una familia.
Algo que no quería romper.
Abrió sus ojos acostumbrándose a la iluminacion del cuarto. Encontrándose con la persona que menos deseaba ver en esos momentos.
Quien lo observaba con alivio y ese amor que le enfermaba, pero a la vez le gustaba. Y como mencioné, algo tóxico. Un impulso por abrazarlo mantendría su corazón calmado, pero también un impulso por golpearlo mantendría su cordura sana.
—Me alegro que hayas despertado, me tenias muy preocupado.— dijo el de orbes violetas, regalándole una sincera sonrisa de alivio y cariño que abruma al detective. Sonaba preocupado. Se podía apreciar unas ojeras, señal en que no ha dormido bien quien en uno o dos días. Y en tan sólo pensar eso consiguió preocupar al detective.
¿Por qué? ¿Por qué le están difícil creer que perdonar todo lo que hizo está mal?¿Shinichi acaso es el equivocado? No, una violación, tener intimidad, relaciones sexuales en contra de su voluntad es algo que no merece perdón.
Silencio. Nervioso por no saber que decirle o hacer. Pensando en reclamarle por lo que hizo pero se quedo en silencio.
Analizando la situación. Pensando en su mejor opción. Aquello que puede ser su salvación y no llevarlo a su perdición.
—¿Estas bien, Shin-chan? — preguntó arqueando una ceja.
Entonces ahí decidió en que lo mejor sería no levantar sospechas. Dejar que Kuroba creyera que seguía sin recordar nada. A pesar de tenerle... Miedo por lo que le podía hacer, se mantendría relajado, sumiso e ignorante. Por ahora.
—E-Estoy bien. — contesta sonando más nervioso de lo que creyó. Apretó sus labios con fuerza, su mirada perdida en otro punto que no sea Kuroba. —¿Cuánto he estado... Inconsciente?
—Unas... 24 horas. Duermes mucho Shin-chan. A pesar de que fue un fuerte golpe no fue tan grave. Por un momento pensé que... Te perdería. — su voz sonó ronca, desolada al igual que su mirada que se podía percibir tristeza en tan sólo pensar en tan descabellada idea. Hizo temblar al detective que por unos segundos tan cortos sintió compasión. Y casi empatía. Por qué podía percibir la tristeza del mago, su preocupación por perderlo.
—No se supone que... Ayer debimos ir al aeropuerto hacia el estado que dijiste para hacer tu show... Haudini, ¿no?— pregunto cómo intento de cambiar el tema. Logrando exitosamente sonar más calmado.
—Oh eso. Bueno. De hecho debo presentarme hasta dentro de cuatro días, aún tengo mucho tiempo. Sólo quería que nos fuéramos antes para conocer más el lugar. Hice algunas llamadas, como no sabía hasta cuándo ibas a despertar pues, lo pospuse. Preferí quedarme contigo hasta que despertaras. Me alegro que estés bien. — se acercó para darle un cariñoso y afectuoso abrazo.
Kudo sólo se tenso. Pero terminó por corresponder el abrazo sabiendo que es lo mejor para disimular. Pero logró sentir una extraña vibración, no sabía si era asco o de afecto por el cariñoso abrazo.
—Debo hacer algo. Es una misión como Kaito Kid
Durante la ausencia del mago se puso a reflexionar varias cosas. Que es lo que haría de ahora en adelante. Que es lo que en verdad quería.
Kuroba le había mencionado que regresaría dentro de cinco horas, ósea hasta las once de la noche, y faltaba ya menos de una hora para eso.
Durante su tiempo en la soledad se estuvo cuestionando varias cosas.
Le pidió amablemente a la enfermera un teléfono, que era una emergencia que sólo podía ser resuelta con la policía a lo cual ella dudosa acabo aceptando.
Si bien Kid todavía no había ejecutado algún crimen en el país, pero la policía japonesa es perfecta para convencer al gobernador, al presidente de H.C Strengthland en que no pasaría mucho para que el ladrón fantasma hiciera de las suyas en cualquier estado del país y que estuviesen al tanto de las cosas. Por lo que si la policía de cualquier parte del país sabe sobre su ubicación o le tienen enfrente de sus narices no dudarán en atraparlo y enviarlo con la policía de Japón u Estados Unidos.
Había frío. Un frío extraño. Pero normal en esa época de otoño. Por la ventana de la habitación donde se hospedaba por el momento del hospital podía apreciar a lo lejos las luces de los helicópteros y patrullas policiacas. Y aún así nunca reveló su identidad. Y él al ser el famoso y popular detective Kudo Shinichi no dudaron ni en lo más mínimo de él.
¿Habrá hecho bien en decirles que Kid vendría dentro de una hora al edificio donde se hayaba?
Él le había prometido volver, que se lo llevaría en su forma de Kaito Kid. Surcando por el oscuro cielo en compañía del otro.
Una extraña sensación invadió al detective. Ésa que le helaba huesos. Que le advertía sobre un peligro misterioso. Una presencia impotente y... Mágica.
Recordaba que... Él sólo sentía ése tipo de sensación cuando Kid se hayaba cerca en uno de sus casos.
Con temor salió de la habitación. Había algunos doctores y enfermeras corriendo con nervios de un lado al otro, mucho movimiento y bullicio.
Algo está pasando. Pensó Kudo serio.
No podía permanecer ahí. Tenía que salir. No quería estar más tiempo en ése lugar donde la policía rodea el edificio y Kid puede encontrarlo...
Encontrarlo. Eso es, teme por qué lo encuentre. Y a juzgar por las circunstancias esté ya ha de adivinar que Kudo ya recuperó su memoria de alguna manera desconocida, extraña e impactante, pero la ha recuperado. Y ése es el problema.
Con bastante suerte, consigue escabullirse entre la pequeña multitud sin ser descubierto. Por alguna razón, decidí ir a la azotea del hospital. Ya que muchos irán abajo, él debe ir arriba. Y puede ver cómo van las cosas con la policía.
Se relame los labios, repentinamente tiene sed. Pero sabe que no es momento para aquello. Aún ha de faltar mucho tiempo para que el mago esté cerca de los alrededores. Y con cuidado, sube las escaleras de emergencia que lo llevaban hasta la azotea.
Aún así, hay cosas un tanto raras que le sucedieron desde que llegó al país quitando la perdida de memoria. Como el anciano del avión. Aquel hombre de cabellos blancos y ojos rojizos en el caso del secuestro. Y sobre todo, esa bonita y desconocida niña que le regaló una extraña rosa que... Perdió.
Y Justo al olerla fue cuando sufrió el breve accidente y pudo recordar entonces quien era en verdad.
No, él sabía que no podía ser demasiada coincidencia. Sin duda hubo algo que lo había ayudado a recordar. Un ser sobre natural, por muy tonto que suene e increíble. Todo tenía alguna conexión que todavía no se ha planteado por completo, pero ya tiene sus sospechas.
"Y si tal vez... Sólo tal vez... Esos personajes extraños fueran... ¿Una sola persona?¿Un sólo ente?" Pensó casi convencido de su descabellada teoría pero, no del todo imposible.
Y no podía analizar bien, al menos no en esos momentos en que sólo hay un dueño de sus pensamientos. Y ése es Kuroba Kaito. Quién lo pone nervioso... Pero no tanto por el hecho de querer ocultarse del miedo al imaginar lo que le puede hacer sabiendo que ya ha recuperado la memoria, no. Más bien nervios que tiene una adolescente enamorada al confesarse con la persona que le gusta.
Odiaba eso. Que ése mago haya confundido sus verdaderas emociones. Que muy, pero muy en el fondo quizás sí lo quería.
¿Por qué será que extraña sus posesivos, cálidos y protectores abrazos?¿Sus dulces, apasionantes y embriagadores besos?¿Por qué extraña demasiado sus bonitas, sinceras y cautivadoras palabras que lo provocaban de muchas maneras? ¿¡Por qué demonios no podía olvidar las cosas tan bellas del mago!?¿Por qué no puede borrar de su mente esas sonrisas provocativas y sensuales? Su voz grave que puede llegar a estremecerlo por completo. Y a veces tan detallista, tan lindo. Tan...
Kaito.
El frío era peor allá arriba, afuera. Quizás si fue una mala idea salir. Pero tampoco le tomó demasiada importancia. Además que si se quedaba en su habitación no quería ni imaginarse lo que le haría el mago al encontrarlo en dónde lo dejó por última vez, después de todo gracias a Kudo es que la policía del estado Dovsterycity lo anda buscando en esos momentos.
Necesitaba algo que lo calentará en ése espacioso frío. Una taza de chocolate, unas sábanas, alguna fogata, algo que emita el calor que necesita o unos brazos que lo llenen de ése calor faltante, como los de...
—Oh demonios. No puedo creer que necesite de él. — dijo con molestia Kudo, recargando se en el barandal con cuidado, observando hacía abajo todo lo que sucedía.
Seguía sin poder dejar de pensar en las cosas lindas que le hizo sentir ése mago engañoso.
Un aliento caliente golpeó contra su cuello, le hizo sentir con miedo causando que su corazón latiera aceleradamente. Una corriente eléctrica subir por su columna vertebral.
Vaya sorpresa. Ni el frío podía congelar ése aliento caliente de la persona.
—¿De quién, mi detective?
—¡No te me acerques!— dijo nervioso intentando empujarlo con su mano, sin darse cuenta en el peligro que está por andar en el barandal, casi cae sino fuera por los buenos reflejos del más alto quien lo toma de la cintura y por su espalda con fuerza, evitando así su caída. Por reflejo Shinichi lo rodea del cuello, con miedo de caer ahora. Pero tampoco pude alejarse, ya que Kid lo mantiene acorralado, con una de sus piernas apresando las suyas mismas.
Y su rostro cada vez más cerca. Si silueta reflejada por la luz de la luna. Y ése agarre que mantiene en su cintura, no le desagrada para nada. Sus labios le tientan, pero su mente le hace evitar cualquier locura de la que puede ser su perdición.
Una perdición maravillosa.
—¿Hm?¿Por qué?¿Temes que te haga daño?— soltó con neutralidad. Sin despejar ni hacer ningún movimiento para alejarse del castaño.
—Mas de lo que ya me has hecho sí. Ahorremos las explicaciones sobre como recobre mi memoria, que no es lo que parece y etcétera. ¿Qué haces aquí?— preguntó increíblemente sin titubear.
Sus orbes zafiros resplandecían con precaución, incitando al mago a pensar lo hermoso que son sus ojos. Poco a poco fue yendo hacía atrás junto a Kudo, para alejarlo del barandal. El detective siguió sus pasos con cuidado. Su mirada reflejaba lo enojado que está. Pero Kid sencillamente no lo soltaba.
—Eso mismo pregunto yo. Vengo por lo que es mío. Te prometí que te llevaría conmigo, no me interesa la policía, iremos a Haudini e iniciaremos una vida, un nuevo hogar, juntos. ¿Qué dices?— dijo para tomar el mentón del chico y mirarlo provocativamente.
—¿¡Me estás ofreciendo que vaya contigo después de todo el daño que me hiciste!?— exclamó alarmado.
Y apresar de todo, algo dentro de sí le empujaba a irse con el mago, a pesar de todo ése horrible sufrimiento que vivió.
Luego fue un tacto. Breve. Silencioso. Fugaz. Pero agradable, cálido. Un beso, la unión de sus labios. Algo tan suave pero que removía ambos cuerpos como si de un terremoto se tratase. Sólo un sencillo tacto que rompía cualquier espacio entre ellos.
—¿Acaso no me amas?
—Kaito...— soltó pensativo.
El nombrado se posicionó encima del barandal con equilibrio y agilidad. Sólo por esa acción dejo en libertad al detective.
Extendió su mano, incitando al de orbes zafiros que fuese con él.
—Ven conmigo, Shinichi~
¿Debía ir con él? ¿Olvidar todo lo malo que le hizo pasar y quedarse con lo bueno? Alejarse de esos problemas que le estresan, e irse hacer lo que quiera con Kaito como si iniciará una...
Nueva vida.
Pero tampoco quería vivir con alguien tan posesivo y obsesionado como Kaito. Alguien que puede a llegar ser el más peligroso del mundo si lo desea, un acosador...
Su acosador que le hacía sentir tan especial.
¿Aceptar o rechazar?
Después de todo él es la persona que trae totalmente loco ha Kuroba Kaito.
Sólo él podía escoger, por qué él es Kudo Shinichi.
Fin de la vigésima segunda parte.
«Después de cada punto y final
Siempre habrá un
Continuará.»
«Fin de la Historia»
