¡ATENCION!

LEER ANTES DE EMPEZAR EL FIC

Debido a algunos acontecimientos que no voy a nombrar XD me veo en la tesitura de aclarar ciertos puntos. Dichas aclaraciones serán universales para todas mis historias. ¿Y por qué? Pensaréis… Pues por una sencilla razón, porque si tengo que avisar antes de cada historia sus posibles advertencias estoy contando un spoiler. Véase, antes de un posible lemmon hay que avisar. ¿Y si mis lectores no cuentan con ello y quiero que sea una sorpresa? Pues se fastidia la cosa porque antes de cada capítulo hay que avisar de las posibles advertencias por si alguien no quiere leerlas.

Y a mí, enterarme por adelantado de lo que va a pasar (más allá del summary por supuesto) no me gusta.

Así que he decido poner una advertencia estándar en todos mis capítulos/fics. Para evitar posibles auto-spoilers.

¡AQUÍ VA!

(Como en los productos alimentarios)

Todos mis fics pueden contener trazas de:

-Personajes OoC. (Con personalidades distintas al libro o fuera de carácter)

-Historias fuera de contexto.

-Faltas de ortografía, gramática y léxico. (Obviamente no a propósito XD)

-Universos alternos.

-Exceso de azúcar en algunas escenas.

-Historias sin sentido y poco creíbles. (a veces queriendo y otras sin querer)

-Y Contenido para adultos:

-Insultos o vocabulario malsonante o soez.

-Violencia (lo dudo XD pero aviso por si acaso)

- Lemmon de cualquier tipo.

Además me atribuyo el derecho a revivir y matar a cualquier personaje que quiera y cuando quiera. Y cambiar las partes de los libros que mas me convengan. (Que para eso soy la Autora) XD

Bueno…

Esas son las advertencias.

Si no tienes problemas y decides seguir leyendo bienvenidos a mi mundo.

Pero si después de leer las advertencias hay alguna de esas cosas (sobre todo el contenido para adultos) que no te gusta o te puedan llegar a molestar o incomodar, por favor no sigas. Y si aun así decides seguir, tú mismo con tu mecanismo. Pero luego no quiero quejas sobre eso porque entonces… Solo entonces, es posible que me lo tome mal. XD.

FIN ACLARACIONES

La maldita sábana, el maldito Ronald y el maldito ministerio de Magia.

Abrió ligeramente los ojos.

A juzgar por los rayos de sol debía de ser medio día. Había dormido como hacía años que no dormía. Notó un aroma familiar y dulce; y supo perfectamente porque era, bajo su mano sintió la aterciopelada piel de la curvatura de la espalda y aquel suave respirar contra su pecho. Miró hacía abajo y vio a su mujer abrazada a él.

No sabía qué demonios había visto aquella increíble mujer en él, pero por una vez en su vida. No se iba a quejar de ello… No era estúpido.

Tenía suerte.

No eran ñoñerías o cursilerías, era ser realista y frío. Además no se consideraba precisamente un ingenuo como para no admitir que él no tenía nada que ver con ella. Ella era una mujer preciosa, (hasta un ciego vería tal cosa). Era inteligente, perspicaz, Merlín, hasta le gustaba cuando le sacaba de sus casillas con sus incesantes preguntas, o sus reproches hacia él (normalmente con fundamento, había que admitirlo), le encantaba su eterna y molesta curiosidad hacia todo, el ceño fruncido y aquella forma que tenía de morderse el labio cuando quería decir algo. Le gustaba aquella maraña de rizos castaños, las pecas que tenía sobre la nariz y aquel gracioso lunar que tenía en el hombro.

Y él…

El era un bastardo viejo, antisocial y desagradable; en cualquiera de los aspectos. Así que, sí… que tenía suerte.

La notó moverse ligeramente, pero no dijo nada pues tal cual se movió, se había quedado quieta de nuevo. Pensó que se había vuelto a quedar dormida, respiró con tranquilidad mientras acariciaba con sutileza su hombro, pero sintió como el cuerpo de ella se tensaba gradualmente; la respiración cambió. Estaba despierta, de eso no cabía duda, bajó la vista hacia su mujer y la vio esconderse mientras su cuerpo se acababa de tensar como la cuerda de un arco.

-¿Estás bien?- Preguntó, pero la bruja no respondió, se quedó quieta fingiendo que estaba dormida.- Se que estás despierta.- Insistió, pero como única respuesta lo que recibió fue aun más tensión.- Hermione.- Le demandó. Pero la joven se quedó ahí sin decir nada, abrazada contra su pecho con fuerza, la cabeza agachada, escondida entre su cuello y el hombro.- Hermione.- Repitió con algo de impaciencia, pero su mujer siguió en sus trece, callada y escondida.-Mírame.- Ordenó serio.

Iba a obligarla a mirarlo si hacía falta, y estuvo a punto de ello cuando notó como se apartaba de él para alzar la mirada. ¿Era una pequeña lágrima eso que veía en sus ojos?

En el nombre de Merlín.

¿Y ahora qué demonios había hecho mal?

Esperó unos segundos y vio otra lágrima escaparse. Una punzada le cruzó el pecho, estaba enfadado por verla llorar, y enfadado porque no sabía por qué era. ¿Sería por él? No era de los que le importaban mucho lo que la gente opinaba de él, sinceramente; pero Hermione no era solo gente. ¿Habría hecho algo malo? No estaba acostumbrado a tener pareja; o mujer para ser exactos. Cabía la posibilidad de que hubiera metido la pata. ¿Pero con qué? Porque lo único que se le ocurría era lo de anoche, y tan mal no había estado. No era un experto, pero juraría que mal no se lo había pasado… ¿No?

¿No?

Mierda…

Se lo había pasado mal; tenía que ser eso… Si es que mira que había intentando no ser brusco, pero llevaba el legado Snape en las venas. Eso de ser cariñoso y delicado no iba con él. Tenía cuidado cuando hacía pociones, no cuando trataba con mujeres… No estaba en su ADN y claro ahora tenía a su mujer horrorizada al borde del llanto por su pésima actuación de anoche.

-Por un momento pensé que no estarías aquí por la mañana…- Siseó con un hilo de voz.

-¿Qué?- Preguntó el Slytherin incorporándose un poco en la cama. Su cara de sorpresa no se podía ocultar.

-Cómo se que te cuesta que alguien invada tu espacio vital, pensé que después de lo de anoche te arrepentirías.- Confesó mirándolo tímidamente a los ojos. Snape alzó una ceja y trató de no reírse. Pero se le notaba que aquello le causaba gracia.- ¿Te estás riendo de mi?- Preguntó molesta mientras se apartaba de él y se tapaba con la sábana.

-No, Merlín me libre.- Respondió con la misma ceja alzada mientras levantaba las manos en señal de paz.- Y pensando que era porque tú…- Snape entornó los ojos y negó levemente con la cabeza.- Nada.- Siseó lentamente con tono algo más serio.

Hermione lo miró analizándolo. ¿Qué demonios pasaba ahí?

-Pensé que ayer había dejado claro que no me iba a ir.- Espetó algo incómodo y molesto.

-Como te dije, no eres muy fiable en cuanto a temas sentimentales.- Comentó Hermione con los brazos cruzados y actitud desafiante.

-Y…- Insistió como esperando una respuesta. Como siguiera alzando la ceja se le iba a quedar en aquella posición permanente.

-Pues eso…

Snape se la quedó mirando un momento.

-Eres la mujer con más confianza en sí misma e inteligente que conozco.- Espetó algo un poco más serio. Su voz se convirtió en un murmullo y su mirada se intensificó.- No me puedo creer que aún tengas dudas. En algún momento te vas a tener que fiar de mí. - Insistió serio mientras se cruzaba de brazos. Hubiera resultado de lo más intimidatorio, si no fuera porque Severus sólo llevaba la ropa interior y la camisa blanca abierta. Y eso de intimidatorio no tenía nada. Eso era condenadamente seductor, así que dijera lo que dijera, o hiciera lo que hiciera, seguiría pareciendo atractivo.

-No me negarás que tengo motivos para dudar.- Afirmó la chica.

-No sigas.- Masculló molesto.

-Vale.- Hermione cogió aire y tras varios minutos se relajó y sonrió ligeramente. Tenía toda la maldita razón, ella no era insegura, no lo era. Siempre había confiado en Severus, y no entendía cómo no podía hacerlo ahora. Esperó unos segundos más y después se dio cuenta de algo y su cara cambio. Alzó un dedo y se lo estampó contra el pecho.- ¿Entonces porque te burlabas de mi?- Quiso saber. Su marido la miró con impaciencia; ya había vuelto la mujer que él conocía: Hermione tengo que saberlo todo Granger.

-Déjalo ya.- Espetó molesto.

-¿No decías que podía fiarme de ti?- Preguntó la bruja con un pequeño brillo de diversión en los ojos, aunque trataba de parecer seria, pero estaba más que claro que Snape la había calado desde el primer momento.

-Chantajeándome con eso.- Siseó con extremadamente calma.- Eso es un juego demasiado sucio para una Gryffindor como tú.- La cara de Snape estaba seria, con aquella maldita ceja alzada que se negaba a bajar, los brazos aun cruzados sobre su pecho y aquella mirada de molestia.

-Verás…- La bruja hizo una pausa y se acercó hasta quedar a escasos centímetros.- Es que mi marido es un experto en eso, y algo he aprendido.- Respondió suavemente con un ligero deje de picardía bien disimulado. Se miraron a los ojos durante varios segundos, era una especie de competición a ver quién podía más.

-Pensé que podías estar molesta por lo que hicimos anoche.- Espetó de golpe entre dientes. Estaba claro que se estaba tragando el orgullo al hacer semejante declaración.

-¿Quién yo?

-¿Conoces a alguien más a quien le haya quitado la ropa ayer por la noche?- Preguntó con ironía.

-No hacía falta ser tan sarcástico.- Le reprendió su mujer, aunque estaba claro que no estaba molesta. Le había empezado a gustar hacía tiempo aquel humor sarcástico de su antiguo profesor de pociones.- ¿Por qué iba a estar yo molesta?

-Vamos Hermione.- Snape masculló su nombre igual que hacía cuando nombraba su apellido.- Que ambos sabemos que no soy aquí un ejemplo de caballerosidad o romanticismo.- Siseó mordaz.- Tengo muy poco tacto para estas cosas.

-Pues siento decepcionarte.- Habló con calma.- Pero vas a tener que replantearte tus conceptos mejor, porque si que tienes tacto. Mucho de hecho.- Comentó graciosa.- Y además puedes llegar a ser muy romántico.- Admitió sorprendida.

Snape arrugó la frente molesto ante la idea de él siendo romántico o cariñoso. El no era nada de eso. Ni tenía intención de serlo. Ni por asomo. El romanticismo era algo para adolescentes hormonados y mujeres idealistas. No para Severus Snape.

-Creo que te confundes de persona Granger.- Masculló molesto.

-No.- Afirmó divertida.- Siento decirte que no me confundí.- Le confirmó mientras le obsequiaba con una sonrisa.- Pero no te preocupes, no se lo voy a decir a nadie. Tú secreto está a salvo conmigo.

-Muy graciosa.

-Mucho, es que he tenido muy buena noche y me alegra el carácter.- Comentó feliz. Severus gruño enfadado, se cruzó de brazos y bufó airado.- ¿Vamos a desayunar? Tengo hambre.- Se quejó. Snape parpadeó un par de veces y la observó como si nunca antes lo hubiera hecho; que mujer más endemoniadamente insufrible tenía… Pero cuanto le gustaba.

La bruja se levantó agarrando la sábana para taparse, había dormido completamente desnuda por supuesto.

-¿Qué haces?- Le inquirió mirándola atentamente.

-¿En serio?- preguntó-. Te dije que tenía hambre, me voy a desayunar.- Volvió a aclarar.

-No me refiero a eso-. Habló con suavidad-. ¿Por qué te tapas? no me digas que a estas alturas te da vergüenza Granger.- Le echó encara mientras arrastraba su apellido. En serio, como le gustaba usarlo para esas cosas y ver como se le ponía la piel de gallina a su ex alumna. Sintió un extraño regocijo al hacerlo. Hermione se giró rápidamente y no pudo evitar el sonrojo en sus mejillas.

Estaba más que segura que aunque hubiera intentado desmentir las palabras del Slytherin su cara roja la hubiera delatado. No sabía que decir o que hacer, más que agachar la cabeza mientras sus orejas ardían de vergüenza.

-¿No crees que ya lo vi todo anoche?- Preguntó con una ceja alzada.

-Pero estábamos a oscuras; y hoy es de día.- Confesó mientras se aseguraba de que la sábana tapara bien su cuerpo. Snape se levantó y rodeó la cama lentamente hasta colocarse frente a ella, casi pegado a su cuerpo. Levantó la mano con cuidado y le soltó un poco la tela.- ¿Qué haces?- Preguntó algo asustada mientras trataba de impedirlo.

-No.- La paró con firmeza.- Déjame verte.- Susurró mientras dejaba caer la sábana sobre el parquet de la habitación dejando a su mujer completamente desnuda frente a él.

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Hermione dio un sorbo a su taza de té mientras miraba por la ventana distraída. Severus estaba en el despacho, se lo había dejado para que hiciera unas gestiones. Se preguntaba cuanto tiempo iba a pasar casada con ese hombre para que las situaciones dejasen de parecerle raras. Estaba en su casa, con Severus Snape en el antiguo despacho de su padre, a escasos metros de ella… Como si fueran un matrimonio de lo más normal. Seguía resultándole surrealista, y no estaba segura de si en algún momento dejaría de serlo.

-Tenemos que hablar.- Hermione levantó los ojos Snape estaba frente a ella con cara seria.

-Consejo de mujer.- Comentó lentamente.- Nunca empieces una conversación con esa frase.- Snape alzó una ceja.

-¿Te refieres a la frase; tenemos que hablar?- Preguntó mordaz.- No te voy a decir tenemos que cantar, Granger.- Masculló con ironía, Snape seguía usando su antiguo apellido de forma tan distintiva porque no estaba dispuesto a perder esos pequeños placeres que le proporcionaba la vida. Y molestar a su mujer era uno de ellos.

- Sabes a que me refiero

-No, la verdad es que no.- Contestó tranquilamente mientras sonreía de forma capciosa.- La gente suele entablar conversaciones, y cuando es así lo normal es comunicarlo. ¿Cómo hacéis los Gryffindor cuando queréis hablar con alguien? ¿Rugís?

-Simplemente decimos lo que queremos, sin decir eso de tenemos que hablar. ¿Sabes? Es más rápido. Dices directamente lo que tienes que decir y ya está.- Comentó divertida.- ¿Los Slytherins pedís antes permiso?

-Sólo si la otra persona no es muy inteligente.- Soltó serio aunque se notaba que estaba bromeando.

-¿Nos estáis llamando al resto tontos?

-Sólo a algunos. Pero contigo voy a ser amable, que estamos recién casados.- Aclaró Snape con una mueca de diversión.

-Que suerte tengo entonces.- Le respondió frunciendo el ceño.- Me ha tocado el Slytherin sociable.

-Esto no es ser sociable.- Le aclaró cruzándose de brazos mientras acentuaba aquella sonrisa socarrona.- Y menos yo.

-Claro.- La bruja sonrió, ese hombre tenía un extraño sentido del humor, pero al menos tenía humor.- ¿Querías hablar?

-¿No lo estamos haciendo?- Siseó con sarcasmo el hombre.- Vale. Ya paro…

-Muy amable de tú parte.

-Lo sé. Soy la persona más amable del mundo.

-Y sarcástica.

-También.- Snape la escudriño sin fingir lo más mínimo.- ¿Y no dijiste nada?- . Preguntó de repente sin venir a cuento. Hermione se limitó encogerse de hombros no sabía de que hablaba, estaba perdida.

-No veo por dónde vas.

- El despojo humano que tuvo la desfachatez de tocarte.- Escupió con asco.

-¿Te refieres a Ronald?- Adivinó poniéndose seria.

-Esa cosa perdió el derecho a tener nombre en el momento en osó golpearte.- Siseó con rencor.- Y sí, me refiero a él.

- Sigo sin saber de que hablas. ¿No decir nada de qué?- Preguntó inquisitiva.

-De lo que sabías sobre él.- Soltó molesto. La bruja cogió aire y lo soltó en forma de suspiro de agotamiento. Era lógico hablar de ello, de hecho llevaba días preguntándose porque aún no le había preguntado nada. Era cuestión de tiempo, y no importa el tiempo que pasara, aquella conversación jamás sería agradable por muchos años que pasasen. Así que asintió tratando de tomárselo con calma, cuanto antes se lo quitara de encima mejor.

-No pensé que fuera a llegar tan lejos.- Confesó. Snape alzó una ceja poco convencido.- De verdad, no pensé que fuera a llevar todo esto tan lejos.- La ceja de Snape seguía en su sitio. Si de verdad pensaba su mujer que iba a tragarse eso, estaba muy equivocada, él no era un Gryffindor ingenuo.- Desde que acabó la guerra se había dedicado a dar vueltas, entraba y salía de negocios.- Trató de explicarse.- Nada que fuera extraño, todos estábamos intentando recuperar una vida que nos habían arrebatado.

-No trates de defenderlo.- Escupió.- Tú no acabaste así.

-Yo no soy Ronald.

-Gracias a Merlín que no.- Susurró el pocionista mas para él. Aunque lo había dicho en voz alta.

-Me refiero a que yo siempre he antepuesto la razón, y el siempre fue mas…

-¿Estúpido?- Sugirió su marido.

-Impulsivo.

-Estúpido.- Corrigió.

-¿Quieres que siga o prefieres insultarlo a gusto?- Preguntó la bruja perdiendo un poco la paciencia.

-Puedes seguir, aunque eso no evitará que lo insulte de cualquier modo.- Hermione entornó los ojos antes la respuesta de Severus.

- A lo que iba; yo supe encontrar mi camino, lo que quería hacer con mi vida. – Se encogió de hombros.- Él no supo cómo hacerlo. Empezó a tener trabajos esporádicos que no mantenía mucho tiempo, empezó a beber, cuanto más bebía menos trabajos le ofrecían, cuanto menos trabajo… Un maldito círculo vicioso. Empezó a meterse en determinados tipos de sitios, con determinada gente y por mucho que le dijéramos que no iba a salir bien. No lo aceptaba. Cuando me pidió dinero para un supuesto negocio y descubrí que se lo había gastado en prostitutas y juego, ahí lo dejé.

-Yo no le hubiera aguantado tanto.- Espetó con asco.

-¿Todos merecemos una segunda oportunidad, no?- Pero la bruja no obtuvo respuesta.- Después de dejarlo conoció a una chica, se casaron, y el pareció que había cambiado, pero poco después de nacer su hijo volvió a sus andas hasta el punto de hacer lo que fuera para conseguir dinero; y bueno… hasta hoy.- Hermione miró un segundo hacía la ventana, nostálgica y algo apenada. Nadie había querido eso para Ronald… De repente agitó la cabeza cómo queriendo volver a la realidad.- ¿Para eso querías hablar conmigo?- Preguntó curiosa.

-No.- El hombre le entregó un sobre lacrado con el sello del Ministerio.

-¿Qué es?

-¿Creía que sabías leer?

-Que gracioso cuando quieres.- Soltó la bruja con algo de ironía.- ¿Lo has leído?

-Lleva el logo del Ministerio. Te dejo los honores a ti.- Siseó con impaciencia. Hermione abrió la carta, y la leyó rápidamente. Levantó la vista y se quedó observando un momento a su marido.- ¿Y bien?

-No tengo ni idea. Pero parece urgente, el Ministro nos quiere ver en su despacho.- Respondió entornando los ojos con curiosidad.

-¿Cómo de urgente?- Quiso saber Snape alzando una ceja.

-No lo sé, pero nos cita allí en una hora; y es fin de año. Así que…- La bruja se encogió.

Severus bufó molesto, que poca falta de profesionalidad. Hermione se levantó del sofá, se acercó a su marido lo justo, levantó la mano y la colocó en su pecho lentamente, después le sonrió ligeramente y subió las escaleras.

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Salió de la ducha unos minutos después envolviéndose el cuerpo con una toalla.

-Tener que ir al Ministerio ahora me produce el mismo placer que besar a Weasley.- Soltó molesto.

-Eh… Que acabo de salir de la ducha. ¡Estoy casi desnuda!- Se quejó tapándose pudorosamente.

- Es la segunda vez que te tapas, creo que ya he visto todo lo que tienes ahí debajo, varias veces- le recordó alzando la comisura del labio aunque su semblante estaba impertérrito. Hermione se sonrojó aún más. Vale; si. Era cierto… Dudaba que hubiera un centímetro de su cuerpo que ese hombre no conociera. Pero aún así-. Te espero abajo en 10 minutos.- Soltó Snape serio. Sin embargo se acercó a ella y le depositó un suave beso en la comisura del labio. Después se largó de allí. A la profesora le costó varios minutos recuperar la compostura, no conocía a nadie más que fuera capaz de demostrar seriedad, indiferencia y cariño, sólo con un gesto.

¿Cuántas veces desde que lo conocía se había preguntado cuando dejaría de sorprenderla? Para ser exactos… ¿Cuántas veces se lo había preguntado en las últimas horas o incluso minutos? No podía evitarlo lo sentía mucho, no podía evitar vivir permanentemente asombrada bajo el hechizo de Severus Snape. No es que fuera una caja de sorpresas. Es que era una incógnita en sí mismo. El mayor misterio de la humanidad. Sin duda.

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El Ministerio estaba bajo mínimos. Lógico y normal, era el último día del año. La gente estaba en casa con sus familias.

-Señor Snape- Saludó el Ministro apareciendo detrás de una esquina.- Señorita Granger.- Habló con educación haciendo una referencia.

-Es Snape ahora.- Corrigió la bruja mientras se acercaban.

-Cierto, cierto… La costumbre.- Sonrió afable.- ¿Qué tal las navidades?- Preguntó.

-Si no le importa señor Ministro, nos gustaría saber porque nos ha citado.- Inquirió serio.- No soy de los que les gusta perder el tiempo.- Espetó seco.

-Tiene toda la razón del mundo. –Se disculpó escuetamente.- Si me hacen el favor. Por aquí.- Indicó con un breve gesto de manos.

Hermione miró a Severus de soslayo. ¿Por qué tanto misterio? ¿Qué era tan importante que no podía decírselo por carta? Apenas segundos después de entrar en una pequeña sala el Ministro les hizo señas para que se sentaran. Y aunque un poco reticente y extrañados aceptaron.

-El Ministerio ha aceptado todos los términos del proyecto. Stanford Castle abrirá sus puertas el 1 de Septiembre en el próximo inicio del curso escolar. Las obras de reconstrucción y acondicionamiento están previstas que empiecen el 2 de Enero, es decir pasado mañana. – La bruja se puso nerviosa. Era una maravillosa noticia, aunque eso no quitara la presión que sentía. Había sido el proyecto de ambos y si algo salía mal era responsabilidad suya aunque ahora se encargasen otras personas del asunto. Cualquier cosa podría salir mal.

-Es una gran noticia señor ministro.- Le hizo saber Hermione mientras sonreía.

-Me alegro de que lo vea así, porque usted será la nueva directora.

Una risa algo histérica retumbó en las paredes del Ministerio de Magia. Después se calló.

-¿Qué?- Preguntó atónita.- Perdone, creo que le he oído mal.

-No ha oído mal. Usted y su marido han sido los encargados de llevar a cabo este proyecto, lo idearon y construyeron. Han demostrado ser perfectos para este puesto, así que creo que es justo que ustedes sean lo encargado de él, en todos los aspectos posibles.

-No, no…- Se negó la bruja un poco sobrepasada.- Si por mi no hay problema, no me voy a ofender, puede proponerle el puesto a otro. No se preocupe por ello.- Confirmó buscando en Snape un poco de apoyo moral. Aunque la mirada de su marido en aquel momento le aportaba de todo menos apoyo. Estaba molesto, y lo conocía lo suficiente para saber que estaba molesto con el Ministro.

-Sé que no será un problema.- Continuó sonriendo. ¿Alguien en el Ministerio estaba fumando demasiado polvo de hadas esos días?

-No soy directora, apenas soy profesora. No puedo ostentar semejante cargo.- Confesó seria. Era una maldita locura.- No dispongo de experiencia suficiente.

-Señor Ministro, estoy seguro que cualquier otro profesor con mas experiencia estaría encantado de ostentar el puesto.- Intervino Snape tratando de ayudar. No es que no creyera que su mujer no valiese. Todo lo contrario. Pero si Hermione no se veía capaz de hacerlo, no iba a forzarla a tener que lidiar con cientos de mocosos.

-Por esto no estará sola, usted será el director de la junta. Juntos os encargareis de todo lo referente a la escuela, programa educativo, proyectos externos, administración tanto de personal cómo económico, infraestructuras. Todo.

-¿Todo?- Preguntó la bruja hiperventilando.

-Todo.

-Podemos negarnos.- Comunicó el pocionista.

-Podéis. Sólo quiero que penséis en lo que este proyecto supondría en vuestras carreras.

-¿Está haciéndonos chantaje?- Escupió Snape con voz suave.

-No se me permite hacer chantaje señor Snape. Solo expongo la situación.- El ministro lo miró a los ojos directamente.- Su presupuesto, sus recursos… Le recuerdo que Standford castle posee uno de los laboratorios más grandes del Reino Unido. ¿Se imagina lo que un poco de magia y presupuesto casi ilimitado puede hacer en ese sitio? Ya pueden retirarse, la chimenea 34 está habilitada para su marcha. Tienen hasta el día dos para responder. –Y sin darles opción a preguntas o a réplicas lo echó de allí.

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-¡No!

-¡Sí!

-¡No!

-¡Sí!

-¿Para esto me habéis pedido mediación?- Preguntó el rubio divertido mientras observaba desde hacía mas de 30 minutos cómo ambos discutían sobre lo que había dicho el ministro.

Y una cosa estaba clara aquella no era su idea de pasar fin de año. Ni por asomo. Pero la culpa era suya por haber acudido ante la insistencia de ambos. Culpa suya, en serio. Esperó unos segundos pero lo estaban ignorando desde hacía un buen rato. Sólo oía que si la escuela esto, que si los mocosos lo otro, que si iba a arruinar su vida. Sinceramente le tenían harto. Primero Hermione estaba a favor y Snape, obviamente en contra. Después era al revés, Hermione estaba en contra y su padrino a favor. Y ahora ni siquiera sabía de qué estaban discutiendo. Se cruzó de brazos observándolos.

-Cómo si no te importara.- Espetó Snape.

-No me importa.- Afirmó la bruja.

-Pues tú verás.

-No, tú verás.

-¿Esto es un nuevo juego?- Preguntó Draco alzando una ceja. Snape salió por la puerta dando un portazo.

-¿Oye a ti te importa?- Quiso saber Hermione.

-¿Si me importa el que?- Malfoy enarcó aún más la ceja.

-Pues eso.- Contestó la bruja algo enfadada mientras salía dando otro portazo.

-No si… Son tal para cual. – Masculló el rubio riéndose. Aunque para sus adentros estaba jodido. ¿Y así es cómo pensaban decidir qué hacer con la propuesta del Ministro? Corregía, no estaba jodido.

Estaban jodidos.

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.-.-.-.-.-.-.- Fin del capítulo..-.-.-.-.

Dije hace un par de años que este fic era cómo la típica serie (mala) de verano. Y vengo para cumplir mi deuda.

Os confesaré algo, no ha sido por falta de tiempo, porque de eso en los últimos meses me ha sobrado. Ha sido porque he tenido mi primera crisis existencial con un Fic. Mi forma de escribir es fácil. Se me ocurre una idea, la desarrollo, y cuando llevo un par de capítulos se me ocurre el final, y lo medio escribo. Así que lo que hago es que la historia se desarrolle sola hasta que lo junto con el final. No será muy ortodoxo; pero es mi método, (no os lo recomiendo, no es muy práctico.) El desarrollo puede ser más largo o más corto, pero por lo general una vez que tengo el final ya lo hago cuadrar.

Pero esta vez… No. Lo empecé con una idea y a los pocos capítulos no tenía final, y llegaron más capítulos, y el final seguía sin aparecer. Y más capítulos. Y dejé estancada la historia hasta que por fin encontré un desenlace. Malas noticias (para algunas) esto se acaba, aunque no lo parezca. Buenas noticias, la falta de inspiración sólo era con este Fic. Mi cabeza seguía rebosando ideas que he ido recopilando y desarrollando.

Eso era todo lo que tenía que decir. Si en algún momento he cometido errores con lo que sea, disculpadme. Retomar un fic de una años para otro tiene sus consecuencias.

Muchas gracias de todo corazón a las que aún siguen por ahí que me leen. Si es que queda alguien.

Saludos de Cloe.