Tus ojos desde la vanidad


Koga Wolf, a sus 28 años la única relación seria que ha tenido es con con una chica pelirroja hacía un año, duraron apenas unos cuantos meses, al final, Ayame tomó sus maletas y se fue cargando con muchos arrepentimientos y el haber entrado a una relación con alguien como Koga. El chico era de esos hombres exigentes a los que nada le parecía.

Que si la falda le hacía ver cuadrada, que si la blusa era muy aburrida, que si sus piernas no estaban torneadas, que si su trasero sería mejor su fuera al gym y una lista interminable de defectos y "sugerencias" que terminaron por cansarla.

Ayame tiró la toalla, se fue con lo que quedaba de su autoestima para no ver atrás.

Koga jamás entendió por qué esa hermosa mujer -de cabello de fuego y unas cuantas pecas que ahora recordaba con ternura- se fue de forma tan abrupta.

Lloró, pero jamás trató de analizar en qué falló.

Koga no era malo, solamente tenía demasiado arraigado en su cerebro ese estándar de perfección en una mujer, su pecado era desconocer que sus comentarios terminaban por herir y cansar. Ahora sus ojos vanidosos estaban sobre otra chica, una que no le pertenecía ni lo haría jamás, pero eso él no lo sabía.

Hoy acompañaron a Kagura en su sesión de fotos para la portada de su pronto álbum, era lo único que faltaba y finalmente sería lanzado a las masas.

Kagome observa a la mujer, tan bonita, tan perfecta, tan todo. Koga le observa a ella, cada día le parecía ver algo nuevo en ella, nada escapaba a su ojo crítico.

El Centennial Park Lake era el escenario perfecto, la naturaleza y el rostro de muñeca de Kagura se complementaban perfectos. La mujer disfrutaba de ser el centro de atención y qué mejor el mostrarle a esos ojitos azules la verdadera belleza.

Una ráfaga de viento y el cabello azabache de Kagome vuela con las corrientes, observó a Koga, esa sonrisa de bobo, entorno los ojos, el idiota tomó una de las flores del arbusto al lado de ambos para colocarla en la oreja de la mojigata, le ardió en lo profundo notar la muy ciega no parecía notar las intenciones de Wolf. ¡Que rival más patética!

-Querida- dijo Byakuya, el fotógrafo -¿Podrías mirar algo melancólica hacia el otro lado?

Kagura obedeció.

La fotografía quedó espectacular. Byakuya dijo que tendría los resultados en unas semanas, Kagome le agradeció infinitamente haber llegado sin previa cita, el joven sonrió y se despidió.

Otra fuerte ráfaga de viento, la flor en el cabello de Kagome salió volando cuando ella intentó arreglar sus hebras negras, la vio alejarse. Koga se ofreció a ir por ella, la joven iba a decirle que no era necesario pero el joven ya estaba retirado de ella. Suspiró.

Más ráfagas.

Sesshomaru se acercaba observando a su novia, le gustaba contemplarla, no se había dado cuenta todavía de su presencia, hasta que estuvo a tres pasos de ella, le habló con su inconfundible tono de voz grave, ella volteó.

Fue el mejor espectáculo que Sesshomaru pudo haber imaginado, ella, las hojas, su cabello al viento, el sol del mediodía y sus labios preciosos, no se contuvo y le abrazó.

Koga presenció la escena, estrujo la flor en su puño con ira, no podía ser posible que perdiera sin siquiera haber comenzado la batalla.

Kagura se recostó en un árbol, cerró los ojos, tan tonta y traía a dos muertos por ella, pero no le ganaría, Sesshomaru le pertenecía desde el momento en que su agradecido corazón le escogió como el indicado.

¡Los juegos del amor!

A veces el capricho y la vanidad tratan de vencer.

A Koga le atraía Kagome porque ahora la veía bonita. A Kagura le atraía Sesshomaru porque ella decidió que eran perfectos el uno para el otro. Ninguno veía más allá de su pequeña equivocación, lastimosamente lucharían en vano por ganar algo que, al final, no era para ellos.

Mientras, Sesshomaru y Kagome observan el lago felices de celebrar y profesar su resiente relación, una que nació a cuenta de platicas y sonrisas.

Tomaron asiento en una de las bancas del parque, el equipo de fotografía terminaba de colocar todo en su camioneta, algunas personas caminan aquí y allá.

Taisho colocó su mano sobre la de ella, la miró, ella estaba concentrada en la familia de patos del lago, le pareció que hasta su sonrisa era lo más tierno e inocente del mundo, se propuso cuidar esa sonrisa para siempre, porque la amaba, ya había entrado a su vida, no le dejaría ir jamás.

-Te amo- le dijo.

Ella sintió su corazón latir, volteó, vio el par de soles incandescentes que le queman el alma.

Había una palabra que ella aún no había pronunciado, tenía miedo, pero el momento era tan propicio, tan espontáneo, sus labios se abrieron para pronunciar las palabras más importantes en su vida hasta ese instante.

-Yo... te...- tomó aire -A

-¡¿Qué hacen aquí?!- preguntó Kagura contonendo las caderas caminando hacia ellos seguida de Koga.

Taisho resopló exasperado, si pudiera matarlos lo haría, lastima que no tenía una espada ni nada.

Los cuatro concordaron los siguientes pasos, ya todo estaba listo para New York, hablando de eso, debía pasar por la Boutique de Jakotsu recogiendo su traje, ya estaba listo, lástima que el vestido de Kagome aún no, moría por saber las modificaciones que el estilista le haría al modelo que escogieron.

Kagura y compañía arribaron el entrecejo, ambos se marchaban tomados de la mano, juntos y aparentemente enamorados.

-Se me revuelve el estómago- mascuya antes de retirarse.

El celular de Koga sonó, contestó aunque ese número no estaba registrado.

-Hakaku- rió -Maldito granuja

-Necesito que vengas por mi al aeropuerto amigo- dijo el otro joven.

Koga aceptó gustoso, fue en busca de amigo de la universidad, hacía unos años que se fue a Italia por una pasantía, finalmente podrían retomar su amistad. Subió al auto muy contento, a pesar que minutos antes Kagome se había esfumado junto a su jefe.

Hakaku esperaba frente al aeropuerto con sus maletas, no le costó nada identificarlo.

-¿A donde te llevo?- preguntó Wolf sin apartar los ojos de la autopista.

-Te daré la dirección- sacó un papel de su chaqueta, se lo pasó a su amigo.

Koga sabía donde era ese lugar, un edificio de apartamentos cerca del centro.

Finalmente llegaron, se ofreció a ayudar a Hakaku con sus maletas, él aceptó, tomaron el ascensor hasta el piso siete, caminaron por el pasillo hasta la puerta de número 202, su amigo toco6la puerta, unos segundos después, los ojos jade y los azules se encontraron después de hacía un año.

-Ayame...

La pelirroja le ignoró, abrazó a Hakaku con efusividad, un beso en la mejilla y Koga pensó que la mujer le clavaba una lanza en el pecho.

-Te invitaría a pasar- dijo la mujer -Pero debes estar ocupado...

Su amigo se despidió, entró al apartamento y la puerta se cerró en sus narices. Él no pudo más que pestañear hasta que salió del ensimismamiento, chasqueo la lengua. Se encaminó a la salida. Así que la pelirroja le había olvidado... bien, él se centraría en Kagome, era ella quién le gustaba y no esa mujer insoportable. Conquistaría a Higurashi, ya vería Ayame. Kagome le dejaría con un sabor amargo de inferioridad, vería que él consiguió una mujer bella y ella, ella estaba con Hakaku.

¡Los juegos del amor!

Continuará...

Espero lo hayan disfrutado chicas, ya sé que parece que vamos lento pero es necesario, New York se acerca y veremos muchas cosas allí.

Qué más pasará?

Sepanlo en el siguiente capítulo

Besitos en el cachetito