Muchas gracias por todo el apoyo que recibió este triste intento de historia.
Al final solo queda decir gracias, espero que hayan disfrutado de esta historias tanto como disfrute escribirla.
Como siempre y como ultima vez en esta historia, los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo Final. Una vida juntas.
Estando sentada en el estudio de Azrael, Minerva vio a su alrededor, todo seguía como lo había dejado su abuelo, se sentía terriblemente cansada, todo había sido demasiado para ella, su pequeña había crecido para tomar su propio camino, y aunque sabia que tarde o temprano pasaría no lo había hecho más fácil y no sabia cuanto tiempo podría permanecer a su lado.
De pronto la calma que sentía se vio interrumpida por un fuerte alboroto fuera de la casa, sin esperar a descubrir que sucedía, camino hacia la entrada, solo para ver a un pequeño grupo de mujeres y hombres comenzaban a entrar liderados por Elsa que le dio una mirada de disculpa, todos cuando la vieron agacharon la mirada sumisamente, y para Minerva no le fue difícil saber que todos eran omegas, y casi enseguida Iduna comenzó a ayudar a los recién llegados con las pocas pertenencias que cargaban y veía a un par de cachorros en los brazos de sus madres o padres, siendo escondidos de su mirada.
Hasta el final del pequeño grupo vio a su nieta caminando como si todo fuera normal para ella, y suspiro cuando vio sus ropas cubiertas de sangre.
Fue sacada de su mente cuando escucho un par de gruñidos, fue hasta que vio hacia abajo, que vio a cuatro niños mostrándole los dientes como si ello fuera suficiente para amenazarla, sin embargo antes de que pudiera hacer algo, un gran gruñido se escucho a su lado y este fue suficiente para que los cuatro pequeños retrocedieran ante la alfa que se paro junto a ella. Tres de los cachorros eran pelirrojos, y el ultimo tenia el cabello completamente blanco, y los cuatro hicieron pucheros ante el regaño implícito.
· Ayuden a sus madres y hermanas. – dijo Anna empujando a los niños hacia donde estaban los demás.
Los cuatro se fueron, empujándose, y riendo mientras corrían por la casa, y Minerva por fin se permitió ver con detenimiento a Anna, que tenia a una niña de cabellos rubios abrazada de su espalda que se escondía de ella.
· Necesito una palabra contigo. – dijo Anna cuando por fin hizo que la pequeña que se rehusaba a soltarla se separara de ella.
Minerva asintió mientras que era guiada hacia el estudio que ahora pertenecía a su nieta.
Cuando entro detrás de Anna, vio como la cobriza se detenía justo en la puerta, no necesitaba ser un genio para saber que aun esperaba ver al hombre detrás del escritorio como había pasado tantas veces antes. Después de lo que pareciero ser una eternidad, Anna por fin camino hasta el escritorio y se sentó en la silla detrás de el, y Minerva no pudo evitar ver con orgullo a su pequeña, sabiendo que tanto Marcus como Azrael estarían orgullosos de ella.
Tomando el asintió frente a ella, Minerva espero a que estuviera lista para hablar. Y afortunadamente o desafortunadamente, la cobriza no tardo mucho en reaccionar, sin embargo lo que hizo ciertamente no era algo que esperaría.
Anna sintió como el peso de todo lo que había sucedido cayera sobre de ella con venganza, se desplomo sobre el escritorio, produciendo un ruido sordo cuando su cabeza golpeó contra la madera, y termino por cubrirse con sus manos como si de aquella manera pudiera esconderse de sus problemas.
· Todo esto es una mierda. – Anna gruño contra el escritorio, y aunque su voz había sido apagada por sus brazos, Minerva la escucho perfectamente. – Se que fue una estupidez traerlas aquí, pero no podía dejarlas a su suerte… yo solo… Maldita sea…
Minerva sonrío ante Anna, y se estiró para cepillar su cabello con sus dedos. – Hiciste lo que sentiste correcto, y estoy muy orgullosa de ti por eso.
Anna alzo un poco su cabeza con cierto temor, pero quería, no, necesitaba ver si lo que escuchaba era cierto, y cuando vio la sonrisa en el rostro de la mujer, no pudo evitar sonreír tontamente ante ella, pero no paso mucho para que sus pensamientos comenzaran a atormentarla. - ¿Qué se supone que haga con ellas?
La omega se detuvo sin comprender lo que quería decir. - ¿Qué?
· Digo, ¿ahora que se supone que haga?, siento esta necesidad de protegerlas, y algo mas que…- al final, el rostro de Anna estaba completamente rojo ante su último pensamiento y no hacía falta mucho para saber a qué se refería.
· Anna, quieres protegerlas, hazlo. – El rostro de Minerva era sereno mientras hablaba. – Escúchame, está ahora es tu manada… guíalas pero deja que tomen sus decisiones, no estarás sola en el camino – Anna pareciera haber tenido una gran revelación, haciendo que su rostro se iluminara. – y sobre lo otro… No puedes forzarlas a estar a tu lado, eso si no quieres que al final te terminen odiando.
La alfa asintió ante las palabras de su abuela, aunque el sentir la presión en su vientre bajo seguía preocupándole, pudo ver que ella tenia razón.
· Y Anna, posiblemente tengas que hablar con Elsa.
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En otra habitación de la casa, Elsa estaba acostada en su nido, no sabia que pensar de sus sentimientos, por el amor de los dioses, estaba celosa de su prima Odette de ocho años, y lo peor es que no era la única que pareciera tener sus intenciones sobre la cobriza, junto con aquella chica de la escuela pareciera que Anna se las había arreglado para llamar la atención de Rapunzel y Merida. Siendo lo peor que ella misma no podía comprender lo que sentía por la alfa, estuvo a punto de sumergirse en sus pensamientos cuando un toque en la puerta llamo su atención.
· Pasen. – dijo acomodando un poco las almohadas de su nido, pensado que la dueña de sus pensamientos era la que había llamado a su habitación.
Sin embargo, la persona que menos esperaba abrió la puerta, y su rostro debió mostrar su malestar cuando Elizabeth hablo. – Se que no soy a quien esperabas, y no soy de tu agrado, pero debo tener una palabra contigo.
En contra de su mejor juicio, Elsa asintió.
Cuando Elizabeth entro, camino hacia el nido, y se sentó frente a Elsa.
· No me voy a disculpar por lo que hice, pues pienso que fue lo mejor para nuestra manada. – El rostro de incredulidad de Elsa era tal que la mayor apenas pudo sostener la mirada. – Sin embargo, solo estoy aquí para despedirme, y antes de irme me gustaría decirte algo.
Pese a su sorpresa, Elsa asintió, sin confiar en su voz para poder hablar.
· La alfa va a necesitar a una omega fuerte a su lado, se que eres capaz de ello y mas, quiero que entiendas esto, no hay tal cosa como el destino, lo que guía tu camino son tus decisiones, si quieres estar con ella, hazlo, no tengas temor a lo que sientes, no cometas el mismo error que muchas detrás de ti, no dejes que el miedo te guíe, Elsa, ella te necesitara cuando no sepa que hacer, cuando se sienta sola, por favor niña, se fuerte por ella, por ti, y por los tuyos.
Y por primera vez, Elsa vio sonreír a Elizabeth, las palabras dichas, le hicieron revolver su estómago, no sabia que pensar, y solo fue capaz de reaccionar cuando la puerta de su cuarto se cerro.
Elsa se derrumbo sobre su cama, sus pensamientos se arremolinaban uno contra otro, sin dejarle pensar con claridad, cerro los ojos con fuerza tratando de detenerlos, y cuando menos se dio cuenta cayo dormida.
Fue en medio de la noche, cuando sintió a alguien abrazarse a su cintura, y el calor reconfortante fue suficiente para hacer que su conciencia regresara, abrió los ojos para ver a Anna abrazada a ella, son hermosos ojos parecían brillar en la obscuridad, viéndola con tal intensidad que le era difícil siquiera pensar.
· Hola, perdón por despertarte. – dijo Anna sonriéndole, haciéndole ver que no estaba verdaderamente arrepentida de ello.
Antes de que pudiera contestarle sintió como Anna pegaba sus cuerpos, haciéndole sentir tranquila. Con su barbilla sobre su cabeza y sus brazos rodeándola, Elsa respiro la esencia de Anna, llenándose de ella, sintiendo como sus brazos se apretaban mas sobre su cuerpo, manteniéndola en su lugar, y Elsa alzo sus manos sintiendo la piel desnuda de Anna, su calor, como temblaba ante su toque, y alzó la mirada para verla frente a su rostro.
· ¿Y ahora? – Preguntó cuando la mano de Anna acaricio su mejilla.
· No lo sé. – Respondió la cobriza, acercando su rostro al contrario, sintiendo su respiración en sus labios. – Solo… déjame estar a tu lado.
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La nieve cubría Arendelle, el invierno habría de ser testigo de la union de dos almas.
Parada frente a su espejo, Anna vio su reflejo, estaba increíblemente nerviosa, no sabia como había convencido a la mujer más maravillosa que haya conocido de casarse con ella, sin embargo ahí estaba, solo faltaban unos cuantos minutos para que todo comenzará.
Estaba vestida con un vestido negro con detalles verdes, ella hubiera preferido usar un traje, pero cuando Elsa la vio usarlo, no pudo decirle que no.
· Es hora. – Su padrino Tarzan le dijo desde la puerta.
· Gracias ya voy.
Anna camino hacia la puerta, y cuando se detuvo antes de salir sintió como si alguien la empujara desde atrás.
Sabiendo que estaba sola, volteo la mirada, solo para ver algo que hizo que su corazón se paralizara.
Azrael le estaba sonriendo, alentándola a seguir, detrás de él, su abuelo y su padre lo acompañaban, sus ojos se llenaron de lágrimas cuando supo que debía seguir.
· Gracias…
Parada frente al bosque, Anna espero a la que se convertiría en su esposa.
La música comenzó a tocar anunciando la llegada, y por el pasillo cubierto de una capa de nieve, camino la más hermosa criatura que jamás haya existido.
Su vestido blanco parecía brillar en un millón de diamantes, pero este era opacado por la hermosa sonrisa que adornaba su rostro.
Anna se paralizó cuando estuvo frente a ella, solo podía pensar en lo afortunada que era, sus manos se juntaron ante el altar, jurando caminar juntas a partir de ese momento.
Un tierno beso, selló su unión, y cuando se separaron, supieron que solo era el comienzo de su vida juntas.
Fin.
