CAPÍTULO 19:

EL FIN DE LA PAZ

–Debe de ser algo más. Tú sabes que cuando él está enojado, yo también lo siento. Y ahora no sentí nada. –Dijo Harry caminando de un lado a otro en la habitación de Hermione.

–Tienes razón, pero esto fue muy intenso. Necesito un poco de agua. – Hermione se levantó y salió al corredor para bajar a la cocina. Harry salió de la habitación justo después.

–Hay algo que no me dijiste y supongo que no querías que los demás escucharan. –Dijo Harry bajando las escaleras detrás de ella.

–Harry. ¿Recuerdas que casi al terminar el sexto curso, me llevaron a la enfermería porque me había desmayado? –Harry asintió. –Esa vez fue la primera vez que sentí el dolor. Luego lo volví a sentir cuando fuimos por ti y te trajimos a la Madriguera, después cuando salíamos de la casa de Malfoy y ahí fue cuando él se dio cuenta, porque sintió el mismo dolor. –Terminó ella, aun bajando las escaleras.

–Entiendo que a él le afecte por desobedecer el llamado de Voldemort, pero no entiendo ¿Por qué te afecta a ti? Tú no tienes la Marca Tenebrosa. –Harry seguía insistente.

–Mira tú mismo. –Le enseñó su mano que tenía remarcada su cicatriz con un color negro brillante. –Es la cicatriz que me hice al cortarme con la Diadema de Ravenclaw. –Él se quedó sorprendido. –Harry, quiero hablarle sobre los Horrocruxes, Draco ha sido de mucha ayuda y podría ayudarnos aún más. –Harry se veía un molesto pero cuando quiso hablar, Ron llegó a interrumpirlos.

–Harry, Remus y yo, creemos que deberíamos esperar por noticias. Sí Malfoy sintió la Marca Tenebrosa, es porque los Mortífagos harán algo. Nos quedaremos despiertos un rato más. –Harry asintió y se fue del lado de Hermione, dejándola sola y sin una respuesta.

Luego de que Lucius Malfoy acudiera al llamado del Señor Tenebroso, Narcissa tuvo un impulso del cuál podría arrepentirse para siempre. Se quedó pasmada por algunos minutos, pero al final decidió seguir con su plan. Tomó una capa vieja de color negro y sin más, salió por las grandes puertas de la Mansión en ruinas.

A tropiezos se logró alejar algunos metros de su propiedad, asegurándose de que nadie estuviera vigilándola. Se detuvo y pensó por un momento, como si estuviera dudando en volver, pero al final, Narcissa desapareció envuelta en la oscuridad de la noche.

Apareció frente a una gran casa con un gran jardín en la zona frontal, sin embargo no se le comparaba a la Mansión Malfoy en lo más mínimo ni tampoco a la Mansión Black en Grimmauld Place, pues esa casa era común y corriente como todas las demás casas muggles que se veían en las calles de clase media-alta de Inglaterra.

Algo que Narcissa no le había dicho a su esposo, Lucius, era que ella no creía que Draco fuera prisionero de Harry Potter, más bien creía que su hijo ahora ayudaba a Potter. Aunque sus esperanzas se incrementaron después de esa conmovedora conversación con su esposo, Narcissa debía estar segura de que su hijo estuviera vivo, así que acudió a la única persona que podría brindarle su ayuda o al menos, eso creía ella.

Caminó hacia aquella casa de color azul pastel, abrió la pequeña puerta blanca de madera y pasó hacia el jardín lleno de hermosas flores, que aunque fuera de noche, se podían apreciar lo suficientemente bien, siguió caminando hasta llegar a la entrada. Tomó un poco de aire y toco la gran puerta roja con gentileza. Dentro de la casa se escuchó una voz amable que se acercaba cada vez más a la entrada, la puerta se abrió y un hombre risueño y rubio quedó frente a ella.

– ¿Narcissa? ¿Qué haces aquí? –Ted Tonks se sorprendió tanto que casi dejaba caer el pedazo de pastel que llevaba en su mano.

–Necesito hablar con Andrómeda, es urgente. –La voz de Cissy se quebraba a cada palabra que musitaba.

–Narcissa, en verdad no creo que sea bueno. –Ted trató de bajar la voz y así evitar que Andrómeda escuchara algo.

–Por favor, es demasiado importante. –Narcissa lucía devastada, así que Ted no tuvo corazón para decirle que no y le dejó entrar.

– ¿Quién era, querido? –La dulce voz de una mujer se hizo llegar desde la cocina. Ted fue el primero en entrar a la cocina y le siguió Narcissa.

Andrómeda Tonks, estaba frente al lavabo llenando un jarrón de agua fresca para colocar las flores que tenía a un lado de ella, al parecer esas flores venían de su gran y hermoso jardín, cuando por fin las acomodó en el jarrón se dio la vuelta para poder colocarlo en la mesa, pero lo que vio dentro de su cocina la impactó demasiado. Andrómeda soltó el jarrón al suelo, provocando que éste se quebrara en cientos de pedazos, su cara reflejaba angustia, como si un muerto estuviera parado frente a ella. Sin dudar levantó su varita hacia Cissy.

– ¡Expelliarmus! –La varita de Narcissa cayó en la mano de Andrómeda. – ¿Qué haces aquí? –Andrómeda le interrogó con desconfianza. – ¿Por qué la dejaste entrar, Ted? –Le reclamó a su esposo sin dejar de mirar a su hermana.

–Andrómeda, escúchame. –Le respondió Narcissa, acercándose a ella con cautela.

– ¡No te muevas! ¿Qué es lo que quieres? –Seguía apuntándole con la varita sin dudar.

– ¡Es por Draco, mi hijo! Necesito tu ayuda. –Le confesó Narcissa destrozada. Andrómeda comenzó a bajar su varita.

– ¡Oh! Escuchamos lo que le pasó a tu hijo, nos lo dijo Dora, lo sentimos mucho. –Le dijo Ted, tomándola del hombro.

– ¡No lo entienden! Creo que él está vivo. –Miró simultáneamente a su hermana y a su cuñado. –Hace unos días, Harry Potter entró a nuestra casa y creo que Draco estaba con él.

– ¿Y qué quieres que hagamos nosotros? –A Andrómeda parecía afectarle un poco el terrible aspecto de su hermana, pero se mostró impertérrita ante ella. –Nosotros no conocemos el paradero de Harry Potter.

–Tú hija puede. –Andrómeda se quedó sin palabras. –Ella es parte de la resistencia junto con Potter, sí Draco está vivo, ella debería de saberlo.

– ¡Por supuesto que no! Nymphadora no puede ser vista ni relacionada contigo, la matarían. –Andrómeda estaba muy ofendida por la propuesta de Narcissa.

–Querida, tal vez… –Ted, su esposo, quiso intervenir entre la discusión de las hermanas Black.

– ¡No, Ted! Ella junto con mi familia me exilió por casarme con alguien al que no creían digno, ella y su esposo son seguidores de –Quién-Tú-Sabes- y además, ella no hizo nada cuando Bellatrix mató a Sirius. Y ahora después de tantos años viene a pedirme que arriesgue a mi hija para sus propios fines. –Le recorría una lágrima por la mejilla derecha, una lágrima de odio, de rencor hacia su propia sangre. –Lárgate y jamás vuelvas a pisar esta casa que no eres bienvenida.

Narcissa, dolida, caminó hacia la salida de la casa de los Tonks y Ted la acompañó.

–¿Podrías entregarle ésta carta a Nymphadora? Sí ella sabe algo de él, quiero que se la entregue. Mis intenciones son buenas, Ted. Y lo lamento mucho, por todo el daño que hice. –Narcissa le dijo sinceramente. Ted dudó un poco pero terminó tomando la carta que le entregó Narcissa.

–No te prometo nada, pero trataré. –Le contestó afable.

Narcissa salió de la casa de los Tonks y volvió a desaparecer, regresando a la Mansión Malfoy. Ahora tenía un poco de esperanza gracias a Ted Tonks, él esposo de su hermana al que siempre despreció por su estatus de sangre.

Reparo. –Ted Tonks apuntó su varita hacia los pedazos del florero que seguían en el suelo. Andrómeda estaba sentada frente a la chimenea, cubriéndose la cara con ambas manos. – ¿Te encuentras bien, Drómeda? –Ella le abrazó y rompió en llanto.

–La última vez que vi a mi familia fue cuando descubrieron que eras hijo de padres muggles. Pensé que Cissy no me daría la espalda, pero no fue así. No puedo ni imaginarme por lo que está pasando, lucía terrible, parecía que había perdido la cabeza. –Dijo Andrómeda con pesar.

– ¿No harás nada? –Su esposa negó con la cabeza. –Deberías pensarlo mejor, tal vez no quieras volver a ver a tu hermana, pero estamos hablando de un chico que podría estar vivo. –Ella no le contestó. –Tú sobrino, es de quién estamos hablando. –Andrómeda le miró con sorpresa.

–Hay que hacer algo, Ted. –Él asintió.

En la madriguera, se encontraban cenando los Señores Weasley, Charlie y Tonks, ésta última se había instalado por un tiempo con los Weasley para protección de ella y de sus padres. Arthur y Molly hablaban sobre la preocupante situación en el mundo mágico, mientras que Charlie y Tonks, bromeaban y reían con entusiasmo. De pronto sonó el reloj que tenían colgado en la sala de estar, Molly Weasley corrió a revisarlo y encontró que las manecillas con las caras de sus hijos Fred y George, estaban apuntando a las palabras ''Peligro Mortal'', Molly se alteró y se dirigió de nuevo al comedor.

–Son Fred y George, el reloj apunta a… –Molly no logró completar las palabras.

– ¡Vamos! –Dijo Tonks levantándose del comedor junto con Charlie.

Pero en ése momento aparecieron Kingsley y Moody, frente a ellos.

–El Callejón Diagon está siendo atacado. –Dijo Kingsley con prontitud. –También los Mortífagos están atacando el puente de Londres.

–Hay que dividirnos, yo iré con Molly y Arthur, sé que quieren estar con sus hijos. –Dijo Moody.

–Entonces Charlie y Tonks irán conmigo. –Dijo Shacklebolt.

Los seis se desaparecieron de la Madriguera y fueron al lugar de batalla que les fue asignado.

Cuando llegaron ahí, los gritos desgarradores se escuchaban por todas partes. El Callejón Diagon estaba bajo ataque de los Mortífagos, volaban sobre los negocios de los magos y comenzaban a destruirlos. Maleficios imperdonables salían disparados a diestra y siniestra. Algunos magos se quedaban a pelear, otros huían tratando de salvar su vida.

Molly, Moody y Arthur, llegaron para ayudar a los magos que seguían atrapados. Fred y George Weasley estaban en la cima de su local ''Sortilegios Weasley'' luchando con otros dos Mortífagos.

– ¡Confringo! –Un Mortífago apunto hacia la fachada del negocio de los gemelos haciéndola explotar.

– ¡Oye, tu pagarás por esto! –Le gritó Fred.

– ¡Sí! ¡La pintura no fue para nada barata! –Continuó George en tono burlón.

– ¡Confundus! –Molly atacó a un Mortífago que estaba a punto de atacar a Moody. – ¡Depulso! –Lanzó una ráfaga de luz sobre el Sr. Crabbe.

– ¡Cúbreme Moody! –Arthur corría escapando de los demás hechizos que volaban sobre su cabeza, intentaba llegar hacia una tienda que estaba repleta de magos que quedaron atrapados por los escombros. – ¡Flipendo!

Moody siendo uno de los magos más fuertes, podía luchar contra tres magos tenebrosos a la vez, pero con lo que no contaba es que Bellatrix apareció detrás de él.

– ¡Devasto! –Bellatrix lanzó un hechizo justo a un lado de Moody, el impacto fue tan fuerte que los escombros del local que destruyó le cayeron encima, intentando levantarse, Moody fue desarmado. – ¡Avada Kedavra! –Una ráfaga de color verde nubló los ojos de Alastor. Bellatrix dejó escapar una sonrisa podrida y huyó. Estaba feliz de haberse deshecho de uno de los mejores aliados de Potter.

– ¡Desmaius! ¡Desmaius! –Fred y George Weasley seguían lanzando hechizos y algunas bombas de humo desde lo más alto de su local. Él Señor Weasley también seguía luchando con los Mortífagos que seguían en el Callejón Diagon.

– ¡Aviectum Ignis! –Gritó Avery y apuntó su varita sobre todos las tiendas que estaban cerca de él, haciendo que todo se lograra quemar con un rapidez impresionante.

Lejos de ahí se encontraban muggles atrapados en el puente de Londres, no sabían que estaba pasando. Kingsley, Charlie y Tonks, llegaron y comenzaron a enfrentarse a los Mortífago y también trataban de proteger a las personas no mágicas que seguían ahí.

– ¡Melofors! –Tonks apuntó a un Mortífago que estaba destruyendo varios automoviles, poniendo en su cabeza una calabaza.

Kingsley conjuró un escudo de protección para algunos niños que estaban aterrados, Tonks les gritaba a unos muggles para que salieran del lugar mientras alejaba a un Mortífago de ellos.

Charlie aparecía y desaparecía del lugar de la batalla, pudo desarmar a cinco Mortífagos antes de que Alecto Carrow pudiera herirlo. Tonks llegó hacia él y lo ayudó a levantarse. De un momento para otro, Bellatrix apareció y comenzó a atacar a los tres magos miembros de la orden.

– ¡Desmaius! –Tonks atacó con furia a Bellatrix. La bruja comenzó a reír mientras desviaba con mucha facilidad los hechizos que Tonks le lanzaba.

–Niña tonta ¿Crees que con esos insulsos hechizos podrás ganarme? –Rió Bellatrix y ahora comenzó a atacarla, haciendo que Tonks retrocediera rápidamente mientras era acorralada.

– ¡Tú mataste a Sirius! –Tonks le gritó enfurecida y ahora ella comenzó a desviar los hechizos de Bellatrix.

– ¿Era tu amiguito? Igual y puedes estar con él, yo te puedo ayudar. ¡Avada Kedavra! –Pero Tonks fue más ágil y esquivó el hechizo de Bellatrix. Ella volvió a lanzar otros hechizos más hacia Tonks.

– ¡Impedimenta! ¡Immobulus! –Bellatrix quedó paralizada frente a Tonks. – ¡Sirius era parte de mi familia! Yo soy hija de Andrómeda Black. –Le dijo con furia pero cuando estuvo a punto de lazar otro hechizo hacia Bellatrix, fue atacada por la espalda por Amycus Carrow, arrojándola hacia una columna del puente y rompiéndola, dejándola inconsciente con algunos escombros sobre ella, dejando libre a Bellatrix.

Lo último que escuchó Tonks antes de quedar aturdida por Amycus, fue la risa frenética de Bellatrix Lestrange.

En el Callejón Diagon, la batalla seguía a flor de piel, había muchos daños en el lugar. Poco a poco comenzaron a llegar varios Aurores para apoyar en la batalla, pero conforme iban llegando, los Mortífagos desaparecían.

Tonks intentó levantarse, quitándose los escombros que le cubrían el cuerpo, pero cuando se puso de pie, el panorama no se veía para nada bien. Había demasiados heridos y muertos, el puente de Londres estaba casi totalmente destruido y algunas partes estaban en llamas. También habían llegado los Aurores y hacían todo lo posible por ayudar a los sobrevivientes e identificar a los muggles para poder desmemorizarlos.

– ¡Tonks! –Se aproximó Charlie hasta dónde estaba ella. – ¿Estás bien? –Le preguntó con mucha preocupación. –No te encontraba y estaba muy preocupado.

–Estoy bien. –Dijo muy desorientada por el golpe tan fuerte que recibió.

El Señor Weasley llegó a la escena y corrió a abrazar a su hijo, quería saber sí él y los demás estaban bien.

– ¿Cómo están los demás, Señor Weasley? –Preguntó Tonks, se estaba poniendo de pie con la ayuda de Charlie.

–Tonks, –Tragó saliva. –asesinaron a Moody. –El Señor Weasley le dijo a Tonks con un gran pesar.

– ¡No! ¿En dónde está? –Tonks intentó desaparecer para ir a buscar a Moody, pero no pudo hacerlo por lo débil que estaba, mucho dolor físico y emocional, Tonks se desmayó en los brazos de Charlie Weasley.

–Charlie, hay que llevarla a San Mungo. –Le dijo su padre. –Yo seguiré ayudando a las demás personas que siguen atrapadas en los escombros.

–Sí, yo la llevaré, tú sigue ayudando. Ten cuidado. –Charlie desapareció de la trágica escena junto con Tonks.

Apareció frente a las puertas del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

– ¿Pueden ayudarme? –Charlie llevaba cargando a Tonks que seguía inconsciente y sangrando. Las enfermeras llegaron a auxiliar a Tonks y se la llevaron a un cuarto. Dejando esperando a Charlie en la sala de espera.

Un par de horas después, el sanador que atendió a Tonks, dejó pasar a Charlie Weasley.

– ¿Está bien? –Le preguntó al sanador mientras entraba a ver a Tonks.

–Sí, pero sufrió un golpe muy fuerte en la cabeza y hasta que despierte, no podemos saber sí el daño es grave, solo debe descansar y esperar lo mejor. –El Medibrujo salió de la habitación dejándolos solos.

–Recupérate pronto, Tonks. – Se negó a apartarse de su lado, le tomó una mano y le besó la frente. –Te quiero. –Murmuró cerca de ella.

Todos los demás en la casa de seguridad de Harry seguían despiertos, estaban juntos en la sala, atentos a lo peor que pudiera pasar.

–Si algo malo hubiera pasado, ya hubiéramos tenido noticias. –Dijo Ron, somnoliento.

–Si los demás quieren ir a dormir, pueden hacerlo. Yo seguiré aquí por si algo pasa. –Dijo Hermione sentada cerca de la chimenea del piso principal.

Nadie se movió de la sala, así que Ron caminó hacia la escalera para subir hacia su habitación. Pero cuando puso un pie sobre el primer escalón, una luz cegadora de color azul plateado inundó toda la habitación principal.

El Patronus corpóreo en forma de comadreja proveniente de Arthur Weasley, se manifestó y comenzó a hablar:

Hubo una emboscada en el Callejón Diagon, cientos de magos murieron a manos de los Mortífagos. Pudimos ayudar a muchos, pero no fuimos tan eficientes. También atacaron simultáneamente al puente de Londres, ahí Tonks quedó herida y Charlie la llevó a San Mungo. Lamento informar que asesinaron a Alastor.
Cuando haya más noticias, se los haremos saber. Todos los demás estamos bien.

Luego que la comadreja se desvaneció, todos se quedaron mirando sin decir nada.

– ¡Por Merlín! Moody… –Hermione dijo con angustia.

– ¡Debo ir a por Tonks! –Se levantó Remus. –Harry, necesito la capa. –Remus estaba muy alterado y decidido a salir de la casa en ese mismo momento.

–Espera, Remus. No puedes salir así como si nada pasara. ¿Qué pasa si te descubren? –Le dijo Harry.

–Yo lo acompañaré, iré por la capa. –Agregó Hermione y subió hacia el cuarto dónde tenía las demás pócimas que utilizaban.

–Remus, iré yo contigo. –Le dijo Harry.

–No, Harry. No puedo ponerte en peligro, tú no puedes salir de esta casa innecesariamente. –Le dijo Remus con severidad.

Hermione bajó de la escalera con su bolso de cuentas y la Capa de Invisibilidad de Harry.

–Hermione, no irán solos. –Draco intervino. –Yo los acompañaré. No puedo dejar que vayas sola.

–No, lo no harás. Ninguno de ustedes intervendrá. Harry, tú no puedes salir ni ponerte en riesgo. Ron, sí a ti te descubren pueden torturarte para que les digas el paradero de Harry. Y Draco, sí a ti te descubren, podrían matarte. –Añadió con firmeza. –Vámonos Remus. –Él asintió.

– ¡Hermione! Sí pasa algo, háznoslo saber y todos iremos. –Draco le dijo con firmeza y en su voz se distinguió un tono de desesperación. Hermione asintió, y así, Remus junto con ella salieron de la casa.

Aparecieron frente a la entrada del Hospital, Remus estaba debajo de la Capa de Invisibilidad y Hermione iba a un lado de él.

–Bienvenida al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. ¿En qué puedo ayudarte? –Recibió a Hermione una enfermera de aspecto joven y amable.

–Queremos… –Sé corrigió de inmediato. –Quisiera ver a Nymphadora Tonks.

– ¿Es usted familiar de ella? –Le preguntó.

–Soy su hermana, Courtney Tonks. –Hermione sonrió con nerviosismo.

–Está en el tercer piso, habitación 34.

– ¿Hermana? –Le murmuró Remus.

–Pensé que si le decía que solo era una amiga, no me dejaría pasar. –Comentó buscando las escaleras para ir al tercer piso.

Llegaron a la habitación dónde estaba Nymphadora y primero entró Remus, luego entró Hermione quién cerró la puerta con un hechizo para que nadie pudiera entrar. Remus se quitó la capa y fue directo hacia la cama dónde estaba Tonks. Charlie seguía ahí, aun lado de ella tomándole la mano pero en cuanto vio a Remus, la soltó.

Remus se sentó a un lado de Tonks, le tomó una mano y le comenzó a acomodar el cabello que le cubría la frente. Tonks seguía inconsciente, tenía algunos rasguños en la cara y algunos sutiles moretones. Remus trataba de ser fuerte al verla en ese estado, jamás la había visto de ése modo, siempre la veía feliz y fuerte, no quería perderla cuando apenas la había encontrado.

– ¿Cómo está? –Remus le preguntó a Charlie con voz quebrada.

–Me dijeron que tenía que despertar para saber sí hay daño, mientras tanto hay que esperar. –Charlie les comentó con tono somnoliento.

– ¿Haz dormido algo, Charlie? –Le preguntó Hermione acercándose a él.

–No, he estado al pendiente de Tonks. –La miró con suavidad.

–Y te agradezco por no dejar sola a Tonks, de verdad. –Remus se dirigió agradecido hacia Charlie.

–Vamos. Te llevaré con alguien que pueda curarte esas heridas. –Le dijo Hermione tomándolo del antebrazo. –Tonks está bien con Remus, él la cuidará. Debemos ayudarte a ti.

Ambos salieron de la habitación de Tonks y caminaron hacia una estación de enfermeras para que Charlie pudiera ser atendido. Hermione lo esperó en el pasillo mientras lo atendían.

– ¡Courtney! ¡Courtney! –Un joven le tocó el hombro a Hermione. – ¡Soy yo, Henry!–Hermione quedó sorprendida al ver al joven que atendía la tienda de pociones.

–Hola. –Le dijo con incomodidad. – ¿Qué haces aquí? –Trató de ser amable.

–Soy voluntario en mi tiempo libre. ¿Tú que haces aquí? –Le preguntó con una sonrisa afable.

–Mi hermana está herida. Vine a visitarla. –Le dijo con algo de duda, tratando de recordar su mentira.

–Oh, espero que se recupere pronto. Los Medibrujos de San Mungo son los mejores.

– ¿Podemos ir de nuevo con Tonks? –Charlie salió del cuarto de enfermeras.

–Me tengo que ir, Henry. Fue agradable verte. –Se despidió Hermione.

–Lo mismo digo, Courtney. Espero que podamos vernos en mejores circunstancias.

–No sabía que tenías novio y al parecer un nuevo nombre también. –Le dijo bromeando.

– ¡Cállate! –Hermione rió. –Es solo que no puedo decirle mi identidad. –Hermione se llevaba muy bien con todos los integrantes de la familia Weasley, después de tantos veranos y vacaciones de navidad quedándose con ellos, los consideraba su familia.

–Iré a comer algo a la cafetería. Después regreso. –Le dijo a Granger y siguió por el pasillo.

Al entrar de nuevo al cuarto de Tonks, encontró a Remus hablándole al oído y con algunas lágrimas en su rostro.

–No puedo verte así, por favor regresa conmigo. Te necesito, Dora. Te amo. –Seguía murmurándole al oído.

Hermione se sintió conmovida por lo que le decía Remus a Nymphadora y prefirió darles su espacio para que él pudiera estar solo con ella. Salió al pasillo y siguió caminado para entretenerse. Luego de un rato, se volvió a encontrar con Henry que estaba ayudando a un anciano a llegar a su cuarto.

–Te encontré de nuevo. –Le dijo Hermione.

– ¡Hola! Pensé que estarías con tu hermana. –Comentó él.

–Sí, pero ahora está con otra persona y quiero dejarlos a solas.

–Pues, yo terminé mi turno, podríamos tomar café o una taza de té mientras regresas con tu hermana. ¿Te parece? –Le dijo con cautela. Ella asintió.

– ¿Qué le pasó a tu hermana? ¿Por qué está aquí? –Preguntó él castaño.

–Estuvo en un accidente. No quiero hablar de eso. –Le dijo Hermione con seriedad.

–Por supuesto, te entiendo. Debes de estar muy preocupada. –Le dio un trago a su café.

Continuaron hablando y bromeando durante unas dos horas. Hasta que Charlie llegó rápidamente hacia ella y le dijo.

–Courtney, aquí vienen tus padres. Debemos de ir con tú hermana. –Le advirtió Charlie con tono exagerado para que Hermione pudiera entender, pues los padres de Tonks no sabían nada acerca de que Remus estaba saliendo con su hija.

–Me tengo que ir. –Dijo agitada y se levantó de la mesa.

–Tú avísale a Remus. Yo retrasaré un poco a los Señores Tonks. –Le dijo Charlie y regresó por dónde había llegado. Hermione caminó rápidamente hacia el cuarto de Tonks.

– ¡Remus! Los padres de Tonks están aquí, ya vienen. –Lupin se limpió las lágrimas y se colocó encima de él la Capa de Invisibilidad. Justo cuando hizo eso, los padres de Nymphadora entraron a la habitación.

– ¡Dora! –Su madre llegó hasta ella.

–Hermione, es hora de irnos. –Remus murmuró cerca de ella.

–Señores Tonks, debo retirarme. Espero que Tonks se recupere pronto. –Hermione dio media vuelta.

–Querida, espera. –Ted Tonks se acercó a ella. –Hay algo que debo decirte. –Ambos salieron al pasillo y antes de seguir hablando, Ted se aseguró de que no hubiera nadie en el pasillo. –Hace unas horas, Narcissa Malfoy visitó nuestro hogar. Ella estaba convencida de que su hijo, Draco, estaba vivo y que él estaba de parte de Harry. –Hermione se sorprendió por lo que le contaba el padre de Nymphadora. –Me entregó esta carta para que Dora se la pudiera dar a Draco. –La mirada de Ted se entristeció. –Pero creo que mi hija no puede hacerlo en estos momentos. Sé que si tú sabes algo respecto al joven Malfoy, podrás entregársela. –Hermione tomó la carta. –Gracias, Hermione.

–Tonks estará bien, es una bruja fuerte y excepcional. –Le dijo Hermione, tratando de animar al padre de Tonks.

Tanto Remus como Hermione salieron del hospital hacia la casa de seguridad.

Harry, Ron y Draco, recibieron a Remus y a Hermione. Ansiosos de preguntar sobre la salud de Tonks y todo lo que había sucedido. Remus sin nada de fuerzas, subió a su habitación para descansar un poco, Hermione fue quién actualizó a los demás sobre la situación.

– ¿Alguien vio a Remus? –Preguntó Harry con preocupación.

–No, solo Charlie. En cuanto los padres de Tonks entraron a la habitación, Remus ya se encontraba debajo de la capa. –Continuó Hermione. –Tal vez sí Tonks y Remus, les hablaran sobre su relación, ellos lo entenderían.

–Ahora no es el momento para eso, Herm. Sí ellos no lo quisieron contar en su momento, no creo que Remus esté dispuesto hacerlo ahora. –Añadió Ron. –Pero también creo que sería mejor que ellos supieran que Remus está saliendo con Tonks.

– ¿Cuántos muertos hubo? –Preguntó Harry con aspecto lúgubre.

–No deberías pensar en eso ahora, Harry. –Le dijo con voz suave, tratando de que su amigo no se culpara por las muertes.

– ¡Cuantos hubo! –Harry levantó la voz.

– ¡Oye! No es necesario que actúes como un idiota. –Intervino Draco.

–No importa. –Hermione se colocó frente a él y lo detuvo. –Escuché a los Medibrujos decir que por lo menos hubo 50 en el Callejón Diagon y 100 en el puente de Londres. –Terminó con una mirada culpable.

Harry y Ron, se quedaron en la sala. Draco subió a su habitación y Hermione decidió ducharse. Terminando de hacerlo, fue hacia la habitación de Draco, llevaba consigo la carta que le había entregado el padre de Tonks. Se acercó a la puerta con pasos silenciosos y tocó la puerta con dubitación.

–Draco, soy yo. ¿Puedo entrar? –Escuchó la aceptación de Draco por el otro lado de la puerta y Hermione entró, cerrando la puerta al entrar. –Debo decirte algo.

– ¿Estás bien? –Él se preocupó por el semblante tan frío que mantenía en su delicado rostro.

–Sí. Es algo que pasó hoy. –Sacó de su bolsillo trasero una carta la cual reconoció Draco rápidamente, pues llevaba en ella el inigualable sello de la honorable familia Malfoy. Le miró con desconcierto. –Esta carta me la dio Ted Tonks, el padre de Nymphadora. –Se la entregó. –Me dijo que tu madre había ido a su casa para pedirles ayuda.

– ¿Ayuda para qué? –Le preguntó sin dejar de mirarla.

–Para encontrarte. Me dijo que quería la ayuda de Tonks para llegar a ti, tu madre está convencida de que sigues vivo y que ahora estás de nuestra parte. –Le tomó de la mano. –Draco, ella debió reconocerte él día que entramos a la Mansión. Será mejor que te deje a solas.

–Quédate. –Ella asintió. Con mucha gentileza abrió la carta y comenzó a leerla.

Draco.

El primer error que cometí fue el no haberte protegido, el poner mis intereses sobre ti, el no darme cuenta de que necesitabas ayuda. Sé en mi interior que aun sigues vivo y que estás a salvo con Harry Potter, sentí tu presencia la otra vez. Es una ironía que estés seguro con él que era tu enemigo qué con tu propia familia. Te ruego, hijo mío, que me perdones por todas mis faltas hacía ti. Sé que es muy peligroso, pero quisiera verte por lo menos una vez más. Sí estás dispuesto a perdonarme, quisiera verte en Mayfair, el próximo miércoles a las 5 en punto, en la cafetería a la que íbamos cuando eras niño. Sí no acudes, es porque no quieres verme y lo entiendo completamente.

Cuídate hijo mío, Te amo.

Después de que terminó de leer se quedó en silencio y le pasó la carta a Hermione. Ella leyó la carta y tampoco dijo nada, esperaba a que él le dijera algo primero.

–Quiere que vaya a verla, Hermione. Debo ir. Debe saber que no necesita mi perdón. –Le dijo Draco con voz ronca.

–Draco, pero es muy arriesgado, tanto para ella como para ti. –Le cuestionó Granger.

– ¿Y qué se supone que haga? ¿Debería dejar que piense que la odio y que la culpo por todo esto? –Arrastró las palabras. – ¿Puedes dejarme solo? Quiero descansar un poco. –Pues sabía que Hermione tenía razón, tanto su madre como él, corrían peligro al salir, pero aun así quería verla.

Recorriendo la sala de derecha a izquierda, Remus miraba el reloj cada cinco segundos.

–Ya es tarde, debieron llegar hace media hora. –Se apresuró a decir Remus.

–Tranquilo, ya vienen. Deben de ser lo más cautelosos posibles para que no puedan seguirlos. –Le confirmó Ron.

–Solo espero que Tonks pueda soportar el funeral de Moody. ¿La cuidaran por mí? –Se dirigió a Harry y a Hermione, ambos asintieron.

Hermione le hizo una señal a Harry para que se acercara a ella y a Draco, y continuaron hasta el comedor.

– ¿Qué sucede? –Les miró confundido.

–Hace unos días, recibí una carta de mi madre. Ella sabe que estoy vivo. –Dijo Draco con prontitud.

– ¿Cómo? –Farfulló

–Se dio cuenta el día que entramos a mi casa. El punto es qué me pidió verla hoy a las 8 de la noche, unas horas después del funeral. –Se mostraba agitado. –Solo te estoy avisando que iré a verla y también quisiera pedirte la Capa de Invisibilidad para usarla cuando regresen del funeral.

– ¿Estás seguro de que no es una trampa? –Interrogó con poca fe.

–No lo es, confío en mi madre. –Harry asintió.

– ¿De qué hablan? –Llegó Ron en busca de sus amigos.

–De nada, Ron. –Le contestó Harry poniendo una mano sobre su hombro y llevándolo de regreso a la sala junto a Remus.

Luego de menos de una semana en el Hospital San Mungo, Tonks se recuperó por completo. Charlie y ella, se dirigieron a la casa de seguridad de Harry, en dónde Remus la esperaba con ansias.

Del pasillo principal entró Charlie ayudando a caminar a Tonks.

– ¡Dora! –Remus se dirigió hacia ella con entusiasmo, la sujetó y la besó con ternura. –Ven, siéntate.

–Estoy bien, Remus. –Le dijo con una voz suave. Le rodeó el cuello con sus brazos y lo volvió a besar con suavidad. –Te extrañé.

–Hay malas noticias. El funeral de Ojo Loco se va a retrasar hasta las 4 de la tarde. –Comentó Charlie, dejando su bufanda sobre el sillón más cercano.

– ¿Por qué? –Cuestionó Ron. –Iba a ser esta mañana.

–No lo sabemos, nos llegó una carta con esa información. Solo sabemos que son órdenes del Ministerio.

– ¿El Ministerio? ¿Ellos no tienen poder para interferir con un funeral o sí? –Preguntó Hermione con molestia.

–Lo siento, Malfoy. No podré prestarte la capa, no llegaremos a tiempo del funeral. –Le dijo Harry sin prestarle mucha importancia.

Draco se molestó y se fue de la sala. Hermione se quedó mirando cómo se alejaba y pensó en algo que lo pudiera ayudar. Sin decirle algo a nadie, tomó su bolso y salió de la casa sin que nadie lo notara.

Luego de un rato, Draco volvió a bajar las escaleras en busca de Hermione. Pero en la sala solo estaba Remus y Tonks, abrazados en un sillón alejado de todos. Harry y Ron estaban conversando y Charlie estaba a un lado de ellos mirando de reojo a Tonks.

– ¿Dónde está Hermione? –Preguntó.

–Pensé que estaba contigo. –Le contestó Harry inmediatamente.

–No, y tampoco está en su cuarto ni en la biblioteca. –Contestó alarmado.

Pero justo cuando empezaban a impacientarse, la puerta principal se abrió y Hermione entró a la casa.

– ¿Estás bien? –Draco fue el primero en acercarse a ella.

– ¿Dónde estabas? –Ron le siguió.

–Sí, fui por algo que necesitaba. –Sacó de su túnica 5 frascos con algo de cabello dentro de ellos.

– ¿Qué es eso? –Se acercó Harry.

–Es cabello de Muggles. Así todos podremos ir al funeral de Moody sin ser detectados, tengo suficiente reserva de Poción Multijugos, así que no se preocupen por eso. –Comentó afable.

– ¿Cómo conseguiste tanto cabello Muggle? –Dijo Ron con disgusto.

–Prefiero no hablar sobre eso, Ron. –Subió hacia el cuarto dónde tenía las pociones.

–Es hora de irnos. ¿Están listos? –Remus les preguntó a los demás.

–Tomen, traté de seleccionar a personas con su misma complexión para evitar problemas con la ropa. –Hermione les entregó un frasco a Remus, Ron y a Draco. Al tomar la poción, su piel comenzó a temblar y estirarse, cambiando completamente su aspecto físico.

–Hermione. –Harry se acercó a su mejor amiga. –Toma esto. Le entregó el Guardapelo de Slytherin.

– ¿Por qué? –Le dijo desconcertada.

–Tal vez si lo llevamos, el papá de Ron o Bill, podrían ayudarnos un poco, ellos conocen mucho sobre artefactos de magia oscura. –Hermione asintió y lo guardó en su bolso.

Ya en el cementerio, se encontraba el Señor y la Señora Weasley, Fleur, Bill, Fred, George, y Kingsley.

La ceremonia comenzó y la tristeza inundó a los presentes. Tonks lloraba desconsolada, abrazaba a un hombre de apariencia un poco menor a la de Tonks, quién era Remus. Hermione lloraba sobre el hombro de un hombre de apariencia madura que era Malfoy.

–Hoy nos despedimos de un extraordinario mago que dio la vida por defender lo correcto, jamás dudó de su potencial ni de sus ideales y fue el mejor Auror que el Ministerio de Mágica Británico pudo tener. –Al final de la oración Tonks rompió en llanto y abrazó fuertemente a Remus. Molly Weasley se acercó a ella para reconfortarla también.

La ceremonia terminó, pero los presentes seguían mostrando su respeto. Draco sacó de su bolsillo el reloj que le había regalado Hermione para observar la hora, lo volvió a guardar y se acercó al oído de Hermione.

–Hermione, ya casi es la hora. Debo de ir con mi madre.

–Iré contigo. –Dijo ella.

–No. Esa calle es muy concurrida, que pasa sí alguien te reconoce. No te arriesgaré. –Se mostró firme.

–Salí a conseguir el cabello de muggles para que pudieras ir con tu madre, te voy a acompañar. –Se miraron por unos segundos y Draco asintió. –Le avisaré a Remus.

Ambos se tomaron las manos y desaparecieron del cementerio, para aparecer frente a la cafetería en una comunidad mágica muy resplandeciente.

Los demás asistentes del funeral comenzaron a caminar fuera del cementerio para poder retirarse.

–Hem hem. –Un terrible sonido que automáticamente reconocieron Harry, Ron y los gemelos, los dejó helados. –Buenas noches. Cómo saben, el Ministerio de Magia está muy ocupado en estos momentos, así que es mi deber como Subsecretaria atender este tipo de asuntos.

– ¿Y usted qué quiere? –Interrumpió la Señora Weasley.

–Arthur, será mejor que controles a tu mujer. –Miró con aire despectivo a Molly, los gemelos y Ron, se encolerizaron. –Era obvio que vendrían al funeral de ¿Cómo dicen que se llamaba?

–Alastor Moody. El mejor Auror que el Ministerio ha tenido. –Se hizo presente la voz de Tonks.

–Bueno querida, creo que decir que fue el mejor Auror es algo muy extremo. –Dijo con prepotencia.

–Lo fue. –Intervino George.

–George, es suficiente. ¿Qué es lo que necesitas, Umbridge? –Dijo Arthur enseguida.

–Cómo iba a decir antes de ser interrumpida, –Miró directamente a Molly. –estoy aquí para hacer valer el testamento de Alastor.

– ¿Por qué ahora? ¿No podía esperar? –Insinuó Fred.

– ¿No escuchaste? El Ministerio está muy ocupado, así que…

–Así que mandan a los empleados menos capaces para cubrir las pequeñas tareas. –Dijo Fred riendo junto con George. La cara de Umbridge se tornó tan rosada como la ropa que vestía. Ella desenrolló un pergamino amarillento y comenzó a leer en voz alta.

–Arthur Weasley, ahora eres el dueño de la escoba de Moody. Fred y George Weasley, se quedan con el ojo mágico para mayor seguridad en su tienda. Remus Lupin, –Dolores levantó la mirada antes de seguir leyendo el pergamino, solo para observar sí había algún cambio en la cara de los presentes, pero todos seguían indiferentes. –se quedará su reserva de pociones. Es una lástima que Lupin, un fugitivo como él, no pueda reclamar esto. –Rió frágil y lascivamente, mientras que los demás los veían con una increíble ira. –Aunque, siendo él un hombrelobo, dudo mucho que siquiera pueda entender la complejidad de una poción.

– ¡Disculpe! ¿Quién se cree usted para menospreciar a Remus? Él es un mago excepcional, admirable y muy inteligente. Quién no creo que comprenda la complejidad de las cosas, es otra. –Tonks cambió su cabello de marrón a rojo ardiente, estaba totalmente enfadada.

–Descuida, Tonks. No importa. –Remus le murmuró y le tomó la mano.

–Hem hem cómo iba diciendo. –Umbridge interrumpió. –A Harry Potter, le dejó algunos artefactos mágicos, así que díganle que puede venir a mi oficina a recoger lo que le dejó su querido amigo.

–Nosotros no sabemos dónde está. –Contestó George.

–Claro, no lo saben. –Dijo con gran sarcasmo y una sutil mueca de una sonrisa. Aunque por lo que recuerdo, tú hijo es el mejor amigo de Potter. ¿Qué no, Arthur?

–Mi hijo no sabe nada sobre el paradero de Harry. Ron está enfermo en nuestra casa, no puede ni levantarse de la cama. –Dijo el Señor Weasley.

– ¿Y sabe algo acerca de la novia de su hijo? La Señorita Granger no asistió este año a Hogwarts. ¿Una gran coincidencia no lo cree? –Dolores se acercó a él como sí pudiera oler la mentira en él.

–Ron no tiene novia y jamás sería Hermione, ellos siempre están peleando. –Dolores miró a Fred.

–Usted tiene razón, es una gran coincidencia. Pero por lo que sé, Hermione no quiso regresar al colegio, como muchos otros jóvenes magos que tienen miedo por el regreso de Voldemort. –Molly se mostró firme y poderosa. Dolores le regresó una mirada despectiva y volvió a leer el pergamino.

–Por último, a Nymphadora Tonks le dejó su casa.

– ¿Él me dejó su casa? –Dijo con nostalgia y giró hacia Remus para sonreírle. –Él amaba esa casa, estoy segura que la honraré en su nombre.

– Parece que tú y ése joven mago son íntimos, me complace saber que no frecuentas a Lupin. –Dijo con una mueca de asco. –Él es un media sangre, y tú tienes un poco de la sangre Black, así que para mí, no eres tan sangre sucia. –Hizo una pantomima de haberse limpiado las manos. –Mi trabajo está completado, buena noche. –Y desapareció en un parpadeo.

–Sigue siendo una arpía. –Dijo George con tono burlesco.

– ¡George! –Molly lo reprendió. –Tienes razón, pero no lo digas en voz alta, muestra tus modales. –Fred y George se miraron y rieron.

–Entonces para eso era el cambio de horario para el funeral. –Dijo Arthur. –Ella quería estar aquí, creía que Harry vendría. Gracias a Merlín por la capa de tu padre.

Fred, George, Bill, Fleur y Kingsley desaparecieron.

–Querida, nosotros nos adelantaremos. Te veremos en casa. –Molly le dijo a Tonks con voz cálida.

–Yo me quedaré con ella mamá, así no regresara sola. –Dijo Charlie.

–No será necesario, Molly. –Intervino Remus. Tonks volvió a verlo. –Será mejor que ella regrese con ustedes, no podemos tener tantas excepciones.

–Remus…

–Lo siento, Dora. Pero será mejor que estés segura con los Weasley. –Le dijo Remus con un poco de tristeza y ella lo abrazó con fuerza.

–Él tiene razón Dora. –Charlie interrumpió haciendo que ambos dejaran de abrazarse.

–Bueno, entonces será mejor que nos vayamos. –Dijo Arthur. Molly abrazó a Ron y a Remus.

– ¿Listos? Toma mi mano. –Remus le dijo a Ron sin decir su nombre, esperando a que Harry también le tomara la mano a Ron por debajo de la capa, y así los tres regresaron a la casa de seguridad.

Hermione y Draco estaban sentados en una banca del parque que estaba frente a la cafetería dónde él vería a su madre. Cada cinco segundos, Draco sacaba su reloj de bolsillo y observaba la hora, esperando impaciente a que ella llegase. Hermione le tomó la mano y este la observó.

–Tranquilo, ya vendrá. Aún faltan cinco minutos. –Le obsequió una sonrisa reconfortante.

–Es solo que llevo mucho tiempo sin verla. Es decir, verla realmente.

–Draco, tú cabello está cambiando. Estás volviendo a ser tú. –Le dijo Hermione alarmada. Draco comenzó a tocarse el rostro y se colocó la capucha de su túnica para ocultar sus rasgos físicos.

–Ahí está. –Dijo mirando fijamente a una mujer de piel traslucida que se sentaba con nerviosismo en la mesa de la cafetería que daba a la calle.

Draco caminó hacia ella y entró a la cafetería. Su madre lo vio y se levantó para abrazarlo con los ojos completamente húmedos. Hermione observaba todo desde la banca del parque dónde seguía sentada.

–Perdóname. –Fue lo primero que salió de la boca de su madre.

–No. No tengo porque hacerlo. Tú no tienes la culpa de nada. –Ambos se sentaron.

– ¿Cómo lograste escapar? –Le preguntó ella mientras tomaba su mejilla con suavidad.

–Alguien me ayudó. No puedo decirte nada más. –Le respondió Draco, tratando de no revelar que la persona que lo ayudó fue su gran mentor, Severus Snape.

–Sé que ahora estás con Potter. –Bajó muchísimo la voz, solo para que Draco pudiera escucharla.

–Mamá…

–Escúchame a mí. Mi lealtad hacia el Innombrable se fue desde que ordenó el asesinarte. Puedo ser espía para el lado de Potter. –Dijo Narcissa con desesperación.

–No puedes arriesgarte así. Además, esta será la última vez que nos veamos, no pueden vernos juntos. –Dijo Draco con tono frío. –No puedo arriesgarte ni arriesgarme.

–Entiendo, pero sí no puedo verte, te diré todo lo que sé. –Dijo su madre.

–Espera, no sé cuánto tiempo tengamos aun y quiero que conozcas a alguien. –Draco se levantó y miró hacia dónde estaba Hermione, haciéndole una seña desde detrás del vitral para que ella fuera hacia ése lugar.

Hermione entró a la cafetería y se mostró tímida y desconcertada, Narcissa la miró con temple serio. Ella se sentó a lado de Draco y enfrente de Cissy.

–Ella es Hermione… –Draco la miró con ilusión. –Ella me salvó.

–Gracias. –Narcissa le tomó las manos con devoción. Hermione le sonrió amablemente, no esperaba que la madre de Draco la tratara con tanta cordialidad, aunque pensó que Narcissa aún no sabía que ella era hija de padres Muggles. –Escuchen, sí esta será la última vez que te vea, Draco. Debo de decirte lo poco que sé de Voldemort. –Ambos pusieron atención. –Cuando él se dio cuenta de que habían entrado a la Mansión, se enfureció porqué pensó que ustedes habían hurtado una clase de copa antigua, pero Bellatrix le confirmó que ella la tenía oculta en una parte de Albania. Sé que ella tiene un tipo de bóveda o un lugar de seguridad, que los Lestrange crearon para sus riquezas. –Hermione puso atención sobre lo que Narcissa decía.

– ¿Ahora dónde está él? Sé que no estuvo presente en los ataques. –Draco le cuestionó.

–Solo sé que cuando pasó todo eso, él y varios otros Mortífagos fueron a una misión en busca de algo que le interesaba mucho. –Dijo Narcissa.

– ¿Mi padre lo acompañó? –Draco se tensó.

–Saben, los dejaré a solas. –Se levantó de la mesa. –Fue agradable conocerla, Señora Malfoy. Hubiera preferido conocerla en otros términos. –Le dijo Hermione, ella le sonrió con gratitud y abandonó la cafetería.

Caminando sobre la calle que estaba enfrente de la cafetería, dos magos conversaban acaloradamente, una llevaba un traje de color rosa chillante y de mal gusto y el otro una túnica negra.

– ¡Dijiste que él vendría al funeral de Moody! ¡Querías estar presente para capturarlos! –Alzó la voz el mago de túnica negra. –Pensé que por fin harías algo bien, Dolores. –Hermione prestó atención en cuanto escuchó el nombre de Moody.

–Señor Ministro, pensé que sí lo harían. Pero ni Potter ni alguno de sus amigos, asistió al funeral. –Dijo Umbridge.

Hermione se quedó helada, ocultándose rápidamente atrás de un gran árbol para evitar ser vista. No sabía cómo alertar a Draco y a su madre, pues Dolores Umbridge y el nuevo Ministro de Magia, se dirigían hacia dónde estaban ellos.

No se le ocurría nada, quería lanzar luces con su varita, pero sí lo hacía, también se darían cuenta ellos. Optó por lanzar una pequeña piedra que estaba a un lado suyo, la piedra golpeó directamente al vitral que daba a la mesa dónde estaban sentados.

Draco levantó la mirada y observó a Hermione moviendo los brazos con rapidez para que ambos observaran lo que pasaba. Narcissa se asustó y comenzó a temblar, pues sabía que el nuevo Ministro de Magia también era un Mortífago.

–Vete tú primero, aún no entran, ve por la puerta trasera y yo iré por la principal, sí salimos juntos, se darán cuenta. –Le dijo Draco con voz fría, aunque Narcissa no quería abandonarlo. –Estaré bien. –Le miró directo a los ojos y así ella logró huir.

Hermione observó como Narcissa salió por el callejón de la parte de atrás y miró a Hermione con ojos enternecidos, cómo si le suplicara que cuidara a Draco por ella y desapareció.

Draco comenzó a caminar con rapidez y perfil bajo para no ser reconocido por los dos magos de los que se escondía. Hermione miraba la situación con mucha preocupación.

Él pasó a un lado de ellos y pensó que había escapado, pero él Ministro le tomó de la túnica, le quitó la capucha y apuntó su varita hacia su cuello, haciendo que los demás clientes de la cafetería miraran la situación con miedo.

–Draco Malfoy. Estás vivo. –Dijo Umbridge desconcertada, pues todo el Ministerio sabía que él hijo de Lucius había muerto.

–Creo que tu padre estará feliz de saber que estás vivo. –Dijo el Ministro con actitud maliciosa y arrastrando las palabras. Umbridge respondió con una sonrisa y Draco sabía que lo entregarían a Voldemort, él solo esperaba que Hermione pudiera huir.

Pero antes de que pudiera hacer otra cosa, un rayo de luz salió en dirección del Ministro dejándolo incapacitado por unos segundos y así Draco pudo inmovilizar a Umbridge y se apartó de ambos.

Ambos magos se reincorporaron rápidamente y comenzaron un duelo de magia contra ambos jóvenes magos. Todos los que estaban pasándola bien en esa pequeña comunidad mágica, huyó del enfrentamiento.

– ¡Es la sangre sucia! –Gritó Dolores. – ¡Ascendio!

– ¿Cómo sobreviviste Draco? –Preguntó el Ministro. –No importa, sí logro llevarte frente al Señor Tenebroso, me recompensará. ¡Crucio!

– ¡Aviectum Ignis! –Exclamó Draco y se ocultó detrás de un automóvil.

– ¡Avada Kedavra! ¡Bombarda Máxima! –El Ministro estaba dispuesto en acabar con ambos jóvenes magos.

– ¡Expulso! –Gritó Hermione haciendo volar el hidrante que estaba a un lado de Dolores, mojándolos por completo, aprovechó la distracción para correr hacia dónde estaba ocultándose Draco. –No podemos desaparecernos, están muy cerca de nosotros, nos seguirían. –Estaba muy agitada.

–Vete tú. –Dijo él y salió para seguir lanzando hechizos. Hermione entró en pánico, no se iría sin él.

– ¡Flipendo! –Su hechizo dio directo a Umbridge y pudo arrojarla hacia el Ministro. Hermione corrió de nuevo hacia Draco y ambos se alejaron rápidamente de ahí para poder desaparecer.

– ¡Suficiente! –El Ministro se levantó ardiendo de enojo y con una herida en la cabeza. – ¡Fliendfyre! –De su varita salió un fuego extremadamente intenso y en forma de un dragón.

– ¡Sigue corriendo Hermione! –Pero la cabeza del Dragón estaba acercándose y casi los alcanzaba. No podían desaparecerse pues cuando querían tomarse de la mano, el Dragón lanzaba llamaradas de fuego, impidiéndoselos.

– ¡Aqua Volatem! –Hermione tomó una gran cantidad de agua de la fuente por la que estaban pasando y se la lanzó al fuego que los perseguía. – ¿Por qué no funciona?

– ¡Es fuego demoniaco! No se puede apagar con el agua. –Gritó Draco mientras se protegía de las ráfagas de fuego que salían del Dragón.

– ¡Accio Horrocrux! –Sin dejar de correr y protegerse del fuego, Hermione apuntó su varita hacia su bolso y salió impulsado hacia ella el Guardapelo de Slytherin. –Draco, cuando lleguemos a ése callejón, entraremos en él y ahí vamos a desaparecer. –Le gritó Hermione desesperada.

– ¿Qué harás? –Seguía repeliendo el fuego.

–Le lanzaré esto, solo hay una oportunidad.

– ¡Dámelo! Yo lo arrojaré. –Hermione asintió y se lo lanzó.

– ¿Listo? ¡Ahora! –Gritó ella.

Draco lanzó el Guardapelo de Slytherin justo a la boca de la cabeza del Dragón, Hermione observó como el Guardapelo lanzó un humo color verde con la cara de Voldemort y luego se evaporó su terrible rostro. Esto hizo que se desestabilizara el hechizo y comenzara a arrojar fuego hacia todas direcciones, pero Hermione y Draco fueron más rápidos y lograron protegerse en el callejón, desapareciendo y dejando atrás todo el peligro.

El fuego al ya no tener ningún control, comenzó a destruir por completo la pequeña comunidad y también atacó a Umbridge y al Ministro, obligándolos a desaparecer.

Draco y Hermione, entraron a la casa de seguridad de Harry. Estaban cubiertos de cenizas y tenían su ropa chamuscada. Draco la observó con cautela.

– ¿Estás bien? –Preguntó él, Hermione asintió y ambos caminaron hacia la sala para asimilar todo.

–Hermione, tenemos algo que decirte. –Dijo Ron con desenfado desde el comedor, pero al salir se encontró a los dos jóvenes en el sillón. – ¿Qué les pasó? ¡Harry! –Gritó para que su amigo bajara.

–Fueron Umbridge y Thicknesse. Ellos estaban cerca y lograron reconocerme. –Dijo Draco aun con una respiración irregular.

– ¿Están bien? –Remus llegó a la sala alarmado junto con Harry.

– ¿Quién es Thicknesse? –Ron preguntó.

–Él es un Mortífago, es amigo de mi padre. Y ahora es el nuevo Ministro de Magia. –Arrastró las palabras con odio.

–Esperen traeré algo de agua. –Remus fue hacia la cocina para ayudar a los chicos.

–Umbridge iba sobre ti, Harry. Escuché que ella le decía al Ministro que había solicitado ir al funeral de Moody para encontrarte a ti, a Ron y a mí. –Tomó un poco de agua que le llevó Remus.

–Lo sé. Apareció en el funeral cuando ya nos íbamos. Leyó el testamento de Moody. –Dijo Harry. –Sigue siendo horrible.

–Tuvimos un duelo mágico, por suerte, al momento en que Thicknesse me sujetó, la gente huyó y no hubo heridos. –Dijo Draco.

– ¿Qué hora es? –Hermione se levantó exaltada del sillón. – ¡Remus, hoy comienza la primer luna llena! –Todos miraron a Remus.

–Lo sé, Hermione. Debo de estar encerrado antes de las 11 de la noche. Aún falta una hora. –Dijo él cabizbajo. –Pero me temo que no me siento cómodo con que ustedes estén en la casa junto conmigo.

– ¿De qué hablas, Remus? –Harry le cuestionó.

–Ustedes tres ya me han visto en mi forma de licántropo, sí es que la poción no funciona, seré imparable. –Dijo él acongojado.

–Estoy seguro que Hermione y yo hicimos correctamente la poción, no creo que debas temer. –Dijo Draco haciendo entrar en razón a Remus.

–Pero que pasa si no. ¿Qué pasa si no fue suficiente y yo les hago daño? Jamás me lo perdonaría. Será mejor que vaya a un bosque lejos de aquí. –Dijo él.

–Para nada, Remus. Moody pidió que te debíamos ayudar y mantenerte a salvo y voy a honrar sus deseos. –Harry le dijo con severidad.

–Hagamos esto. –Intervino Draco. –Sí por algún motivo la poción falla, nosotros seremos los que saldremos de la casa y nos ocultaremos. ¿Está bien eso para ti?

– ¿Y si alguien los ve? –Comentó Remus.

–No lo harán. Si usamos la capa, podemos ocultarnos los cuatro a excepción de nuestros pies, pero en la noche nadie nos verá. Encontraremos un lugar tranquilo. –Dijo Harry. Remus asintió.

–Bien, entonces iré de una vez a mi habitación. Para empezar a hacer los hechizos de protección. –Remus subió las escaleras aún más pálido de lo habitual.

–Iré a cambiarme, estoy cubierto de suciedad. –Dijo Draco. – ¿Vienes? –Le dijo a Hermione quién también tenía la misma apariencia que él.

–Ya voy. –Hermione sonrió apresurada y Draco subió a su habitación. –Harry, Ron, debo decirles algo, es sobre lo que pasó en la cafetería y el Guardapelo de Slytherin.

–Tendrá que esperar a que nos aseguremos de que Remus esté completamente seguro en su habitación. –Hermione hizo una mueca de inconformidad. –Después de eso podemos ir los tres a la biblioteca y hablar. –Harry se abrió paso entre sus dos amigos para ir junto a Remus.

–Harry, espera. Necesito que entiendas que Draco debe de saber lo que hacemos. –Hermione y Ron seguían muy de cerca a Harry. –Sé que es tu decisión, pero él debería de saberlo. Él nos ayudó a encontrar uno después de todo y además… –Harry se dio la vuelta y enfrentó la necedad de Hermione.

– ¡Basta, Hermione! Es muy poco probable que le cuente a Malfoy. –Se volvió a dar la vuelta y siguió subiendo la escalera.

– ¡Eres injusto, Harry! El arriesga su vida también en las misiones pero ¿No puede saber nada? –Dijo ella alterada.

–Él quiso hacerlo, nadie lo obligó. –Intervino Ron. –Además, que te hace pensar que necesita saber sobre todo el plan. Ni siquiera Remus o algún otro miembro de la Orden lo sabe, ellos arriesgan su vida también.

–Sí, pero Draco no solo nos ha ayudado a encontrar un Horrocrux, él me ayudó a destruirlo. –Ambos amigos se pararon en seco sobre el pasillo y observaron atónitos a Hermione.

– ¿Lo destruyeron? ¿Cómo? –Dijo Harry impresionado. Pero antes de que Hermione pudiera decir algo, Draco llegó hacia ellos.

– ¿Qué les pasa? No ven que Remus necesita tranquilidad. –Dijo él enfadado. –Hermione, él te está esperando para que le ayudes con los hechizos protectores. –Hermione exhaló y asintió para seguirlo, ignorando a Harry y a Ron, quienes se quedaron en el pasillo.

–Lo siento, Remus. –Le dijo Hermione avergonzada llegando a la habitación de él. ¿Qué esto? –Hermione se detuvo a un lado de Remus, que estaba frente a una puerta antes de la habitación de Harry. – ¿Esto no estaba aquí o sí?

–No, acaba de aparecer. –Dijo Lupin mirando la puerta fijamente. Draco se acercó a observarla y repasar las figuras talladas.

–Remus, creo que esta puerta se abrió para ti. –Dijo Draco. –Mira esos grabados, son figuras de lobos y humanos. Y ahí está la luna llena. –Apuntó hacia el punto más alto.

Remus asintió y giró el picaporte para entrar. Al abrir la puerta se encontró con una cama tres veces más grande a las que había en las demás habitaciones, una chimenea apagada, las cortinas se veían muy pesadas de color negro y el techo parecía encantado como el del Gran Comedor de Hogwarts, luciendo un hermoso cielo estrellado.

–Remus. –Él seguía observando todo lo que había dentro de esa misteriosa habitación. –Remus… esto es para ti. –Draco le entregó una carta que estaba sobre la cama, Remus reconoció la letra sobre ella y comenzó a leerla:

Lunático.

Remus, espero que para cuando todo esto acabe, puedas venir a visitarnos a mi ahijado y a mí a nuestra casa. Así que acondicioné está habitación para ti, la hice pensando en ti y en tus necesidades cuando hay luna llena. Cuando no tengas a dónde ir en esas terribles noches, aquí siempre serás bienvenido. La habitación se abre cada luna llena, así que podrás usarla cuando sea necesario. Está hechizada para que no se pueda abrir hasta al día siguiente. Bien me atrapaste, también la construí para que pases más tiempo con nosotros dos y así podamos estar junto con Harry y hablar sobre las grandes hazañas que hacíamos en Hogwarts.

Canuto.

Remus terminó de leer. Mientras que Harry y Ron llegaban a la habitación nueva.

– ¿Esto de dónde salió? ¿Fuiste tú Hermione? –Preguntó Ron, mirando todo lo que había dentro.

–Fue Remus, él la hizo para mí. –Sonrió con un brillo en sus ojos que muy pocas veces se podía reflejar. Se acercó a Harry y le entregó la carta. –Cuídala hasta que salga de ésta habitación, puedes leerla, él habla sobre ti. –Le sonrió. –Saben, James y Sirius jamás me negaron su amistad aunque yo sea un monstruo, a pesar de todo el daño que causé y pude causar, ellos jamás me abandonaron y me ayudaron a creer como persona y como mago, siempre los honraré por eso. –Volvían a humedecerse sus ojos. –Será mejor que ya se vayan, una vez que se cierre la puerta, no podré salir hasta la mañana.

Los cuatro jóvenes magos salieron de la habitación y cada quién se dirigió a su habitación.

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¡Hola! Gracias por seguir leyendo el fic. Una disculpa por tardar tanto en subir éste capítulo, el último mes y principios de éste pasé una situación intensa en mi familia y apenas me estoy recuperando. Trataré de no dejar pasar tanto tiempo, pues ya comencé clases en mi universidad. Éste cap está es el más largo que he hecho para compensar mi ausencia. ¡Espero lo hayan disfrutado! ~Expelliarmus x.