advertencia ¡!❞ ࿐ ࿔*:・゚

Descripciones de violencia.

゜・。。・゜✺ ゜・。。・゜

Cada vez que pasaba sus dedos por aquellas amarillentas y porosas páginas, releyendo el mismo texto una y otra vez, sentía que podía escuchar al océano hablarle, clamándole que fuese a su encuentro.

Pasión era una palabra muy corta para describir la profunda admiración que sentía hacia las grandes cantidades de agua salada que envolvían la tierra. Su fascinación hacia la vida marina también era enorme. No había cosa que deseara más que poder salir libremente del castillo y poder explotar el mundo por su cuenta, junto a algún ser amado, quizá.

No era fantasioso, al menos no del todo. De igual manera, la idea de tener a alguien era tentadora. A su edad, no estaba interesado en ese tipo de relaciones, pero aún así no podía evitar pensar en ello de vez en cuando, sobre todo cuando las criadas se la pasaban lloriqueando sobre lo mucho que les gustaría hallar a su hilo rojo.

¿Crees en los predestinados? —preguntó el niño de orbes zafiros a la pequeña de nariz aguileña. Esbozaba una sonrisa sincera mientras un leve sonrojo cubría su infantil rostro.

La cercanía entre ambos era estremecedora. Sobre todo para la rubia, quien tenía profundos sentimientos amorosos hacia su amigo y cualquier leve tacto la hacía increíblemente feliz. Eran infantes, ingenuos, pequeños.

Annie Leonhart. Ese era el nombre de la persona que amó de una manera romántica durante su infancia, y era la misma niña que se encontraba sentada a un lado de él en ese instante.

¿Predestinados? —repitió ella lentamente, parpadeando seguidamente un par de veces—. ¿Te refieres al mito de las almas gemelas?

No es un mito —corrigió el rubio al instante—, es sólo que pocos corren con la suerte de hallar el suyo. Es por eso que casi nadie cree en ello.

La omega tomó unos segundos para analizar las palabras de su compañero. Ladeó la cabeza, tratando de entender a lo que él quería llegar con esa conversación.

No lo sé —contestó al fin—. Honestamente, no tengo ningún interés en ser poseída por un alfa. No soy un objeto —explicó Annie, cruzándose de brazos al mismo tiempo en el que cerraba los ojos por unos instantes. Era verdad; a diferencia de la mayoría de los omegas de su edad, ella no soñaba con casarse con algún elegante alfa. Todo lo que quería era ser reconocida por sus propios méritos, hecho que era bastante complicado dada su condición; haber nacido perteneciente a la raza con menor estatus social y agregarle un género considerado "inferior" no era una combinación agradable, mucho menos sencilla de sobrellevar. Pero eso nunca fue un impedimento para ella, todo lo contrario, esto sólo la motivaba a continuar con su deseo.

Es cierto —concordó el varón, desviando su mirada hacia el suelo—. Olvídalo, estoy fantaseando de más —rió levemente con tal de restarle importancia. Regresó sus ocelos hacia la contraria.

Annie abrió los ojos con asombro, y tras unos breves minutos de silencio, se dignó en hablar:

Eres más idealista de lo que pensaba —admitió, sonriendo levemente—. Un predestinado es... Algo irreal. Todos somos diferentes y en algún momento nuestras personalidades podrían chocar. Es prácticamente imposible que conectemos enteramente con alguien. Un alma gemela suena como una ilusión —hizo una pausa—. A decir verdad, no me agradan los alfas. Son crueles por naturaleza, y el sólo pensar en que algún día tendré que recibir una marca que me encadene a uno... Sólo me genera impotencia y dolor.

Impotencia y dolor. Podía percibir aquellas emociones no sólo porque desbordaban a través de sus iris aguamarina; su aroma había cambiado abruptamente. Al principio era sutil, calmado, sin embargo ahora podía distinguirse fuertemente. Olía a peligro.

—¿Armin? —lo llamó una vez más, con la voz entrecortada. No lloraba, pero parecía que en cualquier momento lo haría.

—Cuida la manera en la que le hablas, mocoso —vociferó Levi, apretando su agarre, impidiéndole a Armin voltear—. Él no es nada tuyo. Es mío —afiló su mirada, frunciendo levemente el ceño.

—¿Quién te crees para decidir sobre él? —inquirió el castaño. Apretaba los puños con enfado, su mandíbula permanecía tensa. En cualquier momento perdería el poco auto control que tenía sobre sí mismo y saldría disparado hacia el Ackerman, importándole poco si éste respondiera a los ataques.

El omega ejercía presión contra el pecho del azabache, en vagos intentos por librarse de su agarre. Sin embargo, lo único que obtenía a cambio era que el pelinegro aumentara la fuerza.

—No estoy de humor para charlas, niño —amenazó el alfa con esa temible voz profunda suya. Su advertencia iba en serio.

—Y yo no permitiré que ejerzas tu voluntad sobre él —contrarrestó el castaño, impaciente por darle el primer golpe. Era bien conocido por su poca paciencia y su manera precipitada de actuar, hecho que lo había metido en demasiados problemas en diversas ocasiones. Afortunadamente, siempre lograba salir bien librado, pero sólo porque Jean intervenía. Esta vez nadie socorrería a su auxilio en caso de que las cosas se pusieran violentas.

Todas las criadas y sirvientas permanecían afuera del castillo, aún orando por la pérdida del rey. Por lo cual, no había alguien además de ellos.

Levi chasqueó la lengua con molestia. No tenía ganas de pelear contra un oponente de su calaña porque sabía que en cuestión de segundos lo tendría en el piso implorando misericordia. Conocía a los de su tipo; eran sujetos que únicamente se dedicaban a parlotear.

—Suéltalo ahora —ordenó el alfa castaño, profundizando su voz. No lo hacía para intimidar al contrario, era meramente su irreprimible naturaleza saliendo a flote.

El pelinegro hizo caso omiso a sus palabras, expectante ante los movimientos de Jäeger. Éste último dirigió velozmente su puño derecho contra el rostro del Ackerman, quien inmediatamente detuvo su ataque con su mano derecha, apretando el puño del castaño hasta que se escuchó un crujido. El omega se alertó ante el inquietante sonido, sin embargo, su preocupación se transformó en asombro cuando cayó en cuenta de que Eren no se había quejado por el dolor, y en cambio, esto sólo había incrementado su furia.

No tardó mucho para que el de ojos aguamarina decidiera dar su siguiente golpe. Movió rápidamente su otro puño hacia el mismo punto que posteriormente había golpeado, recibiendo la misma respuesta.

A simple vista sus ataques podían parecer absurdos. Golpear directamente a un Ackerman jamás funcionaría por una sencilla razón: nadie era capaz de hacerlo. Ellos siempre lo esquivarían de la manera más acrisolada y rápida posible. Sin embargo, Armin entendió de inmediato su estrategia con sólo escuchar e imaginar las acciones; el verdadero propósito de Eren no era acertar, sino liberar.

Con ambas manos ocupadas ya no había nada que lo aprisionara. El rubio no perdió el tiempo y se deslizó ágilmente como nunca antes había hecho en su vida, se movió hasta quedar lejos del alcance de Levi. Éste, al notar lo que había sucedido, bufó con enojo y sostuvo las manos de Eren para después lanzarlo con una increíble fuerza sobrehumana hacia un lado. El castaño se golpeó bruscamente contra la pared que marcaba el final del pasillo, luego de su impacto cayó al suelo sobre sus rodillas. Se levantó al instante y corrió tras el Ackerman, quien osaba en profanar el virginal cuello del omega, donde la ausencia de una marca resaltaba.

Armin no era un cobarde. Claramente le temía a la fiera bestia que amenazaba con reclamarlo como suyo sin su previa autorización, pero no por eso obedecería a su miedo y escaparía. Su determinada mirada se encontró con la del azabache, y momentáneamente, sintió que podía vencerlo.

El omega no poseía una grandiosa fuerza ni habilidades especiales o únicas, a diferencia de su oponente. Pero él tenía algo que la fuerza bruta jamás podría reemplazar; astucia e inteligencia. Idearía algo para que ambos pudieran salir ilesos de las garras de la bestia, pero lamentablemente, necesitaba tiempo para imaginar una posible solución.

El rubio abrió los ojos con desmesura al ver el rojizo color que obtenían los ojos del alfa que estaba a punto de tocar su hombro. No cabía duda, había desatado su verdadera naturaleza, estaba listo para marcarlo.

Armin se agachó, evitando que el Ackerman lo tomara del hombro. En cambio, su mano impactó contra la pared, generando un sonido desagradable y doloroso. El alfa no se quejó, en su lugar, giró rápidamente la cabeza para prevenir el próximo ataque de Jäeger, quien no tardó en abalanzarse contra él en un intento por golpear su estómago. De nuevo, esto salió mal puesto que una simple patada por parte del azabache fue más que suficiente para contrarrestar su mediocre movimiento y dejarlo en el suelo durante varios segundos.

El pelinegro dirigió su mirada hacia el tembloroso omega. Esos profundos orbes negros que destellaban en cenizas rojizas, hambrientos por demandar la unión. Petrificado, el rubio hizo su mejor intento por ponerse de pie, pese a sus lentos y titiritantes movimientos.

El impaciente alfa dio pasos lentos en su dirección, extendiendo su brazo derecho con la palma de su mano abierta, ofreciéndosela. El omega retrocedió, alejando sus manos de la bestia, hecho que enfadó al azabache.

El alfa se abalanzó contra él, pero antes de que pudiese si quiera tocarlo, Armin le estrelló una de las pinturas que permanecían colgadas en la pared. Obviamente aquello no era suficiente para detenerlo, pero al menos lo distraería un instante.

Rápidamente corrió hacia Eren. Se colocó de rodillas frente a él, dándole la espalda al Ackerman. Tomó su espalda con delicadeza, atrayéndolo hacia sí en un desesperado abrazo.

—¿Qué haces? Vete ya —susurró el castaño, correspondiendo al bien intencionado abrazo del omega.

—No voy a dejarte —declaró, aferrándose más al cuerpo del alfa.

—No quería llegar a esto —habló Levi, parado justo detrás de Armin.

Acto seguido separó a ambos amantes empujando sus cabezas hacia direcciones diferentes con sus dos manos. Jaló al omega por su ropa, tirándolo bruscamente hacia un lado para que no interfiriera más. No tenía intenciones de hacerle daño a él, pero se veía obligado dadas las condiciones.

Pateó al moreno con ferocidad, sin ganas de medir su fuerza. A ese punto ya se encontraba lo suficientemente molesto como para ser amable.

Ya no estaban cerca del final del pasillo. Ahora se encontraban cerca de las escaleras principales, en cualquier descuido por parte de Levi ellos serían capaces de escapar.

Cuando el omega está en peligro, el alfa lo sabe y socorre a hacia él o ella. Se vuelven increíblemente fuertes cuando quieren protegerlo —comentó Hange, sonriéndole cariñosamente al pequeño Armin de ese entonces.

Otro golpe. Él tosió más sangre.

El lazo es mágico, ¿sabes? Cuando las razas predilectas encuentran a sus predestinados las cosas se vuelven intensas. Harán cualquier cosa por estar juntos —mencionó Anka en alguna ocasión, con ese brillo en sus ojos que hacía mucho tiempo no se veía.

Y de nuevo, Levi lo lastimaba, sin siquiera darle la oportunidad de ponerse de pie. Y él se quedaba ahí, paralizado.

No importa si eres débil físicamente —dijo Kenny sentado a un lado de su hijo. Habían acabado de entrenar, su padre se había tomado el tiempo para enseñarle algunos trucos de auto-defensa—. Tienes una gran capacidad de razonamiento, eres fenomenal creando estrategias. Y eso, querido descendiente mío, vale más que cualquier fuerza bruta.

Debía pensar en algo antes de que fuera demasiado tarde. No sabía qué hacer, estaba presionado y afligido. No podía enfrentar directamente a Levi, pero tampoco se quedaría ahí viendo como Eren sufre. Debía hacer algo lo más pronto posible.

Creo que podría llegar a sentir orgullo por ti —admitió el rey Karl, sonriéndole levemente al infante delante suyo—. Quién lo diría, eres un omega excepcional. Nunca huyes, sin importar el riesgo. Sin duda, serías un gran líder si fueses un alfa.

Jaló del tobillo al azabache, desequilibrándolo por unos instantes mientras Eren conseguía incorporarse.

Lo apretó con tanta fuerza como nunca había hecho antes, y logró moverlo a un lado. Jaeger no desaprovechó la situación y arremetió su puño contra el rostro del pelinegro, a quien, milagrosamente, logró golpear.

Lamentablemente aquello no era suficiente para frenar a un Ackerman. El pelinegro lo tomó por los hombros y lo tiró atrozmente contra el suelo, para después molerlo a puñetazos en el rostro. Uno tras otro, con la misma potencia y velocidad, sin rasgos de gentileza.

Armin entró rápidamente a una de las habitaciones del pasillo. Salió de esta con una espada en mano, sujetándola fuertemente. Sus brazos temblaban, pero no le importó. No era el momento adecuado para mostrar debilidad.

Sin dudarlo más, cerró los ojos con determinación, alzó el arma y la deslizó velozmente con la intención de degollar al azabache, quien permanecía de espaldas fundiendo a golpes al castaño.

Sintió que el arma se atascó con algo, a lo que supuso que era el cuello del alfa. Empujó con todas sus fuerzas, mas la espada no cedía. Fue entonces cuando abrió los ojos y se percató de que Levi había detenido el ataque con su mano derecha.

—Así que así serán las cosas —bramó el Ackerman.

De un solo movimiento retiró el arma lejos de las manos del omega. Levi se levantó y se dio la vuelta para encontrarse con el nervioso y asustado rostro del menor, mientras cambiaba de mano la espada y ahora la sostenía por el mango, en lugar del filo como anteriormente había hecho.

—Quise ser benevolente contigo, pero no me dejas otra opción. Lo mataré ahora mismo, enfrente de tus ojos.

La unión entre ambas razas me parece ridícula. Yo no necesito que ningún alfa me salve, puedo hacerlo por mí misma —pronunció Annie con tanta firmeza que el omega varón no pudo evitar sentirse admirado.

El azabache se dirigió hacia el castaño. Alzó el brazo con el que sostenía la espada, a punto de darle un final al moribundo muchacho que yacía desahuciado sobre el piso.

—¡EREN! —gritó Armin mientras extendía su brazo en un tonto intento por alcanzarlo. Lágrimas salieron de sus ocelos, recorriéndole ambas mejillas. Cerró los ojos como respuesta ante la incredulidad que aquel momento le causaba. Quería ir tras él y detener a Levi, pero su cuerpo simplemente no era capaz de responder. Por más que quisiera arrastrarse e inmovilizar al Ackerman por los tobillos, sería exactamente equivalente a hacer nada. Estaba demasiado lejos como para impedir el golpe decisivo.

—Armin...—susurró el moreno, sonriendo débilmente mientras escupía algo de sangre. Extendió su mano, como si quisiera alcanzar al nombrado. Y luego, cayó inconsciente.

Escuchó un sonido metálico, mas no algún grito. Abrió los ojos con lentitud, encontrándose con una escena que jamás pensó presenciar: Mikasa sostenía fuertemente otra espada en oposición a la de Levi.

—¡¿Qué estás esperando?! —gritó la alfa, mirando a Levi aunque sus palabras no estuviesen dirigidas a él—. ¡Llévatelo ahora! —ordenó, desviando su mirada hacia el herido moreno.

El omega no dudó más y se acercó a Eren. Lo tomó en sus hombros, y como pudo, se lo llevó cargando, no sin antes mirar hacia atrás, esperando que Mikasa los siguiera.

Su intervención había sido inesperada. Tanto por el hecho de que había llegado justamente en el momento exacto, como el que los haya ayudado.

—¡Váyanse! —repitió la asiática, mirando a Armin con severidad.

—¡Sobrevive! —pidió el omega, saliendo a toda prisa del castillo.

—¡¿Qué mierda haces?! —inquirió Levi, desconcertado y exageradamente enfadado al mismo tiempo. Él sabía que Mikasa siempre había sido diferente a ellos, pues tenía un corazón blando y ese instinto protector que muy pocos de ellos desarrollaban—. ¡¿Por qué traicionas a Kenny?! —fue lo único que se le ocurrió preguntar, escupiendo rabia en cada palabra.

Desde que eran unos infantes habían sido adoctrinados para preservar la grandeza de su apellido y hacerle honor a éste. Su niñez les había sido cruelmente arrebatada, y en su lugar, se les entrenó arduamente para germinar las habilidades que de manera innata ya poseían. Antes de que su edad tuviera dos dígitos, ellos ya habían asesinado por lo menos a unas cincuenta personas.

Para Levi, la realidad había sido sádica desde el instante en el que nació. Pese a que su madre hacía su mayor intento por mantenerlo bien, inevitablemente su vida fue una misera dada la situación en la que se encontraban él y su madre; eran tan pobres que ni siquiera tenían algo para comer. Dicho hecho se volvió aún más notable cuando Kuchel enfermó; su apariencia se fue deteriorando, convirtiéndola en una mujer realmente desagradable estéticamente. Para alguien que vivía con base a los ingresos que su apariencia le generaba, fueron tiempos verdaderamente difíciles. Sin dinero, con una grave enfermedad que avanzaba rápidamente y la entorpecía, y un niño al cual cuidar, su salud mental se desmoronó por completo. A veces pasaban días enteros sin comer, sobrevivían de las sobras que hurtaban como podían.

Cuando Kuchel murió, Kenny lo acogió como un hijo propio. Le dio todo lo que su madre nunca pudo, a cambio de algo que ella jamás le pediría; asesinar a unos cuantos vasallos, campesinos y nativos inocentes. A él no le importó, a decir verdad. No tenía un propósito por el cual vivir, ni una causa por la cual morir. Se encontraba en medio del limbo, en la nada. Su tío le ofreció algo a lo cual aferrarse, una idea por la que debería avanzar; servirle a él como su líder, convertirse en algo así como un discípulo.

Él nunca tuvo el afecto de un padre, ni una cálida cama que lo esperara por las noches, mucho menos un almuerzo bien servido que aguardara por él todas las mañanas. Él creció entre las ratas, se alimentó de basura que muchas veces contenía gusanos, observó muchas cosas que un niño de su edad jamás debió ver, robó sin vergüenza para no morir y... Mató para servir, para vivir.

La maldad era normal en Levi. Sin embargo, con Mikasa fue diferente...

Mikasa fue criada en facilidad y regalos. Ella conoció el dulce tacto de una madre, los elogios de un padre, tuvo una chimenea que la ayudaba a pasar los fríos e intensos días de invierno y siempre tuvo un plato servido en su mesa. Todo eso le fue abruptamente arrebatado el día en el que asesinaron a sus padres y se desvaneció su felicidad, pero incluso en esa trágica situación llevaba ventaja sobre Levi; era un par de años mayor que él cuando tuvo que afrontar su pérdida. Kenny también se hizo cargo de ella, le brindó lo mismo que le había otorgado a su primo a cambio de las mismas condiciones, pero aún así había algo en su mirada que la apartaba del sanguinario gen de los Ackerman. Se mostraba seria y fría, pero dentro de ella, algo se quebraba cada vez que escuchaba los sonoros llantos de la gente implorando piedad.

No esperaba menos de alguien que había conocido el verdadero lazo de una familia.

—¡Él ya no es mi alfa! —contestó la mujer, frunciendo el ceño con furia—. ¡Está corrompido, no puedo seguir obedeciéndolo! ¡No es lo que mi corazón desea!

El hombre chasqueó la lengua. No le agradaba la idea de enfrentarse a su semejante, pero tampoco retrocedería ante su ofensa. Si algo les había enseñado Kenny, era que una traición se pagaba únicamente con la muerte.

Armin salió del castillo, y para su sorpresa, no había nadie afuera. Sólo Sasha.

—¿Ella se quedó? —preguntó preocupada, señalando con su dedo índice al castillo—. ¿Estará bien?

—Lo estará —el rubio asintió con la cabeza—. Es más fuerte que cualquier otro.

Sasha, no muy convencida, aceptó las palabras del omega y lo dirigió hacia la parte trasera del castillo, donde unos cuantos caballos aguardaban por ellos.

—¿Dónde está Hange? ¿Dónde están todos? —inquirió el rubio, dejando a Eren encima de uno de los caballos—. ¿Dónde está el doctor Jaeger? Necesitamos hallarlo lo más pronto posible, o de lo contrario...

—¿No te enteraste aún? —la criada alzó una ceja, confundida.

—¿Enterarme? ¿De qué? —preguntó el varón, igual de perdido.

—El reino está hecho un completo caos. El pueblo está desesperado, ahora que no se encuentra el rey Uri la población quiere calcinar al Señor Kenny —explicó la castaña, con su peculiar acento de nativa—. La Señora Hange me encomendó cuidarte. Ella nos alcanzará después, parece ser que tiene algunos asuntos por resolver. Sea como sea, ya le di claras especificaciones de donde hallarnos. Y en cuanto al doctor Grisha...—bajó la mirada, afligida—. Y-Yo... No quiero ser yo quien te lo diga.

—¿Por qué? ¿Qué tan malo es? —su curiosidad aumentó.

Pero la criada no respondió. En su lugar, le indicó que era momento de marcharse.

—¿No esperaremos a Mikasa? —preguntó el omega, la criada desvió la mirada y negó sutilmente con la cabeza. Algo había pasado entre ellas—. ¿Por qué?

—Ella estará bien —sonrió la castaña—. Pero no parece que Eren vaya a estarlo. Necesitamos apresurarnos y llevarlo con alguien que tenga conocimientos médicos. Cuando estemos ahí te lo explicaremos todo, ¿de acuerdo? —se subió al otro caballo, el único que no tenía montura. Rebuscó algo entre su bolso y sacó una tela verde militar, la cual le ofreció a Armin, quien la aceptó dudoso.

Emprendieron su viaje. Lograron pasar desapercibidos gracias a las largas y gruesas capas que cubrían sus rostros y cuerpo, además de las hierbas que se habían untado previamente con tal de camuflajear su aroma.

—¡¿Dónde están?! —interrogó Kenny una vez que regresó al castillo luego de varias horas fuera de éste. Sonaba realmente enfurecido, y no únicamente por los destrozos que abundaban en las instalaciones, sino por la tremenda decepción que se había llevado por parte de los dos muchachos que había criado como hijos propios.

—No lo sé, Señor —respondió la beta con su mirada fija en el suelo. Tembló y cerró los ojos momentáneamente cuando escuchó como el alfa golpeó fuertemente con su puño la pequeña mesa de madera.

—Tú sabes dónde está —afirmó el líder, acercándose a la sirvienta—. Y vas a decírmelo ahora mismo —ordenó una vez que estuvo delante de su subordinada.

—Ya sé lo he dicho, Señor —su voz temblaba ligeramente. Temía por su destino, pero ella se mantendría firme hasta el final, sin importar las consecuencias—. Desconozco esa información.

En cuestión de segundos, el puño del alfa había impactado contra el estómago de la beta, sacándole todo el aire.

—Creo que he estado siendo demasiado amable —susurró el azabache en el oído de la mujer—. Dime de una puta vez dónde está mi hijo —retiró su mano, dejando que la castaña cayera sobre sus rodillas.

—Yo...—cabizbaja, trataba de recuperar el aire que había perdido—. ¡Yo realmente no lo sé! —gritó, levantando el rostro para encarar a aquel desalmado hombre.

El viejo la miró con desprecio. Sus ojos brillaron en tonalidades carmesí, como usualmente hacían cuando estaban a punto de activar alguna de sus cualidades como alfa.

—Eres una mentirosa —declaró Ackerman, quien prosiguió a patear sin piedad a la beta—. Y si hay algo que odio más que cualquier otra cosa, es la traición —levantó a la castaña tomándola del cuello, quien inmediatamente pasó sus manos sobre el brazo de Kenny con tal de zafarse—. Recuérdalo bien, Hange. Recuerda tu lugar —con su mano libre, prosiguió a pasar su dedo pulgar por el lagrimal derecho de la nombrada. Clavó su uña en éste, luego extendió su trayectoria hasta que finalmente todos sus dedos intervinieron y la habitación se inundó de infernales aullidos de dolor—. Cada vez que pienses en traicionar a tu líder, acuérdate de esto —la soltó, dejándola caer al suelo—. No querrás perder otra cosa la próxima vez, ¿verdad? —tiró el ojo recién extraído sobre el piso, posteriormente se dio la vuelta, dándole la espalda a la beta—. Y tú, mocoso —tomó a Levi del hombro—. Vas a acompañarme en nuestra búsqueda.

La lluvia no se había detenido ni por un segundo. Todo era lodo y tierra mojada, y algunas criaturas como sapos saliendo a dar paseos de vez en cuando. Aún así, Armin y Sasha habían logrado avanzar más de lo que pensaban; habían llegado al sur de Paradis.

Se encontraban en una de las tantas aldeas desoladas, no tardaron mucho para dejar a los animales resguardados en un viejo establo y posteriormente los tres se adentraron a una de las primeras casas.

Una vez estando ahí, Armin percibió un potente aroma a menta. Sin duda alguna, era la esencia de un alfa.

—Señor, le ruego encarecidamente que nos auxilie —pidió amablemente la mujer en cuanto los tres atravesaron el marco de la puerta.

El alfa salió detrás de un pilar y se acercó con lentitud hacia ellos. Cruzó sus brazos antes de acomodarse sus anteojos, y después mostró una confusa expresión de asombro, felicidad y dolor. Una combinación bastante extraña, a decir verdad.

—Creí que no volveríamos a vernos —susurró, tomando el cuerpo del otro alfa entre sus brazos, quitándoselo a Armin quien lo había cargado en su espalda durante todo ese tiempo—. Eren, mi preciado y torpe hermano.

Ambos omegas se miraron con incredulidad, parpadeando múltiples veces. Aquel sujeto que se erguía delante de ellos era el primogénito desterrado de Marley; Zeke Jaeger.

El alfa rubio le indicó a la criada que colocara una manta sobre el suelo, y una vez cumplida la petición, depositó con delicadeza el cuerpo de su hermano. Si bien no eran del todo parecidos, había ciertos rasgos que no podían negar su conexión sanguínea. Armin lo miró durante varios minutos, analizando cada detalle en su rostro.

—Tú debes ser Armin, el hijo de Uri Reiss y Kenny Ackerman, ¿no es así? —preguntó Zeke, sin despegar la vista de su hermano—. Eren me contó un poco sobre ti. Pareces ser un buen muchacho.

—¿Lo... Lo hizo? —inquirió el omega con una pequeña sonrisa en su rostro, aquello lo había halagado. Miraba atentamente todos y cada uno de los movimientos del alfa, quien hacía todo lo que tenía a su alcance para sanar las heridas del alfa menor.

—Sí. No mucho, en realidad —contestó el barbudo—. No tuvimos el suficiente tiempo para dialogar de la manera en la que lo hubiera querido. Cuando me contó que la posibilidad de que se enfrentaría a un Ackerman, hice todo lo que pude para detenerlo, pero no me escuchó. Estaba decidido, ¿y quién soy yo para arrebatarle a un alfa su deseo de protección? —terminó las revisiones generales, por lo que se levantó y prosiguió a buscar entre la superficie de un mueble algunos frascos—. Así que, contacté a Hange y le expliqué que los esperaría en este lugar, en caso de que necesitaran de mi ayuda. Pero veo que ella no está aquí —tomó dos frascos y sentó de nuevo a un lado del cuerpo del castaño.

—Tenía que resolver algunos asuntos —contestó la criada, casi disculpándose.

—Está bien —respondió Zeke, con aquella serena voz suya. Abrió los frascos, untando la sustancia sobre las heridas de su medio hermano—. Espero que los alcance a tiempo, luce como una buena mujer. Sería una lástima su pérdida.

—¿A qué te refieres? —el rubio arqueó una ceja. Desde que salieron del castillo sólo había acumulado dudas.

El mayor dirigió su seria mirada hacia el otro varón.

—¿No se lo han contado? —preguntó el alfa, ahora clavando su mirada en la nerviosa mujer.

—E-Esperaba hacerlo cuando llegáramos...—apretó la tela de su vestido fuertemente. Era evidente lo intranquila que se encontraba. Esto hizo desconfiar al omega.

No confío en Sasha. Ella nos ha estado mintiendo —señaló Hange, acomodándose las gafas—. Puedo percibirlo, sé que no es paranoia mía.

Armin sintió como si un chorro de agua fría le hubiese caído en la cabeza. Recordaba a la perfección las firmes palabras de la beta, quien no había cambiado de parecer ni un segundo.

La mayor le había dejado muy en claro que lo valoraba más que a su vida propia. Si era así, entonces, ¿por qué lo dejaría irse con alguien de quien no se fiaba?

La respuesta era lógica; porque no lo había autorizado. Sasha se lo había llevado sin consentimiento de Hange, y además, le ocultaba algo que parecía ser muy importante. ¿Qué era lo que tramaba? ¿Acaso pretendía llevarlo de vuela con Kenny? Y de ser así, ¿por qué se tomaría la molestia de atender las heridas de su amado? Además, ¿por qué Mikasa intervino en la reciente pelea? Nada tenía coherencia.

—¿Contarme qué? —presionó el rubio, con la esperanza de que Zeke se viera en la obligación de revelar aunque sea la mínima pizca de información.

—Lo sabrás cuando sea el momento —concluyó el mayor, regresando su mirada hacia el mallugado cuerpo de su consanguíneo—. Quiero... Pedirte un favor especial.

El omega se mostró desconcertado durante unos segundos. Quería protestar al no obtener respuesta, sin embargo, se limitó a permanecer callado al escuchar las siguientes palabras del contrario.

—Claro, ¿de qué se trata? —respondió el de ojos azules al cabo de un largo silencio tenso.

—Cuida bien de mi hermanito —pronunció el alfa con ternura, acariciando por última vez los cabellos del castaño—. Cuídalo como yo no pude hacerlo —se incorporó, y acto seguido se aproximó al contrario. Quedaron a dos pasos de distancia, entonces el más alto extendió su brazo, dándole las medicinas—. Fue un honor haberte conocido, Armin —con su otra mano, palmeó la cabeza del nombrado.

El rubio menor tomó las cosas que Zeke le había ofrecido. Sonrió levemente, un poco avergonzado. Por un instante pensó en lo mucho que le gustaría que las cosas hubieran sido diferentes desde un inicio; se imaginó una cena tranquila entre sus familias. Lamentablemente, aquello jamás sucedería.

—¿Por qué no nos acompañas? —sugirió el omega—. De todas maneras, estás prófugo. ¿Cuál sería la diferencia entre quedarte aquí con el riesgo de ser encontrado o marcharte con nosotros?

El alfa se lo pensó por un momento. Negó con la cabeza, luego le dio la espalda al otro hombre.

—Me encantaría, pero me aguardan otros planes —contestó con simpleza. Olía a tristeza y confusión, ligeramente, pero la esencia prevalecía—. Deberían irse antes de que alguien pudiera encontrarlos. Mucha suerte —se adentró a la cocina, desapareciendo de la vista de ambos—. Y espero más de dos sobrinos —gritó eso último, provocando que el omega se ruborizara.

Salieron de la casa. Sasha le ayudó a Armin a cargar el cuerpo de Eren hasta que lo depositaron en uno de los caballos, como anteriormente habían hecho. Se alejaron y continuaron con su travesía.

El rubio no estaba seguro de seguir los pasos de la castaña, pero tampoco le quedaba otra opción. Sea cual fuese el caso, hallaría la manera de resolverlo. Por el momento, lo único que le importaba era que se encontraba junto a Eren, y que Historia estaba a salvo demasiado lejos de las garras de Kenny.

˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇ ᴀᴜᴛᴏʀᴀ ❞

Capítulo dedicado a pikachu_azul por llenarme de comentarios, ¡muchas gracias! 3 Por cierto, este capítulo está igual de largo que los de Historia, Armin ya merecía su momento para brillar (?).

¡Qué emoción! Cada vez más cerca del final, unos cuantos capítulos más y finalmente llegaremos al desenlace. En estos días he tenido demasiado tiempo libre para planificar y demás, se vienen cosas buenas y eróticas porque soy creativa y cochina. Sí, después de 90k+ de palabras, finalmente Erencio y Armando tendrán su momento para procrear, al igual que Ymir e Historia y... Bueno, no puedo decirles los demás... *cofcof Mikannie cofcof*.

Quería aclarar algo: Armin no sabe que Historia ya está en Paradis, no tiene manera de saberlo. Por el momento, no se encontrarán. Pero eventualmente sucederá. Y bueno, lo demás ya lo irán descubriendo. Me gusta el drama, perdónenme.

Finalizaré esta nota diciendo: Rosalía, estás cancelada para mí pero tu música es mi gusto culposo. Y recuerden chicos, díganle no a las industrias que utilicen pieles de animales para la elaboración de ropa.