Capítulo 18
Naruto
Regresamos tarde de la cantina. Apesto a humo y a alcohol, pero estoy ansioso de ver a Hinata. La extrañé hoy, y aunque normalmente me encanta pasar un día en la cantina; porque siempre hay alguien dispuesto a lanzar un par de puñetazos en una cantina espacial, me encuentro impaciente de regresar con ella. De contarle las cosas que vi y escuchar que piensa. De escucharla hablar y acurrucarme con ella y hablar de cosas sin importancia. Me gusta estar con ella, tantas horas lejos de su presencia me parece tiempo desperdiciado.
Pero cuando regresamos al Idiota, Temari e Ino están borrachas las dos, dormidas en un sillón de la sala común. Temari tiene su tableta apretada contra el pecho y ambas tienen varias botellas de cerveza regadas a su alrededor. Tanto Shikamaru como Sai lo encuentran sumamente divertido, y cargan a sus esposas para llevarlas a la cama.
Yo busco a Hinata en el puente, porque sé que prefiere la compañía silenciosa de Sasuke a estar sola, pero no está allí.
Huh.
La encuentro en el camarote, acurrucada bajo las mantas y durmiendo inquieta. Mientras miro, se da la vuelta, soltando un quejido, pateando las mantas a sus pies. Normalmente duerme muy tranquila. Quizás bebió también.
Una ola de afecto me llena al mirar su forma dormida. No puedo esperar a tomarla entre mis brazos y sentir su cuerpo contra el mío. Despertar junto a ella, para contarle todo del día anterior. Respirar su olor y mirarla como el encantando idiota enamorado que soy; el nuevo nombre de la nave va muy acorde a la situación actual. Divertido por mis propios pensamientos, me voy al cuarto de baño a quitarme la peste de la cantina antes de acostarme.
Salgo unos momentos más tarde para encontrarla todavía debatiéndose bajo las mantas. Su boca está torcida en una mueca dolorosa y está cubierta de sudor frío.
Suelta un quejido cuando me acerco, y sacude la cabeza en la almohada que le conseguí.
Es una pesadilla. Una mala, al parecer. Me agacho junto a la cama, vacilante. No sé si despertarla o dejar que la pesadilla acabe por sí misma. Mi hermosa Hinata todavía se asusta con facilidad.
No puedo soportar verla sufrir, así sea en sueños. Me arrodillo junto a ella y le toco el brazo. Ella suelta un grito, echándose para atrás, obviamente aterrada.
—Soy yo —le susurro. —Tenías una pesadilla.
Frunce el ceño, y por un momento parece a punto de sollozar. Entonces me agarra el brazo, frotándome la piel. Suspira aliviada.
—Piel suave. Eres tú.
—Estoy aquí —le digo. —Estás a salvo.
Espero que mis palabras la consuelen, pero parece asustada todavía.
—No estoy a salvo. Ningún lugar es seguro —murmura, sentándose y apartándose el cabello de la cara.
—Te equivocas —me siento junto a ella y le froto los brazos, tratando de calmar su miedo. A veces tiene pesadillas, pero siempre es tan discreta al despertar de ellas.
Hoy está aterrada. Siempre he dicho que prefiero ver emociones genuinas de parte de ella, pero me he estado mintiendo. Detesto verla a sí. Detesto que esté tan asustada y que yo no pueda hacer nada para calmarla.
—Jamás dejaría que nada te pasara. Eres mía.
Al momento de pronunciarlas, las palabras parecen flotar un momento entre nosotros. Por supuesto que es mía. Cada día que ha despertado en mis brazos solo ha hecho más que reafirmar lo que siempre he sentido; que Hinata es mía y está destinada a ser mi pareja. No se lo he dicho por miedo a asustarla… pero no puedo retractarme ahora. De alguna forma, me alegra haberlo dicho. Ahora sabe exactamente lo que siento.
Pero le acabo de dar otra cosa que temer.
Sus manos suben por mi brazo, tanteando. Llegan a mis hombros y entonces las posa en mi rostro, tocándome la mandíbula.
Me quedo quieto, porque si quiere explorarme, no me quejaré. Adoro sus caricias y ansío sentirlas cada vez que alza las manos hacia mí. Me da esperanzas de que algún día las cosas no serán tan parciales como parecen ahora. Me toca las mejillas y la nariz, y entonces los labios. Se inclina hacia mí.
Por un breve instante, creo que quiere respirar mi olor, como a veces hago yo mientras dormimos.
Pero entonces posa sus labios sobre los míos y caigo en cuenta de que esto es algo distinto. Sus labios se aprietan urgentemente contra los míos, y me sorprendo al sentir su lengua rozar el borde de mis labios. Un aguijonazo lujurioso me recorre por completo y aprieto los puños contra mis muslos, determinado a no agarrarla y arruinar este momento de algún modo.
Esto es besar. Es lo que consigo haciendo a Shikamaru y a Temari a cada rato. Esto es lo que Ino le hace a Sai que lo deja vuelto un tonto sonriente por horas. Los humanos no tienen las mismas leyes higiénicas que nosotros, y no les importa pegar boca con boca, dejando que las lenguas dancen una contra otra como si se estuvieran apareando. Y Hinata me está besando. Su boca, hambrienta contra la mía, y cuando entreabro los labios al sentir su lengua, ella suelta un gemido y profundiza el beso.
Es algo completamente distinto a cualquier cosa que he sentido en la vida.
Íntimo y dulce. Puedo sentir cada movimiento de su cuerpo, siento su lengua, lisa y húmeda, sin los mismos recrecimientos de las lenguas mesakkah. Se frota contra la mía, y Hinata gime. Quedo sorprendido de lo bien que se siente… y de como ella, por fin, me acaricia y atrae hacia ella como lo he soñado desde que la vi.
Le devuelvo el beso, tratando de frotarle la lengua como ella lo hace. Se siente extraño, pero ella no se queja de mi falta de experticia. Me echa los brazos al cuello y suelta otro gemido cuando recorro sus labios con la punta de la lengua.
—Hazme olvidar —me susurra. —Recuérdame que estoy en un buen lugar.
—Estás conmigo —le digo entre besos. Estoy hambriento de más, de mucho más.
Adoro la sensación de su cuerpo delgado apretado contra el mío mientras nos besamos, y mi pene, largamente desdeñado, se presiona dolorosamente contra mi ropa.
—En mi cama. En mis brazos.
—Quítame la virginidad —susurra ella, frotándose contra mi pecho. —Haz que nadie quiera volverme a comprar.
Continuará...
