- Los personajes de esta entrega pertenecen a la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer. El personaje de Eli viene de Light & Shadow, escrito por Ryu Hyang e ilustrado por Hee Won. El resto son de mi invención.
Tokio, Japón.
Veinte años después.
Había muchísima gente en aquel cruce. Venían humanos de todas partes, todo atentos a su mundana cotidianidad: los teléfonos móviles, la música de sus auriculares, las conversaciones con sus acompañantes. En cambio, todos acababan por apartar la mirada de lo que estuvieran haciendo para mirarnos a nosotros. Era completamente normal: no todos los días te cruzas no con uno, sino con dos vampiros caminando tranquilamente en medio de Shibuya.
Desvié la mirada para contemplar a mi compañero. Destacaba ante aquellos humanos por su altura; en cambio, no resultaba desgarbado. Era musculoso, esbelto, increíblemente bello. Su pelo rubio era casi blanco, su cara tan perfecta que hacía suspirar a cualquiera que lo mirara.
Eli se detuvo para mirarme. Sus ojos eran grises como un bloque de hielo. Sentí que un escalofrío me recorría la espina dorsal: tenía un aire canalla que me hacía derretirme de pura lujuria.
Me retiró un mechón de pelo de la cara.
- ¿Te he dicho alguna vez que nunca podría decir que no a esos ojos? – Preguntó.
- Varios millones de veces. – Susurré por respuesta.
La transición de Eli de neófito a vampiro maduro no había estado exenta de altibajos. Por suerte, mi poder había sido extremadamente útil para atarlo corto cuando las cosas se habían puesto tensas. Sus ojos fueron oscureciéndose conforme la dieta animal sustituyó la sangre de su cuerpo, y el blanco de su iris pasó a cambiar a un tono gris muy similar al que tenía antes de ser transformado. Mucho habíamos cavilado acerca del por qué, y la conclusión a la que Carlisle y yo habíamos llegado era que la Lanza del Destino había intervenido de alguna manera, introduciendo un cambio en el rasgo más reconocible de entre los nuestros.
Nos vimos interrumpidos por una llamada. Eli tomó el móvil con un movimiento rápido.
- Jasper. – Fue su saludo. Escuchó durante unos segundos. – Ya casi estamos allí. Lo detectaremos en cuestión de minutos.
Colgó y emprendimos nuestra marcha.
Seguimos cruzándonos con humanos boquiabiertos, hasta que conseguimos alejarnos de los neones y el grueso bloque de gente. Nuestra piel volvió a verse normal de nuevo; la luz de los anuncios que nos habían rodeado provocaban que nuestra tonalidad fuese un poco brillante, aún sin llegar a ser una atracción andante.
Fue ahí cuando detectamos el olor: un rastro mezcla de sangre humana, suciedad y algo que recordaba al sudor. Recorrimos callejones con el mayor sigilo posible.
De repente allí estaba. El vampiro chupeteaba algo que en algún momento había sido humano, aunque ya no quedaba mucho más que medio torso. Eli arrugó la nariz; lo tomé del brazo para recordarle quién era y por qué estábamos allí. Eli cerró los ojos, asintió y volvió a abrirlos. En silencio nos encaminamos hacia él.
El vampiro levantó la mirada de su presa y nos enseñó unos dientes manchados de rojo.
- Buenas noches. – Empecé.
La criatura se levantó con parsimonia.
- ¿Y esto? – Preguntó con voz pastosa. A pesar de estar a varios metros, su aliento pútrido me llegó a la nariz.
- Brigada Internacional de Captura. – Eli nos presentó mientras yo sacaba una grabadora del bolsillo. – Señor Hideo Sato, si no me equivoco. Hemos detectado un número preocupante de neófitos en esta zona. ¿Ha participado usted en la creación indiscriminada de nuevos vampiros?
Todo era puro teatro, por supuesto. Todas las pistas llevaban a él; tenía la palabra "culpable" escrita en la frente.
- Yo convierto a quién me da la gana. – Farfulló el apestoso vampiro. Por alguna razón no parecía muy inteligente.
- Tenemos pruebas que lo incriminan, señor Sato. ¿Reconoce los delitos de conversión indiscriminada, exceso de caza mayor y violación del secreto?
Aquel vampiro parecía un poco confundido, pero una sola mirada bastaba para saber que tenía al menos unas décadas. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
- ¡Qué os vayáis por dónde habéis venido, si no queréis arrepentiros!
Noté una lengua de poder mental que se acercaba a mí. Vaya. Otro cegador de mentes, aunque uno bastante débil. Eli se enderezó a mi lado; supe que el poder de Sato le molestaba, aunque no tanto como para que el dolor no le dejara actuar.
Nos miramos. No había mucho qué hacer. Jasper había dado orden de aniquilar si no se producía un contacto positivo, así cortábamos el problema de raíz. No todos los vampiros aceptaban que debían respetar el orden y este, desde luego, no estaba por la labor.
Dejé que mi poder llegara hasta él con rapidez, haciéndolo tierno y desmoronando toda su esencia. El vampiro no tuvo tiempo ni de gritar: yo había mejorado mucho la rapidez de mi poder. Miré a Eli, que se preparó para lanzar su ataque. Un ataque tan raro, tan extremadamente valioso para derrotar a otros de los nuestros, que cuando lo descubrimos no lo creíamos.
La lengua de fuego que salió de la mano de Eli lamió el cuerpo del vampiro, terminando con la poca vida que le quedaba.
- Te juro. – Le dije. – Que seguiré viendo salir fuego de un vampiro durante milenios y seguiré sin creérmelo del todo.
- Es que fui listísimo. – Bromeó Eli mientras se llevaba un dedo a la sien. – Transformarme con la Lanza en la mano me hizo todavía más especial de lo que ya era. Fuego y ojos en blanco, ¡un rarito incluso entre los nuestros!
Le di un puñetazo cariñoso en el hombro.
- Bueno, ya nadie más podrá ser transformado así. – Continuó Eli.
- Tantos años buscándola para alegrarme tanto por su destrucción. – Afirmé. - Es lo menos que se podía hacer, ahora que los nuestros saben de su existencia.
Nos quedamos en silencio mientras eliminábamos el resto de pruebas.
- Tendremos que ir a buscar al resto de neófitos, si es que queda alguno más con vida.
Me giré para mirarlo.
- ¿Y si esta noche nos la tomamos libre?
Eli me miró con un brillo pícaro en los ojos.
- ¿Libre?
- Nunca he estado en una discoteca en Japón. – Reconocí.
Eli se echó a reír. Su risa me daba la vida: quería pasarme el resto de mi existencia escuchándola.
Me pasó una mano por la cintura y caminamos hacia los neones. Debía de haber miles de discotecas en Tokio; seguro que encontrábamos alguna donde escuchar bad guy una vez más.
FIN
Pues... terminado. He subido dos/tres capítulos al día para que no se hiciera tan pesado.
El final de la saga siempre me recordó a la Biblia: al final sabes que los Vulturis - los jueces - volverán, pero no cuándo. Es, al menos para mí, una alusión clara del Juicio Final. Siempre quise ver qué ocurriría en su vuelta y quién asesinaba a quién, por lo que inventé una historia en la que existiera un arma que todos temieran y que balanceara la batalla a favor de quién la poseyera.
De nuevo, mis disculpas si la parte Vulturi tiene lagunas - de verdad que lo he escrito con lo que recordaba y lo que encontré en la Wiki.
He tardado en total unos 10 meses en escribir esta historia, que al principio era mucho más larga, con un Eli que trabajaba sirviendo bebidas en la cafetería de la universidad y una Emma que se hacía pasar por camarera para robarle la Lanza. Al final me resultó demasiado pasteloso y borré esa parte.
La historia de Louise la pirata - se nombra en el anterior capítulo - ha sido un pequeño sketch de algo que siempre tuve en mente escribir, mezclando la temática vampírica con la pirata. Por mi parte creo que ya he terminado de atreverme con Crepúsculo: lo que he escrito es lo que me apetecía, así que la historia pirata se quedará como una anécdota de algo que ocurrió y que vosotr s podéis imaginar ;)
Tengo muchos otros proyectos en mente: algunos de ellos ya están a medio escribir. Ojalá que este Fanfic te haya gustado y me haría mucha ilusión oír de ti en el futuro. Mientras tanto, espero que tengas una semana maravillosa :)
