Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo veinte

BPOV

Edward se inclinó sobre un recipiente grande, la luz de la linterna creando sombras ardientes en su cabello. En lugar de mirar a los suministros, él había comenzado con el equipo de buceo, describiendo cada pieza y sus funciones. A pesar de que ambos estábamos ansiosos por salir de la cueva y determinar lo que estaba sucediendo fuera de los muros de nuestra prisión temporal, Edward no apresuraba el proceso. En parte era culpa mía. Nunca había buceado antes, así que me indicó que una vez que encontráramos el agua, tendríamos que practicar.

El proceso fue revelador, y no sobre la posibilidad de salir de la cueva. Me hizo darme cuenta de lo mucho que me había enamorado de él durante los últimos días. Me había despertado en sus brazos antes y lo vi dormir durante al menos media hora antes de que sus brillantes ojos verdes se abrieran. Estaba perdida con él, porque solo había necesitado una mirada, y me acerqué para presionar mis labios contra los suyos, lo que resultó en un despertar matutino muy placentero. Él tenía razón. Había sido capaz de hacerme gritar con esos labios talentosos.

—Seth y Jack tienen algunas cosas buenas aquí. Han apostado por la calidad, no solo por la marca. —Cerró la tapa y tomó el block de hojas en la que había estado llevando la cuenta de todo lo que habíamos encontrado hasta ahora. Al notar que lo miraba, sonrió suavemente—. Vamos a estar bien, Bella. Bien. —Se puso de pie, se estiró, y me reí por el estallido de su espalda.

—Anciano.

Arqueó una ceja, acompañándola con una sonrisa que volvió su rostro diabólico.

—No decías eso esta mañana.

No, pensé mientras el calor me llenaba. Rodando mi hombro juguetonamente, pasé a la siguiente caja. Abriendo la tapa, sonreí ante lo que vi—montones de ropa que solo podían ser de Seth, lo que me hizo anhelar algunos artículos más personales también. Jugar con Edward estaba bien, pero esperaba encontrar algunos condones para poder sentirlo dentro de mí.

En el fondo de la caja, conseguí oro. Seth era un genio. Iba a besarlo cuando saliéramos de aquí. Guardando en secreto algunos de los condones debajo de la sudadera que me había quitado, devolví el resto al contenedor, moviéndolo hacia un lado, para poder identificarlo en las próximas escapadas. Iba a seducir a un tal Sr. Cullen más tarde.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora? —pregunté.

—Primero hagamos un conteo de los productos perecederos —respondió.

—¿Estás tratando de mantenerme aquí sola, señor? —Intenté mi mejor mirada seductora, a la que se echó a reír.

—No tienes idea. Si no estuviera preocupado por los demás afuera y la necesidad de condones, estaría planeando formas de hacer que todo esto nos dure al menos dos años. Podría vivir la mayoría de mis fantasías para entonces.

Intenté burlarme de él, pero él efectivamente se volvió contra mí. ¿Cuántas fantasías tenía? Mi chillido lo hizo reír de nuevo.

—No te preocupes, nena. Te dejaré subir a tomar aire de vez en cuando. —Me miró lascivamente y dio un paso hacia mí mientras movía los dedos.

Dándome la vuelta, me dirigí hacia el túnel, temiendo un buen cosquilleo, solo para caer al suelo sin gracia cuando él me agarró del tobillo.

¡Agh! El aire me abandonó cuando Edward se arrastró sobre mí.

Se rio contra mi cuello.

—Cosita codiciosa. —Besó la punta de mi nariz antes de alejarse—. Dale a este 'anciano' un pequeño descanso, y te prometo compensártelo. —Se puso de pie, arrastrándome con él, solo para golpearme ligeramente el trasero—. Trabajo primero, sexo y comida después.

Mi puchero fue en vano cuando todo lo que hizo fue sonreír y negar con la cabeza.

Horas después, habíamos llegado al final del túnel de suministros para descubrir que terminaba en una sólida pared de roca.

—Así que una posibilidad menos, solo quedan dos —anunció Edward.

—¿Con qué apertura vamos a empezar? —Todo el asunto de los fantasmas realmente me había asustado sobre el túnel, pero haber escuchado el agua cerca lo convertía en el lugar lógico por donde comenzar.

—Podríamos comenzar con el que encontramos la grieta.

—¿Me ayudas a sacar el equipo de buceo? —preguntó.

—Claro.

Habíamos pasado más tiempo analizando los suministros del que había notado. Mi estómago gruñó ni bien vi el estante más cercano a la entrada que contenía latas de sopa.

—¿Qué tal un... —Tomé una y la acerqué hacia la luz— ...abundante asado para el almuerzo? Dice que es gourmet —dije la última palabra pretenciosamente.

—Sólo si puedes encontrar porcelana fina donde servirla. —Su tono era apropiadamente conservador.

—Lata y cuchara —ofrecí.

—Aceptable. —Asintió tensamente, como si estuviera aceptando el mejor de los servicios.

Riendo, me agaché para agarrar el borde del recipiente de plástico. Había tirado una corta distancia, cuando la mano de Edward me detuvo.

—Yo me encargo, Bella.

Agarrando otro par de latas, me apresuré a calentar la comida, dispuesta a dejar que arrastrara las cosas pesadas. Mientras calentaba la sopa en una rejilla que él había encontrado, poniéndola cuidadosamente cerca del fuego, lo vi sacar varios artículos de la caja que había traído. Mi curiosidad alcanzó su límite cuando las dejó junto a los tapetes que habíamos encontrado y que usábamos para sentarnos.

—¿Cuerda y cinta de enmascarar? —Arqueé una ceja—. No sabía que te gustaba lo perverso.

Su mandíbula se abrió.

¿Qué? Había visto algunas cosas en las películas.

La curva de sus labios debería haberme advertido.

—Cariño, lo último que haría es marcar tu piel. Tengo bonitas esposas acolchadas en mi casa y algunas corbatas que funcionarán mucho mejor que la cinta. Si quiero quitar algo de piel o crear algo de arte en ti, lo haré con mi fusta.

Afortunadamente, sacó la comida del fuego, porque no podía mover ni un músculo ante las imágenes que sus palabras invocaron. Estaba empezando a darme cuenta que en el mundo de la seducción, no iba a ganarle a Edward. El pensar en estar atada me hacía todo tipo de cosas.

—Respira, Bella. No me gustan las cosas pervertidas serias, solo un poco de juego. Pero si hubiera sabido que las bromas como esa obtendrían tales resultados, probablemente te habría hecho enojar antes. —Observó mi cuerpo, atrayendo mi atención hacia mis pezones que se pegaban a mi camiseta.

Jadeando, estiré la mano para ponerme la sudadera, con la esperanza de poner en orden mi cuerpo rebelde. Desafortunadamente, había olvidado mis pequeños premios. Los paquetitos se cayeron por todas partes, aterrizando en el regazo de Edward como un regalo.

—Mierda... —Le oí susurrar. Girándose hacia mí con ojos torturados, gimió—. ¿Dónde?

—En la caja de Seth, te iba a sorprender con ellos más tarde. —Crucé los brazos sobre mis traidores pechos y le devolví la mirada.

Pellizcando el puente de su nariz, Edward recogió los paquetes y los colocó a su lado.

—¿Cuántos?

Sonriendo de alegría por la expresión de tortura en su rostro, me encogí de hombros.

—Un par de cajas.

Maldita sea, la expresión en sus ojos era salvaje.

—Bien. —Sólo después de respirar profundamente, continuó—. Por mucho que me guste provocarte, déjame tranquilizarte. Usaremos la cuerda para trazar nuestros caminos y la cinta para marcarlos.

—Me gusta más mi idea —bromeé, moviendo mi dedo hacia el ovillo de cuerda.

—A mí también —dijo con una sonrisa antes de estirar la mano y pellizcar mi nariz.

EPOV

La grieta en la pared me preocupaba. No porque pensara que la cueva fuera inestable, sino porque parecía sospechosamente como si alguien hubiera golpeado la pared, derribando un trozo de roca sólida y provocando la fisura. Por más ridículos que fueran mis pensamientos, era lo que mis sentidos decían sobre el daño. No serviría de nada contarle a Bella mis locas ideas, porque era demasiado pronto para dejarla pensar que estaba teniendo claustrofobia.

Sosteniendo la linterna a pilas para que emitiera luz tanto para Bella como para mí, me agaché y agarré un gran trozo de roca para usar como ancla para la cuerda. Habíamos tenido suerte de que el túnel que conducía desde la cabaña a la cueva hubiera sido un camino directo, y no me sorprendió descubrir que el túnel de suministro también había sido un callejón sin salida, pero sospechaba que las dos rutas que todavía teníamos para explorar se ramificarían. Si era así, quería asegurarme de que Bella y yo estuviéramos doblemente seguros sobre cómo regresar a nuestra cueva principal. No era la primera vez desde que nos encontramos en este lío que le agradecí a mi padre todas las lecciones que nos había dado sobre supervivencia. Con el sistema de filtración de agua que había encontrado en uno de los contenedores de almacenamiento, y la comida que había notado, Bella y yo podríamos durar aquí de manera realista más de un año, tal como Jack se había jactado. Tendríamos que reducir el uso de la leña para obtener luz y calor, pero podríamos hacerlo. Darme cuenta que nuestro escondite estaba bien surtido me había rejuvenecido. Quería ser metódico y no apresurarme con lo que estábamos haciendo, para poder asegurarme de que Bella estuviera preparada. Jacob había dicho que solo había un camino hacia la isla, lo que significaba que cualquier salida que hubiera bajo el agua probablemente nos dejaría en el Sound, y posiblemente entre las rocas que golpearían a un nadador inexperto.

Íbamos a tener que ser cuidadosos, precisos y metódicos, no apresurados. Mientras tanto, solo podía esperar y rezar para que mi familia y mis amigos estuvieran bien.

Como había sospechado, no habíamos avanzado mucho cuando apareció una grieta oscura a nuestra izquierda. Al iluminar con la linterna la grieta, quise descartarla de inmediato debido a las rocas irregulares. Pero conociendo a Jack, podría haber disfrazado la salida de esta manera.

—Bien, aquí es donde tenemos que tomar algunas decisiones. ¿Seguimos cada posibilidad a medida que aparecen? ¿O seguimos la línea recta?

El rostro de Bella estaba tranquilo, sus labios se curvaron levemente en una suave sonrisa.

—Yo digo que simplemente las descartemos ahora.

—Es demasiado estrecho para que la linterna te ayude mucho. —Poniéndome de cuclillas para dejar la piedra en el suelo, enrollé la cuerda a su alrededor, tendiéndole el ovillo y la linterna a Bella, luego cambié la mochila en mi espalda. Con la pistola y la linterna apagadas, eché un vistazo más para asegurarme de que estuviera lista—. Ten cuidado, las rocas parecen irregulares.

—Entendido. —Me dio un guiño descarado. Apagando la linterna, se la entregué para que la fijara a mi mochila con una carabina.

No más de quince metros adentro, sospeché que íbamos por una curva equivocada. No podía oír el agua y el aire estaba viciado. Las rocas se apilaban a un costado, y en un momento, parecía que una pared de roca se había deslizado hacia abajo, dejando solo un área pequeña para que nos moviéramos.

—Bella, ¿considerarías quedarte aquí mientras yo sigo adelante? No me gusta cómo se ve esto.

Casi parecía como si la abertura hubiera sido sellada con la cantidad de escombros sueltos que cubrían el estrecho túnel.

—¿Alguna vez he mencionado lo terca que soy? —respondió.

Suspirando, me abrí camino a través de la abertura y luego extendí mi mano para tomar la mochila y ayudarla.

—Prefiero ir contigo que quedarme atrás. —Apretando mi mano, asintió con la cabeza hacia la oscuridad.

No habíamos ido muy lejos cuando el túnel pareció ensancharse ligeramente. Ni bien la luz de mi linterna disipó las sombras, deseé no haber venido por aquí... en absoluto. Apartando la luz rápidamente, traté de ocultar la espantosa vista.

—¿Qué pasa?

Bella puso su mano sobre mi brazo.

—Callejón sin salida. Tenemos que regresar y seguir por el camino principal.

La pregunta era cómo iba a pasar alrededor de Bella para sacarnos de aquí sin que ella viera lo que había descubierto.

—Estás escondiendo algo —dijo y apuntó con su linterna a mi alrededor. Su jadeo fue suave.

Un esqueleto yacía contra la roca al final del túnel a menos de cinco metros de distancia. Parecía que la persona se había acurrucado alrededor de algo escondido en su pecho. Me pregunté si Bella se pondría histérica considerando su susto con el fantasma que decía haber visto, pero como de costumbre, me sorprendió.

—¿Cómo demonios Jack no vio a esta pobre alma? No puedo imaginarlo dejando a alguien aquí.

—Supongo que la explosión arrojó las rocas sobre las que nos arrastramos. Creo que estaba sellado como dije y que ni Jack ni Seth sabían que el cuerpo estaba aquí.

—¿Qué tiene él o ella? —La luz de Bella estaba enfocada sobre la basura en frente.

—No lo sé, pero dejémoslo en paz.

—¡Espera! Edward, es un bebé.

La luz de su linterna se centró en los huesos de un pie diminuto.

—Un bebé —murmuró en voz baja—. No podemos dejarlos aquí así.

Los huesos debían tener más de cien años, pero aun así no iba a ganar esta discusión. Podía escuchar la determinación en su voz. Girándome, dirigí mi luz lejos de la pequeña cueva donde la mujer y su hijo descansaban eternamente y la enfoqué para poder ver a Bella.

—Nos llevaría demasiado tiempo llevar las rocas de aquí para ponerlas encima de ellos. —Al ver en mi mente la apertura por la que habíamos luchado para atravesar, se me ocurrió una mejor solución—. Tendría más sentido volver a cerrar el agujero.

—Está bien, pero espera, quiero hacer algo. Agáchate. —Cuando lo hice, se acercó a la mochila para sacar una de las delgadas mantas que ella había traído para que nos sentáramos durante un descanso.

Quería advertirle que no podíamos desperdiciar los recursos, pero sabía que la discusión sería inútil. Y había una parte de mi alma libre que estaba de acuerdo con lo que Bella quería hacer.

—Enciende la luz sobre esa zona de nuevo —indicó, iluminando la suya también para iluminar el área pequeña.

—¿Quieres que lo haga? —pregunté.

—No. Solo... Solo quería asegurarme de que no hubiera nada más allí. Sé que esto es una tontería, pero no puedo irme sin hacer algo.

Apoyándome contra la roca, la dejé deslizarse para dar los últimos pasos hacia el área pequeña. Con lágrimas rodando por sus mejillas, Bella colocó la manta sobre la mujer y el niño con suavidad.

—¿Qué crees que les pasó? —preguntó.

Encogiéndome de hombros, admití:

—No lo sé. Ella y el bebé podrían haber muerto en la cueva principal, y los trajeron aquí para ser enterrados. No está muy lejos de nuestro campamento, y creo que podrían haber usado las rocas para crear una tumba para ellos. O podría haber escapado del grupo y perderse en la oscuridad. ¿Quién sabe?

—Es tan triste.

Su voz vaciló y, cuando se puso de pie, utilizó la pared como apoyo. Deseando poder cargarla, levanté mi mano para unir nuestros dedos.

—Vamos. Déjame cerrar esto y volveremos al campamento.

—¿De regreso al campamento? —Su voz era baja cuando la guie fuera del túnel y a través de la estrecha abertura.

—Sí. Creo que hemos hecho suficiente trabajo por hoy. —Encendiendo la linterna de nuevo, extendí la otra manta a varios pies de distancia sobre el lugar más suave que pude encontrar. Entregándole mochila a Bella cuando se sentó, comencé el proceso de sellar la tumba de la mujer y el bebé.

—¿Estás bien?

Ella había estado callada durante el tiempo que trabajé y nuestro corto viaje de regreso al área principal. Ella asintió con la cabeza a mi pregunta.

Le entregué los frutos secos y la carne seca que había tomado como bocadillos, me senté en el suelo a su lado y le eché pequeños palitos al fuego para comenzar a hervir agua para otra comida. Sin querer forzar su confianza, esperé a que hablara mientras yo realizaba las tareas.

—Ella me dijo que corriera. —Finalmente, apartando su atención de sus manos que habían permanecido dobladas en su regazo, los bocadillos sin abrir y olvidados, Bella centró su mirada en el fuego—. Mi mamá. Esa noche. —Hubo unos momentos más de silencio—. Ella me había llevado a comprar un helado cuando unos tipos enormes nos siguieron a la tienda, y nos agarraron a ella... y a mí. Nos obligaron a entrar a un coche. Solo recuerdo que estaba lleno de gente, y me senté sobre su regazo, mi cabeza contra su pecho. Ella no dejaba de pasar sus dedos por mi cabello y de hablarme. Estoy segura de que estaba tratando de decirme que todo iba a estar bien. No recuerdo todo lo que sucedió, pero la golpearon y cayó al suelo. Me seguía aferrando y se envolvía a mi alrededor como esa mujer y su bebé.

Queriendo maldecir, me quedé en silencio esperando a que continuara.

—No recuerdo mucho de ella, y me enoja que lo que sí recuerde sea ese momento. Esos sonidos. —Se estremeció, tal vez recordando la réplica de los disparos—. ¿¡Cómo se atreven a quitarme eso!? —Con los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas, finalmente se volvió hacia mí, con los puños cerrados e irradiándola ira—. No sé cómo me sentiré si me llego a enterar de que mis padres tuvieron algo que ver con esto más que recibir un soborno como tú sugieres.

La culpa se apoderó de mí, furioso conmigo mismo por las cosas que había dicho.

—Bella…

—Edward, no lo hagas. —Agitó su mano en el aire—. Me dijiste exactamente lo que necesitaba escuchar. No puedo explicar estas cosas dentro de mí. Sabiendo que los amo, que realmente fueron mis padres en todos los aspectos, pero que perdí a Charlie y a Renée, y preguntándome si de alguna manera mamá y papá tuvieron algo que ver con eso... —Tomó el paquete de fruta liofilizada y jugó con él—. Charlie dice que tiene vídeos de todos nosotros juntos, de mis cumpleaños y estando de pesca. —Sonrió suavemente, tal vez recordando algo bueno—. Eso puede que sea todo lo que tenga de ella, si verlos no me trae ningún recuerdo.

—Pero al pensar en eso, no puedo dejar de recordar todas esas veces que mamá me abrazó y me secó las lágrimas, curó mis heridas con vendas y besos. Me pregunto si está mal amarla, cuando mi otra madre sacrificó tanto. —Envolviendo sus brazos alrededor de su estómago, Bella se meció levemente—. Probablemente nunca sabré la respuesta.

Acercándome, quise poner mi brazo alrededor de su hombro, pero Bella me sorprendió, subiéndose a mi regazo.

—No puedo imaginar por lo que estás pasando. —Escondiendo su cabeza en mi cuello, la aferré ligeramente—. Bella, Félix e Irina criaron a una joven increíble, a ti. Puede que esté equivocado, pero dudo seriamente que hayan tenido algo que ver con lo que le pasó a Renée. —Se estremeció con el aliento que tomó—. Siente lo que necesites sentir, pero no quiero que pienses que necesitas dudar de su amor por ti.

Apartando la salvaje maraña de su cabello por detrás de su oreja, pasé mi pulgar por su delicado pómulo.

—Déjame hacer algo de cenar y luego nos vamos a la cama.

Ella se sobresaltó y luego comenzó a reír. Fue entonces cuando me di cuenta de cómo había sonado.

—Vaya. Eso no salió como quería.

—¿Entonces no vamos a usar esos condones? —bromeó, su estado de ánimo había pasado de oscuro a bromista en solo unos segundos.

El recordatorio era más de lo que podía soportar.

—No. Esta noche, solo quiero abrazarte.

Su risa continuó, pero sentí que me abrazaba un poco también.