Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.
Thank you iambeagle for trusting me with your story!
Capítulo 23
Por primera vez dormimos en su cama.
Su alarma suena demasiado temprano considerando hasta qué tan tarde estuvimos despiertos. Se mueve, apartándose para apagarla. Luego está detrás de mí de nuevo, su cuerpo pegado al mío. Sigo acostada de lado y me muevo hacia atrás para acercarme más a él. Su mentón está apoyado en mi hombro, pero luego es reemplazado por su boca. No me besa, sólo deja su boca ahí, sobre la camiseta que me cubre. Puedo sentir la calidez de su aliento a través del algodón, y eso calienta mi cuerpo.
Pasan los segundos y se mueve como si fuera a levantarse. Me doy la vuelta para quedar de frente a él. No quiero que se levante – no quiero dejar esta pequeña burbuja que tenemos por sólo un par de horas más.
—No —susurro con los ojos cerrados y entierro la cara en su cuello.
—Tengo que bañarme —murmura, su voz suena ronca por el sueño.
—No, no tienes que hacerlo. Hueles bien.
—Huelo a cerveza y whiskey.
Es cierto, pero le digo:
—Así está bien.
—Regresaré pronto.
Gimo, lo dejo salirse de mi agarre cuando se baja de la cama. Abro un ojo y lo veo salir por la puerta antes de acurrucarme más en su edredón, durmiéndome de nuevo.
No estoy segura de cuánto tiempo pasa, pero parpadeo y encuentro a Edward sentado a mí lado y recargado en la cabecera, tiene el cabello mojado y una taza en la mano. Está usando una camisa de manga larga y una sonrisa sombría, y sus ojos están en mí, como si ya me hubiera estado viendo. Como si hubiera estado esperando a que despertara. Me siento, tengo los ojos pegados y siento el rímel endurecido cubriendo mis pestañas.
—Buenos días —murmuro, intentando acomodar mi enredado cabello.
Su mirada barre sobre mí, todavía llevo su camiseta.
—¿Cómo dormiste?
—Mejor de lo que he dormido recientemente. —No es una mentira. Los recuerdos de estar entrelazada con él durante toda la noche llenan mi mente. Él debe estar pensando en ello también porque cuando miro su rostro por demasiado tiempo, sus ojos se apartan de los míos.
—¿Qué hora es? —pregunto.
—Las siete. —El miedo me invade al darme cuenta de que se irá pronto—. Mis padres estarán aquí en una hora más o menos.
—¿Cómo te sientes? —pregunto.
Se encoge un poco de hombros.
—Estoy… bien. ¿Tú?
—No estoy bien. ¿Estás enojado conmigo?
—No estoy enojado. Sólo estoy confundido.
Trago, apartando la mirada.
—Sí.
Bebe su café, luego se pasa una mano por la boca.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunto en voz muy baja.
Su mirada se mantiene pegada a mi rostro.
—¿A qué te refieres?
—¿Qué vamos a hacer respecto a nosotros?
—Nada.
—¿Nada? —repito, mi cara se cae.
—Bella. —Su tono apenas ha cambiado, pero detecto algo ahí, casi como una advertencia.
—¿Qué?
—¿Vamos a hablar de esto ahora?
—Mejor tarde que nunca, ¿cierto?
—No lo creo —dice neutralmente—. ¿Por qué viniste aquí anoche?
Mi mente se acelera tan rápido como mi corazón y sé que necesito encontrar una manera de arreglar esto.
—Porque… porque te extraño. No quiero que te vayas. Y si te vas, quiero que regreses, y carajo, quiero estar contigo. De verdad. Y está bien, de acuerdo. Confiaré en ti. Puedo confiar en ti, sólo… no dejes de ser mi amigo y no te vayas sin ser mío de nuevo. Por favor.
Lo suelto todo tan rápido que no me molesto en respirar para dejar que lo que estoy diciendo se entienda. Edward no responde de otra forma más que levantando sus cejas hasta que casi le llegan al cabello. Pasa un latido y sostiene mi mirada, sopesando mis intenciones.
—No quieres todo eso —susurra finalmente—. No digas cosas como esa si no son ciertas, por favor.
—Es verdad —lloro, limpiándome las mejillas—. Quiero todo eso. Te quiero a ti.
Exhala y menea la cabeza.
—¿Dónde estaba esto hace un mes y medio? ¿Por qué lo estás haciendo ahora? Hoy ya será un día de mierda por sí solo… por favor, no lo hagas más difícil de lo necesario, Bella. Por favor.
—No lo estoy haciendo más difícil —discuto—. ¿No facilita las cosas el decir que quiero estar contigo?
—No, porque sé que no lo dices de verdad. Anoche te dije que ya no quería que fuéramos amigos, ¿y hoy de repente ya estás curada y me quieres de regreso? Se siente falso. No se siente como la Bella que conozco.
—Soy yo.
—Se siente desesperado.
—Crees que estoy desesperada —digo impasible, sollozando.
—Eso no es lo que quería decir. Sólo creo que estás asustada. Si me quisieras de nuevo, tuviste todo este tiempo para decírmelo. Para arreglarlo. Pero no lo hiciste, no hasta que estoy a una hora de irme.
Bien, sé que no se ve muy genial. De hecho, cuando lo dice así, se siente un poco manipulador. Aunque en mi corazón no se siente como una farsa. Lo quiero, pero tiene razón. Estoy aterrada. Temo que, si sale de esta casa, nunca más lo volveré a ver.
—Entonces el momento apesta —digo.
—El momento es cuestionable.
Quiero preguntar si todavía me ama. Quiero saber si más adelante, cuando yo ya haya arreglado mis mierdas, si él todavía podría sentir lo mismo por mí, o si ya jodí demasiado todo esto. Pero no se lo pregunto, porque por la mirada en su rostro, no creo que me guste la respuesta.
Las emociones inundan mi pecho e intento con todas mis fuerzas contenerlas. No quiero que me vea así – no quiero que sus últimos recuerdos de mí sean tan desesperados y llorando en su camiseta.
—Carajo, odio esto —murmuro, unas cuantas lágrimas se escapan.
—Bella.
—¿Qué?
—Deja de llorar, por favor —me ruega—. Me mata. Odio verte así.
—Lo siento. —Intento recuperar el aliento, me limpio la cara con su camiseta, viendo como aparecen manchas negras en el algodón blanco.
—No lo sientas, tan sólo… carajo.
—No, de verdad lo siento —sollozo, mirándolo a la cara—. Lo siento por todo. Por no confiar en ti, por alejarte. Lamento no ser mejor. No te merecías esta versión rota de mí. No te merecías nada de esto. Así que sí, lo siento —murmuro, sabiendo completamente que esas son cosas por las que debí haberme disculpado hace meses.
Exhala, deja su taza en el suelo y toma mi mano.
—Ven aquí. —Lo dejo guiarme hasta quedar situada entre sus brazos y su pecho, mi cabeza está encajada debajo de su barbilla. Él es tan cálido y bueno, y no quiero que se vaya—. Acabas de decir todo lo que he querido escuchar —murmura—. Pero necesito que también lo digas de corazón.
—Sí lo digo de corazón.
Siento su pecho subir y bajar.
—No puedo irme a LA y que te enojes conmigo en un mes y termines todo de nuevo. No puedo hacer esta mierda de volver y terminar. No es saludable para nosotros. No es… normal.
—Nunca seré normal. O perfecta —señalo, sollozando—. Lo sabes, ¿cierto?
—Lo sé. Y te amaba a pesar de tus imperfecciones. Esto no se trata de eso.
—Tú tampoco eres perfecto.
—No estoy diciendo que lo sea —acepta—. Pero nunca dudé de nosotros. Ni una sola vez. Y eso es todo lo que necesitaba de ti… que confiaras en mí. Incluso cuando estábamos en nuestro mejor momento, podía ver en tus ojos que no estabas completamente comprometida. Me mataba. Pero estaba dispuesto a no presionarte porque… tenía miedo.
—Quería estar comprometida por completo. De verdad —lloro, enterrando mi cara en su pecho—. Todavía te amo. Sé que no cambia nada entre nosotros, pero así es. Incluso cuando estaba enojada y no confiaba en ti… siempre te amé.
—También te amo —dice después de un latido—. Es por eso que no puedo estar contigo. No así, no ahora.
Sé que lo que está diciendo es verdad y es por eso que duele tanto. Porque, ¿qué esperaba realmente? ¿Qué él repentinamente aceptara estar conmigo – después de todo – y tuviéramos una sana relación a distancia? Ni siquiera yo soy tan ingenua. De verdad no.
Y, que me jodan, sé que todos me han dado pequeños consejos aquí y allá, intentando guiarme en la dirección correcta. Es como si necesitara de un catalizador – como él yéndose de verdad – para que eso encendiera algo en mí. Para que me empujara a intentar hacer un cambio de verdad. Odio admitirlo, pero es verdad.
—Tú necesitas lidiar con algunas cosas —dice con gentileza, sin afán de criticar—. Con muchas cosas. Por ti, no por mí. —Vacila—. O para tu siguiente relación, si eso es algo que quieres.
—No digas eso —bufo—. No hay nadie más, Edward.
—No sabes lo que puede pasar —susurra—. Pero si tú sigues adelante… o si yo sigo adelante… tenemos que estar bien con eso.
A pesar de que no me puede ver, lo fulmino con la mirada. Odio que mis problemas nos hayan traído aquí, a un punto donde Edward está siquiera mencionado la idea de seguir adelante. Pero si soy honesta, no puedo enojarme. Debí haber anticipado esto. No puedo tener la esperanza de que él me esperará para siempre, especialmente cuando ninguno de nosotros ha hablado sobre el futuro hasta anoche.
—Lo entiendo. De verdad. Es que… carajo, es horrible.
Nos quedamos en silencio, acostados juntos hasta que él dice:
—Perdón por gritarte anoche. Sobre no intentarlo. Estaba molesto. —Se aclara la garganta—. Sé que estás yendo a terapia y que lo haces por nosotros dos. Fue algo muy de mierda lo que dije.
Aprecio su disculpa, pero aun así le digo:
—Tenías todo el derecho.
—No, no lo tenía. Fue muy patán y lo siento. —Con mi brazo alrededor de su estómago, lo abrazo más fuerte—. Creo que nos vendrá bien el tiempo separados. Ordena tu mente. Yo también lo haré. Y cuando te sientas lista, entonces…
—¿Entonces qué?
—Entonces partiremos de ahí.
—¿Cómo sabré cuando esté lista? —trago, sollozando.
—No estoy seguro. Supongo que eso lo debes descubrir tú.
Me duele el corazón, pero ni de cerca tanto como antes porque reconozco que este no es un adiós. No lo es. Tal vez no seremos amigos durante un tiempo, pero no es algo que sea para siempre. Hay una enorme probabilidad de que nunca más volvamos a estar juntos románticamente. Sé que el resultado depende mucho de mí. Pero él me está dando esperanza, el pedacito más pequeño de esperanza, y la aceptaré con felicidad.
Me muevo para poder verlo. Con mi barbilla en su pecho, memorizo las líneas de su cara, de su mandíbula. La sinceridad en sus ojos, la forma en que sus cejas se juntan con preocupación. Creo que él está haciendo lo mismo cuando su mirada viaja sobre mí. Amo a este hombre; sé que lo amo, incluso si mi forma de amar no es convencional. Incluso si mi forma de aceptar amor es tóxica. Ahora sólo necesito descubrir una manera de componerme de nuevo, de hacerme sentir completa sin que esté él en la ecuación.
Al final de cuentas sé que él – y todos los demás – tienen razón. Necesito arreglar mis mierdas. Hace tiempo que necesito hacer eso, pero lo he postergado y he apartado el dolor porque no sentirlo se siente mejor que sumergirme en él. Necesito aprender a confiar y amarme a mí antes de poder amar y confiar en alguien más. Antes de poder depender de alguien más.
Con esos pensamientos, mis ojos se llenan de nuevo y parpadeo para apartar las lágrimas.
—Debería dejarte ir —digo, enderezándome.
Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas y es horrible verlo.
—Sí.
—Te voy a extrañar —murmuro hacia su cara borrosa.
Acuna mi cara entre sus manos, sus pulgares limpian mis lágrimas.
—Yo también, Bell.
Me levanto de la cama, usando el dorso de mi mano para limpiarme debajo de los ojos. Él también se para y se queda cerca de mí, el adiós es inminente. Me giro y agarra mi cintura, jalándome hacia él. Subo los brazos y los envuelvo alrededor de su cuello. Nos abrazamos por un momento, pero se siente como una eternidad. Lloro; él también. No quiero soltarlo y definitivamente no seré la primera en romper el abrazo. Pero entonces su agarre se afloja y tengo que aflojar el mío también. Seguimos cerca, pero no puedo verlo a la cara, así que miro su pecho hasta que dice mi nombre. Alzo un poco el mentón y él baja la cabeza, dejando un pequeño y casto beso en mis labios. Con nuestras mejillas mojadas presionándose, le regreso el beso. Nos quedamos así, en ese triste abrazo, hasta que soy yo quien tiene que romperlo porque estoy llorando mucho.
—Carajo —exhalo—. Lo siento. Lo siento.
—No lo sientas.
—Es que es difícil.
Se lame los labios, su nariz está roja por llorar.
—Lo sé.
—No me busques antes de irte. No puedo hacer esto de nuevo.
Asiente.
—De acuerdo.
Acaricio su pecho, mis dedos se doblan sobre la tela de su camisa antes de soltarlo. De alguna manera encuentro la fuerza para avanzar por el pasillo hacia mi propia habitación. De alguna manera encuentro la fuerza para dejarlo ir cuando todo en mi mente me grita que haga todo lo contrario.
Este es mi capítulo favorito en toda la historia. Ciertamente no es el más feliz del mundo, pero lo siento muy real. Ambos han cometido errores y ambos están buscando la forma de repararse y reparar lo que había entre ellos. Me encanta.
Gracias por la buena respuesta al capítulo anterior, fue una de las razones por las que decidí adelantar este capítulo.
Nos leemos el sábado en la siguiente actualización. No olviden dejarme sus comentarios y decirme qué les pareció 😉
