Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.

Advertencia: Lemon Explícito.


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CHAPTER XXI: Posos de café.

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Bakugo abrió los ojos y volvió al mismo parque donde su padre lo encontró cuando tenía quince años y se había fugado de su casa. Bakugo regresó al mismo lugar y vio la espalda de Masaru, sentado en el mismo banco que hace trece años. Sonrió para acercarse hacia él pero la distancia nunca se acortaba, como si caminara sin avanzar ni un paso. Intentó hablar, intentó gritar pero sus esfuerzos fueron en vano, abría la boca sin que saliera sonido alguno de ésta, pero aun así podía sentir cómo su garganta se forzaba por emitir algo, sentía dolor, estaba mudo.

Entonces su padre volteó hacia él, sin embargo, antes de poder enfocar su rostro, despertó a la realidad. Su habitación lo recibió de golpe, dio un respingo al reconocer todo a su alrededor, recomponiéndose sobre la cama fue consciente de que tenía el rostro sudoroso y le dolía la garganta, se llevó una mano a su cuello intentando, inútilmente, apaciguar el lacerante dolor con sus dedos. Miró a su alrededor y vio la cama vacía.

La puerta de su cuarto se abrió y vio a Ochako de pie en el umbral de su puerta con un pequeño pie de limón entre sus manos, una vela encendida en el medio y una sonrisa en sus labios. Él tardó un momento en asimilar la razón de aquella imagen hasta que la vio acercarse hacia él.

―Feliz cumpleaños, Katsuki ―Pronunció antes de besar sus labios con dulzura. Él comenzó a olvidar la incomodidad que traía en su cuerpo tras aquel sueño al sentirla. No tardó en llevar sus manos hacia ella para atraerla a él y profundizar el beso―. Basta, que me harás estropear nuevamente éste pie.

―Si termina en tu cuerpo, no me molestaría ―Respondió él en su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja, haciéndola suspirar con una sonrisa.

―Primero lo primero ―Dijo ella poniendo su mano sobre su pecho para apartarlo de ella. Ochako se sentó sobre él, a horcajadas de sus caderas, enseñando su pie de limón―. Pide de un deseo y luego puedes hacer lo que quieras.

―¿Lo que quiera? ―Ella se ruborizó―. Hecho, pero nada de acobardarse, Cara de Ángel. ―Ella llevó su diestra sobre su pecho en el lado del corazón, jurando. Él bajó la vista al pie de limón con la vela encendida, cerró los ojos y pidió un deseo.

No sabía lo que tenían con Ochako pero no quería que se acabe. Ese fue su deseo. Sopló la vela y ella besó sus labios después, ya no le importó dejar a un lado el pie de limón para permitir que los grandes brazos del hombre rodearan su cuerpo y con ambas manos, apretaran su trasero hincando sus uñas en su piel, arrebatándole un gruñido contra los labios de Katsuki; en respuesta, Ochako comenzó a mover sus caderas sobre él sintiendo cómo cada vez, el miembro del hombre iba despertando. Él mordió sus labios y ella estrujó sus cabellos rubios entre sus dedos.

Él introdujo sus manos bajo la playera negra que ella traía, subiendo por su abdomen hasta llegar a sus pechos sin brasier, comenzó a masajearlos despacio, tomándose su tiempo en estrujar sus pezones ya duros; la escuchaba suspirar contra sus labios, eso lo ponía cada vez más duro. Sintió las manos de Ochako bajando hacia sus boxers y por encima de la tela, fue acariciándolo, subiendo cada vez más la intensidad de sus manos, sintiendo su dureza entre sus dedos. Katsuki intentaba reprimir sus gemidos pero la mujer no se lo ponía fácil.

No podía soportarlo por mucho más tiempo, así que bajó sus manos a las caderas de Ochako para hacerla girar y dejarla bajo suyo, aprovechó la posición para deshacerse de su ropa interior y dejar en libertad su virilidad despierta. La castaña se relamió los labios al verlo tan excitado, así que arrodillándose frente a él, fue dejando un camino de besos desde su punta hasta su raíz, su lengua fue deslizándose a su vez, saboreando su esencia mientras una de sus manos, acariciaba sus testículos endurecidos. Katsuki cerró los ojos al sentir la humedad de la boca de Ochako engullendo su miembro, tomó su cabeza entre sus manos y fue introduciendo sus dedos entre sus hebras castañas, instándola a que aumentara la velocidad. Así lo hizo, Ochako succionaba a la velocidad que él marcaba, subiendo y bajando mientras una de sus manos hacía el mismo movimiento inverso en el tallo de su miembro.

Estaba tan excitado que no tardó mucho en venirse en la boca de Uraraka, salpicando un poco en sus mejillas y su barbilla, a pesar de eso, su virilidad seguía de pie y palpitante. Ella sonrió para limpiarse con sus dedos el rastro de semen que quedó su rostro, llevándoselo la boca, chupando sus propios dedos ante la atenta mirada de Katsuki.

―Carajo, Ochako… Contigo es difícil no venirse ―Dijo Bakugo y ella rio por lo bajo. La mujer poseía un encanto infantil que se olvidaba cuando el placer hacía acto de presencia.

―Vamos, sé un buen chico y acuéstate ―Dijo ella subiendo la playera para dejar al descubierto su cuerpo desnudo.

―Oblígame ―Respondió él y ella sonrió.

Ochako dirigió sus manos a su pecho para tumbarlo en la cama, él llevó sus manos a las caderas de la mujer cuando ésta se acomodó sobre su pecho, sostenía sus pechos entre sus manos, acariciándoselos frente a él, excitándolo aún más. Él la instó a sentarse más sobre su rostro, pudiendo deleitarse con su intimidad ya humedecida; Katsuki fue lamiendo su clítoris a medida que dos de sus dedos la penetraban, sus lamidas eran lentas, iban al ritmo de sus dedos ingresando en ella, la podía sentir tensarse y apretarlo ante cada oleada de placer. Ochako intentaba sostenerse sobre sus rodillas pero el deleite que le provocaba Katsuki con su lengua y sus dedos, la hacían flaquear. Cayó sobre sus manos en la cama y fue abriendo aún más sus muslos para dar mayor espacio a Katsuki y que éste aumentara sus movimientos.

Ella pedía más y más, y él no pensaba dejarla a medias. Cuando sintió que estaba por venirse, él se detuvo. Ochako se apartó de él para mirarlo entre molestia y excitación.

―Trae los condones, no puedo aguantar más ―Dijo Katsuki y ella no perdió tiempo, buscó el paquete de condones para sacar uno y dárselo al hombre, éste se lo colocó deprisa y ella se acomodó nuevamente sobre él, pero ésta vez, dándole la espalda.

Tener el trasero de Ochako frente a él mientras la penetraba era una vista que lo excitaba aún más, la escuchaba gemir, la escuchaba pedirle más, que lo hiciera más fuerte, él fue dándole nalgadas, enrojecía su piel y la escuchaba pidiéndole más. Carajo, que todo en ella lo ponía a mil. La tumbó boca abajo, Ochako recostó su pecho contra la cama y levantando sus caderas, permitía mayor campo al hombre, que al verla de cuatro, no hizo más que acelerar sus envestidas, moviendo sus caderas de tal forma que las penetraciones fuesen más y más profundas. Ella repetía su nombre, la escuchaba gemir; podía ver sus manos estrujar las sábanas ante cada embestida, la sentía apretando sus paredes, abrazando aún más su pene. Él gemía, le decía lo perfecta que era, no mentía. Todo en ella hablaba de perfección.

El orgasmo les llegó al mismo tiempo, ambos corriéndose en abundancia y bramando el nombre ajeno. Él se retiró de su interior, quitó con cuidado el condón y tirándolo en el besurero; vio a Ochako recuperando el aliento en la cama, aquella sesión de sexo matutino los había dejado exhaustos pero era una buena manera de festejar su cumpleaños.

Sonrió al verla desnuda en su cama, tenía la piel perlada, la respiración desbocada, sus pechos subían y bajaban despacio. Era hermosa. Se dejó caer en la cama, la abrazó y la trajo hacia él, tanto Ochako como Katsuki estaban agotados, sudorosos y a pesar de eso, abrazarse aún con los espasmos del orgasmo haciendo mella en ellos, era una de las mejores sensaciones de todas.

―Hacía tiempo que no disfrutaba tanto mi cumpleaños ―Susurró Katsuki contra su oído. Ella se abrazó aún más a él y éste cerró los ojos un momento.

―Si seguimos llegando tarde tras cada mañanero, comenzarán a sospechar ―Respondió Uraraka, Bakugo suspiró.

―Cómo sabes arruinar el momento ―Ella rio por lo bajo, acomodándose sobre su pecho para mirarlo a los ojos. Su rostro seguía sonrojado y las perlas de sudor en su frente acrecentaba aquella belleza tan suya, él acarició sus mejillas después.

―¿A qué hora nos espera tu abuela y tu madre hoy? ―Preguntó y Katsuki dejó escapar otro suspiro.

―Carajo, Cara de ángel. ¿Podrías no hablar de mi familia cuando estoy desnudo?

―Lo siento, es sólo que no he podido dejar de pensar en el asunto ―Respondió Ochako dibujando círculos sobre su pecho―. No he podido dormir en forma a consecuencia de eso. Como no podía dormir más, preparé el pie de limón.

Bakugo la miró entonces comprendiendo su preocupación, acomodó sus cabellos tras su oreja y acarició su rostro con cariño, Uraraka cerró los ojos ante su tacto.

―No tienes que preocuparte, no pienso dejarte sola en ningún momento ―Respondió él. Ella no dudó en besar sus labios después. Estuvieron un momento más de ese modo antes de ir a asearse juntos para ir a trabajar.


El cumpleaños de Bakugo Katsuki era una fecha bien recordada en Towers entre sus empleados, mas su jefe siempre dejó en claro que su cumpleaños no es un día que él disfrutara, por ese motivo, todo lo que recibía eran felicitaciones. Ese año no fue distinto, algunos apretones de mano, reverencias y golpes en la espalda con un "feliz cumpleaños".

Ochako lo veía a lo lejos, era consciente de que el repudio a su cumpleaños no era algo meramente superficial, desde que lo vio despierto en la cama, traía un rostro cargado de angustia que no supo interpretar. La fecha de fallecimiento de su padre fue hace dos días y él había desaparecido el día completo, no había llegado al trabajo, el dejó un mensaje diciendo que se verían en la casa y Sato luego informó que Katsuki se ausentaría ese día.

Pero esa mañana, lo vio con un rostro perdido, angustiado y con la frente con una capa de sudor. Esa mañana parecía no haber nada extraño en él, aunque ella lo notaba un poco más callado, menos propenso a maldecir al aire o exigir de más. No parecía él. ¿Quizá se deba a su encuentro con su familia? ¿Le incomodaba que ella vaya también? No le extrañaría que así fuese, después de todo, llevaban viviendo juntos más de un mes pero la intimidad los acercó un poco más cuando cruzaron la barrera profesional y amistosa para fundirse en el cuerpo del otro.

Bakugo Katsuki no era de los hombres que les gustaba profundizar en su vida privada, tampoco lo veía como alguien que le guste compartir algo más que la cama; sus manos apretaron con fuerza los vasos de shots con salsa de frutilla que tenía, comenzaba a sobre-pensar las cosas nuevamente. Apartó su atención de su jefe para continuar añadiendo la crema pastelera a los postres que estaba preparando.

Ese día no fue particularmente concurrido por muchos clientes, el ritmo de pedidos era tranquilo para la realización de éstos, el día en sí avanzó lento para su gusto hasta que el local finalizó sus actividades. Todos los empleados iban dejando las instalaciones, Ochako sonreía a sus compañeras en el vestidor, mientras se despedían de ella. Aguardó a que la última abandonara el sitio para apagar las luces y encontrarse con Katsuki en las afueras del sitio. Él le dedicó una pequeña sonrisa que ella correspondió para marcharse.

Esa noche tenía la cena de cumpleaños en la casa de la abuela de Katsuki y sencillamente, la idea de regresar y encontrarse con la imponente Bakugo Shoen, helaba su sangre. Al saber de aquella condicionante para su estadía en Meraki's Place, Ochako no dudó en escribir a sus amigas para pedir ayuda; Mina convocó una reunión el día anterior en su departamento, así que después de su trabajo, Ochako y Tsuyu se encontraron en el departamento de Mina.

―¿Kirishima-kun no está? ―Preguntó Ochako al llegar y ver el departamento vacío.

―Tiene ensayo con la banda ―Explicó Mina haciéndolas sentar en su sala―. Bien, vamos por lo importante. ¿Cómo es eso de que conocerás a la familia de Bakugo?

Ochako aspiró profundo para relatar todo lo que fueron los sube y baja de emociones experimentados en apenas un par de días, el descubrimiento de su mentira, incluyendo el embarazo falso, la visita a Shoen y finalmente, el extraño acuerdo que surgió de que Katsuki pasara su cumpleaños en su casa con su familia, incluyéndola a ella.

―Me inquieta el interés que tiene su abuela en ti ―Comentó Tsuyu―. No conozco casi nada sobre su familia, pero según Chiyo-san, Shoen-san es una persona muy temperamental y atemorizante; me sorprende que no los haya delatado cuando supo sobre tu acuerdo con Bakugo.

―Lo mismo pienso ―Apoyó Ochako―, y no es sólo el criterio de Chiyo-san, la abuela de Katsuki es… Imponente.

―Carajo, hace un poco más de un mes se conocen y ya te presenta a su familia ―Comentó Mina con una sonrisa―. No me mires así, sé que estamos en un contexto distinto, pero eres la primera mujer con la que se acuesta y ya conoce a su abuela.

―Bakugo tiene fama de ser malo para las relaciones ―Otorgó Tsuyu―. Desde que comencé a trabajar aquí, he visto a más de una chica salir llorando o hecha un manojo de nervios gracias a él.

―Tsuyu, cariño, no es lo que Ochako quiere escuchar ―Dijo Mina y Asui se encogió de hombros con vergüenza―. Escucha, Chako… Es cierto, Bakugo no es el ideal de Príncipe Azul que queremos, es todo lo contrario pero si de algo estoy segura es que si va a pasar su cumpleaños con su familia es porque realmente le importas y no quiere que pierdas tu espacio aquí. Él mejor que nadie sabe cuánto luchaste por mantenerte allí.

Ochako sonrió a las palabras de su amiga.

―¿Desde cuándo eres Team Bakugo, Mina? ―Comentó la castaña con una sonrisa divertida.

―Hey, lo único que odiaba de él era que se metiera contigo pero eso fue antes de ver cómo se derretía por ti el viernes ―Respondió Mina con una sonrisa tierna―. Conozco a Bakugo desde que conozco a Eijiro y no he visto la mirada que te dedica con nadie más. No lo sé, yo comenzaría a apostar más por ustedes dos.

―No sé si tengamos ese tipo de relación ―Ochako dijo mirándose las palmas de sus manos.

―No lo sé, amiga. Tengo un dicho y es que si los hombros en donde te recuestas para llorar son los mismos donde apoyas las piernas, no busques más porque encontraste al indicado ―Tanto Tsuyu como Ochako se sonrojaron y echaron a reír ante sus palabras―. Bien, pasemos a lo importante. ¿Ya tienes el vestido que quieres llevar? ―Ochako asintió―. Bien, tengo un par de tacones que dirán "suegra, tengo a su hijo bien entretenido".

Mina se puso de pie para dirigirse a su cuarto y buscar algunas prendas y vestidos que tenía sin mucho uso para prestar a su amiga, mientras Tsuyu se ocupó de abrir un vino blanco para acompañar la velada femenina. Ochako puso música desde su teléfono conectado al stereo de la dueña de casa, entonces True Love de Pink comenzó a sonar. Ochako sonrió ante la melodía, comenzando a pensar que quizá la música relataba a la perfección todo lo que Katsuki despertaba en ella.

Porque es verdad, su relación no era perfecta principalmente al principio de su convivencia, incluso en la actualidad, había algunas cosas que no podían lidiar entre ambos; a pesar de eso, la persona que estuvo para ella cuando más necesitó a alguien, cuando se intoxicó o cuando terminó diciéndole la verdad Iida… Fue Katsuki y siendo franca, no creyó que el hombre fuese algo romántico durante el sexo y a pesar de lo salvaje que podía llegar a ser, sentir cómo la acariciaba y besaba, se acurrucaba contra ella y la abrazaba para dormir, eran cosas que la hacía pensar que había mucho en Katsuki no conocía.

Y quería hacerlo a profundidad.

Bakugo abrió la puerta de su departamento cuando llegaron, ella lo cerró a sus espaldas y antes de que él avanzara un poco más, tomó su mano para detener su marcha. Katsuki se volvió a verla y ella lo atrajo hacia él para besarlo. Lo tomó por sorpresa, lo sentía pero no tardó mucho en sentir las manos del hombre rodeando su cintura, abrazándola.

―Aún tengo que darte tu regalo ―Comentó ella alejándose un poco para decir. Él la miró con una ceja enarcada.

―Creí que el desayuno de la mañana fue el regalo.

Ochako rio para separarse de él, diciéndole que la espere allí. Él no pensaba contradecirla, se mantuvo de pie viéndola desaparecer rumbo a su cuarto, no tardó mucho en regresar con una pequeña caja envuelta en papel de regalo. Él miró el pequeño paquete cuando ella lo depositó en sus manos.

―No es mucho, pero pensé en ti cuando lo vi en la tienda.

―Cara de ángel, no…

―¡Shh! Que matas el momento ―Respondió Ochako enseguida―. Vamos, ábrelo.

Katsuki rodó los ojos para finalmente desatar el moño que envolvía la caja, abriéndola. Un pequeño guardapelo semejante al que Steve Rogers llevaba a costa con la fotografía de Peggy se descubrió en su mano. Él miró a Ochako y ella se sonrojó sencillamente.

―No sabía qué regalarte, creo que es un bonito detalle si puedes poner la foto de tu padre o no sé, algo que te guste ―Dijo ella jugando el su cabello.

―¿Y si pongo otra foto? ―Preguntó él, Ochako no disimuló su curiosidad. Él se acercó ella, tomó su mentón con una mano cortando la distancia con sus labios en los suyos. Fue un beso suave, tierno―. Cara de Ángel, no sé qué sucederá cuando vayamos a la casa de la vieja Shoen pero quiero estar seguro que cuando regresemos, tú sigas aquí. ―Dijo enseñando el guardapelo.

Ochako volvió a besarlo, rodeando sus brazos en su cuello para profundizar el beso sin poder borrar su sonrisa de los labios. Él la rodeó con su mano libre, saboreando su dulzura en cada beso.

―Puedes poner mi foto, pero ten por seguro que no pienso ir a ningún lado, Katsuki. ―Respondió cuando su frente encontró la del hombre―. Te he tolerado lo suficiente como para rendirme sólo por tu familia.

―Esa es mi chica ―Volvió a besarla.

Ambos fueron a la ducha para asearse entre besos y caricias, él la vio ponerse el vestido que eligió, era uno naranja de falda plisada y en campana, con unos tacones negros que prestó de Mina, según le había dicho; él se vistió con unos pantalones oscuros y una playera negra, nada demasiado rebuscado, después de todo, la única razón por la que iba a la casa de su abuela era por Ochako.

No tardaron mucho en marcharse, subieron a su auto y él condujo escuchando las músicas pop que la mujer ponía a su lado, que a pesar de sus negativas por escucharlas, Ochako sencillamente subía aún más el volumen para no oírlo quejarse.

Cuando llegaron a la gran casa de los Bakugo, ingresaron a través de los portones que se abrieron ante ellos y se dirigieron al estacionamiento ubicado en la parte trasera de la casa, todo el trayecto hasta éste estaba rodeado de árboles de altas copas, arbustos con flores de muchos colores y cada un metro y medio, yacían faroles iluminando el sendero. Un encargado los aguardaba allí para conducirlos a la entrada principal del sitio.

Y una vez subieron las escaleras que guiaban a la entrada principal, Mitsuki los esperaba en las puertas. Ochako apreció el gran parecido que madre e hijo compartían, sus rubias hebras cortas y rebeldes, su intensa mirada, incluso su sonrisa cuando ésta la vio acercarse.

―Ochako, es un gusto conocerte al fin ―Dijo Mitsuki al recibirla, Ochako no esperó que la mujer la rodeara en un abrazo pero no se opuso al tacto, era muy cálida y espontánea.

―¡Deja de ser tan empalagosa, mujer! ―Dijo Katsuki molesto al ver cómo su madre abrazaba a Ochako.

―De verdad me sorprende que puedas vivir con semejante ogro ―Comentó Mitsuki a Ochako ignorando las palabras de su hijo cuando se separó de ella.

―Es un trabajo de tiempo completo ―Respondió Ochako haciendo reír sonoramente a la mujer, Katsuki siguió maldiciendo a diestra y siniestra.

―Vamos, Shoen nos espera en el comedor.

De ese modo, los invitados a esa noche, siguieron a Bakugo Mitsuki hacia el comedor mientras Ochako no cabía en la admiración de ver cuán bella era la arquitectura del sitio, parecía un palacio de esos que solía ver en películas de princesas. Ella no lo notaba pero Katsuki la veía de soslayo, le divertía observar su asombro aunque a él no le gustaba tanta extravagancia, comprendía que muchos quedaran sin palabra ante la opulencia.

Ingresaron al gran comedor del sitio con una mesa prominente y varias sillas vacías salvo la principal ubicada en la cabecera en donde se encontraba sentada Bakugo Shoen hablando con, a juzgar por su uniforme, era el chef del lugar. Ochako dio una reverencia a Shoen cuando llegó hacia ella y ésta la miró una sonrisa sutil que no supo cómo interpretar; la mujer mayor hizo una señal con la mano para despedir del sitio al chef quien, con una reverencia de respeto, se marchó.

―Bien, como prometí, aquí estamos ―Habló Katsuki mirando a su abuela con el ceño fruncido.

Shoen seguía con su atención puesta sobre Ochako por un momento más antes de dirigirla a su nieto.

―¿Ya nos dirás por qué quieres a Ochako aquí? ―Continuó el hombre.

―Tienes a una mujer muy leal a tu lado, Katsuki ―Dijo Shoen―. Arruinó mi jardín, pero a pesar de todo, te ha sabido defender. Debías escucharla.

Ochako se sonrojó violentamente y Katsuki frunció aún más su ceño con sus comentarios.

―¿Qué mierda es todo esto?

―Vamos, siéntense ―Habló Shoen sin prestar atención a su nieto―. Traerán los platillos para comenzar a comer.

Katsuki iba a protestar nuevamente pero la mano de Ochako sobre la suya, lo hizo detenerse. Ella le dedicó una mirada que él sencillamente respondió con un revoleo de ojos, obedeciendo la orden de su abuela en tomar asiento.

Tanto Ochako como Katsuki se sentaron juntos de un lado de la mesa, mientras que, frente a ellos, se ubicó Mitsuki.

―Así que viniste a Tokio por trabajo ―Inició la madre de Katsuki mirando a Ochako―. Japón es pequeño pero sigo sorprendida de que terminaras siendo la nueva inquilina de Meraki's Place y termines topándote con mi hijo.

―Fue un encuentro singular ―Acotó Ochako―, no es la manera que esperas conocer a alguien.

Katsuki miró a Ochako y ésta le sonrió con dulzura. El hombre recordó la anécdota de su padre y al parecer, Mitsuki tuvo el mismo recuerdo, percatándose de la sonrisa en sus labios.

―A juzgar por el modo en el que Katsuki habla de ti, estoy segura que se llevan mejor ―Siguió hablando Mitsuki. Ochako se sonrojó violentamente, llamando la atención de la mujer quien levantó ambas cejas mirando a su hijo.

―Deja de molestar, vieja.

Los mozos ingresaron a la sala trayendo bandejas de comida que fueron depositando sobre la mesa y que a cada platillo servido, Ochako seguía observando todo con ojos maravillados. Nunca había visto tanta comida junta que no sea algo que ella preparaba o debía servir.

―Come sin pena ―Habló Shoen entonces mirando a Ochako. La castaña asintió a la mujer mayor con una tímida sonrisa.

Cada uno fue sirviéndose un poco en su plato, Ochako se sirvió un poco de curry con arroz y saboreó el gusto particularmente picante que poseía la salsa; observó los platillos de Shoen y Mitsuki eran pastas con salsa roja a la cual, Mitsuki añadía algo de picante, mientras que Katsuki había escogido arroz con Kimchi Jigae, comprendiendo el gusto particular de la familia por las comidas picantes.

La cena fue en silencio, ninguno dijo nada mientras cenaban para suplicio de Ochako, pues estaba acostumbrada a las charlas en la mesa con su familia, veía a los comensales y todos parecían más interesados en sus platillos que en lo demás.

Finalizaron la cena y los mozos volvieron a retirar los platos de la mesa, Ochako sonrió a la mujer que se encargó de tomar su plato vacío y luego regresó su atención a Shoen que la observaba en silencio. Estaba muy preocupada por el tipo de miradas que le dedicaba la presidenta de About Life Coffee.

―¿Disfrutaste de la cena? ―Preguntó Mitsuki entonces―. Algunos platillos son los favoritos de Katsuki.

―Estuvo delicioso ―Respondió Ochako.

―Deberías venir otro día, te daremos la receta así preparan un poco en el departamento ―Comentó animosamente Mitsuki.

Katsuki chasqueó la lengua ante sus palabras, llamando la atención de Ochako.

―Katsuki, necesito hablar contigo un momento ―Dijo entonces su madre, él se cruzó de brazos.

―¿No puedes decirlo aquí?

―De hecho, es algo que debo mostrarte ―Insisitió su madre. Ochako veía cierta súplica en los ojos de la mujer, inquietándola ante las negativas de su hijo.

Miró a Katsuki.

―Ve, parece ser algo importante.

―No pienso dejarte sola con la vieja ―Comentó Katsuki mirándola. Ella dejó escapar un suspiro.

―No hay de qué preocuparse, niño tonto ―Respondió Shoen entonces―. No pienso hacerle o decirle nada inapropiado a tu novia. Ve con tu madre.

―¡Yo no…!

―Lo encontré ―Interrumpió Mitsuki a su hijo antes de que éste continuara. Ochako vio cómo cambió el rostro de Katsuki ante sus palabras, un semblante cargado de arrebatadora sorpresa―. Necesito que lo veas.

No necesitó otra palabra más para levantarse de su sitio y apretando la mano de Ochako en un gesto de cariño, se marchó de allí junto a su madre, dejándola sola con Shoen. La mujer mayor sonrió a la joven.

―Quisiera ir al solario ―Anunció y Ochako sólo asintió para levantarse a su par―. Suelo caminar un poco después de comer algo, el doctor dice que necesito moverme más.

―¿Necesita ayuda? ―Preguntó Ochako.

―Niña, no me mirabas con compasión la última vez que estuviste aquí; no empieces ahora ―Shoen no ocultó la gracia en su sonrisa y por primera vez, Ochako ya no se sintió amenazada por la mujer.

Caminó detrás de la abuela de Katsuki hacia donde se encontraba el solario, circulando por pasillos de paredes revestidas en tonos cálidos, algunas pinturas de rostros sobrios y vestimentas antiguas la veían pasar; se imaginó a un pequeño Katsuki recorriendo los mismos pasillos, observando aquellos rostros de mirada lejana. No eran rostros que a un niño pudiesen hacerlo sentir en casa.

―Las personas pintadas son los primeros miembros de la familia Bakugo ―La voz de Shoen la despertó de su ensoñación―. Ésta familia se conformó como tal desde hace seis generaciones, cada una enfocada en fortalecer la herencia cafetera de los Bakugo desde su inicio con los Colonna.

―¿Colonna? ―Preguntó Ochako, comprendiendo que el origen de aquel apellido estaba lejos de ser nipón.

―Mi tátara-abuela era italiana. Ella dio vida a lo que hoy se conoce como About Life Coffee ―Explicó la mujer mirándola con una pequeña sonrisa. Se detuvo entonces frente a un retrato en particular, Ochako abrió los ojos cargados de sorpresa al ver a una joven adolescente de blanca tez, cabello rubio recogido pulcramente y en cuya cabeza descansaban decorados de perlas, portaba un vestido de ancha falda larga, vuelos entre cada capa de su vestido ente tonos crema en combinación con blanco―. Ella fue la fundadora del cafeto italiano, Colonna Francesca. Tenía sólo catorce años cuando se casó con el visionario Bakugo Kagatsushi quien vio una posibilidad de crecimiento económico con el café en Japón.

―Es hermosa ―Otorgó Ochako. Shoen le indicó la siguiente pintura, en donde se encontraba un hombre de mirada cuya intensidad podía sentirse incluso allí, tenía los ojos rubíes como los llevaba Shoen y Katsuki―. ¿Él es Bakugo Kagatsushi? Luce intimidante.

―No sólo lucía así, era de gran temer ―Comentó Shoen―. Fue nombrado como el dios del fuego, Kagatsushi, las historias sobre él te hacían temblar las rodillas.

Ochako sonrió a Shoen al escucharla hablar con tanta emoción. Siguieron caminando hasta llegar al solario que conoció el otro día, aunque a diferencia de aquella ocasión, Ochako ya no se sentía intimidada por la figura de Bakugo Shoen, sino llamaba su curiosidad.

―¿Te gustaría un poco de café? ―Preguntó la mujer al sentarse en uno de los sillones. Ochako asintió sentándose junto a ella, así que Shoen llamó a una de las empleadas para que trajeran dos tazas de café―. Solía traer a Katsuki aquí, se sentaba en mi regazo y le hablaba del linaje que lo precedía. Siempre le gustaron las historias fantásticas.

―Su familia tiene una larga trayectoria, se escucha fascinante ―Comentó Ochako.

No pasó mucho tiempo para que la encargada regresara con una bandeja con dos tazas de café negro y una azucarera de plata. Ochako agradeció a la mujer cuando ésta le tendió la taza y tras endulzarlo lo suficiente, le dio un sorbo. Katsuki no ponía azúcar a su café o quizá una cucharada pero muy pequeña; a diferencia de él, ella no acostumbraba a beber café negro aunque si lo hacía, debía poner abundante azúcar.

―Sin duda ―Siguió hablando Shoen―, los Colonna fueron los intermediarios en forjar una alianza con los Bakugo, el matrimonio de Francesca y Kagatsushi cimentó todo lo que somos ―Miró a Ochako―. Cuenta la historia que la joven Francesca era de espíritu inquieto, temeraria, eso atrajo enseguida a Kagatsushi; a veces, quiero pensar que el temperamento de Katsuki es la mala combinación de sus ancestros, aunque no puedo no darme crédito en el asunto.

Ambas compartieron una sonrisa.

―Katsuki es apasionado ―Dijo Ochako mirando al jardín que tenían delante, los faroles que iluminaban sutilmente el entorno daban aquel aire mágico a todo lo que observaba―, es algo que también ha heredado de ustedes.

―Pero evoca su pasión en una dirección errónea ―Interrumpió Shoen. Ochako bajó la vista a sus manos, era difícil hacer cambiar de parecer a una persona mayor, pero mucho más difícil era hacer cambiar de parecer a una Bakugo―. Por eso pedí que vinieras.

Ochako la miró sin ocultar la curiosidad de sus palabras.

―Él no es de las personas que tengan debilidades visibles, de hecho, hasta hace poco creía que no poseía ninguna. Pero entonces, llegaste tú y lo cambiaste todo ―Shoen dio un sorbo más a su café, disfrutando del adorable sonrojo que Ochako poseía en sus mejillas―. Y puedo entender por qué revolucionaste todo en su vida… Seguí tu consejo, intenté probar con miel antes que con hiel. No sé cuánto tiempo me quede de vida, no me estoy haciendo más joven con cada día que transcurre, sólo quiero volver a ver a mi nieto circulando por estos pasillos como cuando aún era un niño.

Ochako encontraba dolor en su mirada, dolor, impotencia pero también cansancio. Tanto ella como Katsuki han de estar cansados en llevar una vida cargada de pleitos, la muerte de su hijo era otra carga que Shoen ha de llevar con pesar sobre sus hombros. Ochako comenzaba a comprenderla un poco más.

―¿Te gustaría saber tu fortuna? ―Inquirió entonces Shoen llamando su atención―. Hay una vieja tradición entre las mujeres de la familia que es la lectura de los posos de café.

―¿De verdad? ―Ochako estaba fascinada y Shoen no disimuló el entusiasmo de verla interesada.

Urarala le tendió su taza ya vacía con el resto de café en el fondo de la misma, Shoen lo vertió en el pequeño plato que acompañaba la taza para erradicar el exceso de café de la taza y volverlo a poner en su posición original, enseñando un sinfín de marcas oscuras que iban desde la base de la taza hasta la boca de la misma.

Ochako no apartaba su atención de la taza mientras Shoen daba vueltas para intentar reconocer las figuras que le enseñaba la taza.

―Es una práctica gitana que se fue pasando de generación en generación entre las Bakugo. Cuenta la historia que Francesca circulaba por las calles gitanas cuando Kagatsushi la conoció. Ella le ofreció leer su fortuna a cambio de que él forjara una alianza con su familia. ―Comentó Shoen sin apartar la vista de la taza―. Los posos del fondo de la taza te habla del pasado, los que veas en las paredes de la taza representan el presente y los del borde, el futuro.

Ochako reconoció cierta sorpresa en los ojos de Shoen, inquietándola. La mujer esbozó una sonrisa en sus labios y levantó sus ojos hacia ella.

―Hay varias figuras que se reconocen en tu pasado como la herradura ―Dijo señalando con su meñique―, has hecho un viaje que te trajo fortuna y cambió tu vida de alguna u otra manera.

Ochako miraba atentamente a Shoen ante cada palabra.

―En tu presente se ve una cruz que representan problemas solucionados con bondad y paciencia ―Ochako sonrió―, también figura una flor que habla de una propuesta de amor o amistad. ―Shoen la miró entonces con ojos expectantes―. Y finalmente, tu futuro muestra el número tres, la llegada de alguien más…

―¿Eso qué significa? ―Preguntó Ochako inquieta ante la mirada que le dedicaba la mujer mayor.

Shoen abrió la boca para responder pero la voz de Katsuki la interrumpió. Ambas lo vieron ingresando a zancadas hacia ellas.

―¿Qué mierda le estás diciendo, vieja?

―Katsuki, estás exagerando ―Dijo Ochako pero éste no dejaba de ver con ojos furiosos a su abuela. Shoen sólo dejó la taza en su sitio para mirarlo con su desdén característico.

―Ya no tenemos nada que hacer aquí ―Katsuki tomó la mano de Ochako pero por más insistencia puesta por parte de ella, él no parecía dar el brazo a torcer.

Ochako se despidió como pudo de Shoen y Mitsuki, no entendía el enojo por parte de Katsuki y aunque intentaba seguirle el ritmo de sus pasos, trastabilló varias veces. Algo había sucedido cuando se marchó con su madre. No sabía cómo abordar el tema pero sin duda Katsuki no estaba dispuesto a continuar mucho tiempo más con su familia.