Capítulo 19
Inuyasha tomó del cuello de la camisa al hombre que estaba encima de su prometida y lo arrastró a fuera de los establos, lo empujó y lo vio caer, hasta que el hombre se levantó y cuando giró sobre sus talones vio al ambarino con los muños cerrados.
― ¿Qué piensas hacer? – Dijo el hombre con una media sonrisa ― ¿Defender la reputación arruinada de tu prometida?
―No –Inuyasha negó y lo miró detenidamente― Planeo defender a una dama y cuando acabe contigo tú le vas a cumplir.
― ¿Bromeas?― soltó una pequeña risa ― ¿Quién se casaría con una zorra como esa? – Miró hacia el interior de los establos donde aún estaba su amante, después regresó la mirada a Inuyasha – Oh, lo olvidé, pero si es tu prometida.
―Infeliz.
Inuyasha le propinó un golpe en la mandíbula a lo que el hombre se llevó las manos hacía ella y descubrió sangre.
―Lo pagaras caro marqués.
Lady Andrews buscó desesperadamente su camisón y en cuanto lo encontró se lo puso y salió del establo sólo para ver como aquellos hombres se abatían a golpes.
Con sus manos, Inuyasha lo sostenía del cuello, impidiéndole al hombre respirar mucho mejor.
―No sé por qué te empeñas en defender a una dama que ya no es virgen.
―Basta.
Oyeron gritar a la dama en cuestión pero ninguno le hizo caso. En ese momento, el hombre misterioso aprovecho la distracción del ojidorado para golpearlo en el hombro, una vez que lo dobló de dolor lo empujó contra una fuente, pero Inuyasha alcanzó a agarrarlo de la camisa y ambos terminaron en la fuente.
― ¿Qué está pasando aquí?
Lady Andrews se paralizó de pies a cabeza al escuchar la voz de su padre tras de ella. Ambos salieron a la superficie a tomar un poco de aire, pero cuando estuvieron a punto de reanudar su pelea, encontraron a los duques Andrews mirándolos a ambos.
―Hija! – Exclamó su madre ― ¿Qué haces en camisón, a la vista de tu prometido y ese hombre?
―Ustedes dos, a mi despacho – el duque señaló a Inuyasha y al hombre que salían de la fuente.
En cuanto los tres estuvieron en el despacho, ambos hombres se miraban serios uno al otro ninguno de los estaba dispuesto hablar.
No había tiempo para mencionar el regreso de Lord Taisho y como le había hecho para liberarse de sus secuestradores y si Lady Kagome estaba bien. Lo que realmente mantenía furioso al duque era el hecho de que dos hombres estaban en su casa y discutiendo y lo que era aún peor su hija estaba en camisón delante de ellos.
― ¿Y bien? – Preguntó el duque, tomando asiento y mirando a los dos hombres ― ¿Qué tienen que decir en su defensa? Por qué usted… – señalo a Inuyasha – Estaba peleando con Lord Allen y sobre todo ¿Qué hacían en mi casa a esta hora de la noche?
―Señor, he de anunciar que…
―El compromiso de su hija conmigo queda cancelado – pero Inuyasha lo interrumpió, y miró al duque Andrews – O le dices tú – miró a Lord Allen – O prefieres que lo diga yo.
― ¿Qué es lo que me tienen que decir? – el duque arqueó una ceja confundido.
―Lord Andrews…yo…
―Esto es inaceptable.
Se escuchó la voz de la duquesa por detrás de Inuyasha y Lord Allen, en cuanto entró, avanzó hacia ambos hombres que habían girado sobre sus talones para verla, Lady Andrews frunció el cejo y le propino una bofetada a Lord Allen.
―Usted se hará responsable de todo esto – la mujer lo señaló con un dedo – Debe de reparar la reputación de mi hija.
― ¿Qué pasa mujer? – preguntó el duque alarmado, levantándose de su asiento.
―Algo terrible, éste hombre – volvió a señalar al Vizconde – Se ha aprovechado de la inocencia de nuestra hija.
― ¿Inocencia? – El Vizconde Allen arqueó una ceja – Le aseguro milady, que otros han navegado esas aguas antes que yo.
Aunque Lady Vanessa hubiese violado algunas reglas y dañado su reputación, era una dama, una dama que merecía respeto y ese hombre no la estaba respetando.
― ¿Me puede explicar qué significa eso?
El duque avanzó a paso lento hacia el Vizconde e Inuyasha.
―Lord Andrews…― dijo apenado Lord Allen – Yo…― agachó la cabeza.
―No me digas nada. Conozco esa mirada – le dio un golpe en la mejilla y cuando Lord Allen se reincorporó dijo – Usted se casara con mi hija y reparara todos los daños que haya ocasionado – miró a Inuyasha – Lord Taisho, siento informarle que el compromiso entre mi hija y usted queda cancelado, así que hágame el favor de salir de mi casa, este asunto ya no le concierne a usted.
Inuyasha asintió, giró sobre sus talones y salió del despacho, cruzó por el vestíbulo y fue alcanzado por Lady Vanessa.
― ¿Se va? – preguntó con lágrimas en los ojos.
―No tengo porque quedarme. Sus padres están hablando con el Vizconde Allen.
― ¿Entonces, significa que nuestro compromiso queda cancelado?― preguntó desilusionada.
―Eso supongo – giró para tenerla en frente de ella, tomó sus manos y le depositó un beso – Le deseo que sea feliz.
― ¿No va a insistir ante mis padres para que sigan adelante con nuestro comp…
―Lo siento – la interrumpió él – Pero esta vez no haré nada. Además, debo darle las gracias a Allen por esto, si no hubiera sido por él jamás habría podido romper nuestro compromiso.
― ¿Insinúa que deseaba en el fondo de su corazón acabar con esto? – preguntó furiosa.
―Por supuesto – admitió Inuyasha con una sonrisa – Me ha dado la esperanza de luchar por la mujer que en realidad amo.
Lady Andrews se cruzó de hombros – Ya veo. Sé a quién se refiere milord. Pero le diré que ella esta prometida con Lord De la Rosa, se casara con él y se ira a vivir a España y usted se quedara sin ella y sin mí.
―En ese caso, si no la puedo tener a ella no me casaré con nadie más – le hizo una reverencia – Que tenga buena noche, milady.
Tras estas palabras, salió de la mansión de los duques y comenzó a divagar por las solitarias y oscuras calles de Londres, sus pies lo llevaron directo a uno de sus clubes y entró, en estos momentos necesitaba una copa de whisky o algo mucho más fuerte.
Eligió una mesa que estaba apartada de todo el mundo y tomó asiento en una silla, segundos después una mujer llego hacia él.
― ¿Qué vas a beber, corazón?
Su voz era melosa, tanto que le dio asco al marqués.
Él alzó la mirada y se encontró con una hermosa castaña de ojos azules.
―Un whisky y lo haré solo.
La mujer asintió de mala gana y despareció. En seguida le trajo su orden, se quedó de pie esperando la invitación de Inuyasha para tomar asiento a lado de él, pero éste en cambio sólo dijo.
―Gracias. Cuando necesite otro, te aviso.
No tenía deseos de estar con una mujer, había pasado algo, su compromiso con Lady Andrews había sido cancelado esa noche y no podía creerlo. Pero jamás se había imaginado que la mujer a la cual había nombrado como intachable, había tenido sus quereres con Lord Allen mientras que él podría aun estar entre los brazos de sus "secuestradores" sin la menor preocupación.
―Por lo que veo, tu cara me dice muchas cosas.
Alzó la mirada al escuchar esa voz tremendamente odiosa y se encontró con los ojos verdes de Lord De la Rosa.
― ¿Puedo acompañarte?
Inuyasha miró a su alrededor y las sillas que estaban desocupadas en su mesa, no hizo otra cosa más que encogerse de hombros y aceptar la compañía del Español.
―Muy bien, estoy seguro de que te diste cuenta de la clase de mujer que era Lady Andrews.
El ambarino se recargó en el respaldo de la silla y contempló el líquido ámbar de su copa.
― ¿Cómo lo sabías? – tomó la copa y le dio un trago.
Lord De la Rosa esbozó una media sonrisa – Inuyasha, la fama que prosigue a Lady Andrews es la misma que la mía, sólo que ella es mucho más discreta. ¿Acaso no lo pensaste cuando te dije que averiguaras todo sobre ella? – Lord De la rosa se encogió de hombros – Pensé que sí.
― ¿Así que tú y ella…
―Si – asintió él ―Pero no es de caballeros hablar de una dama – sugirió Lord De la Rosa – Ahora ¿Me supongo que has terminado tu compromiso con ella? – Preguntó e Inuyasha asintió – Bien, el siguiente paso es terminar el compromiso de Kagome conmigo.
―¿Cómo lo harás? – le preguntó Inuyasha.
―Yo no lo haré – negó y esbozó una media sonrisa – Lo harás tú. Escucha con atención lo que vas hacer de ahora en adelante. Persuadirás a mi prometida de que no se case conmigo porque soy mala influencia para ella, que tengo mala reputación, inventa lo que sea de mi― Puedes robarle besos, pero ten cuidado de que yo no te vea porque te retaré a duelo.
―Aún sigo sin entender por qué estas tratando de ayudarme.
―Por qué sé que estás enamorado de ella y ella de ti. Además, ya te lo he dicho, tu prima me atrae mucho.
―Eso me recuerda a algo― se puso serio de repente―¿Qué ha habido entre ella y tú?
―Nada – Lord De la Rosa negó con la cabeza y bebió un trago de su copa – Lady Kikyo es una de las mujeres más fascinantes que he conocido en mi vida, posee carisma, emoción, un carácter fuerte.
―Y desesperante.
―Demasiado – Coincidió él. Hizo una pausa y regresó al tema de Kagome ― ¿Qué es lo que en realidad sientes por Lady Higurashi?
― Ella es la mujer con el corazón más puro y sé del que ella se enamore le será fiel. ― Su mirada era seria, pasaba de su copa a la de Lord De la Rosa – Ahora, respondiendo a tu pregunta que es lo que en realidad siento. Si, la amo, la amo que por eso inventé lo del secuestro para estar con ella. Para confesarle lo que realmente siento, pero mi moralidad jugó conmigo y me hizo ver que no era lo correcto. Que ambos estábamos prometidos a dos personas distintas.
―Pero tú ya no.
―Pero ella contigo sí.
―En ese caso tendrás que hacer lo que te acabo de decir ¿De acuerdo? – comentó e Inuyasha asintió – Bien. ¿Y cómo llevaras acabo tu conquista?
―Después te lo digo…
Al día siguiente la tía Kaede se encontraba desayunando con su sobrina Kikyo, Koga se había levantado temprano y se había ido a montar con Lady Ayame a Haydee Park. Estaba leyendo el periódico justo en la sección de cotilleos, no era que le interesaba estar enterada de los chismes de la sociedad Londinense.
Hasta que al darle vuelta a la página, leyó el título y esto hace que por poco escupa el café, comenzó a toser y Kikyo se sobresaltó al escucharla.
―¿Está bien, tía?
―Escucha esto querida ― su rostro comenzó a brillas y la sonrisa que había desaparecido antes, volvió a surgir con más alegría – "Las familias Andrews―Allen se enorgullecen en informarles sobre la unión de Lady Andrews con el Vizconde Luis Allen"
―¿No se supone que ella es prometida de Inuyasha? – preguntó sorprendida Kikyo.
―Si – asintió su tía confundida – Tenemos que preguntarle a Inuyasha.
―¿Qué es lo que me tienen que preguntar?
La voz de Inuyasha se escuchó en el comedor y la tía Kaede giró la cabeza para encontrarse con la mirada de su sobrino. Era la primera vez que lo veía tan guapo y sonriente en las mañanas.
Se acercó a ella y le dio un beso en la cabeza antes de que la anciana pudiera bombardearlo con preguntas, después saludó a su prima y tomó asiento en la silla principal.
―Muy bien – dijo él, mirando el periódico que su tía tenía en manos, era evidente que sabía la noticia y que todo Londres se estaba enterando ― ¿Qué me tienes que preguntar? – pero aun así, dejó que ella le preguntara.
―¿Es verdad que Lady Andrews se casa con el Vizconde Allen?
―Si – asintió él, tomando un panecillo que estaba en una charola, le untó mermelada de durazno y se lo llevó a la boca.
―¿Cómo pasó y cuándo? – volvió a preguntar su tía.
―Ayer, el duque Andrews me informó que el Vizconde le había pedido la mano de su hija y que ambos estaban enamorados. Así que no tuve más remedio que hacerme a un lado. Tía no trates de comprenderlo, simplemente acéptalo – Y para cambiar de tema sugirió algo que a su tía le iba a encantar –Ahora he estado pensando – vaciló un poco ante la mirada de su tía ― ¿Te gustaría retomar la obra para la beneficencia que tenías pensado?
Al oírlo, la tía Kaede pegó un saltó y fue abrazar y darle un beso a su sobrino.
―Claro hijo – asintió feliz – Debo hacer planes – dijo de repente, se llevó las manos a la cabeza – Tengo que preparar el guion, después hacerle una visita a Lady Kagome, ella es mi Julieta…
Y así desapareció del comedor con muchos pendientes en la cabeza que le surgieron de la nada, todo gracias a su sobrino.
La tía Kaede le había insistido a Inuyasha de que la acompañara a la mansión Higurashi. En gran parte no quería ir, ya que estaba seguro que el conde lo interrogaría sobre la huida, pero por otro lado deseaba ver ese hermoso rostro.
Una vez delante de la entrada principal, la anciana llamó a la puerta y los recibió el mayordomo.
―Buen día Parker – saludó la anciana con una sonrisa ― ¿Se encuentra Lady Kagome?
En ese instante iba bajando la tía Marian de las escaleras y al ver a las visitas se acercó a saludar.
―Querida, usted siempre tan encantadora – comentó la anciana saludando de beso ― ¿Se encuentra su sobrina en casa?
―Si – asintió – Esta en el cuarto de pintura. Si me permite iré a buscarla.
―No hace falta – negó la anciana – Tengo tantos deseos de hablar con usted – Inuyasha sabía a la perfección que ella mentía – ¿En ese caso le puedo sugerir que mi sobrino vaya en su búsqueda?
La tía Marian dudó algunos segundos, pero después asintió.
―Claro – dijo con una sonrisa – Todo derecho, tercera puerta a la izquierda – señaló el cuarto de pintura.
―Bien querida –Lady Kaede la tomó del brazo y la condujo a la sala de estar – Usted y yo tenemos mucho de qué hablar. Cuénteme ¿Cómo está su esposo?
Kagome tenía la mente en blanco, apenas había logrado pintar lo que comenzaba a ser un florero, no tenía mente para eso en estos momentos. Contempló desde la ventana el hermoso paisaje verde que se alzaba ante ella. Vio a dos ardillas correr, una perseguía a la otra y Kagome esbozó una sonrisa al verlas. Más allá de su paisaje un pájaro estaba arriba de un árbol cantando alegremente.
¿Y aun así no se podía concentrar?
Sostuvo el pincel con la punta de la nariz y el labio superior, mientras contemplaba el paisaje, o se fijaba en algún punto para continuar dibujando.
Inuyasha entró a la habitación que había sido adaptada como cuarto de pintura. Las paredes eras blancas, con cuatro ventanales que dejaban entrar a la perfección los rayos del sol. Y ahí, en una esquina estaba la única mujer que era causante de que su corazón latiera al mil.
Ella estaba mirando hacia la ventana, le daba la espalda, así que se acercó lentamente hacia ella.
Se detuvo justo a centímetros de su oreja, se inclinó y le susurró suavemente.
―¿Buscando un punto de inspiración?
Kagome abrió aún más los ojos, se sobresaltó al escuchar esa voz ronca, soltó el pincel, lo que provocó que se manchara la cara con pintura verde, giró sobre su asiento y se encontró con los ojos dorados de Inuyasha, quien la miraba intensamente. Estaba a centímetros de ella.
―Lord Taisho.
―Veo que no esperaba mi visita – comentó, mientras sacaba un pañuelo y le retiraba la pintura de su hermoso rostro― Así está bien, mucho mejor – esbozó una sonrisa ― ¿Qué pintaba? – preguntó mientras observaba el cuadro en blanco ―
―Estaba pintando…― observó el cuadro – La verdad es que aún no comenzaba a pintar― explicó ella.
¿Por qué se ponía tan nerviosa al tenerlo tan cerca de ella? Había pasado dos días desde su último encuentro en dónde le había confesado su amor y sin embargo estaba más atractivo que nunca.
Tenía deseos de preguntarle si era verdad que el compromiso entre él y Vanessa estaba cancelado.
―¿Qué está haciendo aquí? – preguntó.
Kagome intentó bajarse del banquito en donde estaba sentada, pero Inuyasha la sostuvo delicadamente de los mulos impidiéndole que bajara.
Esto indignó mucho a la joven.
―Déjeme bajar. No es correcto que los dos estemos solos aquí.
―No pienso dejar que se vaya – él negó con una media sonrisa –Además su tía me indicó donde encontrarla. Así que ella sabe que ambos estamos aquí, solos.
Esos cambios la descontrolaban mucho, por un lado podía ser un arrogante Lord, por el otro el más tierno de los caballeros pero sobre todo esa faceta de seductor nunca la había conocido, hasta ahora.
―¿Qué es lo que quiere? – preguntó seria.
―Hablar con usted – respondió de la misma forma.
―Se equivoca, usted y yo no tenemos nada que decirnos así que hágame el favor de irse de aquí.
Él se irguió y se cruzó de brazos.
―No pienso hacerlo.
―Correcto, en ese caso lo haré yo.
Aprovechando que él estaba en esa posición de brazos, se puso de pie y cuando pasó a lado de Inuyasha éste la tomó del brazo y la capturó contra su cuerpo.
El corazón de Kagome era una bomba de tiempo, sentía su fresco aliento en su cara, sus brazos fuertes rodeando su delgado cuerpo y esos labios carnosos que amenazaban con besarla.
―Milord…― dijo nerviosa y casi sin aliento – Suélteme.
―¿Qué hay si no quiero? – preguntó y sus manos acariciaron las mejillas de la joven.
―Alguien podría venir y nos vera en esta situación comprometedora.
―¿Le preocupa? – volvió a preguntar y esta vez con una sonrisa, y ahora los dedos de sus manos se enredaban en los rizos de su cabello.
―¿Qué es lo que quiere de mí? – preguntó con un hilo de voz.
―Ahora, lo que más deseo y me estoy volviendo loco como no tienes idea es besarte.
―No…
―Si…
Y sin previo aviso capturó sus labios haciéndolos presos de los suyos. Al principio ella no quería ceder, pero poco a poco fue perdiendo la guerra que había en su interior y se derritió en los brazos de Inuyasha. Entrelazó sus brazos alrededor de su cuello y el beso se intensifico más, él la tomó entre sus brazos y Kagome enredó sus piernas alrededor de su cintura y él la poyó en la pared.
Inuyasha finalizó en beso y fue dejando ligeros besos en la curva del cuello de Kagome.
Lady Kaede y Lady Marian estaban en la sala de estar tomando el té.
―¿Y los condes, querida? – preguntó la anciana mientras agregaba dos terrones de azúcar a su té.
―Mi cuñada insistió en acompañar a mi hermano con el sastre. Quiere que le confinen en el mejor esmoquin para la boda de mi sobrina.
―¿Su marido vendrá a la boda?
―Por supuesto. Richard no se perdería por nada la boda de su única sobrina – respondió con una gran sonrisa.
Ambas de repente se quedaron serias, Lady Marian tenía deseos de preguntarle sobre la ruptura del compromiso de su sobrino con Lady Vanessa.
―Me supongo que ya está enterada que ha quedado cancelado compromiso de mi sobrino con Lady Andrews.
―Algo había escuchado a mi hermano comentar al respecto – dijo Lady Marian, dándole un pequeño sorbo a su té― ¿Cómo lo ha tomado su sobrino?
―Bien – asintió ella, dejó la tasa sobre la mesita y se puso seria de repente, mirando a Lady Marian― Querida, seamos sinceras por un momento. Debo admitirle que estoy feliz de que ese compromiso no deseado se haya cancelado. Pero ambas sabemos que nuestros sobrinos están enamorados y que son el uno para el otro.
―Lady Kaede – dijo ella, dejando la tasa en la mesa – Aun si mi sobrina está enamorada de Inuyasha, es tarde, ella está comprometida con Lord De la Rosa.
―Pero aun no esta casa. Si ambas logramos unirlos más, estoy segura que tendremos una gran unión.
―Me encantaría poder ayudarle. Pero Kagome no es mi hija, es mi sobrina.
―Pero aun así, ella le escucha mucho. Podría convencerla de que Inuyasha es una mejor opción, estoy segura que al conde le agradaría esa idea – la tomó de las manos – Piénselo querida ¿No le gustaría ver a su sobrina unida en matrimonio con el hombre que siempre ha amado?
– ¿Y cómo sabe que mi sobrina está enamorada de…
Lady Kaede le guiñó un ojo – Soy anciana y se muchas cosas ¿Qué dice? ¿Ayudara a persuadir a su sobrina de que mi sobrio Inuyasha también es buena elección?
La tía Marian vaciló un poco y después de pensarlo, miró a la anciana y esbozó una sonrisa.
―De acuerdo – asintió – Pero espero que todo salga bien.
―Ya vera que sí, querida.
La miró a los ojos, ya no había porque seguir ocultando sus sentimientos, debía decirle de una vez lo que realmente sentía hacía ella.
―Kagome te…
Pero Kagome le soltó una bofetada, al instante la soltó y se llevó las manos a la mejilla.
―Recuerde que estoy comprometida milord. Ahora, hágame el favor de irse.
―¿Lo amas tanto como para casarte con él?
―¿Perdón?
Ella sabía a quién se refería con esa pregunta.
―Si – asintió él ― ¿Estas dispuesta a pasar el resto de tu vida con un hombre que no amas e irte lejos de Londres y de tu familia?
―Ya estuve un tiempo fuera de Londres y mi familia – respondió ella, apartándose un poco de él y alisándose la falda de su vestido – Hoy en día en el matrimonio no incluye la palabra "amor" es más bien un contrato de conveniencia, con el tiempo le tomaré cariño a Lord De la Rosa ya que es un buen hombre.
―Le tomaras cariño – dijo mientras se acercaba a ella. Kagome dio un paso hacia atrás por instinto – Pero no llegaras a amarlo.
―¿Quién dice que se necesita amar para casarse?
Inuyasha frunció el cejo, esta mujer era más desesperante que su prima Kikyo como bien lo había dicho Antonio. Había estado así de segundo de confesarle su amor y ella había reaccionado de mala manera.
¿Había sido muy tarde? ¿Había perdido su amor?
Sin previo aviso y volvió a tomar de la cintura y la atrajo hacia él, la miró serio, seductor y con ojos de enamorado que ella no sabía distinguir bien.
―Lo digo yo – dijo en tono dominante – Porque me amas y porque te amo.
"Te amo"
Esas palabras la golpearon fuerte e hicieron estragos en su mente y corazón.
¿Había escuchado bien?
Él había dicho que la amaba, mientras la miraba detenidamente a los ojos y la atraía más hacía él.
―Te amo y no dejaré que cometas una locura―
Y dicho esto volvió a besarla sólo que esta vez ella respondió al primer contacto. Una lágrima había resbalado por su mejilla, no era de tristeza sino de felicidad.
Pero cuando ella estaba a punto de decir algo, alguien llamó a la puerta y se separaron al instante. Era la tía Marian, quien entraba con una gran sonrisa.
―Estaremos en el jardín tomando el té – esbozó una sonrisa de complicidad – Por si quieren unirse a nosotras.
La tía Marian volvió a dejarlos solos y estaba vez volvió a reinar el silencio.
―Le voy a pedir milord que no vuelva a besarme – dijo ella.
―¿Acaso no me darás una respuesta a mis sentimientos?
―Su declaración de amor llega tarde – lo miró seria – Me casaré con Lord De la Rosa y yo y ni él vamos a romper el compromiso.
Cuando ella pasó a un lado de él, éste la tomó del brazo y le susurró al odio.
―En ese caso, te sugiero que estés preparada amor. Porque no voy a dar mi brazo a torcer.
