Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 27: La Batalla de Hogwarts
Había empezado.
Y no importaba que Scorpius hubiese sabido desde hacía tiempo que era inevitable que Voldemort y sus Mortífagos invadiesen Hogwarts. Se encontraba increíblemente preparado para el ataque. Estaba temblando de miedo y adrenalina mientras lanzaba hechizos a diestro y siniestro, escabulléndose desesperadamente para salvarse. A decir verdad, sabía que estaba vivo por la Poción Vigorizante que había bebido, a la que había añadido unas gotas de Felix Felicis.
Los Mortífagos finalmente habían atravesado el escudo casi impenetrable que los poderosos magos habían levantado. Los gritos y los estruendos eran ensordecedores mientras Scorpius gritaba un rápido "Desmaius" a un Mortífago enmascarado. Estiró su cuello, tratando de ver si podía localizar a Hermione o a cualquiera del núcleo del ED. El pasillo del segundo piso estaba lleno de polvo, escombros y destellos de colores causados por diversos hechizos. Sus compañeros de clase intentaban protegerse, pero, lamentablemente, no encontró a nadie del núcleo del ED.
«Por favor, estad a salvo. Por favor, estad a salvo» rogó Scorpius, mientras ayudaba distraídamente a una Ravenclaw que había caído al suelo y lanzaba un hechizo al Mortífago que había causado la caída. La reconoció como Cho Chang y ella le agradeció su ayuda. Pero sus ojos se abrieron mientras le apuntaba con la varita, preparada para lanzarle un hechizo.
—Estoy en vuestro bando —le aseguró, hechizando a otro Mortífago—. ¿Lo ves?
Ella parecía confundida pero lentamente asintió con la cabeza. Luego se escapó, en busca de otro Mortífago al que hacer daño.
El aire comenzaba a espesarse con el olor de la sangre y la carne quemada. Los cuerpos caían como moscas, pero Scorpius no quería detenerse a mirar, ya que temía ver las caras familiares de las personas que lo habían querido durante ese período de tiempo.
—No puedo creer que hayas tenido el descaro de traicionarnos, Malfoy.
Scorpius se puso rígido y se dio la vuelta lentamente. Vincent Crabbe estaba de pie frente a él, con una mirada asesina en el rostro. Su varita estaba lista para matarlo y Scorpius se vio obligado a levantar su propia varita para defenderse de cualquier hechizo que pudiese lanzarle.
—Crabbe —dijo lentamente—, no tienes por qué hacer esto. Puedes… puedes venir con nosotros, al lado bueno.
El corpulento Slytherin frunció el ceño y gritó un hechizo particularmente oscuro. Scorpius inmediatamente produjo un escudo sólido, lo que provocó que el hechizo de Crabbe rebotara y lo golpeara directamente en el pecho. Gritó cuando el hechizo violeta le dejó una marca de quemazón oscura, cayendo al suelo por el impacto.
»Lo siento mucho —susurró Scorpius mientras se alejaba de él sin comprobar si el Slytherin seguía vivo.
Serpenteó a ciegas a través del alboroto, esquivando, defendiendo y luchando. La clase de duelo a la que había asistido antaño palidecía en comparación a cómo se estaba desarrollando todo en ese momento. Siempre había un profesor que se interponía entre dos oponentes si las cosas empezaban a ponerse feas. Sin embargo, ahora no había nadie que lo ayudase si las cosas empeoraban.
Tragando la bilis que seguramente haría acto de presencia en poco tiempo, Scorpius deseó que su mente se centrase en mantenerse vivo. También deseó fervientemente que sin importar los cambios que pudiesen darse durante la batalla en esa línea temporal, el Lado de la Luz ganase.
Un repentino grito llegó a sus oídos desde el otro lado del pasillo y sin pensar, Scorpius se acercó corriendo para ver quién era. Para su horror, Astoria estaba lanzando hechizos a un maníaco Yaxley. Por un momento, el Slytherin permaneció quieto con la boca abierta mientras observaba a su joven madre tratando de luchar por su vida. Recordó que Astoria le había dicho que no estuvo presente durante la Batalla de Hogwarts porque se había puesto enferma. Por eso había vuelto a su casa cuando comenzó la batalla y lamentaba con todas sus fuerzas no haber podido luchar junto a los que quería que ganasen.
«¿En qué bando habrías luchado, mamá?» preguntó el Scorpius de diez años. Astoria simplemente le sonrió de forma misteriosa e indulgente y él siempre quería volvérselo a preguntar cada vez que leía algo sobre la Batalla de Hogwarts. Sin embargo, tenía la sospecha de que Astoria habría luchado por el Lado de la Luz.
Al ver a Astoria pelear valientemente, Scorpius pensó que, después de todo, su sospecha era cierta.
Abrió los ojos cuando un hechizo golpeó a Astoria directamente en el abdomen.
»¡MAMÁ! —gritó sin pensarlo, corriendo hacia ella para ver la gravedad de sus heridas. La sangre goteaba de sus labios y tenía una herida enorme y fea en el vientre—. Oh, Merlín, mamá.
Gruñendo, hizo volar a Yaxley y quedó satisfecho con el repugnante crujido que escuchó.
Scorpius se arrodilló e intentó detener el sangrado, ahogando un sollozo cuando ninguno de sus hechizos de curación pareció ayudar a su madre.
De repente, una mano suave le tocó el hombro, por lo que miró hacia arriba. A través de sus lágrimas, pudo ver a Madame Pomfrey.
—Deja que me encargue de ella —le dijo. Scorpius asintió y se hizo a un lado, observando cómo la medimaga murmuraba un hechizo de curación tras otro—. Ha sido gravemente herida —informó—. Pero no está en peligro mortal —Madame Pomfrey se puso de pie y levitó a Astoria, tal vez para llevarla a una improvisada Enfermería para atender a los heridos—. Salga y pelee, señor Malfoy.
Tuvo la tentación de seguirla para asegurarse de que su madre estuviera bien. Pero cuando un hechizo púrpura pasó volando por su oreja, suspiró, se secó las lágrimas que quedaban en su rostro y se dio la vuelta. Scorpius sabía que Astoria estaría en buenas manos. Además, Madame Pomfrey le había dicho que no estaba en peligro mortal.
—¡Reducto! —exclamó, pillando por sorpresa al Mortífago.
Scorpius sabía que era más necesitado en la pelea. Astoria le tiraría de la oreja durante años si descubriese que la había elegido por encima de la seguridad de los demás. Ella era así.
Se encontró perdido en el mar de batalla en los terrenos de Hogwarts. La maravillosa vegetación que solía tener, que invitaba a los estudiantes a salir y jugar (o estudiar) estaba ahora enrojecida y quemada más allá del reconocimiento. Los cuerpos se acumulaban por doquier y Scorpius se negó a reconocer que algunos de ellos eran rostros familiares de sus compañeros de clase.
Scorpius se estaba acercando cada vez más al Gran Comedor. Tenía una herida particularmente grande en su brazo derecho, por lo que empezó a ser demasiado doloroso para él ponerse a gritar hechizos que requerían movimientos de varita. Si pudiese encontrar a Madame Pomfrey para que lo curase rápidamente, podría volver a pelear una vez más.
—¡CUIDADO!
Lo siguiente que supo fue que estaba tirado en el fangoso suelo y había aterrizado sobre su brazo herido. Se propagó un dolor cegador sintió que miles de estrellitas explotaban tras sus ojos. La conciencia amenazó con escabullirse, pero la persona que lo había empujado estaba intentando ponerlo de pie, aunque no lo consiguió.
»¡Joder, Scorpius, levántate!
Reconoció la voz de Hermione casi de inmediato y eso pareció devolverle al presente. Sacudió la cabeza y frunció el ceño ligeramente.
—No habría estado mal una pequeña advertencia, Granger —gruñó ayudando a Hermione mientras volvía a tirar de él.
—Te he avisado —espetó, moviendo distraídamente su varita para detener la hemorragia de su frente.
Scorpius estaba a punto de responder, pero sus ojos captaron al Mortífago que le habría herido si no hubiese sido por la desagradable intervención de Hermione.
—Sectumsempra —gritó con enfado.
El Mortífago fue derribado mientras múltiples cortes aparecían en su pecho. Al mismo tiempo, Scorpius siseó y miró su brazo herido. Creía poder jurar que estaba roto.
—Quédate quieto —dijo Hermione, extendiendo la mano para acunar suavemente su brazo lesionado. Antes de que él pudiera preguntarle qué iba a hacer, ella murmuró un suave—: Brackium Emendo.
—Santa Madre de… —el dolor era insoportable y Scorpius tuvo que apretar los ojos mientras escuchaba cómo sus huesos volvían al sitio.
—Lo siento —dijo Hermione, poniéndose de puntillas para besar su barbilla.
Le llevó un minuto entero recuperarse del dolor, pero su brazo ya estaba felizmente arreglado. Apretó a Hermione en un rápido abrazo antes de blandir su varita una vez más, lanzando más hechizos ofensivos a sus enemigos.
Le alivió enormemente saber que Hermione estaba luchando a su lado. Se encontró a sí mismo observándola con asombro. Era la Chica de Oro en acción. Los libros de historia no bromeaban cuando la consideraban la bruja más brillante de su edad. Unos hechizos desconocidos para él salieron de sus labios junto con complicados movimientos de varita. Scorpius estaba seguro de una cosa: no quería estar en el extremo receptor de la varita de Hermione Granger.
»En nombre de Merlín, ¿qué estás mirando? —gritó Hermione, empujándolo a un lado y levantando un escudo poderoso.
—Lo siento —chilló Scorpius, reconociendo el hechizo oscuro que casi lo había golpeado.
Esperaba más reprimendas por parte de Hermione, pero al ver que ninguna llegaba, miró hacia abajo y la vio mirando enfadada a la persona que tenía enfrente. Ella estaba frente a él, con el brazo izquierdo extendido, protegiéndolo.
—Scorpius.
Se puso rígido. Antes de que pudiera siquiera mirar a la persona que lo llamaba, ya sabía quién era. Mientras levantaba la mirada, pudo observar a un demacrado y desaliñado Lucius Malfoy.
A diferencia de su abuela Cissy, a quien había tenido el placer de conocer durante su niñez, Lucius Malfoy ya había muerto cuando él nació. El único recuerdo que tenía de su abuelo eran los retratos en la Mansión Malfoy, pero apenas los visitaba.
»¿Qué estás haciendo? —inquirió Lucius con brusquedad, frunciendo el ceño al ver a Hermione de pie frente a él—. Ven aquí.
Hermione vaciló un poco y Scorpius pudo sentir su nerviosismo. Sonriendo levemente, le puso una mano en el hombro para tranquilizarla. Luego, se dirigió a Lucius:
—Nunca he estado en tu bando.
La furia apareció de inmediato en su rostro. Un hechizo oscuro escapó de sus labios y, si no hubiese sido por el movimiento de varita rápido y estelar de Hermione, se habrían desintegrado. Lucius fue tirado al suelo y ya no se volvió a levantar.
Scorpius se acercó, pero Hermione sostuvo su brazo para que se detuviese.
»No te preocupes, no lo mataré —bromeó ligeramente, pero Hermione no estaba divertida—. Hermione —comenzó con un suspiro—, tengo que hacer esto.
Hermione vaciló y asintió lentamente con la cabeza, siguiéndolo de cerca hasta que llegaron al caído Lucius Malfoy.
El hombre apenas estaba consciente y cuando sus ojos enfocaron el rostro de Scorpius, había desconcierto en su mirada.
—¿Por qué? —fue su mera pregunta.
Scorpius se agachó y gruñó.
—Porque fue tu culpa que mi padre pasase por toda esta puta miseria, bastardo —le espetó. Lucius estaba confundido con sus palabras y Scorpius no le dio la satisfacción de hacer otra pregunta. En su lugar, apuntó la varita a su cara y pronunció—: Desmaius —el hechizo dejó a Lucius inconsciente y le dio a Scorpius una sensación de triunfo—. Eso es por mi padre, bastardo.
Las manos de Hermione se cerraron sobre su brazo, tirando de él.
—Vamos —dijo ella con suavidad.
Scorpius no se dio cuenta de que estaba respirando pesadamente. Se percató de lo mucho que le había sacudido esa confrontación. La mano de Hermione viajó hacia abajo para sostener su mano temblorosa y se mantuvo firme hasta que cesó el temblor.
»Vamos —repitió, esta vez de manera más fuerte y finalmente pudo apartar a Scorpius de su abuelo inconsciente.
—Eso ha sido maravilloso —confesó sin aliento, sus ojos se nublaron con lágrimas de alivio. Dio las gracias a Merlín y a todos los que pudiesen escucharlo de que su padre nunca tuviese que encontrarse con el jodido Lucius Malfoy.
Continuaron luchando sin descanso y Scorpius se aseguró de no perder de vista a Hermione. Aún no habían visto a los otros miembros del núcleo del ED y Scorpius rezó en silencio para que aún estuvieran vivos.
—Harry Potter, ahora te hablo directamente a ti.
Scorpius y Hermione se detuvieron de repente, con los ojos abiertos al reconocer la voz de Voldemort, que había sido magnificada mágicamente.
»Has permitido que tus amigos mueran por tu causa en vez de enfrentarte a mí. Te espero en una hora en el Bosque Prohibido.
—El Armisticio de una hora —susurró Scorpius, reconociendo el discurso.
Hermione lo miró con curiosidad, esperando una explicación, pero el discurso de Voldemort continuó.
—Si cuando finalice esa hora no has venido a mí, si no te has rendido, la Batalla continuará.
Los ojos de Hermione se abrieron mientras unas lágrimas se formaban en sus ojos.
—Un momento —gritó temblorosa—, ahora es cuando…
—Sí —respondió Scorpius antes de que Hermione pudiese acabar—. Potter debe morir.
—Esta vez, yo mismo entraré en la lucha, Harry Potter, y te encontraré. Y castigaré a todo aquel hombre, mujer o niño que intente protegerte de mí. Una hora.
Un silencio ensordecedor siguió la advertencia de Voldemort. Todos los Mortífagos detuvieron su lucha y retrocedieron lentamente hacia el Bosque Prohibido mientras las fuerzas de la Luz les observaban. Aunque la Batalla había cesado momentáneamente, sentían un gran peso en sus corazones mientras miraban cautelosamente a su alrededor, buscando a su Elegido.
—Debemos encontrar a Harry —urgió Hermione, cogiéndole del brazo.
Scorpius asintió mecánicamente, permitiendo que Hermione le guiase entre el caos.
Encontraron a Harry en el Gran Comedor, ayudando a Madame Pomfrey a atender a los heridos. Scorpius no pudo evitar soltar un suspiro de alivio al ver que todos los miembros del núcleo del ED seguían vivos. Weasley tenía un corte desagradable en la frente y Lovegood estaba más pálida que antes. Aparte de eso, parecían estar bien.
—¡Malfoy! —exclamó Ginny.
Esto llamó la atención de los otros miembros del núcleo del ED y todos, incluido Harry, corrieron hacia Hermione y Scorpius. Hermione fue inmediatamente aplastada en un fuerte abrazo por sus mejores amigos, lo que llevó a la Chica de Oro a reír suavemente entre lágrimas.
—El último horrocrux —dijo Harry en cuanto se alejó de Hermione—. ¿Cuál es, Malfoy? Ya hemos visto a la serpiente y Neville tiene el Sombrero Seleccionador en sus manos. Necesitamos destruir el último horrocrux antes de que me enfrente a Voldemort en el Bosque Prohibido.
Scorpius miró a Hermione y al instante se sintió terrible. Lentamente, volvió su mirada hacia Harry, preparándose para lo inevitable.
»El horrocrux, Malfoy —repitió Harry, esta vez frunciendo el ceño y preocupándose por la repentina seriedad que Scorpius tenía en su rostro.
Detrás de Harry, Ginny jadeó y comenzó a llorar.
—No, no —gritó—. No, no puede ser cierto.
Ron parecía completamente confundido mientras sus ojos pasaban de su histérica hermana al aún silencioso Slytherin.
—El horrocrux —repitió Harry, su rostro palideciendo lentamente.
Al mirar sus ojos color esmeralda, Scorpius supo que ya lo había descubierto.
—Creo que ya lo sabes —respondió Scorpius finalmente con voz suave y vacilante. Era una maravilla que pudiesen escucharlo en medio del caos en el Gran Comedor.
Entonces, todo el color abandonó la cara de Harry mientras levantaba temblorosamente su mano para presionar sus dedos contra su cicatriz.
—Quiero... Quiero escucharlo de ti, Malfoy —intervino Harry, su voz tornándose temblorosa mientras sentía un horror inimaginable.
—Eres tú —soltó Scorpius—. Tú eres el último horrocrux, Harry Potter.
Tanto Ron como Neville se quedaron boquiabiertos ante la revelación de Scorpius. Ginny lloró y escondió completamente su rostro detrás de sus manos. Luna era la única que no parecía sorprendida, pero estaba demasiado seria, algo inusual en ella.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó Harry tras un momento de silencio que pareció una eternidad.
—Porque no sabía cómo decírtelo —explicó.
Scorpius se sintió terriblemente cansado. Sin embargo, mantuvo la mirada de Harry.
—Pero... eso significa... —la cara de Ron imitó la palidez del rostro de Harry. Sus pecas resaltaron más sobre su nariz—. No.
—Para que un horrocrux sea destruido, el objeto que lo contiene también debe destruirse —murmuró Scorpius.
Ginny apartó a Harry y se acercó a Scorpius con un gran enfado.
—¿Cómo has podido callarte algo así? —gritó, apretando un dedo contra su pecho.
A pesar del horrible dolor que sentía en el pecho, Scorpius le permitió que lo hiciese, ya que sabía que ella estaba enormemente herida por lo que iba a suceder.
—Ginny —dijo Harry, poniendo una mano sobre su hombro.
La pelirroja empujó ligeramente a Scorpius y enterró su cuello contra el pecho de Harry. Sus manos inmediatamente se deslizaron por su cintura y la apretaron con fuerza. También había lágrimas en los ojos de Harry y, por mucho que le doliese, Scorpius sabía que no podía contarles toda la verdad. Era crucial que Harry se sacrificase voluntariamente para destruir el horrocrux y salvar su vida. Era terrible ocultar algo así, pero Scorpius sabía que era la única manera.
»Pero dijiste… —comenzó Harry—. Dijiste que eras el mejor amigo de mi hijo. Dijiste que tendré tres hijos maravillosos, que jugarán a Quidditch como sus padres.
La mano de Scorpius temblaba. Quería tranquilizar desesperadamente a Harry. Quería decirle que eso sucedería, que todos ellos nacerían, pero que debía cumplir el plan. Hermione, sin palabras, sostuvo su mano para ocultar su temblor.
—Eres el último horrocrux, Potter —dijo Scorpius con la voz quebrada—. Y sabes lo que debes hacer.
Una lágrima se deslizó por el ojo de Harry cuando sin decir palabra apartó a Ginny. Caminó hacia Scorpius, su mirada fuerte e inquebrantable, pero llena de emoción.
—¿No hay otra manera? —preguntó con una voz inquietantemente tranquila.
—Sabes que la única forma de destruir un horrocrux es a través de Fuego Maldito o veneno de basilisco.
—O Avada Kedavra —añadió Harry, haciendo que Scorpius se estremeciese.
—Lo… lo siento, Potter —dijo Scorpius, horrorizado al darse cuenta de que una lágrima había escapado de sus ojos—. Te juro que si hubiese otra manera te lo habría dicho, pero… Pero no la hay. Lo siento. Lo siento.
Para su sorpresa, Harry colocó una mano suave sobre su cabeza y le dio una palmadita juguetona. Los ojos de Scorpius se abrieron. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que las acciones propias de Albus Potter estaban siendo imitadas por su padre. Aunque eso molestaba a Scorpius, porque era mucho más alto que Al y sentía que lo estaba tratando como a un niño pequeño, era algo familiar para él, por lo que sus ojos se llenaron de más lágrimas.
—Ya has hecho suficiente, Malfoy —dijo Harry, sonriendo a través de sus lágrimas—. Esto no es tu culpa.
Un fuerte y repentino sonido proveniente del exterior del Gran Comedor resonó en toda la sala, lo que provocó que algunos se encogieran de sorpresa y alzasen sus varitas.
—Se acabó el tiempo —dijo Luna con suavidad, su voz temblorosa.
—Harry… —lloró Ginny, aferrándose a su brazo.
Harry envolvió a Ginny en otro fuerte abrazo. Tanto Hermione como Ron lo abrazaron, y su amor tácito resonó entre las demás personas en el Gran Comedor. Los ojos de Scorpius se encontraron con los de Hermione y de alguna manera se sintió aliviado de no haber dicho la verdad. Sin embargo, había miedo en sus ojos y Scorpius estaba seguro de que su expresión era la misma. A pesar de que los libros de historia aseguraban que Harry Potter viviría (maldita sea, el mero hecho de que era su mejor amigo era el hijo de Potter era una prueba suficiente), Scorpius no pudo evitar sentirse un poco aterrorizado de que tal vez las cosas no saliesen según lo planeado. Después de todo, su presencia en esa línea temporal era una anomalía. Indudablemente se podría haber dado algún cambio por su culpa.
Scorpius vio a Harry abrazar a Neville y a Luna. Cuando volvió a estar de pie frente a él, Harry sorprendentemente extendió su mano.
—Ha sido un placer conocerte, Scorpius Malfoy —dijo con firmeza—. Has sido un gran amigo.
«Amigo» repitió Scorpius en su mente. Sonrió entre lágrimas y apretó la mano de Harry, recordando la primera vez que había estrechado la mano de Al. "Vas a vivir, Potter" pensó. "Joder, tienes que vivir".
Ginny se sintió indefensa al ver que Harry se alejaba del grupo. Hermione tuvo que mantener estable a la pelirroja para que no se desplomase.
Mientras Harry salía del Gran Comedor, marchándose a su inevitable muerte, todos se quedaron quietos y lo observaron con solemnidad. Era su héroe profetizado y verlo marcharse extinguía cualquier esperanza que tuvieran en sus corazones.
Scorpius se mantuvo firme y confió en Harry con todo su corazón.
Iban a ganar. Podía sentirlo. Ahora, todo lo que tenían que hacer era esperar.
Un Hagrid angustiado llevaba el cuerpo sin vida de Harry Potter junto a Voldemort, acercándose a Hogwarts con una banda de Mortífagos triunfalmente animados por la muerte del Héroe de la Luz. A su lado, Ginny se echó a llorar una vez más y apretó fuertemente a Ron, que estaba pálido.
Unos gritos indefensos lo rodearon, pero el profesor Dumbledore, con el profesor Snape flanqueando su costado, se encontró con Voldemort en el centro, con las barbillas levantadas y las miradas endurecidas. Scorpius y Hermione se acercaron hasta que estuvieron detrás de los profesores y algunos de los supervivientes del Lado de la Luz siguieron su ejemplo. El heredero de los Malfoy miró a Dumbledore con preocupación, que parecía estar peor que nunca. Podía ver un indicio de negrura en su cuello: unas pocas horas más y la maldición alcanzaría su corazón y lo detendría.
—Harry Potter está muerto —anunció Voldemort, su voz magnificada mágicamente—. Lo mataron mientras huía, intentando salvarse a sí mismo mientras todos vosotros entregabais vuestras vidas por él.
Scorpius apretó sus manos en puños y trató de gritar que estaba equivocado, que Harry Potter era malditamente valiente, pero necesitó hacer uso de toda su fuerza de voluntad para cerrar sus labios.
»Os traemos su cuerpo como prueba de que vuestro héroe ya no está. Hemos ganado la batalla. Los Mortífagos os superan en número. No debe haber más guerra. Cualquiera que continúe resistiéndose será asesinado —una sonrisa maníaca creció en el rostro de Voldemort y Scorpius recordó todas las sesiones de tortura a las que le había sometido el maldito bastardo—. Arrodillaos ante mí y seréis salvados y perdonados. Uníos a mí en el nuevo mundo que construiremos juntos.
Nagini, que estaba envuelta alrededor del frágil hombro de Voldemort, se deslizó hasta el suelo y siseó amenazadoramente al ejército contrario. A su lado, Scorpius vio a Neville aferrándose con fuerza al Sombrero Seleccionador. El joven aterrorizado había desaparecido, dando la bienvenida a un hombre agraviado y enfadado.
»Deja al chico en el suelo —ordenó Voldemort con calma al semi-gigante, que aún sollozaba.
Hagrid se negó al principio, pero Bellatrix sacó un látigo de su varita y golpeó la pierna derecha de Hagrid, lo que le hizo llorar de dolor, viéndose obligado a colocar suavemente a Harry sobre los escombros. Los ojos de Scorpius estaban centrados en el cuerpo sin vida de Harry, esperando con esperanza que los libros de historia fuesen ciertos y que Harry Potter estuviese realmente vivo. Le lanzó una mirada a Dumbledore y a Snape, que en teoría debían estar muertos, y le rogó a Merlín que a pesar de estos cambios, la protección sacrificial de Lily todavía funcionase, salvando así a Harry de la muerte.
Entrecerró los ojos, intentando buscar signos de vida, pero Potter estaba perfectamente inmóvil. O era un actor muy bueno, o que Merlín no lo permitiese, estaba muerto de verdad.
Hermione comenzó a llorar, quizás también temiendo lo peor. Scorpius comenzó a sentirse culpable por ocultarle la verdad a Potter y a sus nuevos amigos. No se perdonaría ser la razón por la que Harry Potter había muerto, terminando inevitablemente la línea de los Potter con él.
»Harry Potter no es más que un chico que confió en otros para que se sacrificasen por él —dijo Voldemort, señalando a Harry y tratando de convencer a los supervivientes del Lado de la Luz para que se uniesen a él.
Pero Ron de repente se enfadó y avanzó. Snape tuvo que detenerlo para que se mantuviese quieto, pero no pudo callarlo.
—¡Que te jodan, maldito bastardo! —gritó con enfado, su rostro ahora se estaba convirtiendo lentamente en un tono púrpura.
Eso pareció romper el estupefacto silencio de la gente y se comenzaron a lanzar numerosos gritos y maldiciones hacia Voldemort. El Señor Oscuro se limitó a sonreír y levantó su varita. Una fuerte explosión resonó en todo el patio, haciendo que volviese el silencio y aterrorizando a todos de nuevo.
—No toleraré tanta insolencia —se burló Voldemort. Levantando los brazos una vez más, continuó—: Lo repetiré por última vez: cualquiera que quiera unirse a mí y a mi causa, que avance.
Nadie hizo nada durante un minuto, pero luego, para horror de Scorpius, Neville Longbottom comenzó a cojear hacia adelante.
—Neville, ¿qué estás haciendo? —exclamó Seamus con un claro sentimiento de traición grabado en el rostro, pero el otro Gryffindor lo ignoró resueltamente.
—Señor Longbottom... —dijo Dumbledore mientras colocaba una mano en el hombro de Neville, pero el chico se deshizo de él y continuó caminando.
Neville se detuvo cuando estuvo entre los dos ejércitos. Scorpius trató de escrutar su expresión, pero no pudo entender su mirada.
—¿Cuál es tu nombre, chico? —preguntó Voldemort.
—Neville Longbottom —respondió, manteniendo su voz tranquila.
La mayoría de los Mortífagos estallaron en carcajadas, probablemente reconociendo su nombre y su pasado. Bellatrix, sin signos de la tortura a la que le había sometido Voldemort, soltó una carcajada y Scorpius se sintió tentado a arrancarle la cara para callarla.
Voldemort tenía una sonrisa divertida. Tal vez, él también había reconocido a Neville.
—Esperaba a alguien mejor —comenzó, haciendo que los demás se rieran una vez más—, pero tú serás...
—Me gustaría decir algo —interrumpió Neville.
La sonrisa de Voldemort vaciló.
—Bueno... si lo consideras necesario —dijo con un movimiento de la muñeca.
Respirando profundamente, los ojos de Neville se centraron en Nagini.
—No importa que Harry esté muerto…
—¡Neville! —exclamó Dean.
—La gente muere todos los días —continuó Neville con los dientes apretados. Miró a Dean y el Gryffindor retrocedió lentamente—. Amigos... familia... —una lágrima resbaló por su rostro, pero su voz no vaciló—. Sí, hemos perdido a Harry esta noche. Pero él está con nosotros... aquí —apretó fuertemente su pecho y trató de detener sus lágrimas, pero no lo consiguió—. No murió en vano.
Luego, lentamente y como si un espíritu lo hubiese poseído, Neville giró su mirada hacia Voldemort, que se reía.
»¡Pero tú sí morirás porque estás equivocado! El corazón de Harry latía por nosotros. ¡Por todos nosotros! ¡Esto no ha terminado!
Los ojos de Scorpius se abrieron cuando Neville sacó la brillante espada de Godric Gryffindor del Sombrero Seleccionador. A su lado, Hermione se quedó sin aliento y, si hubiese sido posible, los ojos de Scorpius se habrían abierto más al ver que Harry Potter se levantaba repentinamente del suelo y apuntaba su varita a Nagini.
—¡Confrigo!
El caos estalló ante la sorprendente visión. Nagini siseó con enfado mientras Voldemort miraba la escena asombrado, sin palabras porque El Niño Que Vivió no había muerto.
Voldemort gritó hechizos con ira pero Harry era ágil. Los otros Mortífagos se dispersaron e intentaron luchar contra los otros supervivientes del Lado de la Luz.
—¡Tenías razón! ¡Tenías razón! ¡Oh, Merlín, tenías razón! —gritó Hermione, llorando lágrimas de felicidad mientras se lanzaba a los brazos de Scorpius.
—Sé que tenía la maldita razón, Hermione, pero aún no podemos celebrarlo —señaló Scorpius mientras se deshacía de tres Mortífagos con un hechizo.
Luego se dirigió a Neville, que estaba completamente quieto por la sorpresa:
»¡Tienes que matar a la maldita serpiente, Longbottom!
Voldemort, enfurecido, escuchó las palabras que habían sido exclamadas y lanzó un hechizo a Neville.
—¡No! —gritó Hermione, corriendo hacia el caído Gryffindor.
Scorpius intentó cogerla para que se quedase quieta, pero la maldita bruja ya se había ido.
Maldiciendo por lo bajo, lanzó hechizos a diestro y siniestro, esperando que Neville siguiese vivo para acabar con el último horrocrux.
Cuando llegó al pie de la Gran Escalera, Scorpius estaba completamente agotado. Quería descansar porque, maldita sea, le dolía todo y solo quería que la maldita batalla terminase.
Lanzó hechizos a cinco Mortífagos más antes de intentar subir la Gran Escalera. Pero entonces vaciló mientras Hermione corría rápidamente por las escaleras, lanzando hechizos detrás de ella. Scorpius vio a la amenazadora serpiente gigante y le lanzó una maldición, pero la serpiente simplemente siseó y volvió a perseguir a Hermione.
—¡Corre! —gritó Scorpius, incitándola a ir más rápido, pero Hermione también estaba cansada. Nagini no cesó su persecución a pesar de los hechizos que recibía. Como horrocrux que era, los hechizos ofensivos ordinarios no le hacían nada.
Hermione tropezó en su camino y aterrizó dolorosamente sobre los escombros.
»¡No! —gritó Scorpius, trepando rápidamente y deseando que sus piernas fueran más rápidas.
Afortunadamente, la alcanzó justo a tiempo antes de que Nagini la atacase. Esquivaron sus colmillos por unos milímetros y, antes de que pudieran recuperarse, Nagini volvió a atacar.
Tal vez exageró al pensar que, en ese momento, todo se ralentizó. Mirando hacia atrás, encontró gracioso ver cómo la historia se desarrollaba ante sus ojos.
Neville había aparecido de repente. Los ojos de Scorpius se cegaron momentáneamente cuando la luz se reflejó en la brillante espada de Gryffindor. Entonces, Neville agitó poderosamente la espada y, en un solo movimiento, decapitó limpiamente a la serpiente. La cabeza de Nagini giró en el aire antes de rebotar contra una pared en ruinas. Luego cayó sobre las escaleras y los del Lado de la Luz gritaron y pisotearon la patética cabeza.
Al mismo tiempo, Voldemort gritó de rabia y agonía, e intentó maldecir a Neville, pero Harry lanzó un poderoso escudo, desviando el hechizo.
—Creo que tu pelea es conmigo —dijo valientemente Harry, pisando fuerte y con la varita en alto.
Scorpius observó cómo todos se apartaban, dejando a Voldemort y Harry cara a cara, ambos mortales por primera vez.
Voldemort lanzó la Maldición Asesina, pero Harry fue rápido y exclamó:
—¡Expelliarmus!
Verde y rojo se enfrentaron con ferocidad, y Scorpius observó, casi sin respirar, mientras la famosa Última Batalla se desarrollaba ante sus ojos.
Habían ganado.
Joder, habían ganado.
Por supuesto, habían ganado.
Scorpius ni siquiera se molestó en esconder sus lágrimas de felicidad.
¿Qué os ha parecido este capítulo? ¡Por fin ha tenido lugar la Batalla! ¡Harry le ha dicho a Scorpius que ha sido un gran amigo! ¿No se os ha hecho raro que Dumbledore y Snape estuviesen ahí? ¿Qué creéis que pasará ahora con Scorpius? ¿Podrá volver a su línea temporal? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
