Soy lo peor, llevo demasiado tiempo sin actualizar... en verdad espero que aun haya gente pendiente de esta historia, porque tengo varias que contar sobre ellos!

Cómo siempre, muchas gracias a todos por sus review, me encanta leerlos!

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Sirius iba tranquilo caminando por los pasillos del castillo, aprovechando los pocos días libres que tiene últimamente. Durante un rato se había detenido a presenciar un duelo entre 2 chiquillos de tercer año que se estaba llevando a cabo en el tercer piso, animando al alumno de Gryffindor, obviamente, para que le ganara al creído Ravenclaw al que se enfrentaba. Había tenido que admitir que el alumno de su casa dejaba harto que desear en habilidades, pero él, como un buen superior que es, le había lanzado un hechizo no verbal al otro chico, que le había conseguido una apabullante diferencia al león, otorgándole la victoria cuando le lanzó un petrificus, mandándolo al suelo estrepitosamente.

El chico se giró sonriente a mirar a los presentes por la victoria conseguida y Sirius solo pudo guiñarle un ojo y sonreírle de vuelta, cuando las verdes pupilas del chico se fijaron en él.

Después de eso, iba distraído caminando con las manos en los bolsillos, cuando una de las escaleras le tomó desprevenido, cambiando de lugar y enviándolo a un desierto pasillo. Tuvo que agarrarse de uno de los pasamanos para no caer en el proceso. Ignoró por completo las risas de algunos de los cuadros cuando estuvo a punto de perder el equilibrio e iba a hacerles una obscenidad con la mano, cuando divisó a alguien sentado al final de las escaleras a dónde había ido a parar.

Sonrió ampliamente y se encaminó hacia allí, bajando escalón por escalón y saltando uno de los últimos antes de llegar abajo, que recordó a último instante trababa el pie cuando lo pisas directamente y se paró detrás del castaño, que concentrado en un libro, ni siquiera se ha tomado la molestia de levantar la cabeza a mirarle, aunque el animago sabe perfectamente, le ha escuchado y sentido acercarse.

- ¿Qué hace un ratón de biblioteca cómo tú fuera de su hábitat natural?

Vio de medio lado la sonrisa que adornó el rostro del licántropo y decidió bajar los escalones faltantes, sentándose a su lado, muy pegado a él. - ¿Te has perdido?

- ¿Tú? Al parecer si... que raro ver al egocéntrico Sirius Black por un lugar tan desértico, sin público de por medio con el cual exhibirse…

El pelinegro sonrió amplio y arrogante, siguiéndole el juego. - Estás tú, un público más que suficiente...

- Lo dudo... - fue solo un susurro, pero se escuchó perfectamente entre ambos.

- ¿Sigues molesto? - Sirius asomó la cabeza por uno de los lados del castaño, apoyándola ligeramente en el hombro de Remus, que pese a todo lo que él hubiese esperado, no se apartó.

Leyó el título del libro que el licántropo tenía entre sus manos y sonrió, desde primer año que no veía ese libro en particular... "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos". ¿Por qué Remus lo estaría leyendo?

- No tengo por qué estar molesto, es tu vida, tu cuerpo, tu estupidez... - le sintió subir los hombros, intentando restarle importancia, mientras da vuelta a una página del libro, topándose directamente con la graciosa imagen de un bowtruckle sacando la lengua.

Sirius bien sabe que por mucho que Remus lo niegue, si le importa... - Era una apuesta que hice con James y que por si no quedó claro, la perdí...

Frunció el ceño de solo recordarlo. - No necesitas darme explicaciones, Black.

Una amplia sonrisa adornó el atractivo rostro del pelinegro, que empinándose ligeramente, susurró al oído del más alto. - ¿Por qué finges una indiferencia que no sientes, Lupin?

Remus se estremeció e intentó controlar la reacción y el estremecimiento de su cuerpo, que si hubiese estado en otra situación, no habría dudado en gruñir ligeramente ante la sensación que recorrió su espina dorsal cuando sus sentidos entraron en contacto con el cálido aliento del animago.

Pero Sirius lo conoce, demasiado para su propio bien. - ¿Qué ocurre? ¿Tienes frío en pleno abril?

- Calla pulgoso... - el castaño le empujó levemente con el hombro, logrando que el mayor de ambos se viera obligado a enderezarse, mientras reía animadamente.

- Eres tan predecible Moony... es adorable... - Sin siquiera pensarlo, llevó sus manos a su corbata, desabrochándola por completo y dejándola caer despreocupadamente por su pecho, colgada de su cuello.

Solo en ese instante Remus ladeo la cabeza, mirándole por primera vez en ese rato, directamente.

Sirius traía el uniforme escolar, pero tenía la blanca camisa abierta completamente, por lo que se lograba distinguir la camiseta que utilizaba debajo de esta. Su largo y oscuro cabello caía elegante por los costados de su cabeza en forma armoniosa hacia su cuello, terminando en sus hombros y Remus no pudo evitar pensar, una vez más, que era un idiota demasiado atractivo para su propio bien.

- ¿Te gusta lo que ves? - la ronca y gruesa voz del animago lo sacó de su leve lapsus y se prendó de sus grises ojos.

- He visto cosas mejores... - volvió la vista al libro después de unos instantes, rogándole a Merlin no haberse sonrojado.

Porque si, le gustaba lo que veía y mucho.

Sirius sonrió y cuando estuvo a punto de salir con algo más, volvió a escuchar a Remus. - Pero que eso no te preocupe, seguro a la mitad del castillo les gustó lo que vieron en la mañana...

Esta vez no pudo evitarlo y el animago estalló en una escandalosa carcajada al escuchar al chico a su lado. - ¡Sabía que estabas molesto!

- No estoy molesto Sirius, pero no quiero hablar de ello tampoco, ¿de acuerdo? - las doradas orbes del más alto de ambos reflejaban que efectivamente, no quería seguir con aquel tema.

Aquellas era una de esas veces en que los Merodeadores habían comprobado, hace ya mucho tiempo, que cuando el lobo quería hacer acto de presencia, simplemente lo hacía, sin que su amigo tuviera que transformarse siquiera.

Sirius no tuvo de otra que quedarse callado de inmediato, la seriedad en el rostro del otro chico le sorprendió. - Remus fue una estupidez, ¿si? - un largo y tedioso suspiro brotó de los labios del mayor. - Además, ya me gané un buen castigo por ello, cómo para que tu también te molestes...

- No estoy molesto... - susurró.

Porque no, no estaba molesto, no era eso lo que Remus sentía.

- ¿Entonces?

El castaño volvió a levantar la vista al escucharlo. - ¿Entonces qué?

Realmente Sirius creía que era muy normal que se apareciera a primera hora del día, con una bata de Gryffindor amarrada al cuerpo y que luego, se parara en pleno Gran Comedor, llamara la atención de todos los presentes, profesores incluidos, se la quitara cómo quien se quita una chaqueta y quedara como Merlín lo trajo al mundo, por al menos un minuto, un eterno y odioso minuto a parecer de Remus.

Obviamente las risotadas de los chicos y sonrojos y gritos de las chicas no se hizo esperar, así cómo tampoco el agudo chillido de Mcgonagall, que lanzó un movimiento de varita, logrando que la capa volviera a cubrir el desnudo cuerpo del mayor de los Black.

Peter estaba atragantado con una tostada producto de la risa y Lily miraba con los ojos muy abiertos a un desvergonzado Sirius Black, que escapa de una muy furiosa profesora de Transformaciones, mientras James, la mente pensante de todo aquello, estaba arrodillado en el suelo de tanto reír.

Remus les había escuchado hablando en la mañana sobre una apuesta por un examen que habían hecho James y el, en el que supuestamente el mayor de ambos tenía la certeza de que ganaría, pero grande había sido la sorpresa de Sirius cuando les entregaron los resultados y James lo había superado en tan solo un punto.

Si el licántropo es sincero consigo mismo, jamás creyó que ese idiota animago sería capaz de tanto.

Admiraba su determinada y desvergonzada actitud, así cómo de paso, la odiaba también.

Volvió al momento en el que están cuando sintió el aliento de Sirius chocar contra sus labios, mirándole fijamente. - ¿Qué pasa?

Tragó hondo y cerró los ojos automáticamente cuando los suaves labios del animago toparon con los suyos propios, en un leve contacto, que duró tan solo un segundo, siendo seguido de un susurro. - ¿Si no estás enojado, qué tienes?

- Eres un idiota Sirius, ¿lo sabias? - la amplia y hermosa sonrisa del chico le contagió.

- Por supuesto que lo sé, pero así me quieres, ¿no?

Remus lo agarró de ambos extremos de la corbata y le acercó a él, siendo esta vez él quien lo besara.

Enterró sus dientes en los labios del mayor y sonrió satisfecho al escuchar el leve gemido que se perdió en su boca, cuando ambos permitieron que sus lenguas se envolvieran en un peligroso juego.

Una de las manos de Sirius le quitó el libro al licántropo y lo dejó por ahí, sin importarle en verdad dónde cayera y de ser posible, se acercó más al chico, apoyándolo de medio lado contra los escalones.

- ¿Me quieres desnudo solo para ti? - ahora fue el turno de Sirius de mordisquearle los labios al castaño y aprovechó la distracción para meter una de sus manos bajo la camisa del licántropo, sobresaltándolo cuando sus dedos juguetearon con su abdomen.

- ¿Importa acaso? - Remus gruñó y cerró los ojos cuando los expertos labios del pelinegro se perdieron en su cuello.

- A mí me importa...

Los largos dedos del castaño fueron a parar al ondulado cabello del chico que está casi encima de él, porque Remus está seguro, de que si cede un par de centímetros más, terminara con un arrebatado Black sobre él.

Le tironeó el cabello, logrando que lo mirara a los ojos. Las grises pupilas de Sirius estaban dilatas y brillosas y si fuera posible, se lo estaría devorando ahí mismo, lo nota, lo presiente. - Nos van a ver...

- ¿Y qué importa?

Ahora si, definitivamente Remus terminó echado sobre las escaleras con Sirius entre sus piernas y sobre él. - El exhibicionista eres tú Black, no yo...

Otro gemido escapó de los labios de Remus cuando los filosos y caninos dientes de Sirius se prendaron de su manzana de adan. - Yo no estaria tan seguro con esa aseveración.

La arrogante sonrisa de Sirius estremeció al licántropo y Remus no fue consciente de que sus manos se movieron solas, atrayendo al mayor hacia él, besándole y permitiendo que sus propias manos se perdieran bajo la ropa del animago.

Más tarde ese día, cuando entraron a la sala común de Gryffindor, Sirius se había abrochado la camisa hasta arriba y tenía la corbata muy bien acomodada, cubriendo su clavícula y de paso, también su cuello.

Remus se había encargado de que al animago no le quedaran ganas de volver a andar de exhibicionista por los terrenos del castigo, al menos en un buen tiempo.